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Full text of "Manual de historia uruguaya"

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HISTORIA DEL URUGUAY 



EDUARDO ACEVEDO 



HISTORIA DEL URUGUAY 



TOMO ÍV 



ABARCA LOS GOBIERNOS DE GIRÓ, FLORES 

Y PEREIRA 

DESDE 1852 HASTA 1860 



MONTEVIDEO 



Imprenta Nacional 
1922 



1105984 



r 







I 

GOBIERNO DE GIRÓ.— 1852-1855 



Digitized by the Internet Archive 

in 2010 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/manualdehistoria04acev 



CAPÍTULO I 

Movimiento político 

La lucha presidencial. 

Cuando el general Garzón entraba en agonía, tenían lugar las 
elecciones generales de diputados y senadores, de acuerdo con 
;iu programa de estricta igualdad que aquel procer había pro- 
puesto y hecho aceptar a los grandes partidos en lucha. 

Según el doctor Manuel Herrera y Obes, los blancas y los 
colorados se hablan comprometido a votar listas comunes, y ha- 
brían cumplido su coniipromiso si la muerte del general Garzón, 
candidato único a la presidencia de la República, no hubiera dado 
lufar a que los primeros se consideraran desligados del compro- 
miso, obteniendo así una pequeña mayoría de dos votos en la 
Asamblea. 

Otro testigo de la época, don Juan José Soto, rectificando un 
discurso del senador brasileño Montezuma acerca de la actua- 
ción de Oribe en las elecciones de 1851, escribía a mediados 
d? 1853: 

"No es exacto que el partido de Orihe fué el que ganó las elec- 
ciones, ni que Oribe se encuenti-e al fr^>nte del partido que dirige 
los negocios de la República Oriental. Las elecciones que dieron 
por resultado la Legislatura que hoiy está funcionando, se hicie- 
ron con el concurso de todos los orientales y no fueron obra 
de un solo partido. Una comisión compuesta de hombres de 
adentro y de afuera, formó en combinación las listas, y no puede 
con razón decirse que su resultaido fuese el triunfo de un partido. 
El general Oribe murió civilmente el 8 de octubre de 1851, pues 
aunque no recayese entonces sobre él ninguna condenación judi. 
cial, sintió la reiprobación de todos los orientales, que en aquel 
mismo día se separaron de él y desde entonces ha sido constan- 
temente excluido de los negocios." 

Era de práctica que los senadores y diputados fueran electos 
con prescindencia de vinculaciones locales. Pero los primates 
de 1851 resolvieron desde el comienzo de sus trabajos que la elec- 



HISTORIA DEL UEUGUAY 



ción recayera en ciudadanos de los departamentos respectivos o 
por lo menO'S muy vinculados a ellos. 

Ha dicho también el doctor Herrera y Obes que la mayoría 
blanca no era homogénea y que cuatro de sus miembros habían 
expresado la resolución de adherirse a una candidatura colorada, 
siempre que los colorados se pusieran de acuerdo en su procla- 
mación. 

Había ciertamente un candidato colorado: el propio doctor 
?;Ianuel Herrera y Obes, a quien apoyaban Urquiza y el Go- 
Dieruo Brasileño, según asi resulta de la correspíjudencia entre el 
candidato y el doctor Lamas, publicada por el doctor Palomeque. 

"El día que loe médicos desahuciaron al general Garzón — 
escribía Herrera a Lamas en diciembre de 1851 — me dijo Ur- 
quiza: "¿Y qué hacemos? Mi opinión es que usted debe reem- 
plazarlo; sin esto yo lo tenía pensado"; y entró en sus razones. 
Ya usted se hará cargo que rechacé la proposición como una 
herejía. Vio después al conde (Caxías) y hablando del mismo 
asunto, le dijo: "o debe ser Herrera o Giró: éste no lo puede ni 
19 debe, porque tiene el pecado muy grave para nosotras de ha- 
ber sido el candidato de don Manuel Oribe y haber estado con 
él hasta el último momento. Preciso es que lo sea Herrera, aun 
cuando él no lo quiera. El conde afirmó su opinión. La misma 
Conversación tuvo con Pontes y fué después de ese acuerdo que 
é) empezó a vulgarizar la idea, apoyándola decididamente." 

"Hablamos con el seiior Paulino (Soarez de Lima, Ministre de 
Negocios Extranjeros 'del Brasil) — escribía a los pocos días 
Lamas a Herrera — acerca de la futura presidencia; y nos 
encontramos de acuerdo en el momento mismo. Es usted el can- 
iiáato que debe sostenerse y el señor Honorio (Carneiro Leao, 
Ministro del Brasil en Montevideo) sostendrá esa candidatura 
con todos sus medios." 

"Anoche — volvía a escribir Lamas a Herrera en enero de 1852 
— tuve una larga, muy larga conferencia con el señor Paulino y 
los Ministros de Hacienda y Guerra, que ocupamos casi totalmen- 
te de la candidatura de usted. Cuanto aquí podía hacerse, queda 
hecho. El Brasil lo sostendrá a toute outrance, sin retroceder ni ante 
la Idea de aplazar la reunión de las Cámaras, con pretexto de 
la guerra, etc., hasta el triunfo de Urquiza, si como es de es- 
perar ese jefe se conserva leal en las opiniones que tan enérgica- 
mente ha manitestado y su triunfo le da influencia material. Es- 
t&í. son las mismas ideas, tal vez un poo extremadas, en que 



GOBIEBXO DE GIRO 



quedaba el señor Carneiro Leao. Este caballero queda con carta 
blanca para hacer en este sentida. . . La candidatura de usted 
es la conservación de la alianza, la alianza son los tratados, los 
tiata'dos. son la existencia del país." 

"Este Gobierno — agregaba Lamas a mediados del mismo mes 
de enero — aprueba la idea no sólo de la suspensión, sino de 
la disolución de la Asamblea electa. Esta Asamblea, tal como 
está compuesta, no puede dejar de producir la guerra civil o la 
guerra extranjera, o los dos azotes a la vez. Miran, pues, su diso- 
lución como el medio único de impedir esa desgracia o de hacer- 
la menos intensa y durable. No tienen todavía los blancos los me- 
dios físicos y morales del gobierno del país y la alianza tiene 
loda la fuerza que le da su triunfo y la reunión y colocación de 
sus fuerzas." 

No podía, pues, ser más formidable la presión de la alianza 
a favor de la candidatura Herrera. Pero los colorados no pudie- 
ron iponerse de acuerdo, ni acerca de Herrera, ni acerca de nin- 
gún otro candidato de su mismo credo político. Y entonces los 
legisladores blancos y tres legisladores colorados — los señores 
A rancho, Sayago y Gayoso — se unieron en torno de la candi- 
datura de don Juan Francisco Giró. 

Apertiu'a de las sesiones ordinarías. 

El 15 de febrero de 1852 tuvo lugar la apertura de las se- 
siones ordinarias de la Asamblea, oicupando la presidencia del 
Senado don Bernardo P. Berro, miembro descollante de la ma- 
yoría blanca, y la presádencia de la Cámara de Diputados don 
Jdsé María Muñoz, miembro descollante de la minoría colorada, 
pieSitigiados por el voto de sus colegas de ambos bandos. 

Don Joaquín Suárez. que todavía se conservaba al frente del 
gobierno, leyó el mensaje de práctica. 

"La guerra que la República soportó por más de quince años, 
— decía en ese documento - — terminó al fin, dejando sólidas 
f.Trantías de que la paz, tan costosamente adquirida, no volve- 
rá a ser alterada"... Durante ese largo período en que ha 
actuado la acción disolvente de Rosas, la República ha soste- 
i.ido "su nacionalidad", contra el programa del dictador argen- 
tino, que era de "sometimiento pasivo y absoluto". Elimi- 
nado Rosas mediante el esfuerzo de la República y de sus alia- 
dos los Gobiernos de Entre Ríos, Corrientes y Brasil, el Uru- 



10 HISTORIA DEL URUGUAY 



guay, «que por tanto tiempo fué presa de las discordias intes- 
tinas, hoy ve a todos sus hijos reunidos en torno de los solos 
intereses de la patria y decididos a curar sus propias heridas 
por el olvido simcero de un pasado desgreciado y el ejeTcicio 
ée una abnegación generosa"... Ha tratado el Gohierno con 
sus "palabras y sus actos de llevar La confianza y el amor a 
todos los corazones"... Toca ahora obrar a la Legislatura... 
«Entre los males de la situación actual, señalo muy especial- 
raente a vuestra aleación la ruina de la riqueza pública y la 
;ierturbación que ella ha Llevado a todas las clases. El remedio 
a ese mal no puede abandonarse a solo el tiempo; a él es in- 
dispensable concurrir con buenas instituciones de crédito que 
facilitando el movimiento y circulación de los capitales y po- 
niéndolos al alcance de todas- Las necesidades, sean a la vez 
un medio de fomento y un eLemento de orden y poder para la 
Nación"... Como resultado de la guerra "encontraréis una 
deuda cuyo arreglo y pago pesa sobre el honor de la Na- 
ción''. . . Han faltado al Gobierno recursos para la realización 
de mejoras... "Sin eonbairgo, ha fundado un Colegio Nacio- 
nal, creado un Institu-to Hisitórico y Ge-ográñco, otro de Instruc- 
ción Pública y erigido y dotado la Universidad Mayor de la Re- 
pública". 

Apenas terminada la lectura del mensaje presidencial, pidió 
don José María Muñoz, y así quedó resuelto, que el Presidente 
del Senado don Bernardo P. Berro se hiciera cargo del po- 
der ejecutivo, de conforn^idad a determinantes disposiciones de 
la Con.stitución de la República. 

Esa resolución dio lugar a un incidente que, fuera del am- 
biente de concordia que reinaba en Montevideo a raíz de la 
terminación de la Guerra Grande, habría provocado fuertes sa- 
cudidas políticas. 

Don Joaquín Suárez, que presidía un gobierno de hecho, en- 
tendía que su mandato no expiraba el 15 de febrero, sino el 1.» 
¿e marzo, o sea el día señalado para la eilección presidencial. Y 
sostenía, en consecuencia, que él no debía resignar el mando 
ante el Presidente del Senado, sino ante el Presidente de la 
República, 

El doctor Herrera y Obes, que era Ministro de Gobierno, es- 
taba interesadp sin duda alguna en el mantenimiento de una 
situación que favorecía el desarrollo de su candidatura presi- 
dencial, y fué con toda seguridad el instigador de ese conato 
de resistencia al mandato de la Asamblea. 



GOBIEBXO DE GIRÓ H 



Pero l;i AsunibleLí, lejos de inmutarse y dando, al contrario, 
prueba de una serenidad verdaderamente extraordinaria, se li- 
mitó a ordenar el archivo del mensaje, san digaarse discutir 
Siquiera las observaciones que el Poder Ejecutivo formulaba. Y 
entonces don Joaquín Suárez dirigió un segundo mensaje, en. 
el que manifestaba el propósito de poner al Presidente del Se- 
rado en posesión del mando, como efectivamente lo puso breves 
horas después. 

El equilibrio de los dos partidos. 

L,a p&iiueña ventaja de dos votos que tenía el Partido Blanco 
en esa AsambUea dio lugar más de una vez a profundas recri- 
minaciones de los que entendían que la lógica de los sucesos 
aseguraba la mayoría al Partido Colorado; que la fórmula de 
pacificación de octubre de 1S51 "no hay vencidos ni vencedo- 
res", estaba reñida con lia verdad de las cosas; que Orilje había 
sido vencido real y positivamente por la coalición, que encabe- 
zaba el general Urquiza. 

Aún cuando las cosas hubieran pasado así. el triunfo militar 
del Partido Colorado no habría sido suficiente para asegurar la 
victoria en los comicios. Durante ocho años había estado toda 
la campaña bajo la dominación de Oribe y el triunfo debía ser 
lógicamente de los candidatos blancos. Si las ventajas no fueron 
mayores, debe atribuirse a que en general prevalecieron las lis- 
tas mixtas que había prestigiado el general Garzón. 

Pero ¿era cierto ío deil triunfo militar de uno de los dos par- 
tidos sobre el otro? 

Cuando Urquiza cruzó el río Uruguay, las tropas blancas 
que cubrían el litoral de Salto y Paysan'dú, se plegaron al ejér- 
cito entrerriano, y en seguida comenzó en toda la campaña el 
gran movimiento de concentración en torno de Garzón, que dio 
por resultado que Oribe quedara reducido a los batallones argen- 
tinos acampados frente a los muros de Montevideo y tuviera lue- 
go que rendirse, todo ello sin que fuera necesario derramar una 
scla gota de sangre, si se prescinde de incidentes aislados y sin 
importancia, inevitables en días de conflicto. 

Oigamos al doctor Manuel Herrera y Obes, actor principal en 
los sucesos, acerca de la coalición del Uruguay, Entre Ríos, Co- 
rrientes y el Brasil para voltear a Rosas y Oribe, y del con- 
curso prestado a la obra por ambos partidos tradicionales: 



12 HISTORIA DEL URUGUAY 



"Esa coalición se había pedido y combinado sobre un interés. 
camún de todos los Estados que la componían: la guerra a Ro- 
sas, la destrucción y desaparición de su monstruoso y agresivo^ 
poder, tan funesto para las libertades y el bienesitaír del pueblo- 
argentino, como incompatible con la tramquilidad y seguridad 
de los Estados que lo avecinan. Esa coalición era, pues, com- 
pletamien.te ajena a lae cuestiones de los partidos preexistentes 
en ambas repúblicas del Plata, — mejor dicho, levantando- 
la enseña de la libertad y llamando a su a'lrededor a cuantos 
la quisieran para sí y para su patria, lejos de servirlos tendía 
si no a su an,iquiilamiento, a su descomposición y mejora por lo 
menos, abriéndoles un naievo palenique para sus luchas y tem- 
plando la irritación de sus odios poír la fraternidad y comunidad 
íe los peligros y los sacrificios.. Así fué que ella alario sus filas^ 
desde luego, a cuantos quisieron pertenecerle, sin distinción de 
colores ni denominación de partidos, y fuesen cualies hubieren 
sido sus antecedentes partidarios, que todos mezclados y con- 
fundidos vistieran una solai, una misma divisa, cayeran sobre Ce- 
rrito y Palermo, pulverizaran el solio, ensangrentado de esos dos 
liárbaros tiranos, salvaran a Montevideo y con su triunfo dejaran 
expeditas esas dos anchas vías de libertad y progreso en que 
estos dos países marchan hoy ardorosos y firmes, sin que para 
operar tanto prodigio les hu.biera sido necesario nada más que 
esos cinco meses de inolvidable campaña que hizo para siem- 
pre célebres los campos de Caseros". 

"Terminada asi esa gigantesca lucha, ¿quiénes fueron en ella 
los vencidos y quiénes los vencedores? ¿A quién los derechos, 
el honor y la gloria del triunfo? ¿Pertenecía sólo a Montevideo? 
¿Era la obra exclusiva de sus defensores? ¿Sus aliados ningu- 
na parte teniían en ello? ¿Los generales" Garzón y Gómez eran 
vencidos? ¿Lo eran esos numerosos jefes y oficiales que con 
todas sus divisiones y cuerpos corrieron inmediatamente a for- 
m.ar parte del ejército aliado, dejando reducido al general si- 
tiador al solo apoyo de los soldados de Rosas que comandaba?" 

Precisamente porque las cosas habían pasado así, es que el 
ambiente que se formó a raíz de la coniclusión de la guerra, con- 
cordante con la fórmula "no hay vencidos ni vencedores", era 
Ce concordia plena, de olvido real y sincero de las divergencias 
anteriores que quedaban relegadas a la liistoria, tal como la 
decía el doctor Eduardo Acevedo en estos párrafos de "La Cons- 
titución": 



GOBIERNO DE GIRÓ 13 



"Soistenid remos, pues, la necesidad de la extinción completa 
y absoluta de los antiguos pantidos; ,pero para conseguirlo sos- 
tendremos también la igualdad de esos partidos ante la Cons- 
titución de la República y la necesidad en que tcdcs estaraos 
de abjurar nuestros pasados errores, de tirar nuestras antiguas 
divisas y de trabajar por el bienestar futuro del país, sin que 
nadie tenga facultad de eniro,strar al otro con el pasado y sus 
conisecuencias. En el porvenir nada nos separa. Abandonemos, 
pues. Las acusaciones y recriminaciones, que no® llevarían di- 
rectamente a la anarquía. Si es necesario rivalizar, rivalizare- 
mos en amor y respeto a la Constitución, en franco deseo de 
iaacti'carla y hacerla practicar..." 

"Todos están convencidos de que, sean cuales fueren las pe- 
queñas divergencias que todavía nos separan, la patria exige ante 
iodo a sus hijos que ,se comsagren a cicatrizar las llagas de la 
lucha pasada. Un ipoco de tolerancia de una y otra parte, y nada 
liabrá que pueda detener ail país en la senda de progreso que 
empieza a recorrer. . . ' 

"Nosotros, colotcándonos en el puntO' de vista de la Constitu- 
ción y la justicia, rechazamos toda solidaridad con los actos ma- 
jóos de los dos partidos en que ha estado dividiida la República, 
ptro aceptamos todos los actos buenos de los unos y de les otros. 
Recogemos el bien donde se encuentra, sin preguntar su origen, 
sin averiguar si se debe a los antiguos blancos o a los antiguos 
colorados. En nuestro empeño de formar un todo nacional com- 
pacto, sólo excluímos lo malo, ya venga de los unos o de los otros. 
XíO bueno nos pertenece: es la herencia de los orientales", 

ü^dhesión de los militares. 

Dio lugar la apertura de las sesiones ordinarias de la nueva 
Asamblea a una expresiva nota de felicitación de un grupo de* 
jefes prestigiosos. 

"El olvido d'e lo pasado — decían — el remedio de los males 
Ijresentes, la unión de todos los orientales, la estabilidad de las 
leyes, las garantías de la independencia y la conservación de 
nuestras relaciones externas, son puntos que preocupan a todos 
10.=? ciudadanos, pero que sólo los elegidos d'e la Nación pueden re- 
solver con acierto y con derecho. . . No está distante la época 
calamitosa de la funesta guerra por que hemos pasado; pero fué 
bastante que cuatro mil valientes hicieran contrapeso al ejér- 



14 HISTORIA DEL URUGUAY 



oita con que el generail Rosas sofocaba la opinión de los natura- 
les, para que todos los orientales corrieran a apoyarse en el bra- 
zo fuerte del magnánimo general Unquiza y se pronunciaran por 
la paiz, por la unión y la Constitución ... A esa valiosa y gene- 
rosa cooperación, a ese patriótico pronunciamiento de los orien- 
tales debemos hoy el ieliz a'contecimiento de vuestra reunión, y 
si nuestra patria goza ya de los bienes de sus leyes, justo e.s 
que presente un tributo de gratitud a nuestro libertador, que ha- 
ciemdo desaparecer la inifluen'cia extranjera y traibajanido por 
la fusión de to'dos los oirientales, no ha manifestado otro interés 
ni ha exigido otra recompensa sino el ver que nuestra patria 
tenga independencia y leyes y los habitantes disfruten los go- 
C3s de la paz, de la paz, señores repres'enta,nteis, que es la primera 
necesidad de nuestra sociedad y que es necesario conservar a 
toda costa, siempre que no se sacrifique el honor, porque sin 
él no puede existir una nación." 

El general Lavalleja, primer firmante de esa nota, acabaiba 
de realizar una jira por los departamentos de Cerro Largo, Mi- 
nas y Mailidonado, en cumplimiento de instrucciones del gobierno 
de Suárez, para vencer resistencias locales contra las autorida- 
des constituidas y solucionar incidentes ocurridos en la frontera 
de Río Grahde. 

Pi'eparativos para la elección presidencial. 

Otro grupo de ciudadanos, encabezado por los generales La- 
Viilleja y Nicolás de Vedia, lanzó La idea de organizar una guar- 
dia de honor para acompañar al ciudadano que fuera electo Pre- 
sidente hasta la Casa de Gobierno. Y pocas horas después que- 
daba ella formada con elementos militares y c,iviles de signi- 
ficación en los dos partidos militantes, bajo la presidencia del 
coronel don José A. Costa y de don Carlos Navia. La bandera 
de esa guardia de honor fué confeccionada por doña Inés Pérez 
de Herrera, doña Joaquina Vá.siquez de Acevedo, doña Carolina 
Triaca de Muñoz, doña Zelmira Rodríguez de Pérez y doña Ju- 
;i?na González de Joanicó, y entregada al Presidente en nombre 
de todas las señoras de Montevideo. 



GOBIERNO DE GIRÓ 15 



La elección de Giró. 

El 1." de marzo de 1852 resultó elegido Presidente de la Re- 
pública don Juan Francisco Giró por 3 5 votos. Eran 3 8 los le- 
gisladores presentes. Los tres votos restantes fueron dados a 
favor del general Lavalleja, don Florentino Castellanos y don 
Martín García de Zúñiga. 

Al tiempo de prestar juramento dijo el Presidente electo: 

"En las sociedades cimentadas soibre bases sólidas y perma- 
nentes, la misión de los gobiernos es comparativamente fácil, 
porque por lo general se reduce a la continuación de la marcha 
í-eguida por el gobierno anterior. Eso no es así en países nuevos 
como el nuestro, aun en los tiempos normales, porque las ins- 
tituciones políticas no han podido echar raíces. Las dificultades 
son, sin embargo, incomparablemente mayores en épocas como en 
la que el país se encuentra, en que los sucesos del período que 
ha concluido se complican de un modo tan grave con la época 
que empieza. La misión entonces de un gobernante es difícil y 
peruosa, tanto que al pensar en las dificultades que presenta no 
puedo prescindir de cierta impresión de terror, conociéndome 
como me conozco sin la capacidad necesaria para superarlas". 

Don Juan Francisco Giró había sido votado, pues, casi por 
unaaimidaid. Momentos antes de adherir a su candidatura, don 
Jrsé María Muñoz, don Salvador Tort, don Enrique Muñoz, don 
}3runo Mas, don Tomás Gomensoro, don Tomás L. Rodríguez, 
don León Zubillaga, don Francisco Hordeñana, don Juan Miguel 
Martínez, don Apolinario Gayosis y don Pedro Bustamante, miem. 
bros colorados de la Asamblea, le dirigieron una carta en que 
explicaban así el voto que habían resuelto darle: 

"Terminada la lucha fratricida que desgarraba el seno de 
nuestra patria, las dulces y atractivas palabras de fusión y ol- 
vido encontraren eco en el corazón de todos los orientales"... 
Era una necesidad de nuestra actualidad "la representación equi- 
librada y completa de los partidos en que desgraciadamente ha- 
bíamos estado divididos"... Uno de esos partidos domina, sin 
embargo, en la Asamblea y por eso hemos creíd'O deber insistir 
en que la elección de Presidente de la República "recayera en una 
persona que hubiese pertenie<;ido al otro partido, o que, por lo 
menos, no hubiese pertenecido a ninguno"... Pero "nuestros es- 
fuerzos en este sentido han fracasado y poniéndonos en el caso 



16 HISTORIA DEL URUGUAY 



de adherimos al candidato de la mayoría para no dar pábulo a 
escisiones inconvenientes, lo hacemos en la persuasión, como se 
POS ha hecho sentir, de que su programa político se elevará a 
la altura de los caros intereses que se le confían... que reali- 
zará una política prudente y digna en el exterior, y en el interior 
una política liberal, de fusión, de olvido absoluto del pasado, con 
exclusión completa de toda tentativa reaccionaria; en una pala- 
bra, una política estrictamente ceñida a los principios constitu- 
cionales, único remedio a los males del pasado y única base só- 
ida de una paz de que tanto necesitamos y que tanto debemos 
;lesear." 

La Asamblea habla al país. 

Esos mismos legisladcres de la minoría y todos su colegas 
de la mayoría publicaron el día de la elección presidencial un 
patriótico manifiesto en que decían al país: 

'•Hoy empieza una nueva era para la República, que espera- 
mos en el faívor del Ser Supremo lo será de paz y prosperidad. 
Vuestras Cámaras contraerán toda su atención a dictar medidas 
eficaces a fin de cicatrizar las heridas abiertas en el seno de la 
madre patria; pero para que ellas no sean inútiles, para que no 
sean estériles los sacrificios de tanitos; para que podamos conse- 
guir el objeto deseado de todos los buenos, es menester que en 
el santuario de la ley, en aombre de Dios y de la Patria y en res- 
peto a la memoria de tantos de nuestros conciudadan.os como sa-- 
crificaron sus vidas por nuestra existencia política, juremos un ab- 
soluto olvido de todo lo pasado. Desde los primeros días de la Re- 
pública nos mostramos al mundo valientes; mostrémonos también 
generosos; cesen esas odiosas distinciones de colores políticos; no 
se mencionen esos part,idos que desde este momento deben dejar 
de existir. La unión más estrecha y los más fraternales sentimien- 
tos liguen a todos los. orientales. No haya más distinciones que 
el mérito, el saber, la virtud y el patriotismo. Rodeemos y sosten- 
gamos las autoridades legalmente constituidas; seamos estrictos 
y escrupulosos observadores de la ley; respetemos la propiedad y 
la seguridad individual, y tendremos una patria feliz; pronto se 
curarán sus males y no nos quedará más que un triste recuerdo de 
lo pasado, que nos servirá de lección para el porvenir. ¡Orientales! 
vuestros senadores y representantes al dirigiros la palabra se 
honran en felicitaros y en recomendaros nuevamente olvido de 
1*« pasado, unión y respeto a la Constitución." 



GOBIEBXO DE GIRÓ 17 



¡El olvido del pasado! Tal era la suprema aspiración del mo- 
mento, no sólo aquí, en el Uruguaiy, sano también en la Argen- 
t'na a despecho de las medidas que allí se tomaban contra los 
vencidos en Caseros, bien distinta de nuestra fórmula de pa- 
cificación: "ni vencidos ni vencedores". 

"Mirar para atrás, en estos tiempos, — decía el general Mi- 
tre al asumir la redacción de "El Nacional" en 1853, es expo- 
nerse a ser convertido en estatua de sal, como la mujer de 
Lotih". 

Des'pués de un sitio de nueve años, antecedido de guerras san- 
grientas, en que la población y sus fuentes de riqueza habían 
sido cruelmente exterminadas, el sentimiento de la paz predo- 
minaba en todos los espíritus, y el nuevo golbierno surgía, en 
consecuenicia, bajo un ambiente de plena y entusiasta coacor- 
día cívica. 

Para cerrar la puerta a peílgrosos debates y facilitar así la 
cicatrización de las heridas de la guerra, uno de los diputados 
Co. la mayoría, el doctor Eduardo Acevedo, propuso en antesa- 
las, desde los comienzos de la labor parlamentaria, un proyecto 
de declaración que decía asi: 

"Consdderanido que durante la situa,ción que acaba de termi- 
nar con el restablecimiento del orden constitucional, han existi- 
do dentro y fuera de la Capital diferentes autoridades; Conside- 
rando que si la República no puede reconocer como suyos ni san- 
jionar como legítimos hechos inicompatibles con la condición 
fundamental de su existencia o con disposiciones de la ley, debe, 
sjn embargo, aceiptar aquello en que no haya habido infracción 
a la ley. . . Todos los actos de los gobiernos y autoridades que 
han regido el país durante la lucha que acaba de terminar, en que 
no haya habido infracción a la ley, se tendrán por válidos y sub- 
sistentes. En cada caso particular, siendo necesario, los Tribuna- 
les decidirán si ha habido o no infracción de la ley". 

La sanción de este proyecto haibría dado a la propia Asam- 
b'.ea una norma salvadora para resolver muchos de los con- 
flictos que ya asomaban, evitando controversias que a la fuer.:ía 
tenían que excitar las pasiones de todos los que habían actuado 
en la guerra que tan patrióticannente se trataba de olvidar. 

Desgraciadamenite no triunifó, y como tampoco se hizo na.la 
para revalidar los acto^ diel gobierno de la Defensa, como se 
labia hecho en 1839 al terminar la dictadura de Rivera, quedó 
la Asamblea abocada a graves y terribles debates históricos. 



2 -IV 



HISTORIA DEL URUGUAY 



Empiezan los conflictos. — ^El gobieino de Giió anula los contra- 
tos de enajenación de rentas. 

Estalló el primer conflicto en torno de los contratos de ena- 
jenación de rentas celebrados por el gobierno de la Defensa. 

Véase cómo trazaba el Ministro de Hacienda don Manuel 
Errázquin el cuadro de las finanzas nacionales al iniciarse la 
administración Giró: 

"Las rentas estaban vendidas o afectadas a diversos pagos; 
i'c podía disponerse de eUlas en largo tiempo, sino de insigni- 
ficantes cantidades; babía una deuda enorme aún no conocida y 
otra muy considerable recién contraída que se debería pagar 
inmediatamente por sueldes veincildos de amibas listas desde 1.° 
de año, por fletes de tropas para la pacificación, por los con- 
sumos durante ella ocaisionados, por los sueldos que se abona- 
tan a los guardias nacionales al despedirlos del servicio, por las 
cuatro pagas acordadas a las viudas y huérfanos a que no corres- 
pondía la cédula, y por diferemtes reclamaciones de depósito. El 
iiaís acababa de sal/ir de una larga y desastrosa «u'erra, estaba 
pobre, y casi toda la fortuna particular arruinada; las propie- 
dades públicas ya no exisitían en su mayor parte: no era posi- 
ble el establecimiento de contribución alguna, antes bien, era 
necesario aliviar al pueblo, auiuque no fuese más que por el tiem- 
po preciso para que empezase a proporcionarse medios de sub- 
sistencia, de las enoirmes cargas que sobre él pesaban". 

A las afectaciones de rentas realizadas durante las angustias 
de la Defensa, se habían lincorporado otras igualmente gravosas 
en la víspera misma del reingreso del país a la vida constitu- 
cional. 

En noiviembre de 1851, un mes después de celebrada la paz, 
el gobierno de Suáreiz celebraba un contrato de préstamo me- 
diante el cual pasaba la administración de Aduanas a manos de 
un directOTio compuesto de representantes del Estado y de los 
capitalistas, y en enero del año siguiente designaba como delega- 
dos a don Juan Miguel Martínez, don José María Muñoz, don 
.Julián Alvarez y don Nicanor Costa.. El 14 de febrero, horas 
^ntes de transferir el mando al Presiidente del Senado, firmaba 
don Joaquín Suárez un nuevo contrato por el cual adjudicaba de 
inmediato a diversos ¡prestamistas el 12, y % Se de la renta 
aduanera, otro 12 y Vz % para el caso de que pudiera 
obtenerse e^l aplazamiento del reintegro del subsidio del Gobier- 



GOBIERNO DE GIRÓ 19 



to Francés, y un 10 ',t más desipués de can'Celado un contrato 
de compra de armas y equipos en Río de Janeiro que se absor- 
bía el 20 % de la renta. En resumen: los prestamistas percibi- 
rían el 35 % del producto de la Aduana una vez cumplidas las 
diversas condicionies del contrato. 

Eran los últimos cartuchos que podía quemar e^ gobierno de 
'.a Defensa a favor de los acreedores que apremiaban ante el pe- 
ligro de que el restablecimiento del régimen constifucional pu- 
siera en tela de juicio la legitimidad de sus créditos. 

Ya todos los impuestos quedaban hipoteoa-dos y en cuanto a 
las propiedades públicas baste saber que a mediados de 1853 
tramitaban todaivía los expedientes de don Samu-^'i Lafone para 
la cancelación de un préstamo con garantía bipatecaria del edi- 
ficio del Cabildo; de don Francisco Hocquard para el rescate 
del Cuartel de Dragones y de la Plaza Independencia; y de doña 
Matilde Raña de Montero adquiriente de la P'azr Cagancha por 
la suma de 16,000 pesos, pagadera mitad en dinero y mitad en 
créditos contra ei Estado, amén de otros expsdienres ya liqui- 
dados sobre rescate de la Plaza Constitución. 

Sólo podía sailirse de esa situación tan angustiosa mediante 
ura rápida, operación de crédito. Y comprendiéndolo así el Pre- 
sidente Giró se dirigió en el acto a la Asamblea solicitando au- 
torización para realizar un empréstito de 300,000 pesos con ga- 
rantía de las rentas generaJies. Una vez obtenida la autorización, 
llamó a todos los acreedores hipotecarios, es decir, a los que 
habían adquirido la administración de las rentas para asegu- 
rarse el pago de sus anticipos o préstamos, y les propuso que 
tomaran a su cargo el empréstito. Algunos se ofrecieron a con- 
currir con el 5 % de sus afectaiciones. Pero otros no, faltando 
enton'ces la unanimidad que era necesaria para la realización 
inmediata de la oiperación. 

De ahí e)l sensacioinal decreto del 30 de marzo de 1852, que 
devolvía al Estado la administración de las rentas hipotecadas, 
arrebatando a los acreedores la garantía que les había dado el 
g'cbierno de la Defensa. 

"La administración de todas las rentas públicas — decía el 
decreto — ae hará en el modo y forma que la ley determina. . . 
En su consecuencia desde esta fecha cesa en sus funciones la 
Comisión mixta que estableció el decreto^ de 10 de enero último, 
para la administración de las rentas de Aduana, y también to- 
das las otras relativas a las demás rentas públicas". 



20 HISTORIA DEL URUGUAY 

Explicando esa medida, decía el Poder Ejecutivo a la Asam- 
blea: 

"Uno de sus principales cuidados, al encargarse del gobier- 
no el Presidente de la RepúMica, fué el informarse de las ren- 
ta?; públicas, paira regularizar su marcha y atender a las más ur- 
gentes necesidades del Esitado. De su examen resultó que todas 
estaban venididias o que estaban afectadas al ipago de gruesas 
p.uticiipacicnes que absorbían por muchos años el producto de 
filias; que se hallaba también sin propiedades públicas ninga- 
nas, porque ellas en tu totalidad, con la sola excepción de la 
Casa de la Representación Nacional, habían sido enajenadas; 
que no podía disiponer más que de insigniflcan.tes cantidades 
que producían las- rentas y que pesaba sobre el Estado una 
deuda recién contraída, otra mayor más antigua, y los presu- 
puestos im(pagos de la lista civil y militar"... Creyó al prin- 
cipio el Goibierno que podía vencer las dificultades mediante un 
préstamo de 300,000 pesos. Pero "ese empréstito no se ha pe- 
dido realizar sino en una parte tan pequeña, que hace insignifi- 
cante el remedio"... Entretanto "crecían los apuros del erario... 
los destacamentos .de Policía se disolvían por falta de pago ; los 
abastecedores de ellos se negaban a hacer más suministros; la 
campaña reclamaba un ipronto arreglo y una numerosa Policía; 
clamaban a las puertas de la Tesorería los inválidos, las viudas 
y ^os empleados civiles; los cuerpos de la guarnición estaban lle- 
nos de necesidades; los valientes que sostuvieron el honor de la 
bandera en los campos de Caseros, de vuelta a sus hogares, per- 
manecían impagos; y con jusitas y numerosas reclamaciones afii- 
gían ál Gobierno diariamente multitud de acreedores... Y 
como por un?, consecuencia inevitable se ve el Gobierno sin los 
medios indispensables para marchar y saitisfacer a los fines de 
su institución, cree que en esa situación extraordinaria, que 
emenaza :ia disolución del Estado y la vuelta al desorden por 
la falta de medios con que atender a la subsistencia del Go- 
bierno, ha llegado etl caso de atenerse a la ley suprema de la 
salvación de la Naición, de que emana una oibligación superior 
a todas". 

Juntamente con su mensaje presentó el Gobierno cuatro pro- 
yectos de ley, encaminados a solucionar las graves dificultades 
financieras del momento. 

El primero autoriza^ba al Poder Ejecutivo paTa disponer de la 
totalidad de las rentas, manteniendo en suspenso los contratos 
de enajenación o de afectación legados por su antecesor. 



GOBIERNO DE GIRÓ 21 



El segundo establecía una Comisión encargada de clasificar 
todos los créditos existentes contra eil Estado, con la adverten- 
cia de que ¡la Asamblea arbitraría oiportunamente fondos para 
cubrirlo^s. 

El tercero ordenaba la consolidación de la deuda pública en 
tres categorías: la exigible, reducida a los préstamos posterio- 
res a la paz de octubre de 1851; la amortizable, que compren- 
día to'dos los demás préstamos; la atrasada, que comprendía 
los sueldas in'ifpagos y otros rubros. 

El cuarto creaba una Caja de Amortización de la Deuda, con 
el 50 % de los dere';hos de exportación y el 10 % de las ren- 
tas de papel cellado, pateates y herencias. 

Una de lao publicaciones de la época, justificando el decreto 
gubernativo que arrancaba los imipuestos de manos de los acree- 
dores, detallaba en esta forma la afectación de la renta adua- 
nera: al subsidio francés el 2 5 9í , al contrato del Banco Mauá 
el 20 '¡f, a varios prestamistas el 12 y % %, a la sociedad 
compradora de 1848 el 12 y i^ %, al contrato Maines el 6 %, 
al contrato Recáete el 10 %, a los acreedores de 1850 y 1851 
el 2 %, a Hocquard, Bustamante y Buschental el 12 9c. ¡Ni un 
solo centesimo quedaJba disiponible según el cómputo! 

En el acto de aparecer el decreto se reunió el directorio a 
cuyo cargo estaba la Aduana. Los delegados del Gobierno, que 
eran don Juan Miguel Martínez y don León Pereda, expresaron 
que se da'ban por dimitidos; los demás, que eran don Pedro Por- 
tal en representación de diversos acreedores, idon Manuel Fer- 
nández Guimaraes en representación de los vendedores brasile- 
ños de armamento y equipo en 18 50, don Eugenio Legran-d por 
la Sociedad de Aduana y don Esteban Antonini en representa- 
ción de los prestamistaisi de 184 6, se declararon destituidos, pero 
i)votestando oonitra el decreto que desconocía sus derechos. A esa 
protesta siguió una representación de los acreedoa-es al Gobier- 
no, en que se hacía constar que el contrato dejado sin efecto ha- 
bía sido reconocido y cumplido p'or el proipio Giró al tiempo de 
ordenar la distribución de las rentas procedentes de la recau- 
dación de febrero, y asimismo en. las gestiones para la contrata- 
ción del empréstito de 300,000 pesos. 

Ardorosos debates parlamentarios subsiguieron a ese decreto. 

Para la mayoría era aplicaible el artículo constitucional que 
incluía entre los cometidos del Presiidente de la República el de 
"cuidar de la recaudación de las rentas". 



22 HISTORIA DEL URUGUAY 

Para la minoría los contratos susipendídos eran verda'deras le- 
yes, que sólo la Asamblea podía derogar. 

Una de tantas cuestiones, como se - ve, que hubieran podido 
solucionarse en forma general, cuando el doctor Acevedo pre- 
sentó su fórmula anticipá-ndose a las controversias que ya aso- 
maban. 

Cerrado el debate sancionó la Cámara de Diputados una orden 
del día que decía asi: 

"Conisiderando la Cámara que el artículo 8 2 de la Constitu- 
ción del Estado disipone expresamente que al Pre&iden.te de la 
República compete cuidar de la recaudación de las rentas y con- 
tribuciones generalesi y de su inversión conforme a las leyes, y 
que en consecuencia el Poder Ejecutivo ha podido y debido re- 
asumir la posesión de todas las r.^ntas en cumplimiento de lo 
dispuesto por dicho artículo constitucional, la Cámara pasa a la 
drden del día". 

Dos considerandos más decisivos pudieron invocar los partida- 
rios del decreto. En primer lugar que las garantías hipotecarias 
carecían de autorización legisilativa. Para la mayoría parlamen- 
taria era ese el vicio incurable; para la minoría, el gobierno de 
la Defensa reasumía todois los poderes y el vicio no existía. En 
segundo lugar, que no podía marcharse sin dinero. Era una cues- 
tión de vida o muerte que se le planteaba desde el primer día a 
la administración Giró; o quitaba las rentas a los acreedores 
que las recaudaban-, o se derrumbaba ella misma bajo ¡a pre- 
sión de la bancarroita. 

Lo deplorable era el procedimiento empleado por el Gobierno 
para salir del atolladero. En vez de tirar un decreto administra- 
tivo que traducía funciones tan dictatoriales como las que censu- 
raba al Gobierno antecesor, pudo y debió el Presidente Giró reca- 
bar una autorización legislativa que pusiera término a la admi- 
nistración de las rentas por particulares, canjeando en tal caso 
ias garantías que se dejaban sin efecto por otras que no hubie- 
ran obligado al Estado a caer en bancarrota. 

Un año más tarde, cuando ya ei gobierno de Giró empezaba 
a vacilar fuertemenite, el doctor Juan Carlos Gómez presentó a 
la Cámara de Diputados un plan de arreglo de la deuda públi- 
ca que reintegraba a las empresas particulares la administración 
QC las rentas de que habfan sido desposeídas. Los acreedores de- 
bían verter en la Tesorería 15,000 pesos mensuai^^s, por concep- 
to de patentes y papel sellado, y 6,000 pesos por concepto de de- 



GOBIEU-VO DE GIRÓ 23 



recho's aiduameroia, emboteanido todos los excedentes hasta la total 
cancelación de sus créd'itos. 

Para "La Conistituciónj" se trataba de un plan palítico, más 
que de una medida financiera, como que lo que se pretendía en 
realidad era un.a desautorización del título con que el Gobierno 
había dictado su decreto de marzo. Y que no era equivocado el 
juicio, se encargó de comprobanlo el propio doctor Gómez a raíz 
del derrumbe del gobierno de Giró, pues entonces en vez de re- 
producir su proyecto sostuvo la tes,is de que el Gobierno debía se- 
guir administrando las rentas de acuerdo con el decreto de marzo. 
He a luí, efectivamente, lo que escribía en "El Orden" de octubre 
de 1853, refutando a um colaborador que lo invitaba a pedir que 
la Aduana fuera devuelta a los acreedores despojados por Giró: 

El Gobiernio Provisorio ha hecho lo que debía hacer: ha lla- 
mado a los acreedores para pedirles "los alimentos del Estado" 
y entregarles la Aduiana para que se cobren co'n los sobrantes. 
Pero Los acreedores no han querido entregar nada y entonces el 
Gobierno tendrá que entenider&e con los que le ofrezcan la can- 
tidad necesiaria, porque según la doctrin.a sostenáda por los hom- 
bres del actual Gobierno Provisorio en la prensa y en la tribuna, 
antes que los derechos de los acreedores está "el derechoi a los 
alimentois". 

¡Bl dereoho a los alimentos! Tal había sido también en el 
fondo, como hemo.s visito, el verdadero inspirador del decreto 
de marzo. 



La abolición del impuesto de puertas y ventanas. 

Pocos días después de esa primera contienda parlamentaria se 
eitablaba francamente en la Cámara de Diputados el tema de la 
legitimidad de los actos del goblei'no de Suárez, con ocasión de 
un proyecto del Poder Ejecutivo por el que se reducía a la 
cuarta parte el impuesto de luces, como asi se llamaba al im- 
puesto de puertas y ventanas creado por la Legislatura que ac- 
tuaba en 1844. 

El Poder Ejecutivo, al referirse a ese impuesto, decía "crea- 
do ipor ley de 2 de agosto de 1844», 

En cambio, la Comisión de Hacienda, al aconsejar la aboli- 
dión total del impuesto, decía «Creado por determinación de 25 
de julio de 1844". 

Hubo, con tal motivo, a principios del mes de abril un fuerte 



24 HISTORIA DEL UBUGUAT 



cébate ique arrastró a los oradores a las polémicas que se habían 
querido evitar con tanto empeño, dando lugar a que el doctor 
Cándido Joanicó exclamara en un arranque, deseoso de igualar 
las condiciones de los viejos contendientes: 

"La lucha por que hemos pasado durante nueve años ha sido 
una lucha en que la parte oriental ha sido la menor. . . Ha sido 
una lucha de extranjeros... Peirmítaseme hacer una explica- 
ción . . . ". 

No pudo continuar el orador, porque el Presidente se vio obli- 
gado a suspender la sesión en medio de los gritos, las interrup- 
ciones y protestas de lia Sala y de la barra. Serenado el ambiente 
y vueltos los diputados a Sala, triunfó la fórmula que hacía re- 
ferencia a la ley de 1844. 

El doctor Joanicó resolvió entonces recurrir a la prensa para 
precisar su pensiamien.to. Dijo que había propuesto la abolición 
del impuesto, sin referirse a la ley de su creación, porque no 
deseaba "abrir la puerta a reclamaciones co^rtra el Gobierno Na- 
cional por indemnizaciones de daños y perjuicios durante la lu- 
cha que acababa de terminar, reclamaciones que una vez en la 
necesidad de admitir, suhirían a cantidades a,brumaidoras para 
ia República". Esa lucha — agregaba — en que todos los orien- 
tales fuimos víctimas, ha sido una lucha de inñuencias extran- 
jeras* unas contra otras, empe'zando por el ejército argentino que 
invadió la República en el año 1843... No podríamos reconocer 
el carácter de leyes a los actos de esa lucha . . . No podríamos 
admitirlas como nuestras, sin reconocernos responsables de los 
daños que por ellas han sufrido nacionales y 'extranjeros...". 
Tal era lo que quería decir, "cuando una explosión de interrup- 
ciomes de la Sala y demostraciones de la barra, hijas sin duda 
del estado vidrioso de los ánimos, vino a cortarme completa- 
mente la palabra". 

La minoría opositora — escribía "El Comercio del Plata" — 
ha querido vindicarse en esa sesión tumultuosa, tanto como en 
la relativa al proyecto sobre administración de rentas afectadas, 
demostrando que al adherir a la candidatura Giró, había obrado 
patrióticamente, pero sin suicidarse como alguien se lo había 
increpado. 

Otro debate de menios resonancia se produjo en la Cámara de 
Diputados en estís misimos días, con motivo de un dictamen de 
la Comisión de Dietas, que hablaba de la ley de julio de 1845. 
Uno de los oradores pidió que en "vez de invocarse una ley se 



GOBIEKXO DE GIKO 



invocara el artículo constitucional sobre dietas, y esa moción 
que no prosperó, dio mérito para que otro de los oradores di- 
jera: 

"El dictamen de la Comisión de Dietas está basado en una 
ley de la quinta Legislatura constitucional de la República, y 
su validez y legalidad Incuestionables no dan mérito a discusión 
de ningún género. iSe pretende, sin embargo, que no es absolu- 
tamente necesario e indispengable que quede consagrada la pa- 
labra ley, y yo insisto en que no se o^mita. Es preciso establecer. 
señor Presidente, de un modo firme e inquebrantable, el respeto 
a las leyes que han emanado de la quinta Legislatura constitu- 
cional. La Asamblea carece de facultades para alterarlas en lo 
más mínimo y si lo hiciere saldría de sus atribuciones, abusaría 
le la deiega'ción que ha redibiido (de la Nación y se atraería una 
inmensa responsabilidad". 

Prosigue el debate hlstóiáco con motivo de una jubilación. 

Antes de terminar el mes de abril volvió a abrirse el debate 
acerca de la legitimidad de los actos y atribuciones del gobierno 
de la Defensa. 

El Seicretiario de la Cámaira de Diputados don Juan Manuel de 
la Sota, que estaba jubilado con la mitad de su sueldo poi' 
decreto del gobierno de Suárez expedido en 1S49, se presentó 
a la Asamblea alegando que él había continuado al frente de 
su cargo y que en consecueacia le correspondían las dos terce- 
ras partes del sueldo. 

La Comisión de Peticiones aconsejó el otorgamiento de la 
mitad del sueldo, o sea lo mismo que recibía el solicitante, y 
explicando su dictamen, decía el' miembro informante que se 
concedía a de la Sola "una jubilación válida en vez de la nula 
que tenía". 

Uno de los oradores de la minoría, luego de establecer que 
el Presidente Suárez había reasumido funciones ejecutivas y le- 
gislativas, dijo que la Cámara debía desechar ese documento 
infame, "por ser atentatorio a la legitimidad del gobierno de 
la Defensa". Se le replicó que lo de faculitades legislativas del 
Gobierno constituía "una herejía constitucional ', y eso dio mé- 
rito a otro de los diputados para formular el elo\giO' de la De- 
fensa y del gobiernio que la había presidido, en medio de aplau- 



26 HISTORIA DEL URUGUAY 



SOS estruendosos de la barra, que empezaba ya a ejercer pre- 
sión en los debates. 

Hubo a raíz del nuevo incidente varias sesiones sin quorum. 
La mayoría deseaba abstenerse de concurrir, a la espera de 
cjue se serenara el amibienite. Pera la minoría exigió que la 
Mesa hiciera cumplir las disiposiciones reglamemtarias conjtra los 
inasistentes, y ante esa actitud rescJlvieron los diputados de la 
mayoTÍia solicitar que las is-esiones, en vez de realizarse de no- 
cñe como era de l)ráctiica constante, tuvieran luigar de día, 
"deseando — ^decían — evitar la repaíicióm de las escenas de que 
ha sido teatro la barra en las últimas sesiones". Volvieron a cal- 
dearse los ánimos con motivo de ese pedido y volvió la barra 
a las andadas en términos que obligaron al Presidente de la 
Cámara don José María Muñoz a decir que si seguían las de- 
mostraciones él se consideraría 'Mmhabilitado para presidir la 
Calmara". Pero quedó resuelto el cambio de hora. 

Los tratados con el Brasil. 

En medio de estos incidentes parlamentarios quedó abocada la 
Asamblea al gravísimo conflicto de los tratados con el Brasil. 
Ya ^hemois dicho en qué consistían esos tratados: el de 
alianza, que convertía al Brasil en director armado de la polí- 
tica interna del Uruguay; el de subsidios, que complementaba 
esa influencia con el poderoso resorte de los préstamos; el de 
extradición, que obligaba al Uruguay a convertirse en carcelero 
de los e&clavos del Im'perio; el de comercio, destinado a esti- 
mular el desarrollo de los saladeros brasileños a expensas de 
los saladeros orientailes; y el de límites que el doictor Juan 
Carlos Gómez ha caracterizado así: 

"Por medios ilegítimos y nulos nos arrebató en 1816 toda la 
extensión al norte del Ibicuy, que comprende los ríos Mbutay, 
Ybacacuá, Piratiny, lyuy, Piray, CeboUatí y toda la ex- 
tensión al noirte deJ Yaguarón hasta la Laguna Merim. Esta 
extensión arrebatada en 1816 encierra un, área de 2,920 leguas. 
Luego con la incorpora.ción nos arrebató toda la extensión que 
media entre el Ibicuy y Cuareim, aprovechándose de esa gran 
vena de agua del Ibicuy y temando por línea, desde el Cuareim, 
los once cerros, el río Santa María y Santa Tecla, en direc- 
ción al Yaguarón. nos quitó otras 1,400 leguas marítimas. Los 
tratados de 1851. sancionando esas diversas usurpaciones con- 



GOKIERNO DE GIRÓ 27 



tra los tratados de 1777 y apoderándose de la margen dere- 
cha del Yaguarón y la Laguna Merim hasta el Chuy, dieron 
a nuestro territorio otro mordisco de 280 leguas marítimas». 

Cuando el iniiijerio empezó a preparar estos cinco tratados 
como precio de su concurso para voltear a Rosas, el gobierno 
de Suárez se dirigió a la Asamblea de Notables que actuaba en 
reemplazo del Cuerpo Legislativo, en demanda de la autoriza- 
ción necesaria para celebrar los pactos respectivos. 

La Asamblea, como hemos dicho al relatar los sucesos que 
subsiguieron a la terminación de la Guerra Grande, acordó la 
venia, pero con cargo de que fueran sometidos a su considera- 
ción los tratados a que se arribara, de acuerdo con el Estatuto 
o Reglamento orgánico proyectado en 1846 por el gobierne 
de la Defensa y sancionado luego por aquella corporación. Una 
de las cláusulas del Estatuto obligaba efectivamente a la Asamblea 
a velar sobre la observancia de la Constitución y las leyes y otra 
prohibía al Poder Ejecutivo adoptar por sí mismo ninguna dis- 
posición de carácter legislativo. 

Pero el gobierno de Suárez, haciendo caso omiso de las for- 
malidades a que estaba obligado por el Estatuto y por el voto 
de la Asamblea, ratificó por sí y ante sí los cinco tratados 
a principios de noviembre de 1851 y declaró disuelta la Asam- 
blea de Notables, con el claro propósito de evitar debates que le 
habrían creado serios conflictos internacionales, dada la resolu- 
ción del Brasil de quedarse de cualquier modo con una parte 
considerable de nuestro territorio. 

Una semana antes de esa ratificación abusiva, el propio gobier- 
no de Suárez había publicado sin embargo un decreto haciendo 
cesar todas las 'disposiciones dictadas en consideración al estado 
de guerra. «La necesidad — decía el preámbulo — de defender los 
derechos de la República, obligó al Gobierno a dictar medidas 
extraordinarias y excepcionales que deben cesar desde que el 
restablecimiento de la paz ha puesto en completa vigencia las 
leyes y el régimen constitucional». 

Es que los estadistas de la Defensa tenían que hacer causa co- 
mún con el Brasil por razones de solidaridad internacional al 
principio, y más tarde como medio de evitar la absoluta absor- 
ción del gobierno por el Partido Blanco. Y eso les impedía leer 
serena y tranquilamente los tratados y los empujaba a precipitar 
su ratificación con violación de las formas institucionales. 

«Felicito a usted cordialísimamente y me felicito por sus tra- 



28 HISTORIA DEL UBUGUAT 



tados, — escribía el Ministro de Relaciones don Manuel Herrera 
y Obes a don Andrés Lamas a fines de octubre de 1851. — Es el 
más brillante e importante complemento de nuestro triunfo. 
Ahora estoy satisfecho. El honor que ellos hacen a usted, el be- 
neficio que le darán al país, sólo el tiempo los revelará. Usted ha 
andado felicísimo y como amigo sincere de usted eso me enva- 
nece. Espere usted la justicia que merece. Los tratados serán 
ratificados: asegúreselo usted al señor Paulino. Tengo esperanza 
de que el paquete los lleve!). 

Poco días después, a principios de noviembre, el doctor He- 
rrera trasmitía al doctor Lamas algunas observaciones de Ur- 
quiza y otras propias, relativas a la isla de Martín García, a la 
retroactividad de las cláusulas sobre extradición de esclavos fu- 
gados del territorio imperial, a la inconveniencia de levantar for- 
talezas brasileñas en la costa del Cebollatí y Tacuarl cedidas 
al Imperio, y a la navegación exclusiva de la Laguna Merim, to- 
do ello sin perjuicio de la ratificaoión que se practicarta de ,n- 
mediato. Atendidas las observaciones — agregaba el doctor He- 
rrera — «los tratados no podrán dejar de ser aceptados con el 
más grande entusiasmo por cualesquiera de los hombres que 
vengan al poder en nuestro país; y basados en una altura de 
ideas y de miras como las que encierran, esos tratados serán una 
verdadera e indiscutida prenda de paz, de unión y de amistad 
eincera entre los dos países». 

La voraz diplomacia brasileña tenía que aprovechar esas ex- 
celentes disposiciones de la cancillería uruguaya, expuestas a 
desaparecer una vez practicadas las elecciones de senadores y di- 
putados, y juzgaba como un desastre la idea d^ recabar el vo- 
to de la futura Asamblea, según lo demuestra la corresponden- 
cia diplomática que ha publicado el doctor Palomeque. 

«El señor Paulino — escribía Lamas a Herrera a mediados de 
noviembre de 1851 — supone que la autoridad que regía al pais, 
a consecuencia de que la invasión y ocupación de él por Rosas 
impedía las elecciones, tenía por esa misma ocupación toda la 
legalidad bastante para salvarlo y asegurar su salvación y el 
restablecimiento del orden legal; y se mostró incomodado de 
que nosotros mismos presentásemos dudas sobre nuestra legali- 
dad y viciásemos nuestros actos. Aún me pareció inclinarse a 
sospechar que los viciásemos de propósito, tal vez para anular, 
luego que nos encontrásemos desembarazados, todo lo que hoy 
hacemos. Traté en el acto de destruir esa sospecha que tan fu- 



GoiiiERNo di: giró 29 



uesta puede sernos, tan inmediatamente funesta; pero el señor 
Paulino cortó la conversación, declarándome que no admitía ra- 
tificación alguna dependdenite de la futura Asamblea; que si ha- 
bía cláusula que a eso se refiriese, la rechazaría aunque viniera 
cambiada; que tal cláusula es, como es en efecto, sin ejemplo; 
que el acto quedaría consumado, o no habría acto alguno, lo qu& 
tal vez s.6ría mejor en el camino que llevan la.s cosas. Percibí 
bien que en esto había algo de más alto que el señor Paulino, y 
con concienicia de no equivocarme digo a usted Herrera que si 
esto sigue asií, vamos mal. Es preciso querer o no el apoyo del 
Lrasil y quererlo o no francamente. Si lo queremos es preciso no 
levantar estas sospechas y aceptar las condiciones tales como 
son". 

El gobierno de Giró considera que los tratados deben ser some- 
tidos a la ratificación legislativa. 

El Presidente, que tenía naturalmente dudas acerca de la le- 
gitimidad de la ratificación prestada po>r su antecesor, resolvió 
recabar La sanción legislativa:. .Era precisame-nte el trámite que 
e; Brasil ha^bía querid'O evitar, persiuadido de que el debate par- 
lamentario en torno de 'lais monstruosas concesiones arrancadas 
al gobierno de lá Defensa bajo la presión de las circunstancias, 
bí^bría de promover un movimiento formidable contra el Imperio 
y contra los trata.dos. 

A la nota del plenipotenciario brasileño Carnieiro Leao, exi- 
giendo a principios de marzo de 1852 el nombramiento de un Co- 
misario que juntamente con el del Brasil procedería a la demarca- 
ción de límites en la frorntera, contestó, pues, negativa.mente 
nuestro Ministro de Relaciones Exteriores: 

"He recibido orden. — decía el doctor Florentino Castellanos — 
para declinar la exequibilidad de los ajustes que contienen 
dichos tratados, poirque en su capacidad constitucional no le es 
permitido llevar a la inmediata ejecución sino aquellas leyes 
que lo son porque se conforman a las condiciones de la Ley 
Fundamental del Estado". 

La aprobación de esos tratador, agregaba, corresponde den- 
tro de nuestra Constitución al Cuerpo Legislativo. El propio go- 
bierno de Suárez se encargó de declarar antes de ratificarlos que 
el restablecimiento de la paz había hecho cesar todas sus faculta- 
des extraordinarias y de excepcicm. No podría, por lo tanto, el 



30 HISTORIA DEL URUGUAY 



gobierno actual prescindir de la sanción Legislativa sin atentar 
contra da Oonstitución y sim incurrir en graves responsabili- 
dades. 

Contestó Carneiro Leao que los tratados eran válidos atento 
a la época en que habían sido celebrados; que ya estaban rati- 
ficados desde noviembre del año anterior; que asimismo el Bra- 
sil estaría dispuesto a conceder aLgunas modificaciones en ma- 
teria de límites, pero sólo después que la cancillería oriental hu- 
biera reconocido la validez de lo pactado. Concluía la nota exi- 
giendo una reconsideración rápida, con la alarmante adverten- 
cia de que el Ministro tenía "órdenes terminantes para intimar 
ai Gobierno Oriental las medidas que en prevención de seme- 
jante procedimiento el Imperio se juzgara compelido a tomar, 
de conformidad con su dignidad, su derecho y seguridad". 

Por una segun.da nota (inserta como las lainterioires en el Re- 
latorio que el Ministro Paulino presentó en. 1853), el plenipo- 
tenciario brasileño fijaba el plazo perentorio de tres días bajo 
apercibimiento de dar cumplimiento a lo que le prescribían sus 
instrucciones! 

Los (los contendientes se dirigen a Urquiza. 

Er^ muy grave la controversia, porque el ejército brasileño 
que había formado parte de la coalición contra Rosas estaba 
acampado en territorio oriental y tenía instrucciones para ha- 
cer efectivos los tratados a viva fuerza. 

Sólo con la ayuda de Urquizia podía tenerse alguna probabi- 
lidad de éxito. Pero la diplomacia brasileña se encargó de 
alejar esa probabilidad, según lo demuestra la documenta- 
ción existente en el larchivo de la cancillería argentina que el 
rloctor Ramón J. Cárcano acaba de exhibir, aclarando en forma 
definitiva ese cuadro desesperante de los comienzos del gobier- 
no de Giró. 

El Bra.sil pide la ayuda dle Corrientes y Entre Ríos contra la 
ReiJÚblioa Orientivl. 

Pocos días después de Caseros, en las postrimerías ya del go- 
bierno de Suárez, recibió instrucciones la Legación Brasileña 
en Montevideo para obtener el concurso de Urquiza contra la 



GOBIEBNO DE GIRÓ 31 



probable resistencia de las Cámaras orientales a los tratados de 
Lamas. 

He aquí lo que decía el Ministro Carneiro Leao al vencedor 
de Caseros: 

El Partido Blanco procura el poder con ánimo de ayudar a 
Rosas. Sus hombres ejercen hostilidades contra las tropas bra^ 
sueñas acantonadas en la Colonia y hacen propaganda contra 
los tratados de Lamas. El día 1.'^ de marzo ese partido conquis- 
tará la presidencia de la República y entonces se encontrará 
habilitado para desconocer la validez de los tratados. El Empe- 
rador está resuelto a emplear medidas coercitivas y en caso ne- 
cesario a declarar la guerra al Estado Oriental. Pero podría evi- 
tarse tal violencia si los gobiernos de Entre Ríos y 'Corrientes 
tyudaran al Brasil en el ejercicio de su derecho. 

La situación de la República Oriental — contestó Urquiza — 
tstá ya normalizada y no pueden los aliados mezclarse en el 
movimiento de los partidos internos. Si la guerra civil volviera 
a encenderse, los laliados tendrían que prestar su apoyo a la 
autoridad legal. En cuanto a los tratados de 1851, conste que 
a pesar de que emanaban del de alianza y constituían parte in- 
tegrante del tratado definitivo, fueron celebrados sin la concu- 
rrencia del Gobierno Argentino, cosa que no pudo ni debió ha- 
cerse. 

Agregaba Urquiza que había comunicado la nota imperial al 
Gobierno Uruguayo y que éste declaraba que jamás faltaría al 
tratado de alianza y que tampoco ejecutaría acto alguno que pu- 
diera provocar el estado de guerra con el Brasil, desvaneciendo 
así todo motivo de duda acerca de su actitud. 

Entre la nota de Carneiro Leao y la respuesta de Urquiza, se 
habían cruzado otras notas en que el vencedor de Caseros con- 
testaba con evasivas y el plenipotenciario brasileño insistía en 
recibir manifestaciones terminantes. 

Esas evasivas coincidían con trabajos de la cancillería de la 
Provincia de Buenos Aires a favor del Uruguay. Don Vicente 
López, a quien Urquiza había confiado el gobierno provincial, 
decía a su agente diplomático el gf^neral Guido, en un pliego de 
instrucciones redactado por el Ministro de Relaciones Exterio- 
res doctor Lu'.s José de la Peña: 

"Apenas reciba alguna insinuación, se prestará a celebrar el 
tratado definitivo de paz estipulado por la Convención Prelimi- 
nar de 1828". Acordará la libre navegación del Paraná para la 



32 HISTORIA DEL URUGUAY 



bandera brasileña, salvando los derechos de soberanía de la Ar- 
gentina como dueña de la embocadura. Iguales condiciones po- 
drían fijarse respecto del Uruguay, pero "de acuerdo con el Esta- 
do Oriental, con quien comparte la navegación común". Si el go- 
bierno de Giró ha aceptado ya el tratado de límites negociado 
por Lamas, nada dirá. En caso contrario reclamará el derecho 
de intervenir en el nuevo pacto a celebrarse. Se trata de un de- 
recho que el Brasil jamás debió desconocer o postergar "no sólo 
por haberse mancomunado ambos Estados para la creación de la 
República del Uruguay, sino también por la solidaridad de las 
mismas naciones contratantes en ia defensa de su independen- 
cia y porque la paz del Brasil con la República uruguaya no 
puede ser sólida, si no afianza la seguridad de los Estados colin- 
dantes". A su paso por Montevideo el General Guido se aproxi- 
mará al Presidente Giró y le manifestará que el Gobierno Ar- 
gentino está resuelto a prestar su cooperación "para todo cuanto 
afecte la política y seguridad del Estado Oriental". En cuanto a 
limites, el plenipotenciario sostendrá los del Tratado de San Il- 
defonso, salvo que ya estén aceptados los tratados de Lamas en 
cuyo caso se limitará a la determinación de la linea divisoria en- 
tre el Imperio y la Provincia de Corrientes por una Comisión 
mixta. 

La cancillería argemtina se ponía asi deciididaimente del lado 
del gobierno de Giró para el reconocimiento de los tratados de 
1S51, reclamaba el derecho de inteirvenir en los nuevos trata, 
dos de a/Cuerdo 'com la convenctlón preliminar de 18 28 y se ate- 
nU a los viejos y saneíados títulos de San Ildefonso para el man- 
hnimiento de la integridad territorial del Uruguay. 

Desgraoiadamente la misión del general Guido no alcanzó a 
realizarse por falta de poderes en el Gobernador López para 
el ejercicio de las relaciones exteriores, y cuando llegó el mo- 
nien.to de reanudarla, a raíz del reconocimiento de la persone- 
ría de Urquiza por las demás provincias argentinas, ya el ven- 
cedor de Caseros había cambiada de rumbo y la balanza se in- 
ciinaba decididamente dei lado de la política imperial. 

Urquiza resuelve apoyar al Brasil. 

Urquiza confió al mismo autor del pliego de instrucciones doc- 
tor Luis José de la Peña, la plenipotencia ante el Gobierno 
Oriental y el Gobierno Brasileño. 



GOBIERNO DE GIRÓ 33 



Ya era conocido en Rio de Janeii o el cambio operado en la 
política argentina, y el Ministro Paulino Soai'ez de Lima se 
apresuró a dirigir a Urquiza una notia de conigr'atulación, en la 
que le expresaba que sabia poír el Ministro Carneiro Leao que 
hci'bía interpuesto su influenciia para "que ei Gobierno Oriental 
entrase en la vía de la justicia", ahorrando así al Uruguay "una 
lucha cuyo resultado no podía serle favorable". 

"Caducaido el tratald'o !de límites — agiiegaba — renacía el 
deredho que teníamos a la fro^utera mairciada por la convención 
de 1819 y por eW'o se expidió orden al conde de Caxías para que 
pasase inmediatamente a ocuparlla, para lo cual ya se había pues- 
to en imarcha. Al misimo tiempio se expidió criden al señor con- 
sejero Carneiro Leao para exigir del Gobierno Oriental el pronto 
pago de la sumía de que es deudor al Brasil y sus intereses, así 
como la indemnización de los perjuiciois causaidos por el gene- 
ral Oribe a los súbditcs brasileños, ocupáiDdose una parte del 
territorio orienital adyacente a aqueillia frontera de 1819, para 
garantía de sus pagos, en casio de que no se lefectuaseu". 

Terminaba el Ministro Imperial expresando que con el nom- 
bramiento ded doctor iPeña Llegaba la oportunidad de ceilebrar 
un nuetvo tratado, enicaminado a asiegurar a la República Ar- 
gentina en el Eistado Oriental "la misma influencia y garantías" 
que ya tenía el Brasdl y que no habían podido incluirse en los 
tratados de octubre de 18 51 poirque al tiempo de celebrarlos to- 
davía desempeñaba Rosas la jefatura de la Confederación. 

Tales eran las amenazas de la cancillería brasileña. Si el 
Uruguay no acataba los tratados de Lamas, el Brasil de- 
clararía la guerra y ocuparía militarmente ,una parte considera- 
ble de su territorio. Adviértase que eso deoía cuando ya el go. 
bjermo de Giró se había sometido a la presión de los aconteci- 
mientos y que antes se había mostrado más parca ante el temor 
de que la opinión argentina hiciera causa co^mún con el pueblo 
oriental frente al heclho de la declaración de guerra. 

En cuanto a la prescindencia de la Argentina en los tratados 
de Lamas, la explicación del Imperio resultal)a sencillamente una 
uurla. Es cierto que em octubre de 1851 todavía o^cupaba Rosas 
ia gobernación de Buenos Aires. Pero también lo es que desde 
mayo de ese mismo año ya el dictador había sido deshancado 
de las relaciones exteriores y en camibio estaba Urquiza a la 
cabeza de la coalición oriental-argentino-brasileña, y era de 
acuerdo con el nuevo orden de cosas y con la Convención Pre- 

3 -IV 



34 HISTORIA DEL UEUGUAY 



liminar de 1828, que el Imperio tenía que haber dado entrada 
al representante argentino en el tratado de límites. 

Para halagar a Urquiza se le ofrecían las mismas influen- 
cias y seguridades que el Imperio había arrancado al gobierno 
de la Defensa: absorción de territorios, anulación de las indus- 
trias nacionales, intervención financiera y militar, etc., olvi- 
dando que era hasta una ofensa j la dignidad argentina ese 
ofrecimiento de lo que todavía conservaba la víctima de los tra- 
tados de octubre. 

Pero Urquiza, que ya había interpuesto su influencia a fa- 
vor de la aceptación de los tratados, se limitó a protestar por 
la forma en que haibían sido negociados y a rechazar algunas 
de las pretensiones de la insaciable voracidad territorial bra- 
sileña. 

■ "Hallándome por los sucesos — decía en su respuesta — a la ca- 
beza de los intereses argentinos, tenía que exigir lo que a ellos 
era debido, lo que había sido desconocido por un total olvido 
de las circunstancias que indispensablemente debían aparecer 
concluida la lucha en cuyo intervalo se habían hecho esos tra- 
tados con demasiada premura e imprevisión." El arreglo terri- 
torial de 1819 quedó anulado por la Convención de Paz de 
1828. "La pretensión de la ejecución inmediata de los tratados 
del 11, atacaba lo pactado el 28 con la República Argentina". 
Los defectos de forma opuestos por el Gobierno del Uruguay de- 
bían considerarse sin embargo equitativamente, teniendo en cuen- 
ta que mucha parte de las estipulaciones de Lamas estaban cum- 
plidas. "Por eso interpuse mi valimiento y mi voz para que a la 
vez que ambos poderes discordes comprendiesen la parte movediza 
del terreno en que se afirmaban, lecapacitaran que el interés 
de la paz y la justicia les obligaha a concurrir en sus pretensio- 
nes a un mismo fin, es decir, a convenir que todo arreglo de 
límites sin nuestra concurrencia nevaba un defecto insanable 
que era preciso evitar". 

Declaraba, pues, Urquiza que todo arreglo sobre límites pac- 
tado sin la concurrencia argentina,, era insanableimente nulo 
dentro del régimen creado «por la Convención Preliminar de 
1828 y asimismo que a los tratados de Lamas les faltaba la 
sanción legislativa. Pero agregaba que estaban ejecutados en 
gran parte, lo cual no era exacto, pues salvo alguina que otra 
prestación de dinero, todo lo demás estaba pendiente de cum- 
plimiento, sobre todo el tratado de limites que el Uruguay en- 



GOBIERNO DE GIBÓ 35 



tero rechazaba como un atentado. Y advertía que si a esos 
tratados se incorporase la concurrencia argentina, entonces ya 
ninguna objeción podrían merecer. 

Quedaba, pues, resuelto el sacrificio .de;l Uruguay en holo- 
causto al mantenimiento de la cordialidad de relaciones entre 
la Argentina y el Brasil y quedaba también trazado el programa 
de la misión Peña. 



La misión Peña. 

El plenipotenciario argentino llegó a Montevideo en plena 
efervescencia politica. El gobierno de Giró y la mayoría blanca 
áe la Asamblea rechazaban en absoluto los tratados de Lamas. 
El Ministro Carneiro Leao amenazaba a Giró con el ejército 
brasileño que todavía estaba acampado en territorio oriental y 
estimulaba a la minoría colorada con la esperanza de la con- 
quista del gobierno. "El Brasil entra para sacar tajada", aca- 
baba de decir en medio de una acalorada discusión, Carneiro 
Leao al doctor Eduardo Acevedo. 

El doctor Peña levantó como símbolo de unión entre los par- 
Lidois orientales la bandera de los hedhos consumados. Hay que 
juzgar los tratados, decía, como "uno de los tantos hechos que 
quedaron indisicutibles en derecho", por efecto del transcurso 
del tiempo y de la pacificación de la República. Su desconoci- 
miento conmovería por otra parte a la República Argentina y 
ésta desea, en consecuencia, una pronta solución que aquiete 
a todos los gobiernos de la alianza. 

Su fórmula, que al fin quedó aceptada, establecía que el Go- 
bierno Oriental pasaría una nota a la Legación Brasileña reco- 
nociendo los tratados como hechos consumados, y que en s-e- 
guLda se suscribiría con 1.a concurrencia argentina an pliego 
de modificaciones, mediante el cual el Imperio desistiría de la 
cesión de una media legua de terreno en las márgenes del Cebo- 
:iatí y otra media legua en las márgenes del Tacua.rí, pacta- 
das por Lamas, y se alteraría la línea del Chuy en forma de 
otorgar al Uruguay alguna ventaja territorial. 

Antes de someterse a la formida'ble presión de los aconteci- 
mientos, trató el gobierno de Giró de modificar la actitud de 
Urquiza y envió con tal objeto a Entre Ríos una Comisión c:m- 
puesta del Presidente del Senado don Bernardo P. Berro y 
del Jefe Político de Montevideo coronel Venancio Flores. 



36 HISTORIA DEL URUGUAY 

"La política últimamente adoptada por el Gobierno Argen- 
tino — 'decía en su nota — respecto de nuestras cuestiones con 
el Brasil, tal cual la ha fonmulado el señor Peña en sus co- 
municaciones a este Gobierno, nos liace sospechar que V. E. no 
está impuesto de la verdadera situación de este negocio o due 
hay aligún error de concepto que e¿ urgente aclarar". 

Psrc los comisionados regresaron a los pocos días con la 
desalentadora noticia de que el mandatario argentino instaba 
por la aceptacicín de los tratados. 

Coincidía ese regreso con el ve.aciimiento del plazo de tres 
días del ultimátum del Imperio, y cnitonces el gobierno de Giró, 
que estaba amenazado por el ejército imperial del conde de 
Caxías -acampado a poca distancia de Montevideo y por una 
revolución colorada que la Legación Brasileña trataba de esti- 
mular en toda forma, resolvió ceder con el propósito patriótico 
de evirar ,al país, recién salido de una guerra d- nueve años, 
otra guerra que lo habría destruido para siempre, arrojándolo 
ya inerme en manos de los voraces estadistas imperiales. 

"Nuestra cancillería pasó, pues, una nota en que decía a la 
Legación Brasileña: 

"El Gobierno Oriental habiendo encontrado dichos tratados 
ratificados por el Gobierno Provisorio, canjeadas sus ratifica- 
ciones y llevadas a ejecución en su mayor parte, los considera 
como hechos consumados, cuyo respeto le interesa sostener 
como continuación de la política r'el gobierno constitucional". 

Urquiza actuaba sin duda en un medio agitado por- los pro- 
blemas orgánicos de la unidad argentina y tal pudo ser la 
circunstancia determinante de su actitud en la contienda entre 
el Uruguay y el Imperio. Pero es posible que si la diplomacia 
brasileña no hubiera descu'bieTtto esa actitud desde los comien- 
zos de su campaña contra el Uruguay, las cosas no se hubieran 
extremado, porque al Brasil tampoco le convenía una gran gue- 
rra que lo habría hecho bambolear y que habría agrupado quizá 
para siempre, en torno de una misma bandera, a las antiguas 
Provincias Unidas del Río de la Plata. 

Don José Vázquez Sagastume, que acompañó a Berro y a 
Flores en su misión, ante Urquiza, ha referidc al :lcc'.or A'.beiío 
Palomeque que el Ministro Brasileño Carneiro Leao, que tam- 
bién iba en la coimitiva temeroso sin duda de que se le esca- 
para la presa, llegó a decir en uno de sus momentos de exalta- 
ción, golpeando la mesa con el puño, que si los orientales no 



GOBIEE>'0 DE GIRÓ 37 



cumplían los tratados la escuadra brasileña bombardearía a Mon- 
tevideo; y que entonces Urquiza, dando otro golpe, contestó que 
en tal caso los argentinos se pondrían del lado de los orientales. 
Si con esa exclamación hubiera terminado la entrevista, la 
diplomacia brasileña habría entrado en vereda y el sacrificio 
del Uruguay no se hubiera consumado. 

Coadyuvando a la misión Peña. 

No se contentó el general Urquiza con enviar a su Ministro 
de Relaciones Exteriores a Montevideo para inclinar la balan- 
za a favor de la aceptación de los tratados de Lamas. Se diri- 

t 
gió a la vez a ¡os prohombres de la mayoría parlamentaria con 

el mismo objeto. Al doctor Eduardo Acevedo le decía: 

"Como general vencedor pude imponer condiciones, pude apo- 
yar mi triunfo en uno de los partidos que allí contendían. No 
quise hacerlo. Preferí unir al pueblo oriental y dándole garan- 
tías para que fundara sus instituciooiies, quise dejarlo unido y 
que proisperara a la sombra de los buenos senitimientos de sus 
hijos. Desgraciadamente parece que ©sitos mis votos no se rea- 
lizan. La situación interior del Estado Oriental se com.plica y 
quizá va a ser envuelto en la guerra iCivil. Su situación externa 
se ha hecho también muy crítica y viene a complicar la prime- 
ra. La cuestión de los tratados con el Brasil ha tomado propor- 
ciones tan gigantesicas que aanenaza turbar La paz de esa Repú- 
blica con el Imperio y arrastrar a la República Argentina a los 
vaivenes de esa guerra... Los orientales han olvidado los su- 
cesos de octubre: han olvidado que yo senté como condición de 
paz la unión de los orientales de todos los colores, que procla- 
mé el olvido de lo pasado y declaré no había en la República 
vencedores ni vencidos... La reacción está a la puerta... Hoy 
se discuten ihasta los hechos consumados, hasta losi hechos en- 
vueltos en esa amnistía plena y entera que bajo mi insipiración 
Sfi dieron los partidos..." 

El doctor Acevedo contestó el mismo día en que por efecto 
de la presión militar brasileña y de la actitud de Urquiza se 
vpía obligado el gobierno de Giró a aceptar los tratados como 
hechos consumados. 

"Es un hecho — ^decía: — que este país se encontraba dividi- 
do en partidos con pretensiones exclusivas y enconiti'adas. Esos 
partidos, ligados con los que dividían la Confederación Argén- 



38 HISTORIA DEL UBTTQTIAT 



tina, lucharon por mucho tiempo merced a la intervención ex- 
tranjera que sostenía a los unos y a los otros. . . En los últimos 
nueve años han existido dos gobiernos o autoridades de hecho 
en la República Orienital . . .La lucha empeñada pudo concluir 
ce tres modos... por el triunfo del gobierno que existía fuera 
de Montevideo, por el triunfo del que se siostenía en la Capi- 
tal o por la unióin de los orientales tomando por base la Cons- 
t.tución. de la Reipública . . .De estos tres modos posibles de so- 
lución, ¿cuá'l esi el que se realizó? .. .Ahí están las memorables 
palaibras de V. E. — mo habrá vencidos ni vencedores — . . . La 
reacción está a ,1a puerta, como dice V. E. tan acertadamente. . . 
Pero es necesario averiguar de dónde viene esa reacción . . . 
Esa reaccióm no viene del partido que se denominó Blanco, ni 
dfc la mayoría del que se llamó Colorado. Esa reacción viene de 
una muy pequeña parte del antiguo Pairtido Colorado: de la 
parte interesada en perpetuar la marcha torcida, que las cir- 
cunstancias imprimieron al Gobierno que existía dentro de Mon- 
tevideo. . .Nosotros pretendíamos echar un velo sobre el pasa- 
do: nos'Oitros pretendíamos no discutir los hechos envueltos en 
la amnisitía plena y entera que bajo la insipiración de V. E. se 
dieron los partidos. . . Se n!os ha contestado' quJe el Partido Blan- 
co fué vencido y el Partido Colorado fué vencedor; que el pri- 
mero no tenía otro caráicter político en esta tierra que el de 
hombres que se habían puesto aJ servicio de los intere;es del 
tirano de Buenos Aires, mientras que el segundo defendía la 
causa njacionatli. . . Quieríainos el valo sobre el pasado, pero un 
velo que no humille a los' unos a la presencia de los otros. Un 
velo que nos ha/biJite a todos para trabajar con nuestra frente 
erguida en el sólido aíianzamiento de las instituciones de la 
P.epúbli'ca. . . A eso se liga la acusación de no respetar los ha- 
chos con&umadois. Nosotros, colocándonos en el punto de vista 
de la Constitución y de la justicia, rechazamos toda solidaridad 
con los actos malos de los dos partidos. No queremos respon- 
sabilidad moral, ni de las degollaciones y de las confiscaciones 
de los unos, ni de los asesinatos y depredaciones de les otros: 
pero aiceptamos todos los actos de los dos gobiernos en que no 
haya habido infracción de la ley, dejando a los Tribunales, 
siempre que fuera necesario, la decisión de si se ha infringido 
o no la ley. Los actos verdaderamente consumados nadie entre 
nosotros piensa tocarlos. ¿Pero se llamará, por ejemplo, acto 
consumado, que se presente un hombre con un crédito de 



GOBIERNO DE GIRÓ 39 



M7,Ono patacones por 40 bolsas df^ íariña que vendió al Gobier- 
no hace tres o cuatro años? . . .iRespecto de la cuestión brasile- 
ña, hoy arreglada, creo inútil entrar en detalles que serían in- 
tempestivos. Con la aceptación de los tratados que el país en- 
tero ha repudiado, se nos pone en el caso de ser brasileños. 
¡Quiera Dios que no. haya con el tiempo motivo de arrepenti- 
miento y se eclhe de menos la base de la conivención de 182 S 
que dio existencia a esta República!" 

La p:'e.sión brasileña por medio de las bayonetas. 

Pocas horas después de haber cedido el gobierno de Giró ante 
el ultimátum brasileño, escribía "El Comercio del Plata": 

"El ejército brasileño, una vez arreglada la cuestión de los 
tratados, va a seguir su marcha hacia Río Grande. Cónstanos que 
el conde de Caxías tenía en esta ciudad uno de sus ayudantes pa- 
ra que esperase el resultado de la negociación pendiente y ese 
oficial debe haber marchado ya con pliegos para el general bra- 
sileño, portadores del feliz arreglo de la cuestión. Según esto, 
aquel ejército se hallará muy luego en su territorio". 

Todo el ejército brasileño^ que había actuado en Caseros o 
que había quedado en la Colonia a la espera del desenlace de 
la lucha contra Rosas, estaba acantonado desde les primores 
días de marzo en el Cerro, en Santa Lucía y en otros punto.-! 
del territorio, dando lugar a sangrientos incidentes, como uno 
que ocurrió en el Departamento de Florida, en el curso del 
propio mes de mayo mientras proseguía la negociación diplo- 
mática y ejercía su presión el plenipotenciario brasileño. 

Según el parte del ayudante del conde de Caxías, una fuerza 
oriental había atacado a los brasileños cerca de su camipamento, 
poniéndolos en el caso de defenderse y de matar a varios de 
los agresores. Pero según los partes orientales los brasileños 
habían atacado a la policía matando a la mitad de sus compo- 
nentes y llevándose prisioneros a los demás. 

Tuvo intensa repercusión parlamentaria ese incidente. I,ns 
soldados brasileños, según los datos suministrados por uno de 
los senadores, andaban arreando caballadas, y al ser contenidos 
en sus atropellos por una partida policial de catorce hom- 
bres, mataron a la mitad de sus componentes, dando lugar 
con ello a que el vecindario corriera a las armas para repeler 
y dispersar a los atacantes. Cotaentando el suceso, decía otro de 
los senadores : 



40 HISTORIA DEL URUGUAY 



"Se nos amaga, se trabaja incesantemente para espantarnos 
con la infalible y próxima guerra con el Brasil, si no aceptamos 
inconstitucioualmente sus onerosos tratados; y no se advierte 
que la inseguridad, disgusto y malestar de nuestra campaña for- 
zarán a sus moradores a armarse para guardar sus haciendas, 
a repeler la fuerza con la fuerza y a colocarnos quizá de re- 
pente y sin quererlo en ese rnismo estado de guerra tan temido 
y tan ciertamente lamentable". 

Era tanta la agitación de la campaña, que el Ministro de la 
Guerra, contestando una interpelación del Senado acerca del in- 
cidente de la Florida, declaró que el Gobierno luchaba con obs- 
táculos invencibles para asegurar el mantenimiento del orden. 

"Los tratados con el Brasil — decía — en el estado en que 
están, hacen imposible la consolidación de todo arreglo". 

Las mismas calles de Montevideo solían ser teatro de conflic- 
to? íevelaidores de la excitación de los ánimos. Durante el mes de 
íibril promovieron un barullo en el muelle los marineros brasi- 
leños, y un capiítán del ejérciito que ppr aJlHií pasaba se puso a la 
cabeza de la guardia de Aduana, entablándose entonces una fu- 
riosa pelea, de la que resultaron varios muertos y heridos. 

El senador Masini agregó al año siguiente que Carneiro Leao 
había exigido el destierro de varios de los opositores a los tra- 
tados^. 

La presión brasileña por medio de la revolución colorada. 

La astuta diplomacia brasileña no satisfecha con la presión 
militar del ejército de Caxías, azuzaba a la vez las disidencias 
partidistas de los orientales para estimular un motín y encender 
de nuevo la guerra civil, que acaso podría dar al Imperio el 
resto de los territorios no absorbidos por los tratados de 1851. 

Ha dejado constancia el doctor Juan Carlos Gómez de algu- 
nas de esas maquinaciones. 

El gobierno de Giró — escribía en 1855 a don Andrés Lamas 
— ^que estaba aceptado por todos, cuando se produjo la crisis de 
los tratados resolvió recabar la sanción legislativa de acuerdo 
con prescripciones expresas de la Constitución. 

"El señor Carnoiro Leao — agregaba — hoy Presidente del 
Consejo de Ministros y entonces Ministro del Brasil en la Re- 
pública Oriental, se opuso a tal sometimiento de los tratados a 
las Cámaras... Ante la resistencia del señor Giró, ¿cuál fué 



GOBIEENO DE GIRÓ 41 



la ipolítlca del señoi* Carneiro Leao? Buscar a los jefes de la 
Defensa de Montevideo, a los adversarios naturales de la Admi- 
nistración, proponerles el derrocamiento del ssñor Giró, pro- 
metiéndoles hacer retroceder en su ayuda al ejército brasileño 
que aún se hallaba en territorio oriental en marcha para su 
país. Los Ministros diplomáticos no consignan de cierto en es- 
crituras públicas tales promesas, no son tan inhábiles para dejar 
de ellas rastros palpables, pero yo apelo al testimonio d? los 
jefes de la Defensa de Montevideo que recibieron tales indica- 
ciones, de muchos ciudadanos y extranjeros respetables que de 
ello tuvieron conocimiento y al del g-eneral Urquiza y sus Minis- 
tros en aquella época, a quienes el Presidente Giró envió en mi- 
sión al general Flores, actual Presidente de la República, y al se- 
ñor don Bernardo P. Berro, solicitando su apoyo para resistir al 
amago del Ministro Brasileño. Los hombres de la Defensa de 
Montevideo se mostraron dignos de sus hermosos antecedentes, 
se negaron a toda tentativa para derrocar el orden constitucio- 
nal. Pero sacrificando lo que juzgaban mero interés de prin- 
cipio al interés inimeidiato y urgente de salvar la alianza brasi- 
leña que consiideraban un bien para la República, apoyaron la 
exigencia del señor Carneiro Leao de que se dieran por hechos 
consumados los tratados de comercio y límdites mediante algu- 
nas modificaciones que fuesen sometidas al Poder Legislativo 
para dejar así a cubierto los priincipios". 

Refirién'dose a ese mismo trabado de disgiregación emprendido 
^i'T la dipllomacia brasileña, decía el doctor Acevedo en "La 
Constitución": 

"Para juzgar de los tratados de 1851 nunca ha habido antiguos 
blancos y antiguos colorados. Todos han sido unánimes en el sen- 
timiento de reprobación que hizo nacer el conocimiento de esos 
documentos. Contra ellos levantaron el grito los hombres más 
nt.taJbles de'l antilguo Partido Colorado. Fué muOho después que 
trabaJ9,ndose por algunos con mucha habilidad, logró complicarse 
con la cuestión de los partidos que ya no existían ni podían 
existir, la cuestión 'de los tratados." 

Otra forma de la presión brasileña: la suspensión de los sub- 
sidios. 

Juntamente con la presión militar y con el persistente trabajo 
para que los blancos y colorados se echaran de nuevo los unos 



42 HISTORIA DEL rHUGÜAY 



contra los otros, procuraba el Gobierao Imperial complicar la 
crisis política au. la crisis financiera. 

Por el tratado de subsidios de octubre de 1851 se había obli- 
gado eil Brasil a entregar al Uruguay, ea caliidad de préstamo 
reembo'lsable, la cantidad mensual de sesenta mil patacones por 
todo el tiempo que el Gobierno Imperial juzgase conveniente, 
'•no pudiendo retirarla, sin embargo, sin previo aviso becho tres 
meses antes". 

Apenas promovida la discusión de los trataidos La cancillería 
bí-asileña suspendió el pago de los subsidios que ya había em- 
pezado a entregar, y la suspensión continuó aún después de ha. 
ber quedado triunfante la diplomacia imperial, sin que se in- 
terpusiera niniguna protesta o reclamo inmediato por estar acé- 
íaila nuestra Legación en Río de Janeiro». 

Entre Las primeras medidas del gobierno de Giró figuraba el 
cese del negociador de los tratados de 1851. El Presidente, — 
escribía el Minisitro de ReiLaciones Exteriores doctor Florentino 
Castell!an)3s al comunicar es'e oese a don Andrés Lamas, — "cree 
y yo también, que para obtener alguna modificación a los ajustes 
que nos habiliten para pedir la aprobación de la Asamblea, usted 
no puede tener la libertad necesaria en la negociación a que he- 
mos invitado al plenipotenciario brasileño". 

Después de aprobados los tratados, el Gobierno se dirigió a la 
Comisión Permanente en demanda de venia para ratificar su 
maurdato al diplomático' cesante, y una vez confirmado en su 
pjesto pidió don Andrés Lamas el pago de las tres prestaciones 
mensuales siguientes al cese y la continuación de los pagos "has- 
ta febrero de 18 5 3 por lo menos", alegando la situación apu- 
lada del Tesoro público. El Gobierna Imperial accedió final- 
mente a lo primero, no atreviéndose a ir contra el texto expre- 
so del tratado, pero se negó resueltamente a lo segundo, a títu- 
lo de que "los sacrificios pecuniarios que había hecho el Im- 
perio eran bastante abultados y deBinteresados", según lo decía 
el Ministro Paulino Soarez de Lima en el Relatorio presentado en 
mayo .de 18 53. 

Es que el Imperio deseaba hundir áeñ todo al gobierno de 
Giró, en castigo de haberse alzado contra los tratados y como 
medio de robustecer su ya formidaible influencia en la marcha 
política del Uruguay. 



GOBIEENO DE GIRÓ 43 



La sanción legislativa. 



Constaba de tres artículos el tratado de modificaciones a que 
se liabía arribado. Por el primero, se alteraba un poco la línea 
del Chuy, haciéndala correr desde la desembocadura de di- 
cho arroyo por el punto de San Miguel hasta encontrar la La- 
guna Merim y la boca del Yaguarón. Por el segundo, quedaban 
sin efecto las dos medias leguas cedidas al Brasil en las már- 
genes del CeboiLlaití y Tacuarí. Por el Tercero, se declaTaban en 
vigor todjos los demás artículos del trataido de límites y 
asimismo los tratados de ailianza, extradición, comercio y sub- 
sidios. 

El Senado votó en silencio un dictamen suscrito por don Juan 
Miguel Martínez, don Tomás Gomensoro, don Francisco Solano 
ae Antuña, don Antonio tuis Pere'ra y don Francisco Araucho, en 
que se decía que los límites fijados eran "los mismos del año 
1828, o sea el uti possidetis'". 

Eu la Cámara de Diputados se discatió, en cambio, con calor. 
Todos los legisladores estaban de acuerdo en la necesidad de la 
sanción; pero los de la mayoría sostenían que debía decretarse 
con una salvedad a manera de protesta que permitiera gestio- 
nar enmiendas en el porvenir, en tanto que los de la minoría 
colorada opinaban a favor de la sanción lisa y llana, tal como 
se había pronunciado en el Senado. El informe de la Comisión 
dictaminante, suscrito por don Eduardo Acevedo, don Salvador 
Tort, don Atanasio Aguirre, don Pedro Bustamante y don Ma- 
riano M. de Haedo, fundaba así el voto de la mayoría: 

"La Convención introduce importantes modificaciones en el 
tratado de límites del 12 de octubre de 1851, aunque no esta- 
blece el verdadero uti possidetis del año 1828, ni logra hacer 
aparecer en los demás tratados el espíritu de la convención del 
expresado año 1828. Entretanto la Comisión, que ha oído las ex- 
plicaciones del ministerio y comprendido la verdadera situación 
en que se encuentra la República al celebrar esa convención, así 
como la esperanza que fundadamente alimenta de obtener ulte- 
riores modificaciones, se ha creído en el caso de aconsejar a 
V. H. la adjunta minuta de decreto. La Comisión ha considerado 
que debe hacerse ese sacrificio a la necesidad que reconoce de 
conservar nuestras buenas relaciones con eil Imperio y de afian- 
zar para la República los beneficios de lá paz de que ha carecido 
por tanto tiempo". 



44 HISTOBIA DEL UBUGUAY 



"Con la esperanza de ulteriores modificaciones que pongan de 
acuerdo las estipulaciones de 12 de octubre de 1851 con los ver- 
daderos Intereses de la República... apruébase el tratado de 
modificaciones celebrado por el Poder Ejecutivo el día 15 de 
mayo de este año con el plenipotenciario del Brasil y garantido 
por la Confederación Argentina". 

Al Iniciarse el debate, dos de los firmantes de ese informe, 
fion Pedro Bustamante y don Salvador Tort, pertenecientes a la 
ir.inoría colorada, dejaron constancia de que ellos eran contra- 
rios al preámbulo. El mismo señor Tort se opuso luego a que e. 
preámbulo fuera discutido y votado. El Presidente de la Cámara 
don José María Muñoz bajo de su asiento para impedir también 
que se votara el proyecto sin el preámbulo. 

Sostuvo, en cambio, el doctor Acevedo, según la crónica de 
"El Comercio del Plata", "que se necesitaba algo que demos- 
trase al país que la Cámara no estaba divorciada con el senti- 
miento de la Nación y que era menester satisfacer la ansiedad 
general". Don Ambrosio Velazco, que en seguida adhirió al 
preámbulo, formuló esta moción que no fué apoyada porque era 
el derrumbe del país por la guerra extranjera y la guerra c'vil: 
"Difiérese la aprobación del tratado celebrado por el Poder 
Ejecutivo el 15 de mayo de este año con el plenipotenciario del 
Brasil,v hasta tanto el Poder Ejecutivo haya obtenido las modi- 
ficaciones a los tratados del 12 de octubre de 1851, tomando por 
base el de límites el uti possidetis, establecido por el tratado 
' preliminar de paz de 182S, celebrado entre la República Argen- 
tina y el Brasil, y para los demás los verdaderos y recí.irocos 
intereses de la República y del Imperio del Brasil". 

Cerrado el debate, votaron por el preámbulo 14 diputados, to- 
dos de la mayoría, y contra el preámbulo 9 diputados, todos de 
la minoría colorada. 

Tuvo que volver el asunto al Senado, y entonces el constitu- 
yente don Ramón Ma-sini, que no había estado presente el día 
de la sanción, tomó la palabra para formular el proceso de la 
presión brasileña en estos términos candentes: 

"Enhorabuena que esos tratados deban ser aprobados por 
fuerza, si estamos en el caso de arries?:iT nuestra existencia po- 
lítica con la nueva guerra .• on qua '^1 Brasil, por medio de su 
plenipotenciario, nos ha estado constantemente amenazando, si 
no tuviéramos justicia, medios, valor ni dignidad para arros- 
trarla como otras veces. . . No se alegue nunca que no se ha he- 



GOBIERNO DE GIRÓ 45 



cho constar que nos falta toda la libertad de que debe gozar un 
Estado como el nuestro, para hacer un tratado válido con una 
riación con que se halla en paz y que es una de las signatarias 
del tratado solemne que en 1828 estipuló con la Argentina la 
integridad de nuestro territorio, nuestra libertad y nuestra in- 
dependencia. . . El "Brasil, señores, ha traspasado nuestra fron- 
tera casi al mismo tiempo que se celebró la convención de S de 
octubre con un ejército que la ocupó después de la guerra civil. 
Esos tratados son perjudiciales y atentatorios contra nuestra in- 
dependencia y nuestra libertad. Por más que se diga que hoy te- 
nemos libertad para discutirlos y rechazarlos y que su aproba- 
ción es legal, yo sostengo y sostenldré lo contrario". 

En un editorial de "La Prensa Uruguaya", escrito o inspirado 
por el constituyente cuyas palabras acabamos de reproducir, se 
comentaba así al año siguiente una información de Río Grande 
sobre disidencias en la demarcación de la línea fronteriza: 

•'Bastante se ha hecho por parte de ésta (la República Orien- 
tal) en obsequio a la paz. El año pasado s« le hizo guardar si- 
lencio, se le impjdió hablar y discutir en esta materia. Entonces 
todo se conjuraba en nuestro daño: fuerzas extranjeras domi- 
nando o amenazando en la campaña, la prensa del Estado vecino 
hostilizándonos en una cuestión en que es preciso no tener ni 
una gota de sangre española en las venas para no mirar sin do- 
lor la injusta e impolítica desmembración de nuestro territorio. 
En fin: no teníamos de hecho libertad de imprenta ni de tribu- 
na, como lo probaremos cuando se quiera y si hay alguno que 
lo dude. Así se ha ventilado en silencio y por mudos, como si 
estuviéramos en Constantinopla, la cuestión de los tratados, y 
así se ha conseguido esa aprobación nula arrancada a las Cáma- 
ras Legislativas por la fuerza, por el temor. No importa, esto 
hará brillar más la justicia que en el decurso de medio siglo está 
dando sangrientas lecciones y proclamando entre ruinas que fue- 
ra de la moral y de los derechos del pueblo no hay más que 
abis7nos''\ 

Triunfó la fórmula de la Cámara de Diputados en el Senado, 
quedando así sancionada la ratificación en julio de 18i5 2 "con 
la esperanza de ulteriores modificaciones que pongan de 
acuerdo las estipulacioines de los tratados... con los veMiaderios 
intereses de la República". 

Para algunos de los im.pugnadores del preámbulo, se tra- 
taba de un voto platónico. Para ocros, de una ofensa al Impe- 



46 HISTORIA DEL URUGUAY 



rio que podría dificultar planes de política interna. Para otros, 
de hostilidad al gobierno de la Defensa que había firmado y 
ratificado los tratados. "El Coimercio del- Plata", que a raíz de 
la primera sanción del Senado juzígaba ya serenada la atmós- 
fera política, volvió a alarmarse ante la publicación del informe 
de la Comisión especial de la Cámara de Diputados, afirmando 
que el preámbulo que allí se aconsejaba constituía un acto de 
hostilidad contra el gobierno de Svárez y aún contra el pro- 
rio gobierno de Giró que había pedido la sanción lisa y llana. 

Era, sin embargo, lo menos que podía hacerse contra la in- 
contrarrestable presión militar brasileña y a la vez lo más que 
toleraba la estabilidad de la situación política que había que 
sa'lviar a toda costa, a idespecho de las prdtestas que llegaban 
de algunos puntos del país, entre ellas una del vecindario del 
Salto que pedía a la Asamblea el rechazo liso y llano de los 
cinco tratados, porque eran "perjudiciales a los intereses legí- 
timos de la República, anticonstitucionales, infamantes y com- 
prometían la dignidad, sosiego e independencia de nuestra 
patria." 

Y ahí ha quedado y quedará el preámbulo como un voto que 
acaso, y sioi acaso, se encargarán algún día los progresos eco- 
nómicos del Uruguay de recoger pacífica y tranquilamente sin 
protestas de nadie y por la sola razón de las supremas conve- 
niencias de unois y otros! 



Entre presión y presión un pedazo de teiTitorio pasaba al Brasil. 

Tocaba ya a su término el debate parlamentario, cuando la 
cancillería oriental tenía que dirigirse a la Legación Brasileña 
para denunciarle que una columna de 1,000 hombres del ejér- 
cito imperial había acampado en ¡as puntas del Minuano, des- 
tacando guardias en dirección al Paso de Carpintería en Río 
Negro y notificando al Juez de Paz de Aceguá el cese de sus 
funciones. 

Quince días después de la sanción definitiva de los tratados, 
veíase obligada a insistir en sus reclamos la cancillería orien- 
tal, y esta vez para prevenir al plenipotenciario brasileño que 
el oficial encargado de hacer la intioiíación al Juez de Paz de 
Aceguá había exhibido instrucciones que le habilitaban para 
arrestar y hacer conducir al campamento a dicho magistrado si 
persistía en seguir ejerciendo sus funciones! 



GOBIEEXO DE GIRÓ 47 



Esos reclamos, que extractamos del Relatorio del Ministro 
de Negocios Extranjeros del Brasil, fueron contestados final- 
mente en forma tran<iuilÍ25a'dora por la Legación: que las tropas 
imperiales no ocuparían ningún piusto fuera del uti possidetis. 
Pero la desocupación se Oiperaba con tanto desgano, que a fi- 
nes de octubre, cuando ya se preparaban a trabajar sobre el 
terreno en el trazado de la línea fronteriza el coronel José 
María Reyes por el Uruguay y el general Andrea por el Impe- 
rio, todavía seguían estacionadas ei. Aceguá las mismas guar- 
dias invasoras que habían dado lugar a los reclamos de la can- 
cillería uruguaya. 

A .principios 'de 18 5 3 escribía don Juan Soto desde Río de 
Janeiro al dloctor Acevedo, refiriéndose a conversaciones con una 
persona influyente en la política brasileña, que el general Andrea, 
a»! tirar la línea d&l Yaguarón Chico a la barra del San Luis, ha- 
bía arrancado un trozo imiportante de indiscutible posesión uru- 
guaya, para complacer a un estanciero Llamado Honorio, que 
quería vivir dentro de la jurisdicción brasileña! 

Y de la persistencia y tenacidad de esas tarascadas, instruye 
ima interpela.ción parlaimentaria de julio del mismo año, (promo- 
vida en la Cámara de Diputados por el doctor Ambrosio Ve- 
iazco, sobre la base de datos suministrados según el interpelante, 
por el propio Comisario demarcador, de los que resultaba que 
se hacían graves modificaciones en la línea del Chuy, natural- 
mente que en perjuicio del Uruguay. 

La interpelación fué aplazada a la espera de los anteceden- 
oes de la denuncia y luego quedó totalmente abandonada por 
efecto de la revolución que echó abajo al gobierno de Giró. 

En el Relatorio del Ministro Paulino Soarez de Souza, de 
mayo de 1853, se decía, con referencia seguramente a ese in- 
cidente, que el Comisario oriental sostenía que el utis possidetis 
comprendía todo el terreno situado al sud del Puntal del Pa- 
raguayo, mientras que el Comisario brasileño invocaba a su fa- 
vor el hecho de que ese terreno "estaba ocupado desde muchos 
años por familias brasileñas sin mezcla de morador alguno 
oriental". Y agregaba que la duda había quedado resuelta y 
que los trabajos habían sido reanudados, en razón de que "el 
Gobierno Oriental se habla mostrado de acuerdo con la línea 
propuesta y aprobada por el Gobierno Imperial." 

Hay que recordar que el Imperio tenía un poderoso aliado 
en las angustias del Tesoro público, que él calmaba con los 



48 HISTORIA DEL URUGUAY 



subsidios o QA'ivaba con la interiupción de los pagos, según las 
conveniencias de cada momento. 

1/a coparticipación de los partidos en el poder. 

Las agitaciones parlamentarias d i que liemos hablado, eran 
simplemente el reflejo de movimientos más profundos en el cam- 
po donde durante tantos años se había estado luchando c:n las 
armas en La mano. 

Había triunfado el candidato presidencial del Partido Blan- 
co. Pero el Partido Colorado era el tínico dueños de la situa- 
ción, porque tenía el Ministerio de la Guerra a cargo del ge- 
iieraJl César Díaz, la Jefatura Política de Monteivideo a cargo 
fiel coronel Venancio Flores y toda la tropa de línea a cargo 
de las coroneles Palleja y Solsona. Y de esa situación de abso- 
luto predominio no fué desalojado jamás. Cuando el general 
César Díaz renunció por efecto de desinteligencias políticas, pa- 
só- a ocupar su puesto el coronel Flores hasta pocas semanas 
antes del derrumbe de Giró. Mayor era todavía la estabilidad 
en los cuarteles, pues ni aun a raíz del motín del IS de julio 
se pensó en el) reemplaizo de los jefes que abierta y decidida- 
mente arrimaban el hombro contras las autoridades consti- 
tuidas. 

Es que los dirigentes de la situación trataban de combatir el es- 
píritu de bandería mediante un iDrograma amplísimo de copar- 
'.icipación, único medio en concepto de elics de arrancar al país 
de las garras de la guerra civil que tan cruelmente Jo habían 
desangrado. 

La pa/z era la aspiración de todos, como lo hacía constar el 
general Rivera en una expresiva carta al Presidente Giró, en la 
que luego de "felicitarlo por el término de las oísicil alciones, que 
habían afligido a la patria por tanto tiempo", agregaba que 
todos sus esfuerzos propenderían a! plan de "contribuir a la 
conservación de la paz". 

Pero el sentimiento de partido continuaba vivo a despecho 
de todos los esfuerzos de los hombi-«s del gobierno. A raíz de! 
decreto de marzo de 18 52 que suspendía las afectaciones de ¡as 
rentas constituidas por las autoridades de la Defensa, hubo 
violentas polémicas, en que los unos exaltaban las glorias de la 
ciudad sitiada y los otros la causa del campo sitiador, y hasta 
manifestaciones callejeras con arranques oratorios de peligrosa 
resonaincia. 



GOBIEENO DE GIRÓ 49 



Un día se le ocurrió al general Manuel Oribe entregar al 
Alcalde Ordinario de la Unión ¡a bandera del Regimiento 
Oriental N.° 9, de heroica actuación en las campañas del Paci- 
fico, depositada en la iglesia de Córdoba después de la disol'i- 
ción del Regimiento. La entrega dio origen a violentas recriml 
na'ciones contra el donante, que llevaba una vida oscura en su 
fjuinta de'l' Migueléte, increpándosele, con tal mic'tivo to'da la san- 
gre que había derramado en el curso de sus campañas a favor 
de la consolidación de la dictadura de Rosas en las provincias 
argentinas. 

El Presidente Giró, ique creía sin embargo afirmado el senti- 
ruiento de <la paz, decía al clausurar las sesiones ordinarias del 
Cuerpo Legislativo en julio- de 1852: 

"Mediante vuestros patrdóticos esifuerzos, apoyados por el 
¿entimiento nacional, esta patria que encototrasteis poco ha di- 
lacerada y moribunda bajo los gclpes de nuestras discordias 
civiles, emipieza Ihoy a levantarse de su prolongado martirio y 
a dar señales de vida y ele vigor, que anuncian para una época 
no muy di&tanite un venturoso porvendr. En verdad no hemos 
andado gran trecho en el camino de la reorganización nacional, 
porque no se reparan en poicos días diez años de ruina; pero te- 
nemos paz, orden, libertad, independencia, estas únicas y soli- 
ólas bases del bienestar y proisperidad de los pueblos y esto bas- 
ta para glorlficaír la época del pTimer período legislativo". 

Pocas horas después de 1.a Lectura de este mensaje, empeza- 
ban los festejos conmemorativos de la Jura de Ja Consititución 
■con el concurso de tOido el pueblo de Montevideo. El programa 
comprendía desifile de los niños de las escuelas públicas, para- 
da militar, corrida de sortijas, juegos artificiales, comparsas 
de máS'Caras; y fué reaJizado sin un solo incidente que diera 
entrada a la Policía. 

"Al ver un pueblo entero — decía "La Constitución" en su 
crónicas de los fesitejosi — renovando el juramento de sostener 
en toido trance el paeto cons'títucional, nadie habría sdquiera 
sospecbado que ese pueíblo poco ha dividido en bandos escanda- 
lizada al mundo con las escenas de sus discordias y miserias; to- 
dos aparecían animados de la misma idea, convencidos de que 
el único puerto de sailvacióa en el futuro es el cumplimiento 
leal y franco de la Coinsititución de la República". 

"La República Oriental. — agregaba algunos días después ese 
K.ismo diario — marcha indudablemente en una vía de progreso 

4 — IV 



50 HISTORIA DEL URUGUAY 



y engrandecimiento. Nadie que la recorriera hoy, s'n conocer 
los antecedentes podría siquiera sospechar que acaba de salir de 
una guerra atroz, en que se agitaron- todas Jas pasiones y se 
pusieron en cuestión los fundamenitos más sagrados de la so- 
ciedad'. . . Eil sentimiento generad de que todos hemos errado y 
de que nadie tiene derecho a tirar la primera piedra, hace que 
exis.ta una tolerancia recíproca respecto de lo pasado y que to- 
dos nos entreguemos con anisia a trabajar por la consolidación 
del orden y de Las instituciones. El recuerdo de lo pasado no 
nos sirve, sino como servía a los jóvenes espartanos la presen- 
cia de los ilotas ebrios que se hacían circular por las mesas co- 
munes, para apaTtarnos de todo aquello que pudiera conducir- 
no.? a la situación desgra'ciada de que atcabamoB de sialir... El 
que hoy viniera a promover cuestiones sO'bre lia justicia de las 
pretensiones que respectivamente sostenían los partidos que di- 
vidieron al país, no sólo aparecería como hombre de otra época, 
eino que maniifestaría' que no tiene corazón o que no lo inflama 
el sagrado deber de la patria". 

"Nos encontramos al fin — exclamaba a su turno "El Comer- 
cio del Plata", — en aquella situación feliz eu que de todos los 
puntos de la República no parte una voz, no se manifiesta un 
sentimiento que no sea con tendencia a estrechar los lazos fra- 
ternales entre los hijos de la tierra". 



Empieza a sentirse el malestar. 

Desgraciadamente la acción gubernativa no respondía a las 
exigencias del momento. 

Faltaba empuje para resolver los gravísimos problemas eco- 
nómicos y financieros que había planteado la larga guerra que 
•acababa de terminar, y el malestar de todas las clases, produ- 
cido por la destrucción de la riqueza pública, tenía que acentuar- 
se y se acentuaba día a día. 

Dándose cuenta de ello, la prensa sugería la idea de hacer 
trabajar en torno de los Ministerios inactivos una cincuentena 
de ciudadanos, que se distribuirían en grupos o subcomisio- 
nes para el estudio de iniciativas y tareas relacionadas con la 
reconstrucción general. 

"La situación es de malestar — decía "El Comercio del Pla- 
ta" en octubre de 1852. Es una situación de absoluto descono- 



GOBIEBNO DE GIRÓ 51 



cimiento de las exigencias del país, que reclama actividad y ob- 
sei'va un quietismo pernicioso, que exige iniciativa franca, deci- 
dida, ilustrada, y ve en su lugar una negación completa de ella. 
Es una situación que mantiene al país en una expectativa fatigo- 
sa acerca de sus grandes intereses, de sus menores necesidades, 
de su presente y de su futuro. Es una situación en la cual no se 
considera la miseria, no se atiende a remediar el atraso, no se 
provee a la falta de población. Es una situación en la cual cada 
día que transcurre nos lleva a un precipicio por la incertidum- 
bre en la Hacienda, más encarecida aún en vista del sistema de 
no publicidad tan exageradamente observado. Por todo esto es 
de malestar la situación y desde luego el país reclama su cese 
inmediato, so pena de que no se tenga derecho a contar con su 
apoyo". 

Los primeros rumores de revolución. 

A mediados de mayo de 1852 la Cámara de Senadores inter- 
peló al ministerio con motivo de los tumultos de la barra de la 
Cámara de Diputados al discutirse la legitimidad de algunos de 
los decretos del gobierno de la Defensa. 

Uno de los oradores habló "sobre el estado de coacción en que 
se hallaba la Cámara de Diputados por las demostraciones de la 
barra; sobre los rumores circulantes acerca de la actitud que 
habrían • asumido algunos jefes brasileños y el Ministro de la 
Guerra en el caso de que los tratados de 18 51 no se hubieran 
aprobado; sobre la existencia armada de la división oriental; 
sobre la medalla que debía distribuirse a los soldados de Case- 
ros en uso de facultades que sólo a la Asamblea correspondían; 
y sobre la necesidad de restablecer la Guardia Nacional". 

El Ministro contestó "que la concurrencia a la barra de la 
Cámara de Representantes de oficiales de la división oriental, 
era motivada por el interés de las cuestiones que se debatían y 
jamás por un objeto hostil; que la distribución de medallas ten- 
dría lugar el 2 5, por haberlas concedido el Gobierno Provisorio; 
y que respecto de los rumores a que se había hecho referencia, 
nada contestaba, porque nadie podía juzgarle sino por sus actos 
públicos". 

Tales eran las palabras del acta oficial, mucho menos expre- 
sivas que las de la crónica parlamentaria de "El Comercio del 



52 HISTORIA DEL UKXJGUAY 



Plata", según la cual el Ministro de la Guerra general César 
Díaz, había sido acusado sobre la base de rumores de revolución 
f-n connivencia con los brasileños para el caso de que no fueran 
aprobados los tratados de 1851, originándose con tal motivo una 
violenta discusión a la que hubo de poner término el Ministro 
doctor 'Castellanos, con la declaración de que el Gobierno es- 
taba resuelto a adoptar como línea de conducta el respeto a los 
hechos consumados, juzgando que remover el pasado sería hun- 
dir al país en el caos. 

La crónica de "El Oriental" ponía en boca del general César 
Díaz la respuesta dé que "sii él lo creyera necesario para salvar 
ia independencia de la República, no tendría inconveniente en 
ponerse al frente de una revolución". 

Una revolución que se dirigía no contra el gobierno de qae 
formaba parte el Ministro, sino contra la mayoría parlamenta- 
ria que pretendiese dominar con sus decisiones! 

Otro diario, "La Patria", publicó una versión parlamentaria 
más extensa, con numerosos párrafos entre comillas que denun- 
t-iaban la prolijidad de sus informaciones, y que vamos a ex- 
tractar: 

Senador Masini — En todas partes circulan rumores alarman- 
tes. La Cámara de Diputados aparece cohibida, o por lo menos, 
la mayoría se abstiene de concurrir a las sesiones a causa de 
:os desórdenes de la barra. No se or-ganiza la Guardia Nacional, 
que es la mejor garantía de las libertades públicas. 

Senador Antuíia — La situación del país es gravísima, ex- 
traordiniaria y sumamente peiligrosa. Es necesario que el minis- 
terio declare ante el Senado si responde de la tranquilidad pú- 
blica y de la completa libertad de la Asamblea en el ejercicio 
de sus funciones. 

Ministros de GoMerno y Guerra — Nada hay que temer del 
doble punto de vista de la tranquilidad pública y de la libertad 
de los debates parlamentarios. 

\Senador Antuña — La mayoría de la Cámara de Diputadoa 
está notoriamente coacta, por efecto de los desenfrenos de una 
barra compuesta de gente armada y de gran número de milita- 
res. En todas partes se dice que esos desórdenes son promovi- 
dos por el propio Ministro de la Guerra general César Díaz, 
quien busca un pretexto para disolver el Cuerpo Legislativo. 
Con esta disolución nos amenazan desde hace días, asegurán- 
dose que el Ministro de la Guerra está resuelto a derrumbar al 



GOBIERNO DE GIRÓ 53 



Gobierno si no se aceptan los tratados con el Brasil. Se agrega 
ciue el Ministro está en connivencia con el ejército brasileño, 
acampado sobre el Santa Lucía, y que las fuerzas de caballería 
de ese ejército sólo aguardan para volver sobre Montevideo un 
aviso del plenipotenciario Carneiro Leao. Estos rumores pue- 
den ser exagerados o falsos, pero hay varios hechos que los co- 
rroboran, tales como el próximo reparto de medallas a los sol- 
dados de Caseros sin ley de la Asamblea que lo autorice, la per- 
manencia y acuartelamiento de todas las fuerzas orientales que 
actuaron en Caseros, no obstante la le'y de Presuipuesito, limi- 
tativa del ejército de línea, y la no convocatoria de la Guardia 
Nacional'. 

Ministro de la Guerra general César Díaz. — En cuanto a la 
medalla siento no haber venido a la Cámara trayéndola en el 
p( cho. Esia medalla debe ser respetada, porque emana de la au- 
toridad que podía decretarla y además porque se trata de un 
hecho consumado. En cuanto a los militares de la barra de la 
Cámara de Diputados, ellos asisten en su carácter de ciudada- 
nos y son incapaces de promover desórdenes. No ha sido con- 
vocada todavía la Guardia Nacional en razón de no estar pro- 
vistas todas las Jefaturas Poilíticas. En cuanto a las acusaciones 
de revolución que se me dirigen, las rechazo en nombre del 
ejército, pero agregando que si fuera necesario no tendr.a em- 
barazo en ponerme a la cabeza de una revolución para salvar 
la patria. 

'^'^nador Masini. — Pido que se llame al orden al señor Mi- 
nistro. Ante el Senado que está habilitado para juzgar a los 
Ministros, no puede jactarse el genieral César Díaz de hacer 
revoluciones contra el orden constitucional. 

En el curso de su réplica, refiriéadose el senador Masini a lo 
que debía entenderse por hechos consumados, habló de la venta 
de la Iglesia Matriz y de la Plaza Constitución por el gobierno 
de Suárez, y ello dio mérito a esta frase final del Ministro de 
la Guerra: 

"No sólo la Iglesia Matriz, sino vn pueblo entero debería ha- 
berse vendido si eso hubiera sido necesario para salvar todo un 
pueblo de la cuchilla de un tirano como Rosas". 

Eran tan formidables los rumores ique habían dado base a 
la interpelación del Senado, que pocos días después de esa tu- 
üi-iltuosa sesión, se dirigía el Miniátro de Gobierno y Relacio- 
nesi Exteriores doctor Florentino Castellanos, al plenipotenciario 
brasileño doctor Paranhos, en demanda de auxilios. 



54 HISTORIA DEL TJEXTGUAT 



"Se trata hoy — le decía en nota ''le principios de junio de 1852 
— bajo infundados pretextos de partidos que han debido quedar 
muertos para bien de la patria, de hacer una revolución contra la 
iiutoridad, diciendo que se cuenta pc<Ta eUo con la fuerza de los 
batallones de línea acantonados en esta Capital y que formaron 
la división oriental en el grande ejército aliado a las órdenes 
del señor general don Justo José de Urquiza". Todo lo cual se 
declara públicamente y ei propio doctor Paranhos lo ha refe- 
rido al Ministro firmante. Es necesario, pues, que en el día baje 
de la escuadra brasi'leña, de conformidad a los tratados de 1851, 
'"toda la fuerza disiponible". 

Contestó el Ministro Brasileño que había dado las órdenes 
necesarias "aún cuando la escuadra no tenía tropas de des- 
€-mbarco'". 

Pero antes de que ellas tuvieran ejecución se apresuró a 
anunciar la cancillería oriental a la Legación Brasileña que ya 
habían desaparecido los motivos a que respondían. "El espíritu 
de orden y de conicordia — 'decía en su nuerva nota — domina com- 
pletamente a los espíritus alucinados en mala hora". 

Refiriéndose a estos mismos conatos de revolución, que se 
encargó de documentar el Ministro Paulino Soárez de Lima, en 
su Relatorio de mayo de 18 53, decía la cancillería oriental a la 
Asalmblea en marzo del mismo año: 

"En los primeros días de junio del año anterior se propagó 
el rumor de que se trataba de hacer un movimiento militar. El 
Presidente de la República no le daba crédito, porque tenía 
el convencimiento de que el espíritu de orden y de concordia 
que domima en al ánimo de todos no ipermitiría semejante 
atentado. Sin embargo, como medida de prudente precaución, 
pidió al Ministro residente del Brasil que dispusiera lo conve- 
niente para que desembarcara la fuerza que tuviera disponible 
la escuadra, de conformidad a lo estipulado en el tratado de 
alianza. Esta obligación fué reconocida inmediatamente por el 
representante del Imperio, y aumque no fué necesario el desem- 
barco, el Gobierno agradeció la prontitud, lisonjeándose hoy 
mismo de no haber sobrevenido motivo para tal auxilio". 

Tres meses después de la crisiis que acabamos de historiar, 
llegaban rumores de alzamiento en Paysandú. La división del 
general Servando Gómez allí destacada, que debía ser licencia- 
da en cumplimiento de la ley de Presupuesto, se negaba a da- 
efectividad a tal medida, según las versiones circulantes. Pero 



GOiiiKu.Nü di; gikó 55 



el coronel Flores, que habla reemplazado al general César Díaz 
en el Ministerio de la Guerra, salió a campaña y disolvi(3 esas 
fuerzas sin embarazos de ning-una especie. 

lívolución de los partidos. 

Había una revolución en marcha. Pero nadie quería cargar 
con la responsabilidad de resucitar las divisas de guerra. 

Todos consideraban que era un crimen levantar el estandarte 
blanco o el estandarte colorado que tantas y tan cru'-les desa- 
gracias habían traído al país durante el pei-íodo de guerra qu3 
corre de 1836 a 1852. 

Por eso, cuando los prohombres de la Defensa de Montevi- 
deo resolvieron estrechar ñlas y prepararse para la lucha lo hi- 
cieron sobre la base del repudio de las viejas denominaciones 
y de los viejos exclusivismos. 

La "Sociedad de los Amigos dei País", nacida de esa inicia- 
tiva, se organizó dentro de un ambiente netamente colorado, 
pero cc:i un programa que podía ser suscrito por todos lo? 
orientales que quisieran contribuir al afianzamiento de la paz 
y de las instituciones. 

Véase lo que decía ese programa que se publicó en noviem- 
bre de 1852: 

"La pacificación de Ja Repviblica en octubre de 18 51 hizo 
nacer en todos las más grandes esperanzas de prosperidad. Un 
año ha trani&currido, y no viendo realizadas esas esperanzas, el 
malestar ha sucedido a las lisonjeras expectativas de los pri- 
meros días de la paz. La prolongación de semejante estado de 
cosas, originando el descontento, traería cuaado menos la indi- 
ferencia por el sistema del orden constitucional y por consi- 
guiente el fácil trastorno de la República, mientras que la pron- 
titud con que el país reporte en todo sentido los beneficios de 
la paz, hará por el contrario que la decisión de sostenerlo^ sea 
enérgica en todos los ciudadanos". 

"Dejamos a la historia y a la opindón el juicio de Jo que fué. 
así respecto de los sucesos como de los hombres, no reconociendo 
más juez que la historia para decidir de qué parte haya estado 
el error político, ni más juez que la opinión para juzgar los 
extravíos individuales. Sólo el crimen y Va inmoralidad no tie- 
nen derecho por lo pasado a más consideración que el olvido y 
el desprecio". 



f)6 HISTORIA DEL UBUGUAY 



iSe propone reunir el nuevo paitido "a todos los buenos 
orientales." Acepta la solución de oictubre de 1851 "como punto 
de partida de la nueva era constitucional." Quiere el imperio 
de la ley, la realidad de la constitución, el mantenimiento de 
la paz, la consolidación del orden, la obediencia a la autoridad, 
el sistema del gobierno constitucional, la sucesión constitucional 
de los Presidentes, la moralidaid en el gobierno, la pureza en la 
administración, el afianzamiento del crédito público, la pronta 
acción de la justicia, el respeto a lo^ tratados, el progreso de la 
Repúiblica por todos los medios que conduzcan a la mayor civi- 
lización y prosperidad. 

"Consideramos coimo un mal para el país el modo como los 
partidos han hecho sentir antes de ahora su vida pública; de- 
claramos que si podemos llegar a ser un partido político, re- 
chazaremos con todas nuestras fuerzas cuanto pueda contribuir 
a la existencia de un partido personal"; 

Centenares de ciudadanos de uno y otro partido, entre los 
que figuraban don José María Muñoz, don Joaquín Requena, 
don Melchor Pacheco y Obes, don Salvador Tort, don Lorenzo 
Batlle, don Enrique Muñoz, don Estanislao Vega, don Fermín 
Ferreira, don Francisco Magariños, don Carlos Anaya, don José 
María Castellanos, don Juan Carlos Gómez, don Pedro Bustamante, 
don Eduardo Acevedo, don Manuel Freiré, don Saturnino Al- 
vare?, don Miguel Alvarez, don José G. Palomeque, don José 
María Solsona, don Francisco Tajes, don Adolfo Rodríguez, don 
Doroteo García, don Mateo Magariños, don Ambrioso Velasco, 
don Federico Nin Reyes y don Atanasio Aguirre se apresuraron 
£■. suscribir tan patrióticas declaraciones. 

Luego de recogidas las primeras adlhesiones, la Comisión ini- 
ciadora compuesta de don José María Muñoz y don? Juan Carlos 
Gómez se dirigió a los adherentes invitándolos para una reu- 
nión en los salones de la Unftversidad, "para la incorporación 
de los nuevos miembros y el nombramiento de una Comisión 
que asociada a la Mesa se encargaría de redactar el proyecto 
ce Reglamento". 

Uno de los adherentes, el doctor Eduardo Acevedo, contestó 
diciendo que estaba dispuesto a concurrir "a una reunión ge- 
neral en que se arreglarían lo© estatutos de la asociación, mas 
no a in'corporarst; a una soiciedad "ya instalada y organizada". 
A/ceptaba la fusión, no la absiorción. . . "Para acabar con los an- 



gobieb:ío de giró 57 



tiguos partidos era necesario igualailos ante la Constitución de 
la República". 

Ampliando esas observaciones, decía el doctor Acevcdo en 
'"La Constitución": 

El programa aunque iniciado por un círculo, fué en el acto 
suscrito por los hombres que no pertenecían a esa círculo. 
Era un programa, de "ideas, no de personas. Pero sus iniciadores 
lan resuelto otra cosa. Han resuelto organizarse ellos en par- 
tido y aceptar a los demás como incorporados. En vez de la 
fusión, la absorción. Lo natural era que después de firmado el 
programa, hubiera una reunión general en que se efectuase la 
fusión. Con la actitud de los iniciadores podría darse el caso 
de que frente a la Sociedad de Amigos del País, iniciada por 
los colorados, se organizase otra por los blancos, exactamente 
con las mismas ideas, porque no so.t las ideas sino las personas 

lo que divide hoy a los orientales. En el! fomdo resulta una ten- 
tativa de resurrección de los viejos partidos. 

Tuvo lugar la reunión en la L'riversidad y en ella quedó 
aplazado el estudio de los estatutos hasta la celebración de 

-^tra asamblea que jamás fué convocada, en'cargándose entre- 
tanto los acontecimientos políticos de extremar el espíritu par- 
tidista y enterrar esa misma idea de la incorporación que ha- 
bía reemplazado a la primitiva de fusión, tan llena de popula- 
lidad y de prestigio a raíz de la paz. 

La íliputación del Salto. 

Hubo una sola elección de legisladores durante el gobierno 
de Giró: la del Departamento del Salto, para llenar una va- 
cante que se había producido en -a Cámara de Diputados. Dos 
candidatos se disputaban el triunfo: el doctor Juan Carlos Gó- 
mez, proclamado por los colorados, y don Francisco Lecocq, pro- 
clamado por los blancos. 

El doctor Juan Carlos Gómez acababa de llegar de Cíhile des- 
pués de una larga y brillantísima campaña en la prensa del Pa- 
cífico, que le había valido al tiempo de su reigreso a la patria 
honrosas demostraciones populares, consistentes en un banquete 
y en el regalo de una obra de arte con esta inscripción: "El co- 
mercio de Valparaíso a Juan Carlos Gómez". 



58 HISTORIA DEL URUGUAY 



Su candidatura estaba apoyada por el Presidente Giró, según 
¿e encargó de comunicarlo el Ministro de Gobierno doctor Flo- 
rentino Castellanos al Jefe Político don Bernardino Alcain: 

"Sin que esto importe la imposición de candidato alguno, — 
decía el Ministro en su nota — me hago un deber en indicar a 
usted que me seria muy apreciable el que aquella elección re- 
cayera en la persona del doctor Juan Carlos Gómez, pudiendo 
asegurar a usted que ella será también de la aprobación y sim- 
patía de Su Excelencia el señor Presidente de la República". 

Aunque todas las simpatías de la Jefatura Política de inclina- 
ban a la candidatura de don Francisco Lecocq, se desenvolvió 
en forma tan correcta el proceso electoral que al llegar al tér- 
mino de la jornada cívica, fué vivado el Jefe Político con igual 
entusiasmo por amigos y adversarios, dando eso lugar a que "El 
Comercio del Plata" señalara el caso del Salto como un ejemplo 
de "libre ejercicio del derecho del sufragio". 

La lucha fué reñidásima, como lo demuestra el número de 
votos obtenidos por cada uno de los dos candidatos: 274 el doc- 
tor Gómez y 2 69 su antagonista. 

Luego de conocer esas cifras, agregaba "El Comercio del 
Plata": 

"Merece notarse, en vista de lo publicado, que cuando una au- 
toridad local tan influyemte como lo es en los departamentos 
un Jefe Político, no ha sido bastante a arredrar al pueblo a ex- 
presarse libremente, podemos decir que la conciencia de los ciu- 
dadanos va fortificándose respecto de sus derechos y que el po- 
der empieza a verse reducido al círculo de acción puramente ad- 
ministrativo que la ley le señala en los departamentos como en 
la Capital". 

Terminada la lucha, fué el doctor Gómez al Salto para agra- 
decer el honor que se le había dispensado, y allí coronó la cam- 
paña con una hermosa nota de concordia cívica. 

"No admito, señores, — dijo — que haya habido en el país 
rartidos criminales; jamás un gran número de hombres se une 
para cebarse en el crimen, para degradarse en la infamia... 
Cada uno de los partidos ha obedecido a convicciones, ha creído 
sostener principios, conveniencias del país en la lucha; pueden 
haberse equivocado, pero han sido sinceros". 



OOBIEBNO DE GIRÓ r>9 



üefoiTuas electorales. 

Aparte de este acto comioial de resonancia, liubo durante la ad- 
ministración Giró varias elecciones corrientes de Alcaldes Ordi- 
narios y Defensores de Menores, que la legislación de la época 
airibuía al pueblo. Y esas elecciones sólo en un caso dieron lu- 
gar a protestas dignas de tomarse en consideración. Nos refe- 
:mios a la del Departamento de Tacuarembó a principios de 
1853. De los antecedentes remitidos al Senado resultaba que se 
había ejercido presión sobre la mesa electoral "por grandes gru- 
pos de hombres armados", y que se había admitido el voto de 
muchos extran.ieros sin la previa comprobación de que estaban 
domiciliados en el paj's o que ejercían una industria, o que ha-, 
bían contraído matrimonio con hijas del país. 

Pero si no hubo otros actos electorales, en cambio mucho se 
discutió y bastante se legisló para asegurar la pureza del su- 
Iragio en las elecciones generales que habrían de realizarse 
en 1854. 

.La ley de junio de 1853, debida a la iniciativa del doctor 
Eduardo Acevedo, reglamentó el Registro Cívico con toda la es- 
trictez y eficacia que permitían las circunstancias de la época. 
El registro debería abrirse en enero y clausurarse en agosto 
del año en que hubiera comicios. Para obtener la inscripción 
el interesado debería acreditar ciudadanía, que tenía más de 20 
;iños de edad y que sabía leer y escribir. En septiembre cada 
Juzgado publicaría en un cuadro, a la vista de todos, la nómina 
de los inscriptos. Durante ese mes cualquiera podría reclamar 
por la no inscripción o tachar a las personas inscriptas contra 
la ley. Las tachas serían resueltas por la mesa electoral prima- 
ria, con apelación ante la mesa central del departamento. Cada 
inscripto recibiría un certificado de su inscripción. Nadie po- 
dría inscribirse ni votar fuera de la sección de su domicilio-, en'- 
teiidjénldose por domicilio la residenicia continua por se>is o más 
meses en la misma localidad. 

Otra ley importante dictó la Asamblea en esa oportunidad: 
la ley reglamentaria de la ciudadanía legal. Hasta entonces era 
de práctica que la Asamblea se pronunciara con ocasión de 
cada solicitud particular que presentara el extranjero que as- 
piraba a entrar al goce de la ciudadanía legal. La le,y de que 
nos ocupamos estableció que en adelante el extranjero que qui- 



C.O HISTORIA DEL URUGUAY 



siera adquirir ciudadanía, tendría que presentarse al Juez Le- 
trado de su domicilio y producir ante éste la prueba de que re- 
unía algunas de las condiciones exigidas por la Constitución 
para entrar al g|oice de los deretíhos polílticos, concluido lo cual 
quedaría liaibiliitado para pedir carta de naturalización al Poder 
¿;ecutivo. 

Pero antes ,de llegarse a la sanción de esa ley, hubo largos 
e interesantes debates en el Pai^lamento y en la prensa, acerca 
de] alcance de las dis'posiciones constitucioinales que se trataba 
da reglamentar. 

Los doctores José María Muñoz y Juan Carlos Gómez pre- 
sentaron un dictamen que fué rechazado, por el que se decla- 
raba que el extranjero que reuniera las circunstan'Cias constitu- 
cionales para el ejercicio de la ciudadanía, era ciudadano por 
minásterio de la ley y no tenía necesidad de recurrir al Cuerpo 
Legislativo, bastándole para entraír al ejercicio de los dere- 
chos políticos una simple manifestación de voluntad, cual sería 
su inscripción en el Registro Cívico. La carta de naturalización 
— agregaba el dictamen — no es necesaria para el ejercicio de 
los derechos políticos, pero si se quiere obtener como constan- 
cia de la ciudadanía, habría que pedirla al Poder Ejecutivo, 
que está obligado a darla. 

Vivían en Montevideo y en los departamentos millares de ex- 
tranjeros que durante el transicurso de la Guerra Grande 
habían sido arrastrados a las filas combatientes, y la mayoría 
de la Asamblea pensó sin duda alguna que no convenía que esa 
masa exaltada quedara incorporada sin más trámite al Regis- 
tro Cívico; que era prudente establecer algunas formalidades, 
dbriendO' sólo el escenario político a favor de aquellos que es- 
tuvieran resueltos a suscribir una declaración judicial solemne, 
hasta como medio de que luego de actuar en la política no lle- 
g.qran a invocar su nacionalidad de origen para pesar sobre el 
país con alguna reclamación de índole económica. 

'Con ocasión de los debates a que daba lugar la ley de la 
ciudadanía legal, recordó "La Constitución" que ha'bía dos le- 
yes olvidadas, sancionadas ambas por la Constituyente, que 
podían y debían considerarse como la interpretación auténtica 
de la disposición constitucional que se trataba de reglamentar. 

"Luego de jurada la Constitución — decía una de las leyes^ — 
mandará el Gobierno que en todos los departamentos sie forme 
un registro en que se inscriban todos los individuos que tengan 



GOBEEEXO DE GIBÓ fü 



icis calidades designadas por el artículo 8." ide la Constitución 
para ser ciudadanos, exceptuando los que expresamente renun- 
ciasen la ciudadanía, negándose a ser inscriptos". 

De acuerdo con la otra ley, los' Jueces de Paz estaban obligados 
a levantar, con ayuda de lois Tenientes Alcaldes, un registro de 
todos los vecinos de sus secciones y distritos que tuvieran las 
cíilidades prevenidas en los artículos constitucionales sobre ciu- 
dadanía natural y legal. 

Si la revolución del 18 de julio no hubiera hecho tabla rasa 
de todo lo existente; si se hubiera dejado a las autoridades 
constitucionales organizadas a raíz de la terminación de la Gue- 
rra Grande desenvolver todas sus energías tranquila y serena- 
mente, esas Olvidadas leyes habrían podido recibir cumpli- 
miento y dentro de un ambiente de calma hubiera tenido el pro- 
blema de la naturalizacióin de los extranjeros una solución ra- 
cional, exenta de los temores que creaban las pasiones en cho- 
que y el estado terriblemente anormal del país. 

El Presidente Giró i-ealiza lui viaje de estudio a la campaña. 

No quiso el Presidente Giró terciinar el primer año de su ad- 
ministración sin hacer una visita a todos los departamentos de 
campaña, para enterarse de sus necesidades y atenderlas con 
pleno conocimiento de causa. 

"Hasta aihora — decía "El Comercio del Plata" señalando la 
novedad del programa — los Presidentes de la República nunca 
han salido a la campaña sino para ponerse al frente de los ejér- 
citos, dejando siempre por doquier que pasaban una huella de 
desolación y de ruina". 

La jira fué iniciada a fines de octubre de 1852. El Presidente 
Giró salió acompañado de su Ministroi de Gobierno y Relacio- 
nes Exteriores doictor Florentino Casteltonos y de los generales 
Juan Antonio Lavalleja y Anacleto Medina, las dos figuras mi- 
litares de más relieve a la sazón dentro de los partidos que ha- 
bían estado frente a frente. 

Un crecido número de ciudadanos escoltó al prim.er mandata- 
rio hasta la Unión, siendo esa la primera de una serie de gran- 
des manifestaciones en todas y cada una de las etapas de la 
jira. Una o dos leguas antes de la llegada a cada pueblo, el ve- 
cir darlo en ma.'sa salía a recibir al Presidente, y los vecinos más 
espectables tomaban ¡a cuarta para apresurar la marcha del ca- 
rruaje. 



(;2 HISTORIA DEL VRUGUAY 



"El elegido del 1." de marzo — escribía "El Comercio del 
Plata" — es hoy objeto de una ovación literalmente nacional... 
Representa para el país la idea pacífica y constitucional que debe 
dominarlo todo... Como tal lo miran ios pueblos; le salen a 
su encuentro y le ofrecen su concurso; como tal él expresa sen- 
timientos de orden, fortifica las esperanzas en el futuro, se com- 
promete a ser fiel a lo que de él exige el país". 

Al llegar a cada capital el Presidente reunía a las autoridades 
locales, se enteraba de .las aspiraciones de cada una, daiba su 
opinión respecto a las reíormas a realizarse y hacía levanta/ 
acta detallada de la entrevis-ta. Más de una vez tuvo oportuni- 
dad también de tranquilizar los animaos con palabras de con- 
cordia. En Cerro Largo, por ejemplo, la población estaba divi- 
dida en bandos tan antagónicos que se habían formado dos co- 
nilsiones de recepción, cada una de elilas con alojamientos pre- 
parados para recibir al primer mandatario. El Presidente lla- 
mó a los dirigentes y después de una breve alocución obtuvo 
que se refundieran en un solo grupo. 

Pero si había entusiasmo en todas partes y si la campaña en- 
tera procuralba llenar de flores el camino que recorría el Presi- 
dente, en cambio era de intensa tristeza el espectáculo de la 
riqueza pública en escomibros, por efecto de la larga y asoladora 
guerra recién terminada. 

""Tremendas han sido las crisis por que ha pasado la Repúbli- 
ca. — decía una de las Juntas Económico-Adminisitrativas al Mi- 
nisterio de Gobierno en su Memoria del año siguiente — y lejano 
e?tá el día todavía en que vea cicatrizadas todas sus heridas. 
Hay una inmensa distancia de La agonía a,l estado normal . . . 
Huellas terribles habrá visto por doquiera el supremo gobierno 
en su tránsito por los departamentos y ellas le habrán atesti- 
guado que sólo una voluntad firme y una asidua perseverancia 
en los medios puede sacarla del letargo en que tanto tiempo ha- 
ce está sumida". 

"Este departamento, decía la Junta Económica del Salto 
en su Memoria, se hallaba en un estado floreciente antes de la 
guerra y absorbía el comercio de cuatro fronteras, Brasil, Pa- 
raguay, Corrientes y Entre Ríos. Hoy está circunscripto a su 
despoblado territorio y a una parte del de Misiones". 

Uno de los acompañantes del Presidente escribía desde la 
ciudad de Maldonado haciendo la crónica de la jira: 

"Los campos que hemos recorrí lo hasta aquí están pidiendo 



GOBIERNO DE GIRÓ 63 



ciue la mano del hombre los haga productivos. Las haciendafi 
son escasas, calcuTándose en 40,000 cabezas el ganado manso y 
en 30,000 el alzado". 

En una de las paradas que la comitiva hizo en el Departa- 
mento de Cerro Largo, el Presidente Giró entró en un rancho 
habitado por una madre viuda cou 14 hijos. "Somos pobres, 
señor — le dijo al ofrecerle una silla — la guerra nos ha dejado 
en ruinas, pero que Dios bendiga nuestra paz y no ambiciona- 
remos más riqueza". 

A mediados de enero de 185 3 resolvió el Presidente regre- 
sar a Montevideo, después de dos y medio meses de fecunda 
j.'ra. 

Al anunciarse que había llegado a la Unión, tomó el comercio 
le iniciativa de una gran demostración popular. 

"Deseando el comercio naciOinal' — decía Ilai convocatoria — 
ofrecer al Presidente de la República una sencilla pero ingenua 
cemostr ación, de su adhesión y respeto y en agradecimiento por 
su parte a los esfuerzos de S. E. por el mantenimiento del or- 
den, la. paz y la libertad de La RepúbMca, ha resueílito salir a" re- 
cibirlo a su Heigaida". 

Si triunfad había sido — decía "El Comercio del Plata" des- 
cribien.do el homenaje — ila recorrida poT los departamento-'?, 
triiinifal fué también la demostración que le hizo la población de 
Jíontevideo. Entró el Presidente por la caiUe 18 de Julio acoin- 
pañado por todo el pueblo a caballo., en coches y a pie, corona- 
das de señaras todas las azcrteas y balcones de esa calle y en me- 
dio de salvas de artilllería". 

El Presidente — agregaba el mismo diario — ha oído al país 
entero; ya está al cabo de sus necesiidades; ahora ha llejtado el 
momento de darle satisfacción. 

Camijaña contra el abigeato. : 

Como resultado de Uí: prirao; as medidas adoptadas a raíz de 
la jira, ganó inmensamente la seguridad de la campaña, según se 
encargaron de revelaa-lo las ciomunicaciones subsiguientes de las 
Jefaturas Políticas de los departamentos. 

La de Cerro Largo, a .'a-.^o -le .Ion Jcsé María Morales. 'l¿cía 
al Ministro de Gobierno en abril de 18 53: 

•'Los habitantes del departamento gozan de la más completa 



64 HISTORIA DEL URUGUAY 



seguridad y sosiego y hasta se puede asegurar que el crimen del 
abigeato ha desaparecido". 

La de San Josié, a cargo de don José C. Sienra, decía en el 
mismo mes de abril que los partes mensuales demostraban "el 
1-erfecto mantenimiento del orden público, siendo de notar que 
en dicho mes no había ocurrido un solo caso de abigeato en nin- 
guna de las secciones del departamento". 

Don Bernardino Alcain, Jefe Político de Salto, se expresaba 
en términos todavía más expresivos; 

"El abigeato, que se había hecho tan general en la campaña, 
ha desaparecido completamente". 

Un interinato fecundo en proyectos. 

El Presidente Giró, antes de emprender su viaje puso en po- 
sesión del mando al Presidente del Senado don Bernardo P. 
Berro. 

Durante los dos y medio meses de su interinato, trazó don 
Berrrardo P. Berro, con la firma del coronel Venancio Flores, 
que actuaba como titular de Guerra y encargado de las carteras 
de Gobierno y de Relacio^nes Exteriores, un plan de hermosas 
iniciativas, que contrastalban con eL deplorable marasmo que 
hasta entonces había reinado en la Casa de Gobierno. 

Instituyó comisiones encargadas de redactar el Código Ru- 
ral, de proyectar estímulos a la inmigración, de establecer una 
Sociedad de Beneficencia a cargo de señoras; reorganizó la 
estadística; fijó las garantías de las guías de campaña; regla- 
mentó la colonización particular; acordó ayuda a los emigra- 
dos orientales; decretó la fundación de una granja experimen- 
tal y abordó el estudio de las cuestiones de vialidad. 

"Babel de proyectos", "foco de asociaciones", "fiebre de 
empresas", escribía desde San José uno de los corresponsales 
que formaba parte de la comitiva presidencial, al aproximarse 
'á Montevideo y enterarse del tren ce actividad en que andaba 
la presidencia" interina. 

La medalla a los vencedores de Caseros. 

Dos días antes de la apertura de las sesiones ordinarias de 
la Asamblea, don Joaquín Suárez, ya en la víspera de su des- 
censo de! gobierno, decretó honores a los jefes, oficiales y sol- 



GOBIERNO DE (iIRÓ 65 



dados de la división oriental que había 'actuado en Caseros: ei 
grado de general para el coronel César Díaz y una medalla 
con el lema "Al vencedor en los Santos Lugaires", a cada uno 
de sus subalternos. 

La división oriental regresó a Montevideo en los comienzos 
de la administración Giró y fué Oibjeto de grandes demostracio- 
nes. El Gobierno declaró feriado el día del desembarco y dis- 
puso que la Guardia Nacional concurriera al muelle pÉira pre- 
£idiv (?1 homenaje. Varios ciudadanos pertenecientes a los dos 
partidos que habían luchado durante la guerra que acababa de 
terminar, tomaron la iniciativa de una reunión encaminada a 
preparar el programa del recibimiento que habría de hacerse 
"a esos bravos — decían — ique habían agregado un laurel a nues- 
tras armas, haciendo tremolar con gloria el pabellón de nues- 
tra patria en los campos de Caseros". Entre los firmantes de 
la convocatoria figuraba Leandro Gómez, de saliente actuación 
ya en las filas del Partido Blanco. Hu.bo un banquete de 100 
cubiertos, al que concurrieron todos los hombres importantes 
que habían estado hasta entonces en campos separados, pro- 
nunciándose brindis patrióticos por los señores Eduardo Ace- 
vedo, José María Muñoz, Cándido Joanicó, Fermín Ferreira, Ma- 
teo Magariños y el general César Díaz, quien dijo al alz-ar su 
copa: "Que la unión realizada alrededor de esta mesa sea tan 
sólida y durable como se requiere para la dicha de nuestro 
país". 

Al reparto de las medallas, que tuvo lugar tres meses des- 
pués en la Plaza Constitución, concurrieron los cuatro batallo- 
nes de infantería y la batería de artillería que integraban la 
división oriental a órdenes de sus comandantes Lezica, Palle- 
jas, Solsona, Abella y Mitre. El Presidente Giró, al entregar 
personalmente las medallas, dirigió una proclama a la tropa, 
que estaba encabezada así: '"Soldados! fracción importante del 
grande ejército aliado de Sud Amé' ica a las órdenes del gene- 
ral don Justo José de Urquiza, representantes armados del 
principio de libertad e independencia de la patria en la gran 
jornada de Monte Caseros!" 

La 'demostración bahía corrido sobre rieles. Todos habían 
rivalizado en ella, sin una sola rota discordante que denun- 
ciara la existencia de antagonismos anteriores a la caída de 
Rosas, lo cual sirvió sin duda alguna para que los homena- 
jes a la división oriental se renovaran al año siguiente con 
ocasión del primer aniversario de Caseros. 
5 -IV 



66 HISTORIA DEL URUGUAY 



"Esa bizarra tropa — decía el Estado Mayor en una orden 
del día — al mando de su comandante en jefe general don Cé- 
sar Díaz, formaba la extrema iziquierda y fué destinada por el 
Excelentísimo General en Jefe don Justo José de Urquíza para 
sostener lo más rudo del combate; y en efecto, luego que fué 
avistada ¡a línea eneimLga, mancíharon intrépidos, armas a dis- 
creción, direclamen te a un frente, por en medio de una llu- 
via de balas y projectiles de torlf; especie, hasta romper la 
llave de la posición enemiga y ostentar glorioso el pabellón de 
las cuatro barras azules sobre lo más alto del edificio de Monte 
Caseros". 

Al finalizar el período ordinario se presentaron a la Asam- 
blea (?1 general Anacleto Medina y los coroneles Wenceslao 
Paunero y Ramón Cáceres, actores también en la batalla de 
Caseros, solicitando el goce de la medalla acordada a la divi- 
sión oriental quie había actuado baje, el mando del general Cé- 
sar Díaz. 

Y esa pelición dio lugar en mar?c de 1853 a grandes y agi- 
tados debates. Todos los legisladores estaban ck acuerdo en 
cuanto a la justicia del otorgamiento de la medalla a los tres 
solicitantes, pero no en cuanto a la manera de hacer lugar al 
premio. Para los unos el decreto del gobierno de Suárez no 
podía ser discutido; para los otros debía ser ratificado por el 
Cuerpo Legislativo. 

La ijrensa tercia en el debate. 

"Los actos verdaderamente consumados — decía "La Constitu- 
ción" — nadie piensa tocarlos, ya vengan de los unos o de los 
otros; pero cuando se trata de actos que tienen tracto sucesivo, 
¿puede nadie sostener que esos supuestos bechos consumados 
se pongan encima de la Constitución de la República y la mo- 
difiquen? Ei velo sobre el pasado importa no traer a cuestión, 
no acusar las anteriores ■ infracciones de la Constitución, pero en 
manera alguna puede importar ia autorización de seguir in- 
fringiendo la ley fundamental. Es ".o mismo que si en u.n in- 
dulto general hubiera sido coaiiprendido un adúltero y preten- 
diese fundarse en ese indulto para seguir adulterando. No, se 
le diría: se, le perdona a usted e! adulterio pasado, pero no 
se le puede perdonar el que cometa ahora mismo y el que 
cometa en adelante. Lo contrario sería inmoral y haría impo- 
sible el establecimiento del orden en las sociedades". 



GOCIKRNO UE GIRÓ 67 



El buen sentido, agregaba en otro artículo, aconseja no to- 
car los hechos consumados, los que han pasado para no volver; 
pero ¿puede nadie pretender que nos quedemos observando dis- 
posiciones que importan la modificación de nuestra ley fun- 
damental? El mismo buen sentido aconseja que vuelto el país 
a su estado normal, aproveche las ocasiones que se presen- 
ten de conformar a la Constitución las disposiciones de tracto 
sucesivo, a medida que la oportunidad se vaya presentando. Dos 
decretos del Gobierno Provisorio, anteriores al de honores a la 
(iivisión oriental, abonan esa manera de pensar: el decreto dic- 
tado a raíz de la paz, en que se declara "que la necesidad de 
defender los derechos de la República obligó al Gobierno a dic- 
tar medidas excepcionales y extraordinarias, que deben ctesar 
desde que el restablecimiento ha puesto en completa vigencia 
las leye'3 y el régimen conistituiclonal", y el de disolución de la 
Asamblea de Notables, cuyo preámbulo dice así: "Consideran- 
do cesados los motivos y objetos que aconsejaron la creación 
de la Asamblea de Notables y que su existencia es incompatible 
con la de los mandatarios que la Nación tiene ya electos para 
representarla". 

í ónio termina el ineidente. 

Triunfaron los sotenedores de esta tesis, saucioifándose en 
el mismo mes de marzo una ley que aprobaba la medalla con- 
cedida por decreto del gobierno de Suárez y la extendía a todos 
los orientales que hubieran combatido "en aquella gloriosa jor- 
nada en comisión o con permiso del Gobierno". 

La minoría colorada publicó entonces un manifi(!sto en qi;,.- 
sostenia que dentro del criterio de la mayoría el Presidente 
Giró, al ejecMíar '^1 decreto de su antecesor, había viciado la 
Constitución. Y dando forma al pensamiento, formuló el 
doctor Juan Carlos Gómez en la sesión subsiguiente de la Cá- 
mara de Diputados una moción que decía así: 

"Se declara llegado el caso del artículo 2 6 de la Constitución, 
de determinar si el jefe suipremo del Estado ha violado la 
Ccná'Jtución de la República, por ejecutar el decreto del 13 de 
febrero de 18i5'2 y si hay lugar a foirmación de causa". 

La Comisión especial encargada del examen de esta moción 
produjo dos informes. Para los señores Bustamante, Tort y Zu- 
billaga no exi.stía violación: la ratificación del decreto parecía 



6S IIISTOKIA DEL rRUCiCAY 



indicar lo contrario; pero los hechos anteriores a la instalación 
de los poderes constitucionales eran hechos consumados y en- 
tonces la ley aprobatoria sólo podía significar un acto de adhe- 
sión al decreto del gobierno de Silárez. Para el doctor Gome/, 
no correspondía hacer declaración alguna, por más evidente que 
fuera cjue el Presidente Giró se había limitado a ejecutar un 
decreto del gobierno de Suárez. 

Ambos informes fueron rechazados, según el acta, "por una 
casi unanimidad de votos". 

Habían terminado Ioís debates parlamentarios de la mejor ma- 
nera posible; pero quedaban en la Asamblea, en el gobierno y 
sobre todo en el ejército, gérmenes morbosos que no tardarían 
en provocar terribles conflagraciones partidistas. 

Organización de la Guardia Nacional. 

Uno de los temas más calurosamente discutidos en el curso 
de esta crisis política fué el de la Guardia Nacional. 

Desde mediados de 185 2 había publicado el Gobierno el de- 
creto de convocatoria de acuerdo con la ley de 1835 que man- 
daba crear en cada pueblo de la República un batallón de in- 
fantería, una compañía de artillería y dos escuadrones de caba- 
llería, con ejercicios en los días festivos de febrero, mar:o y 
abril; y acordaba a los soldados enrolados, la elección de los 
oficiales y a éstos la de los jefes, con encargo de someter les 
nombramientos a la sanción gubernativa. " 

El decreto tuvo cumplimiento en todos los departamentos, 
con excepción del de Montevideo, donde quedó en suspenso a la 
espera seguramente de una reforma de la ley solicitada a instan- 
cias del Ministro de la Guerra coronel Plores, que entre otras 
cosas atribuía al Gobierno el nombramiento de jefes y oficial-^s. 

La Cámara de Diputados sancionó el proyecto de enmiendas, 
sin alterar el procedimiento de la elección de los jefes y oficiales 
y el Senado sancionó otro proyecto que autorizaba al Poder 
Ejecutivo para llamar al servicio activo a la Guardia Nacional, 
mientras no se dictara la ley de reemplalz-o de la tropa de línea. 

Estaba ya la Asamblea en las postrimerías de las sesiones or- 
dinarias, y aún cuando las Comisiones militares se apresuraron 
a aconsejar la sanción definitiva de ambos proyectos, llegó la 
hora de lá clausura sin que las Cámaras pudieran ultimar k's 
trámites respectivos. 



QOBIEENO DE GIBÓ 69 



El doctor Juan Carlos Gómeiz que era uno de los que encabe- 
zaban la resistencia a la convocatoria, presentó un tercer pro- 
yecto de ley, por el cual se suspendían durante tres años los 
ejercicios de la G-uardia Naciion-al. Ea-a una idea que contaba 
con el apoyo decidido del Ministro Flores, quien en su Memo- 
ria anual a la Asamblea invocaba la necesidad en que estaban 
Icf vecin.da'i'iio's rurales de contraeirse al cuidaido de sais intereses. 

Rebatiendo el proyecto del doctor Gómez, decía la Comisión 
Militar de ¡a Cámara de Diputados: 

La Guardia Nacional es una institución que está en conso- 
nancia con nuestro sistema democrático, y la suspensión de sus 
ejercicios dejaría un vacío difícil de llenar. Sólo a los gobier- 
nos arbitrarios puede infundir repugnancia el enrolamiento de 
los ciudadanos. La Guardia Nacional es más bien un derecho 
qie un deber, una prerrogativa de la que no debe ser privado el 
ciudadano. Y en cuanto a los inconvenientes, ninguno puede re- 
sultar si los ejercicios se limitan a los días festivos de un tri- 
mestre del año, es decir, a 12 o 16 días inútiles para el trabajo. 

La mayoría de la Cámara desechó el proyecto del doctor Gó- 
mez después de un largo debate, en que también terció a favor 
de la suspensión de los ejercicio» el doctor José María Muñoz, 
que era el verdadero jefe de la minoría colorada. 

Advertiremos que en el curso de esos debates quedó incorpo- 
rada a la ley de Presupuesto General de Gastos del Ejercicio 
1854 una partida de 80,000 pesos, con destino a la plana mayor 
de la GuaMia Nacion.ai de toldo el país, y otra de 3 0,000 pesos 
c'jn destino al servicio activo de la parte de la Guardia Na'.cional 
que fuera convocada. 

Había, como se ve, una fuerte discrepancia entre la minoría 
y la mayoría del Cuerpo Legislativo en lo que atañe a la orga- 
nización y convocatoria de la Guardia Nacional. 

La mayoría quería que los jefes y oficiales fueran elegidos 
popularmente por los mismos ciudadanos enrolados. Quería que 
hubiera ejercicios doctrinales en los días festivos de tres meses 
al año. Y quería que una parte de la Guardia Nacional fuera 
llamada a prestar servicio activo a la par del ejército de línea. 
,La minoría colorada, en cambio, quería que la elección de los 
jefes y oficiales emanara del Gobierno y, como medida transito- 
ria, que la Giuardia Nacüonal no fuera convocada, ni para prac- 
ticar ejercicios doctrinales, ni menos para prestar servicio ac- 
tivo. 



70 HISTORIA DEL VRUGUAY 



¿Cuál podía ser la razón de la discrepancia? No es difícil 
contestar. La base militar del gobierno de Giró era esencial- 
mente colorada. Ministro de la Guerra colorado. Jefes y oficia- 
les de batallones, colorados. Soldados, los mismos que habían 
actuado dentro de los muros de Montevideo. La Guardia Nacio- 
nal estaba destinada a servir de contrapeso al ejército de línea, 
y tal era la causa, sin duda alguna, de las resistencias que en- 
contraba. Hubiera podido obtenerse el mismo resultado median- 
te un cambio radical en el personal de jefes, oficiales y clases 
del- ejército de línea. Pero al Presidente Giró le faltaba empuje 
para ello. 

Uno de los órganos de la reacción colorada, "El Orden", de- 
cía a raíz de la revo'lución contra Giró, inisistiendo en la nece- 
sidad de arrancar a los ciudadanos el privilegio de elegir a sus 
jefes y oficiales: 

"Hay que robustecer al Poder Ejecutivo. La Constitución lo 
ha circundado de obstáculos y dificultades. Se temía en 1830 la 
organización de un poder fuerte en medio de la fiebre de la 
, época, que era de exageración de liberalismo. Ha sido un error 
general en la América y eso explica las convulsiones por las 
cuales ha pasado. Pero sin salir de las disposiciones constitu- 
cionales, se le pueden aumentar sus atribuciones, dándole to- 
das aquellas que la Constitución no confiere a la Asamblea o 
ai Poder Judicial, ¡jor ejemplo el nombramiento (le jefes y oficiales 
de la Guardia Nacional. 

El Partido Blanco — escribía el general Pacheco al año si- 
guiente en "El Nacional" — había pensado en la supresión de 
¡os batallones de línea y el Presidente Giró no atreviéndose a 
ejecutar la medida tomó el temperamento de organizar la Guar- 
dia Nacional. 

L.a obra de re<'onstniccióii económica queda relegada al «segundo 
plano. 

Todo estaba por hacerse al tiempo de la elección de Giró: la 
]ioblación dislocada, la riqueza pública en escombros, el tesoro 
nacional exhausto. La obra de reconstrucción era considerable, 
pero considerable era también la energía del país para salir del 
pantanio. Si el Presidente se hubiera puesto a la tarea, todos le 
habrían ayudado y los problemas candentes de la política par- 
tidista habrían quedado quizá relegados a! segundo plano. Des- 



GOBIERNO DE GIRÓ 71 



t;raciadamente don Juan Francisco Giró &e contentaba con mirar 
el cuadro cruzado de brazos. La prensa de la época acusaba a 
su ministerio, que era de una esterilidad absoluta. ¿Pero por 
oué no lo removía el Presidente? Posiblemente porque ]2 fal- 
laba el empuje que reclamaban las circunstancias. Quizá tam- 
bién porque la situación política anormal que creaba la exis- 
tenlcia de un Presidente de origen blanco sostenido por un ejér- 
cito colorado, trababa movimientos, creaba preocupaciones y ab- 
sorbía energías en perjuicio de los problemas económicos que 
!esultaban así indefinidamente aplazados. 

A principios de 1853 hubo en los Ministerios varias reuniones 
de ciudadanos encaminadas a prestar ayuda al estudio de algu- 
.10S de los problemaiS más urgentes de La situación. De esas reu- 
niones resultó el nombramiento de comisiones encargadas de 
proyiectar la consolidación de la deuda, la reforma militar, la 
organización de la Guardia Nacional y la forma de reclutamien- 
to del ejército de línea. Era la realización de una idea lanzada 
varias veces por la prensa. Uno de Los diarias, "La Constitu- 
ción", había pugnado por el nombramiento de Comisiones per- 
Tnanentes en torno de cada Ministerio, como medio de que sus 
miembros estudiaran anticipaidamente las necesiidades del país 
V estuvieran así habilitados para trabajar en todo momento con 
pleno conocimiento de causa. 

Pero la vida ministeriaL volvió a quedar paralizada después 
cié esos aleteos auspiciosos, y así lo declaraban los diarios de tq- 
dos los matices. 

El ministerio del señor Giró — escribía "La Constitución" — 
"no ha traído una sola idea. Hay malestar en todas las clases 
sociales. La situación es falsa, errada, improductiva por efecto 
de la incapacidad ministerial. Urge aplicar una polrti.ca consti- 
tucional franca y enérgica, deaemba.razada de todo vano mira- 
miento". 

"La situación financiera — decía. "El Comercio del Plata" — 
es el verdadero abisimo en qu? podrá naufragar el país". Sería 
posible conjurar el mail, pero el Gobierno no se preocupa de es- 
tudiar un plan de impuestos capaz de hacer frente a las exigen- 
cias del momento. 

"Eil Gobierno — decía "La Prensa Uruguaya" — se halla en 
verdadeTO desicubierto, que paira nosotros es el cargo más fun- 
ilado que pudiera hacérsele. No se ha ,puesto a la cabeza del mo- 
vimiento intelectual y civilizador, ha dejado hacer y dejado pa- 



HISTORIA DEL URUGUAY 



sar, "laisser faire, laisser passer"; pero no está el país en esta- 
cio de que se espere de sus scTaiS fuérzaos Ids adelan.tOiS que en to- 
dos los ramos necesita. Un pueblo que saile de una larga lucha, 
como la guerra de nueve años, dividido en partidos que poco a 
poco han ido acostumbrándose a tratarse como amigos, aunque 
de diferentes ideas o conveniencias políticas, necesita un gobierno 
c;ue no mire con apaitía, sino con empeño, los progresos intelec- 
tuales y las mejoiras de toda clase que el país reclama. El Gobier- 
no mirando la estrechez de suis recursos, ha procedido con algu- 
na indiferencia sobre ciertos puntos que debían haiber lüamado 
seriamente su a-tención. Ha adoptado por desgracia un cierto 
aislamiento quie lo ha privado de muchas venitajas". 

Mas de una vez ese abandon-o estuvo a punto de promover 
conílictos con la -Comisión Permanente. Véase cómo se expresa- 
ba esa corporación en febrero de 1853, luego de referir vairios 
casos de infraicción de la Constitución y de las leyes, especial- 
mente relacionados con el Presupuesto: 

"Esas advertemcias, la Comisión siente decirlo, no han sido 
justamente avalloradas, sin embargo de haberse hecho hasta par 
segunda vez, y esio después de haiber llamado a su seno ai Mi- 
nistro. Grave y delicada es la situación del país y grandes son 
también los servicios que el Poder Ejecutivo le ha rendido pa- 
ra cimentar la paíz pública, y con ella" la libertad completa de 
ciufe gozamos y que rápidamente nos conduce al engrandecimien- 
to y lia prosperidad. La Comisión, en consecuencia, se ha deteni- 
do ante la consideración de la proximidad del periodo legislati- 
vo y el vivo deseo, de que jamás pudo prescindir, de no menos- 
cabar el crédito y la autoridad del Poder Ejecutivo". 

Renuncia del ministerio. 

Era tan premiosa la necesidad de un cambio ministerial, que 
In Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados resolvió 
en mayo de 1853 aprovecliaír la, oportunidad de la contratación 
de un empréstito para encabezar el respectivo proyecto de ley 
con este preámbulo encaminado a precipitar la crisis: 

"iConsiderando que annque la capaioidad aidmánistrativa del 
rainisterio no inspira la confianza necesaria, es indispensable 
proveer al Poder Ejecutivo de los medios de atender el pago in- 
debidamente retardado de los servidores del E.-5tado..." 

Los oradores de 'a mayoría acusaban ai ministerio de haber- 



GOniEKXO DK GIRÓ 73 



se apartado de la ley de Presupuesto, y los de la minoría 
sostenían que el encabezamiento era inconstitucional. Des- 
pués de un ardoroso debate, los oradores de la mayoría retira- 
ron el enca.bezamiento jusjgando que ya había producido el efec- 
to político que buscaban, o sea el de romper toda solidaridad 
con el ministerio salvando al Presidente Giró, y el empréstito 
quedó sancionado. 

"El ministeri.0 fué atacado violentamente y derrotado por la 
mayoría — escribía el diputado don Pedro Bustamante a don 
T. más VLHaLba — (cartas publicadas por el do'ctor Palomeque). 
Por esta vez el ministerio se ha encontrado solo, porque a la 
verdad era imposible sostenerlo sin perderse en el concepto públi- 
co, sin hacersie cómplice de sus abusos. Muchas veces durante el 
receso de las Cámaras, le instamos al señor Castellanos para que 
e! ministerio nos habilitase a defenderlo... El ministerio no lia 
querido tomar esas advertencias en lo que valían y hoy está reco- 
giendo los frutos de su obstinación. Lo que se ha dicho ayer p >r 
la mayoría no sé que se haya dicho entre nosotros a ningún otro 
mini8.terio. Se le ha acusado de iadoLencia por los intereses pú- 
blicos, de parcialidad y hasta de malversación de rentas, y lo 
yeor es que algunas de esas acusaciones son harto fundadas". 

No fué suficieTite esa sesión tempestuosa para producir la cri- 
sis ministerial que se provocaba, y entonces los legisladores de 
la mayoría celebraron una reunión en la que luego de declarar 
que el ministerio del doctor Castellanos carecía de condiciones de 
vida, resolliviieron no prestarle su apoyo. Ante esa declaración ol 
Presidente Giró invitó a los mieimbros die la mayoría a una se- 
sión en su domicilio y entonces el doctor Castellanos resolvió re- 
nunciar. 

Ya se había retirad-i el coronel Floréis. Contra él sin embargo 
no s'e dirigían ni la prensa ni la mayoría parlamentaria. La dimi- 
sión del Ministro de la Guerra recono'Cía causa más honda, se- 
gún todais Las informaciones de la época: la negativa a poner su 
firma al cúmiplase de la ley ratificatoria de la medalla de Cáse- 
los. "La Sociedad de Amigos del País", en su répliica a don An- 
drés Lamas, reiprodujo tres años después las cartas cambiadas 
entre el Presidente y el Minlistro dimi/tente, reveladoras de ia 
crisis que ya entonces asomaba co-n violencia. 

"Me ha sonprendido mudho la renuncia que hace usted d? su 
cargo y las razones que para ella da (escribía el Presidente Giró 
a su Ministro) ... No me he opuesto hasta ahora a ninguna me- 



74 HISTORIA DEL URUGUAY 



dida de usted, que se me haya presentado como necesaria al res- 
tabledimiento del orden. . . Si usted sale del Ministerio, yo tam- 
bién salgo de la Presidenicia. Vaya usted aihora al Fuerte y habla- 
remos. De lo que resulte pende la guerra civil y la sombra de 
independencia y nacionalidad que hoy tenemos', o el bien de 
nuestra tierra." 

"La cita que usted me hace al Fuerte — contestó el cor:nol 
p'ores — me es imposible en estos momentos poí^que he venido 
a darle un aidiós a mis hijos, que tengo en este destino (la cha- 
cra) resuelto a separarme de mli país por algún tiempo. Después 
de esto mi renuncia es im-prescinjdrbl.e y no iharé retroceso en 
ella; no quiero hacerme responsable de una situación que no 
pende de mí dominar. Cree haber 'hecho cuanto !ha dependido de 
un hoimbre de honor para consieguirilo. Todo ha sido inútil; nada 
roe resta por hacer sino evitar envoilverme en una crisis funesta 
y salpicarme qu)lzá con sangre de mis compatriotas, cuya idea me 
aterra." 

Esa renuncia fué precursora de una crisis política que el Go- 
bierno agravó con el nombramienitc de un Ministro de Guerra do 
filiación blanca, el general Brito del Pino, para dirigir un ejér- 
cito de linea netamente colorado. Ya había empezado en la Asam- 
blea el movimliento de unificación con ©1 triunfo de don Atana- 
sio Aguirre para Presidente de la Cámara de Diputados, en re- 
eniplazo de don José María Muñoz que había ocupado ese puesto 
en 1852. 

Al Ministro de la Guerra siguió el de Hacienda don Manuel 
Errázquin. Su reemplazante el doctor Bernabé Cararvia no alcanzó 
a estar veinticuatro horas en la Casa de Gobierno, por efecto 
de un programa de aidministracion que publicó, en el que luego 
de referirse a la neceslidad de cumplir estrictamente la ley de Pre- 
supuesto y de gai-antizar el deredho de todos los acreedores del 
Estado, establecía que había habido en las gestiones anteriores 
extravíos o errores que era necesario horrar. Fué nombrado para 
sustituirle don Viicente Váziquez, quien renunció ante el fracaso 
<.Ic un empréstito destinado a cubrir el déficit. 

La vacante del doctor Castellanos fué llenada con don Bei' 
nardo P. Berro, a quien también se le confió interinamente la 
cartera de Hacienda. 

Estos cambios ocurridos a principios de julio de 1853, dieron 
lugar a Insistentes rumores de reacción colorada que el Presi- 
(V'nt? trató en vano de contrarrestar, mediante el ofrecimiento 



GOBIERNO DE GIRO 



de la cartera de Hacienda al doctor Manuel Herrera y Obes, al 
c ronel Lorenzo BaClle, a don Gabriel Antonio Pereira, a dou 
Juan Miguel Martínez y a otros ciudadanos die filiación colorada, 
que contestaron sencillamente que no, o que sólo aceptarían en 
el caso de que a la vez se proveyera con determinada persona el 
Mini&terio de la Guerra. 

"La Constitución" y "El Comercio del Plata" recogían, aunque 
para desmentirlos, ©sos rumores de revolución o de movimientos 
militares próximos a estallar en Montevideo, encabezados por mi- 
litares que, olTiidando sus deberes, habrían prorrumpido en ame- 
nazas contra las autoridades; mientras que otros como "El Noti- 
cioso" abrían sus columnas a artículos de violenta propaganda 
en que se hablaba de serenatas con vivas a la fusión y acompa- 
ñamiento de violines y violones, "mstvnmentos introducidos nue- 
vamente en el país con el objeto de reformar, metodizar, orga- 
nizar y aniquilar a los añejos que constantemente han estado sir- 
viendo al país." 

Pireparando la revolución. 

El general Pacheco ha señalado así en carta al coronel Fran- 
cisco Tajes (publicada por "El Nacional") el comienzo del mo- 
vimiento revolucionario que echó abajo al gobierno de Giró: 

"¿Recuerda usted el día que fui a verle en su casa para de- 
cirle mi resolución de cambiar un orden de cosas que hacía la 
desgracia del país? Era el 3 de abril y entonces la administra- 
ción que ha caído parecía sólidamente establecida. Entramos a 
luchar con un gobiern; que contaba con los recursos del país. 
Luego debimos encontrar oposición hasta en muchos de nuestros 
amigos; tuvimos, en fin, todo género de contrariedades. Sin em- 
bargo, a los seis meses nuestra obra se ha consumado sin arran- 
carse una lágrima, sin derramar una gota de sangre, sin vio- 
la) un derecho." 

En carta al general Rivera (publicada por "El Orden") agre- 
gaba el general Pacheco con referencia a la" reacción blanca que 
encabezaba el Presidente Giró: 

"A pesar de eso yo me resistía a admitir como remedio un mo- 
vimiento armado y si llegué a pensar en él seriamente fué cuando 
t.uve el convencimiento de que él Presidente de la República des- 
cendía a ser hombre de partido, y cuando sien/do pública la 
alianza de Unquiza con los blancos, pareció probable el triunfo 



76 HISTORIA DEL URUGUAY 



c'.e ese caudillo por el vencimiento de la escuadra de Buenos 
Aires. . . Fué entonces, señor General, que, como lo he indicado, 
cpmé por una revolución como el tínico medio de salvaimos, por- 
que yo veía que triunfante Urquiza en Buenos A.ires, se repeti- 
ría la inigerencia de un caudillo argentino en nuestros negocies 
con el fin de aniquilar al partido político que quiere antes que 
iodo inde:pen[dencia para la patria... Aceptado como medio de 
salvación el empleo de la fuerza, quise explorar la opinión de 'a 
campaña, para ver si podíamos tentar ese medio. Lo que adquirí 
)üe dio la convicción d« que podíamos apelar a las armas, no 
sClo con la certidumibre úe triunfar, sino también de evitar 'a 
fv.erra civil. Me a'brí entonces con los amigos y tuve muy luego a 
n.i disposición las fuerzas de línea. Trabajé también a la campaña, 
obteniendo los mejores resultados, pero a los amigos de la cam- 
paña, como a los del ejército, les d'je siempre que nada se ha- 
ría sin estar de acuerdo con usted, porque es usted el jefe del 
Partido y sin usted no debe tomaiie ninguna resolución im- 
portante." 

Los preparativos de la revolución se hacían públicamente y 
se explica que no hubiera necesidad de reservas desde que los 
directores del movimiento tenían en sus manos toda la tropa 
de línea y estaban resueltos a no dejarse desalojar de sus posi- 
ciones^ 

Una semana antes del movimiento decía "La Constitución": 

"Hace quince días que no se habla sino de movimientos re- 
volucionarios que deben estallar en la ciudad y en la campaña. 
Se señala el día, se nombran los jefes, se enumeran los elemen- 
tos con que cada uno cuenta, y se dan detalles como si el hecho 
a que se refiere hubiera ya acaecido. Para algunos es tan cierta 
la noticia de una revolución en Montevideo, que sólo dudan res- 
pecto del día... Fluctúan entre el 15, dia de la clausura de las 
Cámaras, y el 18, aniversario de la Jura de la Constitución. Por 
lo demás, refieren el programa del movimiento con tanta exac- 
titud, como si se tratara de las fiestas julías". 

El Jefe Político de la Colonia don Luis Gil anunciaba al Go- 
bierno, a principios de julio, que según sus noticias el día 18 
estallaría la revolución en Montevideo. Su nota iba complemen- 
tada por otra del Cnrn.nnd:inti' Militar del mismo departamento 
coronel Lucas Moreno, denunciando que los revolucionarios di- 
ligían invitaciones para colaborar en su obra y que en presencia 
de ello había reunido una fuerza de 800 hombres para sostener 
al Gobierno. 



GOBIERNO DE GIBO 



Den Tomás Villalba, Jefe Político de Soriano, decía al Minis- 
iro de Gobierno a raíz del movimiento, que la noticia había "in- 
Mamado los ánimos fuertemente exaltados ya en (lias anteriores 
con los rumores de una próxima revolución", agregando que 
había creído necesario armarse y que el vecindario estaba ya 
'completamente en pie y resuelto a defender al Gobierno y a 
las instituciones que se creían heridas mortalménte". 

El mismo día en que estallaba el motín, escribía desde Río de 
Jíineiro don Juan José Soto al doctor Acebedo: 

"Según me han dicho personas bien informadas, hoy debe 
haber estallado un motín en Montevideo". 

Sólo una medida preventiva resolvió adoptar el Presidente 
Giró: la convocatoria de la Guardia Nacional de Montevideo, 
aplazada hasta entonces por efecto de las circunstancias de que 
hemos hablado anteriormente. 

Ya habían transcurrido los meses de los ejercicios doctrina- 
les y hubo que optar por un enrolamiento voluntario, le que 
no impidió que la concurrencia a los cuarteles fuera numerosa 
y que la medida diera origen a debates ardientes en la Cámara 
de Diputados, donde el doctor Juan Carlos Gómez pidió, aunque 
sin éxito, que el ministerio fuera interpelado. 

Apresurémonos a agregar que no obstante la notoriedad de 
los trabajos revolucionarios, la publicidad más bien dicho con 
que se hacían, nadie en Montevideo, con excepción de los con- 
jurados, consideraba posible que hubiese ciudadanos capaces de 
atentar contra las autoridades constituidas. 

Por eso el Presidente Giró conc irrió lleno de optimismo a la 
sesión de clausura de las sesiones ordinarias de la Asamblea el 
15 de julio, tres días antes del motín. 

"El período que hoy concluye — dijo serena y confiadamente 
en esa oportunidad — ha sido fecundo en leyes de alta impor- 
tancia para el mejor gobierno de la República y para el desarro- 
llo progresivo de la población, de la industria y de la riqueza; 
pero mucho resta que' hacer todavía para satisfacer las necesi- 
í!ades de nuestra sdtuación. Esto será ohra del tiemyo y de nues- 
trcs comunes esfuerzos. Entretanto el Gobierno, durante vuestra 
ausencia, se esmerará en el mantenimiento del orden pilblico y en 
i: estricta observancia de la Constitución y de las leyes; y me- 
diante una política conciliadora, equitativa y firme, auxiliado 
por el buen sentido del pueblo oriental, esijoa que cuando el deber 
os llame de mtevo a este recinto, la situación de la República será 
( ra todos un motivo de mutuas felicitaciones». 



78 HISTORIA DEL URUGUAY 



El Presidente de la Asamblea, doctor Francisco Solano de An- 
tuña, se consideró obligado, sin embargo, a decir algo acerca 
de los rumores de revolución, aunque sin atribuirles la enorme 
gravedad que tenían. 

"La representación nacional, de la que tengo en este mo- 
mento el honor de ser órgano — dijo — se complace en reconocer 
y declarar uue el gobierno de V. E. es un gobierno verdadera- 
mente libre, un gobierno verdaderamente constitucional, y tal 
cual lo anhelaban los orientales que para conseguirlo tanta 
sangre han derramado. V. E., señor Presidente, justo aprecia- 
dor de las libertades pú'blicas y liberal además por carácter, 
bien puede gloriarse de que gobierna al país conforme a la 
Constitución y de que seamos en la actualidad un pueblo ver- 
daderamente libre; pero los hombres no avenidos a este sis- 
tema, aligunos que no sean capaces de valorarlo, tal vez atri- 
buyan a debilidad lo que es puramente un deber. De aquí acaso 
esos rumores, esas voces subversivas que de vez en cuando se 
levantan y que aun cuando los orientales las desprecian por- 
que saben que nada valen, sin embargo espantan a los extran- 
jeros que no nos conocen, alarman, al comercio y efectivamente 
dañan." 



El iii\)tíii militar. 

El 18 de julio de 1853, que ere el día anunciado, estalló 
efectivamente el conflicto en medio de los festejos conmemora- 
tivos de la Jura de la Constitución. 

El Batallón 2." de Cazadores, qvc estaba bajo el mando de 
su jefe el coronel Palleja, hizo fuego sobre la Guardia Nacional 
que carecía de municiones, y que por eso mismo se dispersó en 
el acto, - perseguida en todas direcciones por la soldadesca des- 
enfrenada. 

Ninguna duda cabe acerca de la iniciativa del ataque, recono- 
cida lealmente por el doctor Juan Carlos Gómez en 1857 desde 
las columnas de "El Nacional". 

Pero no sucede lo mismo respecto del número de las víctimas. 

En su ya mencionada carta al general Rivera, decía el ge- 
neral Pacheco que la Guardia Nacional había tenido 7 muertos 
y 19 heridos y la tropa de línea 2 muertos y 6 heridos, y agre- 
gaba: 



GOBIEEXO DE GIRÓ 79 



"Dispersada completamente la Guardia Nacional, yo llegué 
a la plaza y me encontré con la iioticia de que el Batallón I.» 
se había pronunciado por el Gobierno. Creí entonces perdido al 
2.0 y me coloqué a su frente para correr la suerte de mis com- 
pañeros... Un momento después t( da la guarnición se había 
pronunciado y el Presidente tenía que consentir en encargarme 
del orden público". 

Otro de los testigos de la época, el doctor Antonio de las 
Carreras, en una poliémica con el doctor Mateo Magariños Cer- 
vantes, elevó a una cincuentena el ntim3ro de los caídos de la 
Guardia Nacional durante la formación y en la persecución sub- 
siguiente sobre todo, en la cual murieron, decía, los jóA'enes 
Núñez, Pozo, Barboza, Dubrcca y otros. 

El propio doctor Juan Carlos Gómez, refiriéndose en "Los 
Debates" de 18 58 a uno de los prisioneros de Quinteros y a 
la manera cómo fué salvado por ese prisionero el doctor 
Eduardo Acevedo, ha escrito estas palabras reveladoras de la 
racha de muerte que se había extendido por las calles de la 
ciudad: 

"Fué salvado por ese mismo Pagóla el 18 de julio de 1853, 
por ese Pagóla que reconociéndolo ¡-upo contener a los soldados 
exaltados que conducía e imponerles respeto por el doctor Ace- 
vedo indefenso". 

.Es conveniente agregar que en jsos mismos momentos otro 
grupo de soldados volteaba de ua balazo a don Manuel Ace- 
bedo, confundiéndolo con el hermano a quien el capitán Pa- 
góla acababa de salvar. 

Sedimentos del motín. 

Terminada la persecución por las calles, regresaron los ba- 
tallones de línea a los cuarteles, y el Presidente Giró, que no 
Stí consideraba con fuerzas para dominar el motín, resolvió pactar 
con sus adversarios, creyendo erróneamente que las autorida- 
des constitucionales podrían consolidarse mediante ese sacrificio 
personal y político. 

Por efecto de ello volvió a ocupar el Ministerio de la Gue- 
rra el coronel Venancio Plores, en reemplazo del general Brito 
del Pino, que renuació, y el doctor Manuer Herrera y Obes entró 
a desempeñar la cartera de Hacienda que corría interinamente 
a cargo del Ministro de Gobierno don Bernardo P. Berro. 



8ü 1II.STOUI.V DEL flíUGL'AY 



Los departamentos de campaña, que a la primera noticia del 
movimiento producido en la Capital se habían puesto de pie, 
volvieron a lia vida normal, disolviéndose las divisiones que ya 
habían empe2a>do a formarse, en Canelones por el general Ignacio 
Oriibe, en San José por don rafael Zipitría y en la Colonia por 
el coronel Lucas Moreno. 

También se llamó a sosiego el general Rivera que estaba en 
el movimiento, según él mismo se encargó de documentarlo con 
ayuda de una proclama dirigida desde la villa del Yaguarón, 
donde vivía, a las autoridades de Cerro Largo y Tacuarembó que 
el Jefe Político del primero de esos departamentos comentaba 
así, en nota al Ministerio de Gobierno de principios de agosto; 

"Puede el Gobierno dormir el sueño de la confianza, porque 
e] semblante que presentaban las cosas al primer golpe de vista 
al leer la nota imperativa que me pasó el general Rivera, ha 
desaparecido". 

Había necesidad de tramquilizar al país y el Presidente Giró 
expidió una proclama en que decía: 

"La primera necesidad de la República es la paz domésti- 
ca. . . Juremos todos no ahorrar ningún género de sacrificios 
para mantener ese bien inestimable . . . Todos nuestros esfuer- 
zos deben dirigirse a asegurar el orden bajo el amparo de la 
ley y de la autoridad". 

íambién resolvieron hablar los Ministros. 

El de Gobierno y Relaciones Exteriores don Bernardo P. Be- 
rro, se dirigió en estos términos a los Jefes Políticos: 

"El orden público perturbado por el conflicto que ocasional- 
Hicnte tuvo lugar en el día d'e aiyer entre las fuerzas de línea 
y la Guardia Nacional, ha sido completamente restablecido. La 
Capital ha vuelto a su tranquilidad, la tropa a la ob3:lienc!a, 
y el Gobierno en todo el lleno de su autoridad constitucional 
seguirá ocupándose de sus tareas administrativas". 

El Gobierno — escribía a su turno el Ministro de la Guerra 
coronel Flores, a los comandantes de Guardias Nacionales de 
todos los departamentos — ha dispuesto que cesen las reunio- 
nes, que el vecindario quede habilitado para ocuparse de sus 
tareas, y que se libre a la sola acción de las policías el manteni- 
miento del orden, "deseoso de conservar el sosiego público por 
todos los medios que están en sus atribuciones". 

Algunos rumores habían corrido acerca de trabajos de la ma- 
yoría parlamentaria a favor de la instauración de un proceso 



GOBIERNO DK GIKO 



a los autores del movimiento militar del 18 de julio. Pero "El 
Orden", órgano del partido político a que pertenecían los revolu- 
cionarios, se apresuró a prevenir desde el día de su aparición en 
ei estadio de la prensa, que si talies rumc'res "tomasen fuerza y 
fueran prohijados por el primer magistrado, vendrían a compro- 
r-tter die nueivo la paíz pública". 

La revolución quedaba, pues, en pie y debía fatalmente com- 
pletarse con el derrumbe de las autoridades constituidas. 

Un mes después volvía a Intranquilizarse el país con el anun- 
cio de convulsiones a estallar en la campaña, y el Ministro Bt?- 
rro tenía que dirigirse a los Jefes Políticos pidiéndoles que 
infundieran calma y confianza acerca de la estabilidad de la 
situación. "La inquietud y la agitación que aun se sienten — > 
les decía — por consecuencia de los sucesos que han tenido lu- 
gar en el mes anterior, está produciendo los más perniciosos 
efectois". Pero el anunlcio de convulsiones seguía tomando cuerpo 
y entonces el Ministro se vio obligado a dirigir una segunda 
circular: Los Jefes Políticos — • decía en ella — deben emplear 
"iodos liois mediols quíe esitán en la esfera de sus atribuciones 
para atajar esos rumores y provocaciones que tanto mal hacen, 
debiendo considerar y tratar a sus autores como perturbadores 
del orden público". 

Por su parte, el Ministro Flores resolvió recorrer personal- 
mente los departamentos que parecían más agitados, y a prin- 
cipios de septiembre, de regreso de' su jira, comunicaba al 
Presidente "que la tranquilidad y el sosiego público se hallaban 
restablecidos en todo el territorio de la República". 

El deiTiimbe del gobierno de Giió. 

Quedaba restablecida la calma en la campaña. En cambio en- 
traba en ebullición la Capital. Todo el mundo hablaba de un 
nueivo movimiento cuartelero que produciría el derrumbe de 
las autoridades constituidas, y con tantos detalles, que el Mi- 
nistro de Gobierno y Relaciones Exteriores resolvió pedir el 
concurso de la marinería de los buques de guerra extranjeros 
surtos en el puerto de Montevideo, para el mantenimiento ;!el 
orden público. Véase lo que decía el Ministro Berro a las Le- 
gaciones en su nota circular del 21 de septiembre: 

"La Capital se halla según parece amenazada de una conmo- 
ción, que puede venir acompañada de grandes desórdenes, slu 

6 -IV 



82 HISTORIA DEL URUGUAY 



que al Gobierno le sea dado impedirlo por la falta absoluta de 
fuerzas a su disposición... En esta situación no puede el Go» 
brrno reisipom/der de la seguridad, ni de las personas, ni de las 
propiedades, y en tal virtud cree ser llegado el momento de iiue 
ios agentes extranjeros con la fuerza armada de que dispóngate 
ee encarguen de la protección de la ciudad". 

Tres días despuás de escrita esa circular él Presidente Giró 
buscaba asilo en la Legación de Francia para escapar a "nuevas 
asonadas". He aquí, efectivamente, lo que escribía el doctor 
Eduardo Acevedo a don Juan José Soto el 3 del mismo mes: 

"La fuga del Presidente desconcertó por un momento a loq 
anarquistas. Ellos, que pretendían llevar ese día la violencia a 
sus últimos límites, al salir de un banquete de 20 cubiertos que 
Pacheco había mandado preparar en una fonda de la plaza, se 
determinaron a cejar y el banquete se concluyó muy tranquila- 
mente. Todos los preparativos de desorden quedaron sin efecto. 
I -éter minaron hacer creer entonces que el paso del Presidente no 
i'.abla sido proivocado, qu'e no había existido peli.gro ailiguno ni para 
s,r persona ná para su autOTÍdad, y que el asilo que había ido a 
buscar era una especie de acto de demencia. Supongamos que 
así fuera: supongamos que el Presidente, en vez de refugiarse 
en lo áe Mr. Maillefer hubiera salido tirando piedras por las 
calles, ¿era eso motivo para que desconocieran las demás auto- 
rJf'ades constitucionales?, ¿para que prescindieran de la Comisión 
Permanente, de la Asamblea General y de la autoridad que ipso 
jare inviste el Presidente del Senado en los casos de falleci- 
miento, ausencia o renuncia del Presidente? La conducta de los 
revolucionarios no tiene excusa ni pretexto. En una reunión tu- 
multuaria echaron por tierra todas las autoridades constitucio- 
nales y nombraron, o mejor dicho, nombró Pacheco el singular 
triunvirato que asume hoy el nombre de Gobierno Provisorio 
de la República". 

Don Bernardo P. Berro se apresuró a dirigir una circular al 
.Cuerpo Diplomático para explicar las causas determinantes de la 
gravísima resolución presidencial. El Presidente — les decía — "ce- 
diendo a la violencia, ha tenido que suspender él ejercicio de su 
autoridad en la Capital, y proveer a su seguridad personal". 
Uesde que estalló el motín del 18 de julio el primer mandata- 
rio previo esjtos resultados, juzgando que podría conjurarlos me- 
diante concesiones. Pero, inútilmente. "La autoridad del Go- 
bierno desconocida en la Capital ha hecho lugar ai mando irres- 



GOBIERNO DE GIRÓ 83 



ponsable ele un jefe militar (Paclieco) que quiere parodiar a 
los caudillos que han deshonrado a estos países, sin tener en 
cuenta las desgracias que serán la consecuencia necesaria Ob 
tales procedimientos. En semejante situación el señor Presiden- 
te de la República, que no quiere ensangrentar inútilmente las 
calles de Montevideo, se ha decidido a abandonar el campo a 
los revoltosos, antes que prestarse a humillaciones que harían 
más deplorable la guerra que ya no puede evitarse". 

Los promotores de la revolución publicaron un Manifiesto en 
eme decían que pocos días antes de que se extremaran así los 
sucesos, el Ministro Flores había pedido al Presidente la remo- 
ción de los Jefes Políticos del Salto, Durazno y San José, vién- 
dose obligado a renunciar por no haber sido atendidas sus ges- 
tiones; que el Presidente dando largas a la aceptación de la re- 
nuncia, había recabado de su Ministro un programa político y 
administrativo que tuviera la garantía de la Legación Brasile- 
ña; que al enterarse Giró del resultado de las gestiones del Mi- 
nistro Brasileño, había exigido la salida del país del general 
Pacheco, lleTando una misión diplomática, exigencia que fué 
aceptada por el interesado bajo la condición de que habría de 
darse a los colorados tres Jefes Políticos, como medio "de que 
al menos estuvieran en igualdad los dos partidos en el gobierno 
de los departamentos"; y que era en los momentos en que el 
Ministro Brasileño daba trámite a las nuevas gestiones que se 
había producido la fuga del Presidente. 

El coronel Flores asumió la representación gubernativa y en 
tal carácter se dirigió a la Comisión Permanente para expre- 
sarle que "abandonado el gobierno de la República por el señor 
Juan Francisco Giró, su Presidente hasta ahora", había queda- 
do en sus manos "la fuerza pública de que estaba encargado 
como Ministro de la Guerra" y pedirle que resolviera ilo que hu- 
biera lugar. 

Otra nota de mayor gravedad dirigió el mismo día el coronel 
Flores' al Encargado de Negocios de Francia. 

"Habiendo abandonado — le decía — el señor don Juan 
Francisco Giró su puesto de Presidente de la República, dejan- 
do al Estado sin gohierno y en la más completa acefalía, y ha- 
biendo quedado la fuerza pública en mis manos como Ministro 
de la Guerra hasta ahora, me hallo colocado en la necesidad y 
en el deber de emplearla en salvar las garantías sociales y el 
porvenir de la Nación. En esta situación me he dirigido a la Co- 



84 HISTORIA UFL URUGUAV 



misión Permanente de la Honorable Asamblea, comunicándo- 
selo y espero su resoilución. Entretanto la deserción deil Presi- 
dente de su puesto y la circunstancia de haber buscado asilo en 
casa de V. E., que no ha podido dárselo sino en el carácter de 
Simple ciudadano, me obliga a dirigirme a V. E. manifestándole 
mi confianza de que V. E. no permitirá que el señor Juan Fran- 
cisco Giró se traslade del asilo que ha buscado a un punto cual- 
quiera de la República a encender la guerra civil bajo el pre- 
texto de la legalidad de una autoridad que él ha desertado". 

Faltaba un último número del programa, el número que el 
general Pacheco anticipaba así al sargento mayor don Benito 
Hubo en carta del mismo día de ia fuga: 

"Ha llegado el caso de obrar. Ha llegado el caso de tomar 
las armas para evitar que nuestros enemigos sean dueños abso- 
lutos del país y puedan saciar en nosotros sus rencores... Ago- 
tados, pues, todos los medios de conciliación, hemos resuelto 
tomar las armas. Mañana declararemos por un acto público que 
don Juan Francisco Giró ha dejado de ser Presidente". 

El 2 6 de septiembre hubo una reunión en la Casa de Gobierno, 
a la que asistieron según los apuntes del general Enrique Mar- 
tínez, los generales Pacheco, Lavalileja y Díaz, coroneles Flores 
y Lavandera y ciudadanos don Jote María Muñoz, don Juan 
•Carlos Gómez y don Fermín Ferreira, y en ella quedó resuelta 
la (íreación de un gobierno provisorio compuesto del coronel 
Flores y de los generales Rivera y Lavalleja. 

La parte del Bríisil en la caítla del gobierno de Giró. 

El Presidente Giró había desconocido la legitimidad de los 
tratados de octubre de 1851 y la mayoría parlamentaria que 
respondía a su política había discutido agriamente esos trata- 
dos, sancionándolos al fin para evitarle al país una catástrofe, 
pero con el voto de reprobación que significaba el célebre preám-- 
bulo de la ley ratificatoria de 1852. 

De ahí arranca la colaboración del Brasil en los trabajos re- 
volucionarios contra el gobierno de Giró, valga el testimonio 
irrecusable del doctor Juan Carlo¿. Gómez que antes hemos 
transcripto, y la colaboración siguió sin interrupción hasta que 
el derrumbe se produjo. 

Puede decirse que la Legación Brasileña era el centro obli- 



GOüíEs.No m: GIRÓ 85 



gado de todas las reuniones encaminadas a precipitai* la caída 
de Giró. 

El doctor Juan Carlos Gómez ti.ecía en 1857 desde las co- 
lumnas de "El Nacional", describurndo los preparativos de la 
víspera del movimiento revolucionario: 

lEn la noche del 17 de julio estaban reunidos en la Legación 
Brasileña a cargo del Ministro Paranhos, don Manuel Herrera 
y Obes. don Juan Miguel Martínez, el general Pacheco y otros 
muchos ciudadanos. El general Pacheco dijo allí que él "res- 
pondía con su cabeza de que se salvaría la paz pública al día 
siguiente si se evitaba La reunión de fuerzas armadas en la 
plaza pública, porque no podía responder — anadió — en el estado 
de irritación de los espíritus, de cualquier accidente que hi- 
ciera disparar los fusiles por sí solos". Entonces todos los pre- 
sentes pidieron al Ministro Paranhos que interpusiera su in- 
fluencia ante el Presidente Giró a fin de evitar la reunión de 
fuerzas. Y el Minisrro Paranhos .salió y a su regreso dijo que 
había hablado con Giró y que al día siguiente no saldrían las 
fuerzas. 

El director de "El Comercio del Plata", otro testigo presen- 
cial de los sucesos, escribía a raíz del moviimiento revoluciona- 
rio del 18 de julio: 

Los decretos de nombramiento del coronel Flores y del doc- 
tor Manuel Herrera y Obes para dos de los Ministerios de Giró, 
se extendieron en la noche misma del 18 de julio como con- 
secuencia de una reunión de personas notables de la mayoría y 
de la minoría de las Cámaras que tuvo lugar en la Legación 
del Brasil. 

El mismo doctor Gómez, en una carta sobre política brasileña, 
dirigida al doctor Andrés Lamas en 185'5 (que reprodujo "El 
Plata" diez años más tarde) decía lo siguiente: 

"En vísperas del conflicto o motín del 18 de julio de 1853, 
el Presidente Giró requería del Ministro Brasileño el auxilio es- 
tipulado por los artículos 6.o y 7.o del tratado de alianza de 
12 de octubre de 1851, por el cual se obligó el Brasil a sos- 
tener al gobierno constitucional fuere cual fuere el pretexto de 
los sublevados, a no rehusar su auxilio bajo ningún pretexto"... 
Pero su nota recién fué contestada cuatro días después del 18 
de julio y entonces en forma de lamentación de los sucesos ocu- 
rridos. 

Otro testigo presencial de los sucesos, el doctor Eduardo Ace- 



86 HISTORIA DEL URUGUAY 



vedo, decía a don Francisco Lecoc<i, a fines de agosto de 1853: 
"El motín del 18 de julio que no vino a responder a ninguna 
necesidad del país, se debe exclusivamente a la política insen- 
sata de los estadistas brasileños, c.ue creen favorecer los inte- 
reses de su nación aniquilando la nuestra para absorberla des- 
pués más cómodamente. Llamo insensata esa política porque aún 
suponiendo que los brasileños consiguiesen su objeto y trajesen 
sus fronteras hasta el Río de la Plata, consumando la ruina de 
estos habitantes nacionales y extranjeros, no harían sino au- 
mentar los elementes de desorganización que encierra en sí 
mismo el Brasil y que más tarde o más temprano traerán su 
desmembración. La adquisición de este país sería para el Bra- 
sil un nuevo vestido de Dejanira, que sería fatal a su posee- 
dor... ¡Qué lástima que la Francia no se haya apercibido del 
papel que estaba llamada a desempeñar en estos países! Cuando 
estaba por retirarse en 1852 la columna expedicionaria francesa 
Que mandaba Mr. Bertin Ducliateau, pedimos al almirante Le 
Predour que retardara la partida de la expedición para que nos 
sirviera de escudo contra las injustas y exageradas pretensiones 
brasileñas. El almirante no se creyó autorizado a ceder a votos 
que salían de los mismos que más ardorosamente habían comba- 
tido la intervención francesa en el Plata. El almirante no co- 
noció cuántas ventajas reportarían los intereses franceses de 
s-emejante concesión hecha a antiguos adversarios que venían a 
reclamar la intervención pacífica Ce la Francia para sostener 
\a independencia de la República j la consolidación del orden 
constitucional." 

La confesión brasileña. 

El Relatorio del Ministro de Negocios Extranjeros del Bra- 
sil correspondiente al año 18 53 se encargó de confirmar las re- 
ferencias del doctor Gómez en términos todavía más graves. 
Luego de hacer la crónica de los sucesos del 18 de julio, de áo- 
ñalar las causas del debate relativo a las medallas de Caseros, 
de hablar de "la debilidad del Gobierno", de la renuncia del Mi- 
nistro Castellanos y del nombramiento de Berro, agregaba la 
cancillería impe'-ial: 

Al aproximarse el 18 de julio era ya temida una colisión 
entre la fuerza de línea y la Guardia Nacional. El Proside:ií-3 
Giró recién se dio cuenta del peligro en la noche del 17 de 



GOBIERNO DE GIRÓ 87 



julio y entonces pidió el auxilio de fuerzas brasileñas. Contestó 
la Legación que esas fuerzas no tomarían parte "en la lucha ci- 
vil", pero que desembircarían cuando fuere necesa'-io para 
mantener el orden público. Más tarde, al producirse la renun- 
cia de los colorados que entraron a integrar el ministerio, el 
Ministro Berro expresó a la Legación que había llegado el caso 
de que los agentes extranjeros protegieran la ciudad con toda 
la fuerza armada de que pudieran disponer, porque el Gobierno 
carecía de elementos para mantener el orden. El Ministro Flo- 
res que era uno de los renunciantes, volvió a su puesto, y en- 
tonces el Ministro Brasileño fué invHado por el Gobierno a una 
reunión en que se le autorizó para asegurar a los descontentos 
que se concederían las Jefaturas Políticas a condición de que el 
general Pacheco saliera del país. Pero el Presidente, sin 
¿'guardar la respuesta se asiló en la Legación de Francia y desde 
allí preguntó a la Legación Brasileña qué actitud pensaba asu- 
mir, contestando ésta que observai-ía "la más absoluta absten- 
ción". 

Ese mismo Relatorio complementaba su documentación con 
una nota del Gobierno Brasileño a su Ministro doctor Amaral co- 
mentando la respuesta de Giró a otra nota de 30 de enero de 
1854, en que la Legación le anunciaba que el Brasil había re- 
suelto prestar su reoonocimiento al gobierno de Flores. 

En su respuesta afirmaba el ex Presidente Giró que él había 
sido derribado sin que el Brasil le prestara los auxilios solici- 
todos antes y después del derrumbe, y agregaba rechazando pre- 
tensiones de tutoría de la Legación Brasileña: 

"Todo Gobierno independiente tiene derecho de aceptar o 
rehusar, según le parezca justo, los consejos que quieran darle 
sus aliados y amigos, porque si no tuviera ese derecho no sería 
independiente y el cumplimiento de sus mutuos pactos y la 
conservación de sus relaciones dependería exclusivamente de la 
voluntad de una sola de las partes". 

Pues bien, la parte principal de la nota del Gobierno Brasi- 
leño a su Ministro Amaral estaba destinada a demostrar que el 
auxilio a que se había obligado el Imperio podía ser '"de con- 
sejo" o "de fuerza"; que los consejos habían sido desatendidos 
por Giró, quien sólo se preocupaba de recabar auxilios mate- 
ríales; y que la fuerza militar que existía en el puerto de Mon- 
tevideo no era suficiente para sostener al Gobierno. 

Véase sin embargo lo que establecían los artículos 5.", 6." 



88 HISTORIA DEL I'KrOUAY 



y 7.° del tratado de alianza entre el Uruguay y el Brasil, uno 
de aquellos famosos tratados de 1851 por los que el Imperio 
se tragó buena parte de nuestro territorio y nos convirtió en 
carceleros de sus esclavos y en tributarios de sus industrias: 

"Para fortificar la nacionalidad oriental por medio de la paz 
interior y de lo,s hábitos constitucionales, el Gobierno de su Ma- 
jestad el Emperador del Brasil se compromete a prestar eficaz 
apoyo ai Presidente que debe elegirse constitucionalmente en 
la República Oriental por los cuatro años de su duración legal. 

"Este auxilio sera prestado por la fuerza de mar y tierra del 
Imperio a requisición del mismo gobierno constitucional de la 
República Oriental, en los casos siguientes: 1.° en el de cual- 
quier movimiento armado contra su existencia o su autoridad, 
sea cual fuere el pretexto de los sublevados; 2." en el de de- 
posición del Presidente por medios inconstitucionales. 

"El Grobierno Imperial no podrá, bajo ningún pretexto, rehu- 
sar su auxilio en cualquiera de los casos del artículo anterior". 



Una interpelación ruidosa en Río de Janeiro. 

A finéis de mayo de 185 4 hubo una tempestuosa sesión en 
el Parlamento Brasileño. El senador por Marañón formuló el 
proceso de la política imperial en la forma ique extractamos a, 
continuación: 

El señor Giró pertenecía al Partido Blanco y llamó mucho la 
atención que fuera elegido Presidente en circunstancias en que 
Oribe, jefe de ese partido, era apenas tolerado en Montevideo. 
"Los amigos del Gobierno dirigieron acusaciones a nuestro En- 
viado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario por no haber 
tratado de frustrar semejante resultado". Los comienzos de Giró 
fueron tranquilizadores y la opinión camibió hasta que desaten- 
didas ciertas peticiones de- nuestro agente diplomático empeza- 
ron a enfriarse nuestras relaciones. Una de esas peticiones era 
la confirmación de don Andrés Lamas. El Presidente Giró se 
negaba decididamente a ella, diciendo: "elijan cualquier otro 
menos ese". Llegó, sin embargo, un momento en que '.as críti- 
cas circunstancias financieras del Uruguay obligaron al gobierno 
de Giró a nombrar al señor Lamas, que vivía desde un año atrás 
en la corte sin credenciales. Esa concesión animó al Gobierno 
Imperial y a sus repres3ntante. El hecho es que el doctor Pa- 
ranhos resolvió presentarse "como agente diplomático de un país 



gouiku.no di; gihó ^í) 



protector y reducir a Montevideo al protectorado del Brasil". 
Producida la escisión entre los partidarios de Giró y los colori- 
dos, el doctor Paranhos, que observaba que éstos ganaban terre- 
no, resolvió ayuda.rlos, llegando hasta influir en favor de algu- 
nos nombramientos. 

"A todo ello se prestó el señor Giró durante algún tiempo. Al 
producirse la primera ' tentativa de revuelta en julio de 1853, 
aconsejó el señor Paranhos el nombramiento de lo.^ Ministros 
Flores y Herrera, a pretexto de conciliar los partidos... Vi- 
nieron los desórdenes de septiembre y la conducta del señor 
Paranhos se hizo sumamente dudosa, llegando el orador hasta 
soiS'pedhar que S. E. estuviese al corriente de la oonsipiración y 
que la alimentaba al mismo tiempo que hacía grandes protestas 
al señor Giró" 

Caído Giró se organizó un gobierno provisorio, en el que in- 
fTresaron los generales Lavalleja y Rivera, "los dos más encar- 
nizados enemigos del Brasil". Vivió el primero apenas un mes, 
y si no hubiera sido así "ya habríamos visto todo lo que hubiera 
hecho". En cuanto al segundo, si él también no hubiera muerto 
al poco tiempo "habría sido Presidente de la República y estaría 
causando ahora grandes embarazos al Brasil". 

Por los tratados estaba obligado el Brasil a sostener al go- 
lierno de Giró con las fuerzas de mar y tierra, sin que en nin- 
gún caso pudiera negarse a prestar el auxilio. La nota del doc- 
tor Paranhos acerca de la prestación de esos auxilios, revela 
"la chicana de que echó mano para no cumplir los tratados", 
ganando así tiempo a fin de evitar que Giró volviese al gobierno. 

Cuando el Gobierno Imperial tuvo noticias de la organización 
del gobierno provisorio y supuso que Rivera podría llegar a la 
presidencia de la República, trató de apoyar a Giró con el propó- 
sito de evitar un mal mayor. Pero muerto Rivera, el Gobierno 
Imperial cambió de rumbo previendo ya la elección de Flores. 

"Si la maPdha del Gobieirno hubiera sido otra, — concluía 
el orador — si el Ministro Brasileño hubiera declarado al Go- 
bierno de entonces que el Brasil en ejecución de los tratados 
enviaría fuerzas para el sostenimiento a toda costa de la auto- 
ridad lega'l, la fracción que protegió a Flores no hubiera osado 
tentar una rebelión y después de ella la deposición del gobier- 
no; y entonces viéndose el señor Giró seguro en el puesto, se 
hubiera prestado de buen grado a las exigencias del Gobierno 
Brasileño, como se presió en los primeros tiempos y aun des- 
pués". 



9(J HISTORIA DEL UliUGUAY 



Terminado ese sensaicional discurso, subió a la tribuna el 
Ministro de Negocios Extranjeros. Pero no para rectificar las 
gravísimas revelaciones del senador interpelante, sino para ate- 
nuarlas sosteniendo que el Uruguay repudiaba al gobierno de 
Giró; que el Brasil podía intervenir a su favor "como auxiliar", 
mv.^ no cómo "agente priniciipal", y que sin embargo habría le, 
rido que hacerlo en esta última forma desde que en Montevideo 
todos abandonaban al Presidente, y en campaña eran rápida- 
mente sofocados los levantamientos producidos. Defensa acusa- 
dora, como se ve, que dejaba subsistente el cargo fundamental 
y decisivo de la acción incesante de la Legación Brasileña para 
derrumbar a Giró, azuzando a los colorados y negando luego 
al gobierno, que todavía estaba en pie, el concurso militar que 
habría evitado la caída. 

Habla el >Iiiiistro Paranlios. 

Un año después, en julio de 1855, volvió a debatirse en el 
Congreso Brasileño el tema de la responsabilidad del Imperio 
en el derrumbe de Giró. Estaba entonces al frente de la cancille- 
ría imperial el mismo doctor Paranhos que había colaborado 
en los sucesos de 1853, convirtiendo su Legación en foco prin- 
cipal de la revolucicn colorada. 

El diputado Ferraz pidió explicaciones al ministerio acerca 
de un empréstito que intentaba realizar el Estado Oriental, y 
de promesas que se decían hechas para asegurar el pago del 
servicio de la deuda consolidada. Hizo referencias a la cuestión 
presidencial que debía resolverse el 1." de marzo de 1856. El 
Presidente Flores, según sus informes, intentaba hacerse reele- 
gir. También hacía trabajos un personaje que había estado siem- 
pre ligado a Rosas. ¿Qué hará en medio de esto la fuerza bra- 
sileña? La política del Brasil en los sucesos de 185 3 fué la de 
"viva quien triunfe". Fué todavía más: fué la política "de la 
conciliación con los que se sublevan, la del rechazo d'e la re- 
presión contra los que atacan la autoridad legítima ... Si no 
fomentamos esa revuelta que llevó al poder al Ministro de Gue- 
rra revoltoso, a lo menos le dimos toda la fuerza". 

Después de esta interpelación — que el Ministro Paranhos 
contestó diciendo que el Brasil no había prometido empréstitos, 
ni tampoco ofrecido garantías para el servicio de la deuda con- 
solidada, aun cuando era verdad que esos auxilios habían sido 



GOBITRNO di: GIKÓ 91 



solicitados con empeño, y en cuanto a Flores que no lo juzgaba 
capaz del plan de reelección qu'e se le atribuía — siguió inten- 
sificándose el debate parlamentario en forma que obligó al doc- 
tor Paranhos en agosto a pronunciar un extenso discurso que 
puede resumirse así: 

"Habiéndose colocado (Giró) fuera de las condiciones de la 
alianza; habiendo hecho inminente la guerra civil; no habiendo 
querido entenderse con el Gobierno Imperial sobre las condi- 
ciones de la alianza; no habiéndose prevenido contra las even- 
tualidades de una guerra civil que sólo él podía prever, porque 
sólo él podía medir las consecuencias de su pensamiento; no ha^ 
hiendo requerido en tiempo el auxilio del Gobierno Imperial para 
que éste pudiera intervenir eficazmente cuando fuera necesario... 
¿podía yo declarar qu-e el Gobierno Imperial estaba obligado y 
dispuesto a llevar la guerra al Estado Oriental, para restable- 
cer la persona de ese Presidente en el primer cargo d'e la Repú- 
blica?-. . . Le aconsejé que entrase francamente en el camino de 
la alianza, en la política que los dos partidos habían aceptado 
en presencia de los aliados cuando depusieron las armas; qu'e 
practicase algunos actos que pudieran inspirar confianza al par- 
tido descontento, porque no había lOtros medios de evitar la re- 
volución... Sólo después del 18 d'e julio el Presidente "com- 
prendió toda la gravedad de la situación" y lleívó al ministerio 
al doctor Herrera y Obes y al coronel Flores. Pero no pasó de 
ahí el cambio de política "y la guerra civil volvió a hacers'e in- 
minente". El 23 de septiembre fui consultado por los Ministros 
del señor Giró sobre el apoyo que el Ministro Imperial presta- 
ría a la autoridad". Contesté que no podía pres'tar apoyo mate-, 
rial alguno, "que no debía desembarcar los pocos marineros que 
teníamos en aquel puerto para exponerlos a un inútil sacrificio 
de sangre en las calles de Montevideo". La Legación ofreció en 
cambio "su apoyo moral". Pocas horas después de ese ofreci- 
miento comunicaba el Presidente por intermedio de sus Minis- 
tros que estaba dispuesto a otorgar concesiones, pero que de- 
seaba que la Legación del Brasil ejerciese influencia para do- 
minar la i-'evolución. Consistía una de las causas del descon- 
tento en que la casi totalidad de las Jefaturas Políticas estaba 
en manos de'l Partido Blanco y que eso permitiría al mencio-. 
nado partido ganar de nuevo las elecciones de senadores y di- 
putados. El Presidente Giró hizo saber a la Legación que es-. 
taba resuelto a conceder dos Jefaturas, a condición de qu'e el 



92 HISTORIA DEL URUGUAY 



general Pacheco se alejara del país, y ya la Legación había con- 
seguido que Pacheco se decidiera a salir cuando llegó la noticia 
de que el Presidente se había asilado en la Legación de Francia. 
Tales fueron las declaraciones oficiales del Ministro Paranhos. 
En resumen: que la Legación del Brasil pretendía ejercer una 
verdadera tutoría sobre el Presidente Giró para ayudar a la 
leacción colorada, y que cuando el Presidente se sintió vacilar 
y reclamó la ayuda militar del Imperio, de acuerdo con cláusu- 
las expresas del tratado de 1851, la Legación le contestó que 
no suministraría ni un solo solidado, pero que en cambio le se- 
guiría dando consejos, a favor naturalmente del partido revolu- 
cionario, que tenía el ejército y que además quería tener todas 
las llaves de la administración. 

La libertad de la pi-ensa duraaite el gobierno de Gii*ó. 

'En dos oportunidades tuvo que oicuparae de la prensa del- go- 
bierno de Giró: en febrero de 1853, cuando las agitaciones de la 
política argentina amenazaban aumentar las ya graves agita- 
ciones de nuestro propio ambiente político; y en septiembre del 
mismo año, cuando la autoridad Lonstitucional, ya maltrecha 
por el motín militar del 18 de juho, creyó evitar el derrumbe 
impidiendo el debate histórico entre blancos y colorados. 

En la primera de esas oportunidades el Ministro de Gobierno 
y Relaciones Exteriores doctor Florentino Castellanos se diri- 
gió a la Jefatura Política de la Capital ordenándole que noti- 
ficara "a todos los impresores o encargados de periódicos crea- 
dos o por crear, que se abstuvieran de dar lugar en sus co- 
lumnas a todo articulo tendiente n herir a cualquiera de los 
partidos de la República vecina, bajo la más seria resiponsabili- 
•dad, limitándose sólo a narrar los hechos con toda imparciali- 
dad y a la inserción de los documentos oficiales". 

"El Gobierno — deicía la nota: — que se ha trazado una marcha 
especial en .los negocios de Buenos Aires, no puede permitir 
que la prensa nacional sea el campo de contendientes extraños, 
ni el baluarte de donde se asesten tiros a uno u otro de los par- 
tidos en que se encuentra dividida la República Argentina. Las 
leyes del Estado garanten la libertad de expresión del pensa- 
miento, pero esa libertad en nada queda herida por prohibirse 
el debate de las cuestiones argentinas en momentos de una agi- 
tación tan palpitante, desde que el Gobierno quiere dejar libre 



(ORIERNO DK GIRÓ 93 



el pensamiento para juzgar de los actos de su administración. 
No se ataca la ley prohibiéndose que se viole la neutralidad y 
ésta quedaría Comprometida si se tolerase por más tiempo el 
abuso que se hace de la prensa nacional, donde no debieran 
tratarse otras cuestiones que las que llevan por oibjeto ayudar 
la marcha de progreso, lenta pero segura, en que ha entrado jl 
país, para convertirla en arma peligrosa de dos partidos que 
como argentinos tienen todas las s.mpatías del Gobierno de la 
República". 

"Esa neutralidad salvadora — agregaba el Presidente en su 
mensaje de apertura de las sesiones ordinarias de la Asamblea 
en febrero de 1853 — preservánidonos de los males que en otros 
tiempos pesaron sobre nosotros, nos ha habilitado también para 
ofrecer a los partidos contendientes de la Confederación nues- 
tros buenos oficios, mediando entre ellos para promover la paz 
que les deseamos tanto como para nosotros mismos". 

Véase cómo fundaba el Ministra de Gobierno y Relaciones 
Exteri'ores docto-r Castellanos, el decreto en su Memoria anual a 
la Asamblea: 

"La ley de imprenta no había previsto el caso de los ataques 
a países extraños. La guerra que asóla la Provincia de Buenos 
Aires, empezaba a tener ecos parciales en los diarios de la 
República. El Gobierno había declarado la neutralidad más es- 
tricta en esas cuestiones. Temía que se abusara sin responsabi- 
lidad efectiva de un derecho que la Constitución sólo había te- 
nido en vista para los asuntos peculiares- de la administración 
interior, que son los que interesan más inmediatamente al país. 
Por eso ha tomado sobre sí la responsabilidad de mandar se 
abstengan los diarios de publicar nada que pueda herir a cual- 
quiera de los partidos que dividen a la República Argentina y 
ordenado que se limiten a narrar los hechos con toda impar- 
cialidad y a la inserción de los do.íumentos oficiales. Los hábi- 
tos constitucionales no han tomado todavía entre nosotros toda 
la energía necesaria para salvarse a despecho de los intereses 
ele familia y vecindad que nos ligan a los argentinos. Era nece- 
sario poner con tiempo un pronto lemedio a los males que otras 
veces han pesado sobre el país y ¿e acordó esa medida. El Go- 
bierno no ha esquivado su responsabilidad por eso: ha declarado 
Que la Constitución y la ley de imprenta dictada para regir en 
la República y para los delitos que aquí sean verdaderamente 
punibles, tengan en ella todo su imperio. Así ha creído guardar 



94 IIISTOIUA DEL URUGUAY 



la ley, concilian-do sus presicripciones con la política que con- 
viene seguir al país. Esas medidas ahorrarán a la República re- 
clamaciones y harán cesar disgustos y controversias personales". 

Se entabló con tal motivo un amplio debate acerca de las fa- 
cultades del Gobierno para limitar la propaganda de la prensa, 
reinando conformidad acerca de la inconstitucionalidad del de- 
creto, pero no así respecto de otros puntos conexos. 

La ley de 1829 — decía el doctor Eduardo Acevedo en "La 
Constitución" — sancionada por la Asamblea Constituyente en 
los precisos momentos en que se discutía la carta fundamental, 
quedó redactada así: "todo ciudadano puede por medio de la 
prensa publicar libremente sus ideas sobre cualquier materia 
sin previa censura". Con esa ley en la mamo puede el Gobierno 
impedir que los no ciudadanos usen de la libertad de escri- 
bir. Podrá debatirse la justicia de tal restricción, pero la ley 
existe y el Gobierno estaría habilitado para exigir su cumpli- 
miento. En cambio, no hay ley alguna que impida a la prensa 
ocuparse de los intereses de los demás países, y si el Gobierno 
juzga que existe un vacío, debe presentar un proyecto de ley a 
la Asamblea, en vez de dictar un decreto. 

La tesis relativa a los extranjeros fué contradicha por otro 
órgano de la prensa, y entonces el director de "La Constitución" 
se creyó obligado a sostenerla. Véase su argumentación: 

¿Es o no conveniente que el extranjero goce de la libertad de 
la prensa? ¿La Constitución de la República acuerda ese dere- 
cho? Son dos cuestiones diferentes. 

La libertad de la prensa es un derecho político, y así lo han 
reconocido Las más liberales conistituciones. El proyecto de De- 
claración de los derechos del -hombre de la Convención Nacio- 
nal de Franlcia, acordaba "a todo liomhre la libertad de escribir, 
de imprimir su pensamiento". Pero esa forma de redacción que- 
dó rechazada y en su lugar se sancionó esta otra: "La libre co- 
municación de los pensamientos es uno de los más preciosos de- 
rechos del hombre; todo ciudadano puede, pues, hablar, escribir 
e imprimir libremente, salva la reponsabilidad del abuíc de o.:ci 
libertad en los casos determinados por la ley". La Constitución 
española de 1812, que es una de las grandes fuentes de la nu<^s- 
tra, dice: "Todos los españoles tienen la libertad de escribir, im- 
primir y publicar sus ideas políticas, sin necesidad de lice'K';i. 
r«ívisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo las 
restricciones y responsabilidades que establezcan las leyes". La 



GOBIERNO illí GIKÓ í)r» 



Constitución de Nueva York, dice: "Cualquier ciudadano puede 
libremente exponer, escribir y publicar su opinión sobre todas 
las materias". 

En cuanto a la otra cuestión, la ley de imprenta sancio- 
nada por la Asamblea Constituyente en los mismos momentos 
en que se discutía y sancionaba la Constitución, establece "que 
todo liudadano puede por me'lio de la pr9nsa piibl-c^;- ^'br'^ni^n- 
te sus ideas sobre cualquier materia sin previa censura". En el 
curso de la discusión, propuso el doctor Julián Alvarez que se 
permitiera a los extranjeros imprimir avisos con cerní entes a 
sus negocios, porque entendía que la ley en la forma en que 
estaba redactada, les impedía escribir cosa alguna. Pero en la 
sesión siguiente retiró su moción. Otro diputado la reprodujo 
con el objeto de que pasara a Comisión y se redactara un ar- 
tículo adicional. Y también fué rechazada esta moción. No cabe 
duda, por lo tanto, de que los constituyentes quisieron reservar 
la libertad de imprenta a los ciudadanos. Se objetará que el ar- 
tículo constitucional consagra la libertad de imprenta en forma 
absolutamente general. Pero no debe olvidarse que el mismo ar- 
tículo al hablar de las responsabilidades del autor o impresor, 
dice "con arreglo a la ley" — es decir — a la ley de imprenta 
que la Asamblea sancionaba en esos mismos momentos. Hay 
algo más. Al discutirse la ley de imprenta se acordó practicar 
su revisión luego de sancionada la Carta Fundamental, tarea 
que abordaron los propios constituyentes en julio de 1830, sin 
mejorar la condición de los extranjeros. 

Ambas cuestiones quedaban agotadas y el Gobierno aunque 
no derogó su decreto lo dejó prácticamente en desuso o sin 
efecto. Hubo asimismo manifestaciones parlamentarias do des- 
aprobación. La Comisión especial del Senado encargada del es- 
tudio del mensaje presidencial y de las memorias ministeriales, 
declaró que el Poder Ejecutivo había atacado la ley de impren- 
ta, y el doctor José María Muñoz presentó pocos días antes del 
motín una tardía moción de intenpelación al ministerio, que fué 
rechazada. 

El segundo decreto sobre la prensa apareció a mediados de 
septiembre de 1853, cuando ya* el gobierno de Giró estaba bajo 
el tutelaje de los revolucionarios del 18 de julio. Ese decreto, 
que lleva a su pie la firma de los Ministros don Bernardo P. Be- 
rro, don Manuel Herrera y Obes y coronel Venancio Plores, pro- 
hibía a la prensa todo debate acerca de las disensiones partidis- 
tas anteriores. 



r6 HISTORIA DEL ^"RrGUAY 



'"Considerando — decía el decreto — ■ que toda recriminación 
sobre opiniones y actos referentes a la guerra que terminó en 
octubre de 1851, es una violación flagrante de los pactos que 
precedieron a la pacificación de la República... Que la obser- 
vancia de esas estipulaciones interesa a la conservación de la 
paz publica... Queda de todo punto prohibido a la prensa pe- 
riódica el traer a juicio los actos u opiniones referida?... La 
trasgrosión será clasificada y penada como una concitación al 
desorden y a la anarquía". 

El Presidente Giró ya estaba en vísperas de asilarse en la 
Legación de Francia para escapar "a otras asonadas y el nuevo 
decreto restrictivo de la libertad de imprenta no tuvo la misma 
resonancia que el anterior. 



Los sucesos argentinos. 

La política argentina, causa eficiente de uno de los dos decre- 
tos que acabamos de examinar, tenía que actuar y siguió actuando 
después de la paz de octubre, por la estrecha vinculación que los 
acontecimientos desarrollados desde 1830 habían creado y for- 
talecido entre los partidos de allende y aquende el Plata. Como 
consecuencia de esos acontecimientos, el Partido Blanco estaba 
vinculado al gobierno de Urquiza y el Partido Colorado al go- 
bierno de la Provincia de Buenos Aires constituido por los mis- 
mos emigrados porteños que habían combatido desde las mura- 
llas de Montevideo contra las tropas de Oribe. 

Poco tiempo después de Caseros, en septiembre de 1852. la 
Provincia de Buenos Aires se alzó contra Urquiza, encabezando 
el movimiento el general Piran con la ayuda del general Ma- 
dariaga y de la tropa correntina que allí había quedado des- 
pués de la caída de Rosas. 

"Nuestro Gobierno, nuestra Asamblea, nuestras rentas, nues- 
tro ejército — decía en su proclama el general Piran — de todo 
se nos ha despojado a cambio de una mentida libertad: como si 
ella pudiera existir sin el ejercicio de los primeros derechos de 
los pueblos". 

La Sala de Representantes se apresuró a lanzar un manifies- 
to en que hacía su expresión de agravios contra Urquiza por su 
conducta a raíz de Caseros: había fusilado 200 prisioneros y 
transportado otros 700 a Entre Ríos, todos ellos oriundos de 
Buenos Aires; había impuesto a la población el uso del cjnti- 



GOBIERNO DE GIRÓ 97 



lio punzó símbolo de la dictadura de Rosas; y se había hecho 
dar, en una reunión de gobernadores, poderes inmensos, como 
medio de que la organización constitucional de la Confederación 
quedara entre sus manos y no en las del pueblo argentino. 

Al principió Urquiza resolvió eludir la lucha, y en tal sen- 
t'do se dirigió al país. 

"Pueblos confederados — decía en su proclama de octubre 
— yo habría podido en vuestro nombre y con el poder que me 
habéis dado, someter a los díscolos y hacer cesar inmediatamen- 
te el escándalo que dan a la Nación y al mundo entero. Pero he 
preferido sujetarlos a vuestro juicio y entregarlos al fallo que 
sobre ellos pronunciéis... Argentinos: os he ofrecido no omi- 
tir esfuerzos, ni perdonar sacrificios por mi parte hasta ver or- 
ganizada y constituida la Nación. . . Paz y unión fraternal en- 
tre todos los argentinos, ha sido y es el lema de mi bandera, 
el resumen de mi programa y el objeto de mis ardientes votos". 

Pero al finalizar el año 1852 estalló la guerra, una guerra 
llena de alternativas y de honda repercusión en nuestro agitado 
ambiente político, circunstancia que indujo al Presidente Giró 
a ofrecer su mediación a los dos contendientes. 

La República Oriental, — decía en su nota, — "goza de los 
beneficios de la paz pública, después de largos años de guerra, 
y deplora que ésta se haya encendido entre hermanos". 

Urquiza aceptó la mediación; pero el gobierno de Buenos Ai- 
res no la tomó en cuenta. 

Después de ocho meses de lucha el ejército de Urquiza se 
retiró a Entre Ríos, justamente en los momentos en que el mo- 
tín del 18 de julio hacía tambalear al gobierno de Giró. 



Glorificación de la obra de Artigas. 

No cerraremos este paréntesis relativo a los acontecimientos 
políticos dt Ir Argentina, sin destacar un hecho de alta signi- 
ficación del punto de vista artiguista. 

Al reinstalarse don Bartolomé Mitre en Buenos Aires después 
de una larga actuación dentro de los muros de Montevideo, re- 
solvió fundar un diario destinado a servir de baluarte contra 
Urquiza. Este diario, llamado "Los Debates", apareció en abril 
de 1852, y véase lo que decía su ilustre fundador y redactor al 
señalar los rumbos del nuevo órgano de publicidad en uu articu- 
lo titulado "Profesión de fe": 

7-IV 



98 HISTORIA DEL URUGUAY 



"Todas las cuestiones de organización nacional serán consi- 
deradas del punto de vista del derecho público federativo. 
El. federalismo es la base natural de la organización del país. 
Todos los antecedentes constitucionales del pais son federales. 
Todas las caestiones económicas, tales como la navegación de 
los ríos, sistemas de Aduana, percepción de las rentas, etc., no 
son otra cosa que cuestiones federales que deben resolverse por 
el mismo sistema qué las ha hecho surgir. Todos los tratados in- 
terprovinciales han sido hechos sobre la base del pacto federal. 
La voluntad de la mayoría se ha pronunciado a favor de ese 
sistema. La organización federativa es no sólo la única posible, 
sino que también la más racional; la que se apoya en la tra- 
dición administrativa y revolucionaria; la que satisface a todas 
las exigencias, concilla todos los intereses; la que tuvo por 
apóstol al célebre Moreno en 1810 y la que reúne en su apoyo el 
ejemplo de la primera república del Orbe". 

No era esa, ciertamente, la tradición de Mayo, sino la tradi- 
ción de Artigas. Los proceres de Mayo tendían al centralismo 
absoluto, a la dictadura de la oligarquía porteña contra Arti- 
gas que trataba de implantar en el Río de la Plata el régimen 
norteamericano, con gobiernos provinciales autónomos, provistos 
de sus tres poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, y un go- 
tierno federal provisto de iguales resortes para el manejo de 
les 'intereses de todas las provincias, programa grandioso cas- 
tigado con un decreto de expulsión por el Congreso Constitu- 
yente de 1813, y al que el Jefe de los Orienitales permaneció 
absolutamente fiel en todas y cada una de las etapas de esa lu- 
cha gigantesca que se extiende hasta el año 1820 y que al fin 
tuvo que cerrar con su expatriación definitiva al Paraguay, 
firme en la resolución de no aceptar transacciones en materia 
de principios institucionales. 

El nombre de Mariano Moreno, escrito por un error que ya 
hemos rectificado en el primer vomo de esta obra, podría y 
•üebería, en conseicu encía, ser susMtuído por el de Artigas en 
homenaje a la verdad histórica y como glorificación efectiva de 
'aK famosas Instrucciones que él dictó en 1813 frente a los mu- 
ros de Montevideo. 



CAPITULO II 
Movimiento económico 

Jja población después de la GueiTa Grande. 

Un año desjpués de la terminación de la Guerra Grande, a fines 
de 1852, decretó el Gobierno el levantamiento del censo de la 
República. 

Esa operación arrojó un total de 131,9 69 "habitantes, distri- 
buidos en la forma que sigue: 

Montevideo 33,9 94 

Canelones 17,817 

San José 13,114 

Colonia 7,9 71 

Durazno 5,591 

Soriano 9,031 

Pay&andú 6,247 

Sa,lto 7,3 64 

Tacuarembó 6,567 

ICerro Largo 6,451 

Maldonado 9,733 

Mináis 8,0 8 9 

Se debió luchar con grandes diificultades al descomponer las 
c'ufras. El hedho es que las clasiñcacionies por nacionalidad, es- 
rado civil, edad, sexo, etc., quedaron muy lejos del total de la 
población. Ninguna de ellas alcanzó a redondear la cifra d^ cien 
mil 'habitantes, sin duda por efecto die omisiones imputables a 
los encargaidos de la recolección de los datos. He aquí algunas 
de esas claisificaciones incompletas: 

Nacionalidad : 

Orientales 67,568 

lEtxtranijeroai 28,586 



100 



HISTORIA DEL URUGUAY 



Estado civil: 



Raza: 



Casados 22,915 

Solteros 69,574 

Viudos 5,104 



Blancos 84,525 

Negros 6,,5i37l 

Mulatos 5,031 



Estado sanitario: 



Sanos . . 
Bníermas 



92,620 
1,318 



Distribución por edades: 



Hombres 
hasta 59 años 



Mujeres 
hasta 59 años 



Niños 
hasta 14 años 



Personas de 60 
años arriba 



Montevideo . 


12,308 


10,367 


10,294 


1,018 


Canelones . 




2,410 


2,694 


2,645 


345 


San José 






3,409 


6,017 


3,048 


640 


Colonia 






¡ 2,085 


2,414 


3,097 


375 


Durazno 






1,877 


1,352 


2,144 


218 


Soriano 






2,398 


2,393 


2,810 


580 


Pavsandú 






587 


856 


834 


111 


Salto . 






1,346 


1,306 


1,422 


18 


Tacuarembó 




304 


248 


328 


24 


Cerro Larg-o 




1,999 


1,393 


2,879 


180 


Maldouado 




705 


1,179 


1,256 


231 


Minas . 




519 


760 


925 


178 




29,947 


30,979 


31,682 


3,918 



La comtparación de la cifra global de 18 52 con las de los cen- 
sos, padrones y oálculos que hemos reproducido en los anteriores 
volúmenes arroja el siguiente resultado en cifras redondas: 



GOBIERNO DE GJBO 



101 



ANOS 



Montevideo 



Población 
total de la República 



1829 


14,000 


74,000 


1835 


23,000 


128,000 


1840 


40,000 


200,000 


1843 


31,000 


— 


1852 


34,000 


132,000 



Está alhí de relieve la obra destructora de la Guerra Grande 
que empieza en 18 3 8 y termina en 18 51. Hasta 1842 fueron in- 
significantes sus efectos en razón de que la luclha no tenía por 
escenario ed territorio nacional, fuera del parémtesis de la inva- 
sión de Edhagüe. Pero des'de «1 momento en que Oribe cruza 
el Uruguay y establece el sitio de Monteiideo, empieza el rápido 
descenso de las cifras, por la cesación de la corriente inmigrato- 
ria, por la emigración de todos los que podían buscar asilo en 
los países limítrofes, y por las mortandades causadas por la gue- 
rra y las privaciones, hasta conircerse la población total de 
la República casi al nivel 'de 1835, y la de Mo^ntevideo al que 
existía eu la plaza odho meses después de plantado el sitio. 

Y adviértase que el censo de 1852 no 'fué levantado a raíz de 
la conclusión de la guerra, sino un año después, cuan'do ya ha- 
bía vuelto ccn la ayuda del gobierno de Giró buena parte de la 
población desbandada y se habían restablecido las corrientes in^ 
migratorias. 

Véase lo que decía, por ejemplo, don Quintín Correa, Jefe Po- 
lítico de Malido'uado, en febrero de 18'5i3, describiendo la situa- 
ción de su departamento antes y desipués de la paz: 

"Una tercera parte de estos habitantes se hallaba emigrada 
en el Brasil, y otra tercera parte dé los vecinos de campaña es- 
taba concentrada en los pueblos, después de tener abandonados 
por algunos años sus establecimientos, de manera que cuando 
\cil,vier3n a ellos no encontraron más que ruinas y algunos nt 
vestigios de sus antiguas poblaciones". Pero un año después de 
la paz quedaban repoblados en gran parte Maldona'do, San Car- 
los y Rocha y en tal forma que la siembra de las chacras alcan- 
zaba a 200,000 fanegas de trigo. 

En noviembre de 1851, un mes después de la cesación de la 
guerra, fué levantado el censo del Departamento del Salto por 
el Jefe Político coronel Manuel Lavalleja. Ya había empezado 



102 



IIT'ÍTORIA DEL URUGUAT 



el activo movimiento de repoblación. Pero véanse las cifras re- 
cogidas por el Jefe Político: 

Población de la ciudad y suburbios 1,977 

" " " campaña 3,000 

Total 4,977 



De los 1,977 habitantes de la ciudad del iSalto, 1,462 eran na- 
cionales y 515 extranjeros. Del punto de vista del color, eran 
blancos 1,831, negros 87 y mulatos 59. Y en cuanto a edades, 
lie aquí cómo se distribuían: 

Hombres hasta 59 años 641 

Mujeres ídem ídem 601 

• Niños de 14 años abajo 717 

Personas de 60 años arriba 18 

.Comparado este censo con el de 1852- aurojaba las siguientes 
diferencias: 





1851 


1852 


Aumento 


Habitantes nacionales en la ciudad. 
» extranjeros » » » . 
!. de la campaña. 


1,462 

515 

3,000 


1,647 
1,235 

4,482 


185 

720 

1,482 




4,977 


7,364 


2,387 

i 



' En el curso de un año, pues, la población había tenido un 
aumento de 2,387 habitantes y análogos crecimSentos habrían 
podido anotar los camlpiLa'dores del censo de 1852 si los Jefes 
Políticos ide los demás departamentos hubieran imitado el ejem- 
plo del coronel LaAralleja. 

Organización do la estadística. 



No podemos completar estos datos con los del movimiento 
vegetativo de la población. La estadística estaba por reorgani- 



COmKR.N'O UE CIKÓ 103 



zarse todavía. Apenas encontramos algunas citras aisladas o 
truncas relativas al año 1852: por ejemplo, que en las parro- 
quias de la Matriz, San Francisco, Carmen y San Agustín, de 
Montevideo, hubo 429 matrimonios y 2,123 nacimientos; y que 
en el casoo de la ciudad, no comprendidas las parroquias del 
Cordón y de la Aguada, hubo 969 defunciones (correspondiendo 
394 a niños menores de 7 años), cifra enorme, que el doctor. 
Martín de Moussy atribuía, según consta en otro volumen de 
esta obra, al cambio de régimen de vida que trajo la conclu- 
sión de la guerra, a los calores excesivos y a la acción devas- 
tadora de la langosta. 

La Mesa de Estadística quedó reorganizada a fines de 18 52 
mediante un decreto que obligaba a los curas párrocos a formar 
cuadros trimestrales de los bautizos, matrimonios y entierros; 
a los administradores de hospitales un estado de altas y bajas, 
con especificación de enfermedades; a los médicos, una relación 
semestral de enfermos, con detalles acerca de clase de enfer- 
medades y resultados obtenidos; a los Jueces de Paz, una rela- 
ción de las defunciones y crímenes de su sección; a los Juzga- 
dos y Tribunales, una relación de las causas en trámite; a loa 
Jefes Políticos, una memoria de los sucesos de sus departamen- 
tos y datos sobre las industrias. 

Pero este decreto quedó en susipenso por efecto de los graves 
sucesos políticos que se desarrollaron a mediados del año si- 
guiente. 

Ij'a corriente inmigratoria. 

En el curso del año 1852 llegaron al puerto de Montevideo 
3,056 inmigrantes, según las publicaciones oficiales del Minis- 
terio de Gobierno. 1,471 de ellos procedían de Italia, según los 
cuadros complementarios de la prensa de la época. 

La corriente se acentuó con eaergía en 1853. En un solo día 
de enero llegaron de Europa 363 inmigrantes con destino al Río 
;le la Plata, de los que sólo 60 siguieron viaje para Buenos Ai- 
res. En febrero,' el número de inmigrantes subió a 840. En mar- 
zo declinó a 344. En abril volvió a subir el nivel, como que la 
Sociedad Protectora de Inmigrantes tuvo que alojar o simple- 
mente atender a 828 pasajeros llegados de distintos países euro- 
peos. En mayo la entrada fué muoho mayor y ante el halaga 



104 HISTORIA DEL URUGUAY 



del aumento empezó a dedicarse más atención a la estadística 
portuaria, resultando de los datos dados a la publicidad, que 
durante dicho mes entraron al puerto de Montevideo 2,049 pa- 
sajeros y salieron 277, quedando un saldo favorable de 1,772. 
En las entradas figuraban 75 pasajeros de puertos orientales y 
544 de puertos argentinos, destacándose asi las procedencias 
europeas y brasileñas: 

Bayona •. 598 

Coruña 266 

Genova 219 

Burdeos 128 

Brasil 9 5 

Pero cuando la inmigración europea tomaba así cuerpo con- 
siderable restableciendo la corriente de brazos y capitales de la 
segunda administración Rivera, empezaron a nublarse los hori- 
zontes con los amagos de revolución y de nuevo las barcadas de 
hombres de trabajo volvieron a pasar de largo por Montevideo 
con rumbo a Buenos Aires. 

La Sodiedad Protectora de Inmigrantes de que hemos hablado, 
era una institución particular cuyo programa abarcaba la pro- 
paganda en Europa, el alojamiento y manutención de los in- 
migí'antes que desembarcaran en Montevideo, y las gestiones 
para la colocación de los mismos en las distintas esferas de la 
producción nacional. Fué fundada a fines de 1852 por don 
Juan Ramón Gómez y desde el primer momento funcionó bajo 
la presidencia del doctor Juan Caries Gómez. Durante los bre- 
ves meses que los acontecimientos políticos dieron ambiente a 
la realización de su amplio programa, reunió 400^ socios sus- 
critores, cobró por concepto de ciotas mensuales 4,150 pesos, 
alojó y dio manutención a 500 personas y proporcionó coloca- 
ción a un número mucho mayor de inmigrantes que iban direc- 
tamente de los muelles a las casis o establecimientos que te- 
nían necesidad de sus servicios. 

K-stíniulos a la i luni}" ración y colonización. 

Sobre la base de un proyecto preientado por el doctor Jaime 
Estrázulas, la Asamblea acordó en 1853 los siguientes estímu- 
los a la inmigración: absoluta exención de derechos portuarios 



GOBIERNO UK GIRÓ 105 



por el término de ocho años a los biuiues destinados exclusivamente 
al transporte de familias de agricultores; exención de derechos 
aduaneros por el mismo plazo a ͣvor de las semillas, herra- 
mientas, edificios de madera o de hierro y materiales destina- 
dos a su construcción, con destino al establecimiento de colo- 
nias agrícolas compuestas de diez familias por lo menos; exen- 
ción por cuatro años de toda contribución personal que lle- 
gara a establecerse. Autorizaba asimismo la ley al Poder Ejecu- 
tivo para contratar un empréstito de 10.000,000 de pesos fuer- 
íes, a la par, de 6 % de interés, con destino a la colonización 
de 500,000 cuadras de tierras públicas o particulares. 

El programa de colonización a Que respondía esa ley había 
sido propuesto por varios capitalistas y empresarios extranjeros 
representados por el comerciante de esta plaza don Fernando 
Menck, quien luego de sancionada la ley se embarcó para Eu- 
ropa, muy ajeno al derrumbe, que ya estaba en plena incuba- 
ción, del gobierno de Giró. 

No inclinaba sin embargo el criterio de la época a extremar 
la colaboración oficial. "Todos estamos de acuerdo ^ decía "La 
Constitución", — en que debe fomentarse el aumento de la po- 
blación. ¿Pero de qué manera? El Gobierno sólo debe remover 
obstáculos, asegurar el orden y las garantías para las personas 
y las propiedades, dejando lo derhás a los extranjeros ya vin- 
culados al país, cuyas cartas a los parientes y amigos surten 
más efecto que las palabras de los empresarios de colonización 
y de los Cónsules". 

Nuestra policía marítima vigilaba a la vez al inmigrante. Un 
reglamento del año 1835 imponía y los capitanes de buques y 
a los pasajeros la obligación de traer sus papeles y pasaportes 
Jegalizados por los Cónsules orientales. El gobierno de Giró 
resolvió castigar con una multa de dos patacones a los infracto- 
res, multa que fué objeto de críticas severas en la prensa, por 
juzgarse que excedía de las facultades administradoras del Poder 
Ejecutivo y que constituía una traba a la inmigración. 

Durante el interinato a que dio lugar la jira presidencial de 
fines de 1852 y principios de 1853, el Presidente en ejercicio 
don Bernardo P. Berro nombró una comisión popular con "el 
encargo de proponer al Gobierno cuanto estimase conveniente 
respecto de inmigración y colonización, y abrir dictamen sobre 
las cuestiones que fueran sometidas a su consideración". Y ape- 
nas instalada la comisión sometió el Presidente Berro a su es- 
tudio el siguiente cuestionario: 



106 HISTORIA DEL URUGUAY 



1.0 ¿Debe colonizarse concentrando a los colonos en pueblos o 
diseminándolos en distritos agrícolas? Ventajas e inconvenien- 
tes de uno y otro sistemas. 

2.0 ¿La colonización puede quedar abandonada a los colonos 
u sometida a una empresa? 

3.0 Hay que conceder franquicias a las empresas colonizado- 
vas. ¿Pero hasta qué límites? 

4.0 Modos de distribuir la tierra: por arrendamiento, por do- 
nación, por venta. ¿Cuál es el mejor? 

5." La Constitución, consagra la libertad de cultos; pero ¿de- 
bemos prescindir de las creencias del inmigrante o conviene te- 
nerlas en cuenta? 

En el período próspero que antecedió a la Guerra Grande y 
tn el que siguió a la paz de 18 51, ihabían ocurrido desinteli- 
gí^nciajs y conflictos entre em|presarlos y colonos que la Asam- 
blea creyó necesario prevenir en 1853, me/diamte una ley cuyas 
prescripciones principales pueden s'ntetizarac asi: 

Corresiponde a los Jueces de Paz el conocimiento y resolución 
de todas las cuestiones sobre inteligencia y cumplimiento de 
los contratos entre los colonos o inmigrantes y las personas que 
ban pagado sus pasajes o adquirido derecho a sus servicios. De 
las sentencias de los Jueces de Paz sólo habrá recurso para ante 
el superior inmediato, quien conocerá en método verbal y sin 
apelación. Los colonos que no cumplan sus contratos, serán com- 
pelidos con multas desde 10 hasta 100 pesos, o en su defecto 
prisión desde diez días hasta tres meses, en proporción al 
tiempo que falte para llenar los contratos. Los colonos podrán 
dejar el senvicio de los patrones pagando la cantidad que les 
adeudan y un monto igual a esa cantidad por concepto de in- 
demnización de perjuicios. En el caso de que los colonos reci- 
ban mal tratamiento, podrán ser autorizados por los Jueces pa- 
ra pasar al servicio de otros patrones que re&pondan a los pri- 
meros de lo que falte para cubrir sus anticipaciones. 

El doctor Eduardo Acevedo, autor de esta ley, justificaba así 
su necesidad en la Cámara de Diputados: 

Una de las exigencias más imperiosas de este país es el au- 
mento de lia poiblación, y aunque yo entiendo que la auto- 
ridad no debe hacer nada directamente, cree que está obli- 
gada a remoiver los obstáculos con que lucha la corríente inmi- 
Eratoria. Unib de estos obstáiculos es la falta de medios para 
compeler a 'los colonos al cumplimiento de los compromisos con- 



GOBIKRNO DE GIRO 



107 



traídos. Hombres que en Europa a duras penas consiguen ga- 
nar 3 o cuatro pesos mensuales, reciben, la propuesta de venir 
üiediante doce o catorce pesos, y la aceptan como muy ventajosa. 
Pero luego de llegar aquí encuentran quien les ofrece el dobl.- 
de lo que les marca el contrato y entonces abandonan sus com- 
promisos, sin que los patrones tengan medios eficaces para com- 
pp'erlos a su cumplimien'to, porque hay que seguir un pleito lar- 
go que generalmente termina con una sentencia ilusoria a cau- 
sa de la insolvencia del ejecutado. Debemos buscar seguridades 
análogas a las que existen en los Estados Unidos. La perspectiva 
del cumplimiento forzoso bastaría para que el colono no se al- 
zara contra su contrato. 

Era tan intenso el deseo de incorporar brazos a la producción 
nacional, que aún antes de la conclusión de la guerra se dio 
el caso de vecindarios de campaña que allegaran recursos para 
traer inmigrantes europeos. En 1849 resolvieron, por ejemplo, 
los vecinos de Gerro Largo fundar una colonia de 100 familias 
de labradores y en breves días quedaron suscritas 80 de las 100 
acciones necesarias para la realización del pensamiento. El agri- 
mensor Eguía hizo el trazado de la colonia y ya estaban com- 
binadas las bases para la contratación de agricultores europeos, 
cundo la paz de 1851 vino a crear otras necesidades mis urgen- 
tes, pero sin que se abandonara ese proyecto que continuó toda- 
vía sobre el tapete y que habría sido llevado a la práctica den- 
tro de un ambiente de mayor tranquilidad política que el de la 
administración Giró. 

La edificación. 

El censo de 1852 demostró la existencia de 16,858 viviendas 
clasificadas así: 



En el Departamento 
de Montevideo 



En toda la República 



Casas de azotea 

» con paredes de material 
Ranchos 



4.019 

524 

1,676 



6,219 



5,504 
2,898 
8,456 



16.858 



108 HISTORIA DEL fRUGLAV 



Apenas terminada la Guerra Grande empezó en toda la Re- 
pública un activo movimiento encaminado a la reinstalación de 
los hogares destruidos y a la explotación de las fuentes de ri- 
queza durante tan largo tiempo abandonadas. 

Como prueba de la situación angustiosa de las ciudades de 
campaña, a que era necesaTio poner remedio, bastará decir que 
el censo de la ciudad del Salto levantado a fines de 1851 por 
el coronel Lavalleja, concentraba la edificación de la ciudad y 
suburbios en estas cifras: 

Casas de azotea, 51; casas con paredes de material, 13 2; 
ranchos, 221. Total de cases: 4 04. 

Han transcurrido apenas catorce meses de la paz, escribía 
"Eí Comercio del Plata" al finalizar el año 1852, y lo que es 
-;; la capital de la República paa-ecen ya borrados le 3 signos 
de la guerra. 

"Diríase de Montevideo que es una raíz llena de vigorosa 
savia que no obstante los repetidos cortes de la hoz retoña con 
más vida luego que se la abandoi:a a su propio impulso... 
Borrando con edificios nuevos y con la pronta reedificación de 
\a mayor parte de los destruidos todas las señales q^ue esos 
extravíos dejaron... Levántanse por todas partes obras serias 
y valiosas; calles apenas trazadas vanse orillando de casas dis- 
minuyendo así el espacio vacío. La ciudad vieja, la ciudad 
nueva, el Cordón, la Aguada, los suburbios, dondequiera que se 
eche la vista, se nota la planta de una obra empezada, se ve 
ei arrimo de materiales o se oye el martillo que labra las can- 
teras para proveer de piedra a los nuevos edificios". 

Había ambiente también para los grandes edificios públicos. 
Desde mediados de 1852 se inició con éxito un movimiento de 
suscripción de acciones para construir locales amplios con des- 
tino a la Bolsa de Comercio, al Casino y al Baile Montevideano, 
y los generosos anhelos de esas distintas empresas se habrían 
'-ealizado si los factores políticos no hubieran empujado de 
nuevo ail país por la pendiente de su ruina. 

El espíiitu (le asociación. 

Al haber de esa misma iniciativa particular que resurgía vigo- 
rosa desde los comienzos del gob'eino de Giró, hay que acre- 
f'itar una sociedad de socorros mutuos funda-da por el gremio 
de zapateros que alcanzó a tener 2C0 socios, con amplio serví- 



GOBIERNO DE GIRÓ 109 



Cío (le médicos, botica y asistencia h las familias, y un Club de 
Extranjeros cuyo programa estrecho excluía al elemento nacio- 
nal por efecto de prevenciones que ya no tenían razón de ser. 
"Una de las circunstancias que más han contribuido a pro- 
longar nuestras desgracias — decía "La Constitución" estimu- 
lando el movimiento — ^y a deteneruof, en el camino del progreso 

3 que estábamos destinados por la fertilidad de nuestro suelo, 
la salubridad de nuestro clima y la liberalidad de nuestras ins- 
tituciones, ba sido indudablemente la falta de espíritu de aso- 
ciación". . .Todo lo hemos estado aguardando de los gobiernos. . . 
riemos empezado a reaccionar, según lo revelan las empresas 
áe inmigración, puentes, caminos, muelles, aduana, y baile 
mensual, planteados en los últimos tiempos. Habría que crear 
ahora asociaciones para reformar la enseñanza, para reformar 
las cárceles y para reformaa' los hospitales. Convendría crear 
también una sociedad de beneficencia de señoras con ramificación 
en todos lo? departamentos para distribuir premios a la virtud 
y a! trabajo, organizar hospitales y fundar escuelas de niñas, 
siguiendo en parte el grande ejemplo dado por las señoras du- 
rante el sitio. 

Esta última idea dio origen al decreto de abril de 18 5 3 
creando la Sociedad de Damas de Caridad con atribuciones so- 
bre las escuelas de niñas, asilos de expósitos y hospitales de 
mujeres. 

Todavía la esclavitud. 

A despecho de todas las leyes contra la esclavitud dictadas 
por nuestras Asambleas antes y después de sancionada la Cons- 
titución de la Repiública, la venta de hombres autorizada y 
practicada por el Brasil continuaba realizándose dentro de nues- 
tras propis fronteras, bajo disfraces que obligaban incesante- 
mente al legislador a dictar nuevas y más eficaces medidas de 
represión. 

En 1853 empezó a generalizarse la introducción de esclavos 
al territorio •oriental bajo forma de contratos en que el ne- 
gro se obligaba a servir durante 24 años por el precio anual de 

4 7 % patacones. El producto de las 24 anualidades cons- 
tiluía el capital de 1,14 patacones repi'esentativo del valor co- 
rriente de un esclavo. Con el propósito de cortar ese abuso, el 
Senado sancionó un proyecto de ley por el que se decl.iraba sin 



lio HISTORIA DEL URUGUAY 



fuerza alguna "los contratos sobre servicios personales celebra- 
dos con personas de color fuera del territorio de la República". 
Los negros contratados debían quedar- bajo la protección del 
Defensor de Menores y no podrian ser retirados del territorio 
nacional sin su expreso y libre consentimiento ratificado ante 
el Alcalde Ordinario y Defensor de Menores, bajo pena de 500 
pesos de multa. Este proyecto no alcanzó a ser convertido en 
ley por efecto de los trastornos políticos que sobrevinieron. 

Otro abuso no menos grave se cometía con los menores de 
color a la sombra del patronato establecido por las propias le- 
yes dictadas contra la esclavitud. El patronato o tutela conce- 
c!;do a los antiguos amos había llegado a convertirse en un ar- 
tículo de comercio que restablecía la esclavitud durante la mi- 
noría de edad de la víctima. El Senado creyó combatir el ab- 
mediante una nueva reglamentación del patronato. Pero la Cá- 
mara de Diputados resolvió mostrarse más radical. La institu- 
ción del patronato emanaba del concepto de que el esclavo es- 
taba incapacitado para el ejercicio de la patria potestad. Abolida 
la esiclavltuld, era absurdo, sin embargo, que (prosiguiera ese ré- 
gimen que desconocía el derecho del padre sobre sus hijos. Votó, 
pues, la Cámara de Diputados un proyecto sustitutivo de acuer- 
do con esas ideas y su criterio fué también aceptado por el Se- 
nado, sancionándose así la ley de 1853 que hizo extensivas a 
los menores de color las disposiciones generales sobre menores. 

Otra ley se apresuró a dictar la Asamblea en el curso del mis- 
mo año, por la que se declaraba piratería el tráfico de esclavos. 
El gobierno de Giró al recabar la sanción de esa ley, decía en 
su mensaje: "Aunque la República no tiene esclavos en su te- 
rritorio, este hecho magno de sus instituciones no ha recibido 
aún su cumplimiento". Pero era el espectáculo del tráfico de 
esxílavos en la frontera lo que real y positivamente movía al 
l'oder Ejecutivo en su campaña humanitaria, aun a riesgo de 
embravecer al Brasil y de aumentar la herida abierta por el de- 
bate de los tratados de 1851, inclinando a los voraces estadis- 
tas del Imiperio a reanimar la boguera de la guerra civil entre 
los partidos orientales. 

Intereses comerciales. Cifras del censo de 1852. 

Hay carencia absoluta de cifras oficiales acerca del comercio 
exterior durante la presidencia de Giró. Pero de la importancia 



r.üi5ii;KN0 Di; oiuó 111 



¿c] impulso inicial da idea una ley de julio de 185 2 autorizando 
al Poder Ejecutivo para contratar con don Hipólito Doinnel una 
gran aduana, con muelles, ramblas y calles de acceso, de costo 
máximo de 600,000 pesos. La propuesta aceiptada fijaba como 
asiento de la obra 8,000 varas de terrenos del empresario y 
n.OOO que se ganarían al mar en la zona llamada "Baño de los 
Padi-es", adaptándose como modelo el plano de la mejor aduana 
francesa. El Estado no quedaba obligado a desembolsar sumí 
alguna, aun cuando podría hacer anticipos cada vez que la situa- 
ción del Tesoro lo permitiera. Los 600,000 pesos se cubrirían 
con el producto de los derechos de almacenaje y eslingaje de los 
edificios y muelles proyectados. 

El censo de 1852 demostró la existencia en toda la P.epúbilca 
de 114 casas de comercio mayoristas y 1,769 minoristas, entran- 
do en esas cifras el Departamento de Montevideo ron 73 de las 
primeras y 79 4 de las segundas. 

He aquí algunas de sus cifras más importantes: 

Boticas 40 

Cafés 87 

Confiterías 51 

Carpinterías 231 

Pondas 94 

Herrerías 108 

Hornos 104 

Hojalaterías 35 

Jabonerías 21 

Panaderías 54 

Platerías 50 

Quintas de verdura . . . . 400 

Saladeros y mataderos ... 57 • 

Sastrerías 85 

Sombrererías 32 

Velerías 12 

Zapaterías 193 

iSegún la estadística levantada a fines de 18 51 por el Jefe Po- 
lítico del Salto coronel Manuel Lavalleja, la ciudad de ese nom- 
Tn-e y sus suburbios tenían en aquellos momentos 8 casas ma- 
yoristas y 53 minoristas, y los diversos e.stablecimientns que 
subsiguen: 5 saladeros, 5 panaderías, 10 caiipinterías, 3 herre- 
rías, 3 sastrerías, 3 jabonerías, 3 cafés, 3 confiterías, 1 botica. 



112 HISTORIA DEL URUGUAY 



1 sombrerería, 2 velerías, 5 zapaterías, 4 fondas, 3 hojalate- 
rías, 2 platerías, 2, quintas de verdura y 10 hornos de ladrillo. 

Xúniero (le patentables. 

La Administración de Paped Seltedo y Patentes publicó a me- 
diados de 18 53 un cuadro del que resultaba que se ha- 
bían expedido a los comerciantes e industriales de Montevideo 
2,202 patentes des'tribuídas en la forma que sigue: 

Para la ciudad d,e Montevideo 1,505 

Para el resto del departamento 491 

Para varios puntos de la campaña 206 

De las patentes expedidas-, 1,724 corresipondían a extranjeros y 
478 a nacionales. 

lEra un númeí'o pequeño. Pero recién empezaba el trabajo de 
reconstrucción en medio de los escombros amontonados por la 
guerra. Que los comienzos eran ausipiciosos lo demuestra la fuer- 
te tentativa a favor de las organizaciones gremiales de que he- 
mos hablado anteriormente. 



Eí servicio doméstico en 1833. 

La Policía de Montevideo llevaba un registro del servicio do- 
méstico, del que extraemos los siguientes datos relativos al mes 
de mayo de 1853: 

Sirvientes blancos 63 

de color 315 

Lavanderas blancas 197 i 

de color 721 

Cocineros blancos 107 

de color 455 

Amas de leche blancas 3 8 

" de color 5 6 

Costu'-eras 32 

Planchadoras 4 7 

2,031 



GOBIEEXO ÜE GIRÓ 113 



Gestiones coiuoi-ciales. 

Cox LA Argentina. 

Un decreto de Rosas correspondiente al año 1836, de que he- 
mos hablado al ocuparnos de la administración Oribe, castigaba 
con el 25 '/c el comercio de la Argentina con Europa por inter- 
medio del puerto de Montevideo. Para escapar a ese considera- 
])le recargo, los buques d,e ultramar tenían que seguir a Buenos 
Aires a despecho de las facilidades portuarias de Montevideo y 
de las ventajas del depósito en almacenes fiscales que teníamos 
nosotros y de que carecían los argentinos. 

Desíde los iprimeros días del gobierno de Giró empezó un ac- 
tivo movimiento a favor de la derogación de esa medida que 
Rosas había dictado con el propósito claro y manifiesto de arrui- 
nar el comercio de Montevideo o por lo menos de aniquilar su 
gran corriente de tránsito. Un grupo de comerciantes de Bue- 
nos Aires adhirió a los trabajos mediante una representación 
al Gobierno Argentino en que se invocaba la armonía de inte- 
resies comerciales a uno y otro lado del Plata. 

"Hoy más que nunca — agregaba la representación — causa 
graves perjuicios a esta plaza el superior decreto en cuestión, 
careciendo nosotros de una aduana de depósito y conteniendo 
Montevideo una grande y variada cantidad de manufacturas ex- 
tranjeras que hacen gran falta en nuestro mercado...". 

Hizo concebir muchas esperanzas el resultado inmediato de 
las gestiones iniciadas, y en presencia de ello salieron de nues- 
tro puerto varias expediciones para reanudar la interrumpida 
corriente de tránsito. Pero los barcos tuvi,eron que regresar o 
que liquidar las mercaderías con pérdida, iporque el decreto se 
mantuvo en vigencia. 

Expresando agravios, decía en mayo de 1852 la cancillería 
oriental a la argentina, que el decreto de 1836 colocaba al co- 
mercio de Montevideo en condiciones de inferioridad respecto 
del Brasil que estaba exento del 2 5 9c. Y agregaba que tal re- 
cargo acababa de ser agraívado por un nuevo decreto del Go- 
bierno nacional según el cual todas lais mercaderías reembar- 
cadas en Buenos Aires para cabos adentro debían ir en buques 
con bandera argentina, exclusivismo inexplicable frente a la 
absoluta igualdad de las dos bainderas decretada por la Repú- 
blica Oriental. 
8 -IV 



114 HISTORIA OÍX. TJEUGUAY 



Adviértase efectivamente que por decreto de marzo de 1852, 
uno de los primeros del gobierno de Giró, los buques de la ma- 
trícula de Buenos Aires habían quedado asimilados a los orien- 
tales, en la forma ya acordada a la Provincia de Entre Ríos 
cuando se preparaba la alianza contra Rosas. Y adviértase tam- 
bién que el gobierno de Buenos Aires había contestado en el 
acto asimilando por vía de reciprocidad los buques de cabotaje 
oriental a los de la provincia que regía. 

La cancillería argentina pasó el asunto a estudio del gobierno 
provincial de Buenos Aires, el cual reconoció ia justicia del re- 
clamo, pero con el agregado de que antes de atenderlo era nece- 
sario que la Aduana organizara almacenes de depósito como los 
de Montevideo. "Favorecida aquella plaza — decía — por su 
situación y su puerto, se establecería en ella el emporio comer- 
cial del Plata si se derogara ese recargo del 2 5 Cr que es como 
el contrapeso que restablece la igualdad entre ambas aduanas". 

En agosto, finalmente, quedó derogado el recargo del 25 %, 
mediante un decreto del gobierno de Urquiza cuyo preámbulo 
decía así : 

"Considerando que el decreto de 4 de marzo de 18 3 6 que es- 
tableció un recargo de la cuarta parte más sobre los efectos de 
ultramar que se introdujeran a la provincia por trasbordo o 
reembarco de cabos adentro, tuvo por objeto establecer un justo 
equilibrio entre la Aduana de Buenos Aires y !a de la Repú- 
blica Oriental, pues que sin este recargo nuestra plaza habría! 
quedado en una positiva dependencia de la de aquella República 
por las franquicias que su ley de Aduana concede y que la ¡nues- 
tra negaba a los introductores, y habiendo desaparecido estosr 
motivos desde que el decreto del 2 6 del corriente ha permitido 
el depósito de mercaderías en la Aduana de Buenos Aires...". 

En cuanto a la reciprocidad de bandieras para el comercio de 
cabotaje, ni una sola palabra mereció a la caoicilleria argentina 
c-1 decisiv.3 argumento del Gobierno Orien'tal y, en consecuencia, 
quedó subsistente el privilegio local como medio de seguir obs- 
taculizando la corriente de tránsito por vía uruguaya. 

Cox EL Brasil. 

La Cámara "municipal de Río Grande inició a mediados de 1853 
gestiones para que el Gobierno Imperial pusiera sus tarifas de 
aluana al nivel de las tarifas orientales. Justificando su pedido 

decía: 



GOBIEENO DE GIBÓ 115 



La Provincia de Río Grande exporta por la frontera con des- 
tino al territorio oriental yerba mate, cal, tamangos, corretag, 
madera, aguardiente, monturas, tablazión y cereales ; y recibe 
en cambio del territorio oriental carne salada, cueros, grasa, sebo, 
ganados y asi'mismo articulios de procedencia eurapéa descaí'- 
gados en el puerto de Montevideo. Esos artículos se contraban- 
dean enormemente. La peque&a villa oriental conocida cotí el 
nombre de Arredondo, podría ser bautizada con la denominación 
de Aduana de la Provincia de Río Grande, de tal manera acuden 
a ella, para organizar sus surtidos, nuestros coimerciantes y nues- 
tras familias. ¿Poi' qué razón? Per las diferencias de precios a 
que dan origen las tarifas aduaneras cuyo margen alcanza en 
ciertos casois al 100 %. Pafa combatir el contrabando habría, 
pues — concluía la Cámara municipal — que uniformar las ta- 
rifas brasileñas a las orientales. 

Es sensible que ni la Aduana de allá ni la de acá, publicaran 
estadísticas en esa épooa. 

Cox Italia. 

El Senado devolvió al Poder Ejecutivo en 1S5 3 un tratado 
de comercio y navegación celebrado con el Rey de Cerdeña, cuyas 
defectos señalaba así marcando nuevas normas a nuestra can- 
cillería: 

Acuerda al reino de Cerd'eña el tratamiento de la nación más 
tavoreciida, atándonos las manos para conceder béneñcios especia- 
les a España y a los países sudamerieanois, a cambio de otras 
ventaj'als mercantiles o políticas dignas de compensarse en esa 
forma. Acuea'-da a los subditos sardos todas las garantías que 
establece la Constitución, pero sin prever el caso de que ellos 
tomen parte en las cuestiones loc&ilieis, armándose e interviniendo 
tn los comidos con las reisponsabilidades consiguientes. Y acuerda 
indemnización a los subditos sardos en oaso' de secuestro o de- 
terción de buques, sin dejar a salvo, como sería necesario, las 
medidas represivas del contrabando. 

JloWniiento de buques en el puerto de Monte^ádeo. 

En 18 52 entraron en el puerto de Montevideo 1,724 buques, 
procedentes: 



116 HISTORIA DEL URUGUAY 



De ultramar 620 

Da cabotaje 1,104 

La Aduana expidió en el mismo año 13,980 permisos así cla- 
sificados: 

Desoarg-a 5,941 

Trasbordo 1,325 

Reembarco 4,585 

Embanque 2,129 

Tomando al azar un día cualquiera de los comienzos de 18 5 3, 
cuan'do el movimiento portuario se babía noínmalázado entera- 
mente, el 25 de enero por ejemiplo, encontraríamos fondeados 
en el puerto de Monüeivideo 104 buxiues m'ercantes de ultramar 
por razón de operaciones die carga cj descarga. 

Lajs estadísticas de un día determinado del año que hemos re- 
producido en los "voLúmenes anteriores, arrojan 106 buques de 
ultramar en plena guerra civil y 151 después de la paz durante 
el año 1838; 191 buques en 1840; 122 en 1842. Y las estadísti- 
cas recapituliativas del año completo, arrojan 512 buques para 
1S39, y sucelsivatm'ente 700, 789 y 824 para 1840, 1841 y 1842. 

iSeñalaba, pues, descenso el mO'Vimiento de ultramar con re- 
lación a los períodos próst)eros anteriores al sitio grande. 

Obi'as portuarias iiialogi'atlas por efecto de la guerra. 

'La dársena empezada a construir bajo el gobierno de Oribe 
por iniciativa de una empresa particular, cuya base financiera 
estribaba en un derecho a cargo de los buques que utilizaran 
la -obra, quedó detenida por la revolución de Rivera primero y 
por la Guerra Grande desjpués; y el Directorio reunió a los 
accionistas en 1853 para enterarlos del estado de la liquidación 
y hacer el reparto del activo. 

Establecía el Directorio en su Memoria que durante los apre- 
mios financieros subsiguientes a la interrupción de los traba- 
jes, el Gobierno había vendido feus acciones y una parte 
de los terrenos indispensables para la construcción de la dár- 
sena; que como consecuencia de eUo se había rescindido el con- 
venio y adquirido con destino a los accionistas 13,500 varas de 
tierra amurallada y 14,400 de plava. que al precio corriente 



(JOUIKK.XO Di; GIKÓ 117 



áe 10 pesos las primeras y 4 las segundas, representaban 193,000 
pesos; que computando el valor de los materiales de la draga 
y otros enseres, podía estimarse el activo de la sociedad en 
-97,000 pesos; y que como el capital social era simplemente 
df. 93,000 pesas, r'esultaiba fpara los accionista*, no obstante el 
fracaso de la obra, una ganancia líquida de más de 100,000 
pesos. 

La prensa insinuó la idea de qiu; el Gobierno nombrara una 
comisión encargada de restaurar la draga y proceder de inme- 
diato a la limpieza del puerto. Pero el ambiente político estaba 
ya muy agitado y nada se hizo en definitiva. 

Controversias sobre jui'isdicfdón fluvial. 

A mediados de 18 52 el gobierno de Urquiza dictó un de- 
creto que abría a la marina mercante extranjera la navegación 
de los ríos Uruguay y Paraná, y establecía a la vez en la isla 
de Martín García una aduana de registro, bajo severas regla- 
mentaciones encaminadas a dificultar el contrabando. Todo bu- 
que procedente del extranjero que se dirigiera a '.os puertos ar- 
gentinos del Uruguajy y Paraná o al Paraiguay, debería entrar 
por el canal de Martín García, bajo pena de confiscación del 
barco y de su carga Todo buque que pasara por Martín García 
quedaba obligado a fondear en el puerto de la isla, a efecto de 
ser visitado y gestionar permiso para pasar al puerto de su des- 
Tino. La aduana de Martín García estaba autorizada para co- 
brar a cada buique que subiera un deretího de visita de 4 pesos 
fuertes y otro de 6 a 12 pesos por concepto de pase. 

Casi en los mismos momentos el gobierno de Urquiza sus- 
cribía un tratado con Francia, qu2 establecía la libre navega- 
ción del Uruguay y del Paraná; que reservaba al Gobierno 
Oriental el derecho de hacerse parte en el tratado; y que agre- 
gaba ''las altas partes contratantes reconociendo que la isla de 
Martín García puede por su posición embarazar o impedir la 
libre navegación de los confluentes del Río de la Plata, con- 
vienen en emplear su influjo para que la posesión de dicha 
isla no sea retenida ni conservada por ningún Estado del Río 
de la Plata o de sus confluentes que no hubiera dado su adhe- 
sión al principio de su libre navegación". 

Mucha polvareda levantó el inusitado decreto de Urquiza. El 
gobierno de Giró despachó en el ?.cto una misión diplomática 



118 HISTORIA DEL L'RUGUAY 



a cargo de don José Brito del Pino, para obtener la derogación 
de esa medida que respondía a exigencias de la guerra entre el 
Gobierno de la Confederación y el de- la Provincia de Buenos 
Aires, más que a un plan de absorción verdaderamente inex- 
plicable en aquellos momentos. 

Mientras el general Brito del Pino iniciaba sus gestiones y 
con el propósito de precipitar su desenlace sin duda alguna, el 
gobierno de Giró dictó un reglamento en virtud del cual todo 
buque que marchara a puertos orientales debía entregar una 
copia de su manifiesto a la Receptoría General de Higuerita5. 
Esta vez reclamó la cancillería argentina. Perj contestó el Go- 
bierno Oriental que su derecho era indiscutible como condómino 
en las aguas. Y los dos reclamos, el argentino y el oriental, que- 
• daron para ser solucionados a la vez. 

No era por razones de exclusivismo local que así procedía el 
gobierno de Giró, sino por principios de judisdicción y sobera- 
in'a territorial según lo demuestra el proyecto que presentó a la 
Asamblea en junio de 1853, en la víspera de la revolución, 
"abriendo a los buques y comercio de todas las naciones", los 
puertos habilitados del río Uruguay. 

"La República Oriental^ — decía el Gobierno en su mensaje — 
desde los primeros días de su emancipación concibió el designio 
de ^brir sus puertos a todas las barderas, como ha franqueado 
su territorio a todas las naciones." Pero las luchas intestinas, 
agregaba, han venido aplazando osa iniciativa que hoy mismo 
tiene que ser incompleta por impsdir todo acuerdo acerca del 
rio Uruiguaiy el estado de guerra civil en que se halla la Re- 
pública Argentina. 

La ley de junio del año siguiente, debida a esa misma co- 
rriente de ideas liberales, fué todavía imás lejos al declarar 
comip declaró "abiertos a los buiques y comercio de todas las 
naciones los ríos navegables de todií la República". 

El debate se extiende a Martín Gai-cía. 

No se limitó el gobierao de Urquiza al establecimiento de 
una aduana de registro en Martín García. Recabó a la vez del 
Gobierno de la Provincia de Buenos Aires la cesión de la isla, 
"a fin de proiveer ipor este medio — decía — a .la seguridad de 
!cis ríos interiores y a la conservación del territorio e intereses 
fiscales de la República ... La calidad de territorio nacional que 



GOBIEENO DE GIRÓ ^ — 119 



tiene este punto lo pone también... bajo la vigilancia e inme- 
diata inspección y resguardo del director provisorio". 

Por distintas circunstancias, pues, volvía a figurar en la or- 
den del día el tema de la jurisdicción de la isla. 

"La Constitución" se ocupó de inmediato del histórico pleito. 

El Gobierno Argentino — decía — alega la posesión; el Orien- 
tal que la isla esitá em. su territoirio. Como todavía no ha llega- 
do la oportunidad de celebrar el tratado definitivo de paz que 
ha de determinar los límites del nuevo Estado de acuerdo con 
¡a convención de 1828, la posesión argentina no puede servir 
de título de prescripción. El tratado de comercio y navegación 
entre el Brasil y el Uruguay de octubre de 18 51, cuya acepta- 
ción por la convención del 1'5 de mayo de 18 52 ha garantizado 
el propio general Urquiza, establece una fórmula encaminada 
a orillar las dificultades mientras no se resuelva la cuestión de 
f-ndo. Es esta: ambas partes contratantes resuelven oponerse 
a que la soberanía de la isla deje de pertenecer a uno de los 
Estados ribereños y solicitarán de aquel a quien pertenece o 
venga a perteimecer "que se rbligue a no servirse de ella para 
embarazar la libre navegación de los otros ribereños y a consen- 
tir en su neutralidad en tiempo de guerra". 

Y agregaba en otro artículo, examinando el nuevo conflicto 
aduanero que a todos preocupaba: 

"Pendiente todavía la cuestión relativa al do-minio de Martín 
García, ha dictado el Gobierno Argentino un decreto que re- 
glamenta la navegación del Uruguay e impone condiciones y 
gabelas que se pretende aplicar a la Repiiblica Oriental. A 
nadie se le ha ocurrido negar que el río Uruguay pertenece en 
común a los dos países a quienes sirve de límite. Ni el mismo 
Rosas lo desconoció jamás, habiendo al contrario numerosos do- 
cumentos suyos en que reconoce la comunidad". 

Don Mateo Magariños, reidactor del "Diario Nacional", publi- 
có también un artículo sosteniendo los derechos orientales so- 
bre Martín García, que dio mérito a una réplica de "El Pro- 
greso" de Buenos Aires, en la que se condensaban así los argu- 
mentos a favor de la Argentina: 

Martín García ha estado desde el coloniaje bajo la dependen- 
cia de Buenos Aires... Al pactarse la independencia oriental 
en 1828, se habló únicamente de la provincia de Montevideo o 
Cisplatina. . . En el acta de incorporación de julio de 1821 de 
la Provincia Cisplatina, se fijó como límite el Río de la Plata y 



120 HISTORIA DEL URUGUAY 



el río Ul•uguaJ^ sin incluirse la isla... La primera vez que fla- 
meó en la isla la bandera oriental fué en 18 3 8, cuando la es- 
cuadra francesa bloqueadora se apoderó de ella ... El general 
Lavadle al emprender su campaña de 18 39 enarboló allí la 
bandera argentina . . . Reanudadas las ■hostilidades de Francia, 
los orientales tomaron posesión de la isla basta 18 51 en que el 
almirante francés la abandonó y ©1 Gobierno Argentino la ocu- 
pó... La mayor proximidad a la costa oriental no es un títu- 
lo... Aunque es verdad que el canal más hondo está del lado 
:)ipue'sto a la costa oirientail, también lo es que entre la isla y 
"a costa oriental hay otro canal navegable para buques de me- 
nor calado. 

La isla — contestó el doctor MagariiioiS — estuvo durante el co- 
loniaje bajo la dependencia de Buenos Aires del mismo modo 
que lo estaba Montevideo. . No se hizo mención de Martín Gar- 
cía en el Congreso Cisplatino, pero lo mismo podía decirse de 
las islas de Lobos y de Flores... Tampoco se habló de ella en 
la conivención de 18 28, porque no se trataba de delinear lími' 
tes, sino de reconocer en globo la independencia del Uru- 
guay... Hajy que tener en cuenta, además, que a esa coriven- 
ción no concurrió el Gobierno Oriental, como concurrirá sin du- 
da alguna el día que se arribe al tratado definitivo de paz. 

A favor de la libre navegación del Platia y sus afluentes. 

A mediados de 185 2, llegaron a Montevideo los señores Ho- 
than y Georges, Ministros respectivamente del Gobierno Britá- 
nico y del Gobierno Francés. De sus discursos de recepción re- 
sultaba que habían sido comisionados para una acción conjunta, 
que según las inlformaciones de la prenlsa se relacionaba con 
la libre navegación del Río de la Plata y sus afluentes. 

l-'ai-olas y balizas para dar seguiidatl a la navegación. 

Trató el gobierno de Giró de prestigiar el puerto de Monte- 
video mediante un amplio plan de mejoras en el servicio de lu- 
ces y balizas. 

La farola del Cerro, destruida durante el sitio grande, volvió 
a funcionar des'de mediados de 1852. 

Fueron sacadas a licitación las obras de abalizamiento del es- 



gobieb.no de giró 121 



eolio (le la Panela, tan peligroso para los barcos de la carrera 
de Buenos Aires y de l03 ríos. 

Se decretó la construcoión de la farola de la Colonia sobre 
la base de un derecho portuario, cuya creación dio margen a 
observaciones de la Comisión Permanente que aplazaron la eje- 
cución del proyecto. 

Se ma'ndó estudiar la construcción de una farola en el pun- 
to más conveniente de la embocadura del Plata, señalándose 
luego como resultado de esos estudios la isla de Loh^ts 

La Comisión Topográfica quedó encargada del levantamiento 
■-lí un plano de las costas del Este, para la instalación de un faro 
en el Cabo de Santa María en combinación con un servicio te- 
legráfico hasta Montevideo. 

Tambléa abordó el Gobferno el estudio de un proyecto de 
!ú3 Señores Jones y Ma.ck:nnon .para el establecimiento en el Ban-^ 
co Inglés y en varios bancos diseminados entre los puertos de 
Montevideo y Buenos Aires, de un tipo de boyas ya adoptado en 
Southampton, que consistía en un pequeño bote salvavidas pro- 
visto de una campana de fuerte repercusión y de un espejo des- 
tinado a reflejar los rayos del sol y de la luna hasta 6 y 7 mi- 
llas de distancia. 

La Cámara de Diputados se ocupó a principios de 18 5 3 de un 
proyecto de abalizamiento del rio Uruguay. La Comisión infor- 
mante proponía el aplazamiento de su sanción a la espera de 
un acuerdo previo con la Argentina en su calidad de ribereña 
trabándose en torno de ese dictamen un importante debate en que 
el doctor Juan Carlos Gómez se opuso a que se declarara de 
una manera absoluta la falta de dereoTio para abaliza;r y co- 
brar imipuestos, a los buques que arribaran a puertos orientales. 

Consecuente con sus opiniones, presentó el doctor Gómez al- 
gunas meses después un proyecto que autorizaba al Poder Eje- 
cntivo para contratar el abalizamiento del Uruguay y para cu- 
brir los gastos con el producto de un nuevo impuesto de medio 
real por tonelada a cargo de todos los barcos que entraran o 
salieran de puerto oriental en el expresaido río. 

Era una tesis de combate contra el exclusivismo de la can- 
cillería argentina y bien explicable por lo mismo en los momen- 
tos en que era lanzada. 



122 HISTORIA DEL URUGUAY 



La navegación a vapoi". 

Ea IS'Sái se inició en Montevideo la formación de una compa- 
ñía encargada de establecer dos vapores para el servicio del Río 
de la Plata y sus afluentes, sobre la base de 2 00 acciones de 
500 patacones cada una. 

Y antes de finalizar el año se inauguraba el servicio de Mon- 
tevideo al Salto mediante el vapor "Progreso", subvencionado 
por el Tesoro público con 300 pesos mensuales duramte los pri- 
meros seis meses de la carrera. 

Desde 1843 debió quedar inaugurada esa obra de progreso 
por la comipañía inglesa de don Juan Halton Buiglanid, fraca- 
sada a raíz de la guerra civil que estalló ese mismo año. 

La naivegación a vapor transatlántica, reducida hasta enton- 
ces al servicio de la compañía inglesa que había empezado a 
actuar en 1851, recibió también un fuerte impulso gracias a la 
organización de dos nuevas compañían en Genova y en Burdeos 
para el establecimiento de vapores con destino al Río de la Plata. 



La riqueza ganadera. 

Bl censo de 18'52 demiostró la existencia de 4,478 estableci- 
mientos de pastoreo en todo el país, con la siguiente población 
ganadera: 

Vacunos costeados 1.267,522 

a:2adC3 621.100 

Caballos 121,119 

Potros 32,252 

Yeguas 973,698 

Muías 17,243 

Burros 2,247 

Cabras 1,406 

Cerdos 25,300 

Ovinos mestizos 133,747 

criollos 662,542 

Tenía ya la campaña un año de vida tranquila cuando ese cen- 
so fué levantado y muchas de las estancias totalmente arrasa- 
das durante la guerra habían vuelto a funcionar con ayuda de 



GOBIERNO DE GIRÓ 123 



tropas traídas de Río Grande y de Corrientes. Pero asimismo 
el stock «ganadero apenas excedía al de los años más castiga- 
ios. En 1835, por ejemplo, se estableció una patente extraordi- 
naria sobre los ganados, y no obstante las enormes ocultacicnos 
estimuladas por la falta absoluta de medios de contralor, los ~¿- 
p-istros de los recauíladores revelaron un monto de 1.600,000 
animales vacunos. 

La riqueza ganadera de Tacuarembó — escribía el Jefe Polí- 
tico de ese departamento don Eufrasio Báilsamo en junio de 
185-3, — viene aumentando gracias a las fuertes importaciones 
del Brasil y de Corrientes. Hoy puede estimarse su existencia en 
180,000 animales de cría. Desgraciadamente hay una peste que 
mata de 100 a 200 reses diarias. En cambio el abigeato bal 
desaparecido casi total'mente. En cuanto a precios — agregaba 
— abónase corrientemente en este departamento 10 pesos poi^ 
novillo de saladero. 

"No es posible encarecer el estado de miseria a que ha que- 
dado reducida la República — escribía el doctor Pedro Busta- 
mante desde MaldonadO' a principios de 1853 — . Cielo y pasto 
es lo que encuentra el viajero entre Minas y Mal'donado. No al- 
canzan a cuatrocientos entre vacunos y caballares los que he vis- 
to en esa faja de terreno de 16 leguas. Estancieros hay que se 
mantienen de dharqui y arroz, y el que Te presenta a usted un 
asado no puede llamarse pobre". 

Don Tomás Villalba, Jefe Político de Soriano, fijaba en 150,000 
los animales vacunos que pastaban en las 450 leguas de ese de- 
partamento. Para que tal superficie — agregaba — pudiera ser 
explotada reproductivamente debería tener 1.350,000 cabezas. 

Un recuento practicado en el Departamento de San José antes 
del levantamiento del censo arrojó 320 estancias con 210,000' 
animales vacunos costeados, 12,0 00 alzados, 2i3i8,000 ovejas^ 
criollas y 12,940 merinasi. 

Otro recuento más prolijo hecho por el Jefe Político del Salto 
en noviembre de 18 51 — un mes después de la terminación de 
la guerra — demostró la existencia de 2 90 establecimientos de 
pastoreo distribuidos en 750 leguas cuadradas. En esas 290 es- 
tancias había simplemente 180,000 vacunos costeados y 120,000 
alzados. En cuanto a ovejas, ni una sola había dejado la cuchilla 
devastadora de la guerra. El censo del año siguiente no demos- 
tró progreso sobre esas cifras tan extremadamente pobres. 



124 HISTORIA DEL TRUGUAY 



Importación de ganados. 

El gobierno de Giró trató de activar la importación de vacas. 
En octubre de 1852 envió un comisionado ante el general Ur- 
quiza para gestionar permisos de importación de ganado. Ya ha- 
bían empezado las alarmas políticas y por eso un diario de la 
época, al dar la noticia del nombramiento del comisionado, ex- 
clamaba: "Que abunden las vacas y ya desaparecerán los gritos 
contra el Gobierno!" 

Hasta llegaron a proyectarse empre'sas para la repoblación ga- 
nadera del país. Una de ellas ofreció al Gobierno traer 500,000 
'-acunos de dos años arriba que se comprarían en la costa argen- 
tina al precio de 3 y i/4 a 4 pesos, y se revenderían en la Colo- 
nia a 5 pesas. Para el pago se acordaría el plazo de 4 años 
con el interés del 12 9c anual, bajo garantía hipotecaria de los 
camlpos, aforados a un término medio de dos mil pesos la suerte 
de estancia. 

No quedó olvidada en esta campaña de repoblación ganadera 
la cría de ovejas. 

En los primeros meses de 1853 llegarobi de Europa 77 ovejas 
y carneros merinos con destino a las estancias de don Juan 
JacksQU. Venían al cuidado de varios peones contratados para 
'ilrigir su multiplicación y habían sido adquiridos eia las caba- 
las de origen al precio de 19 libras esterlinas los machos y 14 
las hembras. 

Don Benjamín Poucel, uno de los más entusiastas propagan- 
distas de la raza merina en el Uruguay, reanudó también a la 
sombra de la paz y del progreso del país la campaña que hab-a 
empezado en 1840 en su gran establecimiento ganadero de Pi- 
thinango en la Colonia. 

La condición de este suelo — decía el señor Poucel — se 
presta admirablemente a la cría de ovejas. En cada legua cua- 
drada pueden pastar 10,000 ovejas. Comparada esa cifra con la 
de los principales países criadores, resulta que una legua de 
territorio uruguayo equivale a 4 del Cabo de Buena Esperanza, 
a 3 de Australia y a 2 de la Rusia meridional. En otros térmi- 
nos, que a igual superficie de tierra explotiada el estanciero uru- 
'-'uayo obtiene un resultado cuatro veces mayor que en e! Caoo. 
tres veces mayor que en Australia y dos veces mayor que -^n 
Rusia. Rivadavia estimuló oficialmente la importación de merinos 



Gomi:i:.\o ije cikó 125 



en 1823. En los treinta años transcurridos desde entonces han to- 
mado mucho impulso los embarques de reproductores parü \i 
Argentina y Río Grande. En cuanto al Uruguay — concluía el se- 
por Poucel — la acción destructora de la guerra sólo ha dejado 
en ¡pie dos majjadas puras de raza: la de don Rujperto de las Ca- 
rreras en Canelones .y la de Pichinango. 

Plaga.s (le la camiTaña. 

A los males de la escasez agregábanse los del ganado alzado 
y do los perros cimarrones, otros dos colazos del abandono for- 
zoso de las estancias durante la guerra. 

El ganado alzado que existía en casi todos los -departamentos, 
sin asiento fijo en ningún campo, era explotado en la misma 
forma destructora que durante el coloniaje, unas veces por 
agentes autorizados, y otras por ladrones, simplemente para la 
utilización del cuero, y ello dentro de un ambiente de eternas 
querellas entre los estancieros, porque dada la falta de marca 
era imposible deslindar el derecho de cada uno. No hay necesi- 
dad de advertir que las crías eran las primeras victimas de las 
corridas, con lo cual se dificultaba también la repoblación gana-> 
dera de las estancias. 

El gobierno de Giró, excediéndose en sus facultades, pasó a 
mediados de 1852 una circular a los Jefes Políticos por la que 
declaraba que el ganado orejano pertenecía al dueño del campo 
en que estuviese; prohibía las corridas en campos que notoria- 
mente no contuvieran ganado a'.zado, y obligaba a notificar 
atticipadaimente las matanzas a los linderos a efecto de que pu- 
dieran presenciarlas. 

Per.0 más terribles que los cuereadores de ganado eran los 
perros cimarrones. Antes de la Guerra Grande — decía uno de 
ios diarios de la época — aunque los perros se contaban por do- 
cenas, en cada estancia, su acción no preocupaba a las autori- 
dades públicas. Fué sóilo después del abandono en que quedaron 
los establecimientos ganaderos como consecuencia de la invasión 
de Oribe que apareció realmente la plaga, poiique entonces los 
perros quedaron obligados a buscarse ellos mismos el alimento 
y a la vez en condiciones de multiplicarse indefinidamente. Al 
principio de la guerra limitaban sus ataques a los rodeos de 
ovejas. Pero luego se dirigieron también al ganado vacuno y al 
ganado yeguarizo, organizados en grandes bandadas que se auxi- 



126 1II3T0KIA DI'L URCGUAY 



iisbaii y escalonaban en forma de hacer continua la persecución, 
mediante la incesante incorporación de perros de refresco. Con- 
cluida la refriega, quedaban los campos, cubiertos de cadáveres. 
En el solo rincón del Tacuarí, Departamento de Cerro Largo, 
ijeron sacrificados a mediados de 1852 trece viil perros ci- 
/.larrones, cifra — decía "La Constitución" — que da una idea de 
la magnitud de esa plaga a la que no escapa el hombre mismo. 
¡Desgraciando, agregaba, del que tiene que recorrer ciertas zo- 
nas, porque los cimarrones siguen allí al viajero ipor centenares! 

J.os saladeros orientales bajo la acción del tratado de comercio 
de 1851. 

Sólo trabaja un saladero en toda la costa del río Uruguay — 
escribía a principios de 18 54 un corresponsal del Salto a "El 
Comercio del Plata": — el saladero de Lafoiie, y ese mismo no 
puede luchar con los establecimientos similares de Río Grande, 
por. la sencilla razón de que ellos compran nuestros ganados 
libres de impuestos, en tanto que nuestro tasajo está sujeto 
a fuertes derechos de importación en el Brasil. 

La verdadera compensación de la ventaja acordada por el 
Uruguaíy a los saladeros ríograndenses, habría consistido — co- 
mo Vo observaba "La Constitución", — en eximir al tasajo orien- 
tal de derechos en todas las aduanas brasileñas, y no simpl-e- 
mente en las de Río Grande, donde funcionaban saladeros que 
elaboraban nuestra propia materia prima en condiciones que 
convertían realmente el territorio oriental en invernada de 
esa provincia brasileña. 

Según los protocolos del tratado de 1857, los brasileños po- 
seían en 1850 los siguientes establecimientos ganaderos en te- 
rritorio oriental: 

Sobre la frontera del Chuy y San Miguel, 3 6 estancias com- 
puestas de 342 leguas cuadradas. 

Sobre la frontera del Cuareim, 161 estancias con 381 leguas. 

A\ Sur del Arapey, 77 estancias con 227 leguas. 

Y sobre las fronteras del Yaguarón y de Bagé 154 estancias 
con 8'32 leguas. 

En conjunto, 4 28 estancias con 1,782 leguas sobre la fron- 
tera simplemente. 

Era necesario completar la obra de absorción realizada por 
el tratado de límites, mediante el an¡iquila;miento de los sala- 



GOBIERNO DE GIRÓ 127 



Jeros orientales, y de ello se enca''gó el tratado de comercio d'i 
1851. ¿De yuó manera? 

La República abolía inmediata.nente el impuesto sobre el 
ganaido que trasijonía la frontera con destino a Río Grande. ¡Y 
qué amplitud da'ba a esa franquicia el Brasil! Pocos años des- 
pués del tratado la Asamblea dictó una ley gravando la salida 
c"ie ganado de cada departamento con un impuesto local de 
''os reales por cabeza. No era un deretího de exportación, sino 
un impuesto interno. Pero el Brasil exigió y obtuvo que se 
.declarara que en los casos de extracción de animales de un de- 
partamento a otro departamento, regiría el impuesto; pero que 
fel Fisco se abstendría de cobrar cuando los ganados marcha- 
ran de cualquier departamento a Río Grande! 

El Imperio se obligaba a su turno a mantener la exención 
de impuestos de consumo de que ya gozaban el charque y de- 
Tnás productos ganaderos importados a Río Grande por la 
frontera terrestre, conviniendo en que continuasen equipa- 
ladüs a los productos similares de dicha provincia. Eran im- 
puestos que estaban suprimidos desde 1847, para dar mayores 
facilidades al mercado brasileño, 'de maneita que nada nuevo 
cbtenía la República en compensación de lo que ella cedía. 
Pero el mantenimiento de esa misma franquicia no tardó en 
ser objeto de retaceos, como medio de seguir arruinando a la 
industria oriental. Al celebrarse el tratado de 18 51, el Brasil co- 
braba al charque introducido po^ otras aduanas que las de 
su frontera terrestre un derecho del 25 9r. Si los saladeros 
orientales exportaban por mar tenían que pagar el impuesto. 
En cambio, sí lo mandaban por la frontera gozaban de la exen- 
ción de dere'dhos sobre el tasajo argentino o de otra proce- 
dencia extranjera. Bien pronto, sin embargo, emprendió el Im- 
perio la reforma de sus tarifas, bajando sucesivamente el dere- 
cho al 11 % y al 8 '/c, con lo que anulaba la ventaja concedida, a 
la vez que sometía a iuiaguantables trabas el pasaje del charque 
por lá frontera, mediante la impoisíción de trasbordos y otros 
requisitos que tenían que desalentar a nuestros exiportadores. 

Golpeaba así el Brasiil ^a los saladeros ofíenta'lies en la espe- 
lanza de qive los estalblecimientois similiaires de Río Grande lle- 
garían a cubrir íntegramente (el cuantioso conisiumo de charque, 
que el consejero Paranihos fijaba así para todo él Imperio en su 
memoria parlamentaria de mediados de 1857: 



128 HISTORIA DEL URUGUAY 



Zafras Arrobas 



1848-49 2.433,915 

1849-50 '. . . . 2.165,078 

1850-51 2.215,869 

1851-52 2.184,634 

1852-53 2.260.256 

1853-5'4 1.904.127 

1854-55 1.668.350 

Del resultado efectivo de los planes brasileños instruye eSte 
otro cuadro del tasajo oriental introducido en Río Grande, Kiue 
reproducimois de una de las notas de don Andrés Lamas a la 
cancililería de Río de Janeiro: 

Zafras Arrobas 



1850-511 618,926 

1851-52 256,076 

1852-53 231,030 

1853-54 212,545 

1854-55 126.002 

^Corresponde a este imismo períoldo de crisis saladeril una ten- 
tativa de don Tomás Oliden paira aibaratar el tasajo, mediante 
un específico que en conlcepto de su inventor estaba idestina'do a 
suprimir la sal en la elaboración de ese producto. El Gobierno 
designó una comisión encargada de examinar el nuevo 
procedimiento, P'ero él interesaida no quiso realizar las pruebas 
que ise le exigían, aileg^ando el peUigro de ;a divu'lsación del se- 
cieto, lo cual no impidió que se le cotícedier;'. privilegio exclu- 
sivo por diiez años, aunque sin garantirse naí'.iralmenio ni la 
prioridad ni el mériio de la invención. El inventor s^ólo quedaba 
obligado a comunicair al Poder Ejecutivo el nombre de las ma- 
terias componentes de su específico. 

La agricultura. 

Apenas concluida la Guerra Grande empezó el trabajo de ro- 
taración de' la tierra em los depalrtamentos que ya habían he- 
cho su aprendizaje en ese ramo de la producción. 

Todos lo's vecinos qiue halbían emigrado al Brasil — escribía 



GOBIEUXO DE GIRÓ 129 



lili oorriesparusal de M-alljdonajd'o en, 1852 — están de regreso y 
en pilena labor agrícola, y. si ©1 iaño resuUta bueno la cosecha 
del departamento alcanaará para cut)rir el consumo entero del 
país. 'Y que no había exageración en esas palabras sie encargó 
de demostrado en seguida una estadística levantada por la Je- 
faitura de Policía, de la que resultaba que la siembra de la ju-^ 
rlsdicción de Maldonado, San Carlos y Rocíha, había absorbido 
2,08-8 fanegas. 

Tam^biién en el Departamento de Montevideo se trabajó con 
resultados muy satisfaotordos, según lo comprueban estas cifras 
de un icuialdro polivciail -de la ocisledha recogida ha'sfta marzo de 
1853: 15,587 fanegas de trigo y 6,660 fanegas de maíz. 

Empresas de inmigración y colonización. 

Un grupo de ciudadanos presidido por don Jaime Estrázulas, 
«ion Francisco Lecoaq, don Feíd'erico Nin Reyes, don Cándido 
Joanicó y don Atanasio Aiguirre, a quienes eir el acto se incor- 
])oraron extranjeros de fuerte empuje como don Samuel Lafone, 
estableció a finéis de 18 52 una imlportante empresa bajo el nom- 
bi'e de "iSocieldad de Población y Fomenta", cuya tarea princi- 
pa, debería consistiir en la organiaación de colonias agrícolas 
dentro de los ejidos de todos los pueblois de la República. Era 
base indeOlinable isegún los estatutos la transmisión efectiva de 
la propiedad de las chacras y tierras a los colonos que cumplieran 
sus comprofmisos con la Sociedad, en forma de que siempre tu- 
viera lugar "la división y subdivisión de la propiedad". Rá- 
pidamente icellebró lia Sociedad ¡contrato® de colonización con las 
Junta© Eiconóimico-Adminisitrativas de Colonia, Soriano, Pay- 
sandú. Canelones, San José, Tacuarembó, Cerro Largo y Du- 
lazno, fracasando en otros departalmentos cuyas lauitoridades mu- 
nicipales ele níegairon absoluta miente a desprenderse d'e las tie- 
rras de siu jurisdicción, entne ellas la \del Salto que alegó que 
ella no necesitaiba ayuda ajena para poblar &u ejido. 

La misma Sociedad estableció en el Carmelo una empresa filial 
bajo el nombre de "Sociedad Agrícola y Filantrópica", que 
emitió acciones y adquirió 500 cuadras de tierra próximas al 
Tjrugualy, donde instaíó 3 familias. Fundó también un estable- 
cimienito agronómico, especie de lescuela práctica encargada de 
hacer conocer los mejiotes praceídimientos de explotación de la 
tierra y de infundir eniseñanzas útiles, bajo la dirección . de don 

9 -IV 



180 HISTORIA DEL URUGUAY 



Martín Martínez Castro, progresista vecino de la zona, y una 
granja de propagamda em CaneUones .bajo la dirección del señor 
Dureau, xlestinajda principalmente a la formación de almacigos 
de árboles y a producir las ajlimentcs necesarios a los colonos 
c\ue 'arribairan ad país. Esta última granja recibió, con fines de 
divulgación y da eiis'eñanza, una máquina ingLesa de trillar con 
capacidad para maniípülar 60 faoiiegas por día, una máquina lim- 
ijiadora de itrigo y otros implementos aigrícollas que entonces 
constituían una verdadera novedald en el Río de la Plata. 

La Sociedad d/e Población y Fcmeimto ofreció también su ayu- 
da a la empresa de don Fernando Menck para el planteamiento 
de su banco colonizador. En una propuesta que presentó al Go- 
bierno, ponía a disposición de esle banco las 140 leguas de campo 
que exigía su proigrama y que ella iposeía lindepenldientemente de 
¡as tierras de lo's eijidos de los pueblos que trataba de colonizar. 

Con el ipropósito de hacer frente a sus compromisos de colo- 
nización de los ejidos, la Sociedad de Población y Fomento di- 
rigió circulares a Europa y firmó contratos con los señores 
Treussein y C." para la importación de 1,000 familias alemanas; 
con el señor Becú para la importación de 2 50 familias de la 
misma procedencia, y entabló gestiones para la contratación de 
f.anilias beiligas 'y suizas. Sus dirigentes hablaban de contratar 
it.T^sta cinco mil familias, comjpuestas de cinco personas arriba 
ccn do's hombres por lo menos, y de escriturar a cada una de 
ellas 20 cuadras una vez cumiplido e] plazo de cinco años di 
i.rabajo continuo. 

Para la propaganda europea comtaba con elementos de tan 
'-ilta preparación como el doctor José Ellauri, quien en una de 
sus colnunicaciones recordaba que ya en 1830, como Ministro de 
Rivera, había dictado medidas eficaces "ipara atraer una gran 
población de las Islas Canarias", y que nueve años después, es- 
tando a cargo de la Legación de Francia, había trabajado con 
éxito en el fomento "de esa emigración vasca que tantos adelan» 
tos ha producido al país". 

Juntamente con la Sociedad de Poblaición y Fomento actua- 
ban en el paás diversas empresas colonizaidoras con elementos de 
valía que aseguraban de antemano el éxito de los planes tru- 
zudos: 

La ds don José de Buschental para el establecimiento de una 
colonia agrícola de 200 familias en el rincón formado por los arro- 
yos Sauce y Víboras y el rio Uruguay, y un pueblo sobre la 



GOBIKKXO DE GIRÓ 131 



margen del Uruguay con 200 casas, que tendría por asiento ol 
paraje conocido por Nueva Palmira. El Estado cedería las tie- 
rras fiscales comprendidas dentro de esa zona. 

La de don Martín Martínez Castro, don Federico Nin Reyes 
y don Carlos Calvo para el establecimiento de una "Colonia 
Agrícola Pastoril de Merinos" en un campo de 4,000 cuadras, de 
propiedad del primero de los proponentes, destinando mil cua- 
dras a la erección de un pueblo y tres mil a tíhacras de 16 cua- 
dras cada una. El Estado debería establecer las autoridades, ha- 
bilitar el puerto de Carmelo o el de Higueritas y eximir de dere- 
chos de importación durante tres años 'los artículos destinados 
al consumo de los colonos. 

La de don Lucas Moreno y don Luía Gil para la colonización 
de los suburbios de la ciudad de la Colonia, sobre la base de 
la contratación de 50 fan^ilias canarias y el fraccionamiento de 
una suerte de estancia .Las acciones destinadas a la realización 
de este plan fueron suscritas en gran parte desde el primer mo- 
mento. 

La de don Domingo Gounouilhou para la colonización del 
ejido y villa de Soriano. Pedía el proponente la adjudicaqión de 
todas las tierras dentro y fuera de Soriano que no fueran de 
pjopiedad particular, con el com,proTnisO' de colocar 200 per- 
sonas en cada legua cuadrada que se le escriturara por ese con- 
cepto. La Junta Económico-Administrativa aceptó la propuesta, 
pero reduciéndola a la villa de. Soriano y con estas modificacio- 
res: en ca;da legua cuadrada se establecerían 75 familias; a cada 
familia se le adjudicarían diez cua'dras cuadradas; en cada le- 
gua habría por lo menos 10 familias' nacionales; por cada 
legua abonaría el concesionario 2,0 00 patacones. 

La del agrimensor don Manuel Bguía para el planteamiento de 
una colonia en los alrededores de la villa de Meló, compuesta de 
80 chacras de 40 cuadras cuadradas cada una, de acuerdo con 
un plan ya esbozado y aceptado en las postrimerías de la Gue- 
rra Grande. 

Dentro de este amplio movimiento colonizador no podían que- 
dar olvidadas las familias nacionales que vagaban por la cam- 
paña o se estacionaban en los caminos y en las márgenes de los 
ríos, sin hogar y sin otros recursos que los del robo de ganados. 
El abatimiento de la riqueza rural — decía "La Constitu- 
ción" — limita considerablemente la demanda de brazos y los 
desocupados tienen que buscar su alimento por medios ilícitos. 



132 HISTORIA DEL TRUGUAY 



Habría que concentrar esas familias en los arrabales de los pue- 
blos, arbitrándose los gastos de transporte e instalación por las 
Juntas, sobre la base de una suscripción pública a la que todos 
e ntribuirían: los estancieros .para evitar las carneadas y 'os 
pueblos para aumentar el número de sus habitantes. La trasla- 
ción serla especialmente beneficiosa para esas familias desampa- 
radas, porque al aproximarse a un centro encontrarían mil me 
dios de hacerse de recursos por el trabajo". 

lEsita indicación encontró eco simpático en el Gobierno y en 
la Asamblea. 

El Gobierno se dirigió en septiembre de 18 52 a los Jefes Polí- 
ticos para ordenarles que procedieran a la reconcentración de 
las familias en los ejidos de los pueblos y al racionamiento de 
las más necesitadas hasta el máximo de una res por día. La 
prensa, que iiabía estimulado esa medida^ pedía a la vez que se 
proporcionaran materiales para la construcción de viviendas y 
yuntas de bueyes para el laboreo de la tierra, que darían con 
gusto los estancieros con tal de verse libres de la plaga de los 
desocupados en las lindes de sus establecimientos. 

También se resolvió arbitrar recursos para la repatriación de 
las familias que habían emigrado y que no podían regresar al 
país. La base principal debía obtenerse mediante una suscrip- 
ción popular, porque el estado angustioso del Tesoro circuns- 
cribía la acción directa del Estado. 

A principios de 1853 comunicó lá Jefatura de Paysandú que 
estaban agotados los fondos destinados a las familias indigen- 
tes y emigradas, y contentó el Ministro de Gobierno que no era 
posible realizar nuevas remesas con destino a las primeras y que 
para la repatriación de los emigrados se había resuelto acordar 
700 pesos al Salto, 200 a Paysandú y 200 a Tacuarembó. Feliz- 
mente el país entero se había puesto de ^ie y las angustias del 
Tesoro público fueron rápidamente contrabalanceadas por las 
comisiones populares encargadas de completar su obra. 

Algo más amplio trató de realizar el Gobierno: el reparto gra- 
tuito de todas las chacras y solares baldíos de los ejidos de los 
pueblos de campaña. En julio de 1852 pidió con tal objeto a las 
Juntas Ec:.nómico-Administrativas un estado de los solares y 
chacras rl,isponibles, y no habiendo obtenido los datos dio or- 
den a la Comisión Topográifica para que enviara agrimensores 
a los departamentos con el encargo de formular los planos res- 
pectivos. 



GOBIERNO UK OIRÓ 133 



Una ley de julio de 1853 complementó esas medidas dispo- 
niendo que se diera preferencia a las familias nacionales en el 
reparto de solares y chacras de los pueMos de Santa Rosa, Que- 
guay y Artigas, mandados crear por leyes de la época. 

Don José María Cantilo y don Nepomuceno Madero, redacto- 
res de "El Comercio, del Plata", dirigieron una circular a los 
Jefes Políticos a fines de 1852, ofreciéndoles las columnas de su 
diario para fines de propaganda iocal. Y esa circular dio base a 
(Ion Tomás Mllalba, Jefe Político de Soriano, para adherir a 
la idea de la colonización que a todos preocupaba intensamente 
en esos momentos. 

"Otro aspecto tomaría la campaña — decía el señor Villalba 
— - si en cada departamento de destinaran diez leguas cuadra- 
das de tierra, en fracciones cuando menos de una legua, y se 
dieran con buenas garantías al primer individuo o sociedad na- 
cional o extranjera que estableciera dentro de los dos primeros 
años 100 familias labradoras en cada legua de tierra, haciéndo- 
las propietarias de 25 cuadras cuadradas, con la obligación de 
facilitarles las bestias necesarias, herramientas, semillas y las 
subsistencias para el primer año. Deberían quedar exentas de 
todo servicio y tributo por seis meses y bajo las garantías de las 
leyes y convenios que hicieren con las sociedades colonizadoras! 
para indemnizarles sus adelantos. Deberían asimismo compren- 
derse en las condiciones de tales colonias, todas las familias po- 
bres que vagan actualmente de estancia en estancia mendigando 
la subsistencia, o que viven en pequeñas chozas en las costar 
vle los arroyos, alimentándose con la caza o con la carne de ye-< 
gua cuando la merecen... Habría que invertir 200,000 pesos 
en tierras al precio de 2,000 pesos la legua cuadrada..." Pero 
gastar con provecho y utilidad no es más que un principio de 
economía. . . Cuando se publique el censo se verá "que para una 
familia que tiene algo de qué vivir hay 50 que nada tienen de 
productivo. Departamento hay cuyo ganado vacuno puede apa- 
centarse perfectamente en 30 leguas de campo, mientras que 
cuentan con 300 de superficie". 

Toda esta fecunda obra de reconstrucción económica a base 
de inmiígración europea y colonización nacional quedó brusca- 
mente truncada y abandonada por efecto de la revolución que 
echó abajo al gobierno de Giró. 



134 HISTORIA DEL UBUGUAY 



El Gobierno pide recursos para practicar estudios geológicos. 

Uno de los primeros mensajes del gobierno de Giró al Cuerpo 
Legislativo fué el de marzo de 185 2, encaminado a obtener un 
crédito de 30,000 pesos con destino a la exploración geológica 
del territorio nacional mediante la contratación "de hombres 
científicos y competentes". 

"Restablecida la paz — decía ese documento — el Gobierno 
ha contraído su más seria atención a investigar los medios da 
subsanar las pérdidas que ha sufrido el primer ramo de riquez.i 
nacional, que es la cría y beneficio de los ganados. Uno de esos 
medios que más urgente juzga el Gobierno poner en ejecución, 
consiste en la exploración del territorio de la República, por 
hombres científicos, en los abundantes gérmenes que ofrecen l03 
reinos de la Naturaleza. No se oculta a V. H. que existen en 
nuestro suelo minas de metales y piedras, como igualmente va- 
riados e importantes productos vegetales que sólo las calami- 
dades de la guerra han podido mantener improdu'Ctivos a la. in- 
dustria y al comercio". 

No encontró ambiente en el Parlamento esa iniciativa fecunda 
y he aquí por qué motivo según la minuta de comunicación s-^n- 
cloQada por una de las dos ramas del Cuerpo Legislativo: 

"La Cámara de Senadores entiende que siendo per ahora, co- 
me lo será por muclio t'iemipo, la única riqueza de la República 
la cría de ganados, es este el objeto que más urgentemente re- 
clama la protección y cuidado del Gobierno y que por conái- 
guiente la primera y más manifiesta necesidad es de establecer 
una buena policía en la campaña, consultando el mayor acierto 
en la elección de las autoridades departamentales... Cierto es 
que la exploración de nuestro suelo, rico en minerales y produc- 
tos vegetales, proveería al Gobierno de informes científicos con 
ios que alentaría las empresas particulares que atraerían al Es- 
tado importantes recursos; pero no sería bien recibido por la 
Nación que estando gravada con una deuda inmensa, aún no 
bien conocida ni liquidada, se destinara una parte de la renta 
pública para aquellas exploraciones... No tienen el Poder Eje- 
cutivo ni el Judicial casas adecuadas para su residencia; no lasr 
tienen las Cámaras Legislativas, ni tiene el país una sola cárcel 
en lugar aparente, cómoda y segura". 

lEra un error. Precisamente porque había deudas mülonarias 



GOBIEBNO DE GIRÓ 135 



y porque las más urgentes obras públicas quedaban aplazadas 
por la angustiosa situación financiera, es que convenía promover 
la explotación de todas las fuentes de la riqueza pública y au- 
mentar así la capacidad económica del país. Pero el error era ge- 
neral y el proyecto quedó desechado. 

Habían empezado a- multiplicarse en esos momentos las de- 
nuncias de minas de oro y de cobre en Tacuarembó y Salto, bajo 
el impulso de don Federico Nin Reyes, don Atanasio Lapido 
y otros ciudadanos, y con el objeto de interesar al capital extran- 
jero publicó don Andrés Lamas en el "Jornal do Commercio" 
algunos capítulos de su oibra "Notidias sobre la República Orien- 
tal", con datos y observaciones tendientes a divulgar el conoci- 
miento de las riquezas de nuestro suelo. 



Diversas industrias. 

Otros ramos industriales fueron también objeto de la aten- 
ción pública en el período de resurgimiento que arranca de la 
terminación de la Guerra Grande. 

Entre ellos el de la cal en el Departamento de jNIinas, ya es-« 
tudiado con entusiasmo por el ingeniero Pellegrini con ocasión 
del proyecto de obras de puerto presentado en 1833 al gobierno 
do Rivera. Ha escrito Pellegrini qu cuando fué a Minas para estu- 
diar los materiales que podrían utilizarse en las obras portua- 
rias, trabajaban allí 16 caleras para las plazas de Montevideo y 
Buenos Aires; que a recorrerlas encontró en un rancho una 
:ii] flaca y negruzca pero de tal poder que habiéndO'la desleído 
en un plato de loza tuvo que romper el jdato para desprender 
la cal que se había pegado y hedho cuerpo con él; y que el pai- 
¿ano dueño de esa materia tan preciosa decía con fastidio al 
verlo romsper el plato: "la beneficié por mis pecados, pues nadie 
juiere dó esta inmundicia". 

— ^El Gobierno envió a Inglaterra muestras de algodón cose- 
chado en el Salto, que fueron clasificadas como de primera ca- 
lidad. 

— 'La repoblación de los montes públicos fué también materia 
de estudios, aunque sin arribarse a nada práctico. Uno de los 
ciudadanos que más se habían destacado en este ramo, don 
Juan P. Caravia. sostuvo el derecho de los propietarios de cam- 
pos contiguos. Ellos se consideran, decía, con titulo a los mon- 
tes públicos que forman la prolongación de su propiedad y de 



136 HISTORIA DEL UBUQUAT 



ios que realmente están en posesión. Si no hubiera sido por su 
acción vigilante, ya los montes tiabrían desaparecido. Por otra 
parte, los campo» que tienen monte se cotizan a más alto pre- 
cio que los que no lo tienen. Todo lo cual demuestra — agre- 
gaba, — que al dictarse la ley de montes conviene contemplar 
si deredho de los propietarios de campos contiguos. 

— Respondiendo a exigencias de varias industrias en tren de 
marcha, presentó el doctor Juan Carlos Gómez a la Cámara de 
Diputados un proyecto que eximía de derechos de importación 
al hierro en barras y en plancTias, al bronce y acero sin labrar, 
a las maderas de construcción, al i'quitrán y la resina. 

ÍaH Asamblea dicta vina ley de privilegios industi'iales. 

Los que impulsaban ese movimiento industrial- tenían que 
lecurrir a la Asamblea en demanda de privilegios que eran de 
liamitación forzasamente lenta, aun cuando se tratara de em- 
presas tan reclamadas como la de Theil para el establecimiento 
de una fábrica de azúcar de remolacha, la de Nouthon de S. 
Amat para el planteamiento de un lavadero público, y la de 
Vernet a favor de un específico destinado a impedir la filtra- 
ción de los aceites y grasas de nuestra exportación. En cir- 
cunstancia determinó a la Comisió,i de Peticiones de la Cámara 
de Diputados a redactar un proyecto de carácter general que 
en el acto fué sancionad^i. 

La ley de 1853 a que nos referimos, autorizó al Poder Eje- 
cutivo para expedir patentes de privilegio exclusivo en los ca- 
sos de invención, mejora de invención e importación de inven- 
ción. La Nación no g'arantizaria ni el mérito ni la prioridad de 
las invenciones o mejoras, librando a los Tribunales la decisión 
de todos los reclamos y cuestiones que pudieran suscitarse. El 
privilegio exclusivo sería de 10 años para el autor, de 8 para 
el introductor y de 6 para el perfeccionador. 

Por tal medio quedaba facilitada la tramitación de las soli- 
citudes y estimulado el espíritu de empresa en forma eficaz y 
amplia. 

Ejiípresas de ómnibus y de ferrocaiTiles. 

Desde principios 'de 18 53 quedó establecido un excelente ser- 
vicio de ómnibus entre Montevideo y la villa de la Unión. Cada 



GOBIEBNO DE GIRÓ 137 



coche tenía capacidad para 3 personas y el pasaje costaba un 
i-eal fuerte. Antes de esa mejora el viaje se hacía en carruaje 
y el costo era de medio patacón. 

Como prueba de la vitalidad del servicio, citaban las cróni- 
cas de la época la cifra de 300 pasajeros en el día de la inau- 
guración. La carrera empezó con dos ómnibus, pero en seguida 
hubo que encargar tres más a Inglaterra. Es que los empleados 
públicos y los mismos empleados i.articulares, según observaba 
uno de los diarios, empezaban a uirigirse a la Unión en busca 
tíe hogares amplios y baratos. 

— ^Otra emlpresa resolvió establecer en esa misma época una 
línea de diligencias entre Montevi leo y Minas con ánimo de 
extender el servicio a diversos pueblos de campaña si el ensayo 
daba resultados. 

— ^^Tampoco quedaron rezagadas las empresas ferroviarias y 
telegráfica.s. 

Una de ellas solicitó la línea de Montevideo a la Unión. Cal- 
culaba ¡a obra en 140,000 pesos, y pedía al Estado la mitad 
le esa suma. Eil camino tendría 3 varas de ancho, debiendo 
übrarso al tráfico general todo el espacio que no absorbieran 
'os rieles. 

— iQtra, de más amplias prayecciones, encabezada por los seño- 
res Isola y Nin, proyectaba una línea férrea y servicio telegrá- 
f:co a'iexo desde Montevideo hasta la ciudad de la Colonia, 
¿Olí estaciones en Las Piedras, Santa Lucía, San José y Colla. 
El Estado debía suministrar a la empresa algunas man¿;anas de 
tierra en los puntos terminales y además una faja de 3 a 10 cua- 
dras de ancho a cada lado de la vía y una cuota mensual de mil 
a dos mil pesos durante los primeros 25 años de funciona- 
miento efectivo del ferrocarril. A los cincuenta años el ferroca- 
rril pasaría' al dominio del Estado, pero no así los terrenos a 
lo largo de la vía. La empresa quedaría autorizada para esta- 
lilecer un muelle en la Colonia y un servicio de vapores hasta 
Buenos Aires. El proyecto fué sancionado por la Cámara de 
Senadores paco antes del derruimbe del gobierno de Giró y no 
alcanzó a convertirse en ley por efecto de los trastornos que 
sobrevinieron. 

— Y una tercera empresa, encabezada por don Miguel Valencia, 
realizó trabajos para obtener el establecimiento de un telégrafo 
eléctrico de Montevideo a Buenos Aires, pasando por la Colonia. 



138 HISTORIA DEL UBUGUAY 



Bancos, boKsas y monedas. 

El señor Picconi presentó al Gobierno a fines de 1852 un 
proyecto de Banco emisor, bajo el título de "Banco Oriental", 
con capital de 2.500,000 pesos. Emitiría billetes hasta el monto 
de su capital efectivo; abriría una cuenta al Gobierno por me- 
dio millón, con garantía de bonos de 5 % anual; adelantaría 
cunero sobre frutos del país; descontaría letras, y haría prés- 
tamos hipotecarios. 

— ^Más resonancia obtuvo el Monte de Piedad y Caja de Ahorros 
proyectado por el doctor Jaime Estrázulas. En poco días que- 
daron colocadas la mitad de sus occiones. Tendría un capital 
de 10,000 pesos. El Monte de Piedad haría pequeños présta- 
mos de 10 a 100 pesos, bajo garantía prendaria, hasta tres 
meses de plazo, vencido el cual se procedería al remate de la 
garantía. La Caja de Ahorros abonaría el V2 9t mensual y sus 
utilidades acrecerían el capital del Monte de Piedad. 

— Antes de finalizar el año 185 2 quedaban muy adelantados los 
trabajos para la fundación de la Bolsa de Comercio, con local 
propio y un amplio programa encaminado a facilitar las reunio- 
nes de comerciantes, el establecimiento de cotizaciones oficiales, 
y la reconcentración de corredores e intermediarios de negocios 
en "general. Con el propósito de apresurar la iniciación de las 
obras, se fusionaron los accion,istas de la Bolsa con los del Ca- 
sino, otro est^ablecimiento que había despertado mucho interés 
en Montevideo. 

Completando el programa de servicios de la Bolsa, proyectó 
den Mauricio Blanes el establecimiento de una "Sala de Comer- 
cio y Telégrafo Marítimo", destinada a ofrecer en sus mesas de 
lectura y en sus pjizarras informaciones sobre ventas, entradas y 
salidas de buques con nombres, banderas, procedencia y mani- 
fiestos, y un sdstema de señales ,para anunciar el movimiento de 
los barcos. 

— Pocas semanas antes de la terminación de su mandato, a 
fines de enero de 18 52, dictó el gobierno de don Joíuquín Suárez 
un decreto autorizando la circulación de diversas monedas de 
ero extranjeras, que tomaba por base de las equivalencias el 
peso y la ley de la onza de oro española. La libra esterlina, por 
ejemplo, tendría el valor de 5.75. el áiguila 12.15 y la pieza de 
20,000 reis, 13.26. 

Ese decreto, convulsionó al mercado de Montevideo. Según la 



GOBIERNO DE GIRO 



139 



opinión más difundicla, aseguraba a las monedas extranjeras un 
valor mayor que el de la cantidad de oro puro que contenían. 
La libra esterlina, en vez de 5.750, valía 5j568, atento a que 
la par sobre Londres era de 42 peniques por peso uruguayo. Un 
grupo de comerciantes adhiriendo a esas op,iniones, pidió a'. Go- 
bierno la suspensión del decreto, hasta que la Asamblea dicta- 
ra una ley, y así lo acordó don Bernardo P. Berro durante su 
breve interinato presidencial de febrero de 18 52. 



Los intei-eses tlevenf^ados durante la GueiTa Grande. 

La Guerra Granie había dejado planteadas numerosas y com- 
plicadas cuestiones sobre inejecución de contratos, que recarga- 
ban las tareas de los Tribunales y del mismo Cuerpo Legislativo. 

A mediados de 1852 la Asamblea resolvió solucionar en tér- 
minos generales la más grave y apremiante de esas cuestiones: 
la relativa a intereses del dinero por efecto de obligaciones exi- 
gibles ,o contraídas en el transcurso 'de la guerra. He aquí en qué 
forma: 

"Toda cuestión sobre intereses devengados entre el 6 de di- 
ciembre de 18 42 y el 8 de octubre de 18 51 queida sometida a 
los principes establecidos por las leyes para los casos fortuitos 
y de fuerza mayor". 

Quedaban expresamente excluidos los conflictos que pudieran 
suscitarse con motivo de obligaciones ya cumplidas, transadas o 
resueltas por sentenc^ias ejecutoriadas. 

Durante la guerra — Idecía la Comisión ide Legislación de la Cá- 
mara de Diputados en su informe — Ihan vivi'do los habitanites del 
país bajo el peso de una calamildaid incontrastable fiue ha causa- 
do el desquicio y la ruina de la propiedad territorial, industrial 
y comercial, e inhabilitado para el cumplimiento de las obliga- 
ciones contraídas. Y es un principio de jurisprudencia que el 
caso fortuito no debe perjudicar a los impedidos o imposibili- 
tados. 

Pero el Poider Ejecutivo no era de la mi&ma opinión y devolvió 
la ley a la Asamblea alegando que ella venía a resolver cuestio- 
nes anteriores a su promulgación y que, en consecuencia, era 
una ley de efecto retroactivo. Llegado el momento de la vota- 
ción, resultó que sólo estuvieron por la afirmativa 21 legislado- 
res y por la negativa 15, quedando desechada la ley de acuerdo 
con las prescripcjones constitucionales. 



CAPITULO III 



Movimiento administpativo 



El producto (le las ventas. 

Según los estaldos de la CoMaduria Genevail de la Nación, e¡ 
Tesoro público recibió en 1852 la cantidad de 3.206,000 i>esos, 
.sobresalienldo en los ingresos los deredhos de importación por 
931,000, el p'apel sellado y 'las patentes de giro ¡por 215,000 y los 
contratos de préstamos ipor 94i9,000, y en los egresos las plani- 
llas del Minislterio de Guerra por 810,000, ¡el reeniTíOlso de diver- 
ses préstamos por 772,000, el rescate de propiedades por S4,000 
y la amortización del smbsidio francés p.cr 154,000. Al cerrar el 
ejercicio quedaba un déficit de 843,000 pesos. 

La documentación de ese ejercicio pasó a informe de la Co- 
misión de Cuentas del Cuerpo Legislativo, resultando de un es- 
tudio muy prolijo practicado por el Contador don Miguel For- 
teza, que las rentas habían dado 1.750,370 pesos, y los gastos 
habían absorbido 2.439,294 pesos. La Comisión de Cuentas de 
la Cámara de Diputados, compuesta de don Juan C. Gómez y 
de don José Zubillaga, y la del Senado compuesta de don An- 
tonino Domingo Costa y don Juan Miguel Martínez, presentaron 
dos informes en los que hacían graves inculpaciones. 

En todos los ramos de la Administración de Rentas — decía 
uno de los informes — reina el más profundo desorden. Mien- 
tras los libros de la Tesorería Colectora, por ejemplo, denuncian 
una entrada de 1<354,116 pesos, los de la Contaduría sólo arro- 
jan 1.291,865. Faltan asientos, figuran pagos de ingentes sumas 
por concepto de empréstitos, intereses y comisiones sin la in- 
tervención de la Contaduría. Hay aforos rebajados en un 20 y 
an 25 por ciento. Hamse acordado devoluciones de derechos poi' 
simlpiles notas de Vistas de Aduana y ,a veces sin dióho requi- 
sito. Existen diferencias en las partidas de los mismos libros. 
"Finalmente el desorden más completo, pues hasta los libros están 
i:in foliatura" — decían, los senadores Costa y Martínez al ce- 
rrar su informe. 



GOUIIÍRNO llt (JIKÓ 141 



Podían estar recargadas las tintas, como represalia contra 
el decreto que había arrebatado la Aduana al Directorio mixto 
que la administraba. El doctor Juan Carlos Gómez había com- 
batido crudamente al Gobierno con motivo de ese decreto y don 
Juan Miguel Martínez formaba parte del Directorio cesante. 
Pero en el fondo el desorden existía, y el Senado dándose cuenta 
de ello, mandó pasar copia del informe de su Com^isión de Cuen- 
tas al Poder Ejecutivo "con el fin — decía en su minuta — de 
que se provea a los inconvenientes que en él se notan". 

Conoci^das lais cifras globaüíes de las rentas, veamos el detalle 
"de las dos más importantes — la de AJduana y la de papel se- 
llado y patentes. 

La renta de imipoTtación ,y de exiportación produjo 1.430,339 
pesos, distriburdos en la forma que subsigue: 



Enero f 66,631 Julio . 

Febrero 77,786 Agosto 

Marzo 155,596 Septiembre 

Abril 105,599 Octubre . 

Mayo 134,508 Noviembre 

Junio 140,444 Diciembre 



126,652 
127,446 
143,793 
150,077 
106,527 
101,277 



El repunte de septiembre y ofetubre concidía con la afluencia de 
tarcos en el puerto de Montevideo por efecto de las agitaciones 
políticas de que era teatro la plaza de Buenos Aires en esos mo- 
mentos. 

En una liquidación correspondiente a los primeros siete meses 
del año, que montaba a 807,219 pesos, la importación figuraba 
«on 554,000, la exiportación con 66,000, ei deredho municipal con 
134,000 [y con cifras de menor cuantía otros rubros. 

Las patentes de giro, papel selllado, alcabala, patente de cabo- 
taje y otros impuestos más pequeños redituaron en 1852 la can- 
tidad de 215,000 pesos, correspondiendo 164,000 al Departamento 
de la Capital y 51,000 al resto del país. 

En los 164,000 pesos del Departamento de la Capital figura- 
ban las patentes de giro por 102,000, el patpel sellado por 34,000 
y la alcaibala por 16,000. 

Muy inicoimplletos son los datos de 185 3, año de derrumbe de 
las autoridades constitucionales y de agitaciones políticas que 
ciaban peco ambiente a las publicaiciones estadísticas. 

Sólo conocemos estas cifras parciales de ilos ingresos de Aduana: 



142 HISTORIA DEL rSUGUAY 



Febrero $ 103,747 

Marzo 130,274 

Abril 105,796 

Mayo 109,762 

Septiembre 153,000 

Denunician Tetroceso con a'e;lación a las de 185 2. Pero hay que 
advertir que el deretího Mamaido municipal quedó suprimido en 
1S53 y que no toído -debe cargarse en. consecuencia a la disminu- 
c'ón de los consumos. 

El monto de los impuestos recaudados en 1852 ($ 1.750,000) 
corresponide a los niveles allicanzaidois durante el gobierno de Ori- 
be, en que las rentas oscilaron de 1.400,000 a 1.600,000, según 
los datos que hemos reiproducido en el Tomo II. Pero reflejan 
baja «norme con relación a los años 1840 y 1842, del gobierno 
de Rivera, en que el producto rentístico osciló de 3.029,000 a 
3.500,000 pesos. ¡Efecto de la Guerra Grande! 

Entre las medidas encaminadas a facilitar' el contralor admi- 
nistrativo y parlamentario de este perríodo, se destacan el decreto 
de junio de 1853 obligando a las oficinas recaudadoras a verter 
sus íondos en la Tesorería General, y la ley de julio del mismo 
año que prescribía que cuando la Coimisión de Cuentas del Cuer- 
l-O' Legislativo no terminare su tarea dentro del período ordina- 
i:o, la Comisión Permanente la llevaría hasta su fin. 

Signe el Gobiei-no endeudándose cada vez más. 

Hemos hecho referencia al préstamo de 300,000 pesos ges-« 
t:oinado por el gobierno de Giró desde los primeros días de ^>u 
administración. 

Fracasada la negociación con los acreedores de la Aduana, se 
entendió el Gobierno con un grupo de capitalistas que encabe- 
zaba don Carlos Navia. Obligábanse los capitalistas a anticipar 
los 300,000 pesos a dos, tres, cuatro, cinco y seis meses de pla- 
zo, bajo forma de vales que serían descontados en plaza, o por 
'os mismos prestaimistas si así lo resollviera el Gobierno. En de- 
fecto de reembolso de las sumas .prestadas, los documentos de 
crédito contra el Gobierno que tuviese Navia serían recibidoa 
ror la Aduana en pago de derechos. Tal era lo que establecía el 
contrato. Pero luego de entregados 78,000 pesios, surgieron desin- 
teligencias que condujeron a la rescisión del préstamo. 



GOBIEBNO DE GIBÓ 143 



La Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados practicó 
a mediados de año el examen documentado de esa operación 
parcial, resultando de su estudio que el erario público había pa- 
gado por concepto de descuentos y primas de letras y comisiones 
7,800 pesos, o sea justamente el 10 '/<. de la cantidad recibida. 
Era eso, sin embargo • — agregaba la Comisión — lo más econó- 
mico a que podía aspirar el Gobierno dentro de las circunstan- 
cias, y entonces lo que convenía era aprobar lo hecho y derogar 
lu ley acordada para mayor cantidad. 

Desipués de esa primera operación, realizó varias otras el Go- 
bierno, llegando a estabilizarse el recurso de salir de los apuros 
de cada mes mediante la negociación de los ingresos del mea 
siguiente. Véase el monto de los más importantes: 

Junio $ 79,000 

Julio 65,000 

Agosto 60,000 

Septiembre 120,000 

Octubre 73,000 

Noviembre 250,000 

Diciembre 120,000 ' 

% 7(67,000 

Las circunstancias financieras debían empeorarse, y se emt 
peoraron desde los comienzos de 1853, bajo la doble presión de 
la oposición colorada que ya había puesto la proa al gobierno de 
G'ró con ánimo de echarlo abajo, y de los propios elementos si- 
tuacionistas que trataban de provocar un cambio de ministerio 
que llevara a la administración hombres de más empuje y do 
más espíritu de empresa que los que rodeaban al gobernante. 

lEl Poder Ejecutivo pidió en marzo autorización para negociar 
un erqipréstito de 60 0,000 pesos con destino al pago de los suel- 
dos civiles y militares atrasados y de otros compromisos. Lag 
iiecesidades creoían con tal rapidez, que fresca todavía la tinta 
de ese proyecto y antes de que la Asamblea hubiera tenido tiemT 
po 'de sancionarlo, tenía que pedir el ministerio que el crédito 
fuera elevaklo a un milllón. 

"Como el estado de apuros en que se halla el Tesoro — decía 
la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados — , es el 
restiltado de la marcha generail que el ministerio ha seguido 



144 HISTORIA DEL URUGUAY 



desde su advenimiento al poder", parecería llegada la hora de 
definir posiciones aplazando el proyecto; pero se ha optado por 
3^ despacho "a presencia d-e la necesidad premiosa de atender a 
los pagos atrasados que en su mayor parte son el alimento de 
los servidores del Estado". 

La Asamblea votó el millón pedido con la garantía de un de- 
recho adicional de Aduana, bajo la expresa condición de que el 
interés no excedería del 24 % anual y que la operación se rea^ 
1 izaría a la par. 

Con el producto de la nueva operación debían cubrirse, según 
dijo el Ministro de Hacienda en la Cámara de Diputados, 500,000 
pesos de deuda exigible, y otros 500,000 por varios atrasos, en- 
tre los que figuraba un préstamo de 144,000 pesos de don Ireneo 
Evangelista de Souza, barón de Mauá, al gobierno de la De- 
fensa, para compra de material de guerra. 

Lo difí'Cil era, sin embargo', encontrar quién se arriesgara a 
desembolsar dinero en una situación tan apurada y tan llena de 
incertidumbres. 

Había anticipado el Ministro que existían propuestas hasta 
de S y 10 millones procedentes de plazas extranjeras, y que el 
mismo comercio de Montevideo estaba en tren de facilitar fuer- 
tes sumas al 1 y % % de interés mensual, que era el más favo- 
rable que regía para las firmas de prestigio. Pero el movimiento 
revolucionario del 18 de julio sorprendió al Gobierno todavía 
en la tarea de encontrar capitalistas que estuvieran dispuestos 
a entregar su dinero al Estado. 

Efl miniaterio surgikio dfe ese movimiento revolucionario rea- 
nudó con bríos la tarea durante las pocas semanas de vida 
acordadas a] go'bierno de Giró. Don Manuel Herrera y Obes 
que desempeñaba la cartera de Hacienda, convocó a los más 
importantes miembros del comercio de Montevideo para pedirles 
su concurso sobre las siguientes 'bases: 

Los prestamistas entregarían 322,000 pesos en vales al por- 
tador pagaideros a 3 y 4 meses de plazo; las sumas prestadas 
no devengarían interés; el Gobierne daría órdenes de pago a 
cargo de la Colecturía por el importe de los vales, a los mismos 
plazos de 3 y 4 meses, que serian aceptadas en pago de dere- 
ohoQ de Aduana; Jas rentas de Aduana, papel sellado y mercado 
quedarían hipotecadas en garantía de la oiperación. 

Pero la suscripción del comercio apenas alcanzó a 150,000 
pesos y entonces el Gobierno resolvió dirigir la vista al Brasil, 



GOBIERNO DE (Hiló 14Ó 



en la esperanza de levantar allí el millón autorizado por la 
Asamblea. Un diario tan bien informado como «El Comercio del 
Plata» y tan vinculado a la nueva situación creada a raíz de 
la revolución de julio, llegó a decir que so aseguraba que ha- 
bía gestiones diplomáticas tendientes a que el Gobierno Impe- 
rial garantizara la realización del empréstito, sin perjuicio de la 
reanudación del subsidio mensual de 60,000 patacones del tra- 
tado de 1851 que también estaba en trámite. 

El íitraso en los pagos. 

Por decreto de enero de 1852 mandó el gobierno de Suárez 
que se restableciese el servicio regular de los sueldos civiles y 
militares suspendido durante toda la Defensa, suprimiendo a la 
vez las exenciones de impuestos, los suministros de víveres y 
las concesiones de alojamiento con que hasta entonces habían 
sido atendidas las necesidades de los empleados y sus familia?. 
Los pagos debían hacerse por quincenas anticipadas. 

Pero con rentas tan exiguas como las que había, y sin am- 
biente para las operaciones de crédito no era posible que el 
decreto tuviera cumplimiento. 

Los sueldos se fueron, pues, atrasando, sobre todo al finali- 
zar el primer año de la administración Giró. 

«Nos encontramos cada día peor de recursos — escribía el Mi- 
nistro de la Guerra coronel Venancio Flores al Ministro de Go- 
bierno doctor Florentino Castellanos en noviembre de 1852 — . 
Hoy estamos sin pagar la lista civil y militar y van corriendo 
tres meses; todo el mundo desespera de miseria, y esto es de 
trascendencia, como usted debe comprenderlo. Yo creo indispen- 
sable y como único recurso tocar al Gobierno del Brasil, a ver 
si nos da el subsidio por algunos meses para salir de este 
estado». 

«A los empleados públicos se les debe sus sueldos de cuatro 
meses», agregaba el Ministro de Hacienda a mediados de 1853 
en la Cámara de Diputados. Pocas semanas después expresaba 
el doctor Juan C. Gómez en esa misma Cámara que el atraso 
había aumentado a cinco meses. 

La Cámara de Diputados, tomando una hermosa iniciativa, 
votó un proyecto de ley por el que se suspendía el abono de las 
dietas, a la espera de la normalización de los pagos; pero el 
Senado no siguió su impulso y el proyecto quedó rechazado. 
10 -IV 



146 HISTORIA DEL URUGUAY 



Eu julio, al liempo de estallar el motín militar contra ei 
gobierno de Giró, habían subido a seis los presupuestos atiM- 
sados. 

Los militaren, que veían crecer la montaña de la deuda, a la 
que indefectiblemente irían todos los sueldos y atrasos pendien- 
tes, resolvieron gestionar la sanción de leyes tutelares de sus 
intereses. En una representación al Cuerpo Legislativo encabe- 
zada por los generales Juan A. Lavalleja, Enrique Martínez, An- 
tonio Díaz, César Díaz, José A. Costa y Andrés Gómez, pedíin 
que se declarase «que los créditos originarios por sueldos pro- 
venientes de servicios a la patria, "ozabaii de prelación y pri- 
vilegio sobre todas las cuentas pasivas que el erario nacional 
reconociera en su contra». La Comisión Militar de la Cámara 
de Diputados, al despachar ese asunto reconoció la justicia de la 
prelación, pero con la advertencia de que la oportunidad de de- 
clararlo sólo llegaría una vez que la Asamblea acometiera la 
obra de la clasificación de la deuda pública. Y ese informe pre- 
sentado a mediados de junio de 1853, en la víspera de la clau- 
sura de las sesiones ordinarias, dio lugar a que los generales pe- 
ticionantes volvieran a presentarse, «para implorar — decían — 
la declaración paladina y en el día de que en efecto los haberes 
militares gozan de la prelación y privilegio que hemos invo- 
cado». 

Una especie de ultimátum, como se ve, que denunciaba la des- 
esperación de los empleados eu la víspera del movimiento mili- 
tar de julio. 

El déficit. 

Véase cómo describía el Presidente Giró el estado de las finan- 
zas nacionales al abrir las sesiones ordinarias del Cuerpo Legis- 
lativo en febrero de 1853: 

«¡Las rentas públicas han excedido el cálculo del Presupuesto 
a pesar de la supresión que se hizo de diversos derechos con el 
fin de dar facilidades al comercio; pero las necesidades supervi- 
nientes a la ley de Presupuesto; los gastos de pacificación de la 
República; la incorporación sucesiva a la lista militar de oficia- 
les, de inválidos y de viudas; el aumento de plazas en el Res- 
guardo; la creación de otras en las oficinas de recaudación y de 
policías de los departamentos; el armamento de algunas embar- 
caciones para el celo de las costas; el establecimiento de una 



GOBIEBNO DE GIBÓ 147 



aduana de depósito en la Colon^ia, y otros gastos pendientes ex- 
traordinarios indispensables para el mejor servicio del Estado, 
han ocasionado un déficit mensual en Tesorería que el Gobierno 
ha llenado por medio de empréstitos sucesivos, calculando den- 
tro de la cantidad para que estaba autorizado". 

Dos meses más tailde el Ministro 'de Hacienda declaraba ante 
Ja Cámara de Diputados, con ocasión del proyecto de empréstito 
de un millón da pesos, que el déficit montaba a 1.768,000, 
wicluíido el lya existente en agosto de 1852 por 439,000. 

La prensa de la época señalaba especialmente entre los fac- 
tores del desequilibrio la afectación del 25 % de la renta adua- 
nera al reembolso deil subsi'dio acordado por el Tesoro fran- 
cés al gobierno de la Defensa y la abolición del impuesto mu- 
nicipal. Dentro del presupuesto de 18 meses destinado a re- 
gir desde junio de 1852 hasta diciembre de 1853, representaba 
el primero la pérdida de 450,000 pesos y el segundo de 270,000, 
c sea un promedio de 40,000 pesos mensuales, cuya disponibili- 
dad habría permitida ayudar fuertemente a la i-egularizac'rní ce 
los pagos. 

Sólo por concepto de sueldos — escribía Juan C. Gómez ai 
finalizar el mes de junio — se adeudan más de (iOü.OOO pesos: 
17,000 por febrero. 220,000 por marzo y abril, y 369,000 por 
mayo, junio y jtilio. 

"Persistir por más tiempo — deo'a "El Comeicio del Plata" 
— pu el estado actual, que es un,i bancarrota menos el nom- 
bre, drjar ciue se acumulan impagrg los sueldo.-, da los servi- 
dores públicos, que no se vea una luz que indique que los 
acreedores del Estado pueden conlar con alguna cosa de lo 
aue se les debe, y por fin noi mirar en la situación violenta 
que nace de ahí sino una situación normal, que no exige nada 
r^e parte del Go'bierno, es de veras una aberra :'ón deplorable 
y peligrosa". 

Empieza la liqíiiiílación de la deuda pública. 

Uno ide loa trata^dos ide 1851, el de préstamos, ^iniponia a3 
Uruguay la obligación de organizar de inmediato una Junta de 
Crédito Público encargada de la liquidación y clasificación de 
la 'deulda, en la que tenidría entrada un delegaklo del Imperio; 
y de convertir dentro del primer semestre de 18 52 todo eil monto 
l:CjUi(dado y clasificado en títiutlos de deuda consolidada idel 3 y 
del 6 % de interés ,al año. 



14b HISTORIA DEL URUGUAY 



Por efecto del pi'opio proceso de la reconstrucción nacional 
iniciado a raíz de la paz, hubo que aplazar el cumplimiento de 
esas cláusulas. Recién en julio ile 1852 quedó instalada la 
Junta de Crédito Público, actuanfdo én noim'bre del Im'perio don 
Manuel Viera Braga primeramente y luego el señor Tolen- 
lino, y en nombre del Gobierno don Cristóbal Salvañach, don 
Vicente Vázquez y don Alejandro Chucarro. 

Mucho había trabajado la prensa, sin embargo, a favor de 
la rápida ejecución del tratado, indicando la conveniencia de 
movilizar el capital muerto de la deuda y la necesidad patrió- 
tica de enterrar el pasado de luchas partidistas de que esta 
deuda emanaba. 

Empezó la Junta de Crédito por darse un reglamento, cuya 
diflposición sustancian decía así: 

"La Junta de Crédito Público llamará por edictos publicados 
en los diarios de esta iciuldad a todos los acreedores del Estado 
cuyas deudas estén documentadas y reconocidas por el Go- 
bierno, o reclamaciones que tengan despacho de éste, para que 
£ean liquidadas y clasificadas por la misma Junta, señalando 
eü término de cuatro meses, contados desde el día 1." de sep- 
tiembre, (para íque le sean ipresen.ta>das". 

Sólo concurrieron tres reclamantes el día de la apertura del 
registro: dos de ellos volrvieron a llevarse su papeles, porque 
Tió estaban en forma, y el registro se estrenó entonces con un 
solo, asiento por 4 8 pesos pertenecientes a una pobre mujer. 

¡Tal fué el moide'sto comienzo de la montaña de 100 miltlones 
de deuda con que debía cerrarse el registro instituido por exi- 
Ketícias de la dií)lomacia brasileña! 

Precisando el alcance de la cláusula del Reglamento que he- 
mos repro(ducido, ipres'cribió un decreto gubernativo que la 
Junta sólo admitiría los documentos o títulos de crédito contra 
el Estado que habieran seguido su tramitación en forma y es- 
tuvieran reconocidos por las autoridades administrativas o ju- 
diciales correspondientes. Aquellos que no exhibieran documen- 
los o títulos aaí reconocidos o que sólo tuvieran a su favor 
simples informaciones, deberían aguardar la autorización del 
Cueripo Legislativo, "no considerándose el Gobierno autorizado 
para su reconocimiento". 



COliltUNO 1)K GIRÓ 149 



Los perjuicios df {•uon-a. 

Quedaban, pues, fuera de las r.u-ibuciones de la Junta de 
Crédito Público todos los perjuicioo de guerra no reconocidos 
f>!i forma por las autoridades a'dministrativas o en su defecto 
por sentencia judicial. 

Pero la Asamblea sancionó a meuiados de 1853 una ley que 
umpliaba notablemente los marcos. 

•'Sólo se reconoce como deuda nacional por razón de perjuicios 
de la guerra — decía esa ley- el importe de los animales, ar- 
tículos, efectos o bienes tomados o inutilizados a particulares, 
por autoridades públicas militares o civiles depondientes de 
cualquiera de ¡os respectivos gobiernos que dentro y fuera de 
Montevideo han regido el país hasta el 8 de octubre de 1851". 

La justificación se haría ante los Alcaldes Ordinarios de todo 
el país. El Gobierno designaría en cada departamento un agen- 
de fiscal .con el cuail se sustanciarían ílas causas. .Los reclamos 
se interpondrían por escrito o verbalmente, levantándose acta 
en el último caso. Una vez concluidas las informaciones, serían 
1 emitidos los expedientes al Poder Ejecutivo para que éste dic- 
tara resolución previo dictamen del ministerio fiscal. En caso 
de ser favorable la resolución, el Poder Ejecutivo mandaría li- 
quidar, documentar e inscribir el crédito, "sin perjuicio de so- 
ineterlo a la revisión legislativa". En caso de ser desfavorable, 
quedaría libre al reclamante la acción judicial. Los reclamos de- 
btrian presentarse dentro del plazo de seis meses computados 
desde el nombramiento de los agentes fiscales en los departa- 
mentos. 

A un verdadero tembladeral empujaba así el legislador en 
el deseo patriótico de echar una palada de tierra sobre los agra- 
vios de la larga y asoladora guerra que acababa de terminar. 

"Casi todos los pueblos de la tierra — decía en 1857 el doc- 
tor Juan Carlos Gómez — han consagrado el principio de que el 
Estado no debe indemnización por perjuicio de los hechos de las 
guerras civiles, siendo eLlas calamidades que pesan sobre todo 
el país, de que sufren todos sus habitantes y con cuyas conse- 
cuencias todos deben cargar en la parte que les haya cabido, 
ccmo las inunidaciones, los terremotos, los imcentdios, las epidemias 
y otras grandes desgracias de las sociedades". 



150 HISTORIA DEL VRUGÜAY 



Proyectos de consolidación de la deuda. 

Quedaban ya abiertas y en pleno funcionamiento las dos 
grandes canillas de la deuda pública: la de los créditos recono- 
cidos por las autoridades administrativas o judiciales y la de 
los perjuicios de guerra a base de informaciones sumarias en 
los departamentos y de resoluciones ministeriales más sumarias 
todavía. 

Una ley sancionada en 1852 autoriza^ba al Poder Ejecutiva 
para iniciar con los acreedores, previa liquidación y clasificación 
de la deuda general, los arreglos convenientes, y también para 
preparar y acordar las operaciones de crédito necesarias, todo 
ello con cargo de dar cuenta instruida a la Asamblea y proceder 
en definitiva conforme a lo que ésta resolviese. 

A principios de 1853 hubo una numerosa reunión de legisla' 
dores y hombres de negocios en el Ministerio de Hacienda para 
.cambiar ideas acerca de la forma en que debería efectuarse el 
arreglo y pago de la deuda. Varios proyectos surgieron de esa 
i?iiciativa. 

Uno de ellos, suscripto por don Francisco Magariños. don Ata- 
liiTfio Aguirre y don José María Muñoz, establecía qur, los cré- 
.íitos provenientes de depósitos, los pactados con garantía hipo- 
tecaria de las rentas y los consolidados serían convertidos en tí- 
tulos de deuda de 6 % de interés; los procedentes de suminis- 
tros, contratos y préstamois sin garantía hipotecaria, serían con- 
vertidos en títulos de 3 9<- de interés; y todos los demá? en tí- 
tulos de deuda sin interés alguno. Para el pago de los intereses 
se crearía un adicional del 4 9f sobre la importación y para e' 
pago del capital se negociaría un empréstito de 8 millones di 
pesos con la garantía de la contribución directa y de otras ren- 
tas. 

Otro de don Pablo Duplessis, limitábase a la creación de un 
fondo amorttizante a expensas de la contribución directa y diver- 
^aP. rentas. 

Un tercer proyecto de don José Zubillaga, autorizaba la con- 
tratación de un empréstito de 2 millones destinados a amorti- 
y.aciones quincenales de 100,000 pesos cada una, al precio de 
plaza, lo cual permitiría en un año rescatar 12 millones. El em- 
préstito Sfc pagaría en diez años mediante una entrega mensual 
ce 20,000 pesos de rentas generales. El autor calculaba que la 



G031EKX0 DE GIKÓ 151 



liquidación de la deuda llegaría a 30 millones, pero se limitaba 
a planear la extinción de algo más de la tercera parte de esa 
suma. 

Otro del coronel Lorenzo Batlle, proiponía la contratación de 
un empréstito para amortizar, al precio de plaza, la totalidad 
de la deuda. 

La Junta de Crédito Público presentó un nuevo proyecto que 
dividía la deuda en tres categorías: la i." constituida por los 
■créditos hipotecarios y los títulos de reforma militar; la 2.-' por 
los cr(í|dit03 no hipotecarios; y la 3." por las demás ideu'das. 
Para el pago de los capitales de la primera categoría, se emiti- 
ría una deuda consolidada de 6 H de interés y 2 ^/i de amor- 
tización. Para los de la segunda categoría, se emitiría deuda de 
3 % de interés y 1 'A de amortización. Y para los de la última, 
títulos de 1 '■// de interés y "^j 9? de amortización. La consolida- 
ción recaería exclusivamente a favor de los capitales originarios, 
debiéndose recabar de los acreedores la renuncia de los intereses 
"en vista de la carencia de recursos". 

La Junta de Crédito Público partía de la base de que la deuda 
reconocida no excedería de 40 millones de pesos, y suministraba 
un dato revelador del cruel desprestigio de Jos créditos que 
se estaban registrando: las liquidaciones de sueldos de emplea- 
dos civiles y militares se vendían con la enorme pérdida de 99 
y V-i %. o sea al precio de % %. Agregaba que la mayoría de los 
documentos registrados no estaban ya en manos de sus dueños 
primitivos, sino que habían sido negociados a un promedio que 
podía fijarse en la décima parte de su valor nominal. 

Sobre la base de estas diversas fórmulas y muy especialmente 
de la última, formuló el Gobierno un último proyecto que fué 
sometido al Cuerpo Legislativo en mayo de 1853. 

Dividía la deuda en cinco categorías: capital originario ínte- 
gro de los contratos hipotecarios y de la reforma mil,itar; capi- 
tal originario de los empréstitos y contratos no hipotecarios con 
rebaja del 40 ojo; capital originario de alquileres con rebaja del 
60 ojo; capital originario de las demás deudas con rebaja del 85 
•ojo; capitales rebajados e intereses corridos hasta diciembre de 
1852. 

Las cuatro primeras se pagarían con títulos de deuda conso- 
lidada de 6 ojo de interés y 1 ojo de amortización. La quinta 
<'on títulos de deuda flotante, sin intereses. La amortización 
se efectuaría por el precio de plaza y sólo empezaría a hacerse 
•efectiva pasados cuatro años. 



102 HISTORIA DEL UKUGUAT 



Llegó el mes de julio, último de las sesiones ordinarias, sin 
que la Asamblea abordara el examen de ese proyecto, y enton- 
ces se lanzó la idea de convocar a sesiones extraordinarias que 
se dedicarían exclusivamente a la consol,idación de la deuda. 
Pero la idea no encontró ambiente y dando las razones del fra- 
caso, decía "La Constitución": 

Por ahora tenemos bastante con la ley que autoriza al Po- 
der Ejecutivo a celebrar arreglos con los acreedores y la ley 
que establece la Caja de Amortización. Antes de consolidar, es 
preciso que 'quede terminado y cerrado el expediente de la deu- 
da. El artículo 17 de la Constitución atribuye a la Asamblea la 
facu'ltad de contraer la deuda nac^ional y consolidarla. En un año 
que lleva de funcionamiento apenas ha realizado la Junta de 
Crédito Público la mitad de su tarea. ¿Cómo hablar entonces 
de consolidación? Es cierto que el Tratado de Préstamos con el 
Brasil impuso la obligación de consolidar durante el prnier se- 
mestre de 1S52. Pero al redactarse el Tratado se suponía que 
la liquidación y clasificación de los créditos quedarían terminadas 
en ese plazo y no en el otro mucho mayor que va resultando. 

T'iia propuesta eui'opea ligada con la colonización. 

Otro proyecto más importante presentó don Fernando ]\Ienck, 
del comercio de Montevideo, a nombre de varios capitalistas 
franceses. Partía de la base de una deuda consolidada de 40 mi- 
llones y para rescatar esa deuda a tipos que podrían oscilar del 
15 al 40 por ciento, ofrecía diez millones de pesos efectivos. El 
Estado abonaría el interés del 6 o|o al año y entregaría al sin- 
d.icat3 por espacio >áe diez años 500,000 cuadras de tierra cul- 
ti\rables para ser coilonizialdais con 10,000 familias de 5 inidividuo» 
cada una, término medio. A los 5 años la mitad de las tierras se- 
rían adjúdica'das en propiedad a las familias, y a los 10 años 
el sindicato devolvería al Estado la otra mitad valorizada por 
el trabajo de los colonos. 

Es.te proyecto fué acepttaido en principio y el Gobierno anun- 
ció el propósito de entrar en negociaciones previa autorización 
legislativa. Pero ya el ambiente político estaba muy agitado y 
las autoridades constitucionales, arrastradas a la pendiente del 
derrumbe, no tuvieron ni t^iempo ni oportunidad de llevar más 
adelante las cosas. 



GOBIERNO DE GIRO 



153 



Se establece una raja de aiiiortizarión <le la deuda. 

Una ley de 1852, debida a la iniciativa del doctor Eduardo 
Acevedo, afectó todas las tierras y propiedades públicas a la 
amortización de la deuda; autorizó al Poder Ejecutivo a em- 
prender de inmediato la mensura general del territorio, con exa- 
men de la titulación privada; y prohibió desde ese momento ad- 
mitir denuncias y realizar enajenacion'es de las pertenencias del 
EJstado 

Apoyando esa iniciativa decía en su informe la Comisión de 
Hacienda del Senado: 

"Después que la Nación ha visto enajenar los cuarteles de la 
ti.Oipa, todos los edificios públicos y hasta las plazas de la Capi- 
tal, de temer es que la codicia por una parte y la indolencia por 
otra se vuelvan a combinar para desapropiar aJ Estado de las 
tierras que aun tiene en su vasta campaña. Es incalculable la 
riqueza que todavía poseemos en tierras de pastoreo; pero no 
por los cuidados de las administraciones anteriores sino por su 
propio abandono en recibir y titular agrimensores de niimero a 
cualquier extranjero que se ha presentado con tal solicitud. 
¿Qué podría importarles a éstos que al recibir el área de un 
campo que iba a vender el fisco se escribiesen cuatro leguas en 
vez de ocho, si su mensura no habría de /rectificarse desde que 
ios colindantes no hubieran s^do perjudicados? Y así es que he- 
mos visto asegurar a un agrimensor que constaba de 60 leguas 
un campo cercado por límites naturales, cuando tenía más de 
400". 

Otra ■ ley de 1853. obra también del doctor Acevedo, creó 
ui.a Caja de Aimortización y Rescate, sin perjuicio de las demás 
( peraciones que pudieran hacerse en adelante. La Caja traba- 
jaría con ayuda del 5 '"á de las rentas generales y el producto 
de las tierras públicas, y sería administrada por una Comisión 
compuesta de un senador, dos diputados y un representante 
de los acreedores. El rescate de la deuda se efectuaría men- 
sualmente, bajo forma de propuestas cerradas aceptándose las 
más ventajosas para el Estado. 

Explicando el propósito que perseguía, dijo su autor que 
ce las publicaciones de la Junta de Crédito Público resultaba 
que la liquidación de la deuda no quedaría pronta antes de 
algunos meses y que era entretanto necesario que la Asamblea 
biiciera algo en obsequio de los numerosos acreedores que esta- 
ban postergados en sus pagos. 



154 HISTOKIA DEL URUGUAY 



Complementando el programa práctico a que respondía la 
Caja de Amortización, abordó la Asamblea el arreglo y forma 
de pago de varios créditos de importancia, entre ellos los que 
gestionaban los iseñores Pereda, GounouiLhou, Costa, Murguiondo, 
Agell y Maines, por sí y como representantes de otros acreedo- 
res hipotecarios, por la suma de t?'es y medio de millones de 
pesos. Mientras la renta de Aduana no excediera de 150,000 
pesos mensuales, se aplicaría a su rago el 1 9Í- y la cuota iría 
creciendo a razón de 1/2 % más por cada 25,000 pesos de 
progreso en la renta. 

La Caja de Amortización empezó a funcionar en la últimas 
semanas del gobierno de Giró y q.iedó envuelta en el derrumbe 
de ese gobierno. 



Tesoro especial para el servicio de la deuda. 

• El Poder Ejecutivo presentó en esa misma oportunidad un 
plan encaminado a asegurar el servicio de la deuda sobrs la 
base de los siguientes recursos: 

Un impuesto de 6 % sobre los alquileres de las fincas si- 
tuadas en la ciudad de Montevideo, que se recaudaría durante 
'os años 1S53 y 1854; una contri-biición directa &obre las pro- 
Piedades inmuebles de toda la República, que empezaría a recau- 
darse desde el año 1855 en adelante con la tasa de 4 por mil 
ci primer año, 6 por mil el segundo y 8 por mil en los 
años subsiguientes: un derecho adicional de Aüuana del 4 % 
sobre la importación; un canon sobre el capital de los montes 
públicos que seria del 6 por mil del valor de tasación de los 
montes en el primer año y 8 por mil después. Desde el año 
•1855 en adelante los compradores de tierras públicas pagarían 
el precio exclusivamente en títtilos de deuda. Todas las rentas 
y recursos se depositarían en una caja provista de tres llaves 

• Que estarían en manos de un diputado y dos senadores. 

La Asamblea no llegó a ocuparse de este plan. Pero en cam- 
bio incorporó a la ley de Presiupuesto una partida de 600,000 
pesos con destino al servicio de la deuda. 

Es interesante agregar que al iniciarse el estudio de la con- 

:solidación de la deuda, uno <le los órganos de la prensa, "El 
Noticioso Universal", habló de implantar el papel moneda so- 
-bre la base de igarantías ihipotecarias suficientes. Felizmente 



GOBIEBNO DE GIRÓ ] 55 



la idea levantó mucha polvareda -j quedó abandonada. El país 
continuaba salvándose así del emnapelamiento en lo más recio 
de sus crisis, gracias a las resistencias de un comercio sano 
y sólido acostumbrado a cumplir honradamente sus compromi- 
sos y p.or lo mismo a comprar y vender en metálico. 

El monto de la deuda. 

A mediados de 1852, al pedir a la Asamblea autorización para 
entrar en arreglos con los acreedores, calculaba asi el gobierno 
de Giró el monto de la deuda pública: 

Deudas contraídas con afectación de rentas hasta 

octubre de 1851 5.632,80-9 

Deudas contraídas en la misma forma después de 

octubre 468,481 

Cálculo de la deuda pendiente en enero de 1852. . 18.972,934 



25.074,224 



En el primero de esos rubros figuraba ©1 subsidio del Tesoro 
francés al gobierno de la Defensa por cerca de un millón y me- 
dio de pesos y otras operaciones realizadas por el mismo gobier- 
no para el levantamiento de fondos. 

Las rentas públicas de 1853 habían sido calculadas en 
1.613,800 pesos, y basta poner frente a frente ambas cifras, la 
de la deuda y la de los recursos, para palpar lo angustioso de la 
situación. Adviértase sin embargo que cuando esos cuadras se for- 
mulaban, todavía no había empezado a funcionar la Junta de 
Crédito Público y que, en consecuencia, el cálculo de la deuda 
pendiente carecía absolutamente de base. 

A mediados de 1853 el monto ya liquidado y clasificado por 
ia Junta de Crédito Público llegaba a 26 millones. íruelanio to- 
davía montañas de expedientes por liquidar y clasificar! 

A'alor de los documentos de crétlito. 

Señalando los efectos de una saludable reacción en el nivel 
del crédito público, obra del esfuerzo en favor del arreglo de la 
deuda, decía 'E! Comercio del Plata" en marzo de 1853: 



lótí ' HISTORIA DEL URUGUAY 



"Documentos que hasta hace poco no se compraban sino a un 
cuarto por ciento y a un octavo por ciento, tienen hoy el precio 
del 5 % y aún del 6 Vf". 

La reacción era grande, sin duda alguna: de un octavo al seis 
por ciento. Pero ¡cuánto trayecto a recorrer todavía para no]- 
malizar y prestigiar el crédito del país! 



Ijegislación tributaria. — La ley de Aduana. 

Eu 1853 fué sancionada una ley de Aduana derogatoria de la 
Que venía rigiendo desde 1837. 

Ein materia de importación queda^ban exonerados de impueá- 
1o las máquinas, el carbón de piedra, las cascaras para curtir, 
la sal, el ganado en pie, los frutes similares de los del país y 
otros artículos de la misma índole. Se establecía como derecho 
general el 20 '^/c, y ese porcentaje se bajaba, por ejemplo, al 
15 % a favor de los tejidos de hilo o de seda y al 6 % a favor 
del hierro sin labrar, o se alzaba al 25 % para el azúcar, la yer- 
ba, el café y los comestibles en general, al 30 Te para los mue- 
bles, la ropa hecha, el jabón, los sombreros y las puertas y ven- 
tanas, y al 35 ''/o para las harinas, los fideos, el queso, la man- 
teca, los cigarros, las velas de sebo, el aguardiente, el vino y la 
cerveza. Deberían liquidarse los derechos sobre la base de los 
precios corrientes al por mayor con el 10 '/c de rebaja. 

La exportación de frutos del país quedaba absolutamente exo- 
nerada de derechos. 

Y en cuanto al tránsito, eran declarados libres de derechos el 
trasbordo y el reembarco. 

La misma ley habilitaba las aduanas y receptorías de Monte- 
video, Colonia, Suriano, San Salvador, Carmelo, Mercedes, Hi- 
gueritas, Paysandú, Salto, Santa Rosa, Constitución, Rosario, Ar- 
tigas, Cebollatí, Taicuarembó .y CuaTeim. Pero el depósito sólo 
se autorizaba en Montevideo, Maldonado, Colonia, Higueritas, 
Paysandú, Salto, Santa Rosa y Constitución. 

Apenas promulgada la ley, el comercio de Montevideo se pre- 
sentó al Gobierno reclamando contra el almacenaje. La ley de 
1837 fijaha ese Siervi/cio en un oictavo (por ciento y la nueva ley 
en un cuarto por ciento. El derecho quedaba, en consecuencia, 
duplicado en circunistantcias en que convenía atraer al puerto 
la mayor corriente comercial posible. Convencido de ello, dict6 
e' Gobierno un decreto suspendiendo el cobro del recargo. 



GOBIEBNO DE GIBO 



If)? 



Por las mismas razones de conveniencia portuaria, la Cámara 
de Diputados rechazó a mediados de 1853 dos proyectos qua gra- 
vaban el trasbordo y el reembarco. 

En cambio fueron sancionadas dos leyes estimuladoras de la 
c-xportación : la de mayo de 18 52 que exoneraba de derechos a 
los cueros caballares secos y sallados, y la de junio siguiente que 
reducía fuertemente el derecho sobre los cueros vacunos secos 
o salados. 

Justiificando la primera de esas leyes decía la Comisión de 
Hacienda de la Cámara de Diputados que era necesario fomentar 
la extirpacum de la inmensa cantidad de yeguas que inundaba los 
campos de la República. 

Al discutirse la segunda, pidieron algunos diputados que el 
impuesto sobre los cueros vacunos fuera abolido en vez de reba- 
jado. Nuestros derechos — decía el doctor José María Muñoz — 
son rmájs altos que los argentinos, y a causa de ello los cueros dí;l 
litoral oriental salen de contrabando con rumbo al puerto de 
Buenos Aires. Otro diputado, don Salvador Tort, corroborando 
esa tesis invocó una inspección personal que acababa de reali- 
j;ar en Buenos Aires. Durante tres días de operaciones portua- 
rias realizadas a su vista, había constatado que la sexta parte 
de los cueros que salían para ultramar eran de procedencia 
oriental. 

Otra forma de contrabando más grave preocupaba al comercio 
tle Montevideo: la que se realizaba a la sombra del reembarco 
o trasbordo de mercaderías extranjeras. Y para combatirlo pro- 
pusieron los comerciantes, en una reunión celebrada en la Co- 
lecturía General, un plan de contrallor que sinltetizaban así: 

Los buques que operan en los puertos del litoral deberán pre- 
sentar sus guías en forma; las receptorías devolverán a la Adua- 
na de Montevideo las guías originales cumplidas; la policía 
aduanera ejercerá una vigilancia especial en las operaciones de 
removido. 

Sobre la base de ese plan dispuso el Gobierno en 18 52 que las 
autoridades portuarias del Uruguay sólo admitieran los buiques 
que llevaran las guías lacradas y selladas por la Aduana de Mon- 
tevideo, Colonia, PaLmira o Higueritas, o por el Consullado 
Oriental si procedían de puertos argent,inos. 

También fué restablecida la Receptoría General de Higueritas 
y se dirigió el Gobierno a la Asamblea en demanda de autoriza- 
ción para comprar y armar un buque destinado a la policía del 
río Uruguay. 



158 HISTORIA ÜEL URUGUAY 



La escasez de instalaciones dificultaba grandemente la aplica- 
ción de algunas de las medidas adoptadas para dar facilidades 
al comercio y combatir el contrabando, principalmente en las re- 
ceptorías fluviaües, donde el Gobierno se veía obligado con fre- 
cuencia a permitir el depósito particular por falta de almacenes 
fiscales. 



Se establece la Contribución directa. 

La idea de establecer la contribución directa fué lanzada des- 
de las columnas de "La Constitución" en 1852. 

Una vez generalizado e'. verdadero concepto del impuesto — 
escribía el doctor Eduardo Acevedo — la neces,idad de que to- 
dos contribuyan en proporción a sus facultades al sostén de las 
cargas públicas — podrán realizarse reformas importantes en 
nuestro viciosísiimo sistema económico. Establecido el imipuesto 
directo sobre el capital, vendría la abolición de las aduanas que 
constituyen la más desigual de las contribuciones. La reforma 
supone la previa organización de las municipalidades, auxiliares 
poderosos para la repartición y recaudación del impuesto, y el 
levantamiento del censo de la población y de las propiedades. 
Tomadas estas medidas se principiaría con una cuota muy peque- 
ña disminuyendo proporcionalmente los derecihos de aduana, y 
así se seguiría por algunosi años hasta arribar gradualmemte a la 
abolición de las aduanas y a la organización de una contribu- 
ción directa con recursos fijos para atender a todas nuestras 
necesidades. Por el momento podría destinarse su pro'íucto a 
la amortización de la deuda general. 

La ley de Contribución Directa proyectada y sancionada on 
1853, establecía la cuota uniforme del 2 por mü sobre todcs los 
capitales de la Reipública. Los contribuiyentes deberían hacer la 
declaración de siu's capitailes ante las Juntas Económico-Admi- 
nistrativas o Comisiones Auxiliares, y en caso Ü3 no hacerlo así 
o de disminuir notablemente el capital, practicaría el avali'io un 
Jurado compuesto del Juez de Paz y do dos vocinos sorteados 
de una lista de veinte formiada por los propios Juecr-s :le Paa 
al principio de cada año. Quedaban exentas del impuesto las pro- 
piedades de mil pesos abajo, y las urbanas o rurales improduc- 
tivas. 

Otra ley sancionada en la misma oportunidad aplicó el pro- 
ducto del nuevo impuesto al pago de la deuda, luego de cubierta 
el déficit deJ Presuipuíesto. 



GOBIERNO I)K GIRÓ 159 



Establec.ase una cuota moderada del 2 por mil absolutamente 
igual i)ara todos los capitales, como medio — decía !a Comisión 
de Hacienda de la Cámara de Diputados — ".le que principie 
de un vez a ser habitual el sistema, más que por sus resultados 
inmediatos". 

C inviene — agregaba la Comisión dictaminar '.■• — 'es- 
tablecer un sistema de rentas que ponga al erario al abrigo d? 
las eventualidades que presenta el que actualmente existe en la 
República". 

La contribución directa debía empezar a rpíaudiñ-'se desde 
18.54. Pero sólo fué aplicada al año siguiente, y entonces con 
una cláusula adicional que autorizaba a los contribuyentes a 
cancelar el impuesto con títulos de deuda por el precio máxi''To 
de la última amortización mensual. 

Pittentes de giro. 

La ley de Patentes de Giro sancionada en 1852 establecía 1') 
categorías con cuotas que oscilaban de 10 a 100 pesos. La de 
100 pesos era aplicable a los saladeros y panaderías y la de SO 
pesos a las casas de consignación y boticas al por mayor. La 
í,ian mayoría de los establecimientos pagaba en consoouencia, 
cuotas extremadamente moderadas en armonía con las estreche- 
ces industriales de la época. 

Las casas extranjeras estaban obligadas a pagar la patente 
inmediata superior o en su defecto el 25 por ciento de recargo, 
salvo que tuvieran empleados dos jóvenes del país, tratándosc- 
del comercio may:rista, y uno tratándose del comercio minorista. 

Quedaban prohibidas las tiendas volantes o mercachifles. 

Papel sellado. 

La de Papel Sellado del mismo año establecía nueve sellos, 
clesde el de 20 centesimos aplicable a las obligaciones de menos 
no 20 pesos, hasta e\ de 9 pess aplirable- a las obligaciones de 
20,000 pesos arriba. 

Al Impuesto de papel sellado quedaban sujetos los pagarés, 
los vales y demás documentos otorgados entre particulares, pero 
escapaban los recibos por cancelación de contratos consumados 
ü de actos condluídos, otorgados por vía de resguardo simple- 
mente, como los recibos de alquiceres y jornales. 



160 HISTORIA DEL imUGUAT 



Kiiajenación de rentas. 

EJl PQder Ejecutivo fué auitoriaado en 1853 para vender la mi- 
tad de las rentas de Aduana, mercados, .corrajles y lotería, por 
uno o dos- años. Los rematadores intervendrían en la adminis- 
tración y recaudación de las rentas y iprqpon'drían toldo el perso- 
nal subalterno, el cuail sería amovible a voluntad del Poder Eje- 
cutivo. El nombramiento de jefe ele la oficina sería privativo 
del Gobierno. 

Prestigiando el proyecto, decíJa la Comisión de Hacienda de 
la Cámara de Diputados: 

-Es un pensamiento "digno de fer secundado por cuanto él 
conduce a la buena administración de las rentas, que para exis- 
tir necesitan inteligente y activa fiscalización!. . . Encomendar 
una parte de este trabajo y de ese deber al interés individual 
es el medio más apropiado de alcanzar todos los resultados 
í'petecibles, y de cierto que una vez reconocida esa convenien- 
cia sería lástima no aplicarla a otras rentas del Estado..." 

Esa ley tenía su principal antecedente en la de 1834, obra 
de la administración Rivera, largamente aplicada luego por el 
gobierno de Suárez durante todo el período de la Defensa, cir- 
cunstancia que fué invocada por los oradores de la minoría co- 
lorada para oponerse a la nueva enajenación. 

El gobierno de Giró — decían -- despojó con ^u decreto de 
marzo de 1852 a los compradores de la renta de Aduana y de- 
más rentas enajenadas por el gobierno de Suárez, a título de 
que la recaudación de impuestos orrespondia al Presidente de 
la Repú'bl;^ca. Puesto que albora se reaicciona, lo que corresipon- 
de tes reintegrar en el ejercicio de sus derechos a lo.s com- 
pradores despojados. Tal era la argumentación de los doctores 
•José María Muñoz y Juan Carlos Gómez. 

El Presidente Giró había dictado su decreto ante la nece- 
sidad de vivir e invocando que las /hipotecas constituidas por 
su antecesor reconocían un origen pura y exdlusivamente admi- 
nistrativo, es decir, sin ley que las autorizase. Eran razones 
que podían discutirse sin duda y que se discutieron con calor 
en la Aisamblea |de 1852, pero que no (podían invocarse contra 
la autorización que peldía ,eil Go])i'erno al único Poder ^capacitado 
;para otorgarla. 



GOBIKRNO DE GIRÓ 161 



Abolicióu (!«' inii)u<'slos. 

Varios impuestos fueron abolidos durante la administración 
Giró a despecho de lo angustioso do la situación financiera. 

En primer lugar, la alcabala. La Comisión de Hacienda de la 
Cámara de Diputados "inició la reforma mediante la rebaja de 
la .cuota. Ste cobraba '61 4 ''/ sO'bre el vallor de los bienes raíces 
y fn conc'eipto k\e Ca .Comisión de'bía cobrarse el 2 Vr , como 
medio de facilitar las transacciones y de combatir el fraude. 
A] discutirse el proyecto propuso el doctor Eduardo Acevedo, 
sin éxito, la abolición lisa y llana. Pero en el Senado prevale- 
ció la idea abolicionista, y cuando el asunto volvió a la Cámara 
de origen pudieron uniformarse las opiniones en el mismo sen- 
tido, resultando de ello la ley de julio de 1852 que suprimió 
ese impuesto antieconómico que trababa la circulación de los 
bienies inmu'el)l'eis enicarecienido 'los trasipasos y riue acostumbra- 
ba a vendedores y compradores a establecer precios ficticios para 
defraudar a'.l fisco. 

En segundo lugar, el impuesto municipal creado por decreto 
del gobierno de la Defensa en 1849. Era un derecho adicional 
de Aduana que recargaba con el 4 Ve todos los artículos de 
importación y con dos y medio pesos cada barrica de harina. 
El gobierno de Giró se presentó a la Comisión Permanente so- 
licitando autorización para suprimirlo, y esa corporación le 
acordó la venia juzgando que se trataba de un impuesto que 
"causaba gravámenes de consideración al comercio del país y 
fomentaba un escandaloso contrabando". Ya anteriormente ha- 
bían sido aibólidos o notaMiement,e rebajados algunos derechos 
de exportación, según lo hemos dicho al ocuparnos del impuesto 
de Aduana. 

En tercer lugar, el impuesto llamado de luces, o sea el de 
puertas y ventanas creado en 1844 durante el gobierno de la 
Defensa. Era un impuesto antihigiénico que inclinaba al contri- 
buyente a disminuir el número de aberturas de los edificios. El 
Podter Ej,ecutiivo ise dirigió a la Asamblea pUdienldo la reduocióa 
de la cuota a la cuarta parte. Pero en el Cuerpo Legislativo 
había ¡deas más radicales y el impuesto quedó abolido por la 
ley de junio de 1852. 



11 -IV 



](>2 HISTORIA DEL URUGUAY 



Cioación de impuestos (por simples ^cleoi^tos. 

El mismo gobierno que así tomaba la iniciativa de la reduc- 
ción o abolición de impuestos gravosos a despecho de las enor- 
ires dificultades financieras que le rodeaban, más de una vez 
estuvo expuesto a conflictos parlamentarios por su equivocado 
concepto acerca del alcance de sus facultades constitucionales. 

Al tiempo de la clausura de las sesiones ordinarias de 1852, 
ia Cámara de Diputados seiialó al celo de la Comisión Perma- 
nente varios impuestos que había decretado el Poder Ejecutivo 
sin autorización legislativa. La Comisión interpeló al ministe- 
rio, y éste contestó que efectivamente había creado un derecho 
cobre ¡la ina-vegación en etl puerto die ía Colonia, un peaje en e<l 
Paso del Molino y un adicional de abasto sobre los cerdos, el 
primero con destino a la farola que debía allí construirse y 
los otros dos para mejoras de vialidad, agregando que había 
procedido así en la creencia de que estaba habilitado para esta- 
blecer impuestos de carácter local o municipal. Aclarado el 
error, fueron dejados sin efecto los impuestos observados. 



Pi esupiiefjtos. 

El de 1853. 

A me'dia'dos de 1852 fué isanci.ona-do un Presupuesto que debía 
regir hasta fines de 1853, o sea por espaicio de 18 meses. 

Los gastos anuales estaban fijados en 1.760,879 ¡pesos así cf!s- 
tjibuMo's: 

Cuerpo Leigisilativo $ 67. 266 

Ministerio de Gobierno^ y Relaciones Exteriores . 514,515 

" Hacienda 239,507 

Guerra 939,592 

Y los recuj-sos en 1.613,800 pesos a cargo de las seguientes 
f 'lentes tributarias: 

Aduana de Montevideo 1.200,000 

Tmipuesto municipal 180,000 

Papel Sellado y Patentes 150,000 



GOBIEKNO DE GIRO 



163 



Puerto I 8.000 

Policía de Montevideo 30,000 

Correo 9,000 

Corrales de Montevideo 3 6,000 

Juzgaido Ordinario 800 

La Policía del Departamento de M'ontevideo costaba al año 
68,000 pesos por corucepto de suéldeos de 16 comisarios, 16 sar- < 
geatos, 20 cabos y 40 celadores. Y la de todo el resto del país 
177,000 ipesos. Al Depantamento de Maldonado, que entonces abar- 
caba también Rocha, se le asig-naban cinco comisarios, cinco sar- 
gen'tos, cinco cabos y 40 rielaidores. Con Jigeras variantes, eran las 
cifras de todos los o;tras departamentos. 

La enseñanza pública en todos sus grados absorbía 4 0,000 pe- 
srvs, comprendidos los cursos universitarios a cargo de tres ca- 
tedráticos de Derec'ho y cin,co de Preparatorios, la ÍEscuela Nor- 
mad, el Colegio Nacional |y las 3 5 escuelas primarias que fun- 
cionaban a la sazón. 

De esos 40,000 pes'OS, corresiponidían a la enseñanza primaria 
28,673 por los siguientes conceptos: 

Su'edos $ 23,760 

Gastos 3,329 

Alquileres 1,584 

El Ministerio de la Guerra se llevaba en cambio más de la 
mitad del monto total de los ingresos, por efecto naturalmente de 
la gruesa herencia de sueldos y pensiones amontonados durante 
la larga lucba que acababa de terminar. Véase el número de los 
jtfes, oficiales y soldaJdos comprenididos en sus planillas: 



Estado Mayor Activo 



Estado Mayor Pasivo 



Plazas del Ejército de Línea 



9 Brigadieres. 


24 Coroneles. 


Brigada de Artillería . 


137 


5 Coroneles Mayores. 


52 Tenientes Coroneles. 


2 Batallones de Infan- 




7 Coroneles. 


48 Sargentos Mayores. 


tería 


696 


5 Tenientes Coroneles. 


109 Capitanes. 


2 Escuadrones de Ca- 




11 Capitanes. 


29 Ayudantes Mayores. 
52 Tenientes 1.". 


ballería 


588 




40 Tenientes 2.". 




1,421 




71 Subtenientes. 







164 UISrOUIA UEL lkuguay 



Comparados los ingresos con los egresos, resultaba un déficit 
de cerca de .150,000 ipesos, que a naidie ailarmaba en esos mo- 
mentos de fuerte oiptimismo. Haciénidose eioo del sentimiento ge- 
neral escribía "La Constitución": 

Hay idiiversas rentas 'de oaimipaña ique no están callcuJladas y las 
rentas tcalcuiLadas están en su mínimo. El Poder Ejecutivo, de 
acuerldo oom la liey deberá librar al erario de adigunos recargos. 
En vez de déficit, habrá entonces sobrante. Y es por compren- 
derlo atsí quie él Gobiier-no ha rediuci|do el Lmipuesto «obre los cue- 
ros id e dote reales a 75 .centésiimos y ha sulprimfdo el derecho de 
puertas ^y Ventanas, Ja aftcabala y el i!mÍpu,©&to municiipai. 

lEn .l'8 5i3 la Asam'bliea extendió a 'las viudas e 'Kijos menores de 
los jubillados ila ley de pensionéis de 183 8, icrean,do con ^ello un 
nuievo rubro de egreiscs dentro idel ya diesequilibrado Presu- 
puesito de Gastos. 



El üe 1854. 

Varios meses antes die tíerminar el ipllazo fijado al Presu^puesto 
que acabamos de extractajr, fué sancionado' el de 18 54. 

El nuevo Presulpuesto, en el qu'e figuraba por lírimera vez el 
servicio de la <deu]da/ pública, su'bía a 2.8i36,84:8 pesos, distribuidos 
en la siguiente forma: 

Cuerpo Legislativo $ 65,2 52 

Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores. 634,402 

" Haicienda 489,916 

" Guerra 1.047.278 

Deuda Pública 600.000 

La Policía del Departamento de Montevide/o aparecía con 120 
celadores y la de cada una de Los departamentos de campaña con 
5 6, guarismos que denunciaban progreso sensible con relación 
a I os á&\ año anterior. 

El número de escuelas primarias subía a 55, correspondiendo 
11 al departamento de la Capital y 44 al resto del país, con un 
costo de 71,78 pesos, distribuidos en esta forma: 



GOBIERNO DE GIRO 



165 



Departamento 

de 

Montevideo 



Los demás 
departamentos 



Maestros. 
Alquilere.* 
Gastos . 
Útiles 




42,240 
7,920 
4,400 
3,000 



La planilla ide la Uniíver.sida(cll seguía íimitada a 11,48 p'esos 
con destino al siguiente cueiuio de profesores: un oaítedrático de 
Derecho Civil y de Gentes; un catedrático de Derecho Adminis- 
trativo y Economía Política; cuatro catedráticos de Preparato- 
lios para la enseñanza de la Física Experimental, Filosofía, Ma- 
temáticais y Latín; dos profesores de idiomas vivos, uno de di- 
bujo y un maestro de lia, Escuela Normal. 

En cuanto al ejército de línea, véanse las cifras del Presupues- 
to de 1854: 



Estado Mayor Activo 

9 Brigadieres. 

4 Coroneles Mayores. 



Estado Mayor Pasivo Plazas del Ejército de Línea 



35 Coroneles. 

65 Tenientes Coroneles. 

72 Sargentos Mayores. 

152 Capitanes. 

26 Ayudantes Mayores. 

81 Tenientes 1.'^. 

59 Tenientes 2°. 

97 Subtenientes. 



Artillería 126 

2 Batallones de Infan- 
tería 480 

1 Escuadrón de Caba- 
llería 120 

726 



Dos diferencias de bulto resaltan de la comparación de estas 
cifras con las del año anterior: el fuerte eumeuto de! cuadro 
del Estado Mayor pasivo por efecto de la reincorporación de 
jefes y oficiales, y la reducción a la mitad dé los soldados de lí- 
nea. 

Cojnlpüíetanfio los datos del PVesu^'uesto con otrais informado^ 
ues de origen ofidaL, (fijaba así "/El Colmiercio del Plata" el nú- 
mero (de individuos dependientes d'e la.s diversas planillas del Mi- 
nisterio de la Guerra en 1853: 



166 



HISTORIA DEL URUGUAY 



Número de individuos Sueldos y Pensiones 



Lista Militar Activa .... 

» » Pasiva .... 

Oficinas de guerra .... 

Viudas, menores e inválidos . 


1.538 

587 

43 

330 


$ 416,461 

305,082 

21,204 

191,624 




2,498 


$ 934,371 



Para cubrir este Presuipuesto de 2.8 3i6,848 pesos votó la Asam- 
blea un cáiliculo de recursos por 2.611,000, en el que se desta- 
caban los siguientes rubros: 

Aduana de Montevideo 1.5 60,000 

Receptorías y subreceptorías . . 165,000 

Derecho adicjional 320,000 

Sellado y Patentes 280,000 

Corrales de Montevideo 45,000 

ddem de los departamentos 15,000 

Mercado principal 45,000 

Lobos 30,000 

Loterías 36,000 

Correos 20,000 

PoHicía de Montevideo 3 6,000 

ídem de los departamentos 6.000 

Se inflaba el cálculo de recursos para equilibrar sobre el pa- 
pel el Presupuesto, y eso cuando ya el optimismo de los primeros 
tiempos de la paz se habían deprimido fuertemente por efecto 
del recnidecitmieoito de las ¡piasiones de ipartido que amagaban 
con nuevos disturbios y de una intensa crisis financiera que re- 
percutía dolorosamente sobre los empleados bajo forma de no- 
table atraso en el pago de los sueldos. 

Y aún así tenía la Asamblea que votar el Pi'esuipuesto con un 
déficit de iníás de 200,000 pesos. 

El (léfioit ei'a el mal de la. época. 



Cuando la Asamblea, calculaba el dófiícit del año 1854 no ha- 
bía terminado todavía el ejercicio extraordinario de 18 mes'ís 



GOBIEKXO ÜE GIBO 



167 



ttgido por el Presupuesto <l'e 185E. Fatltanja todo el segundo se- 
mestre de 18'53. Pero el déficit ya producido y liquidado se aproxi- 
maba a un millón y medio de pesos, computando las partidas 
adicionales que había votado la misma Asamblea por 498,000 
pesas, y los pagos fuera de Presujpu'esto que montaban a 955,000, 
incluidos 43'9,000 del déficit que ya existía a mediados de 1852 
y i 79,000 :pesos pagaidos al Tesoro framqés por concepto de reem- 
bolso del subsidio al gobierno de la Defensa. 

Coíno no bastaba votar los ipagos, dedde que el desequili- 
brio financiero seguía acentuándose, la As.imblea autorizó tim- 
bléu por otra ley la contratación de una operación de crédito por 
un millón de pesos con garantía de un derecho adicional de 
Aduana creado con ese objeto. 

Pesaba ya tan rudamente el déficit en m^yo de 1853, que la 
Cámara de Diputados sancionó una moción del doctor Eduardo 
Acevedo por la que se establecía que el Pode Ejecutivo disron- 
rlría librtrr.-cnte de les fondos destinridcs al pago de las dietas 
de los legisladores, mientras no quedara recule rizado el sueldo 
de los empleados públicos. 



La en.señanza i>íil)lica. — l^^s rsciieLis primarias. 

Bajo la presión de la guerra habían ido desapareciendo casi 
todas las escuelas del país por falta de maestros o de recursos 
para pagarlos. 

El gobierno de Giró resolvió a meidiados de 18 52 establecer 
dos escuelas públicas en cada pueblo de campaña, y al comu- 
nicar esa resolución decía el Ministro de Gobierno doctor Flo- 
rentina Castellajios a las Juntas Econcanico-Administrativ,a,s: 

"Una de las primeras atenciones del Gobierno entre las muy 
numerosas que le rodean desde su marcha constitucional, ha 
sido facilitar los medios de la educación pública, porque com- 
prende que ella es la base y garantía de nuestras instituciones". 

"Convencido — decía poco después a la Asamblea el propio 
Presidente Giró — de que sin instrucción no puede haber paz 
ni mejora posible, el Gobierna decretó el establecimiento de 
nna escuela de niñas y otra de vaiones en cada pueblo". 

Antes de finalizar el año 1852 se practicó un recuento de 
¡os establecimientos escolares que funcionaban en. &\ Departa- 
mento de Montevideo. Dentro de Ir ciudad y de los distritos 
de la Aguada. Cordón. Paso del Molino, Uíiión, Miguelete y 



168 HISTORIA DEL URUGUAY 



Cerro había 4 9 escuelas, entre particulares y gratuitas, con 
j. ,79 alumnos, de los que 680 eran niñas y 1,110 varones. 

No se establecía en el recuento cuáles eran las escuelas pú- 
blicas y cuáiles las particuilares. Pero las primeras estaban 
en notable minoría, según resulta de una exposición que va- 
rios meses después, en mayo de 1853, presentó el doctor Pa- 
lomeque atl Instituto ,de Instrucción Pública. 

En la ciudad de Montevideo — decía el doctor Palomeque — 
ííólo está abierta la escuela primaria de ' la Universidad que 
sostiene el Instituto. No hay una sola escuela pública de ni- 
ñas en todo el 'departamento die la CaiJital, y las de varones del 
Cordón, Aguada, Unión, Reducto y otros puntos están cerradas 
por falta de maestros, o más 'bien dicho por la irregularidad de 
ios pagos. 

No podía ser más ventajosa, naturalmente, la situación de 
ias escuelas de campaña. Contestando una circular del Minis- 
terio de Gobierno y otra del Instituto de Instrucción Pública, 
véase los datos que suministraban las Juntas Económico-Admi- 
nistrativas acerca del estado de Sa enseñanza pública a fines de 
3 852 y principiosi de 1853: 

San Josc. — iFunciona una sola escuela con 5 5 alumnos. Textos 
que se emplean: la cartilla, el catón, el libro 2. o de los niños, 
la "gramática de Herránz y Quirós y el catecismo. El maestro 
empieza por "la enseñanza de la escritura en papel rayado por 
los mismos alumnos; sigue con ¡a lectura; después con las 
i-uentas; más adelante con la gramática, y finalmente con la 
ortografía práctica o sea escribiendo los alumnos lo que a viva 
voz se les dicta. Como remate de tareas se resuelven problemas 
de multiplicación. Los alumnos h.íllanse divididos en clases y 
éstas en bandos con dos asientos l.onoríficos cada uno que se 
obtienen como premio. 

Salto. — Hasta marzo de 1853 no existía una sola escuela pública 
y la única que se fundó en esa oportunidad tuvo que cerrar sus 
puertas por falta de recursosi, cin-co meses después, quedan^do 
desamparados los 62 alumnos que a ella concurrían. Funcionan 
en cambio dos escuelas particulares. 

Soriano.—'Lia única escuela pú'bllca de varones que funciona en 
Mercedes está clausurada por falta de recursos. Se sostenía con 
el producto del impuesto de Corrales actualmente rematado. Su 
director don Ptídro Mizaga se ha asociado a líos presbíteros don 
Carlos Palomar y don José Policarpo Amilivia para la fundación 



GOBItR.XO DE GIRÓ 169 



ele una escuela particular, a la qno ha sido cedido el material 
de bancos y útiles de la escuela pública bajo el compromiso de 
dar enseilanza a una veintena de niños pobres. 

Por estos 'datos que extraemos de las no'tas dirigidas al Mi- 
li isterio de Gobierno, es fácil juzgar del estado desesperante de 
la enseñanza pública en la campaña. Las eiscuelas se cierran 
— decía "El Orden" en agosto de 1853 — y los maestros se 
van huyendo del hambre, en busc.i de otros trabajos que les 
permita vivir. 

Faltaban los recur.^os. Pero no los anhelos de progreso, según 
lo demuestra una gesf.ón del Presidente del Instituto de Ins- 
trucción Pública don Manuel Herrera y Obes, a mediados de 
1852, a favor de la instalación de una Escuela Norma.l encar- 
gada de formar maestros para toila la República. 



Contra las (iislinciciii .s <!«' ch'tst's. 

Dentro de ese misimo miserable ambiente de las escuelas pú- 
blicas surgió más de una vez la idea -de excluir al niño 
pobre a título cíe mezquinas distinciones anatematizadas por la 
Constitución de la República. 

En 1852 trataron de ponerse de acuerdo los maestros para 
excluir a los alumnos de color. Al año siguiente se presentó 
una maestra al Instituto de Instrucción Pública solicitando la 
regencia de la escuella de niños de la Unión bajo la condición de 
que no serían admitidos los menesterosos. 

El doctor Joaquín Requena,, que formaba parte del Instituto, 
combatió esa pretensión monsfFuosa. Ya en 18 8 8 — dijo — 
hubo tentativas análogas, y entonces por indicación del orador 
se orilló la dificultad, como podría orillarse ahora, dando a los 
preceptores particulares una retribución por cada alumno pobre 
que admitan mientras no haya escuela pública abierta. Y el 
Instituto hizo suyas esas ideas. 

Una escuela <le a^lultoís <!<' coIcí-. 

Con el propósito de combatir esas mismas tendencias el doc- 
tor Eduardo Acevedo, ayudado por los ¡doctores Antuña y Palo- 
meque, acometió la fundación de una escuela de adultos de color. 

La escuela empezó a funcionar a fines de 1852 con cincuenta 



170 HISTORIA DEL rRUGüAT 



y tantos alumnos en los salones de la Universidad, bajo la direc- 
ción de don Mariano Pereira, colaborando en las tareas de la en- 
señanza el propio doctor Acevedo y los dos ciudadanos que lo 
habían secundado en su empresa. 

Quedan allí unidos — decía "La Constitución" al dar cuenta 
de la instalación de la escuela — "los mismos que ayer se mata- 
ban sin piedad". 

Conflictos <le jurisdicción. 

No estaban bien deslindadas las atribuciones del Instituto de 
Instrucción Pública y ías de las Juntas Económico-Adminis- 
trativas y eso determinaba frecuentes rozamientos y hasta ver- 
daderos conflictos entre ambas corporaciones. 

En 1853 llegó al Instituto la denuncia de que el ayudante de 
Ja escuela de don José María Cordero, una de las más prestigio- 
pas escuelas particulares de Montevideo, había roto los dientes 
y desarticulado las mandíbulas a un niño. El Instituto nombró 
en el acto una comisión investigadora y luego pasó los antece- 
dentes ail Juz-ga.do del Crimen y mandó olausurar la es'cuela, has- 
ta que los Tribunales resolvieran lo que creyeran conveniente. 
Pero. el director reclamó ante la Junta y ésta dispuso la reaper- 
tura de la escuela. 

El Poder Ejecutivo puso fin al conflicto mediante un decreto 
que d'eclaraba que el Instituto era el encargado de dirigir la en- 
señanza como cuerpo cons'ulitivo de>l Gobierno pero sin invadir 
las atribuciones municipales. La enseñanza, agregaba el decreto 
marcando la función que asignaba al Instituto, requiere un cen- 
tro común sin el cual ella tiene que carecer de base y de unifor- 
midad. 



La en.señanzji secunílaiiía y suporipr. 

El Colegio Nacional que funcionaba de tiempo atrás en el lo- 
cail de la Universidad, fué tras-jadado en 1852 a'l Ülamado Cole- 
gio de la Unión, esipacioso edificio que permitió des'de el primer 
momento av mentar el número de alumnos internos del estable- 
cimiento. Al ordenarse el traslado se resolvió también que las 
Juntas Econcmico-Administrativas de la República dispondrían 
de varias becas con destino a los alumnos de sus respectivos de- 



GOBIERNO DE GIRÓ 171 



partamentos, que ellas elegirían "entre las familias más pobres 
y más recomendables por sus servicios prestados al país y con- 
sultando también las aptitudes de dichos alumnos". 

Al alejarse del ambiente universitario, sufrió algo la moral 
del establecimiento. Lo demuestra una denuncia del año siguien- 
te, según la cual en él cuarto que el rector del colegio destinaba 
a corrección de Les alumnos, había calaveras y canillas humanas 
colocada-s aMí sin duda alguna para infundir sentimientos de 
pavor. 

Las clases de estudios preparatorios prosiguieron en el viejo 
local de la calle Maciel esquina Sarandí, con notables ampliacio- 
nes según lo acreditan los cursos de extensión universitaria a 
«argo del profesor Amadeo Jacques y del químico Lenoble. 

El profesor Amadeo Jacques, distinguidísimo hombre de cien- 
cia de la Universidad de París, que llegó aquí emigrado en 1852, 
presentó al Gobierno un plan de organización de la enseñanza 
secundaria que las penurias del Teroso público no permitieron 
aceptar, viéndose obligado por tal causa su autor a trasladarse 
a Buenos Aires, donde encontró las facilidades que había bus- 
cado inútilmente entre nosotros. 

He aquí las Líneas generales de ese plan: 

El examen del programa de estudios de la Universidad de 
Montevideo denuncia un vacío entre la enseñanza superior de 
las lenguas y literaturas latina y francesa, la jurisprudencia, la 
filosofía, las matemáticas, que sólo aprovechan a las clases su- 
periores de la sociedad, y la enseñanza primaria limitada a lo 
estrictamente necesario para las más simples exigencias socia- 
'.cs. Entre los hombres de pensamiento y los que sólo actúan por 
sujs 'bl'azos, es aiecesario que exista una clas'e intenmedia apta 
para la dirección práctica; y si esa clase es necesaria, también 
debe serlo el funcionamiento de los estudios para formarla. El 
nuevo programa debería componerse de tres partes principales, 
como medio de abarcar la agricultura en su acepción amplia y 
comprensiva de las riquezas vegetales y animales, la industria 
transformadora de los productos brutos y el comercio. 

Tal era el programa, y para realizarlo proponía el profesor 
Jacques la fundación de una escuela científica de carácter prác- 
tico, que enseñaría: 

I. Física y química elementales, adaptables al cultivador de 
1( s* produiotos de la tierra, sean Vegeta'les o animales, al arte- 
fano e industrial y al comerciante. 



172 HISTORIA DEL URUGUAY 



II. Mecánica práctica, adaiptable a las tareas rurales e in- 
dustriales. 

III. Aritmética y geometría ap!li)cada<s, adaptables a los ofi- 
rio,s comerciattes con aiplioación a lai ten'eduría de dibros y oipe- 
raciones de banco y de cambio. 

Este importantísimo plan para cuya buena ejecución tenía so- 
bradas aptitudes el profesor Jacquos. no pudo ser considerado 
según hemos dicho, dentro de la angustiosa situación financiera 
fiue subsiguió a la Guerra Grande; pero no obstante ello, su au- 
tor, ique estaba en(Cariña(do con el país, trató de vincularse a la 
enseñanza universitaria, mediante la fundación de un curso gra- 
tuito, (de fí'Sica y químida experimentales con ajjyuda de los ele- 
mentos de laboratorio que había traído de Europa. El excelente 
resultado de ese ensayo lo determinó en 1853 a dictar cursos 
pagos. Pero sobrevinieron luego los incidentes políticos del mes 
de julio y el derrumbe del gobierno de Giró y el profesor Jac- 
ques se marchó para Buenos Aires donde obtuvo la dirección del 
Colegio Nacional. 

La iniciativa del ilustre prolfesor franicés estimuló al señor 
Lenoble, com'petentísimia proíesor de química de la Universidad, 
a dictar un curso experimenital de La asignatura a su cargo, que 
funjJionó por espacio áe varios meses con gran beneplácito de 
los alumnos en general y de los intelectuailes de Montevideo que 
se interesaren 'decide ,e1 (p'i'imea- momento por esta enseñanza tan 
Uiieva y de tanto interés para nosotros. 

Corresponide a este mismo períoido de intensa actividad la in- 
ccrporación del do'ctor Plácido Ellauri a la cátedra de Filosofía 
de la Universidad que habría de desempeñar durante cuarenta 
y tantos años, colaborando eficazmente en todo ese lapso de tiem- 
po^ — no tanto por su bagaje científico cuanto por la serenidad de 
su juicio, la moralidad de su vida, ell culto a los (principios y ua 
criterio siempre liberal, ampllio y ecuánime para resolver todas 
ia.'^ cuestiones! — en la organización de la estructura intelectual de 
las varias generaciones que desfilaron po.r su cátedra. 

.El doctor Elilauri entraba a ocupar la vacante que había de- 
jado el doctor Luis José de la Peña al regresar a la República 
.Argentina — desipués de largas años de ostriaclsimo graiudemente 
aprovedhados por la intelectualidad uruguaya — para ocupar un 
puesto desooiHante en el gobierno de Uiiquiza. 

Al ^destacar 'los iprincipailes rubros ;dell Fresu^juesto gen'eral de 
gastos hemos dicho ya cuáles eran las cátedras de estudios pro- 



GOBIERNO DE GIRÓ 173 



fesionales que funcionaban en la Universidad durante este pe- 
ríodo: tres de Derecho en 1852 y simplemente dos en 1853, es- 
tas últiimas 'r-iara 'la len'señanza 'del .Derecho Civiil, .del Derecho 'de 
Gentes, idel Derecho Aídiministnativo y de la Economía Política, y 
cinco cátedras de Preparatorios en 185 2 y simplemente cuatro al 
año siguiente para la enseñanza de la Filosofía, de las Matemáti- 
cas, de la Física experimental y del Latín. 

Un i>lan do reorfianizacióii ñv la enseñanza. 

Era una planilla extremadamente pobre, como se ve, pero no 
¡por te estredhez ide .las ideas (dominant'es, .sino ipor la tirantez 
íinanci'era iciuo imipe'día (hacer otra cosa. Pa-eci^ame'nte cuando se 
abordaba el estudio del Presupuesto en 18 5 2, publicaba la prensa 
como elemento de jui'cio para el estudio de la reforma de la en- 
señanza públiica el plaa de estudios primarios, secundarios y su- 
periores que el doctor Eduaird:, Acevedo formulara dos años an- 
tes. He aquí las líneas de ese plan: 

iNSTurccróx PuniAiuA. 

La instrucción primaria será gratuita y obligatoria. 

La concurrencia de 20 alumnos bastará para el establecimiento 
Id'í una e&cueila ipública. Se le'StaÜlecerán as'Jmismo y con i.gual asis- 
tencia asegurada escuelas de adultos. 

En ,lia CapitJal funcionará una escuela norlmal en 'que se cursará 
1-ectura, escritura, aritmética, gramática, historia y geografía del 
país, .doctrina cristiana con desarro'lios d'e Ihistoria 'sagrada, pe- 
d&igogía teórica y práctica, examinándose las cuestiones gene- 
rales Idle enseñanza y los diversas méto'dos conoci^dos y 'ejercitán- 
dose a l'Ois alumnos en la práctica de los métodos más simples y 
más favorables a la instrucción. 

En las escuelas públlicas se enseñará lectura, escritura, elemen- 
tos de aritmética o sean las cuatros reglas primarias sobre ente- 
ros, quebrados y decimales, agregándose en las escuelas de niñas 
costura y corte. (A*d)viértase que* este iplan s'e "hiabía re.dactado en 
plena Guerra Graníde y que la falta absoluta de maestros impo- 
nía excepcionales restricciones). 

Se aplicará el método de la enseñanza mutua. Así, por ejem- 
plo, en l'a díase de aritmética habrá un pizarrón y uno de los 



174 HISTORIA DEL URUGUAY 



alumnos ejecutará las operaciones, estando atentos todos los de- 
más para enmendar los errores y responder a las interrogacio- 
nes del profesor. 

El maestro dirigirá a los alumnos por medio de recompensas 
y castigos. Consistirán las recompensas en notas que según su 
im'portancia ste acordarán a los ajluiminos, .se enviarán a. los 
paidres, se transcribirán en las pizarras de clase y se comunica- 
rán a la'S Jíuntais Econó)mlco-A',dministrativ1as. 'Los castigos se re- 
ducirán a n^otas malas, avisos a los padres, doble tarea, eacierro y 
pubiica'ción de nombres en los pizarrones, quedando prolhibido to- 
do castigo que como los de azotes, palmetas, penitencias públi- 
cas, tieniden a envilecer y degradar el carácter de los niños. 

La iffispeicción y dirección de las escuelas públicas en cada de- 
paitaimento p:erten'e'ceTá .a la respettiva Junta iEconómioo-A,'dmi- 
nistrativa y la inspección y dirección general de Jas escuelas de 
todo el país corresponderá a un Consejo Nacional de Instrucción 
Pública. 

E>SEÑAXZA SECU.NUAKIA Y SUPERIOR. 

Los estudios universitarios se Idiviidirán en preparatorios y de 
Facultades ma'yores. 

Los estudios preparaitorios tendrán seis años de duración y 
abarcarán per ahora latín, inglés, francés, filosofía, retórica, geo- 
grafía, historia, elementos de ihistoria natural, matemáticas ele- 
mentales, naciones de física y química, dibujo lineal y descriptivo, 
economía imdu&trial y estadística. 

Para el estudio de la ñsica experimental habrá un gabinete 
de instruaiie!ntos y .málqui,nas. Pata el estudio de la química, un 
laboratorio en que puedan realizarse los experimentos necesa- 
licis. Para el esltudio de la historia natuxad, aiin gabiniet'e de i)ro- 
duociones zoolóigltías, botánicas y .mineraJlóigicas. 

Los estudios superiores se cursarán en las Facultades d© 
Ciencias Sagradas, Jurisprudencia, Medicina y Matemáticas tras- 
cendentales. 

En (la Facultiad de 'Ci'encias Sagradas se ense'ñará teología, 
moral, escritura sagrada, derecho eclesiástico, derecho de gentes 
y dereoho constitucional. Los cursos durarán tres años. 

Los estudios de la Facultad de Jurisprudencia comprenderán 
f:l derecho civil, el derecho penal, el derecho eclesiástico, el 
derecho comercial, el derecho de gentes y el derecho constitu- 



GOBIERNO DE GIRÓ 175 



•cirna;!, Los cursos idura'ián lies años, con ejei'cicio.s prácticos en 
la Academia. 

Los estudiantes de notariado tendrán que seguir todos los 
estudios de jurisprudencia, aparte de los especiales que establez- 
can los respectivos reglamentos. 

En la Facultad 'de iMe!dicin/a 'durarán los cursos cinco añ:s, 
estudiándose anatoanía descriptiva, general .y comparada, física 
y química médicas, fisiología, historia natural médica, higiene, 
materia médica, terapéutica y farmacología, medicina operatoria, 
patología interna, patología externa, anatomía patológica, clí- 
nica interna y externa, medicina operatoria, medicina legal y 
partos. 

En la Facultad de Mateaniáticas regirá un nn-ograma ide cuatro 
afios para lel 'estuídio úe das .siguientes miateirias: comtp-lementos 
de álgebra, geometría deiscriptiva, secciones cónicas, cálculo dife- 
renciad -6 iinteg'rail, fílsíoa general le industrial, quílmica gieneral e 
industrial, (m'ecánilca igeneral, construcción ¡y establecioniento de 
iTiáiquinas, ¡arquitectura ,g*eneral, ihistoria natural e industrial, geo- 
grafía matemática y elementos de astronomía, diseño y trazado 
v.^n los diversos ramos de los trabajos civiles, industriales y 
públicos. 

Cada sala de medicina tendrá los instrumentos y útiles nece- 
siiriios. A la clínica médrca estará adscri'pta un sala que .con- 
tenga por lo menos 40 enfermos que presenten los diversos ca- 
sos de esta ciencia. En el mismo local deberá existir un anfi- 
teatro para las autopsias. 

Los cursos universitarios se abrirán el l.« de marzo y du- 
rarán hasta la conclusión de los exámenes. El l.o de noviembre 
empezarán los repasos y a fines del mismo mes los exámenes. 

La .Universi'dad tendrá un (Rector y un Cousejo Nacional de 
Iiistruccióin 'Fúbiliica, comipuesito d'el Rector, de dos vocaies que 
designará el Gobierno y de catedráticos delegados de los cinco 
departamentos de estudios o Facultades. 

Desarrollando algunas de las ideas de su plan, decía el au- 
tor en "La Constitución": 

La enseñanza primaria debe ser gratuita y obligatoria. Gra- 
tuita, porque el derecho a la instrucción es tan sagrado como 
cualquiera de los otros de que goz.i un hombre en la sociedad; 
obligatoria, porque la Constitución declara suspendida la ciuda- 
danía a los que no sepan leer ni escribir e impone, por conse- 
cuencia, la necesidad de evitar que tal suspensión se pro- 
duzca . . . 



176 mSTOiUA DKL URUGUAY 



•Es necesaiio ihermanar ,1a inistrudción y 'la eclu'fca'Ción. El (pro- 
greso de la instrucción no siempre es indicio de progreso en lo 
moral ... 

Las primeras impresiones que se reciben en la infancia nos 
siguen en todas las épocas de la vida, y deoiúen muchas veces 
de 'nuestro iporvenir. iLa 'edufcación ide la juve'ntuid 'cfebe ser un ob- 
jeto preferente. Pero esa educación no se recibe exclusivamente 
en la escuela. Empieza en el hogar doméstico y se extiende a to- 
dos los lucEines en iQue Ta juiventuid se re.Uine. .Es una triste e'd.i- 
cación la que se limita a enseñar a leer y escribir al pueblo. Se 
necesita algo más: se necesita imprimir en el á'nimo de los n.iños 
esos principios que sirven de base para todas las grandes accio- 
nes. La familia, la patria, la humanidad, son ideas que deben 
hacerse comprender a los niños desde los primeros momentos. 
Así se logra impedir que cunda ese miserable egoísmo que es el 
cáncer de las viejas sociedades. Cuando las ideas de convenien- 
cia individual emípiezan a sobreponerse a los principios de la 
justicia ly 'de ,1a conveniencia genera'l, cuando el que me importa- 
ocupa el lugar del patriotismo, de la humanidad y de todos los 
sentimientos nobles, poca esperanza puede depositarse en el por- 
venir de un país. En ese sentido hemos aplaudido la ide.i d-; 
hacer ique 'los aiiños tomen 'parte en 'la soleiunización de las fies- 
'tas nacionales . . . 

La instrucción pública debe estar centralizada. Pero como me- 
dio de armonizar tal exigencia con el artículo constitucional so- 
l)j e Juntas jEconcimicc-íAjdminisitraitiva'S,, debe 'darse a estas cor- 
poraciones la inspección y direcqión de las escuelas de cada de- 
partamento, atribuyendo a un Consejo Nacional la inspección y 
dirección general de las escuelas de toda la República. 

El reglamento que liemos extractado establecía 'para la lectura 
libros de moral y un catecismo constitucionall. Y su propio au- 
tor, redactó en 1852 el catecismo constitucional destinado a las 
escuelas primarias. 

Conipleincntos de la enseñanza universitaria. 

Los modestos estudios de derecho que se cursaban en las sa- 
las de la Universidad tenían su complemento en la Academia 
T(.órico-<Práctica de Juris^prudencia, cuya presidencia desem¡pe- 
ñaba el propio doctor Eduardo Acevedo cuando ese plan de es- 
tudios se publicaba. 



GOBIEBNO DE GIRÓ 177 



Bajo la iniciativa del doctor Salvador Tort, intentaron tam- 
bién los escribanos dai'se una organización gremial cuyos dos ob- 
jetos principales serían la reforma de los aranceles y la funda- 
ción del Colegio de Escribanos. Rápidamente quedaron redacta- 
dos los proyectos que habrían de elevarse al Cuerpo Legislativo 
por intermedio del Tribunal Superior de Justicia. Pero el movi- 
miento político de julio de 1853 paralizó los trabajos. 

No podían los ,miédicos organizar su academia de práctica co- 
mo los abogados, porque el establecimiento de la Facultad de 
Medicina había quedado de nuevo librado a tiempos mejores. 
Pero en cambio fundaron a fines de 1852, bajo el título de "So- 
ciedad de Medicina Monteivideana", un centro que debería encar- 
garse según los estatutos de "establecer discusiones científicas 
sobre las enfermedades reinantes y los puntos más importantes 
de la medicina, cirugía y farmacia, asi como las cuestiones de 
medicina legal e higiene pública*'. 

Esa Sociedad de cuya mesa fundadora fomabaí parte ios doc- 
tores Fermín Ferreira como Presidente y Martín de Moussy y 
Enrique Muñoz como Secretarios, emipezó a trabajar activamen- 
le desde los primeros meses de 1853, abocándose al estudio de 
la epidemia de viruela que en esos momentos flagelaba a la po- 
blación de Montevideo. 

Muy cerca del ambiente universitario, el constituyente don 
Ramón Masini alternaba sus funciones de senador con las da 
taquígrafo de la Asamblea, procurando prestigiar una oirreru 
•Tue entonces lucihaba con enormes dificultades y a la que, en 
consecuencia, nadie quería consagrarse. 

Otros hombres de progreso fundaron a mediados de 185 2 una 
sociedad para el establecimiento de una biblioteca y sala de lec- 
tura que funcionarían desde las 9 de la mañana hasta las 11 
de la noche, como medio de conaurrir al movimiento civilizador 
ourgid'o a raíz de la conclusión de la Guerra Grande. 



La población universitaria. 

Véase ouál era el número de alumnos que tenía la Universi- 
dad a mediados de 18'52, según el informe presentado en esa 
oportunidad por don Manuel Herrera y Obes a la sala de doc- 
tores: 



12- IV 



178 IIISXOIUA DEi> UUUGÜAV 



Jurisprudencia 2 8 

Filosofía 17 

Matemáticas ........ 24 

Latín 15 

Fran,cés 30' 

Enseñanza primaria elemental 

y superior 120 

Advertía eil Rector iqüe esas ciíras eran inferiores ¡a la's de 1851, 
año de guerra, pior efecto de los nuevos rumbos abiertos a los 
emigrados argentinas y a lo» de nuestra campaña ci'ue habían 
vuelto a sus hogares o que encontraban aquí mismo trabajo re- 
munerador que le,a obligaba a abandonar las auilas. 

Y termina.ba su iníorme diciendo que estaba "urgentemente 
reclamada la erección de las aulas d'e Medicina y Ciencias Natu- 
rales". 

Un año desipuiés el nuevo Rector de la Universida/d don Flo- 
rentino Castellanos presentaba este otro resumen de la pobla- 
ción, universitariai: 

Jurisipruden.cia 20 

FlLosoifía 40 

FíisicoHMatemáticas 16 

Latín 3 6 

Inglés 27 

Franicés • . 55 

Colegio Nacional 55 

Enseñanza primaria 216 

En ese misono año tuvo lugar la colación de grados en la Ca- 
oilla de lois Ejercicios-, comprendida dentro de losi muros de la 
Universidad, recibiendo el grado de doctor un alumno de teo- 
logía y doce de derecho. 

L/Os abogadcs orientales en Buenos Aii-es. 

Desde el año 18 3 9 regía e-n la República un decreto del go- 
bierno de Rivera que ordenaba la revalli'dación de los diplomas 
de abogados otorgados por oualesiquiera de las reipúblicas ameri- 
canas, sin pruebas de examen, mediante la simple exhibición de 
los títulos o diplomas respectivos. 



GOBIERNO DE GIRÓ 179 



Esa franquicia dio lugar a que el doctor Vicente López, reem- 
plazante de Rosas en la gobernación de Buenos Aires después 
de Caseros, dictara un decreto de reciprocidad, que decía así: 

"Todo profesor de algún ramo científico que presentase cer- 
tificados en forma de haber hecho los estudios preparatorios en 
los establecimientos nacionales de la República Oriental y de 
haber recibido la licencia competente para ejercer en eWa la 
profesión científica que en virtud de aiquellos estudios y de los 
respectivos exámenes bubiere ganado, será tenido en 'toda la 
Provincia de Buenos Aires, por profesor recibido en el ramo 
que acreditase, sin imás formalidad que 'la de la ipresentación de 
los debidos comproibantes". 

Orientales en Europa. 

De vez en cuando, pero siempre con explicable parsimonia 
poirque otra cosa no consentían las estrecheces del erario, la 
Asamblea otorgaba bolsias de viaje a los alumnos que deseaban 
leaUzar estudios en Euroipa. 

A mediados de 1852 iniciaba sus estudios médicos en la Fa- 
cultad de París don Gualberto Méndez, gracias a una de esas 
modestas bolsas de viaje que apenas ll6ga,ba a 60 pesos mensua- 
les. Cuando él rendía su primer examen preparámdose para con- 
quistar una de las cumbres de Ha ciencia módica uruguaya, otro 
compatriota eminente, el 'doctor Teodoro Vilardebó, ^terminaba a 
su lado un segundo ciclo de estudios de medicina, después de ha- 
ber actuado con brillo en ese mismo teatro donde se había gra- 
duado y aquí en su patria donde había ejercido la medicina ad- 
mirado por su saber y por su altruismo incomparabUe. 

(Honrando en igual forma a la patria, don Alejandro Magariños 
Cervantes escribía en España obras como "Cellar", que aplau- 
dían todos los literatos españoles con "Ventura de la Vega y Eu- 
genio de Ochoa a la cabeza, y preparaba una "Revista Es'pañoila 
de Ambos Mundos" que debía proporcionarle medios de vida 
complementarios de los que de aquí le eran enviados por sais 
amigos y admiradores, que hasta levaataron con ese objeto una 
suscripción pública a mediados de 1853. 



180 HISTORIA DEL UETJGÜAY 



La enseñanza agi'onóniica. 

En 1852 sugirió la prensa la idea de estimular el progreso 
rural mediante la creación de establecimientos modelos. 

lEntre las funciones de las Juntas — escribía el doctor Eduar- 
do Acevedo en "La Constitución" — figura el fomento de la 
agricultura. ¿Cómo podrían las Juntas realizar esa función? Re- 
ro.oviendo obstáculos e ilustrando a los agricultores. No pueden 
forzarse las cosas. La agricultura nace después que se produce 
exceso de capitales en la ganadería, como las industrias fabriles 
surgen después que abundan los capitales empleados en la agri- 
cultura. Las Juntas deberían someter proyectos apropiados a la 
Legislatura. La propaganda más eficaz es la del ejemplo. "Que- 
rríamos que se establecieran chacras modelos donde se hiciera 
uso de los nuevos arados y de todos los útiles recientemente in- 
troducidos, de los que apenas un cierto número de individuos 
t'enen conocimiento entre nosotros". 

•Como medio de impulsar la agricultura, proponía a su turno 
"El Comercio del Plata" la idea de fundar en cada capital de 
departamento una escuela agraria que enseñase agricultura y 
que cultivase terrenos bajo la fiscalización de un directorio com- 
puesto del Jefe Político, del Presidente de La Junta Económico- 
A'dministrativa y ideQ Cura párroco, todo ello bajo el programa 
de formar capataces. 

Pocos meses después emprendía su jira a los departamentos 
el Presidente Giró, y don Bernardo P. Berro que entró a reem- 
plazarle como Presidente del Senado, se apresuraba a recoger 
esas ideas, a las que daba forma mediante un decreto de enero 
de 1853 refrendado por su Ministro de la Guerra coronel Ve- 
nancio Plores, que creaba la Granja Experimental de Montevi- 
deo bajo la dirección de don José A. Zubillaga, don Doroteo Gar- 
cía y don Francisco Lecocq, con el siguiente notable programa: 

Hacer ensayos de todo género sobre cultivos de las varieda- 
des de trigo y demás granos y plantas y árboles en general des- 
conocidos en el país; dar aplicaciones industriales a los produc- 
tos die la agricultura con determinación de los lucros líquidos 
de esos productos; experimentar el uso de los instrumentos, má- 
quinas e ingenios aplicables a la agricultura; estudiar las diver- 
sas cualidades de las tierras y el destino que debe dárseles; bus- 
car los mejores métodos de cultivo; estudiar todo lo relativo a 



GOBIEBNO DE GIRÓ 181 



la mayor economía de la casa de' campo; trasmitir a los agri- 
cultores y empresarios de establecimientos agrícolas todos los 
descubrimientos y observaciones que puedan serles de utilidad. 

Organizjación de la Alflminfetilación de Justicia. 

La Asamblea abord(3 a mediados de 1853 el estudio de un re- 
glamento de la Administración de Justicia, obra deH doctor 
Eduardo Acevedo, que reducía el juicio ordinario a dos instan- 
cias, simplificaba fuertemente el juicio ejecutivo, reformaba el 
recurso extraordinario de nulidad e injusticia notoria, dividía lasi 
funciones del ministerio fiscal entre dos magistrados consagra- 
do el uno a los intereses morales y el otro a los intereses mate- 
riales, establecía el requisito de la firma de abogado ante los 
tribunales letrados, limitaba el número de los procuradores y 
escribanos y exigía a estos últimos el mismo programa de tres 
años de Jurisprudencia que tenían que cursar los abogados y 
un examen especial de competencia. 

No hubo tiempo de considerar ese reglamento en todas sus 
rartes. Apenas alcanzaron a entrar en vigencia mediante la ley 
de julio de 1853 los capítulos relativos a los recursos de apela- 
ción, revisión, nulidad e injusticia notoria y procedimientos del 
juicio ejecutivo, y un capítulo de disposiciones generales que 
entre otras cosas suprimía la pena de confiscación de bienes. 
Dando una de las muchas razones a favor de la reorganización 
de la Administración de Justicia, decía "La Constitución": 

La lentitud 'de nuestros procedimientos es una circunstan- 
cia que asusta a todo el que quiere litigar. iSe sabe cuándo prin- 
cipia un pleito, pero no se puede precisar cuándo concluirá. Eso 
basta para dstoner a un país en su progreso. Véase uno de sus 
efectos: mientra.? que, el interés comercial es del 9 al 12 %, el 
interés hipotecario oscila del 18 al 2 4 % porque la escritura de 
hipoteca es un pleito que puede durar uno o más años. Lo que 
hoy se llama por una especie de burla juicio ejecutivo, es nece- 
sario que lo sea de verdad para que el capital afluya a nuestro 
lais. 

Complementando esie reglamento, la Cámara de Diputados 
t>ancicnó un proyecto de orgamiza'ción de la justicia penal obra 
del do'ctor AntO'nio Luis Pereira, "colo'cado por sus conocimien- 
tos y su inteligencia a la cabeza de los abogados de Montevideo" 



182 HISTORIA DEL URUGUAY 



— decía "La Constitución". Establecía el nuevo proyecto jurys de- 
partamentales compuestos del Juez Letrado y siete jurados ele- 
gidos por las respectivas Juntas Económico-Administrativas, pa- 
ra eil conjócimienito de las causas de vagancia, embriaguez, pe- 
lea, heridas leves, injurias, abigeato y robo sin violencia; y tres 
altos jurys compuestos del Juez Letrado y doce jurados, para co- 
nocer en todas las demás cansas, con jurisdicción cada uno so- 
bre una zona territorial de cuatro departamentos. 

Al publicarse e*I proyecto dell doictor Pereira ya había resuelto 
la Comisión inlfoirmautíe de -la Cámara de Diputados sustituir el 
jurado por un tribunall cooupuesto del Juez del Crimen y de dos 
letrados que conocerían del hedho y del derecího, que era preci- 
samente lo que establlecía el Reglamento del doctor Acevedo al 
r(-aocionar contra los innumerables vicios del simulacro de ju- 
rado que a la sazón existía. Pero la Comisión encontró que todos 
ios inconvenienites desaparecían con la fórmula del doctor Pe- 
reira y resolvió aceptarHa. 

Véase cómo señalaba el doctor Acevedo los vicios del régimen 
del Juradlo, tal como funcionaba entonces y tal como siguió fun- 
cionando por cuanto la revolución de 1853 dejó sin efecto la re- 
forma sancionada: 

Tomar de sus casas algunos propietarios, comerciantes o ar- 
tesanos, embutirles 300 o 400 fojas de autos en que se hace uso 
do lenguaje extraño para ellos y en que se han agotado quizá to- 
dos los recursoisi de la Ohioana; y preguntarles después si está 
o no está pnobado el deilíto de que se trata, es una verdadera 
burla de la institución del Jurado. ¿Qué puede quedar a los hom- 
bres buenos die esa lectura que con voz monótona hace el escri- 
bano y que a vecéis se prolonga por muchas hoi'as? Absolutamen- 
te nada. Un tribunal semejante, además de todos sus inconve- 
nientes notori'os, tiene el de alejarnios cada día más de la bené- 
fica institución d)el Jurado, tan recomsnd'ada por nuestra ley fun- 
daimental, en que los homhres buenos ven y oyen al acusado y a 
los testigos y adquieren los datos indisp^ensables para producir 
su juicio. 

Una de las más vivas aspiraciones de la campaña era la sus- 
titución de los Alcaldes Ordinarios por Jueces Letrados. De to- 
dos los departamentos llegaiban protestas contra los Alcaldes. Pe- 
ro la falta de letrados suficientes impedía abordar la reforma t-n 
teda su amplitud, razón por la cual "La Constitución" indicaba 
como fórmula transaccional la creación de tres grandes zonas ju- 



GOBIERNO DE GIRÓ 183 



risdiccionales a cargo de letrados, cuyo número iría creciendo a 
medida 'QUie aumemUase (él de los abogados. 

Eti materia de legislación se procuraba, pues, emprender obra 
grande y definitiva. Lo único que seguía en el mismo estado de 
angustias causado pox la guerra, e'ra el^u'eljdode los Jueces. Log 
miembros del Tribuna'l ihabían conseguiído estcap/ar al atraso de 
los presupuestos mediante un decret'o de 18 50 que les autorizaba 
a cubrir sus haberes con los proventos de Las escribanías del Es- 
todo. Pero el President'e.Giró dierogó ese ipriviltegio desde los co- 
ipienzos de su administración, dlsponiend'o que las entradas de 
las escribanías fueran vertidas en la Tesorería. 

Ti-aba.ios de codificación. 

Dos códigos fueron sometidos a la sanción de la Asamblea 
oue empezó a actuar en 1852: el Código Civil del doctor Educi- 
do Aceviedo y el Código Rural de don Püáícido Lagunia. 

Hasta ese momento todos los países sudamericanos, sai-vo Bo- 
Livia graicia.9 al poder incontrastable dell miarisVal Santía Cruz, se- 
.4uían viviendo bajo el régimen de la leigislación colonial, una le- 
g-islación atrasada y verdad'epamente caótica compuesta de más 
de cincuenta mil leyles dictadas para diferentes edades y dife- 
rentes pueblos'. 

El doctor Aoevedo consagró las Mrgas horas de la Guerra Gran- 
de a la regularizacic/n, metodización ij' mejoramiento de esa enor- 
me montaña de leyes. Partiendo del Derecho Romano o sea de 
'a fuente misma de las leyes españolas y de las leyes francesas, 
redactó un Código que adoptanído lo mejor de tod'os los modelos, 
aparecía sin embargo como reflejo exclusivo de las disposiciones 
que constituían nuestro deirecho nacional. Centenares de artícu- 
los sugeridos ipor los 'comentadores diel Derecho Romano o del 
Código Napoleón, aparecían así en su Proyecto como emanados 
de las leyes españolas o de los comentaristas españoles. Es que 
se había prepuesto alejar toda 'Jacha de exotismo que pudiera obs^ 
taculizar la sanción de su trabajo. Ello no obstante, el Proyecto 
causó profunda alarma por algunas de las reformas con que se 
anticipaba a los tiempos, especialmente la secularización del Re- 
gistro del Estado Civil y la separación absoluta de la jurisdicción 
civil y de la jurisdioción eclesiástica en la institución del matri- 
moaio: el establecimiento del Registro de Estado Civil y el m'a- 
tT'monio civil en una palabra. 



184 HISTORIA DEL URUGUAY 



El Código Rural de don Plácido Laguna principiaba por deter- 
niinar las obligaciones del estanciero. -Era necesario declarar an- 
te las Juntas Eiconóiinico-A)dm.inis(tratlva¡s l'a superficie de los cam- 
pos explotados y el número, clase, marcas y señales de los ga- 
nados. En cada suerte de estancia, compuesta de 2,700 cuadras, 
nj podría haber más de dos mil vacunos, inicluído el procreo del 
año, o su eiquivalente en otras especies calculadas a razón de un 
yeguarizo o de 4 lanares por cada vacuno. Las 'hierras se practi- 
carían en dos épocas fijas del año con previo aviso al Teniente 
Alcalde y a los vecinos. Para la extracción de ganados de un dis- 
trito habría que dar aviso al Teniente Aflcalde y parar rodeo. El 
número ide perros se fijaría según la importancia de cada esta- 
blecimiento, no pudienjdo en ningilm lOaso «xoeder die doce. 

Determinaba luego los deredhos de los estancieros. La marca 
de los animalles vacunos y yeguarizas y 'lals señales en los ovi- 
i'os fijarían la propiedad de los ganados. El estanciero tendría de- 
recho de marcar a todo animal orejano de dos años arriba que 
estuviera en su campo aunque siguiera a madre ajena. El que 
justificaj-a con dos testigos ibalstaintes ante eil 'Tenien'te AlcaMe 
que otro estanciero le había carneado animales, adquiriría el de- 
reclho de ser indemnizad'O de inmediato con cuatro animales por 
cada uno dte los carneados. El dueño de un camipo habitualmente 
invadido ipor lo« ganados de los vecinos, ¡podría cobrar un arren- 
damiento provisional mientras no fueran retirados los animales. 
En todas las cuestionles relativas a ganados y diferencias entre 
los estanicieros, actuaría como juez el Teniente Alcalde con ape- 
la'cic.n ante eJ Juez de Paz, 'pero sin perjuicio de cumplirse 
de inmediato los falles de primera instancia. 

Ambos Códigos fueron pasados a estudio de comisiones que 
no alcanzaron a expedirse por efecto de los acontecimientos po- 
líticos de 1853, manteniéndose empero en la orden del día el 
Código Civil como lo' veremos más adelante. 

Las confiscaciones de la GueiT'a Grande. 

Por uno de los decretos dictados a raíz del levantamiento 
del sitio, ordenó el gobierno de Suárez la devolución de las 
propiedades puestas bajo la administración del Estado en Mon- 
tevideo y las confiscadas por Oribe en el resto de la República, 
cometiendo la resolución de las cuestiones que surgieran a un 
jurado compuesto del Jefe Político c del Alcalde Ordinario y de 



GOBIERNO DE GIKÓ 185 



cuatro vecinos pi'op,i«tarios y de responsa'billlidad, bajo el concepto 
de que una vez reinstaladas la& Jantas E|conómico-A<lministra- 
tWas a ellas corresponderían las facultades que el decreto con- 
cedía a los Jefes Políticos y A'lcaldos Ordinarios. 

Luego de restablecido el régimen constitucional, la Junta 
Económico-Administrativa de Montevideo y la de Canelones 
después se dirigieron al Gobierno para manifestarle que ese 
c'Jecreto, explicable en mo'mentos ■á'^ aoefalía de iLas auitorrdades 
constituidas, no podía mantenerse en vigencia, y que era nece- 
sario que la tarea judicial que '¿c había encomendado a las 
Juütas fuera transferida a los Tribunales. Pero el Presiiidente 
Giró mantuvo el decreto de su antecesor, invocando la necesi- 
dad de facilitar la devoilución de las propiedades confiscadas. 

A fines de 1852 ya habían sido devueltas todas las propie- 
dades confiscadas y sólo subsistían las cuestiones emergentes de 
la devolución: fruto de las propiedades, ganados vendidos, 
arrendamiieutos a ipaganse ly liquidación de los Idafios o de las me- 
joras correspondientes al tiempo de la detentación, siendo esos 
y no otros, según "La Constitución", los asuntos que daban 
motivo a las Jun'tas ipara pediill/e ail Goibierno que las eximiera 
de entender en tareas iprivativas de líos Tribunales. Ei Minis- 
tro de Gobierno doctor Castellanos se encargó de agregar en 
su Memoria de marzo de 1853, que de las mismas cuestiones 
robre frutos sólo qued'aban en pie alguna /que ,otra y que ell 
Poder Ejecutivo había dado por terminadas sus tareas librando 
a los Tribunales esos po'cos expedientes en trámite. 

En el mismo año tenía el general Lavalleja que presentarse 
una vez más al Cuerpo Legisilativo em demanda del reintegro 
de una parte de lo que se le había confiscado a consecuencia 
de las revoluciones promovidas contra el primer gobierno de 
Rivera, demora inconcebible que daba base a la Comisión dé 
Peticiones de la Cámara de Diputados, de )la que formaba parte 
el doctor Juan Carlos Gómez, liara exhibir el cuadro de la 
desesperante situación del jefe de los Treinta y Tres. 

"Consta — decía — que el general Lavalleja no ha podido 
entrar hasta ahora en el goce de !os campos con que le pagó 
el Estado en años anteriores parte de su fortuna de que lo 
despojó... El Estado debe además al general Levalleja 121,648 
pesos en letras ministeriales con ic.ue también ipagó la fortuna 
despojada .. .No habiéndole abonado sus sueldos por los cuales 
le adeuda 16,9 25 pesos, e'l getnerail Lavallleja exipone haberse 



186 HISTORIA DEL URUGUAY 



visto en la necesidad de contraer compromisos para subsistir 
que absorben hoy en pago de intereses las entradas que podría 
destinar a la subsistencia de su numerosa familia". 

Lai ley de expi-opi^icíón. 

Borrados ya los últimos vestigios de las confiscaciones de 
Oribe y de las requisas del gobierno de la Defensa, había que 
garantizar el dei'eoho de propiedad contra los avances de la au- 
toridad. 

Es lo que se propuso el doctor Cándido Joanicó mediante la 
presentación de un proyecto de ley según el cual la expropia- 
ción por causa de utilidad pública sólo podría tener efecto 
cuan'do se reunieran eisitlas cuatro condiiciones': que lia Asamblea 
votara una ley autorizando la expropiación, que el Poder Eje- 
cutivo dictara un decreto designando la propiedad a expropiarse 
y publicara edictos emplazando a todos los interesados, que 
los Tribunales OTidenaran por sentencia •ejíecutoriada ilia expro- 
piación, y que ei propiettario recibiera una justa lindemnización 
para cuyo señalamiento se tendrían en cuenta las ventas y 
arrendamientos más recientes de \b misma propiedad o de las 
inmediatas. 

Fueron incorporadas íntegraanente esas condicionies a Ta ley de 
julio de 1853. 

Los plazos (le los aiTendamíentos. 

Esta otra disposición importante relacionada con las garan- 
tías de la propiedad territorial dictó la Asamblea en 1853: 

"La ley no reconoce las estipulaciones verbales sobre térmi- 
nos en los contratos de arrendamiento. No se admitirá otra 
prueba de término establecido que ¡a qne resulte de documento 
escrito". 

Se quería poner fin con ella a un régimen de incesantes 
despojos consumados a la sombra de la prueba de testigos, y 
el remedio resultó de una eficacia absoluta. 

El abigeato. 

Había que perseguir también a I019 ladrones de ganados, fa- 
vorecidos por la forzosa confusión de animales en campos abier- 
tos y sin cercos de ninguna especie. 



GOBIEBNO DE GIRÓ 187 



La ley de julio de 1853, calcada en un proyecto del doctor 
Jaiime Estrázulas, «aiátü-gaba al ladróin de ganadas oon tres me- 
i-;es de pri&ión y trabajos públicos la primera vez, y con el duplo, 
o) triple y el quíntuplo de esa pena en caso de reincidencia; asi- 
milaba al robo de ganados la destrucción o desfiguración de mar- 
cas, la marcacióii y señalamiento de animales ajenos y la com- 
pra a sabiendas de cosas robadas; y prevenía que dichas penas 
en ningún caso podrían conmutarse. 

Colaborando en esa obra /de isamí-amiento rural, .el Gobierno 
dictó un reglamento de guías a base de publicidad y fiscaliza- 
ción y ordenó a los Jefes Políticos que hicieran reconcentrar en 
los ejidos de los pueblos a las familias dispersas que constituían 
una amenaza constante contra el estanciero, aunque sin conse- 
guir resultados del todo eficaces por la resistencia de los intere- 
sados a la reconcentración. 



Cái-ceíies. 

Todos se confunden en un mismo local — decía "La Consti- 
tución" describiendo el régimen carcelario de 1852 — los ase- 
sinos famosos, los ladironas, los ebrios y ños autores Ide pequeñas 
faltas que no demuestran perversidad moral; y de esa confusión 
resulta el contagio de lo malo y que el hombre que todavía no 
ha deiscendl'do, des'cienda y se hag;; candida'to p'ara el crimien. 
Habría que implantar — agregaba — el régimen penitenciario 
que mejora la condición de los mismios delincuentes con aiyula 
do la instrucción, del aprendizaje de un oficio y de la formación 
de un pequeño capital. 

Los patios del Cabildo donde se amontonaban los presos, fue- 
ron luego divididos en dos compartimientos. De un lado quddó 
instalada lo que podríamos llamar cárcel de policía bajo la in- 
mediata dependencia del Jefe Político, con destino a los contra- 
ventores de reglamentos y a los condenados a trabajos públicos 
por un corto número de días. La Policía utilizaba los huéspedes 
de ese patio para el barrido de las calles de la ciudad, compos- 
tura de empedrados, rellenamiento de pantanos y otras de las 
tareas municipales que entonces le incumbían. En el patio con- 
tiguo quedó instalada la cárcel de seguridad con destino a los 
autores de delitos comunes, bajo la inmediata dependencia de 
ios Jueces y Tribunales. Estos otros huéspedes que en 1852 He- 



188 HISTORIA DEL UKUGUAY 



ijabaa a 67 nada hacían, ningún trabajo tenían a su cargo, y se 
pasaban el tiempo en jugarretas que más de una vez degenera- 
ban en reyertas furibundas. 

A mediados de 1852 fueron interrumpidos los debates de la 
Cámara de Senadores por una de esas reyertas en que los pre- 
sos lucían filosos cuchillos. Intervino el cuerpo de guardia, y los 
peleadores fueron puestos en el cepo, pero la gritería continuó 
todavía estimulada por uno de los penados que amenazaba a 
su adversario con darle de puñaladas el día que saliera de la 
cárcel! 

"Esos gritos, exiclamába eí sena cor Masini, que alteran el 
sosiego 'de la Cámara, dieíbem Llaimar inuestra atención para que 
nos ocupemos de la construcción de una cárcel en lugar más 
aparente". 

Y algunos meses después el Senado sancionaba como conse- 
cuencia de esa iniciativa un proyecto que autorizaba al Poder 
Ejecutivo para la construcción "de una cárcel pública, segura, 
cómoda y adelantakla, ¿para dar ocupación a los presos en be- 
neficio de ellos mismos". 

Eistiadístlica judiicial. 

Son extremadamente incompletos los datos que registran las 
publicaciones oficiales de la época. Damos a continuación los 
que presentó a la Asamblea el Ministro de Gobierno doctor Cas- 
tellanos, reflejando el movimiento de 1852: 

Montevideo: iCau&as s'ubid'ais al Tiiibunal en aipelación 7 7. 

Juzgado Ordinario de Montevideo: causas iniciadas 224; en 
trámite 117; concluidas 107. 

Juzgado de Paz de la Capital: 687 causas. 

Colonia, Maldonado, Cerro Largo, Salto, Canelones, Soriano, 
Mercedes, San José y Minas: causas pendientes 110; conclui- 
das 70. 

Explicando la ausencia de algunos departamentos hacía cons- 
tar el Ministro que en el Durazno "no había habido ni un solo 
pleito". 

Ti'atado de exti'a<li(('!ión, cíoii el Bitasil. 

De acuerdo con el tratado de extradición die 1851, uno ide 
los cinco negociados por don Andrés Lamas, el Gobierno dirigió 



GOBIERNO DE OIKO 



189 



una circular a los Jefes Políticos estableciendo que debían ser 
devueltos los esclavos que fueran reclamados por el Presidente 
de la Provincia de ¡Río 'Granide o por el amo que penetrara en 
territorio nacional persiguiendo al prófugo. Pero con la impor- 
tante advertencia de que el esclavo que fuera introducido por 
sus amos al territorio 'de ia Repúbiiaa, se reputaría hombre ^li- 
bre y en consecuencia no podría ser materia de extradición. 

Intereses municipales. 

Frente al renacimiento del espíritu de empresa — decía "El 
Comercio de'l Plata" — que quiere tranlsformar la Capitial, no 
deben quedar en olvido los departamentos: hay que preocuparse 
de fundar escuelas, de mejorar las vías de comunicación, de 
organizar las policías y de arbitrar a las Juntas recursos para 
ejercer la caridad en la campaña, tarea esta última que les está 
vedado hacer d'entro ^de losi catorce pesos y medio que les asigna 
el Presupuesto vigente! 

Para que nuestra Carta Fundamental — decía a su turno "La 
Constitución" — entre en las costumbres y no sea una ley en 
ei papel, es necesario que haya leyes secundarias. Al discutirse 
en el seno de la Constituyemte el capítulO' relativo a régimen de- 
partamental, propuso el iconstituyente G-arcía que se incluyera 
entre las atribuciones de las Juntas la de establecer ayuntamien- 
tos. Pero se consideró que era innecesaTia la declaración, porque 
aun isin ella podran esitabileoense ayuntamientos o cabiiMo's d'onde 
conviniera instalarlos. Habría, pues, que restablecer los cabil- 
dos, icomo medio de ique se acostumbraran los ciuidadanos a con- 
aar más en sus fuerzas, a desarrollar el espíritu de asociación, 
;i desarraigar el caudillaje. Por lo pronto habría que organizar 
comisiones die vecinos para el estudio de las necesidades, estu- 
dio que daría luego a las Juntas ocasión para cumplir la misión 
constitucional "de proponer a la Legislatura o al Gobierno to- 
das las mejoiras necesarias o útiles". 

En conceipto de lo® cooistituyentes — agregaba en otro artícu- 
lo — debían marchar a La par la administración del departa- 
mento y la de los municipios, y es por ello que sostenemos la ne- 
cesidad de crear esos últimos, persuadidos de que el vecino que 
tiene inconveniente en ipagar dos tiesos mensuales para rentas 
generales, pagaría gustosamente cuatro para ser invertidos ante 
sus ojos, en beneficio del pueblo que habita con su familia. De 



190 HISTORIA DEL URUGUAY 



ese modo se famentarian las escuelas^, los hospitales, las cárceles 
y se daría inipmliso ai le^spíritu de asociación. Cada puieblo se con- 
sideraría como una gran asociación en que cada individuo lapor- 
taría nn contingente en relación con sus facultades. Aumentaría 
£isí el número die lois que se interesan en la cosa púbilica y 
ecabaría j)or desterrarse else egoísm.o miserable que ha empe- 
zado a invadirnos. 

E^sita 'propagauida encaminada a pvoimo'Víer el resurgimiento de 
la vida municipal, empezó la prodjucir resultados en 185 3. Hl Dr. 
Francisico Solano de An'tuña ipresentó a. la Cámara de Senadores 
un proyecto por el cua^l ¡se entregaban a Has Juntas Económico- 
Administrativas la recaudación e inversión de dos impuesítos de 
papel sellado, patentes y corrales de abasto y &e declaraba a la 
vez de cargo de las mismas Juntas el pago de las planillas de la 
Administración de Justicia, Enseñanza primaria y superior y Je- 
fatura de Policía, — todo ello oon arreglo a la ley de Presu- 
puesto. Los departamentos cuyas rentas fueran insuficientes s-e- 
rían ayudados por los que tuvie.rau ;9obra,ntes. 

La institución de las Juntas — decía el doctor Antuña fun- 
dando su proyecto — no ha respondido hasta ahora a los fines 
constitucionales. A los antiguos cabildos incumbía la adminis- 
tración económica local con atribuciones muy extensas. Al ex- 
cinguirlos pa^ra que no quedasen vestigios del régimen colonial, 
&9 consideró que toidas sus funciones quedaban traspasadas a las 
Jumtas Económico-Ad'ministrativas, verdaderos cabildos 'Con otro 
nombre. Pero los icabildos tenían rentlas mientra-j que las Jun- 
tas ni siquiera disponen hoy de fondos propios para costear un 
escribiente o pagar el alquiler de la casa en que sesionan. 

El día en que los contribuyentes sepan que lo que pagan es 
para aplicarse a sus respectivos departamentos — decía "La 
Constitución" — desaparecerá la idtea odioisia que hoy tienen 
del fisico. 

No quiso el Presidente Giró quedar exaluído de leste movimien- 
to de ideas que respondía a un gran clamor de la campaña, y 
en ' marzo de 1853 presentó un proyecto de ley a la Asamblea 
por el cual sie adjudicaba a 'las Juntas Económico-Adiministratá- 
vas e(l derecho de abasto, el registro de marcas y el peaje 
Ce ríos, bajo la condición de que el importe de las rentas sería 
íiplicado de acuerdo con el Poder Ejecutivo. 



GOBIERNO DE GIBÓ 191 



Obrap (le pavimioiitación. 

Durante el interinato presidencial de don Bernardo P. Iííí- 
rro se dictó im decreto sobre vialidad que determinaba ©1 
ancho de los caminos" de Montevideo; el de la Unión tendría 30 
varas, el idel Cerrito 20 y e\ del Miguelete otras 2 0. Eran las 
•res grandes vías que reconocía el decreto. Todas las demás ten- 
drían de 8 a 20 varas de ancho, según el uso a que estuvieran 
r'es*^inadas. 

Criticando estas dispots-iciones recordaba "La Constitución" el 
decreto de 1840. obra de la administración Ri-vera, que fijaba a 
los caminos 40 imetros .de ancho. Si se iconsiidera — decia aquel 
diario — lo ique ilais zanjas inutilizan, la anchura de ooho varas 
apenas alcanzará para los hombres a cabailllo. Deberían tener, 
agregaba, 2 0, 3 o 40 varas, según su im,portancia, dado e^l 
escaso valor del terreno y habría a la vez que preocuparse de 
su conservación, tarea más importante que la de construirlos, 
valga el ejemplo de Atenas donde el Senado mismo era el en- 
cargado de la vigilaucia de los camino©. 

Algo intentó hacer también el Gobierno en favor del empe- 
drado de las calles de Montevideo. Llegó hasta formaliz-ar un 
contrato a'i pre'cio ide 6 j V2 reales (la vara, cuadrada, lo que 
arrojaba 400 pataconeis "por cuadra, garantizando los 'pagos con 
el producto de la pateóte de rodados. Pero era tan angustiosa 
líi situación del erario público que los trabajos quedaron reduci- 
dos a trechos insignificantes, viéndose obligados por ello más de 
una vez los vecinos a ir en ayuda del ^Gobierno. Tal es lo que 
ocurrió a principios de 1853 con el arreglo de la calle Ibicuy 
des/de la Plaza Cagancha hasta la playa de la Aguada reali- 
zado mediante una, suscripción pública. 

El soi'vicio de serenos. 

El servicio de serenos fué reorganizado a mediados de 1852 
por una Comisión delegada de la Junta lEconómioo-Ad'ministra- 
tiva. El número de agentes que sólo llega-ba a 4 0, fué elevado a 
60. A cada sereno se le dotó de un capote, una linterna y una 
p-stola. En cambio se les prohibió que llevaran perros, por ha- 
berse comprobado — decía el informe — que algunos utilizaban 
esos animales para echarse a dormir y tener a su lado quien los 



192 HISTORIA DEL XJBUGUAY 



desipertara al acercarse un transeúnte. La.s calles ^quedaban de- 
siertas a medianoclie y cualquier ruido producía 'la algarabía 
de los perros, dando tiempo al sereno para pararse y enfocar la 
linterna en dirección al trasnochador. 

Todavía a mediados de 18 52 protestaba "El Comercio del Pla- 
ta" contra la costumbre de los guardias noicturnos de interrogar 
al 'transeúnte: "¿Quién va a'l sereno?", que el interrogado con- 
testaba según su condición, con las palabras de "Vecino", "Ciu- 
dadano", "Extranjero", "Militar". A buen seguro — agregaba 
el articulista — que ningún ladrón responderá: "Ando en ace- 
cho". 



El aliuiibrado a gas. 

Don Demetrio y don Aquiles Isola se presentaron al Gobierno 
en abril de 18'52 solicitando una concesión exclusiva para la ex- 
pjotación dei servicio de iluminación a gas en las calles y edifi- 
cios de Montevideo. En compensación de ese monopolio que de- 
bía durar quince años, ofrecían iluminar gratuitamente durante 
algún tiempo las calles 25 de Mayo, Rincón, Zabala, Misiones, 
Treinta y Tres, Ituzaingó, Cámaras, Cerro y Juncal. 

SPocas semanas después los proponentes realizaban un ensayo 
de iluminación a gas en la botica de don Mario Isola situada en 
la calle 25 de Mayo, para que toda la poiblación pudiera aipre- 
ciar las ventajas de ese servicio que hasta entonces era absoluta- 
mente descono.cido en el Río de la Plata. El ensayo resultó deci- 
sivo. Los dos pequeños tubos de la botica de Isola iluminaban 
más que los quiniqués de múltiples mecheros de las casas de co- 
mercio contiguas. Y en el acto quedaron colocadas las acciones 
y se nombró una comisión compuesta de don Eduardo Acevedo, 
don Avelino Sierra, don Carilos Joanicó, don Manuel Illa y don 
Pedro Piñeyrúa para el estudio de las bases de ia nueva iiro- 
puesta que haibría de presentarse al Gobierno. 

Anticipándose al resultado de la tramitación de esa propuesta, 
prosiguieron sus trabajos los empresarios y los accionistas alen- 
tados por el tren de progreso en que estaba Montevideo. El in- 
geniero don Demetrio Isoia marchó a Europa en busca de maqui- 
narias y materiales y en julio de 1853, en la víspera misma del 
movimiento revolucionario que habría de colocar de nuevo una 
capa de plomo sobre la República, quedaban iluminadas por vía 
de ensayo 14 cuadras de las principales calles y se procedía a la 



G0i5ii;r.N() i)K amó 193 



ledaccicn de los •estatutos de la Sociedad ipor una .comisión que 
encabezaban don Juan Miguel Martínez y don Javier Alvarez, so- 
bre la base de un capitaH ,de 60,000 pesoo en acciones de 250 
pesos cada una. 

El derrumbe del gobierno de Giró paralizó ese ráp'do movi- 
miento que colocaba a Montevideo, del punto de vista de la ilu- 
minación pública, a la cabeza de la América del Sur, pues tíiecos 
Aires mismo no había podido salir todavía del aceite Je potro 
y del kerosene. 

Higiene pública. El servicio dt* caños maestros. 

En otro servicio eidi'licio de enorme importancia anticipábase 
también Montevideo a toadas las demás ciudades de la Améri- 
o¿ del Sur. 

A mediados de 185 2 resG'lvieron cotizarse 7 5 veicinos de las ca- 
lles 25 de Mayo, Rin'cón, Cerrrto, Zabaila, Piedras, Misiones, Itu- 
zaingó y Treinta y Tres, para la instalación de un servicio de ca- 
ños maestros propuesto por don Genaro de las Hivas. Poco des- 
pués el mismo empresario se presentaba al Gobierno solicitando 
¡a contribución 'del Tesoro púlWiic(? para ía parte de caño maes- 
tro .corresipondienite a las bocacallles y 'asimismo que se exten- 
diera a todos los propietarios le obligación de costeai' el pago dei 
trozo correspondiente a!l frente (de sus respectivas propiedades. 

Casi al mismo tiempo se presentaba a,l Gobierno Ion Juan José 
de Arteaga con otra propuesta para la cons'crucción de una red 
cloacal en toda la ciudad de Montevideo, prov.ista de amplias bó- 
vedas en forma de permitir su recorrido a los empleados y encar- 
gados de la conservación y buen funcionamiento de la obra. Los 
propietarios deberían pagar diez pesos por cada vara de caño 
construido al frente de sus casas. 

Ambas propuestas fueron pasadas al Cuerpo Legislativo, pe: o 
con marcada preferencia a favor de la formulada por el señor Ar- 
teaga, que en concepto dell Go'bierno era la más ventajosa. Los pla- 
nos y memorias correspondientes a esa propuesta, eran obra del 
fceñor Aulbourg, distinguido arquitecto francés que había venido 
a Montevideo a d,irigir la edificación de la nueva Aduana. "To- 
dos entienden — decía "La Constitución" — que es una obra 
magnífica, y hay quien duda de que sea un negocio para el em- 
presario". 

En la Cámara de Diputados triunfó también la propuesta Ar- 

13 -IV 



194 HISTORIA DEL URUGUAY 



leaga, pero no asi en el Senado donde fué rechazada a mérito de 
ii'.i dictamen de la Comisión Especial en que S'e sostenía que la 
led cloacal debía costearse con impuestos y no mediante el pago 
de cuotas del vecindario directamente favoreciido a una empre- 
sa particular. 

Hcspitales. 

Véase el número de enfermos que se alojaban en el Hospital 
de Caridad a mediados de 1853, según una comunicación de la 
Junta Econcimico-Ajdminis'trativa al! Gobierno, encaminada a de- 
mostrar la escasez de los fondos aplicables al servicio: 

Civiles . . ' . . . 110 Depositados ... 3 

Mujeres 30 Expósitos .... 8 

Oficiales 17 Locos 10 

Soldados 26 

Entre los enfermos figuraban 2 7 variolosos. 

En un informe del año 18 5 2 la Comisión delegada de la Junta 
Económico-Adlministrativa fijaba en 2,3 70 pesos mensuales 
'os ingresos del Hospital y en 3,000 los gastos indispensables. 
PJl nivel de los ingresos subió después, pero no con la energía 
necesaria para cubrir el déficit. 

Explicando esa situación decía la Junta Económico-Adminis- 
trativa al Gobierno en marzo de 1853: 

Para el sostenimiento del Hosípital sólo se contaba hasta ha- 
ce poco con 900 pesos mensuales emanados de la lotería. El re- 
matador de esa renta, que era a la vez el encargado del sumi- 
nistro de artículos de consumo, anticipaba a la Junta 1,200 
pesos, reintegrables el día del oese del contrato, lo que equivalía 
a asegurarle indefinidamente la lotería, desde que cada vez era 
más difícil el reembolso de la suma anticipada cuyo monto llegó 
V subir a 13,200 pesos. Gracias a un nuevo contrato la Junta 
percibirá ahora 3,000 pesios, de cuya suma 500 irán a amorti- 
zación de la deuda y 2,500 al Hospital. 

La situación debió seguir mejorando por efecto de la incor- 
poración de nuevos recursos, según lo demuestra un estado par- 
cial del Hospital de Caridad relativo a los cincuenta y tantos 
días corridos desde el 1." de agosto basta el 22 de septiemJbre 



GOBIERNO DE GIRO 



19& 



c;el mismo año. Los ingresos habían subido a 9,645 pesos, co- 
rrespondiendo 5,500 a la lotería, 2,400 al Vz % de Aduana y 
el resto a divei*sos rubros. 

La población extranjera tendía a la vez a descongestionar el 
Hospital de Caridad niediante la organización de establecimien- 
tos particulares. En mayo de 18 53 fué colocada la piedra fun- 
damental del Hospital Italiano. 

Durante todo el período del sitio había estado el Hospital de 
Caridad a cargo de la "Sociedad de Caridad Pública", instituida 
por decreto de noviembre de 1844. El gobierno de Giró derogó 
ese decreto en 1852 y puso el Hosipital bajo la dependencia de 
■a Junta lEconóimico-tAdminisitrativa. 

Por otro decreto de fines del mismo año, correspondiente al 
interinato de don Bernardo P. Berro, fué nombrada una comi- 
sión compuesta por don Eduardo Acevedo, don Juan Carlos Gó- 
mez, don Cándido Joanicó y don Francisco Magariños para pro- 
yectar la fundación de una sociedad de señoras que tendría in- 
tervención en los establecimientos de beneficencia. La comisión 
se expidió en un informe que fué aceptado por el Gobierno y 
que sirvió de base a ía creación de una sociedad de señoras bajo 
el título de Sociedad de Caridad que tendría a su cargo las es- 
cuelas de niñas, las casas de expósitos y los hospitales de mu- 
jeres. 

Para el servicio de cuarentenas, previsto de tiempo atrás en 
los reglamentos redactados por el doctor Vilardebó, fué habili- 
tada la Isla de la Libertad. 

El sei'vicio íle coai'e>o«. 

A mediados de 18 5 2 se llamó a propuestas para la conducción 
de la correspond'encia al interior del país, y habiendo resultado 
muy altos los precios acordó el Gobierno que el servicio se hi- 
ciera por conductores particulares, que saldrían a campaña el 
1 y el 16, y estarían de regreso el 14 y el 3 de cada mes. 

Muy grandes debieron ser las dificultades, porque tres meses 
después el Gobierno volvía al régimen que había resuelto aban- 
donar, y contrataba con don Atanasio Lapido el servicio de co- 
rreos en toda la República, bajo las siguientes bases: el contra- 
tista establecería cinco carreras de postas provistas de sucursa- 
les en varios puntos y con salidas ordinarias el 1 y el 16 de cada 
mes, y percibiría por concepto de retribución 1,000 pesos men- 



196 HISTORIA DEL UBUGÜAY 



suales durante el plazo de seis años. Y el nuevo contrato empe- 
zó a ejecutarse con éxito. 

El ejército de línea. 

De acuerdo con la ley de Presuipuesito el gobierno de Giró 
dictó a mediados de 18'52 un decreto que organizaba en esta for- 
ma el ejército de línea: 

Dos batallones de infantería compuestos de 350 plazas cada 
uno, en los qjue serían refundidos los cuatro que existían antes 
de prom'u'llgarse el Pnesuipuesto, a cargo de los coroneiles José 
María Solsiona y León de Palleja. 

Una brigada de artillería- compuesta de dos compañías de 
61 soldados cada una, bajo el mando del coronel Mariano 
Vedia. 

Cuatro escuadrones de caballería de 150 plazas cada uno, 
bajo el mando de los coroneles Francisca Tajes, Lucas Moreno, 
Francisco Olivera y José María Pinilla. 

La infantería y la artillería que constituían la guarnición de 
la Capital, quedaban en manos de jefes colorados, y los es- 
cuadrones de caballería en manos de blancos y colorados. Agre- 
gúese que el Ministerio die la Guerra estaba en manos de jefes 
colorados de alto prestigio como los coroneles César Díaz y 
Venancio Flores ly se tendrá la clave del derrumbe del gobierno 
de Giró. 

La Guardia Nacional era naturalmente mucho más numerosa. 
Según lia Memoria que a principios de 185 3 presentó a la 
Asamblea el «oronel Flores, .La caiballería de toda la República 
tenía 8,074 soldados, distribuidos en 27 escuadrones. 

En la feaha de la presentación de esa Memoria no estaba 
todavía organizada la Guardia Nacional de la Capital, y fué 
precisamente, como hemos didho en otro capítulo, su llama- 
miento parcial para las fiestas conmemorativas del 18 de Julio 
de 1853 lo que precipitó el motín militar de ese día. 

Dos meses antes del motín la piensa señalaba con satisfac- 
ción que los batallones de los coroneles Palleja y Solsona, los 
mismos que habrían dle actuar en el derrum'be de Giró, habían 
entrado a la Iglesia Matriz para oír misa. 

"Esta es la primera vez — decía "La Prensa Uruguaya" — 
que hemos visto en nuestro país poner en práctica lo que se 



GdBIEBNO i)E GIRÓ 197 



practica en todas las naciones cristianas según lo prescribe La 
ordenanza militar"'. 



t^iK'da sii|)riini<la la leva. 

iLos batallones de linea compuestos casi exclusivamente de 
."iegros y los escuadrones de línea eran remontados con ayuda 
(le la leva o caza de hombres, rtalizada aquí en la Capital 
durante la noche y en campaña en pleno día a la vista de todo 
el mundo. 

Con el propósito de cortar do raíz esa práctica abusiva 
presentó el doctor Eduardo Acevedo a la Cámara de Diputados 
un proyecto que decía así: 

"El Poder Ejecutivo hará cesa; inmediatamente el sistema 
inmoral y contrario a la Ley Fundamental de las levas para 
atender al reemplazo del ejército permanente... Sólo serán 
destinados al ejército permanente en calidad de vagos los que 
fueran declarados tales por Juez coimpetente". 

El proyecto marchó sobre rieles en ambas ramas del Cuerpo 
Legislativo y pocas semanas después quedaba convertido en ley 
de la RepúbM'ca. 



Los t-astigos corporales. 

Otra lacra igualmente terrible presentaba el ejército. 

A principios de marzo denunció la prensa que uno de los 
soldados de línea había sido castigado con 1,500 azotes, y esa 
denuncia dio mérito para que el coronel Palleja, jefe del cuerpo, 
luego de rectificar la cifra — 500 palos y no 1,500 — agre- 
gara: 

"Deploro como el que más la terrible necesidad de los cas- 
tigos corporales que prescriben nuestras leyes militares y he 
tenido que reprimir mis sentimientos para habituarme a pre- 
senciarlos. Pero échese una mirada por el personal actual de 
nuestros cuei-pos de línea; éstos son compuestos de una gran 
cantidad de esclavos africanos, indolentes y acostumbrados al 
rigor, que sólo con él se consigue que se vistan, que se aseen 
y que observen los deberes del líoldado. y de otra parte peor 
rerlutada en la crujía de la cárc?'; hombres incorregibles, que 



198 HISTORIA DEL URUGL'AY 



&i fuera a darse cumplimiento a lo que prescriben las ordenan- 
zas militares, sería necesario fusilar- con frecuencia. ¿Se quiere 
abolir los castigos corporales? Es muy justo y' muy a la altura 
de la libertad y de la civilización de la República; pero antes 
refórmese eíl persotta'l diél ej^ército, purgúese a éste de la hez y 
de los criminales". 



1.a reforma militar. 

El gobierno de Giró resolvió a princLpios de 1853 reanudar 
la obra de la reforma militar iniciada en 1835 bajo la adminis- 
tración de Oribe y anulada luego por efecto de las revolu .''iones, 
que obligaban a convocar de nuevo a los reformados y que 
imjpQdían ajdemás al Tesoro público pagar regularmente sus ca- 
pitales a los militares ya desvincula'dos de la ley de Presuipuesto. 

De una i-eunión de ciudadanos espectables verificada en el 
Ministerio de la Guerra, surgió una Comisión que luego de estu- 
diar el punto propuso la adopción de las siguientes bases, para 
redactar el proyecto de ley que habría de someterse a la Asam- 
blea: 

' La reforma debe hacerse mediante entrega de dinero efec- 
tivo, y no de títulos de crédito qu.^ obligarían a gastar cuatro 
o seis veces más, agrandando así e^ miento de la deuda; 

La reforma actual como la de 1835 debe fijar las cantidades 
a entregarse a cada reformado de conformidad a la ley de 
retiro; 

A los jefes y oficiales reformados en 1835 y vueltos al ser- 
vicio, sólo debe reconocérseles el tiempo subsiguiente a su 
reingreso; 

Los fondos deberán obtenerse mediante un empréstito en el ex- 
tranjero. 

Fueron aceptadas estas bases y, en consecuencia, el Ministro 
de la Guerra coronel Flores, presentó un proyecto de ley a la 
Asamblea, que establecía el retiro de todos los jefes y oficiales 
que no fueran necesarios para el servicio público, y la entrega 
'.)or una sola vez del siguiente capital: 

Dos años de sueldo a los que tuviesen de 5 a 9 años de anti- 
güedad en el servicio; tres a los que tuviesen de 9 a 15; cuatro 
a los que tuviesen de 15 a 21; cinco a los que tuviesen de 21 
a 25. y seis añcs de sueldo a los que tuviesen arriba de 25 años 
de antigüedad. 



COBIEBXO DE GIBÓ 199 



El proyecto fué rápidamente sancionado y en seguida empeza- 
ron los preparativos para su ejecución. El Poder Ejecutivo se di- 
vigió a la Comisión Permanente en demanda de venia para se- 
guir abonando medio sueldo a los jefes y oficiales reformados 
mientras no recibieran sus respectivos capitales, y a su turno la 
Cámara de Diputados empezó a estudiar una operación de crédi- 
to por dos millones de pesrs con destino al pago de esos ca- 
pitales. 

Pero el motín del IS de julio ya estaba encima y la obra que- 
aó inconclusa. 



Honores a los generaliN A^lvear y Gai-zón. 

El general Alvear murió en Washington a ñnes de 1852. Nues- 
tro Cuerpo Legislativo, asociándose a los homenajes argentinos, 
sancionó un proyecto de ley que acordaba pensión a la viuda 
del ilustre jefe del ejército de Ituzaingó. 

En ese mismo momento recibía la viuda del general Garzón el 
producto de una soiscrijpciión pública destinada a honrar la me- 
moria del procer que tan hon'do vacío había dejado en nuestro 
escenario po'llti'co. Ascendía lo recolectado a 12.129 pesos, que- 
dando pendiente de cobro un saldo de 4.144 pesos. 

Servicios <h' la l'clicía. 

Desde los primeros meses de 1852 inició la Policía una cam- 
paña encaminada a reprimir los abusos de la mendicidad. 

En vista de que muchas personas — decía una de sus orde- 
nanzas — aptas para el trabajo se dedican a la mendicidad, iodo 
ol que se considere en estado de implorar la caridad pública de- 
berá concurrir a la Policía, donde previo examen médico se le 
expedirá una tablilla con el membrete: '"Merece la caridad públi- 
ca", que el interesado deberá llevar al cuello. 

Fué sorprendente el resultado. Los grupos de mendigos que re- 
corrían las calles se fueron disolviendo poco a poco y a mediados 
de añ: hacia constar el médico de Policía doctor Gabriel Mendo- 
za, que en toda la ciudad de Montevideo sólo había 77 mendigos 
autorizados. 

Luego abrió un registro del servicio d.méstico aplicable a las 
pardas y morenas que la abolición efectiva de la esclavitud ha- 



200 HISTORIA DEL URUGUAY 



bía deja'do en una situación mal definida, que daba margen a in- 
cidentes de todo género. De acuerdo con la ordenanza respectiva 
todas las pardas y morenas dedicadas al servicio doméstico de- 
berían concurrir a la Poilicía caída vez que cambiaran de casa, a 
íín de hacer constar la causa de la salida, en forma de que que- 
dara establecida la buena o mala conducta observada. 

También se ocuipó la Policía de mejorar algunos de los servi- 
cios más urgentes de limpieza. En 1852 publicó un aviso haciendo 
fcaber a la población que ha.bía celebrado un contrato que permi- 
liría la recolección de las basuras domiciliarias tres veces por 
semana, salvo el caso de lluvias muy copiosas en que el servicio 
ouedaría suspendido ha^sita el día siguiente. Prevenía a la vez 
cue desde ese momento quedaba absolutamente prohibido arro- 
jar basuras a la calle, a los "huecos" y a la costa del mar. 

Eran esos los tres vaciaderos a que recurría la población. Los 
■■/ecinos que tenían que valerse de sus propios brazos, se limita- 
ban a volcar sus tachos en la calzada; los que tenían algún mu- 
chacho a su servicio, hacían conducir las basuras a los huecos, 
es decir, a los solares baldíos situados entre dos edificios; y las 
de mayores recursos o que no tenían huecos próximos, enviaban 
Jíi carga hasta la costa del mar. 

La matanza de perros, otro de los números del programa poli- 
cial, quedó reanudada a raíz de la Guerra Grande sin modifica- 
ción sustancial en los procedimientos de exterminio. 

En 1852 las policías de extramuros maniobraban con sus lan- 
zas a todo el correr de los caballos. Al año siguiente iniciaba 
uno de los diarios el estudio comparativo del palo y del veneno 
para la matanza en las calles de Montevideo, con marcada pre- 
ferencia a favor del primero. Y el palo entró a figurar en la or- 
den del día de la Jefatura, seguramente porque dentro de las 
angustias del Tesoro público significaba un ahorro sobre el ve- 
neno. 

Dando cuenta de la matanza inaugurada en marzo de 1853, 
refería uno de los diarios que en la puerta principal del mercado 
de la Cindadela (actual Plaza Independencia) actuaba un grupo 
de celadores armados de lazos y de gruesos palos y que el ex- 
terminio se realizaba allí mismo a la vista del público estacio- 
nado para presenciar el horrible espectáculo. De cómo se com- 
probaba la importancia de cada .iornada instruían los partes 
tharios de los Comisarios al Jefe Político, que solía publicar la 
prensa de la época. Uno de ellos comunicaba la matanza de 21 



gobieb:no de gibó 201 



porros "cuyas lenguas se acompañan para constancia", se apre- 
suraba a prevenir el Comisario. 

La Policía reanuidaiba de vez en «uando antiguas funciones edi- 
lícias de las que en parte había sido despojada por las Juntas 
Económico-Adiministrativas. A mediados de 185 3 abordaba con 
ayuda de los celadores y de los presos la tarea de eliminar un 
gran peñasco situado en la calle Treinta y Tres entre 25 de 
Mayo y Cerrito, que por su forma convexa constituía un serio 
peligro para los transeúntes. El resultado se consiguió con ayu- 
da de minas numerosas pero muy pequeñas para no perjudicar 
a los edificios contiguos. 

La necesidad de ampliar los servicios policiales dio oportuni- 
dad más de una vez durante la administración Giró para traer 
a colación una minuta de la Asamblea Constituyente de abril 
de 1830, ' recomendando como medida de economía la provisión 
(le empleos civiles con militares en goce de sueldo. Sería el m'^- 
(;\.o — ^decía "La Constitución" — de ahorrar dinero y a la vez 
utilizar los servicios de muahos hombres aptos. 

Tentativa para abolir el pasaijorte. 

El doctor Juan Carlos Gómez presentó en 18 53 un proyecto 
do ley aboliendo el pasaporte. 

"En un país esencialmente comercial como el nuestro — de- 
cía la Comisión de Legislación adhiriendo al proyecto — todo 
io que facilita el movimiento de la población es de incuestiona- 
ble utilidad". 

Como medida de policía — ^había dicho dos meses antes "La 
Constitución" procl'amando la misma reforma — el pasaporte es 
del todo ineficaz: sólo lo respeta el que no ha delinquido; y 
como recurso financiero, es de una pobreza extrema. 

La Cámara de Diputados lo suprimió para el interior de la 
República, manteniéndolo para el exterior. Y el Senado, más 
apegado todavía a la vieja traba colonial, encontró que era pre- 
ferible no alterar lo existente y en consecuencia rechazó el mis-» 
mo proyecto restringido de la Cámara de Diputados. 

El pasaporte que según todos los datos publicados constituía 
un rubro muy poco importante para el escuálido tesoro policial, 
resultaba sin embargo muy pesado para el viajero: tres pesos 
y seis reales tratándose de pasajes para el exterior. La peque- 
nez del producto emanaba de la poca frecuencia con que se via- 
jaba entonces. 



2ü2 HISTORIA DEL l'KCGUAY 



La Iglesia y el Estado. — ^El Gobierno- hace valeí- sus derechos de 
patrono. 

Proseguía nuestra Iglesia en situación anormal por eil aplaza- 
miento (MI la creación de la diócesis del Uruguay, no obst; nte 
todas las gestiones realizadas de acuerdo con la ley de 18S0 
obra de la Asamblea Con.&tit'uyente. 

Sólo se había conseguido que Larrañaga, que actuaba r;->n- ^ 
delegado del obispo de Buenos Aires, recibiera en 1832 el nom- 
bramiento de "vicario apostólico en la parte de la diócesis de 
Buenos Aires que se llama República OrientaJl", decía el res- 
pectivo decreto. Era la independencia del nombramiento, per 3 
no de la diócesis. 

Muerto Larrañaga, fué elegido en el mismo carácter don Lo- 
renzo Antonio Fernández que ya ejercía funciones análogas den- 
tro de la plaza sitiada, por delegación del titular. Oribe resolvió 
rechazar ese nombramiento ique empequeñecía su autoridad fren- 
te a la dé\ gobierno de la Defen&a. Hizo intervenir al obispo de 
Buenos Aires que ya no tenía jurisdicción interna en los nego- 
cios de la Iglesia oriental, y al delegado apostólico de Río de 
Janeiro, por intermedio de la Legación Argentina, consiguiendo 
<>sí que el presbítero Manuel Rivero fuera nombrado vicario del 
Uruguay ccn exce,pción ',de la ipllaza de Montevideo, que quedaba 
a cargo de Fernández. 

Concluida la guerra, obtuvo la Legación Oriental en Río de 
Janeiro que el delegado apostólico revocara el nombramiento de 
Ilivero, quedando entonces a cargo de toda la vicaría don Lo- 
renzo Antonio Fernández. • 

Pocos meses después se presentó al Ministerio de Gobierno el 
provisor don José Joaquín Reina, pidiendo la aprobación guber- 
nativa a favor del nombramiento de provicario que le había ex- 
tendido Fernández con la calidad de "mientras dure mi enferme- 
dad", que el Gobierno Sie negó a ratificar invocando incompatibi- 
lulades de carácter eclesiástico que determinaron la presentación 
de un nuevo nombramiento. 

En el curso de ese incidente se produjo el fallecimiento del vi- 
cario Fernández y entonces surgió un nuevo interes.a.do a la vi- 
caría, el presibítero Rivero, con un pliego en que Fernández le de- 
legaba sus funciones y que el Gobierno encontró suficiente y 
aprobó. 

El provisor Reina seguía sin embargo atribuyéndose derechos 



GOBIERNO DE GIRÓ 203 



al puesto vacante y el Gobierno resolvió entonces suspender a los 
ríos contendientes y aguardar la resolución del Papa. 

El decreto respectivo, expedido durante el interinato del Pre- 
sidente del Sena*do don Bernardo P. Berro, establecía que en di- 
versas oportunidades las autoridades orientales habían prestado 
áu exequátur a las provisiones eclesiásticas sin la previa presen- 
tación al patrono, condescendencia que debía cesar, y agregaba: 

"Que importa ya hacer entender de manera muy sieria y muy 
decidida que el Gobierno no tolerará que nadie desconozca, le 
Jispute ni contraríe esas prerrogativas y derechos que no puede 
3in desdoro abandonar". 



Orgianización de la estadística. 

Mucho se ocupó don Bernardo P. Berro de la organización de 
la estadística durante los dos meses de su actuación presidencial. 

Por un primer decreto creó una Mesa de E-stadística en el Mi- 
ii'sterio de Hacienda. 

Por un segundo decreto instituyó en cada departamento una 
Comisión de estadística compuesta del Jefe Político y de dos ve- 
cinos, con facultad de estatílecer subcomisiones de distrito bajo 
la presidencia del Juez de Paz o Teniente Alcalde respectivo, 
"convencido el Gcbierno — 'decía el decreto — de la necesidad dí 
obtener para la exactitud y acierto de los cálculos y operaciones 
r>conómicas un conocimiento completo de la riqueza nacional, de 
sus especies y del modo como se halla distribuida la población de 
la República".. 

Por un tercer decreto trató de regularizar el suministro de da- 
tos a la Mesa de Estaldística y a las Comisiones departamentales. 
Los curas quedaban obligados a pasar trimestralmente a los Je- 
fes Políticos una lista die los casamientos, bautizos y defunciones; 
y con la misma periodicidad quedaban obligados a pasar al Mi- 
nisterio de Gobierno la Administración de Vacuna una nómina de 
los vacunados, los médicos de Policía y del Hospital y los médicos 
en general una relación de los enfermos que hu'bieran asistido; 
■ 03 Jueces y Tribunalles una relación de las causas en que inter- 
vinieran; el Instituto de Instrucción Pública un estado de las es- 
cuelas; la Comisión Topográfica una relación de las mensuras; 
irt Administración de Correos un informe del servicio postal; !a 
Colecturía un estado de las rentas; las Jefaturas de Policía un 
estado de su movimiento y un cuadro anual de la ganadería, agri- 
nultura e industrias de sus respectivos departamentos. 



204 HISTORIA DEL URUGUAY 



Teatros y espectáculos públicos. 

Las obras del Teatro Solís, comenzadas durante el gobierno de 
Rivera y detenidas por la inivasión de Oribe, volvieron a entrar 
en actividad a fines de 1852, después de una larga paralización de 
diez años. 

La Comisión Direotiva reunió en esa oiportunida'd a los accio- 
nistas de la empresa para entregarles los planos del arquitecto 
Garmendia y enterarles de la reanudación de los trabajos. 

Dentro del edificio empezado — decía en su informe — se guar- 
daban el valioso cargamento de maidera que habíamos hecho traer 
de Europa, las columnas de mármol, los clhapiteles y las pizarras 
destinadas a cubrir los techos. Durante la guerra sóilo quedaron 
dentro de imuros dos de los miembros del Directorio: don Juan 
Miguel Martínez y don Florentino Castellanos, y ellos se consti- 
tuyeron en guardianes de esas existencias, y arrendaron el resto 
del terreno, obteniendo así re'oursos que permitieron pagar algu- 
nos gastos y dejaron un exceidente de 1,782 pesos. 

Lo invertido hasta ahora, terminaba el Directorio, monta a 
85,7 8 5 ipesos, ipor concepto de comtpra de terreno, parte del edi- 
ficio construido y materiales acopiados. 

Uno de los redactores de "La Constitución", describiendo el es- 
tado del local momentos antes de la reanudación de las obras, 
refería que Las columnas de mármol, los chapiteles y los zócalos 
estaban eniterradois en gran parte; que algunas de las pilas de 
madera estahan apoülladas; que los cimientos y lO'S arcos se en- 
contraban en buen estado. Y agregaba que en todo el interior del 
edificio se criaban aves de corral y se cuidaban animales de carga. 

El "baile mensual" implantado durante el sitio resurgió 
desde mediados de 1852 bajo el título de "Baile Montevi- 
deano", con tantas energíasi que hasta se resolvió abordar la 
construcción de un gran salón de fiestas sociales. Baste saber 
que al primer baile concurrieron 700 r-^rsonas, cifra enorme 
con relación a la exigua población de Montevideo en esa época. 

La gran fiesta cívica de octubre fuié solemnizada en el misimo 
año con embanderamiento, fuegos artificiales, una magnífica 
fiesta en el Baile Montevideano y una función de gala en el 
teatro, representándose el drama de don Francisco X. de Acha, 
' La Fusión", ailusivo a la fórmula de la paz: "Sin vencedores 
ni vencidos". 

En esos mismos momentos se fundaba una sociedad por ac- 



COniKUNO DE GIRÓ 205 



ciones para el establecimientos de las carreras inglesas en Ma- 
ioñas y principiaba la construcción de la Plaza de Toros en la 
Unión. 

El anuncio del restablecimiento de las corridas de toros 
desipués de un largo paréntesis de diez años, dio lugar en la 
Cámara de Senadores a una interpelación al Ministro de Go- 
bierno, de la que resultó que esos espectáculos habían sido au- 
torizados en las postrimerías del gobierno de Suárez por de- 
creto de 1852, inspirado en eil deseo de dar nueva vida a la 
villa de la Unión, reducida a la m"seria como consecuencia de 
la paz de cctubre y la clausura del puerto del Buceo. 

Creación (le puebles. Proyecto (le traslación de la capital (le la 
R*'pública al Durazno. 

"La Constitución" inició durante el gobierno de Giró una 
campaña a favor del traslado de Ih capital a un punto céntrico 
del territorio. 

Hasta ahora — decía ese diario — no ha habido disposición 
legislativa alguna que dé a Montevideo el carácter de capital 
de la República. Durante la guerra de la independencia los 
Poderes públicos residieron alter.iativamente eu Florida, San 
José y Canelones. Por resolución íe 6 de febrero de 1829 se 
suspendieron las sesiones en Canelones para continuarlas en la 
Aguada, y el 14 de marzo siguiente se determinó que luego de 
evacuada la plaza por las tropas brasileñas se trasladaría a ella 
la representación nacional. Es la única resolución que puede 
invocarse para considerar a Montevideo como capital, y de ella 
han emanado muchas de nuestras desgracias, por efecto del 
descuido en que ha quedado la campaña. Para la capital to- 
das las mejoras y la obsei"vancia estricta de la Constitución; 
para la campaña el abandono y el despotisimo de jefes milita- 
res. Debemos procurar que la vida anime iguakmente a todas 
las partes del cuerpo social, que no haya sombrero de gigante 
en busto de pigmeo. Y el medio de conseguirlo sería la trasla- 
ción de la capital de la República al punto de la campaña que 
se considerase más aipropiado. 'Estableciéndola en un punto cen- 
tral como el Durazno, la acción del Gobierno se sentiría efi- 
cazmente en toda la República; s'í construirían los puentes, 
los caminos de hierro y todos los medios conocidos para acor- 



236 HISTORIA DEL URUGUAY 



tar las distancias; se haría posible la administración de justi- 
cia en todo el país; adquirirían un valor inmenso los terrenos 
próximos a la nueva capital y los comprendidos en el tránsito 
entre ella y Montevideo cuya importancia como primera ciu- 
dad no desaparecería absolutamente por la traslación de la 
capital. 

Tal era la ai-gunientación del doctor Eduardo Acevedo. Y 
(^lla encontró inmediatamente eco en el Cuerpo Legislativo. 

Don Antonino Domingo Cosía, uno 'die los -constituyentes y a 
la sazón senador, presentó un proyecto de trasilado de la capi- 
tal al Doirazno. Para la construcción de los edificios destinados 
a los Poderes piúiblicos se retiraría de rentas generales la can- 
tidad de cinco mil pesos mensuales durante dos años. 

La Comisión de Leigislación, compuesta de los doctores Fran- 
cisco SolaTio de Antuña y Antonio Luis Pereira, a cuyo estudio 
pasó el proyecto, introdujo una variante: el Poder Ejecutivo 
estudiaría el punto del centro de la República que debería ser- 
vir de asiento a la capital e informaría a la Asamblea con 
presentación de los planos de la nueva ciudad a erigirse. 

De varios departamentos y muy especialmente del Salto y 
San José partieron entusiastas mensajes de felicitación, y el 
prctyecto pasó por siete votos contra dos. Pero no pudo prose- 
guir su trámite porqu.e la revolución del 18 de julio paralizó 
en absoluto la acción legislativa. 

Esta misima Leigislatura deca'etó ,1a creación de varios pue- 
blos: el de Santa Rosa en la confluencia de los ríos Cuareim 
y Ñaquiñá con el Uruguay, proyectado por el doctor Eduardo 
Acevedo con el nombre de Bella Unión que el Senado cambió 
por el que lleva actualmente; el de Sarandí en la confluencia 
de los arroyos Sarandí y Las Catifs, proyectado por el mismo 
legislador; el de Treinta y Tres en la confluencia del Yerbal 
Grande con el río Olimar; el de Constitución en la confluen- 
cia del río Ramírez con el Uruguay; el de Cuareim en la costa 
del río del mismo nombre. Y dio al pueblo de Arredondo el 
nombre de Villa de Artigas. 



II 

GOBIERNO DE FLORES. 1853-1856 



CAPÍTULO IV 

Movimiento político 

El triunvirato creado a raíz del den"*iunbe d©l gobiei-no de Giró 
dirige un manaf.Hfsto al paLs. 

Ya hemos dicho que el Presidente Giró con el propósito de 
escapar a nuevas asonadas que estaban en preparación, se asiló 
en la Legación de Francia el 24 de septiembre de 1S53 y que 
ese hecho fué aprovechado horas después para la creación de 
un gobierno provisorio compuesto del coronel Flores y de los 
generales Rivera y Lavalleja. 

El general Pacheco y Obes, verdadero promotor y organizador 
del movimiento revolucionario, resolvió asumir la jefatura del 
PJstado Mayor y eso por algunas semanas simplemente, trans- 
curridas las cuales escribía al coronel Francisco Tajes: 

"Ahora que nadie puede dudar de que si yo quisiera el más 
alto destino lo tendría, ahora mi amigo me retiro", sin asomo 
cíe descontento personal que no podría atribuírseme tratándose 
de una administración donde figuran Batlle, Juan Carlos Gó- 
L'iez y Lavalleja. 

El nuevo gobierno publicó un manifiesto con las firmas de 
Lavalleja y de Flores y de sus Ministros Gcmez, BatWe y Sayago, 
explicativo de los sucesos ociirridos. 

El Presidente Giró, decía en ese documento, se dejó arras- 
t'-ar a una reacción insensata, desoyendo las indicaciones a fa- 
vor de una política nacional. Rompió el eíquilibrió de los par- 
tidos en todas partes, llegando en ciertos momentos hasta pro- 
veer con hombres de la reacción dos de los tres Ministerios que 
existen y 10 de las 12 Jefaturas de Policía que funcionan. "En 
vano era señalarle las leyes votadas en agravio del partido ya 
desposeído de la participación del Poder que le había prometido 
la pacificación de octubre y patentizarle el grave peligro que 
corría la paz pública desde el momento en que un partido vién- 
dose sin la salvaguardia de la ley y objeto de la malquerencia 
de la autoridad, no podía dejar de creer llegado el caso de la 

14 — IV 



210 HISTORIA DEL URUGUAY 



legítima defensa de sus más esenciales derechos y de sus más 
caros intereses". 

Todas las garantías constitucionales, agregaba, están en vi- 
gencia. A ningún ciudadano se le tendrá en cuenta sus anterio- 
res opiniones políticas. El Gobierno sólo reprimirá a los que con 
las armas en la mano pongan obstáculo a su misión. Restable- 
cido el orden público convocará "una grande Asamblea de do- 
ble número de representantes y de senadores, prevista por el 
artículo 159 de la Constitución de la República, y entregándolos 
destinos del país a esta Asamblea se inclinará ante su soberano 
fallo". 

Nadie piensa en la contu'ai'rlevolueión. 

En los primeros días ide su asilo en la Legación de Francia 
permaneció el Presidente Giró ajeno a todo plan de restauración 
<3e las autoridades constitucionales. Ya lo había anticipado su 
Ministro don Bernardo P. Berro al comunicar al Cuerpo Diplo- 
mático el paso dado por el señor Giró. "El Presidente de la Re- 
pública — decía en su circular — que no quiere ensangrentar 
inútilmente las calles de la ciudad, se ha decidido a abandonar 
el campo a los revoltosos, antes de prestarse a las humillaciones 
fjue harían más deplorable la guerra que ya no puede evitarse". 
Y se encargó de ratificarlo el propio Giró en una nota al Encar- 
gado de Negocios de Francia. 

"Mientras he permanecido en vuestra casa, — escribía el 28 
de septiembre al Ministro Maillefer — no han salido de mis la- 
bios y de mi pluma sino palabras de paz y de conciliación entre 
todos los orientales bajo el imperio de la autoridad y de la ley". 

Con esa declaración quería desautorizar sin duda estos docu- 
mentos que acababan de publicarse bajo su firma: 

Una proclama en que declaraba que no había hcclio dejación 
de la autoridad, sino que había "buscado un asilo suspendiendo 
temporariamente el ejercicio de su autoridad en la Capital para 
sustraerse a las violencias que se le hacían": 

Varios decretos por los que se colocaba a la Aduana bajo la 
bandera francesa, se autorizaba a los Ministros para el desem- 
barco de Tuerzas destinadas a la protección de las personas y 
propiedades de sus connacionales, se facultaba a los residentes 
extranjeros para armarse contra la rebelión, se designaban co- 
mandantes de armas en los departamentos, y se disponía que los 



OOniERNO DE FLORES 211 



.Tefes Políticos iTccedieían al llamamiento de la Guardia Nacio- 
nal; 

Y con la firma del Ministro Berro simplemente: una circular 
a los Jefes Políticos disponiendo la convocatoria de la Guardia 
Nacional y dos notas. Una ail general Servando Gómez con las 
Kig-uientes instrucciones: "Eg preciso proceder con el mayor 
orden en la reunión de la fuerza y demás pasos. Nada que pa- 
rezca espíritu de partido. Levántese la bandera constitucional, 
la bandera de la autoridad nacional y nada más. . . Usted, Ge- 
neral, es llamado a sostener el orden y el gobierno legal como 
uno de los más distinguidos patriotas y guerreros del país. Muy 
pronto irán las órdenes convenientes. Usted puede ponerse a 
la cabeza de las fuerzas que juzgue conveniente reunir en los 
departamentos de Pays^ndú, Salto y Tacuaremíbó." Y otra al 
coronel Gervasio Burgueño, en que le decía "reúna a toda la 
gente que pueda, proclamando al gobierno contra los anarquis- 
tas, apoderándoss del departamento, cortando las comunicacio- 
nes de Montevideo con Flores". 

Eran documentos de autenticidad muy sospechosa, y por ello 
í\ gobierno revolucionario resolvió pasarlos a los Tribunales 
para la averiguación correspondiente. 

Ante el Juzgado del Crimen desfilaron varios testigos, y apo- 
yándose en algunas ce sus dedlaraciones afirmó eil Fiscal que en 
su concepto estaba "bastantemente probado que el auto^ era don 
Bernardo P. Berro y la presunción de que al proceder así esta- 
ba de acuerdo con el señor Giró". 

Otro docum.ento apareció en esos días con la firma de Berro: 
una proclama a los residentes extranjeros invitándolos a armarse 
contra la rebelión. "Tiempo hace — decía esa proclama — que 
están combatiendo dos principios en esta parte de América, a sa- 
ber, el principio de la ley y el principio de la espada: el principio 
de la.iley es e<l orden, la justicia, la paz, la civilización, el pro- 
greso; el principio de la espada es la tiranía, la guerra civil, la 
barbarie, el atraso". 

El general Pacheco, en la creencia de que con él rozaba la es- 
tocada, publicó en el acto una contraproclama a los legionarios 
franceses e italianos: 

"Giró y Berro, — les decía — dos hombres de Rosas, dos de 
ruestros antiguos enemigos, de los que aplaudían cuando algu- 
no de vosotros caía degollado... esos dos hombres comensales 
del Cerrito habían llegado al poder porque en la victoria fuimos 



212 HISTORIA DEL URUGITAY 



lioclerados y en el poder cuando no podían esperar el veros de- 
gollados, OíS calumniaban, os negabain justicia". 

Continuó durante algunos días la publicación de documentos, 
entre ellos una circular con la firima de Giró, en que el ex Presi- 
dente, que había i'paiado de la Legación a un buque de guerra 
francés, deolaTaha que no había renunciado a su alta investidura 
y que simplemente se había asilado pa^ra e&capar a las violencias 
de que estaba amenazado. 

Pero la prueba irrevocable de que nadie había pensado en la 
contrarrevolución está en la actitud absolutamente pacifista de 
los prohombres del gobierno derrumbado. 

A principios 'de octubre el general Servando Gómez escribía al 
■'oronel Venancio Flores acatando al gobierno surgido de la re- 
volución. "Sabe usted, le decía, que soy un patriota desnudo de 
toda aspiración y que nunca me llevará otra cosa que la tranqui- 
lidad de mi país y la unión de los orientales". 

Algunos días después don Bernardo P. Berro bajaba de un bu- 
que en que estaba asilado y se alojaba tranquilamente en su quin- 
ta. Y antes de finalizar el mes de octubre hacía lo mismo don Juan 
Francisco Giró; el general Manuel Orilbe, que estaba en otro bu- 
que de guerra, emprendía viaje a España; de toda la campaña lle- 
gaban noticias tranquilizadores respecto de la actitud de los prin- 
cipales jefes del gobierno derrumbado; y el coronel Flores, que 
había salido a recorrer los departamentos de Canelones, San José 
y Colonia en previsión de posibles resistencias, regresaba a Mon- 
tevideo luego de disolver alguna que otra pequeña fuerza arma- 
da y sin derramar una sola gota de sangre. 

Explicando el desconcierto general, escri'bía el doctor Eduardo 
Acevedo a don Juan José Soto: 

"Los jefes departamentales no tenían instrucciones de ninguna 
especie y el gobierno se vino ahajo en la Capital sin hacer el me- 
nor esfuerzo para sostenerse en otras partes. Eso explica que Flo- 
res haya pendido llegar sin ninguna especie de obstáculo hasta 
San José con poco más de 20 infantes y 50 caballos". 

Muere el geiieral Lavalleja. 

A los veintitantos días de la creación del triunvirato, murió 
repentinamente eil general Lavalleja en la Casa de Gobierno. 

"La pérdida del fundador ilustre de la nacionalidad oriental — 
decía al día siguiente un decreto firmado por Flores y sus Minis- 



GOBIERNO DE FLORES "213 



tros Juan Carlos Gómez, Lorenzo Batlle y Santiago Sayago — es 
una calamidad nacional, es uno de los hechos que hacen época 
en la vida de los pueblos y que la moral pública exige pasen a 
las generaciones acompañados de los altos testimonios de respeto 
y gratitud que merecen los héroes a quienes Dios reservó la re- 
dención de las naciones». 

Se ordenó la construcción en la Iglesia Matriz de una tumba 
para guardar sus restos, con la advertencia de que ninguna otra 
podría construirse bajo las bóvedas de esa iglesia; se resolvió 
que el Tesoro público se hiciera cargo de todas sus deudas, en 
virtud de que el Estado había absorbido su fortuna particular y 
que había muerto al borde de la miseria; y se dispuso que 
los empleados públicos llevaran luto por espacio de quince días. 
De la autopsia, que fué practicada por once médicos, resultó 
que la muerte se había producido por congestión cerebral. 

3Iuere el general Rivera. 

Otro de los triunviros, el general Rivera, vivía en Yaguarón 
cuando el derrumbe de Giró, sin haber abandonado todavía el 
territorio brasileño en que se alojaba desde el destierro de 1847 
Impuesto por el gobierno de la Defensa y revocado cuatro años 
después a raíz de la pacificación de 1851. 

A principios de enero de 1854 se puso en viaje para ocupar 
su puesto en el Gobierno. Pero la muerte le sorprendió a me- 
diados de ese mismo mes en el Departamento de Cerro Largo, 
cerca del arroyo Conventos, uno de sus contados escenarios de 
la guerra civil manchados con sangre de prisioneros. 

Haciendo una merecida excepción a la exclusividad acordada 
a Lavalleja, mandó el Gobierno que los restos de Rivera fue- 
ran traídos a Montevideo e inhumados en la Iglesia Matriz, 
junto, a la fosa del jefe de los Treinta y Tres, como efectivamente 
se hizo. 

Concluida la ceremonia fúnebre, se dirigió el cortejo a la 
casa de la viuda doña Bernardina Fragoso de Rivera, donde 
Acuña de Figueroa recitó unos versos que terminaban así: 
«Quién fué tan grande como él?... Nadie en la tierra!» y el 
doctor Estanislao Vega pronunció un discurso en que decía: 
«Nuestra tierra es la madre del general Rivera, pero nuestra 
patria es la creación de sus trabajos y el teatro de sus glorias». 

Del domicilio de la viuda marchó el cortejo a la Casa de Go- 



214 HISTORIA DEL URUGCJAT 



bieino, y allí el Presidente del Tribunal de Justicia don Fran- 
cisco Araucho dijo dirigiéndose aK coronel Flores: «El Poder 
Judicial se auna en su sentimiento a V. E. y a todos los orien- 
tales cuyo segundo patriarca y jefe ya no existe». 

Don Francisco Araucho, soldado de Rivera en las gloriosas 
campañas de 1816 a 1820, llamaba a su jefe «segundo patriarca 
y jefe de los orientales.» ¿Quién había sido el primero? El mis- 
mo se encargó de nombrarlo en la nota de pésame a la viuda 
del conquistador de las Misiones. Véase en qué forma: 

<cSéame permitido recordar otra vez al ínclito General, a 
nuestro Arístides, al virtuoso ciudadano don José Artigas — 
a un lado miserias y partidos». 

Poco después se dirigía doña Bernardina Fragoso de Rivera 
al Gobierno y hacía entrega de la espada de su marido en es- 
tos términos dignos de ella y de las grandes señoras de su 
tiempo que trabajaban por la patria sin desatender las nobles 
tareas del hogar: 

«Yo he creído que muerto el general Rivera, su espada no 
puede pertenecer a su familia; he creído que es una propiedad 
de la Nación. Llenando así lo que de mí exigían mi doble 
título de ciudadana y de viuda...» 

En abril del mismo año le hizo preguntar el Gobierno si 
estaría dispuesta a colaborar en las tareas de la Sociedad de 
Caridad creada por decreto del año anterior, y ella contestó 
en el acto: 

«Hacer el bien o ayudar a hacerlo, es la sola ocupación que 
corresponde a la viuda del general Rivera». 

El vnun\ii'ato degenera en dictaílura <le uno solo. 

En menos de cuatro meses había desaparecido, pues, el triun- 
virato, quedando el coronel Flores a cargo de la dictadura que 
ya ejercía de hecho desde la muerte de Lavalleja, dada la au- 
sencia de Rivera. 

líajo la dictadura de Flores. 

En octubre de 1853 fué convocado el país a elecciones ge- 
nerales. Cada departamento elegiría doble niimero de senadores 
y diputados con amplios poderes para proce<ler a la reforma de 



ÜOUIEKNO UE FLOKK.S 215 



la Constitución de la Repúbílica. Los comicios tendrían lugar 
el último domingo del mes de noviembre y la Asamblea empeza- 
ría sus sesiones e"! 1." de enero de 18 54. 

No era ese el trámite constiuicional. De acuerdo con la 
Constitución una primera L^egislatura debía indicar la necesi- 
dad de la reforma, una segunda concretar las reformas a reali- 
zarse y una tercera sancionar o rechazar esas reformas, con do- 
ble número de senadoras y diputados en el caso de cambio do 
forma de gobierno. 

E'l procedimiento a que recurría el gobierno de Plores era, 
pues, un procedimiento revolucionario que hacía caso omiso de 
{odO'S los trámites previos, en el deseo de precipitar las refor- 
mas. . . ¿En qué consistían esas reformas? 

Uno de los diarios de La época — ^"El Nacional" — ocupándose 
de la grande Asamblea, señalaba la necesidad de vigorizar la 
acción del Poder Ejecutivo, de aumentar el plazo del mandato 
presidencial, de modificar el sistema electoral, de disminuir el 
personal administrativo, de armonizar la libertad de imprenta 
con el estado de nuestra civilización, de deis'lindar el Poxler mu- 
nicipal y de centralizar las policías. 

El doctor Juan Carlos Gómez, inspirador de esa grande Asam- 
blea, cruzíó como un reliámipago por la Casa de Gobierno, expi- 
diendo en los treinta y tantos días de permanencia en el minis- 
terio un decreto que abría a los bulques y al comercio de tC'das 
las naciones los ríos naveigables de la RerpúlbÜica; otro que 
re&tab'lecía e'l pacto de pacificación de octubre de 1851; otro 
XLue suisipenidía el uso del pal'co oficial en eil Teatro San Felipe 
por tratarse "de una costirmhre defl régimen colonial contraria 
& los hábitos democráticos y atentatoria a lies derechos de la 
proipiedad particular"; y una circular en que se recoimendaba 
a los Jefes Políticos que hicieran efectivas las garantías 
constitucionales: que fueran moderados, parcos en dictar reso- 
luciones y firmes en cumplirlas una vez dictadas; que se abstu- 
vieran de parcialidades y preferencias; que seleccionaran su 
personal entre elementos dignos de la consideración de los ve- 
cindarios; que sólo emplearan la coacción de la fuerza después 
de agotar los medios persuasivos; que hicieran respetar la in- 
violabilidad de la correspondencia y no trabaran la circulación 
de imjpresos, fuere cual fuere su contenido. 

El acuerdo gubernativo que restablecía el pacto de 1851 "no 
hay vencidos ni vencedores", llevaba las firmas de Laval'leja y 



216 HISTORIA DEL URUGUAY 



de sus Ministros Juan Carlos Gómez, Lorenzo Batlle y Santiago 
Sayago, y estaba concebido así: 

"El pacto de octubre que quitó las armas de la mano de los 
orientales, haciendo suceder la paz a una guerra destructora, 
fué falseado por la administración que caducó... Afianzado el 
orden en el Estado y reconocida sin contradicción la autoridad 
del Gobierno Provisorio, él se aipresura a proclamar que mira en 
Ir. ejecución del pacto de octubre la base más sólida de la paz 
y que se reconoce obligado a la ejecución leal de sus condicio- 
nes... Todos los orientales que por ese pacto pudieron consi- 
derarse autorizados para vivir en el país, si lo han abandonado 
pueden volver a él, garantiendo el Gobierno a todos sin ninguna 
excepción el goce de los derechos que la ley les acuerda". 

El doctor Juan Carlos Gómez renunció a principios de no- 
viembre de 1853 y pocos días después abandonó también la re- 
dacción de "El Orden", diario que había fundado con el pro- 
pósito de colaborar en la obra revolucionaria que hizo tabla 
rasa del gobierno de Giró. Juntamente con él se retiró del mi- 
nisterio el coronel Batlle, síntoma claro de que habían surgido 
disidencias fundamentales en el seno del gobierno revolucio- 
nario. 

El Presiiclente Giró se lanza a la contraiTevolución. 

La situación de Flores había quedado entretanto plenamente 
normalizada. Nadie discutía sus títulos. E'I proipio Presidente de- 
rrumbado había abandonado su asilo y entrado de nuevo a sa 
hogar, resuelto a aceptar el hecho consumado, sobre el que ya 
parecía absolutamente imposible volver. 

Pero la diplomacia brasileña, que tan activamente había co- 
laborado en la caída del gobierno de Giró, resolvió ayudar al 
Presidente derrumbado para que a su turno volteara a Flores. 
Era el medio de que no desapareciera el estado de guerra en. 
este ensiaiLgrentado suelo que él Iim|perio había decidido anarqui- 
zar como medio de absorberlo mtás rápidamente. 

Antes de concluir el mes de octubre de 1853 quedaba en ar- 
mas el Departamento de Cerro Largo bajo la acción del coronel 
Dionisio Coronel, y pocos días después, a principios de noviem- 
bre, -tamibién lo estaban la división de San José a órdenes del 
coronel Diego Lamas, la de MaMonado a las del coronel Be»'- 
uardino Olid, la de Tacuarembó a las del coronel Jacinto Barbat,. 
y la de Colonia a las del coronel Lucas Moreno. 



GOBIERNO DE FLORES 217 



Como consecuencia de esos levantamientos fueron desterrados 
don Bernardo P. Berro, don Cándido Joanicó, don Eduardo Ace- 
bedo, don Francisco Solano de Antuña, don Jaime Estrázulas, 
don Bernabé Caravia y don Ambrosio Vellazoo, y por efecto d'i 
lasi complicaciones subsiguientes otros ciudadanos de filiación 
sit/uacionista entre ellos don Manuel Herrera y Obes. 

Flores ddlegó el gobierno en el general César Díaz y marchó a 
los departamentos del litoral, al mismo tiempo que el general 
Anacleto Medina se dirigía a Cerro Largo al frente de una di- 
visión de mil hombres. 

Tan distantes estaban, sin e'm'bargo, algunos de aque'.dos ciu- 
dadanois de la idea de la revolución, que en los mismos momen- 
tos en que la diplomacia brasileña sacaba al Presidente Giró del 
retiro de su hogar para conflagrar la campaña, ellos trabajaban 
íi favor de la concurrencia a los comicios generales de senadores 
j diputados a que había convocado Flores. En carta del 1." 
de noviembre que la prensa puiblicó al año s-iguiente, expresaba 
el doctor Eduardo Acevedo al caudillo de Cerro Largo don Dio- 
Pisio Coronel, que era necesario ir a las elecciones, salvo que se 
contara con elementos para dominar la campaña, cosa que él de- 
bía reputar imposible dados los términos de la carta a don Juan 
/osé SO'to, que antes hemos reproducido. 

.Actcs úe violencia duTívnte la lucha. 

Durante su interinato el general César Día^ dictó varios de- 
cretos sensacionales con la firma de sus Ministros el general En- 
rique Martínez, don Joisé Aguiar y don José Zubillaga. 

Por uno de ellos ordenaba el arreato de don Bernardo P. Be- 
rro, bajo la advertencia a todas las autoridades del país de que 
dtberían pasarlo "por las armas, sin más formalidad que la 
justificación de la identidad de su persona". Invocaba el preám- 
bulo como razones deteriniinantes la tranquilidad del país, la 
concordia de í-us habitante.s, la rebeldía de Berro, bajo cuyo iii- 
llujo se había producido el levantamiento en armas, y el título 
de Ministro que todavía sie atriibuía en sus co^municaciones. 

Por otro establecía una Comisión militar "jpara el conoci- 
miento y sentencia de todas las causas por delitos militares" y 
en general de to'da clase de personas aicusadas "por los delitos 
de traición o conspiración contra eil Estado". La Comisión — 
¿■grcgaba el decreto — "procederá con arreglo a las ordenan- 



218 HISTORIA DEL URUGUAY 



zas, aunque ver'balmente, en las causas en que tenga que cono- 
cer y sus fallos serán inapelables". Invocaba el preámbulo la 
cecesidad de "facilitar la represión y castigo de todos aquellos 
delitos atenta-torios del orden y de la seguridad pública". 

Y por otro, finalmente, afectaba al pago de los gastos de gue- 
rra los bienes de don Bernardo P. Berro, don Dionisio Coronel, 
<lon Lucas Moreno, don Diego Lamas, don Juan Carvallo, don 
Atanasio Aguirre, don Agustín Iturriaga, don Juan Barrios, don 
Bernardino Olid y don Jacinto Barbat. 

Algo más Mzio el general Díalz: derogó el decreto que declara- 
ba en vigor las estipulaciones del convenio de paz de octubre de 
1851, por no haber sido apreciado por los enemigos y porque 
ej coavenio mismo no podía ni debia reputarse "sino como una 
generosa concesión del momento hecha al ejército invasor que 
obedecía al tirano de Buenos Aires y que fué vencido por las 
armas de la República y de los poderes aliados". 

Ante esta serie de gravísimos decretos decía editorialmente 
"El Comercio del Plata" bajo el epígrafe de "Sálvense los prin- 
cipios": 

La causa de ¡a Defensa de Montevideo era una causa de 
principios. Esa causa está hoy comprometida. Eli Go'bierno Pro- 
visorio declaró al tiempo die su advenimiento al poder en pleno 
vigor las garantías constitucionales a favor de la vida y de 
la propiedad. La opinión pública desaprueba lías medidas que 
en contra de los principios proclamados ha adoptado el Go- 
bierno y desaprueba los actos que han sucedido a algunas de 
esas medidas. 

Esitas y otras protestas debieron e.iercer alguna presión en la 
Casa de Gobierno. El hecho es que el general César Díaz apro- 
vechó las noticias de la paz que llegaban de campaña para dejar 
sin efecto el bando de muerte lanzado contra Berro, "conside- 
rando — decía el decreto — que es humano y santo el prin- 
cipio de unir el triunfo a la indulgencia". 

No registra la prensa de la época a,ctos de sangre con los ven- 
cidos, fuera del fusilamiento del capitán Javier Amarillo en Pay- 
sandú bajo la acusación de traición. Pero ocho años después, el 
i'octor Antonio de las Carreras aumentó l\a lista con las siguien- 
tes víctimas: 

El alférez Justino Bolarte, esesinado en su casa; N. Silveira 
y S. Sánchez, degoilados en Minas; el sargento Alejandro, ase- 
sinado en Florida; el comandante Polanoo y sus compañeros, 



GOlüEKNO I)E FLORES 219 



asesinados en Tacuarembó desipués de rendidos; el comandante 
Reyes, degol!lado en el Coria; los hermanos Hieres, León Urán y 
Juan Cepeda, asesinados en Cerro Largo. 

Triunfan rápi(laiuentf> las fuerzas del Gobierno. 

Fué muy corta la campaña. Sólo hubo un encuentro de reso- 
nanc^'a, en el que las tropas que mandaba el gobernador Flores 
fueron derrotadas y desbandadas por las del coronel Lucas Mo- 
reno. Pero la revolución carecía de elementos y no pudo sacar 
partido de ese triunfo aislado. 

Treinta y tantos días después de iniciado el movimiento en Ce- 
rro Largo, los coroneles Dionisio Coronell, Barbat y Olid tras- 
ponían las fronteras de Río Grande; el coronel Lucas Moreno 
vadeaba el Uruguay en dirección a la costa entrerriana y las 
fuerzas del coronel Lamas se desbandaban. 

El coronel Flores reasumió el gobierno a principios áe enero 
de 1854 y en el acto suprimió la divisa colorada como distintivo 
do gueirra; acordó un indulto del que qiuedaban excluidos los je- 
fes del movimiento don Lucas Moreno, don Diego Lamas, don 
Dionisio Coronel, don Juan Barrios, don Juan Carvallo, don Ja- 
cinto Barbat, don Bernardino Olid, don Francisco Laguna, don 
Pedro Carro, don Lázaro Pérez, don Juan P. Pastrana, doo Ti- 
moteo Aparicio, don Cipriano Ca-mes y don Doroteo López; y 
dio de baja a todos los jefes y oficiales que se hubieran ailzado 
an armas contra &1 Gobierno. 

Los favorecidos por el indulto quedaban obligados a gestionar 
ante los Jefes Políticos "el respectivo resguardo para no ser mo- 
lestados". 

Transcurrieron algunas semanas antes de que los sucesos vol- 
vieran a la plena normalidad. El Presidente Giró, que se había 
mantenido en el puerto de Montevideo a bordo de un buque de 
guerra brasileño, recién siguió viaje para Buenos Aires a me- 
diados de febrero y allí continuó hasta el mes de mayo, en que 
regresó a Montevideo para instalarse de nuevo en su casa. 

El Brasil era el promotm- de la eontrai'revolución. 

El ex Presidente Giró estaba asilado en la Legación del Brasil 
al tiempo de quedar conflagrada la campaña y de la Legación 



210 HISTORIA DEL URUGUAY 



pasó a un buque de guerra brasileño a raíz de las primeras 
noticias llegadas de Cerro Largo, para quedar en situación de 
instalar su gobierno en cualquier parte de la costa, según rezaba 
una comunicación del coronel Moreno aJl coronel Báez. 

Entre los documentos secuestrados a las fuerzas de Cerro Lar- 
fc'o figuraba una carta de don Bernardo P. Berro a don Dionisio 
Coronel, avisándole que la Legación Brasileña estaba resuelta a. 
sostener al gobierno de Giró y que era necesario, en consecuen- 
cia, que la autoridad de ese gobierno apareciera sostenida por 
todo el país. 

Tal era el origen del movimiento revolucionario que estallaba 
t'uando todo ya se había normalizado, cuando el ex Presidente 
Giró había vuelto a Montevideo y estaba en su casa acatando 
al gobierno de hecho que lo había suplantado. 

"La situación producida por la revolución de septiembre — es- 
cribía el 31 de octubre el doctor Florentino Castellanos a don 
Tomás Villalba (correspondencia publicada por el doctor Palo- 
meque) — no la acepta el Gobierno Imperial. No consiente en la 
leunicn de la doble Asaanblea a que se convoca. No prestará auxi- 
lios pecuniarios. Ha visto en pelligro el tratado de alianza. De- 
feca que se excuse la continuación del señor Giró en la presiden- 
cia de la República — que las Cámaras actuales pr.K/ean a su 
reemplazo, pero que al hacerlo entiendan que no p.-eten le con 
su cooperación que triunfe un partido". 

Hemos extractado en el capitulo I el importante debate que 
tuvo lugar en el Senado brasileño a mediados de 1854 con mo- 
tivo de los sucesos del Plata. 

Caído Giró, dijo el senador interpelante, surgió un gobierno 
del que formaban parte Rivera y Lavalleja, "los dos enemigos 
más encarnizados del Brasil"; y entonces el Gobierno Imperial, 
que supuso que Rivera podría ocupar la presidencia, trató de 
apoyar a Giró, y así lo hizo hasta que la muerte de aquél le 
Fermitió cambiar de propósito y sostener a Flores. 

Y adviértase que eso dijo el senador interpeilante sin ser rec- 
tificado en sus graves confidencias por el Ministro de Negocios 
Extranjeros ique estaba allí presente! 

Habla el doctoi* Jiian Carlos Góiiifz. 

Refiriéndose a estos frecuentes cambios de rumbos de la di- 
plomacia imperial con ¡a invariable amenaza de intervenciones 



GOBIERNO UE FLORES Sil 



armadas, escribía en 1855 el doctor Juan Carlos Gómez al doc- 
tor Andrés Lamas: 

"Muchas veces el doctor José María Muñoz y yo hemos repe- 
tido al señor Paranhos, Ministro Brasileño en Montevideo, estas 
pallabras: no hay pleito entre colorados y blancos; el Brasil quiere 
crear el iñeito para traernos un arhitraje forzoso... Después de 
haber apoyado, después de haber reconocido al Gobierno Pro- 
visorio ipor actos públicos, cuando ya hacía cerca de un mes que 
el señor Giró estaba en su casa", le dirigió el Ministro Pa- 
ranhos una nota en que le daba "el tratamiento de Presidente de 
la República que había cesado de darle..." La nota de Giró a 
Paranhos era del 1.° de octubre y la contestación del Ministro 
llegó el 30 del mismo mes. Entre una y otra nota había quedado 
instalado el gobierno y el señor Giró se había retirado a su casa. 
En su respuesta decía Paranhos que el Imperio acababa de 
"aprontar en la frontera un ejército de 5,000 hombres y de au- 
mentar la estaciíón naval en Montevideo", y advertía que em- 
plearía "todos los esfuerzos a fin de que quedara restablecida 
la autoridad constitucional" de Giró. . . "La guerra civil que 
estalló en noviembre de 18 53 fué, pues, obra de la política bra- 
sileña. No hay en la República Oriental un solo hombre blanco 
o colorado que no tenga hoy ese convencimiento". 

La confesión brasileña. 

No hay exageración en esas formidables palabras. Ellas es- 
tán confirmadas por toda la documentación oficial de la época. 

Hemos hecfho referencia en el caipítulo I a un cambio de no- 
tas entre el Ministro Amaral y el ex Presidente Giró con mo- 
tivo del anuncio de que el Brasil había resuelto reconocer al go- 
bierno de Flores. 

Véase ahora la respuesta del ex Presidente Giró a esa deci- 
sión del Imperio, respuesta publicada en la prensa de Montevi- 
deo casi al mismo tiempo que en el Relatorio del Ministro de 
Negocios Extranjeros dell Brasil: 

Tanto el 18 de julio como ell 2 5 de septiembre - decía Giró 

en su nota datada en Buenos Aires el 1." de marzo de 1854 

solicité el auxilio del Brasil sin conseguirlo. La Legación sólo 
intervenía para obtener concesiones a favor de los revoluciona- 
rios. Estos parecían contentarse al principio con dos Ministros ie 
su filiación política; pero una vez satisfecha su exigencia, pidie- 



222 HISTORIA DEL URUGUAY 



ron la destitución de varios Jefes "Políticos, siendo invariable- 
mente el INIinistro Brasileño el intérprete de sus exigencias... 
todo ello hasta el 3 de octubre en que la Legación me dirigió 
una nota en que expresaba: "Que S. M. estaba dispuesto a cum- 
plir refligiosamente el tratado de alianza y a prestar eil apoyo de 
sus fuerzas de mar y tierra para el restablecimiento del gobier- 
no constitucional toda vez que le fuese requerido y se verificase 
el caso de obrar como auxiliar, y no como parte principal que 
hubiese de imponerle al país un gobierno que él repeliese". 

Adviértase que la cancillería de Río de Janeiro lejos de ocul- 
tar sus maquinaciones las divulgaba con lujo de detalles, según 
lo demuestra este extracto de una crónica de los sucesos conte- 
nida en el Relatorio del Ministro de Negocios Extranjeros corres- 
pondiente a mediados de 1854: 

El Presidente Giró bajó a tierra y se alojó en su casa parti- 
. cular el 21 de octubre de 1853. Una semana después la Lega- 
ción, de a^íuerdo con las instrucciones que había recibido de Río 
de Janeiro, se dirigió al señor Giró para decirle que el Brasil 
estaba dispuesto a cumplir el tratado de alianza y que por lo 
tanto auxiliaría a los ciudadanos que se propusieran restablecer 
Ta autoridad depuesta. Contestó el señor Giró que él se consi- 
deraba inhabilitado para tomar disposiciones sobre el particu- 
lar. Pocos días después estallaban movimientos aislados en di- 
versos departamentos y entonces el señor Giró se asiló en la 
Legación Brasileña iy allí estuvo desde 01 6 de noviembre hasta el 
3 de diciembre en que pasó de la casa de la Legación a un buque 
de guerra brasileño. Mientras estuvo asilado no obtuvo el señor 
Giró la intervención del Brasil. En seguida se dividió el Partido 
Colorado en dos fuertes grupos y la acción de Ha Legación fué 
solicitada por el señor Giró y por el Gobierno Provisorio. El 30 
de enero finalmente comunicó la Legación que el Brasil había 
resuelto apoyar al gobierno de Flores y entonces el señor Giró 
abandonó su asilo en la corbeta brasileña y se dirigió a Buenos 
Aires. 

Tal es la crónica del Relatorio concordante con todos los da- 
tos que hemos reproducido. Es el proceso de la diplomacia im- 
perial formulado con todo desenfado por la misma cancillería 
de Río de Janeiro, que hoy daba elementos a un partido y ma- 
ñana se los quitaba para dárselos al otro con la esperanza men- 
guada de que bajo la presión del cansancio, de la desesperación 



GOBIERNO DE FLORES 223 



y de la sangre derramada alcanzaría el Imiperio correr sus 
fronteras hasta el Río de la Plata! 

Vn podido de intervención brasileña fomiulado por los partida- 
rios de Giró. 

Esa nota del 30 de enero que ponía bruscamente término a 
un período durante el cual el Brasil no había cesado de esti- 
mular a los partidarios de Giró para que se alzaran en armas 
contra los colorados que el mismo Brasil había ayudado a apoi 
derarse del Poder, coincidió con la organización de una serie 
de trabajos que parecían bien encaminados del punto de vista 
de la orientación de la diplomacia imperial. 

Así que el Brasil resolvió dar la espalda a los revolucionario^ 
de! 18 de julio y arrimar el hombro a la revolución blanca, los 
partidarios del restablecimiento del gobierno de Giró enviaron 
a Río de Janeiro al doctor Jaime Estrázulas para coadyuvar a 
.as nuevas instrucciones del Ministro Amaral, y como consecuen- 
cia de las insinuaciones imperiales fueron redactados dos docu- 
mentos destinados a provocar el restablecimiento del gobierno 
de Giró. 

Esos dos documentos, reproducidos en 1868 por "El Siglo", 
llevaban las firmas de un centenar de hombres representativos, 
entre los que figuraban don Luis de Herrera, don Enrique de 
Arrascaeta, don Federico Nin Reyes, don Pantaleón Pérez, don 
Francisco Solano de Antuña, don Santiago Botana, don Cristó- 
bal Salvañach, don Avelino Lerena, don Doroteo García, don. 
José Vázquez Sagastume, don Juan José de Herrera, don Les- 
mes Bastarrica, don Antonio de las Carreras y don Ignacio Ur- 
tubey. 

El primero de ellos era una representación al Ministro Ama- 
ral concebida asi: 

"Los habitantes de la ciudad de Montevideo hemos visto con 
la más viva satisfacción la presencia de V. E. en medio de nos- 
oíros, porque estamos ipersuadidos de les beneficios de la mi- 
sión de V. E. y de la elevada política de S. M. el Emperador del 
Brasil respecto del Estado Oriental del Uruguay. Nos hallamos 
de consiguiente íntimamente penetrados de que el Gobierno Im- 
perial al prestar su generoso apoyo a la República lo basa en 
el espÍTitu genuino de Oa convención de paz de 18 28 y en la 
letra de los tratados de 1851 que vinieron a complementar y ga- 



224 HISTOUIA DEL URUGUAY 



Tantir aquella convención; que los fines que se propone son los 
de sostener incólume la soberanía de este Estado y concurrir a 
la estabilidad de su independencia combatida por tantos elemen- 
tos disolventes; y que estando reconocido y consignado en do- 
cumentos clásicos y solemnes que el interés que mueve al Go- 
bierno Imperial es santo y legítimo porque se funda en compro- 
misos públicos y propende a afianzar la paz y todas las garantías 
sociales, no trepidamos en declarar a V. E. que el concurso que 
el Brasil ofrece a la República es considerado por nosotros como 
generoso, noble, desinteresado, sin que empañe en lo más mí- 
nimo la dignidad nacional. Una serie de años calamitosos para 
este pueblo, lo ha conducido a la anárquica y difícil posición 
en que lo ve sumido V. E., y para que el comercio y la industria 
y todos los elementos de prosiperidad y de riqueza puedan des- 
envolverse, sólo se necesita paz, garantías sociales y concordia 
entre sus hijos. Si para conseguir tan benéficos resultados fuera 
necesario el auxilio de la intervención armada, como ya lo es 
el de medios pecuniarios para atender a los gastos de la Admi- 
nistración, esa intervención armada sea bien venida, porque lle- 
nará nuestros deseos y servirá de sostén al orden y las institu- 
ciones de la República. Estos son, Excelentísimo Señor, los mo- 
tivos que llevan a la población de esta Capital a presentar a. 
V. E. la franca exposición de sus sentimientos," y lo hace con 
tanta mayor satisfacción cuanto que es grande la certeza que 
tiene de las altas cualidades personales y elevado caráctel' 
de V. E.". 

El otro documento que llevaba a su pie las mismas firmas, 
era una declaración de propósitos que decía así: 

"Nosotros, los ciudadanos orientales que firmamos la repre- 
sentación anexa, declaramos que lo hacemos persuadidos de que 
la intervención armada a que ella alude es indispensable no sólo 
para darnos garantías sociales, pero también para ponernos en 
el pleno goce de nuestros derechos políticos, de los cuales de 
facto nos hallamos privados, porque anarquizado el país, sin 
garantías de género alguno, necesitamos de la intervención ar- 
mada a fin de que el Brasül, en cumplimiento de los tratados de 
12 de octubre de 18l51, haga efectivos y duraderos la paz, el or- 
den y el imperio de las instituciones". 

Ambos documentos fueron firmados el 30 de enero de 1854, 
es decir, el mismo día exactamente en que el Ministro Amaral, 
inspirador de los trabajos, se dirigía al ex Presidente Giró para 



GOBIERNO DE FLORES 225 



decirle que el Brasil había resuelto reconocer al gobierno de 
Flores y por lo tanto abandonar los planes de reacción que hasta 
entonces había estado promorviendo. 

La diplomacia brasileña había arrancado una prenda valiosa 
de adhesión a los propios autores del proceso de sus maquina- 
ciones infernales y podía en con:3ecuencia dar la espalda al Pre- 
sidente Giró a fin de quedar en condiciones de introducir el 
germen de la guerra civil entre los mismos revolucionarios del 
18 de julio, ya muy tranquila con la posesión de documentos* 
que probaban la altura de sus miras! 

Con pocos días de diferencia recibía la Legación otra nota 
suscrita por don Florentino Castellanos, don Francisco Solano 
de Antuña, don Luis de Herrera, don Enrique de Arrascaeta, 
don Avelino Lerena y general Brito del Pino, seis personas no- 
fables de Montevi'dieo, pidiendo al Ministro Amaral que obstara 
direciamente a los comicios generaLes a que había convocado 
el gobierno de Flores. Invocaban los firmantes, en apoyo de su 
pedido, La circular de la cancillería brasileña al Cuenpo Diplo- 
mático sobre intervención armada del Brasil en la República 
Oriental, la falta de garantías para el ejercicio de los derechos 
políticos y la violación constitucional que entrañaba la convo- 
cación de una doble Asamblea sólo autorizada para el caso de 
cambio de forma de gobierno. 

Lo singular es que un órgano de publicidad tan vinculado a 
la situación como "El Orden" acogió el runior de que entre los 
firmantes de uno de los documentos dirigidos a la Legación, que 
podría ser el relativo al aplazamiento de los comicios, figuraba 
don Joaquín Suárez, el patriarca de la Defensa. 

Lia grande Asamblea se transfomia en Legislativa or<linaria. 

La elección de los diputados y senadores de la grande Asam- 
blea debía tener lugar a fines de nO'Viembre. Pero la guerra ci- 
vil que estalló entonces bajo la presión de la diplomacia brasi- 
leña, obligó al gobernador Flores a decretar su aplazamiento 
previa consulta con los hombres más notables de la nueva si- 
tuación. A ese primer aplazamiento sucedieron otros a la es- 
pera de la completa normalización del país, hasta que finalmente 
los comicios pudieron celebrarse luego de derogados los decre- 
tos de embargo de bienes y destierros, exceptuándosie los rela- 
tivos a los jefes de la contrarrevolución, que se dejaban vigentes. 

15 -IV 



226 HISTORIA DEL rRUGUAY 



Pocos días antes de las elecciones hubo una reunión política 
en el domicilio de Flores y allí se formaron las listas que ha- 
brían de votarse en todo el país. Los colorados conservadores 
no habían sido invitados. "El Nacional" se aipresuró a decir que 
la reunión había sido promovida por los amigos del gobernador, 
T^ero que éste había expuesto su propósito de no presentar can- 
didatos. Adviértase, sin embargo, que otro diario situacionista, 
"El Orden", había publicado desde noviembre de 1853 las listas 
de candidatos a senadores y representantes, diciendo que eran 
las que recomendaba a sus amigos el benemérito coronel don Ye- 
r.ancio Flores. 

Ya anteriormente liabía habido varias reuniones parciales 
en casa de doña Bernardina Fragoso de Rivera, para uni- 
formar opiniones y estrechar filas en torno del coronel Flores. 

El día de la elección corrió tranquilam.ente. Para "El Comer- 
cio del Plata" no hubo lucha y sí mucha indiferencia y abierta 
deteiminacicn de abstenerse, según lo comprobaba el hecho de 
que a las pocas horas de instaladas las mesas de Montevideo ya 
las Comisiones receptoras estaban descansando por falta de ta- 
reas. 

La grande Asamblea empezó a funcionar a mediados de mar- 
zo de il8'54 dentro de un ambiente caldeado por dos tesis radi- 
calmente opuestas. 

Según la primera de ellas, que estaba sostenida por don José 
María Muñoz, don Juan Carlos Gómez, don Pedro Bustamante. don 
Marcelino Meziquita y otros de los prohombres del Partido Co- 
lorado que empezaban a distanc,iar3e de los caudillos, la grande 
Asamblea no debía dividirse en Cámara de Senadores y Cámara 
de Diputados. Debía mantener la integridad de sus funciones y 
trabajar conro si constituyera un solo cuerpo. Tampoco debía 
ocuparse del nombramiento de Presidente de la Repúb'líca, y sus 
lunciones debían, en. consecuencia, correr paralelamente con las 
del Gobierno Provisorio que a la sazón existía. 

Según la otra tesis, la grande Asa.mbdea era una Legislatura 
como cualquier otra, que debía fraccionarse en Cámara de Se- 
nadores y Cámara de Diputados y nombrar Presidente, sin per- 
juicio dQ abordar la reforma constitucional. 

En el fondo de esa controversia había un fuerte interés de 
círculo: una parte de la Asamblea rechazaba al coronel Flores y 
esperaba posiblemente verlo caer de su alto puesto en medio de 
aquellas maquinaciones infernales del la Legación Brasileña; la 



GOEIKRNO r»B FLORES 227 



otra respondía al caudillo y estaba resuelta a transformar su 
dictadura en presidencia constitucional. 

La mayoría, inclinándose a esta segunda tesis, resolvió nom- 
brar Presidente de la República por el período complementa- io 
de la presidencia de Giró, es decir, hasta marzo de 1856; resol- 
vió también convertirse ella misma en simple prolongación de 
la Legislatura derrumbada en 1853, hasta completar el mandato 
de esa Legislatura, debiendo en consecuencia llamarse de nuevo 
a comicios generales en noviembre de 1854; y declaró Anuí- 
mente que el interés nacional exigía la reforma de la Consti'^u- 
ción de la República. 

Los colorados de la fracción conservadora, verdaderos organi- 
zadores del movimiento militar contra el gobierno de Giró, vién- 
dose derrotados desde el comienzo de las tareas quisieron re- 
nunciar, y no habiendo sido aceptadas sus renuncias resolvieron 
abstenerse de concurrir, y así lo hicieron hasta que la Cámara 
los declaró cesantes. 

Flores es elegido Presidente de la República. — Su programa de 
concordia cívica. 

La Asamblea eligió, pues, a Plores Presidente constitucio 
nal por dos años hasta redondear el plazo de la presidencia de 
Giró. Y complementando su homenaje le otorgó en seguida el 
grado de general. 

Fueron tranquilizadores los primeros días de la nueva situa- 
ción. 

Flores empezó por dirigir una proclama al país en que decía: 

«A los esfuerzos y patriotismo de mis conciudadanos apelo 
para dar. cima a la obra de reconstrucción que el país necesita, 
comenzando por afianzar sólidamente la paz que felizmente he- 
mos alcanzado... Penetrado de que ese supremo bien es el solo 
precursor de la prosperidad y engrandecimiento de nuestra pa- 
tria, mi política no puede ser otra que la de conciliar todas las 
opiniones moíleradas. procurando cicatrizar las heridas que han 
dejado las pasiones desenfrenadas». 

Y luego se dirigió a la Asamblea para recabar una declara- 
ción que dijera: 

«Todos los individuos que por causas políticas hayan salido 
del territorio de la República quedan habilitados para volver a 
él. El Poder Ejecutivo cuidará de que las autoridades subal- 



228 HISTORIA DEL DBUGUAT 



ternas pongan el mayor esmero para que el olvido de las di- 
sensiones pasadas tenga toda la realidad que la presente lej' se 
propone». 

«La iniciativa de una conciliación sincera — decía en su men- 
saje — debe partir de la autoridad, y los bien entendidos intere- 
ses del país reclaman la concurrencia de todos sus hijos». 

La Asamblea sancionó la declaración en estos términos: 

«Danse al más completo olvido todas las ocurrencias políticas 
que han alterado la unión de los orientales y obstado a la 
consolidación de la paz... Declárase a todos los individuos 
comprendidos en la disposición del artículo anterior en el per- 
fecto goce de todos los derechos y garantías que la Constitución 
acuerda». 

En la Cámara de Diputados se hizo moción, aunque sin re- 
. sultado favorable, para que fueran repuestos en sus grados y 
empleos militares los jefes y oficiales que habían sido dados de 
baja y en sus empleos los funcionarios civiles destituidos. 

Inspirándose en las mismas ideas, algunos senadores votaron 
en contra de la ley aprobatoria de los actos del Gobierno Pro- 
Visorio, alegando que no podía aceptarse ni el decreto que or- 
denaba la muerte de don Bernardo P. Berro, ni el decreto que 
proclamaba la confiscación de bienes. 

Ese progiania de concoidia no era una novedad dentro del am- 
biente político de la época. 

El derrumbe iniciado el 18 de julio no había alcanzado, como 
se ve, a quebrar de inmediato el formidable sentimiento pacifista 
surgido a raíz de la conclusión de la Guerra Grande. Todos los 
que tenían horror a la reanudación de las contiendas civiles, 
trataban de aunar voluntades en torno de una amplia bandera 
de concordia. 

Antes y después de su asilo en la Legación de Francia y en la 
del Brasil, recabó opiniones el Presidente Giró acerca de la acti- 
tud que le convenía asumir, y entre las que obtuvo figura este pro- 
grama redactado por el doctor Eduardo Acevedo de acuerdo 
con la propaganda que había hecho desde las columnas de «La 
Constitución», diario que empezó a publicarse a mediados de 
1852 y que cesó de aparecer el día del motín: 

«jEh el interior. — Unión de los orientales bajo el estandarte 
constitucional. Observancia estricta de la Constitución de la Re- 



GOBIERNO DE FLORES 229 



pública hasta en sus menores detalles, sustituyendo a la vida 
del caudillaje que ha desolado a estos países, la vida del de- 
recho, la vida de la Constitución. Extinción absoluta y completa 
de los antiguos partidos que nada representan, ni pueden re- 
presentar en principio. Necesidad en que estamos todos de ti- 
rar las antiguas divisas y de trabajar por ei bienestar futuro 
del país, sin que nadie tenga facultad de enrostrar al otro con 
el pasado y sus consecuencias. Arreglo pronto de la deuda gene- 
ral del Estado, de modo que concilie todos los intereses legíti- 
mos. Reducción de los gastos, fiscalización de las rentas y crea- 
ción de nuevos recursos que nos pongan en el caso de equili- 
brar nuestras entradas con las cargas que reconocemos. Repro- 
bación explícita de los med,ios revolucionarios, vengan de donde 
vinieren. Favor a la introducción <Je brazos y capitales extran- 
jeros, haciendo al efecto prácticas todas las garantías que la 
Constitución confiere a las personas y a las propiedades". 

"En el exterior. — • Respeto a todos los derecihos adquiridos 
y cumiplimienito de toldos los deberes que imponen la amistad y 
buena inteligencia. En lo que toca ail Brasil principalmente, ha- 
cer que 'los intereses comerciales vengan en apoyo de los víncu- 
!os que ya unen a los dos países y llevar adelante el cumpli- 
miento de los tratados existentes, sin perjuicio de solicitar las 
modificaciones que sirvan para estrechar más y imiás la amistad 
y buena inteligencia". 



Obstáculos que encontraba la fusión entre les revolucionarios. 

Dos semanas antes del derrumbe de septiem'bre escribía "El 
Oden" comentando las tentativas de fusión a que en esos mo- 
mentos se consagraban los prohombres de la administración 
Gjró: 

"La fusión es posible, es cierto; pero sobre esta base indecli- 
nable: una mayoría del Partido Conservador y un Presidente 
del Partildo Conservador en e'l próximo período. Dennos hoy lo 
que nosotros les dimos ayer". 

El programa era justo. Lo malo era el procedimiento de eje- 
cución. Para asegurarse esa mayoría habían realizado el motín 
militar del 18 de julio, y no contentos con el motín estaban or- 
ganizando nuevas asonadas cuando el Presidente Giró resolvió 
guarecerse en la Legación de Francia. 



230 HISTORIA DEL URUGUAY 



El Pai-tido Conservador. 

¿De dónde salía ese Partido Conservador que venía a terciar 
en el campo hasta emtonces dominado por los blancos y los colo- 
rados? 

"El Orden", que aipareció a raíz del motín dell 18 de ju'lio, lo 
explicaba así: 

"Asegurada la paz, el partido de que este periódico es el ór- 
gano da el bello ejemplo de adoptar una divisa de paz denomi- 
nándose Partido Conservador. . . Sus antecedentes son "los prin- 
ci,pios, las ideas y los intereses sostenidos en 'la defensa del país 
contra las agresiones de don Juan Manuel Rosas" ... Y su ipro- 
graima es el mismo que formuiló Ta Sociedad de Amigos del País, 
"cuando seiducida ¡por lia ilusión generosa de una vasta fusión" 
quis.10 establecer lo que ahora se eslttablece, es decir, "un partido 
interesado en la paz, en el orden, en la conci'liación de los 
orientales y en la tolerancia para con todas las opiniones". 

Antes de finallizar el año "El Orden" arriaba sin embargo su 
bandera y se presentaba como órgano del partido de la Defensa. 
Los redactores que habían sustituido al doctor Juan Carlos Gó- 
mez dijeron explicando el cambio, que su antecesor había soste- 
nido "una idealidad", "una ficción", "un interés de círculo", 
porque invocaba la existencia de un partido desconocido en la 
República. 

/El doctor José Pedro Ramírez atribuyó en 18 68 la denomina- 
ción al doctor Juan Carlos Gómez, pero éste se apresiuró a re- 
chazar la paternidad. 

No es mía — dijo. — Siempre opté por la de Partido Colo- 
rado. Pero encontré resistencias. En 1852 mis amigos optaron 
por la de Sociedad de Amigos del País. Al año siguiente fué por 
iniciativa del general Flores que "El Orden" aparec'ó como ór- 
gano del Partido Conservador. Creo que la denominación fué 
insinuada a Flores por el Ministro Paranhos, que era conserva- 
dor en el Brasil. 

Con el cambio de bandera de "El Orden" no desaparecieron 
sin embargQ ni la denominación ni el programa con que se ha- 
bía iniciado el diario. El Partido Conservador quedó incorporado 
a nuestro escenario político, como una fracción de principias 
dentro del Partido Colorado y en pugna con la otra fracción co- 
lorada dominada por los caud,illos más que por los principios. 



GOBIERXO DE FLOKES 231 



Kciiac»' la in(íi)af;an<la cxíUi-sivista. 

Detrás de "El Orden" apareció "El Nacional" resuelto, decía 
en su programa, a trazar "a los hombres de Pafermo y del Carri- 
to la historia de sus hechos, denunciando de nuevo al mundo 
los crímenes con que se mancharon, los males que hicieron al 
paíis". 

Ya anteriormente, con ocasión de las grandes demostraciones 
de duelo arrancadas por la muerte de Rivera, había tenido que 
denunciar "El Comercio del Plata" la costumbre que empezaba 
a generalizarse "de poner una estrella roja en vez del sol que 
debe llevar la bandera nacional". 

Extremando la misma nota partidista, la Cámara de Di- 
putados sancionó a mediados de 1S54 un proyecto de ley que 
mandaba celebrar el aniversario de Cagancha en todos los pue- 
blos de la República, "con una acción solemne de gracias al To- 
dopoderoso". 

El primer aniversario de la revolución del 18 de julio fué so- 
lemnizado tranquilamente con un funeral en la Ig'lesia Matriz, 
al que asistió el Presidente del Senado don Alejandro Ohuca- 
rro. Pero no así el segundo. Estaba anunciada una misa en su- 
fragio de una de las víctimas de ese día, y a la hora señalada, 
cuando ya las familias llenaban eíl templo, hizo irrupción una 
compañía de línea con banda de música y la comitiva se dispersó 
en medio <Ie grandes alarmas. 

Don Andrés Lamas había escrito al general Pacheco a fines 
de agosto, cuando se aproximaba el derrumbe del gobierno de 
Giró : 

"Es urgentísimo sustituir la base de la tropa de línea, que 
es malísima, por la base de un programa legal. . . Detenga usted 
esos fusiles. . . Contenga usted esa ñera que se llama caudillaje. 
que nos va a devorar de nuevo". 

Pero ya la máquina destructora estaba en marcha y el medio 
ambiente había entrado en plena agitación, desalojando los sen- 
timientos de concordia y dando entrada a los sentimientos de 
odio, que era lo que aguardaba la diplomacia brasileña para vol- 
ver a encender la guerra civ.il entre los orientales, según ya lo 
hemos visto y según volveremos a verlo en el curso de este mis- 
mo capítulo. 



232 HISTORIA DEL I'RUGUAY 



Cómo repei'cute enti'c los hombres del Partido Blanco esta pro- 
paganda partidista. 

Los prohombres del Partido Blanco trataron a su turno de or- 
ganizarse, a mediados de febrero de '1854, en torno de su vieja 
bandera, aunque protestando que lo hacían como recurso de cir- 
cunstancias, a la espera de una época más propicia a la fusión 
de blancos y colorados y a la proscripción de las divisas parti- 
darias. 

iCelebraron varias reuniones secretas, con asistencia de los se- 
ñores Aguirre, Arrascaeta, Carreras, Botana, Espina, Lerena, 
Errasquin y otros de los ciudadanos que no habían salido de 
IMontevideo o que habían regresado después del fracaso de la 
contrarrevolución promovida por el Brasil. El objeto que se per- 
seguía era, según el acta de la primera reunión, organizar "una 
asociación tendiente al restablecimiento del régimen de la Cons- 
titución en el gobierno de la República". La autoridad del par- 
tido sería ejercida por una Junta Central nombrada a dos gra- 
dos para evitar reuniones numerosas. 

-Don Bernardo P. Berro, a quien fué confiada la presidencia 
de esa reunión, formuló un programa que puede sintetizarse 
así: 

"Entre el partido de la Defensa y las potencias interventoras 
(Francia, Inglaterra y Brasil) hay cierta solidaridad de lucha 
contra el Partido Blanco. Al Partido Blanco le conviene enton- 
ces, en vez de levantar una bandera y una divisa que produci- 
rían alarmas, limitarse a contestar las acusaciones que le diri- 
gen los colorados, pero sin mengua del pacto de octubre de 1851, 
que no quiere la humillación de nadie..." Lia nación no ¡puede 
menos de irse adhiriendo a ese principio salvador: el olvido de 
lo pasado y la igualdad proclamada por el pacto de octubre. Así 
es que: o se consigue eso y los blancos habrán conseguido cuan- 
to necesitan; o si no se consigue, si los colorados persisten en 
no adherirse a él, necesariamente han de sucumbir a la larga 
y quedar subordinados. Ligar, pues, a los blancos a ese porvenir 
es hacerles el mayor beneficio que se puede imaginar para favo- 
recerlos; es restablecer su buen nombre y consolidar su poder, 
puesto que al fin convirtiéndose en el Partido Blanco ese resul- 
tado definitivo servirá lo mismo para justificar y glorificar su 
presente que su pasado procedimiento". 



GOBIKRNO UE B'LOUES 233 



Varias cartas explicativas y de propaganda escribió Berro en 
tal oportunidad. En una de ellas decía: 

"La existencia del Partido Colorado no quiere decir otra cosa 
que guerra a los blancos; la del Partido Blanco expresa la re- 
sistencia a esta agresión. Así fué desde el principio; así es ahora 
también". Los blancos se han limitado a defender los puntos en 
que legalmente estaban colocados, a defender un gobierno que 
no dilapidaba, que respetaba todos los derechos y todas las ga- 
rantías. Los que los han despojado de sus puestos quieren te- 
nerlos en perpetua sumisión... "Sin embargo, aunque sea lícito 
que los blancos se liguen otra vez en forma de part'do y aun- 
que no puedan dejar de hacerlo, deben con todo desear que des- 
aparezca la necesidad que a ello les obliga y obrar siempre de 
modo que no se haga imposible o dificulte eso; es decir, no ce- 
rrar la puerta sino propender en toda oportunidad que se pre- 
sente a la supresión de los partidos, disolviéndose juntamente 
con sus contrarios... El Partido Blanco y el Partido Colora- 
do no están separados por ideas, ni por clase o condición. Igual 
e£' su composición, iguales también sus principios políticos. Su 
división es toda personal o corresponde sólo a las personas de 
que se componen". 

Estas ideas fueron aceptadas y en consecuencia se acordó la 
organización del partido bajo las denominaciones de "blanco" 
y "constitucional" con un programa transitorio que se daría por 
terminado una vez que el régimen institucional imperara de 
nuevo en la República. 



Trata el Bi-asil de afirmarse sobre su pi-esa ti-ansportamlo iiiv 
ejército a Montevideo. 

Pocas Semanas antes de celebrarse estas reuniones, en enero 
de 1854, la cancillería de Río de Janeiro a cargo entonces del 
Ministro Paulino Limpo de Abreu, había dirigido una circular 
í.l Cuerpo Diipllomático acerca de sus relaciones con el Gobierntí 
Oriental. Véase lo que decía en ella: 

Por efecto de la actitud de Rosas no le fué dado al Bra- 
sil intervenir durante la Guerra Grande, a pesar de las estipula- 
ciones de la convención de paz de 1828. Recién pudo hacerlo 
en 1851. Derrumbada entonces la tiranía gracias a las fuerzas 
de la coalición organizada por el Brasil, quedaba la campaña 



234 HISTORIA DEL rRUGUAY 



oriental en ruinas. La ciudad de Montevideo había sacrificado 
cuanto un pueblo puede sacrificar; el paíis contaba apena»* 
130,000 almas; su ganadería estaba aniquilada; sus capitales ha- 
bían desaparecido; los hábitos de trabajo estaban olvidados; lasi 
rentas y las propiedades públicas haljían sido enajenadas por 
largo tiempo; una deuda enorme había surgido "y gran parte 
de la población reclamaba del Gobierno subsistencia, recompen- 
sas, indemnizaciones". El representante diplomático oriental al 
describir ese cuadro, "propuso y presentó los proyectos de tra- 
tados que se concluyeron el 12 de octubre de 1851". Desgracia- 
damente "las buenas intenciones del Brasil no fueron bien apre- 
ciadas por los que tomaron la dirección de los negocios". El 
Presidente Giró, que se vino al s^uelo sin que el país hiciera es- 
fuerzo alguno para sostenerlo, solicitó el apoyo militar del Bra- 
sil, pero el Gobierno Imperial no se consideró obligado a ello, 
y así se lo hizo saber. Estalló luego una revolución en campaña 
que fué dominada por las fuerzas del Gobierno. La situación 
oriental sigue emipeorándose entretanto. La población acaba 
de sufrir una nueva ipérdida de 15,000 almas. La corriente in- 
migratoria que anuía a Montevideo se dirige a otros puertos; los 
ca'pitales que habían empezado a aparecer, vuelven a ocultarse, 
"y lo que es peor que todo, las pasiones y los odios civiles se 
enfurecen caída vez más por la proscripción de Ion hombres, por 
el secuestro de los bienes y por la.s violeTicias de toda especie". 

El Gobierno Oriental — agregaba la circular — ha requerido 
auxilios militares y el Brasil ha resuelto intervenir de acuerdo 
con los tratados de alianza de 1851, porque entiende que tal ac- 
titud será mirada como un acontecimiento feliz por las naciones 
amigas. El Brasil se limitará "a asegurar la existencia del Es- 
tado, el ejercicio de los derechos de todos sus habitantes, la paz 
V el sosiego público y el establecimiento de un gobierno re- 
gular y durable". No quiere "para sí, cualesquiera que sean las 
circunstancias, ningún predominio ilegítimo en el Estado Orien- 
tal". Tampoco "aspira a ningún aumento territorial y considera 
y declara solemnemente como límites definitivos entre el Im- 
perio y el Estado Oriental, los que se han fijado en e! tratado de 
12 de octubre de 1851". 

Tales eran las protestas de la diplomacia imperial. El Brasil, 
que se había tragado la mitad de nuestro territorio y que para 
completar su obra de absorción había mantenido al país en per- 
manente pie de guerra, iba a enviar un fuerte ejército a Monte- 



GOBIERNO DE FLORES 235 



video con noble altruismo, sin ánimo de conquista, sólo para es- 
tablecer la paz entre los orientales que se estaban despedazando 
emipujados unos contra otros por la proipia diplomacia imperial! 

Esa circular fué expedida el 19 de enero de 1854, el propio 
día en que el general Rivera, uno de los miembros del triunvi- 
rato, era sorprendido por la muerte al llegar al arroyo Conven- 
tos, en viaje para Montevideo a donde lo llamaba el ejercicio 
de su alta investidura. 

lEl Brasil, que dirigía precisamente su proa contra el triunvi- 
rato por las sospechas que le infundía Rivera, resclvió entonceá 
entenderse con Flores a fin de instalar más rápidamente y con 
raás economía de sangre sus batallones en el centro de la codi- 
ciada presa. 

Antes de finalizan el mes de enero llegaba a Montevideo el 
doctor Amaral, munido de las instrucciones necesarias para dar 
curso a las ideas de la circular. 

"La misión que S. M. el Emperador del Brasil se ha dignado 
cometerme, — decía en su discurso de recepción — tiene por 
fin prestar a la noble Naci'ón Oriental la cooperación del Brasil, 
desinteresada pero enérgica, para etl restabliecimiento del orden, 
la ¡paz y las instituciones constitucionales". 

Y horas después de la ceremonia obtenía el doctor Amaral la 
conformidad que anhelaba para la entrada del cuerpo de ejér- 
cito encargado de la conquista pacífica de nuestro territorio. 

"Reconociendo — decía el encabezaimiento del acuerdo de 31 
de enero de 1854 firmado por Flores y sus Ministros don Enri- 
que Martínez y don José A. Zubillaga — en los actuales momen- 
tos, como de la mayor importancia la entrada al territorio de la 
Repúiblica de una fiuerza de cuatro mil hombres del ejército bra- 
sileño, d'e conformidad a las altas y elevadas miras de S. M. el 
Emperador del Brasil, porque esto importaría la más eficaz ga- 
lantía para los intereses generalles de la Nación, que S. M. tan 
generosa y dignamente protege..." 

La tropa cruzaría la frontera el 3 de marzo y sus gastos co- 
rrerían de cargo del Tesoro uruguayo. 

Otro acuerdo complementario firmó el Ministro Amaral me- 
diante el cual se obligaba el Tesoro brasileño a entregar al Go- 
bierno Oriental un subsidio mensual 'de 30,000 patacones. La 
suma debió parecer insuficiente [pa.ra restablecer los pagos y 
asegurar el equilibrio financiero, porque una semana después 
se dirigía Flores a la Legación solicitando que fuera elevada a 



236 HISTORIA DEL VRUGUAY 



60,000 patacones y que además se acordara un préstamo extraor- 
dinario de 180,000 patacones. El Ministro Imperial que había 
traído instrucciones más modestas, tuvo que recabar nuevos po- 
deres que no tardaron en llegarle para elevar al doble el monto 
del subsidio. 



La intervención brasileña «ntp la gran A.'íaniblea. 

Una vez instalada la gran Asamblea, Flores recabó venia para 
la entrada del ejército brasileño. 

La Cámara de Senadores abordó de inmediato y sin discre- 
pancias fundamentales el estudio de esa sensacional autoriza- 
ción. 

"Tal proceder del Gobierno Provisorio — decía la Comisióa 
informante — es no sólo digno de la alta misión que asumió al 
instalarse el 26 de septiembre, sino salvador de las instituciones 
y garantías que acuerda el Código Fundamental a todos los ha- 
bitantes". 

De perfecto acuerdo con su Comisión dictaminante, votó el 
penado una minuta de comunicación en que dejaba constancia, 
de que el Gobierno, al pactar la entrada de la división imperial, 
había obrado dentro de la órbita de sus deberes de la-s estipula- 
ciones del tratado de alianza de 1851. 

"Ha visto con satisfacción a la repartición de Relaciones Ex- 
teriores — decía el Senado en su minuta — que en el estado 
a que los acontecimientos anteriores condujeron al país no sólo 
se hayan conservado las buenas relaciones con las potencias ex- 
tranjeras, sino que se hayan estrechado más aún las del Imperio 
del Brasil que por tratados solemnes y por su cooperación en 
el empeño de salvar la independenc,ia de la República, era ya 
nuestro aliado y amigo. Si la política del gobierno del señor 
Giró había sido dudosa por no comprender bien la situación del 
país, ni apreciar las estipulaciones que garantían los derechos 
de todos los habitantes nacionales y extranjeras, así como las 
que establecían las bases para el renacimiento del crédito pú- 
blico, garantías para la paz y conñanza en el porvenir de la 
República, el Gobierne Provisoaño autorizando con nuevos pode- 
res al Ministro de la República residente en Río de Janeiro don 
Andrés Lamas, ha obtenido su reconocimiento y la revalidación 
del Tratado de prestaciones que había paralizado la administra- 
ción que caducó". 



GOBIEBNO DE FLOBES 237 



No reinaba la misma desconsoladora conformidad en la Cá- 
mara de Diputados y la Comisión dictaminante produjo dos in- 
formes contradictorios. • 

El de la mayoría, concordante con el del Senado, establecía que 
el gobierno de Flores había procedido de acuerdo con las nece- 
sidades de la situación y dentro de la esfera de sus atribucio- 
nes al pactar la entrada de la división brasileña. «Cree necesa- 
rio (la Comisión) no sólo la alianza con el Brasil, SlnO a ia VcZ 
el auxilio de la fuerza armada con el fin de fortificar la nacio- 
nalidad oriental por medio de la paz interior y de los hábitos 
constitucionales y ofrecer mayores garantías al desarrollo de la 
industria y a la inversión de capitales en empresas útiles al 
país». 

El de la minoría, que llevaba una única firma, la de don Fer- 
nando Torres, aconsejaba el nombramiento de una comisión revi- 
sora de los decretos de la dictadura de Flores, y en cuanto al 
caso concreto de la ontrada de las tropas brasileñas, optaba deci- 
Qidamente por la negativa, invocando razones financieras y razo- 
nes políticas. Las planillas del Presupuesto y de la deuda exigi- 
ble — decía — absorben 172,000 pesos mensuales y las rentas 
sólo producen 10(1,000, resultando en consecuencia un déficit 
mensual de 72,000 pesos, al que habrá que agregar el costo del 
ejército brasileño, las reparaciones de cuarteles y otros gastos 
que absorberán por entero los 60,000 pesos del subsidio. Ese 
ejército brasileño que la República mantendrá a sus expensas, 
desatendiendo sus propias necesidades, será, por otra parte, «un 
manantial de disensiones y un sangriento sarcasmo a la pre» 
tendida debilidad de la República». Su permanencia en Montevi- 
deo significará «la falta absoluta de fuerza moral y material, la 
debilidad en el presente y la duda en el porvenir». 

Llegado el momento de la votación triunfó la minuta del Se- 
nado que había hecho suya la Comisión en mayoría, por .34 vo- 
tos contra 4 que la rechazaban. 

De acuerdo con lo resuelto por la gran Asamblea el auxilio 
militar quedaría limitado «a hacer restablecer el orden y el 
ejercicio de la autoridad constitucional y cesaría inmediatamente 
que hubiera llenado esos fines». 

Pero de acuerdo con los planes y tendencias seculares del 
Imperio, otro programa bien distinto debía realizar el ejército 
brasileño: el de avivar los odios, armando a los orientales unos 
contra otros para que bajo la presión del cansancio corrieran sin 



238 HISTORIA DEL URUGUAY 



estrépito las fronteras imi>eriales hasta el Plata. Y ya veremos 
que el ejército supo cunxplir ese programa monstruoso. 

Adluesiones que recibe la Legación del Brasil. 

«El Comercio del Plata», lejos de señalar el peligro del zar- 
pazo en perspectiva, procuró demostrar en un largo editorial 
que al Uruguay le convenía aliarse al Brasil como medio de te- 
ner estabilidad, robustecer la acción del Gobierno y auxiliar su 
tesoro. 

«El Orden», luego de referirse a la prestación del subsidio y 
a la circular del Cuerpo Diplomático, decía lleno de confianza 
en las intenciones del implacable devorador de territorios: 

«Son otros tantos actos que afirman a los cansados habitan- 
. tes en la persuasión de que es llegado el día de la regenera- 
ción, diremos así, en que reformándose todo, modificándose todo, 
la esperanza en un porvenir dichoso no sea más burlada, como 
desgraciadamente lo ha sido en otras ocasiones». 

El doctor Mateo Magariños Cervantes, apoyando la entrada de 
tas tropas brasileñas al territorio oriental, daba estos fundamen- 
tos en los que se echaba de menos que el causante de buena par- 
te de nuestra desgracia era el propio Imperio que él exhibía 
como benefactor: 

«Abramos nuestra historia desde que nos constituímos en na- 
ción independiente, y veremos a los pueblos trabajados por re- 
voluciones que todas no han tenido más objeto que el predomi- 
nio de uno o de otro caudillo. Vemos a la primera presidencia 
en campaña a los dos años por la revolución de Lavalleja; vemos 
a la segunda en campaña también por la revolución de Rivera 
y desde entonces convertida la República en un vasto campo de 
batalla, y si examinamos las causas encontraremos que a ex- 
cepción del sitio de Montevideo la sangre ha corrido sólo por 
las impaciencias de un ambicioso». 

Al Ministro Amaral le habían sido entregadas anteriormente 
varias repres'^ntaciones estimuladas por la diplomacia brasileña 
que trataba de consolidar su influencia, o provocadas por el 
choque de intereses políticos que la misma diplomacia caldeaba. 
Entre ellas esta, calcada en otra que hemos reproducido, que lle- 
vaba un millar de firmas recogidas en el comercio por instiga- 
ción del Ministro Imperial y de la Policía que lo secundaba en 
sus planes: 



GOBIERNO DE FLORES 239 



"Nos hallamos íntimamente penetrados de que el Gobierno 
Imperial al prestar su apoyo a la República lo hace basado en 
el espíritu genuino de la convención de paz celebrada el 2 7 de 
agosto de 1828 y en la letra de los tratados de 12 de octubre de 
1851 qiue vinieron a completar y garantir aquella convención... 
Una serie de años calamitosos para este pueblo lo han conducido 
£1 la amarga y difícil posición en que lo ve sumido V. E. Y para 
que el comercio y ila industria y todos los elementos de prospe- 
ridad y riqueza puedan desenvolverse sólo se necesita paz y ga- 
rantías sociales y concordia entre sus hijos. . . Si para conseguir 
tan benéficos resultados fuera necesario el auxilio de una inter- 
vención armada como ya lo es de los medios pecuniarios para 
hacer frente a los gastos de la administración, esa intervención, 
tenor, sea bienvenida, porque llenará nuestros deseos y servirá 
de sostén al orden y a las instituciones de la República". 

La prensa gubeanista entretanto redoblaba sus aplausos al 
Brasil. 

"Sostendrá este estandarte nacional — decía "El Orden" — 
que muchos opinan maliciosamente viene a destruir, y lo sos- 
tendrá quizá con más honor que nosotros lo hemos hecho, con 
más honor decimos, porque nuestras guerras no han sido en de- 
fensa de la patria sino de los partidos". 



Voces de piotesta contra la intervención. 

Estas palabras de "El Orden" arrancaron una nota de pro- 
testa a los colorados disidentes que habían adoptado el nombre 
c'e consevadores. 

"Nos creemos en el deber de rechazar tamaño ultraje — de- 
cían don Juan Carlos Gómez, don José María Muñoz, don Pe- 
dro Bustamante, don Lorenzo Batlle, don Fernando Torres, don 
Francisco Tajes, don Gésar Díaz, don Miguel Ailivarez, don Salva- 
dor Tort y don Enrique Muñoz. — Los vencedores del Rincón 
y del Sarandí no tienen nada que aprender de los brasileños en 
el modo de sostener con honor su pabellón". 

Juan Carlos Gómez, emprendió a la vez una ardorosa cam- 
paña contra la intervención armada del Imperio. 

Es útil — decía — la alianza de la República con el Brasil, 
I-ero la intervención armada que se anuncia pone en peligro la 
alianza. El tratado de octubre de 1851 sólo autoriza la interven- 
ción de fuerzas a pedido del Gobierno Oriental en los casos de 



240 HISTORIA DEL URUGUAY 



movimiento armado o deposición viole.nta de las autoridades. Ac- 
Tualmente la República se encuentra en paíz y el Gobierno está 
acatado por todo el país. El efecto político que se busca con la 
intervención, ,puede obtenerse sin ella situando a'l ejército brasi- 
leño en la frontera brasileña. La intervención será siempre un 
pretexto para la inestabilidad de las instituciones, porque el par- 
tido vencido ha de alegar la nulidad de todo lo que surja de la 
situación sostenida por esa fuerza. Se hablla de un memorial con 
mil firmas presentado al Ministro Ámaral, entre las cuales figu- 
ran las de mucihas casas de comercio. Pero la República cuenta 
ron 130,000 habitantes y esos mil no tienen su representación. 
Bien sabemos por otra parte como se firman tales memoriales, 
«on los que hubiera sido posible canonizar a Rosas y a Oribe. Es- 
te ejército brasileño va a absorber 40 o 5 mili pesos mensuales, 
o sea la mitad de nuestras rentas. La intervención armada "va a 
matar la alianza que es nuestra garantía, nuestra prenda de por- 
venir, nuestro bien conquistado". 

Existe — agregaba en otro artículo — similitud perfecta en- 
tre la situación actual y la de 1817. También entonces Lecor 
anunciaba en sus programas 'que no traía ningún propósito de 
CQnquista, ni de predominio territorial; también entonces el 
ejército portugués se denominaba pacificador; tam.bién entonces 
se .iba a la incorporación al Brasil mediante peticiones de nacio- 
naies análoigas al memoriail presentado al doctor Amaral! 

"El Comercio del Plata" contestó a Juan Carlos Gómez, supri- 
miendo con La pluma todo el pasado: 

"El Brasil no puede querer nuestra absorción, porque sus ne- 
cesidades internas y su inmenso territorio despoblado, sus in- 
mensas costas desiertas, le fuerzan a contraer a sí mismo los ele- 
mentos, que nunca serían bastantes, que quisiera destinar a con- 
seguir la absorción". 

El general Tomás Guido que tuvo que salir a la defensa de la 
convención de 1828 atacada por "El Plata Científico" de Bue- 
nos Aires, 'aiprovedhó la oportunidad para hacer estas marca- 
das referencias al pasado que olvidaba "El Comercio del Plata": 

"Inútil es decir que no siempre las dificultades que subvier- 
ten el orden de un Estado nacen de lo's defectos de su constitu- 
ción política o de su situación moral. Muchas veces las influen- 
cias extemas vienen a fecundar los gérmenes de perturbación 
que fermentan de continuo en el fondo de todas las sociedades, 
y muy especialmente en las nue/as, sufriendo así intermitien- 



GOBIEUNO DE FLORES 241 



Cías terribles que han puesto a prueba el vigor de las repúbli- 
cas americanas... Bien analizada la historia de la Banda Orien- 
tal, no sería difícil hallar ejemplos de que no siempre sus distur- 
bios tuvieron un origen de que ese país sea tan solamente res- 
ponsable". 

Entra la división brasileña en Montevideo. 

A fines de marzo de 18 54 el ejército brasileño cruzó la fron- 
tera. 

Se c:mponIia de 5 batallones de infantería, 8 piezas de ar- 
tillería, 3 regimientos de caballería de línea y una división de 
guardias nacionales de caballería. En conjunto, 5,145 plazas, se- 
gún el Relatorio de *la cancillería brasileña correspondiente al 
mismo año. 

Su jefe, el brigadier 'Pereira Pinto, al tiempo de emprender 
mardhas ex<pidió una orden del día en que decía: 

"No tenemos enemigos que combatir, ni enarbolamos la ban- 
dera de ningún partido; vamos si a prestar el auxilio que de nos- 
otros necesitan los hombres honrados de todos los partidos en 
favor de la organización de este país". 

Un mes después llegaba el ejército brasileño al Cerrito de la 
Victoria y los batallones de infantería y artillería penetraban en 
la ciudad de Montevideo y se alojaban en los cuarteles que se 
lies había preparado de antemano, quedando la caballería en las 
afueras. 

El Presidente Flores dirigió en tal oportunidad una procla- 
ma a los orientales y otra a los brasileños. 

A los primeros les decía: 

"La ruina que viene tras de las disidencias civiles ha colo- 
cado a la Nación Orienta'l en graves apuros para sufragar las 
exigencias de una organización tan vigorosa como es indispen- 
sable en el estado de desquicio a que nos ha conducido el cata- 
clismo que ha tenido en peligro por largos años la existenicia 
de lia Reipúb'lica. Las fatigas de los puebles si no han superado a 
nuestra constancia, han afligido a todas las familias, y no debe 
prolongarse el malestar, la inseguridad en que podría ponernos 
la impaciencia de algunos... No es posible conservar la acti- 
tud de guerra de un modo indefinido." 

Y decía a los segundos: 

"Digna y generosa es la misión que vais a desempeñar en 

16 - IV 



242 HISTORIA DEL URITGL'AY 



la patria de los orientales: que la f-raternidad iguate a la dis- 
ciplina y al valor, y los objetos humanitarios de la intervención 
corresponderán a tan alta misión." 

También el Ministro Amaral proclamó a sus compatriotas. 

"Nuestro deber — les decía — está definido en nuestros 
tratados. El Soberano del BrasiL ha prometido fortificaT la na- 
cionalidad oriental por medio de la paz interior y de las prác- 
ticas constitucionales." 

A mediados de año se firmó en Río de Janeiro un protocolo 
por el cual se establecía — siegún el Relatorio del Ministerio 
L.e Negocios Extranjeros — que la entrada de las tropas bra- 
sileñas sólo tenia por objeto "fortificar la nacionalidad orien- 
tal por medio de la paz interna y de los hábitos constituciona- 
les"; que el auxilio militar no podría prolongarse más allá del 
período de la presidencia de Flores, sin perjuicio de poderlo 
.hacer cesar en cuallquier moimento el Gobierno Oriental o el G-o- 
bierno Brasileño; que accediéndose al deseo del Gobierno Orien- 
tal quedarían a cargo á&l Tesoro brasileño los sueMos de la 
troipa de línea, su equipo y armaínento, y a cargo del Tesoro 
orienta] los demás gastos de la tropa de línea y todos los de 
Ya Guardia Nacional; que ell Gobierno Oriental cumpliría el ar- 
tículo del tratado de alianza de 1851 que le imponía la obli- 
gación de hacer efectivas las garantías constitucionales en todo 
el país. 

Lra Guardia Nacional de Río Grande no tardó en regresar a 
la frontera, quedando entonces reducida la división brasileña 
?. 4,000 hombres. , 

La demai'cacióii de límites. 

Ya tenía el Brasil un ejército ea Montevideo destinado a fa- 
cilitar sus seculares planes de fomento de antagonismos internos 
y de incorporación total de territorios. Pero estaba resuelto a 
la vez, como en ISl», a tragarse, a da sombra de sus tratados, 
la mayor suma de tierras posible, a fin de que en el caso de 
fracasar la absorción total prevalecieran por lo menos algunas 
absorciones parciales. 

Los tratados de 1851 le habían adjudicado grandes y valio- 
sas zonas de las que jamás había estaido en posesión. Pero 
eso apenas había servido para hacerle abrir las fauces. Estaba 
todavía pendiente la demarcación definitiva de la línea fronte- 



GOBIERNO DE FLORES 243 



riza, y la situación del Uruguay con sus agitaciones políticas in- 
ternas, con su Tesoro exhausto y en permanente demanda de 
auxilios al Tesoro brasileño, se prestaba admirablemente para 
nuevas usurpaciones. 

A fines de marzo de 18.J4 cuando el ejército imperial cru- 
zaba nuestras fronteras, • El Comercio del Plata » reproducía 
un artículo del «Jornal do Commercio» acerca de desinteligencias 
surgidas entre el Comisario imperial general Andrea y el Comi- 
sario oriental coronel Reyes. Según el diario de Río de Janeiro, 
ninguno de los dos gajos del Yaguarón reunía la condición 'leí 
tratado de límites, y tal era el origen de las desinteligencias. 
Y un mes después anunciaba «El Sol Oriental» que se había 
negociado entre el gobierno de Flores y el plenipotenciario 
Amaral un protocolo para remover las dudas a que estaba dando 
origen el trazado de la línea del Chuy. 

A mediados de 1855 transcribía «El Nacional» una corres- 
pondencia de Río Grande al «Jornal do Commercio» en la que 
se establecía que habían surgido nuevas discrepancias entre el 
Comisario brasileño barón de Casapava y el Comisario oriental 
coronel Reyes acerca de la dirección de las líneas de Aceg.iá 
y de San Luis. El director de «El Nacional», que sin duda al- 
guna había tenido oportunidad de leer el memorándum del co- 
ronel Reyes, comentando esa correspondencia decía que el Co- 
misario oriental negaba su conformidad a la pretensión brasi- 
leña y demostraba gráficamente «la importancia de las pérdidas 
territoriales que disminuían los exiguos límites de la República». 
Algo más grave manifestaba el Comisario oriental. Véase en qué 
términos segiin el redactor de «El Nacional»: 

«Declaraba al Gobierno que al dar ese paso previo, antes 
de transmitir esas mismas demostraciones al Comisario del Im- 
perio, había tenido presente que en la penosa y crítica situación 
en que se encontraba la República la no conformidad de sus 
opiniones con aquellas exigencias podría quizá contrariar r. 
trabar su marcha y su política, debilitando sus relaciones inter- 
nacionales con el gabinete, precisamente en momentos en que 
agobiados de apuros financieros se negociaba con él la conti- 
nuación de los subsidios pecuniarios que debían aliviar sus 
aflicciones, promoviéndose a la vez otras gestiones no menos 
importantes para los interes-es de la República. Que en fuerza 
de estas consideraciones se hal)ía abstenido de toda discusión 
en tanto no le fueran conocidas las vistas del gabinete, des- 



244 HISTORIA DEL rBUGUAT 



pues de instruido del protocolo de esas negociaciones, para obrar 
en consonancia con ellas.» 

Prevenía «El Nacional» que el gobierno de Flores liabia auto- 
rizado al coronel Reyes para mantener su discrepancia. Pero 
salta a los ojos que las instrucciones y sobre todo su cumpli- 
miento efectivo allá en el desierto de la frontera y sin testigos, 
no podía obstaculizar gran cosa los planes del barón de Ca- 
sapava para irse tragando territorios bajo la presión de los 
distintos tornillos que la cancillería brasileña podía aplicar al 
Gobierno Oriental: la tropa en los cuarteles, el subsidio, la 
ayuda a los conservadores para voltear a Floras! 

En febrero de ese mismo año empezó a publicar «La Nación» 
un estudio sobre la intervención brasileña y los tratados de 
1851, especialmente el de límites que según ese diario nos ha- 
bía arrebatado la tercera parte de nuestro territorio, abriendo 
horizontes además a nuevas invasiones merced a la fijación de 
la línea fronteriza en una forma vaga y sujeta a inevitables con- 
troversias al tiempo de la demarcación definitiva sobre el te- 
rreno. 

Pues bien, el redactor de «La Nación» fué llamado a la Casa 
de Gobierno y allí el Presidente Flores le prohibió que conti- 
nuara su prédica, invocando la legislación de imprenta vigente. 
Tras esa amonestación vino el arresto y el periodista fué llevado 
al patio de presos de la Jefatura, donde se encontró con don 
Cesáreo Villegas y don Santiago Botana acusados de complici- 
dad en la divulgación de unos versos contra la política del Bra- 
sil en el Río de la Plata. Después de varias horas de detención, 
fué puesto en libertad el redactor de «La Nación», pero el Jefe 
Político le previno en nombre del Presidente de la República 
«que lo había arrestado por haber escrito contra la intervención 
brasileña y que se le ponía en libertad a condición de no volver 
a escribir sobre lo mismo». 

Este suceso dio origen a una interpelación en la Cámara de 
Diputados, sin consecuencias, porque la conducta del Gobierno 
fué aprobada. 

Podían, pues, avanzar tranquilamente los demarcadores de la 
línea fronteriza. Todo ayudaba su obra. Por eso, dando cuenta 
al Parlamento Brasileño de las desinteligencias surgidas con 
motivo (le la determinación del gajo del río Yagriarón a que ha- 
tía querido referirse el tratado de 1851 y del verdadero arre yo 
San Litis, decía la cancillería imperial, llena de confianza, en su 
Relatorio de mediados de 1855: 



GOBIEKXO DE FLORES 245 



"Es (le creer, sin embargo, que esas dudas tengan una solu- 
ción razonable y pronta y no embaracen la continuación de la 
demarcación". 

La solución razonable era, naturalmente, la de seguir avan- 
zando en territorio oriental! 



La cuestión do Mai-tín García. 

A mediados de 1854 don Patricio Vázquez presentó a la Cá- 
mara de Diputados de que formaba parte, una minuta de comu- 
nicación al Poder Ejecutivo aprovechando la oportunidad de una 
misión diplomática que en esos momentos proyectaba nuestra 
cancillería. Esa minuta que fué apoyada por "El Nacional" que 
ora el órgano oficial del gobierno de Flores, iba derechamente 
a la reivindicación de Martín García. He aquí en quié términos la» 
fundaba su autor: 

La isla de Martín García forma parte integrante de nuestro 
territorio. Está inmediata a la costa oriental y en cambio no se 
ve desde la costa argentina. Durante el coloniaje se mantuvo la 
jurisdicción de Montevideo sobre esa isla y las de San Gabriel y 
de Hornos con las que forma un triángulo a la altura del puerto 
de la Colonia. Como consecuencia de las agresiones inglesas, el 
Gobierno Español otongó recomipensas a los que habían actuado 
en la defensa y reconquista de los pueblos del Río de la Plata. 
A don Antonio Tejo, vecino de Buenos Aires, le fué regalado 
Martín García. Y la real orden para la entrega y posesión de la 
isla vino cometida al Gobernador de Montevideo, prue>ba incon- 
trastable de que la tierra cedida estaba bajo su jurisdicción te- 
rritorial. La convención de paz de 18 2 8 no e^'f-bleció los límites 
de nuestro país, librando este punto al tratado definitivo en el 
cual naturalmente tendrá que esta^- representado el Uruguay. 
En 1838 las armas orientales, en unióii con las de Francia, to- 
maron iposesión de la isla. Dos años después la Francia, sin nues- 
tro consentimiento, la devolvió a Rosas. Eu 1845 las armas 
orientales reconquistaron su posesión y ^a mantuvieron hasta 
18'5i2, en que el Gobierno Oriental la entregó a requerimiento dei 
Gobierno Argentino, pero bajo una solemne protesta que de- 
jaba a salvo nuestros derechos. 

Agregaba don Patricio Vázquez en su minuta que las grandes 
potencias habían estipulado en sus trátalos con la Confederacón 



246 HISTORIA DEL UBUGUAT 



Argentina que era necesario que Martín García se conservara 
en poder de aquel estado ribereño que no se opusiera a la na- 
vegación de los ríos interiores; que el Parlamento Oriental se 
manifestaba resuelto a dictar una ley que declarase la libre na- 
vegación de nuestros ríos en una forma amplia que el Gobierno 
de Buenos Aires parecía no aceptar por el momento; y que ha- 
bría que evitar que con el andar del tiempo y modificándose a 
ese respecto el criterio argentino lilegaran nuestros vecinos a 
obtener de los tratados lo que el derec^iio nos acordaba a nos- 
otros con mejores títulos. 

Pero el ambiente político estaba absorbido ipor los problemas 
internos y la minuta quedó ap!aza-.!a indefinidamnnte en las car- 
petas de la Comisión dictaminaate. 

La absorción coiiiei»cial como paso previo a la absorción po-^ 
lítica. 

En noviembre de 1854, cuando la política brasileña precipi- 
íafba su plan de a^bsorción dell Uruguay, don Andrés Lamas, que 
seguía al frente de la Legación de Río de Janeiro, se creyó obli- 
gado a levantar su voz contra lo que al fin y al cabo era la con- 
secuencia lógica de los tratados que él mismo había negociado 
en 1851. 

■ Véase lo que decía a la caacillería brasileña haciendo la hiá- 
toria de los tratados: 

"Toidos deseaban la paz, todos la pedían, todos la creían. Y 
esta apariencia era singularmente favorable para el Estado 
Oriental. El Brasil \ig amparaba, el Brasil tomaba ante el mundo, 
por así decirlo, el solemne compromiso de ayudarlo a reorgani- 
zarse, de mantener su orden constitucional, de mantener su paz 
interior. Podía, pues, esperarse que tan lisonjera, tan seductora 
perspectiva produjera inmediatamente sus consecuencias natura- 
les. La más natural de sus consecuencias era convertir en terri- 
torio agrícola, en territorio exjplota,ble y exiplotado por la inmigra- 
ción y capita/Ies extranjeros, todo el litoral y sud del río Negro 
desocupado por la ganadería por resultas de la úiltima guerra. Esa 
conversión era la salvación del Estado Oriental. El artículo 4.» 
del tratado d« comercio consumaba la desocupación de esa zona 
de territorio, relegaba la ganadería al norte del río Negro, y 
bajo ese aspecto concurría a acelerar la revolución importante, 
de importancia incalculable, que debía verificarse por el cambio 



GOBIEKNO DE FLORES 247 



de la fuente de producción al sud del río Negro. Por desgrac.'a 
de todos, la situación n/o fué ni altamente comiprendida, ni alta- 
mente manejada ... Lo que debía resultar, lo que ha resultado 
en verdad, todos lo saben, todos lo ven. Ni un solo prestigio 
ka quedado en pie, puesto que aun la misma alianza y más que la 
alianza escrita la intervención armada del Brasil se ha despresti- 
giado y se ha esteri'lizado. Frustradas así las bases reacionales 
soibre que fué admitido el artículo 4." del tratado de comercio, 
ese artículo ha contribuido a aigravaí la situación actual. La ga- 
nadería que existe se ha concentrado sobre la frontera terrestre, 
porque es el más provechoso canal para la exportación de sus 
productos. Lo poco ique el país produce sale por allí. El resto 
del país, el 'litoral, está muerto. No tiene que exportar ly la falta 
de exportación produce sus resultados naturales, la despoblación, 
el desaparecimiento del comercio, etc. Aun hay sobre esto una 
consideración muy grave y que debe influir de diversos modos 
sobre la alianza y la intervención brasileña. Hl litoral y gran 
parte del país mueren, en provecho de la faja de tierra que se ex- 
tiende sobre la frontera bra&Üleña, y esa faja de tierra está mo- 
nopolizada por los criadores brasileños, de manera que no sólo 
grande parte del país, todo su litoral muere en provecho de la 
fracción fronteriza, sino que los orientales, los extranjeros no 
brasileños que se encuentran en el país no pueden aprovechar 
los beneficios de aquella fracción de territorio en que se ha con- 
centrado casi toda su producción". 

Del grado de eifi'cacia de estas protestas de la Legación Orien- 
tal instruye un sensacional decreto del gobierno de la Provincia 
de Río Grande, de marzo de 185'5, que prohibía en absoluto el es- 
tacionamiento en La margen oriental del Yaguarón de embarcacio- 
nes que no llevaran pabellón brasileño o que no tuvieran auto.- 
rización de las autoridades aduaneras brasileñas; que prohibía 
el atraque de embarcaciones no autorizadas a los establecimien- 
tos de charque ubicados en territorio oriental; que prescribía 
que los botes y embarcaciones fondeados en la costa oriental de- 
berían quedar amarrados con cadenas de hierro' durante la noche, 
y que establecía otras trabas miás, que en concepto de la Jefa- 
tura Política de Cerro Largo destruían "la industria de las char- 
queadas del litoral de la Laguna Merim y sus afluentes en el río 
Yaguarón y cerraban la frontera brasileña para la exportación 
de nuestros productos". 



24tí HISTORIA DEL UBUGUAT 



¿Planes de incorporación al BrasiJ ? 

A mediados de 185'5 don Andrés Lamas, que acababa de ser 
destituido del cargo de Ministro Plenipotenciario en Río de Ja- 
neiro, publicó un manifiesto en que a Xa vez que presentaba a sus 
com'patriotas un programa de concordia cívica encaminado a la 
lormación d'e un partido verdaderamente nacional formado por 
blancos y colorados, Ihacía graves revelaciones acerca de la po- 
lítica brasi'leña en el Río de la Plata. 

Todo el país — decía el doctor Lamas — pedía la interven- 
ción brasileña a raíz del derrumbe de Giró bajo la presión de 
ios apremios financieros, con un déficit aterrador de tres y me- 
dio millones de pesos que era el resultado del proyecto de Presu- 
puesto y de Los atrasos existentes; y desde Montevideo le fué in- 
sinuado al pllenipotenciario oriental que algunos de los hombres 
allegados al Presidente Flores juzgaban que podría gestionarse 
del Brasil una es|¡:e'Cie de incorporación u ocupación en forma de 
protectorado por doce años y una emisión de doce millones de 
pesos papel garantizada por ei Imperio. 

^ TaJ debió ser sin duda uno de los piunitos de arranjque de las 
gestiones que dieron por resultado la circular de la cancillería 
brasileña al Cuerpo Diplomático, anunciando el propósito de in- 
tervenir a mano arma'dia en los sucesos del Uruiguay, la expedi- 
ción militar a cargo del general Pereira Pinto y la misión ante 
las cortes europeas confiada ai autor de la circular Paulino Soa- 
rez de Souza, vizconde de Uruguay, acerca de la cual decía en 
mayo de 185/5 "O Cruzeiro", uno de los diarios del Imperio: 
"lEn nuestra humilde y franca opinión, lo más probable es que 
S. E. haya sido encargado de negociar en Francia e Inglaterra 
la incorporalción del Estado Orientail del Uruguay al Imperio, 
reco^nstituyenldo así la antigua Provincia Cislplatina." 

En ell curso de ese misimo mes de mayo hubo un ruidoso de- 
bate en el Senado brasile&oi, con ccasión de la respuesta aH dis- 
curso del Trono, y el barón de Pindaré interpeló al ministerio 
acerca de los planes que se atribuían al Imperio con respecto a 
la Repúbllica Oriental. 

iNo debe olvidarse — dijo — que fresca todavía la tinta con 
que se 'había reconocida la independencia oriental, la cancille- 
ría imperial enviaba instruicciones a Europa para unir de n'uevo 
el Uruguay al Brasil. La política actual es la misma política 
que imperaba en la épo<ca de la dominiación portuguesa. Por eso 



GOBIERNO UE FLOKES 249 



«>s que en el Uruguay reina tan grande desconfianza. ¡Cuánto 
iciejor sería que los cuatrj mil soMados que a-llí tenemos fue- 
tea destinados a establecer colonias militares en e'l Brasil! 

iSe limitó a contestar el Ministro de Negocios Extramjeros que 
la misión del vizconde de Uruguay era completamente ajena al 
Lstado Oriental. 

Pero el d'-ietor Juan Carlos Gómez que estaba en París, escri- 
bía en octubre del mismo año: 

"La misión del señor Paulino a Europa tiene sin duda rela- 
ción con la Reipúblioa Oriental, pero no ha empezado aún a des- 
arrollarla. . . Tal vez porque la Franícia se halla mal dispuesta 
respecto al Brasil con motivo de la navegación del Amazona^ . 
Entretanto el Brasil paga artículos de propaganda encaminados 
a desacreditar a Monitevideoí y exaltar al Imperio haciendo ver 
que nosotros somos incapaces de gobierno y dejando deducir que 
no hay para nosotros otro prospecto posible que la aaex¡ón al 
Brasil." 

I 

lias elecciones generales de 1854. 

La gran Asam'blea convocada ;para completar el periodo de 
las Cámaras de Giró debía terminar su mandato en febrero de 
:.S5ú. En coinsecuencia fué llamado de nuevo el país a eJecciones 
generales de senadores y diputados en noviembre de 1854. 

Ei Partido Blanco, que se había ahstenido en las elecciones 
(le la gran Asiamblea, resioilivió concurrir esta vez a las urnas, 
y para unitormar opiniones instaló un club electoral en la villa 
de la Unión, fundó un diario de propaganda "La Unión", y or- 
ganizó un Comité directivo de los trabajos compuesto de don 
Bernardo P. Berro, d^on Manuel J. Errázquin, don Ambrosio Ve- 
"azco, don Framcisico Solano de Antuña, don Luis de Herrera, 
don Santiago Botana, don Hermenegildo Fuentes y don Pedro 
P'uentes. 

El Partido Blanco según e'l programa de "La Unión", debía 
ir a ios comicios con una amplia bandera de fusión análoga a 
);i que había enarbolado anteriormente. 

El Comité publicó una circular en la que luego de proclamar 
'.a libertad electoral, aconsejaba la aceptación de cualquier can- 
didatura que reuniera las condiciones legales, "sin exc*luir nin- 
guna", fiel al principio de que todos tienen derecho a ser 
representados en los tres Poderes públicos del Estado. Exigía a 



250 HISTORIA DEL UEUQUAT 



los candidaitos adhesión a la indeipenldencia nacional, a la Cons- 
titución de la RepúMica, a La libertad de pensamiento escrito, a 
la libertad de industria, a lals franiquicias comerciailes, y los com- 
pelía a propeinder a/1 desarrollo de la educación pioipular, al fo- 
mento de 'la inmigración y de la aigricultura, a la mejora de la 
aclministra'ción de justicia, al arreglo de la deuda y al desenvol- 
vimiento de las Juntas Económico-Administrativas sobre la base 
de rentas propias que capacitaran a esas corporaciones para 
cumiplir sus fines conístitucionales. 

El coironeí Diego Lamas que continuaiba emigrado en Concor- 
dia, se dirigió a sns aAnigos del Salto pidiéndo'les que secunda-ran 
al iCotmité central de la Unión, y lo mismo hicieron los corone- 
les Dionisio Coronel, Jacint'> Rairbat y Lucas Moreno en Cerrc 
Lair'goi, en Tacuarembó y en el litora'l. 

El gobierno de Flores, a su turno, que parecía resuelto a abs- 
tenerse de toda participación en .la lucha comicial, decía a los 
Jefes Políticos en :una circular refrendada por su Ministro e! 
g'?neral Enrique Martínez: 

"Ed CódigO' Político de la República acuerda a 'los ciudadanos 
ÚQ ella libertad absoluta en Icis comicios fpúblicos... Esa Liber- 
rad que es indispensable para que los elagidos sean la verdadera 
expresión de la voluntad de (los pueblos que ihan de representar^ 
quiere el Gobierno hoy que sea una realidad... En consecuen- 
cia, recomienda a V. S. haga en las próximas elecciones de re- 
presentantes y senadores que las autoridades de su departa- 
mento se conserven simples espectadoras de la lucha eilectoral, 
£in tomar más ingerencia en ella que la de mantener el O'rden, 
iniípidiendo que sie cometan avances contra ilas mesas encarga- 
das de reicibir los votos, las cuales están en el deber de res- 
petar." 

Imdciábansie, pues, los trabajos eilectorales dentro de un am- 
ciente tranjquilo y Heno de esperanzas para todos los que anihe- 
laban Ja reconsitrucción ipicllítica del país a la sombra de la con- 
coirdia de sus hijos. 

La abstención del Pai-tido lilan<-o. 

Pero ya en 'la víspera de las elecciones el Partido Bianco re- 
solvió abstenerse y así lo com'uniícó al Presidente Flores en una 
nota que llevaba la firma de 'la mayoría de los ihombres espec- 
lables de esa aigrupación política. 



QOBIEBNO DE FLORES 251 



Decían los firmantes de esa nota que habían conourrido a los 
actos preparatorios á&l sufragio alentados por las promesas del 
Presidente y de la circular de la cancillería brasileña acerca de 
la poilítica de la intervención ai-mada; que a desipecilio de todas 
sus promesas el Gobierno haibíia sin eimibargo mi'litarizado al 
3)aís, distribuiyemdo fuerzas organizadas en el Durazno por me- 
dio de la leva; que los Jefes Políticos amenazaban a los ciudada- 
/■!0? que no querían votar las listas oficiales y los aihuyentaban 
con la persipectiva de la leva; que el Estado Mayor llamaba a 
los jefes y olficia'les que no estaiban en actividad y los conminaba 
sin otro delito que el de su independencia de opiniones; que ^e 
había violado la leiy en la formación de las mesas primarias de 
líos Juagados de Montevideo y de varios departamentos. 

El doctor Aímbrosio Velazco se dirigió en esos mismos momen- 
tos ail Ministro Amaraü adjuntándole una represien/taición firmada 
per treinta y tantos ciudadanos de San José. 

Una vez anunciado — decían los firmantes de ese documento 
— que el Biraísil se proponía fundar la paz y radicar las insti- 
tuciones, fué aceptada la intervención por la generalidad del país. 
Pero el Tiedho es que en este período electoral se hace uso de 
ta fuerza y se viola la ley en mengua del fin proclamado por ia 
intervención. Correisponde en consecuencia que el Ministro Bra- 
sileño, "como representante del poder interventor, se digne adop- 
tar medidas que basten a garantir los derecíhos de todos, dando 
f.sí realiidad a las promesas imiperiales". 

A su turno el Comité Electoral de la Unión dirigió un mani- 
fiesto al paíls en que invocaba como razón deteirminante de la 
abstención, las violaciones y fraudes llevados a taH extremo, de- 
cía, que en los departamentos de campaña se ha dado el caso de 
ser arrestado y deportado un ciudadano cuyo único d'elito con- 
sJistía en haber hecho uso del dereciho de protesta autorizado por 
!a ley de elec^ciones. 

l-'l fraude oficial provoca también disidencias entre los coloradofl. 

Es que no obstante las promesas contenidas en la circular a 
ios Jefes Políticos, el Presidente Flores había resuelto centrali- 
zar las eléíociomes en la Casa de Gobierno. 

Después de una jira a los departamentos de Canelones, San 
José, Colonia, Durazno y S-oriano, realizada en compañía de un 
grupo de ministros y legisHadores para reunir y disciplinar 



252 HISTORIA DEL URUGUAY 



luerzas electorales, acometió la mi?4na tarea en la Capital, al 
prinicipio sin tropiezos, pero luego con protestas por efecto de 
los excesos de la intromisión oficial. 

En la víspera de las eleccion'es huho una reunión en los pa- 
tios de la Aduana, donde quedó nombrada la Comisión encar- 
dada de proyectar las listas de candidatos a la representación 
naciona'l. A esa reunión siiguió otra en el Teatro San Felipe, en !a 
que el doctor Mateo Magariños Cervantes que acababa de pre- 
sentar renuncia del Ministerio de Go'bierno y Relaciones Exte- 
riores, exipresó que el Presidente de la República, ejerciendo un 
derecho que tenia como ciudadano, había confeccionado listas 
de canldidatos; que lo que convenía entonces era que la Mesa 
fuese autorizaida para a<^ercarse al general Flores y preguntarle 
qué candidatos tenía y con ese antecedente confeccionar sus lis- 
tas; que el paftido debía robustecer la acción del Gobierno y evi- 
tar las divisiones. 

Fué aceiptada la proposición del doctor Magariños. Una vez 
obtenida la lista oficial de candMatos por el Departamento de 
Montevideo, volvió a sesionar la asamblea popular en el teatro, 
esta vez con asistencia de don Luis Lamas y de don José Ma- 
rJa Muñoz, especialmente invitados por los iniciadores de los tra- 
bajos. 

E]/l doctor Lucas Herrera y Obes, encargado de expresar el 
objeto de la asamblea, dijo que la composición de la lista ofi- 
ria.l y la manera de presentarla suiponía la abdicación de los 
deredhos del pue'blo y que el pueblo esta;ba alli reunida para 
resistir pacílñcamente a la imipcsición; que f-ra menester sin 
duda evitar el triunfo de los blancos, pero que era menester 
también que los candidatos colorados ofrecieran amplias garan- 
iias al partido. 

Don Luis Lamas protestó contra les candidatos por la Capi- 
tiil, y agregó que con esa muestra poca confianza podían inspi- 
rar las listas oficiales enviadas a los departamentos. 

Don José María Muñoz dijo que ol Partido Colorado había ma- 
lí ifestado^ una abnegación connpleta al abanfdonar al Gobierno la 
confección de las listas en toda la República para no dividirse, 
pero que la lista oficial dividía al partido y que era necesaria 
entonces ¡que la asamblea procediera al nombramiento de una 
Comisión encargada de proponer candidatos populares. 

Así se hizo y en seguida la asamblea designó otra Comisión 
encargada de acercarse al Presidente y proponerle como tran- 



(lOniKIlNO DI-; Fl.oüK.S 



sacción que de la lista popular compuesta de ocho candidatos acep- 
tara cuatro, sustituyendo los restantes en la forma que quisiera. 
Pero Flores contestó que él no variaba su lista y que los ciu- 
dadanos tenían libertad para votar por otros candidatos. 

En los mismos momentos en que tenía lugar esa entrevista, 
se publicaba una carta-circular del Presidente a los vecinos del 
Salto, adjuntándoles la lista de candidatos a senador y diputados. 

«Amante como el que más de la tranquilidad y prosperidad 
nacional — decía el Presidente — desmentiría estos sentimien- 
tos de mi corazón si no corriera a tomar parte con mis conciu- 
dadanos en las trascendentales votaciones próximas y traiciona- 
ría mis deberes como tal ciudadano si no prestara además la 
cooperación debida en el acto solemne de la vida republicana... 
Llevado de estos sentimientos y seguro de que toda mi vida pú 
blica ha de oponerse a toda mala interpretación que algunos es- 
píritus querrían darle, me dirijo a usted acompañándole las can- 
didaturas que he formado y que creo llenarán el bien de la pa- 
tria, para que usted las presente en mi nombre a los ciudada- 
nos de ese departamento y les invite a contribuir con sus votos 
a la formación de una Asamblea que ha de excederse en senti- 
mientos de paz, de estabilidad y progreso... En esto creo lle- 
nar un deber de conciencia, ejerciendo un derecho que t'ene 
todo ciudadano.» 

Lo que había ocurrido, según las manifestaciones del doc'or 
Muñoz corroboradas por la amplia información periodística de «El 
Comercio del Plata», es que los colorados, para no dividirse fren- 
te a los blancos que se organizaban con entusiasmo, delegaron 
sus derechos cívicos en el Presidente Flores y que éste al redac- 
tar las listas resolvió dejar de lado a los que no comulgaban 
con sus ideas, es decir, a los colorados llamados conservadores. 

Fué una escisión que continuó acentuándose hasta el día antes 
de los comicios en medio de las más grandes inquietudes porque 
todavía no había trascendido al pueblo la resolución abstencib- 
nista de los blancos. 

Bajo la presión de esas inquietudes pudo al fin la Comisiór 
delegada arribar a una fórmula transaccional con el Presidenre 
Flores, y entonces la asamblea popular del Teatro San Felipe 
que se había declarado en sesión permanente, volvió a sesionar. 
Don José María Muñoz, que era el encargado de dar cuenta de! 
hecho que sellaba la unión colorada, al anunciar que el partido 
votaría una lista mixta dio dos vivas: «a la soberanía popular» 



254 HISTORIA DEL HBUGUAÍ 



y «al Presidente de la República», que la asamblea repitió, sa- 
liendo acto continuo a la calle y organizando una columna en- 
cabezada por el propio doctor Muñoz, jefe del Partido Conser- 
vador, que aclamaba incesantemente a Flores. Las manifesta- 
ciones continuaron hasta la noche, rematando con una serenata 
en honor de la fusión colorada, en la que tocó al doctor Juan 
Carlos Gómez, la otra figura culminante del Partido Conser- 
vador, la tarea de llevar la palabra ante el Presidente Plores. 

Coincidieren estos fes-tejos con la divulgación de la noticia 
de que el Partido Blanco había resuelOo abstenerse. 

Ya no había lucha, pues. Las listas mixtas combinadas por 
el Presidente y la delegación del grupo conservador tenían que 
ser votadas canónicamente. Y entonces la Legación Brasileña 
que se encontraba en la imposibilidad de empujar a los unos 
contra Ici otros de acuerdo con su invariable programa, resol- 
vió dar el día de los comicios una prueba de respeto a la sobera- 
nía nacional. Hizo alejar de la ciudad a los batallones imperia- 
les, abandonando a las fuerzas del país la -tarea del manteni- 
miento del orden público. «Ese hecho debía hacerse constar y 
eso hacemos», decía «El Comercio del Plata»! 

Treinta y tantos días después de las elecciones generales, la 
villa de la Unión, que había continuado siendo el asiento de las 
autoridades del Partido Blanco, fué teatro de divereos actos de 
violencia con motivo de las elecciones de Alcalde Ordinario. 

Disputábanse el triunfo dos listas: la del Partido Blanco en- 
cabezada por don Cesáreo Villegas y Luna y la del Partido Co- 
lorado encabezada por don Juan F. González. Iba predominando 
fuertemente la primera, cuando la mesa fué asaltada por un gru- 
po que se apcdenó de los registros y que distribuyó palos y pu- 
ñaladas hasta quedar dueño de la situación. 

Interpeló la Comisión Permanente y contestó el Ministro que 
el Gobierno era extraño a los hechos, pero que había mandado 
instruir un sumario. Y nada más volvió a saberse. 

Contra la libertad de la prensa. Medidas adoptadas a raíz dol de- 
rrumbe del gobierno de Giró. 

El gobierno revolucionario se estrenó en septiembre de 1853 
con un decr3to que dejaba sin efecto las medidas restrictiv^as 
contra la libe'tad de imprenta dictadas en las postrimerías de 
la administración Giró, cuando este ciudadano vivía bajo la tu- 
tela de los mismos que acabaron por echarlo abajo. 



(i')HIERN() DK l"L')UKS 255 



Antes do finalizar el niiíimo año volvía, sin embargo, a quedar 
colocada la prensa bajo el régimen de las medidas restrictivas. 

El general César Díaz, como delegado de Flores, suspendió la 
publicación de «La Es-trella Oriental», invocando que en una 
hoja inmoral y por lo tanto contraria al programa de orden y 
de respeto que se había trazado el Gobierno. Y como se anuncia- 
ra que por la misma imprenta se daría otro diario bajo el título 
de «El Sol Oriental», el delegado se dirigió a la Policía para que 
previniera a los editores que deberían «abstenerse de trabar la 
política del Gobierno con discusiones que ofendían la sana razón 
y la moral pública». 

Rej>;laiii(Mita«'i«')n iiionstiiiosa cjiíe contra la prensa propone el Go- 
bierno. 

A. raíz de la llegada a Montevideo de la división brasileña, en 
mayo de 1854, la prensa empezó a revelar tendencias que alar- 
piaron al Ministro Ama ral y entonces e! Presidente Flores resol- 
vió presentar a la Asamblea un proyecto de ley restrictivo de la 
libeitad de imprenta. He aquí los lineamientos de ese proyecto 
refrendado por el Ministro de Gobierno don Mateo Magariños 
Cervantes: 

Xo podría publicarse ningún diario sin que previamente se 
obtuviera «del Ministro de Gobierno la autorización competen- 
te». La autorización sólo sería acordada mediante fianza do dos 
mil pesos tratándose de nacionales y de cinco mil tratándose de 
extranjeros. Los editores deberían presentar al Ministro el pro- 
grama del diario. El Poder Ejecutivo estaría autorizado para 
suspender la publicación de todo diario «que proclamase ideas 
o principios subversivos del orden público, contrarios a la moral 
y a la religión, consultando previamente a una Comisión com- 
'puesta de tres miembros del Cuerpo Legislativo o de la Comi- 
sión Permanente en su receso» 

Grandes y legítimas protestas levantó este proyecto de ley. 

«Si el mal destino quiere que en mi tierra brote la suma del 
Poder público — escribía don :Manuel Herrera y Obes al Direc- 
tor de «El Comercio del Plata» — no dude que he de volver a 
ser el hombre del 43 y del 51. El proyecto del Gobierno es algo 
más que un error, es un atentado: sus tendencias no sólo s;m 
I>eligrosas, son insensatas». 

Flores se creyó obligado a dirigir una proclama al país, en la 



256 HISTORIA UEL URUGUAY 



que atribuía la polvareda a los cons^ervadores que habían preten- 
dido — decía — que en vez de nombrarse Presidente constitu- 
cional, continuara la s-ituación de hecho. Afirmaba que las me- 
didas contra la prensa eran espontáneas del Gobierno, rechazan- 
do así la versión generalizada de que habían sido impuestas por 
ia Legación Brasileña; y agregaba: 

«A la simple enunciación de una medida para preservar a la 
patria de las complicaciones internacionales que ocasiona el 
desenfreno de la prensa, por la que aún están palpitantes nues- 
tras desgracias, por la que visten luto innumerables familias, 
siendo ella la que nos envolvió en la sangrienta guerra que ha 
paralizado nuestro engrandecimiento, ha proclamado el clamo- 
roso grito de alarma media docena de malos ciudadanos aso- 
ciados a los manejadores de esa prensa, y como esa alarma pue- 
de sorprenderos el Gobierno quiere que al mismo tiempo llegue 
a vosotros el eco de su voz paternal y justiciera». 

La Asamblea sanciona la ley de imprenta con algunas enmiendas. 

En la Cámara de Diputados marchó el proyecto del Gobierno a 
tambor batiente. El mismo día de su presentación fué despacta- 
do favorablemente en cuarto intermedio por la Comisión de Le- 
gislación, con esta sola enmienda: que el Poder Ejecutivo ten- 
dría que asociarse a la Comisión parlamentaria para suspender 
la publicación de un diario. Y el mismo día también la Cámara 
sancionó el proyecto con la enmienda propuesta por la Comisión 
de Legislación. La sesión había durado desde las 8 de la noche 
hasta la 2 de la madrugada! 

Encontró, en cambio, serias resistencias en el Senado. La 
Comisión de Legislación produjo dos informes: el de la mino-, 
ría que aconsejaba lisa y llanamente el rechazo, invocando que 
la Asamblea carecía de facultades omnímodas, y el de la mayo- 
ría que lo depuraba mediante la supresión de la fianza y de ;as 
licencias. 

El Senado sancionó el proyecto sustitutivo de la Comisión en 
mayoría, y ese proyecto sustitutivo triunfó también en el seno 
de la misma Cámara de Diputados, promulgándose en consecuen- 
cia de ello la ley de 22 de mayo de 1854 que facultaba al Po- 
der Ejecutivo para «mandar recoger y prohibir por tiempo de- 
terminado la circulación» de cualquier escrito que tendiera «a 
alterar el orden público», «comprometer las buenas relaciores 



GOBIERNO DE FLORES 207 



con los Gobiernos amigos" o enrrometerse "en la vida privada 
de los ciudadanos". 

El Gobierno que tenía ya en la mano ese formidable instru- 
mento de presión, se creyó obligado a tranquilizar al país, pre- 
viniendo en una circular a la prensa, suscrita por el Ministro de 
Gobierno doctor Mateo Magariños Cervantes, que la censura de 
los actos gubernativos no se consideraría como un abuso de la 
libertad de imprenta y que tampoco quedaba prohibida ;a discu- 
sión razonada de la alianza con el Brasil y de los acontecimien- 
tos políticos de la Argentina, a condición de que se conservase 
"la dignidad y respetos debidos al Gobierno y a las personas". 



La Asamblea reacciona contra su obra. 

Corta duración tuvo esta ley monstruosa exigida por la Le- 
gación del Brasil. Dos meses después de haber estado en vigen- 
cia, don Francisco Hordeñana presentó un proyecto derogatorio 
en forma de adicional a la ley de imprenta dictada en 18 29 por 
la Asamblea Constituyente, y ese proiyecto respondía a un senti- 
miento tan premioso que en veinticuatro horas quedó sancionado 
por ambas Cámaras. 

He aquí lo que disiponía la nuBiva ley de julio de 185 4: 
"Toda publicación por la prensa deberá llevar el nombre y 
la firma de su autor y en caso de no ser conocido o no encon- 
trarse responderá el impresor... Queda prohibido a la prensa 
atacar, injuriar o denigrar con palabras o conceptos a los Go- 
biernos con quienes la República se conserva en paz y buena 
amistad ... Le es igualmente vedado tomar parte en la aprecia- 
ción de las cuestiones de política interna de cada uno do aque- 
llos países cuando ellos tengan perturbada la paz entre sus ha- 
bitantes'. 



Vuelve el Gobiei-no a las medidas re-strictivasv 

Al aproximarse los comicios generales de noviembre del mis- 
mo año, quedó de nuevo la prensa bajo la presión de las ame- 
nazas gubernativas. En nota de 31 de octubre decía el Ministro 
general don Enrique Martínez al Jefe de Policía: 

"El desborde de la prensa ha llegado a tal ecstremo, que -de- 
manda una seria consideración por parte de la autoridad . . . 

17. - IV 



258 HISTÜKIA DEL URUGUAY 



Haga comparecer a su despacho a todos los encargados de las 
imprentas de la Capital, significándoLes que el Gobierno está re- 
suelto a aplicarles con toda severidad las penas de la ley". 

En febrero de 1855 empezó la prensa a ocuparse de la acti- 
tud del Brasil y eso dio mérito para que el Presidente Flores 
llamara a su despacho a los periodistas y les previniera que es- 
taba resuelto a proceder con la mayor energía, dando mérito 
con ello a una crisis parcial del ministerio constituido en ese 
momento por don Francisco Hordeñana, el general Enrique 
Martínez y el coronel Lorenzo BatUe. El renunciante era don 
Francisco Hordeñana. 

Pero lo que no podía ir a la prensa responsable se desbor- 
daba en publicaciones anónimas a despecho de todas las medi- 
das inspiradas por la Legación del Brasil. Una mañana apareció 
en toda la ciudad una hoja suelta que el Ministro de Gobierno 
don Alejandro Ohucarro describía así en la Cámara de Dipu- 
tados: 

"Una verdadera concitación a la insurrección y la revuelta, 
desde que acriminando malignamente la conducta del Gobierno 
Imperial en lo que concierne a la República, acusando las ten- 
dencias de la alianza entre los dos Estados de una cubierta in- 
fidencia, despertando en las masas la desconfianza y los odios 
con recuerdos gloriosos, azuzando los belicosos sentimientos del 
pueblo, se le quiere precipitar en luchas y sucesos que si tu- 
vieran lugar pondrían en peligro nuestra nacionalidad o, por 
lo menos, serían el principio de las más íntimas desgracias para 
el país". 

La Policía practicó diversos arrestos que dieron base a don 
José María Muñoz para promover en la Cámara de Diputados 
una ruidosa interpelación al Ministro de Gobierno, en la que 
éste sostuvo que las medidas no habían sido solicitadas por la 
Legación del Brasil y anticipó que los presos serían sometidos 
a la acción de la justicia ordinaria. 



Se inicia un fuert*» nioviniiento de fusión entre los pai-ti(To«; ti^- 
(licionaies. 

• Hemos hecho referencia a un opúsculo publicado por don An- 
drés Lamas a raíz de su destitución del cargo de Ministro del 
Uruguay en Río de Juneiro. 



Ü»^BIBRNO DE FJ.ORES 259 



Ya el Brasil — decía Lamas en ese opúsculo — no quiere 
prestar más dinero al Uruguay y se apronta para el retiro de 
la división militar existente en Montevideo. Quedaremos libra- 
dos a nosotros mismos". Una parte del Partido Colorado apoya 
a Flores y la otra lo combate. Es notorio que Flores aspira 
a la reelección y que a tal propósito se oponen el Partido Blan- 
co y todo lo que el Partido Colorado tiene de más valimiemto. 
Para salvar al país es necesario que «cerremos el libro del pa- 
sado, porque ese libro no sirve sino para dividirnos». No es 
nueva esta idea. En 1851, antes de la paz, cuando ya se apro- 
ximaba la solución, yo escribía al canciller brasileño: «el Par- 
tido Blanco tiene de malo la cabeza; encierra mucha parte de 
lo más distinguido y de lo más ilustrado del país; la división de 
blancos y colorados imposibilita la pacificación y aun la crea- 
ción de una administración regular; es preciso aprovechar el 
descrédito y la nulidad actual de los caudillos para disolver 
esos partidos y organizar un gran partido de gobierno y admi- 
nistración». Mía es esa fórmula de la pacificación de octubre: 
ni vencidos ni vencedores. Para formar el nuevo partido es pre- 
ciso renunciar a las divisas personales y redactar un programa 
de ideas que paita ütl cumplimiento de la Constitución de la 
República y propenda al progreso del país en todo sentido. 

Ese opúsculo publicado en Río de Janeiro, llegó a Montevideo 
en agosto de 1855. El momento no podía ser más oportuno para 
una propaganda de concentración. Los conservadores acentua- 
ban su oposición y los blancos seguían combatiendo al gober- 
nante que los había obligado a abstenerse cuando ellos se juz- 
gaban con fuerzas para ganarle la batalla al pie de las urnas. 
En uno y otro campo, en el de los conservadores y en el de los 
blanctos, debía encontrar, pues, y encontró eco simpático la palabra 
del doctor Lamas. 

Don Bernardo P. Berro fué uno de los primeros en apoyar el 
movimiento de concentración mediante una serie de cartas que 
publicó en «El Comercio del Plata» y que más tarde fueron re- 
copiladas en un folleto con el título de «Ideas de fusión». 

Remontándose a los comienzos de la Guerra Grande, sostenía 
el señor Berro que la intervención anglo-francesa. que bien di- 
rigida hubiera podido solucionar la crisis, había contribuido a 
embravecer los ánimos, dividiendo al país en dos bandos anta- 
gónicos, resueltos a exterminarse a despecho de la igualdad de 
las razones con que cada uno apoyaba su causa. Ambos habían 



260 HISTORIA DEL ITBUGUAY 



recibido el patrocinio extranjero, europeo el uno, americano el 
otro. De ahí que cada partido reprochara a su antagonista el 
haber traído la ingerencia extraña a una cuestión doméstica y 
que ambos se acusaran de servir el interés extranjero y de trai- 
cionar la independencia. La paz de 1851 fijó dos bases a la con- 
ciliación: la igualdad de los partidos y el reconocimiento de la 
buena fe con que habían luchado. 

Ocupándose luego de la reorganización constitucional que 
subsiguió a la paz, recordaba Berro que los hombres más influ- 
yentes de ambos partidos habían hecho prácticas las ideas de 
fusión en los comicios y que muerto el general Garzón que era 
el candidato de todos, se buscó a un hombre que fuera bueno 
e inteligente pero sin condiciones para dominar, triunfando así 
don Juan Francisco Giró, que reunía efectivamente esas cuali- 
dades, de las que no se desprendió en el curso de su gobierno, 
pues jamás fué hombre de partido, jamás fué hombre de volun- 
tad dominadora, jamás fué hombre de atraso y brutalidad. Caílo 
Girp, el Partido Blanco continuó aclamando la unión y los colo- 
rados se dividieron agrupándose los unos en torno de Flores 
S «ons-tituyendo los otros, los de mayor valimiento intelectual, 
un partido de oposición. 

«Los orientales no están divididos por principios político.^;; 
estando solamente por los hechos, por la aplicación de aquéllos 
a algunos de éstos que ya sucedieron tiempo atrás. Respecto 
a las ideas especulativas, todos están conformes y se puede de- 
cir que todos pertenecen a la misma escueda. Justamente con 
dificultad se" encontrará un país civilizado y libre en que haya 
menos diferencias de opiniones tocantes a doctrinas y princi- 
pios, cosa que ciertamente tenía que suceder así, porque no ha- 
biendo sido practicado sino por breves espacios el sistema de 
gobierno adoptado, aún no ha habido tiempo de que se hayan 
formado opiniones diferentes sobre infinidad de cuestiones a 
que una larga práctica daría ocasión. La división ha estado en 
los hechos; 1^ división existe por el recuerdo de esos hechos». 

La unión que necesita el país — agregaba — no debe redu- 
cirse al respecto a las personas y derechos de nuestros contra- 
rios políticos; del>e propender a una «verdadera fusión» corrí 
primer paso a la «creación de partidos de ideas, compatibles 
con la paz y con el desarrollo regular de las instituciones li- 
bres». El olvido del pasado es lo más importante y esencial en 
la obra de la unión. «Hay un silencio santo; hay una mudez 



GOBIEENO DE FLOKES 261 



salvadora. ¿Por qué no nos hemos de callar y mirando sólo ade- 
lante?... ¿Por qué no hablamos solamente de nuestros deberes 
de hoy, de nuestros deberes de mañana, sin tocar a lo que hi- 
cimos y a lo que dejamos de hacer ayer?"... La desunión nos 
mata. Matemos la desunión, antes que la desunión nos mate 
a nosotros". 

\uevas y violentas medidais comti'a la preiLsa. 

Bajo la influencia de estas ideas varios jóvenes del Partido 
Colorado fundaron un diario, "La Libertad;", "órgano de la ge- 
neración que se levanta" rezaba su lema, con el concurso de 
los estudiantes de la Universidad y de los abogados recién egre- 
sados. 

Su primer número, condenaiorio de los caudillos y de los 
que habían levantado y seguían levantando a los caudillos 
hasta colocarlos en la presidencia de la República, concluía 
así: 

"Eí luto, la orfandad, el hambre lo debemos a los caudillos. 
Esos charcos de sangre, esos esqueletos humanos que se en- 
cuentran en nuestros campos, es obra de los caudillos. ¡Oh! de- 
cid ahora si no basta ya de caudillos, decid ahora si no os encon- 
tráis con ánimo suficiente para rechazarlos, para clamar por 
.hombres de inteligencia y de orden! El país está en la peor 
situación. Bajad la cerviz, hincaos y permitid que reine el 
caudillo, pero no abriguéis la menor esperanza de felicidad, 
contad segura la ruina de la patria, la ruina vuestra". 

Flores cerró y lacró la imprenta, y encerró en la fortaleza 
del Cerro a uno de sus redactores, don Antonio Tomé, sin con- 
teguir con ello su objeto, poiique el diario volvió a salir con 
la incorporación de un nuevo colaborador, don José María 
Muñoz. 

Juntamente con la orden de clausura el Presidente dictó un 
decreto refrendado por sus Ministros don Salvador Tort, don 
Francisco Agell y el general Enrique Martínez, en que sometía 
a la prensa a un régimen todavía más atentatorio que el que 
se había empleado en las crisis anteriores. 

"Queda prohibido — decía el decreto de 10 de ago-;o — 
la publicidad de periódico alguno sin obtener previamente del 
Ministerio de Gobierno La autorización comipetente . . . Para ob- 
tener dicha autorización los directores de los periódicos esta- 



262 IIISTÜIUA DEL UKUGL'Ay 



blecidos o que en lo sucesivo se establecieren prestarán una 
lianza de diez mil pesos, así como también someterán a la 
aprobación del mismo Ministerio el programa del periódico... 
El no cumplimiento de lo dispuesto en los artículos anteriores 
será penado con la suspensión de i^n año del periódico y mil 
pesos por la primera vez, y por dos años y dos mil pesos la 
segunda... El juicio de calificación se comete a los Jueces del 
Crimen, de lo Civil y de Hacienda, formando tribunal". 

El mismo día hacía constar don Nepomuceno Madero en la 
columna editorial de "El Comercio del Plata" cjue el redactor 
del diario don José María Cantilo había sido llamado por el 
Presidente Flores para expresarle el desagrado con que obser- 
vaba la propaganda de "El Comercio del Plata" y prevenirle que 
lo metería en un calabozo y cerraría la imprenta si continuaba 
escribiendo en la misma forma. 

El Gobierno se dirigió en el acto a la Comisión Perma- 
nente dando cuenta de la clausura de "La Libertad" y del de- 
creto restrictivo de la libertad de imprenta. Decía en su men- 
saje que aquel órgano de publicidad lanzaba ideas subversivas 
del orden público; que según las informaciones recibidas se 
trataba de convulsionar el país; que el estudiante Tomé era 
oficial del ejército y que tal había sido la razón determinante 
del arresto dictado contra él. 

El grupo de legisladores conservadores, encabezado por don 
José María Muñoz y don Pedro Bustamante, se dirigió a la 
Comisión Permanente pidiéndole que hiciera efectiva su misión 
constitucional ante el decreto restrictivo de la libertad de la 
prensa, ante la clausura de imprentas y ante las amenazas he- 
chas personalmente por el primer mandatario a los redactores 
de los diarios. Y lo misino hizo la Junta Económico-Adminis- 
trativa de la Capital ail protestar contra el atropello de que había 
sido víctima otra imprenta, la de "La Nación". 

La Comisión Permanente pasó el mensaje a estudio de dos 
de sus miembros, don Mateo Maga.-iños y don Eugenio Fernán- 
dez, los cuales adhirieron por completo a la actitud del Go- 
bierno. 

El Poder Ejecutivo — decían — ha hecho en este caso uso 
de la facultad que le concede la Constitución, la de tomar me- 
didas prontas de seguridad en los casos de ataque exterior o 
conmoción interior. Ha tratado de corregir desmanes de la 
prensa qu9 llevan a los espíritus "el convencimiento pernicioso 



GOBIERXO DE FLORES 263 



de que hay patriotismo en la resistencia a los mandatos de la 
-iutoridad". En cuanto al decreto, es lo cierto que establ3ce 
garantíais para la efectividad de las penas y para la realiza- 
ción del juicio, cometiendo el proceso a un tribunal compuesto 
por los jueces de primera instancia. '"Son conocidos de Vues- 
tra Honorabilidad y de todo el mundo los inconvenientes que 
ofrece la reunión del Jurado y la facilidad con que se elude la 
responsabiliidaid de los que injurian por la prensa". 

Cediendo a las mismas ideas la Comisión Permanente aprobó 
la clausura de imprentas y la reglamentación restrictiva: lo pri- 
mero, como podía hacerlo si era efectivamente 'cierto que se 
estaba tramando una revolución para derrocar a las autorida- 
des, según lo decía el Ministro de Gobierno; lo segundo, oon fla- 
grante violación de los principios constitucionales desde que 
el Presidente en vez de pedir una ley a la Asamblea se había 
erigido en legisilador y había redactado una verdadera ley de im- 
prenta. 

Estas medidas contra la prensa contribuyeron formidable- 
mente a acentuar el movimiento de fusión iniciado por don An- 
drés Lamas y don Bernardo P. Berro. Los ciudadanos se acer- 
can — escribía "El Comercio del Plata" — a impulsos de ideas 
de concordia y el pueblo se resiste contra los atentado? del Go- 
bierno sin salir del terreno legal. 

De la influencia de los partidos en lucha puede dar idea el 
hecho verdaderamente extraordinario de que el diario "La Li- 
bertad" clausurado por el Gobierno y sometido luego al decreto 
restrictivo de la libertad de imprenta, hizo caso omiso de una 
y otra cosa y siguió publicándose como si el régimen de la pren- 
sa no hubiera sufrido modificaciones! 

l*aj-a salvarse del desastre el Gobierno deroga su diecreto. 

Apenas diez días alcanzó a contar el decreto. El 20 de ugosto 
quedó sin efecto, por haber "terminado las causas", decía el 
Gobierno en su revocatoria. 

Juzgando ya serenado el ambiente, Flores promovió en su 
despacho una numerosa reunión de hombres de todos los par- 
tidos. Deseaba atraerse voluntades. Dijo en esa reunión que las 
medidas restrictivas habían respondido al propósito de mante- 
ner la paz, pero que en adelante "su programa sería el de la 
mcás amplia libertad basada en la unión de los orientales", por- 



264 HISTORIA DEL URUGUAY 



(!ue "el Gobierno — recalcó — tiene el convencimiento íntimo 
de que la paz y la confraternidad de los orientales es la supre- 
ma necesidad de la patria"; y concluyó haciendo alusión al 
brusco ca.mbio operado en la diplomacia brasileña, "al desvío 
(son palabras de la crónica periodística de la época) que de 
poco tiempo a esta parte se notaba en el agente imperial en. 
cuanto al apoyo que tenia derecho a esperar de él el Gobierno", 

Trataba, pues, el Presidente de buscar apoyo entre los hom- 
bres representativos de ambos partidos y muy especialmente de 
los blancos para resistir al Ministro Amaral, que tenía un ejér- 
cito de cuatro mil brasileños en Montevideo y que estaba acos- 
tumbrado a influir decisivamente en la marcha gubernativa. 

Pero los ciudadanos a quienes ahora buscaba querían a su 
turno sacar partido de las eternas insidias de la diplomacia bra- 
sileña, y contaban con el Ministro Amaral para voltear a Flo- 
res, como antes había contado el mismo Flores con el Ministro 
Paranhos para voltear a Giró. 

¡Exteriorizando las ideas de todos los que como él pensaban, 
colorados y blancos, dijo en la reunión de la Casa de Gobierno 
el doctor Francisco Solano de Antuña, procer del Partido 
Bianco: 

Procura el Gobierno al revocar el decreto contra la prensa 
encarrilarse en la senda de la Constitución, promover la unión 
de los orientales y suprimir toda influencia extraña. Puede 
aplaudirse el decreto revocatorio y el pensamiento de la unión, 
pero no así el rechazo de la intervención brasileña que emana 
de tratados o sea de verdaderas leyes. El comentario público 
atribuye la clausura de imprentas a la propaganda unionista 
que el folleto de don Andrés Lamas vino a despertar y a la 
propaganda contra la ree'Ieeción del Presidente Flores, y es del 
ataque a la prensa que ha resultado la actual desinteligencia 
entre el Gobierno y la Legación Brasileña. El rechazo de la in- 
tervención en estas circunstancias signiñcaría un acto de ven- 
ganza más que un esfuerzo a favor de la unión de los orienta- 
les. Los blancos, por otra parte, no pueden tener confianza en 
la acción d^ un gobierno que se arma y que persigue en toda la 
campaña a sus adversarios políticos. 

Con estas manifestaciones quedaba fracasado el objeto de la 
reunión y los invitados regresaron a su centro de propaganda 
para precipitar la caída del gobierno de Flores, ya decretada 
por el Partido Conservador. 



GOBIERNO DE FLORES 265 



La revolutión de agosto de 1855. 

La situación del Gobierno se había ido complicando así bajo 
la triple presión de los ataques del Partido Conservador, de los 
ataques del Partido Blanco y de la diplomacia brasileña o, me- 
joi- dicho, del ejército brasileño que guarnecía la plaza de Mon- 
tevideo. Y Flores resolvió contener su derrumbe mediante la 
convocatoria de la Guardia Nacional, el establecimiento de cua- 
tro comandancias militares en los departamentos de campaña 
y la requisa de armas de guerra existentes en manos de parti- 
culares. 

El domicilio de don José María Muñoz, jefe del Partido Con- 
servador, era uno de los que debían ser inspeccionados a los 
efectos de la requisa de armas, y la Policía recibió orden de 
proceder a su allanamiento y asimismo al arresto de aquel ciu- 
dadano en el caso de resultar cierta la denuncia. 

No había tal armamento, pero la noticia de la orden dada a 
la Policía atrajo al domicilio del jefe de los conservadores a nu- 
merosos ciudadanos, dís'puestcs a imipedir a todo trance que se 
practicara el registro. 

"Propiamente dicho, escribía "El Comercio del Plata", no se 
trataba de una revolución, sino de una resistencia a la dictadura, 
y para demostrar esta verdad baste decir que los que iniciaron 
este movimiento son la juventud ilustrada del país, los hijos 
de las familias más acomodadas y más altamente coilocadas. Allí 
no había proletarios, ni vagos: eran doctores, ciudadanos, estu- 
diantes. El pueblo entero los siguió y todo un pueblo no se eciui- 
voca". 

Procuró la Poilicía disolver ese vasto grupo, pero inútilmente. 
porque el número de ciudadanos crecía a cada instante. El Pre- 
sidente Flores, que se daba cuenta de la gravedad del momento, 
resolvió ir personalmente a gestionar la disolución. Salió de la 
Casa de Gobierno al frente de una fuerza armada, pero al apro- 
ximarse al domicilio del señor Muñoz dejó la fuerza y avanzó 
él solo para hablar con el jefe de los conservadores, como efec- 
tivamente lo hizo. A ninguna fórmula transaccional pudo arri- 
barse en esa entrevista y entonces el Ministro de Gobierno, don 
Salvador Tort, que acompañaba al Presidente, pidió al pueblo 
allí reunido que nombrara una Comisión delegada que expusie- 
ra sus deseos. 

La Comisión delegada, de la que formaban parte don. Manuel 



26tí HISTORIA DEL URUGUAY 



Herrera \' Obes, clon Pedro Bustamante, clon Lorenzo BatUe y don 
Jaime Estrázulas, concretó las aspiraciones populares en estas 
tres exigencias: que el periodista Tomé fuera puesto en liber- 
tad; que se otorgaran garantías a todos los ciudadanos; que ce- 
sara la movilización de la Guardia Nacional. 

El Presidente, s:n admitir la petición en cuanto calificaba de 
arbitrarias las medidas discutidas, contestó respecto del perio- 
dista, que estaba redactando el decreto derogatorio del arresto 
aplicado por su calidad de militar; respecto de garantías, que 
al día siguiente publicaría un mani.fie&to que ya tenía pronto, 
en que diría que la Constitxición sería siempre su norte y que 
sin el cumplimiento de sus cláusulas "no creía posible ninguno 
de los goces a que debemos aspirar como nación libre e indepen- 
diente"; y respecto a los preparativos bélic:s. que "ellos tenían 
por objeto defender la independencia de la República, si fuera 
necesario, y la dignidad nacional ajada por el Ministro Imperial", 
nd debiendo olvidarse que existían dentro del país "cuatro mil 
soldados extranjeros". 

Cuando la Comisión delegada daba cuenta de esas ■'Tjar»ft'Sl;í- 
ciones al pueblo estacionado en los alrededore-^ de la nr^sa del 
señor Muñoz, llegó el rumor de que el Presidente había ccmu- 
nicado al Ministro Amaral que de campaña ll9..;;i'. !a un contin- 
gente de tropas para sofocar la oposición. Y ante esa noticia re- 
solvieron todos los circunstantes ir a la Casa de Gobierno y 
'ícliar abajo a Flores. 

La columna ipopular se ,puso en marcha en seguida. Al frente 
de ella iban don José María Muñoz y el coronel Batlle. La guar- 
dia de la Casa de Gobierno se plegó al movimiento. El coronel 
Solsona, el comandante Vedia y ctros jefes y oficiales entraron 
al cuartel de artillería y obtuvieron que ese cuerpo se pronuncia- 
ra también a favor de la revolución. El coronel Francisco Tajás 
se plegó igualmente con la fuerza de caballería que comanda- 
ba. Y el coronel Palleja, que estaba al frente de un piquete de 
Policía en la Jefatura, se retiró a su casa, dejando la trepa a 
disposición del doctor Muñoz. 

Los dirigentes del Partido Blanco habían ya adherido al plan 
de los conservadores en una gran asamblea celebrada en la vís- 
pera de la revolución, de la que resultó el nombramiento de 
'in Comité encargado de dirigir tcdos los trabajos. Ese Comité, 
'jae estaba formado por don Luis de Herrera, don Francisco So- 
lano de Antuña, don Ambrosio V'elazco, don Pedro Fuentes y 



GOBIEBNO UE FLORES 267 



:'.on Enrique de Arrascaeta, publicó al tiempo de esta-llar el mo- 
virniento un manifiesto que decía: 

"Derrocado el Gobierno y levantada la bandera de la unión 
y la Constitución, esa- es desde boy la causa de todos los orien- 
tales. Unidos todos sin distinción, tomemics las armas por la li- 
bertad, jurando no deponerlas mientras que la Nación no sea 
legítimamente representada conforme la Comisión lo ba conve- 
nido con los iprimeros hombres del Partido Colorado. ¡Viva la 
Constitución! ¡Viva la Unión!" 

E:1 Presidente FJores, -que se había quedado absokita-mente 
solo, salió de la ciudad con rumbo a Las Piedras, en busca de 
los contingentes que venían de camipaña, y desde allí lanzó una 
proclama en que decía: 

"Un tumulto infame, encabezado pCT tres o cuatro traidores, 
ha tenido lugar en la capital de la República contra el Gobierno 
legal... Juventud incauta de la Capital, volved por vuestros pa- 
.sos, abandonando a esos demagogos ambiciosos y evitaréis gl 
Gobierno constitucional de vuestra patria el disgusto de tener 
que descargar sobre vosotros el castigo que deben esperar los 
revoltosos." 

Los levoliuionarios organizan un gobierno provisorio. 

Don José María Muñoz, jefe del movimiento, publicó un ma- 
niíiestO' en que decía que el orden público estaba amenazado por 
ia autoridad misma; que les extravíos de Flores eran otras tan- 
las causas para su destitución; que era imiposible, sin embargo, 
ijue esa destitución se decretase dentro de las formas legales, 
porque el mandatario contalba con la aiprobación de la misima 
Asamblea encargada de refrenarlo. "En nuestra actitud — agre- 
gaba — no hay ninguna tendencia anárquica, no hay la aspira- 
ción nacional de nadie. Esperemos, ciudadanos, que por los mis- 
mos resortes constitucionales se regularice cuanto antes la si- 
tuación actual". 

Hubo en seguida una numerosa reunión de la que resultó el 
nombramiento de un gobierno provisorio compuesto por don 
I.uis Lamas como gc/bernador y por el coronel Lorenzo BatUe. 
don Manuel Herrera y Obes y don Francisco Solano de Antuña 
('conservadores los primeros y blanco el último) como Minis- 
tros. 

Véase el manifiesto con que se estrenó el nuevo gobierno: 



268 UISTOKIA DEL TRUGUAY 



"El Gobiernio no re'conoce el modo de usar lícitamente de fa- 
cultades extraordinarias. Tampoco hay quien pueda dárselas: 
lio las quiere, ni las necesita... La ley natural y positiva auto- 
riza al hombre para defender su vida a costa de aquel que in- 
tenta quitársela; y este derecho lo tiene también el gobierno 
provisorio y usará de él en juicios breves y sumarios, sin faltar 
a ninguna de las formas... Estrecihémonos, orientales, dentro 
del círculo de la unión que hemos pactado. No quede esfuerzo 
que hacer para salvar esta vez el código sagrado que juntos to- 
dos hemos levantado de nuevo. Abjuremos las malas pasiones 
'lo los antiguos partidos, y no pensemos en más que en mostrar 
al único hombre que detesta la undón, que todos sus esfuerzos 
han de venir a estrelilarse contra el voto nacional." 

El Mjnistroi de la Guerra coroael Batlte dirigió también una 
circular a los jefes de campaña, en la que luego de darles cuenta 
d.:' la organización del nueivo gobierno, les decía: 

"Pero no es este (el nombramiento del gobierno provisorio) 
el heoho grande e im^portante; el principal y de mayor trascen- 
dencia eis la unión y fraternidad de toidos los orientales bajo 
la spla bandera de la patria, sin distinciones ni excepciones al- 
gunas, sin las antiguas divisas de partido... Todos los ciuda- 
danos, pues, sea cual haya sido su color político, están llamados 
a la causa común; todos deben considerarse reintegrados o con- 
Síervados en sus puestos, cesando inicuas y odiosas proscripcio- 
nes." 

Los partidarios de la nueva situación resolvieron además pro- 
mover la fcirmación de un gran partido nacional, en el que in- 
gresarían lois blancoá y los co'lorados, y dando comienzo al cum- 
plimiento de la idea dominante resolvieroai tirar las viejas di- 
visas de guerra y adaptar como simboltoi de unión "el color ce- 
leste de la bandera nacional". 

Prestigiando la primera de esas ideas, decían en un manifiesto 
don Fermín Ferreira, don Pedro Bustamante, don Manuel He- 
rrera y Obes, don Luis Lamas, don Francisco Hordeñana y don 
Enrique Muñoz entre los firmantes de filiación colorada, y don 
Leandro Gómez, don Luis de Herrera, don Cándido Joanicó, don 
Ambrosio Velazco, don José Brito del Pino, don Antonio de las 
Carreras y don Enrique de Arrascaeta entre los de filiación 
blanca: 

"Los ciudadanos que suscribimos, reunidos en asociación po- 
lítica con el desigTiio d'e formar un gran partido nacional que 



GOBIERNO DE FLORES 269 



rija los deslinos del país, sacándolo de la condición a que lo 
han reducido las disensiones civiles, hemos acordado.... Pro- 
mover y sostener la existencia de gobiernos regulares que arran- 
cando de la vo'luntad nacional legitimameate expresada por mt- 
dio de los comicios públicos, radiquen su existencia en la obser- 
vancia de la Constitución y el respeto a cada uno de los prin- 
ciitios que ella consigna... Aceptar leal y decididamente, como 
medio de arribar a este grande oibjeto, la aliauiza brasileña, dig- 
na y benéñcamente entendida. . . Trabajar en la extinción de 
ios odios y prevenciones que ha dejado la lu'dha entre lois dos 
grandes patrtidos en que estuvo dividida la República, predi- 
cando la unión entre todos los oirientales y dándoles a todos la 
parte que les corresponde en la reorganización del país. . . Acep- 
tar como... punto de partida... la actualidad creada por los 
a'ci'ntecimieintois a que ha dado lugar la marcha arbitraria y 
a*^^entatoria de la presídemela del general Flores." 

A don Andrés Lamas no le parecían suficienites esas terminan- 
r.f-s declaraciones, que sin embargo traduiclaii con toda valentía 
Sius propias ideas sobre el pasado y el porvenir de los partidos. 
Ustedes — escribía a principios de septiembre a los doctores 
Francisco Solano de Antuña, Manuel Herrera y Obes y José Ma- 
ríc. Muñoz — proyectan una coalición, una tregua, dejando en 
pi.:' a los blancois y a lo^s colorados. Pero lo que necesita el país 
es una verdadera fusión de esos blancos y colorados y la forma- 
ción de un nuevo partido. Los blancos y los colorados que "no 
representan más que pasiones e intereses personales egoístas, 
mezquinos, son insanablemente impotentes para el bien". 

li.a fusión enti-e los partidarios de Flores. 

'El movimiento de fusión promovido por el opúsculo de don 
Andrés Lamas y Los artículos de don Bernardo P. Berro había 
hecho, pues, notables progresos entre los dirigentes del Partido 
Conservador y del Partido Blanco. 

Los floristas habían tratado también de fundar un partido 
"Te conciliación bajo el titule de "Sociedad de la Paz", cuyos 
fiíiea! concretaba así ,el programa publicado veintitantos días 
antes de la revolución: 

"Propender por todos los medios a su alcance a la conserva- 
ción del orden público. Sostener las autoridades constituidas, 
robusteciendo la acción del gobierno emanado de la ley. Contri- 



270 HISTORIA DEL L'KVGUAY 



biiir a que se proceda con moderación en el ejercicio de los gran- 
des actos populares. Propagar dcictrinas de paz y de conciliación 
vor medio de la palabra y de la prensa en todo el territorio de 
ia República. Fomentar el espíritu de asociación y fraternidad 
lecíproca de los asociados." 

La publicación del programa de la Sociedad de la Paz coin- 
cidió con el arribo al puerto de Montevideo del general Manuel 
Oribe, procedente de España donde había vivido dos años. Oribe 
pidió y Oibtuvo autorización ,para desembarcar. Pero al llegar a 
la Capitanía recibió orden de regresar al barco en qiue había ve- 
i.ido. Una de las versiones más generalizadas rela'cionaba esa 
medida con exigencias del Ministro Brasileño A'maral y agregaba 
■lue era con el prepósito de evitar comentarios ardientes que el 
Gobierno había clausurado la imiprenta de "La Nación". 

Así que estalló el movimiento revolucionario y rotas ya las re- 
. laciones con el Ministro Amaral, Flores y Oribe resolvieron 
vnfrse sin embargo para combatir contra los conservadores y 
contra los blancos que intentaban adueñarse del gobierno. 

"Los generales Oribe y toda la población de la Unión — de- 
cía el Presidente Flores a don Francisco Vidal en carta data la 
\n el Paso del Molino el 3 de septiembre — se han ligado para 
ayudar a la aiitoridad legítima de la Nación." 

"El Presidente — escribía don Manuel Flores a don Santiago 
Sarza en carta datada' en Trinidad el 15 de septiembre — se 
halla rodeado no sólo de la mayoría del país, sino que el 2 de 
eL--te mes los generales don Ignacio y don Manuel Orib» se han 
nnido a él con todo el Partido Blanco para sostenerlo." 

i" lores renuncia y asuine el poder ejecutivo el Presidente del 
Senado. 

Fué de muy corta duración la lucha entre los revoluciona- 
rios que contaban con la fuerza de la Capital y el Presidente 
rií res que se encontralba a la vista de la ciudad con 600 a 700 
hombres de cabaillería. 

El movimiento revolucionario repercutió al prinicipio en los 
departamentos de campaña como un resultado de la presión ex- 
clusiva del Brasil contra Flores, tan activa era la colaboración, de 
la diplomacia imperial en los sucesos internos del país. Por efecto 
de ello algunos jefes desafectos al gobernante se apresuraron a 
rodearlo. Pero luego que se vio actuar a un grup.T numeroso de 



GOBIERXO DE FLORES 271 



ciudadanos de todos los partidos en torno de la nueva situación, 
CFOs jefes volvieron a sus hogares, sin ánimo para reanudar la 
guerra civil. 

Los coroneles Diego Lamas y Lucas Moreno que estaban emi- 
grados en Entre Ríos, se dirigieron desde los primeros días de 
septiembre al gobierno provisorio de don Luis Lamas ofrecién- 
dole sus servicios. "Fuera de la patria, le decían, pero con el 
corazón en ella, participamos de las ideas de los buenos ciudada- 
nos que olvidando los antiguos partidos no tienen otra enseña que 
el estandarte nacional y el sostenimiento de las instituciones". 

"Ansioso por la paz y la seguridad pública — decía el coro- 
nel Dionisio Coronel a los habitantes de Cerro Largo — me en- 
cuentro nuevamente entre vosotros, diSipuesto a ser vuestra ga- 
rantía para cualquier caso en que la luciha existente entre la Ca- 
pital y sus alrededores pueda querer envolver nuevamente a esta 
población en la funesta guerra civil. Nada de armas, nada de 
lucha sangrienta: la paz, la tranquilidad, la seguridad pública, 
las propiedades resipetadas bajo la custodia constitucional: estos 
sen los anhelos de la población y lo que la población anhela es 
mi deseo." 

No podía haber luOha, pues, y no la hubo. Las caballerías de 
Flores se aproximaron un día a la ciudad y las fuerzas de la 
Tjlaza salieron a su encuentro; pero los soldados de las guerri- 
llas se mezclarom en la zona intermedia sin que nadie disparara 
un tiro. 

Dos días después del movimiento revolucionario salió una de- 
legación del comercio para entrevistarse con Flores y traer a 
'a plaza una fórmula de conciliación. Contestó el Presidente que 
ul se tratalba de una guerra civil, sino de una verdadera guerra 
nacional, aludiendo sin duda a la parti :ipación principalísim? 
•lo la diplomacia brasileña en los sucesos del día. Pero la dele- 
gación del comercio siguió trabajando, y el Presidente persua- 
dido ya de que los contingentes que aguardaba de campaña no 
modificarían fundamentalmente su situación militar, resolvió en- 
tenderse con ella en la forma alta y desinteresada que imponían 
;0ír. intereses del país. 

Propuso, pues, a los intermediarios que se diera participación 
•■'.n las negociaciones al Presidente de la Comisión Permanente 
y que dicho funcionario reuniera a la Asamblea en una zona neu- 
tral, entre la plaza de Montevideo ocupada por los revolucio- 
narios, y la villa de la Unión ocupada por las fuerzas guberna- 



272 HISTORIA DEL URUGUAY 



tivas, con la promesa de que una vez reunida la Asamblea ele- 
varía renuncia de su mandato ipresiiden'cial. Era entendido que 
las fuerzas armadas de Montevideo se pondrían a órdenes del ge- 
meral Anacleto Medina, y que se gestionaría la garantía mor^l 
ve los agentes diplomáticos de Francia, Inglaterra y España a 
f;ivor del cumplimiento del pacto. 

Mientras se llenaban los trámites de la convocatoria de la 
Asamblea, el Presidente Flores dirigió una proclama a las tro- 
])aR bra'sileñas que guarnecían a Montevideo y otra proclama al 
pueblo. 

En la primera, hablaba de desinteligencias con la Legación 
imperial; decía que esas desinteligencias no podían debilitar la 
estimación que le merecían los soldados brasileños; agregaba 
que había dado cuenta a la cancillería de Río de Janeiro de la 
conducta del Ministro Amaral, y concluía anunciando el ces-3 
inmediato de la intervención armada. 

En la segunda, se dirigía a los hombres de todos los parti- 
dos en estos términos patrióticos: 

"Una desinteligenoia transitoria trajo al país la situación 
bélica en que nos hallamos colocados orientales contra orien- 
tales, unos a sostener legalmente la dignidad del gO'bierno que 
represento, y otros a defender ese principio de soberanía que 
nuestras instituciones reconocen en el pueblo y que se cre- 
yeron agredidos a mérito de algunos de mis actos que no 
tuvieron otra tendencia que mantener en equilibrio las pasiones 
que se desbordaban en la anarquía... Orientales: mis votos y 
mis trabajos en la vida privada en que muy pronto me veré colo- 
cado, no tendrán otro fia que el de que deeaparezcan entre 
vosotros los distintivos e inconvenientes preocupaciones de par- 
tidos para componer una sola familia, una sola masa, que tam- 
bién como la paz constituirá el engrandecimiento de la Re- 
pública". 

La Asamblea General, que no liabía sido disuelta por el 
movimiento revolucionario, se reunió a principio® de septiembre 
y ante el'la presento Flores su anunciada renuncia. 

"Quiera la Divina Providencia — decía en su nota — que 
este paso a que me resigno con gusto en obsequio al bienestar 
y felicidad de mi patria, para evitarle que corra sangre de 
hermanios, sea acogido saludablemente por todos: de no, la 
responsabilidad recaerá sobre quien tenga la culpa". 

Fué aceptada esa renuncia y declarado el dimitente "bene- 



GOBIERNO DE FLORES 273 



mérito de la patria", de acuerdo con el dictamen de la Comi- 
sión especial que aconsejaba "un voto de gracias al digno y 
patriota general por la noble abnegación sin ejemplo con que 
en homenaje a la paz de' la República y progreso nacional" sacri- 
ficaba el alto honor con que sus compatriotas lo habían hon- 
rado. 



El Presidente del Senado asume el poder ejecutivo. 

Al día siguiente se hizo cargo del gobierno el Presidente de 
la Cámara de Senadores don Manuel Basilio Bustamante: 

"Cuento con el concurso de todos los buenos, con el pa- 
triotismo de todos los orientales... — decía en su proclama 
— . El respeto a la Constitución y a la ley, la más completa 
imparcialidad, con toda prescindencia de afecciones o partidos 
políticos y el mejor deseo de mantener el orden, la unión y la 
paz en toda la República, son y serán mis invariables princi- 
pios y nada podrá apartarme de ellos". 

Don Manuel Basilio Bustamante estaba vinculado estrecha- 
mente al florismo y por esa circunstancia se había resistido a 
raíz del movimiento de agosto a ocupar el sillón presidencial 
que le ofrecían los mismos reyolucionarios empujados quizá 
"por las sugestiones del Ministro Amaral", de que hablaba 
Flores en su mensaje a la Comisión Permanente. 

Las primeras horas de su actuación fueron de grande incer- 
tidumbre. Pero el nombramiento de don Juan Miguel Martínez 
como Ministro general "cortó la crisis premiosa de aquellos 
momentos gravísimos", decía "\E1 Comercio del Plata", decre- 
tándose en el acto la disolución de la Guardia Nacional y el re- 
greso a sus departamentos de las fuerzas que se habían aglo- 
merado sobre Montevideo. 

Algunas semanas más tarde el ex Presidente regresaba de 
campaña y se instalaba tranquilamente en su casa de Montevideo. 

Polemizando con " El Nacional ", órgano de Flores, decía " El 
Comercio del Plata": 

La revolución ha restablecido las garantías individuales; ha 
restaurado la libertad de imprenta; ha traído al gobierno 
hombres honrados; ha promovido un movimiento cívico de 
concordia; ha suprimido la dictadura en que vivía el país. 

Sólo una de esas conquistas era verdaderamente saneada e 
indiscutible: la del formidable movimiento cítvico que agru- 

18 - IV. 



274 HISTORIA DEL URUGUAT 



í;aba a los hombres bien intencionados de los partidos tradi- 
cionales en torno de la misma bandera, la bandera de la pa- 
tria, y de un misimo programa, e! programa de la reconstruc- 
ción Institucional y económica del país. 

Nuevos esfuerzos a favor de la completa extinción de los par- 
tidos tradicionales. — JLa unión liberal. 

De las reuniones realizadas al tiempo de la caída de Flores 
resultó el nombramiento de una Comisión compuesta de don 
Tose María Muñoz, don Bernardo P. Berro y don Jaime Estrá- 
zulas para la redacción del programa del nuevo partido que 
habría de fundarse bajo el nombre de Unión Liberal. 

"La Sociedad — decía el programa propuesto por la Comi- 
sión — tiene por objeto robustecer la independencia de la Repú- 
blica, dando a su nacionalidad la fuerza de que carece para el 
mantenimiento de la paz externa r- interna, la observancia re- 
ligiosa de la Constitución del Estado, el desarrollo de la ri- 
queza pública y la mejora moral del pueblo... Reunirá en el 
supremo interés de la patria a todos los orientales, trabajando 
en la extinción de los odios y prevenciones de partidos y re- 
nunciando por consiguiente no sólo a toda recriminación sobre 
el pasado que feneció en 1851, sino aún al derecho de defen- 
derse por la prensa sobre actos públicos de aquel pasado". 

He aquí otras ideas del programa: 

'Tolerancia ;politicá. Sostenimiento de los gobiernos regula- 
res. "Hacer del principio de la autoridad en la ley y dentro de 
la ley un punto cardinal de las (reencias políticas"; "desco- 
nocer la posibilidad legal de las facultades extraordinarias de 
los Poderes públicos"; proclamar para las elecciones populares 
la más amplia libertad; exigir la moralidad administrativa; 
propender al desarrollo del régimen municipal; emplear como 
medios para consoo-iiii- ]r,< fiiip-< He la Sociedad la libertad de 
la prensa y la d^cusión en la tribuna; promover el adelanto 
de la educación; dedicar una atención especial a las cuestiones 
económicas y propender en todo sentido a la mejora material 
del país; atraer al inmigrante extranjero. 

Este programa fué sancionado ae inmediato y suscrito por 
numerosas personas de significación como don Luis Lamas. 
(Ion Manuel Herrera y Obes, don Adolfo Rodríguez, don José 
María Muñoz, don Francisco Tajes, don Lorenzo Batlle, don 



gohikr.no ue fi.okes 275 



Pedro Bustamante entre los colorados, y don Francisco Solano 
'e Antuña, don Bernardo P. Berro, don José Brito del Pino, 
don Jaime Estrázu'las, don Luis de Herrera y don Atanasio 
Aguirre entre los blancos. 

Pocos días después se procedía a la instalación del partido 
en la Cancha de Pelota de Casenave en la calle Rincón, con 
asistencia de más de 500 ciudadanos. 

Don Luis Lamas, que presidía la asamblea, dijo al abrir el 
acto: 

"Vamos a colocar la piedra ív.ndamental del edificio de 
Luestra reorganización". 

Para componer el Directorio fueron elegidos los señores 
Luis Lamas, Cándido Joanicó, Atanasio Aguirre, José María 
Muñoz, Manuel Herrera y Obes, Jaime Estrázulas, Bernardo P. 
Berro, Francisco Solano de Antuña, Francisco Hordeñana, Am- 
brosio Velazco, Luis de Herrera, Manuel Errasquin, Lorenzo 
Batlle y Fermín Ferreira. 

Pero entre la primera y la segunda reunión se había enfriado 
tanto el entusiasmo, que hubo que citar por segunda vez al 
Directorio, con recomendación a sus miembros de que de- 
clararan si aceptaban o rechazaban el nombramiento. Don José 
María Muñoz, qiue había figurado entre los inasistentes a la pri- 
mera citación, planteó en la siguiente una cuestión previa. Es no- 
torio, dijo, que en varios departamentos se agita la idea de cele- 
brar nuevos comicios, y como diputado yo me opondré a toda re- 
solución en ese sentido que aparte de otros inconvenientes en- 
cendería la guerra civil en la República. Quería, pues, una deci- 
sión tranquilizadora. Hay que advertir que el vecindario de la 
Colonia acababa de dirigirse al Poder Ejecutivo sosteniendo que 
los comicios realizados bajo el gobierno de Flores debían ser anu- 
lados por falta de libertad y que era necesario, en consecuencia, 
que se. convocara al país a nuevas elecciones. 

De acuerdo con el señor Muñoz resolvió el Directorio que la 
Unión Liberal se abstendría de toda resolución sobre el parti- 
cular. 

Ya los sucesos empujaban de nuevo a los movimientos revo- 
lucionarios y el Partido Conservador, que se aprestaba para echar 
abajo al gobierno de don Manuel Basilio Bustamante por efecto 
de sus vinculaciones con el florismo, dejó que la Unión Liberal 
rodara al vacío. 



276 HIíiTOlUA DEL URUÜUAY 



Los generales Flores y Oribe forman ^ su turno una liga. 

Los generales Flores y Oribe, que ya habían estado de acuerdo 
al tiempo de la revolución de agosto, volvieron a ponerse al ha- 
bla frente a ese movimiento de concordia entre los hombres de 
principios de ambos partidos tradicionales, con el propósito de 
influir en la elección presidencial de 18 5 6. Era un acuerdo fá- 
cil el que buscaban y rápidamente encontraron la fórmula de 
conciliación. 

El general Flores reunió a principios de noviembre en su casa 
a un grupo de legisladores para anticiparles que se habla puesto 
de acuerdo con el general Oribe bajo el compromiso de sostener 
al candidato presidencial que fuera votado per la Asamiblea, y 
horas más tarde circulaba en toda la ciudad un manifiesto, da- 
tado en la villa de la Unión, con la firma de ambos generales, en 
que se establecía la fórmula del compromiso. 

"La desgraciada isituación en que se halla la República — de- 
cía el manifiesto — proviene de la discordia que incesantemen- 
te la ha conmovido desde los primeros días de nuestra existencia 
política. La desunión ha sido y es la causa permanente de nues- 
tros males y es preciso que ella cese antes de que nuevas . )n- 
vulsiones completen la ruina del Estado extinguiéndose nuestra 
valiente nacionalidad. Mientras existan en el país los partidas 
que la dividen, el fuego de .la discordia se conservará oculto en 
su seno pronto a inflamarse con el menor soplo que lo agite 
En esa inteligencia y persuadidos de que una de las causas que 
más contribuyen a agravar la situación del país procede de la3 
miras encontradas de esos dos partidos en los momentos en que 
convendría uniformar la opinión pública acerca de la persona 
llamada a presidir los destinos de la Nación desde el 1." de mar- 
zo del 5 6... invitan a todos sus conciudadanos a unirse en el 
supremo interés de la patria para formar un solo partido de la 
familia oriental, adhiriéndose al siguiente programa: 

"Trabajar por la -extinción de los odios que han dejado nues- 
tras pasadas disensiones... Observar con fidelidad la Consti- 
tución... Obedecer y respetar al gobierno que la Nación eligie- 
se... Sostener la independencia e integridad de la República,.. 
Trabajar por el fomento de la educación del pueblo... Sostener 
por medio de la prensa la causa de las luces y de los principios, 
discutiendo las materias de interés general y propender a la 
marcha progresiva del espíritu público para radicar en el pue- 



OOIMERXO DE FLORES 277 



blo la adhesión al orden y a las instituciones, a fin de extirpar 
por este medio el germen de la anarquía y del caudillaje". 

Este programa fué en el acto suscrito por los partidarios de 
uno y otro caudillo. 

Vut'lve a aiii-aviirst' Ja situa<i«>n ixrtítica del país. 

Los revolucionarios de agosto, para quienes el interinato de 
don Manuel Basilio Bustamante era la continuación de la in- 
fluencia del ex Presidente Flores, seguían entretanto sus pre- 
parativos para dar un segundo golpe de mano. 

Reflejando la impresión general, decía uno de los diarios a 
principios de noviembre, que era muiy vacilante la autoridad del 
Presidente del Senado en ejercicio del poder ejecutivo y por lo 
tanto muy delicada la situación política. 

Dos semanas antes de que aparec'era ese comentario, un exal- 
tado había disparado dos tiros a través de las ventanas de la 
casa habitación del Presidente en ejercicio, y una comisión de 
cuatro diputados habíi ido a pedir a dicho magistrado que convo- 
cara extraordinariamente a la Asamblea a efecto de que le desig- 
nara sucesor para el caso de renuncia o muerte. 

Los atentados estaban a la orden del día. En el curso del 
mismo mes de noviembre se retiraba el general Oribe de la casa 
del Presidente, cuando le llegó la denuncia de una conspiración 
para secuestrarlo o matarlo. Oribe se dirigió entonces a caballo 
a la Unión por caminos semi ignoTados, dejando que el carrua- 
je en que había venido a la ciudad regresara por el camino que 
él seguía habitualmente. El carruaje fué asaltado por un grupo 
de hombres armados y Oribe escapó al atentado. 

Ya las pasiones hervían y el país estaba abocado a una nueva 
y gravísima crisis revolucionaria. 

Eran de tal manera notorios los detalles de la conjuración, 
que el jefe del batallón de artillería ligera comandante Julio 
de Vedia y sus oficiales se vieron obligados a publicar un mani- 
fiesto, "con el objeto — decían — de hacer cesar la alarma 
causada en la población y en el comercio por los rumores y 
voces de revolución ... en que se hacía desempeñar el principal 
papel al escuadrón de artillería ligera". Luego de desmentir el 
rumor se declaraban dispuestos a ayudar a la autoridad existen- 
te y a la que le sucediera el 1." de marzo "siempre que ella — 
agregaban — emane de la libre voluntad del pueblo emitida por 



278 HI3T0UIA DEL URUGUAY 



SU órgano natural y con arreglo a lo que la Constitución del Es- 
tado tiene dispuesto para este caso". 

Ese documento lejos de tranquilizar revelaba el propósito cla- 
ro y manifiesto de favorecer el movimiento revolucionario que 
en esos momentos se incubaba contra el Presidente interino y 
contra sus dos tutores, los generales Flores y Oribe, que eran 
realmente quienes daban impulso a los trabajos ' políticos para 
la elección presidencial de 1856. 



Lia revolución de noviembi'e. 

La revolución estalló a fines del mes de noviembre. 

ÍDon José María Muñoz, don Eduardo Beltrán y don Fernando 
Torres al trente de un centenar de hombres se apoderaron ás> 
la Casa de Gobierno, del Fuerte de San José y del Cuartel de 
Artillería, contando naturalmente con el auxilio de las fuerzas 
minutares que los custodiaban. 

El Presidente del Senado se instaló en la Jefatura de Policía 
con 50 hombres de caballería, única fuerza de que pudo echar 
mano en les primeros momentos, y nombró Comandante Gene- 
ral de Armas al general Flores, q^uien de inmediato se ocupó de 
la organización de las fuerzas con el concurso del general Oribe. 

Cada uno de los dos contendientes estableció cantones en tor- 
no de los edificios que ocupaba y el tiroteo se hizo sentir de 
inmediato. Uno de los cantones gubernativos estaba situado en 
la torre de la Matriz y desde allí dominaba completamente la 
Casa de Gobierno (lue estalla situada en la actual Plaza Zabala. 



Los (Uplomáticoís t'.vtran.jei-os so dirigen a su¡s connacionales 
pidiéndoles que no intervengan en la luclui. 



Los Encargados de Negocios de Francia e Inglaterra señores 
Maillefer y Thornton y el Cónsul sardo señor Capurro se apre- 
suraron a dirigir una exhortación a sus connacionales encami- 
nada a aislarlos de^ la contienda. 

"Siniestras provocaciones, — les decían — gritos de odio y 
de mueras os llaman a las armas. A las armas ¿y contra quién? 
Contra ciudadanos de la República Oriental, contra vuestros 



GOUIKU.NO 1>K l"I,OKES 279 



hermanos de Francia, (le Inglaterra y de Italia tal vez. No: no 
las tomaréis esas armas fratricidas; quedaréis en vuestros ho- 
gares para protegerlos; si es necesario predicaréis con el ejem- 
plo el respeto a las leyes, la concordia y la humanidad. Dejad 
pasar esa tempestad, ella durará tanto menos cuanto qu? los 
combatientes indígenas reducidos a sus propios recursos podrán 
menos contar con el concurso de los extranjeros. Después de 
haber hecho vanos esfuerzos para conseguir la conservación de 
la paz piiblica, hemos al menos conseguido el poner la Aduana, 
ese tesoro común de los particulares y del Estado, bajo la cus- 
todia de una fuerza que han suministrado las fuerzas navales 
extranjeras en este puerto. Este es otro ejemplo de buena armo- 
nía dado a los desgraciados orientales". 

Gracias a esa exhortación los eont endientes abren un parénte.sis 
diirantí' e! tiroteo para que los extranjeros festejeai la caída 
de Sebastopol. 

Al tiempo de estallar ese movimiento revolucionario se ulti- 
maban los preparativos de un tedeum en la Iglesia de la Ma- 
triz y un gran banquete de 1,500 cubiertos en la barraca de Es- 
teves con que los residentes franceses, ingleses e italianos feste- 
jaban el triunfo de las naciones aliadas contra los rusos en Se- 
bastopol. 

El tedeum y el banquete debían tener lugar el 2 6. Todo es- 
taba pronto para la celebración de esos actos, pero los invita- 
dos no se arriesgaban a cruzar las calles en medio del tiroteo 
de los cantones. 

La Comisión organizadora de los festejos se dirigió entonces 
a los contendientes en demanda de una breve suspensión de 
hostilidades y obtuvo pleno éxito en sus gestiones, quedando 
transformada de inmediato la ciudad de campo de batalla en 
campo de jolgorios y de expansiones patrióticas. 

Al tedeum concurrió muchísima gente y con ella y la que ha- 
bía en la Plaza Constitución se formó luego una gran columna 
encabezada por los agentes diplomáticos y consulares de Fran- 
cia, Inglaterra e Italia, que recorrió las calles en medio de los 
vivas y aclamaciones de las fuerzas en lucha que en ese mo- 
mento abandonaban sus fusiles. 

Llegada la concurrencia a la barraca Esteves, fué nombrado 



280 HISTORIA DEL URUGUAY 



presidente del banquete Amadeo Bomipland, el ilustre compa- 
ñero de Humboldt, que acababa de llegar a Montevideo. 

Bompland brindó "por el restablecimiento de la paz, de la 
agricultura y del comercio de la República Oriental". 

"Hoy es un día de luto para la República Oriental — expresó 
luego el doctor Leonard — ; la guerra civil ensangrienta las 
calles. Nuestro banquete ba dado lugar a una tregua... Que 
esta tregua se convierta en una paz sólida y duradera". 

"A la pacificación de la República Oriental — dijo alzando 
su copa don Adolfo Vaillant — al olvido de todas las discordias 
que suspenden el progreso, traban el comercio y coartan la pros- 
peridad de este magnífico país". 

Concluido el banquete salieron los comensales llevando gajos 
de laureles en las manos, y de nuevo la columna recorrió las 
calles en medio del estruendo de los cohetes y a la vez de los 
preparativos de los cantones para reanudar el combate, que en 
efecto reanudaron así que llegó el anuncio de la terminación de 
los festejos. 

LfOs i-evolucionarios se embarcan para Buenos Aires. 

"Pero la lucha no podía prolongarse. El número de los revo- 
lucionarios no aumentaba, en tanto que crecía de hora en hora 
el de los sostenedores del Gobierno. 

Varias fórmulas de conciliación propusieron sin éxito don Flo- 
rentino Castellanos y don Tomás VilLalba que actuaban como 
intermediarios del Gobierno. Los revolucionarios empezaron por 
pedir y obtener que don Juan Miguel Martínez fuera nombrado 
Ministro general, cargo que ya había desempeñado meses antes. 
Pero luego surgieron dificultades imposibles de allanar. El jefe 
del movimiento don José María Muñoz, pidió entonces al minis- 
terio que el jefe del cuerpo de artillería, sargento mayor Ve- 
dia, quedara en su puesto, asegurándole que sería "un apoyo 
del Gobierno protector de las garantías de todos los ciudada- 
nos", o que por lo menos fuera reemplazado por el capitán Al- 
decoa. 

Ambas proposiciones significaban colocar el gobierno bajo la 
tutela de los revolucionarios, y Bustamante, lejos de aceptarlas, 
contestó con un decreto en que prevenía que los que depusieran 
de inmediato las armas entrarían "al goce de las garantías in- 
dividuales que todos los ciudadanos tienen por la Constitución 



GOBIERNO DE FLORES 



281 



y por las leyes", y que los que las mantuvieran serían tratados 
con toda severidad. 

Ante ese ultimátum los revolucionarios, que estaban venci- 
dos, se dirigieron al muelle y se embarcaron en número de dos- 
cientos y tantos entre civiles y militares, sin que nadie los mo- 
lestara. 

La lucha se había prolongado desde el 2.5 hasta el 2 9 de 
noviembre. Cinco días de fuego durante los cua'.es hubo 2 
hombres muertos y 30 heridos, según las relaciones del ecóno- 
mo del Hospital de Caridad y de uno de los médicos que se ocu- 
paban de la recogida de los caíd:s. 

El Gobierno pasó en el acto a la Comisión Permanente un 
mensaje en que daba cuenta de las medidas adoptadas y denun- 
ciaba como jefes del movimiento y responsables de todo lo ocu- 
rrido, a los diputados don José María Muñoz, don Eduardo Bel- 
trán y don Fernando Torres. 

Don Fernando Torres se apresuró también a dirigir a la 
Comisión Permanente un extenso documento en que descri- 
bía los sucesos en la forma que extractamos a continuación: 

Desde mediados de noviembre corrían rumores alarmantes, 
y yo vi al Presidente para aconsejarle un cambio ministerial y 
la organización de un batallón de guardias nacionales, con jefes 
y oficiales que nombraría el Gobierno mismo para evitar los in- 
cidentes partidistas ya ocurridos. Otros ciudadanos se aproxi- 
maron al Presidente para darle análogos consejos. La atmós- 
fera se fué caldeando. El 24 se supo que en el Cabildo había un 
centenar de soldados de caballería. Fué una noticia que alar- 
mó mucho. En casa de don José María Muñoz se congregaron 
40 ciudadanos y habiéndose interrogado sin resultado satisfac- 
torio acerca del objeto de ese armamento, pasaron el doctor 
Muñoz y sus amigos al cuartel de artillería cuyo jefe estaba 
también muy alarmado. En nuevas entrevistas se hizo saber al 
President3 que su conducta daba lugar a que algunos creyeran 
en la existencia de vínculos de solidaridad con don Manael Ori- 
be, creencia robustecida por la filiación política de varios de 
los oficiales reunidos en el Cabildo. Antes de la ruptura de las 
hostilidades, reanudáronse las conferencias sobre la base de un 
cambio ministerial, siendo nombrado entonces Ministro general 
don Juan Miguel Martínez, que satisfacía a los revoliícionarios. 
al mismo tiempo que era atacado uno de los cantones de la rt- 



282 HISTORIA DEL URUGUAY 



volución y que don Manuel Oribe entraba al Cabildo con man- 
do de fuerzas, fracasando con ello las negociaciones y quedando 
rotas las hostilidades. 

Después del triunfo. 

Fué de tolerancia para los vencidos la semana que subsiguió 
a la terminación de la lucha. 

En vez de destituir a los empleados civiles y militares que 
habían hecho causa común con los revolucionarios, se limitó el 
Gobierno a disponer que todos los que se encontraran en ese 
caso se presentaran a sus jefes inmediatos, bajo apercibimiento 
de ser declarados cesantes. 

Pero en seguida volvió a agitarse el ambiente ante el anun- 
cio de un ataque por sorpresa que darían los mismos revolucio- 
narios que habían emigrado a Buenos Aires, y el Gobierno con- 
firió de nuevo la Comandancia General de Armas al general 
Flores y tiró un decreto por el cual prescribía que los com- 
plicados en el movimiento revolucionario sólo podrían regresar 
ai país con permiso especial de ¡a Policía. 

La diplomacia brasileña durante las revoluciones que acabamos 
de historiar. 

¡Hay que hacer justicia a la diplomacia brasileña! Sabía po- 
ner en movimiento a los elementos nacionales, a fin de que par- 
tiera de ellos la iniciativa para que el Brasil pudiera dar el zar- 
pazo más cómodamente y sin aparecer como el principal pro- 
motor de nuestras revoluciones. 

Cuando Flores dictó su decreto restrictivo de la libertad de 
imprenta en agosto de 1855, don Manuel Herrera y Obes diri- 
gió al doctor Amaral, por insinuaciones de éste sin duda alguna, 
una carta en que recababa su intervención a favor del pueblo. 

El Presidente Flores — le decía — viola con ese decreto la 
Constitución. El país que ha luchado por sus instituciones du 
rante doce años, se halla otra vez expuesto a la guerra civil 
En nombre de todos los intereses amenazados y como signata- 
rio de los pactos con el Brasil, vengo a solicitar el cumplimien- 
to de los tratados de alianza de 1851... "^En esa lucha entre 
el pueblo y la autoridad rebelde al mandato que de aquél reci- 



GOIÍIEKNO DE FLOBES 2>53 



bió y de los deberes que con él aceptó, el Gobierno de S. M. Im- 
perial ha pactado su asistencia y el todo de su apoyo al pueblo 
despojado de sus derecihos y amagado en sus .más caras libertades. 
El se ha constituido garante de esa libertad y derechos, hacien- 
do de su respeto una condición inseparable del cumplimiento 
de los deberes que contrajo en favor de la autoridad legitima- 
mente constituida". 

No siempre, sin embargo, era posible al diplomático imperial 
permanecer en la penumbra. A veces quedaban en claro sus 
manejos y entonces estallaba la protesta. A fines de agosto, por 
ejemplo, cuando se buscaban fórmulas de conciliación que al 
fin no se encontraron por culpa de la misma diplomacia brasi- 
leña, uno de los delegados populares, don Jacobo A. Várela, pa- 
dre de José Pedro Várela, dijo al Presidente Flores que el Mi- 
nistro Amaral se había presentado al pueblo reunido en los al- 
rededores del domicilio de don José María Muñoz, para ofrecer 
sus servicios, pero que todos habían contestado que no podían 
aceptarlos por emanar de un Ministro extranjero. 

Tanto se preocupaba la diplomacia imperial de agrandar su 
tutoría, que al escribir el Relatorio de 185.5 no vaciló el canci- 
ller brasileño en estampar este estupendo párrafo relativo al 
decreto restrictivo de la libertad de imprenta: 

"Las buenas relaciones tan largo tiempo sostenidas entre la 
Legación Imperial y el Gobierno de la República fueron, a con- 
secuencia de aquellas medidas, alteradas repentinamente. El 
Ministro del Brasil no podia dar su asentimiento a una medida 
excepcional que el orden público fuertemente defendido por la 
intervención brasileña no reclamaba. El tenía el derecho de ser 
oído previamente y de ser atendido respecto de medidas de se- 
mejante naturaleza". 

Una vez en posesión de la carta en que don Manuel Herrera 
y Obes recababa su intervención, el doctor Amaral dirigió una 
nota a Flores en que decía que el decreto limitativo de la li- 
bertad de imprenta era contrario a la Constitución de la Repú- 
blica y debia por lo tanto ser derogado. 

En su respuesta a esa es'pecie de conminatoria, establecía Flo- 
res que el decreto era la consecuencia de los desbordes de la 
prensa, agravados por la llegada de don Manuel Oribe al puerto 
de Montevideo y por trabajos hostiles a la tranquilidad pública. 
Agregaba que la actitud de Amaral estaba dando lugar a que 



284 HISTORIA DEL UBUGUAT 



se dijera que el ejército imperial era favorable a los planes de 
la oposición. Y concluía pidiendo al Ministro una manifestación 
pronta, franca y leal, encaminada "a calmar las inquietudes que 
£>üibrecogen al pueblo, aunque en manera alguna pueden afectar 
el ánimo del Gobierno". 

Como nada contestara Amaral, reiteró Flores su nota cuatro 
días después en estos términos: 

El decreto restrictivo de la libertad de imprenta no ha produ- 
cido -"el efecto saludable que se buscaba". Lejos de ello, ha sido 
desacatado por el mismo diario que había dado mérito a la me- 
dida, y tal hecho, unido a "las maquinaciones subterráneas de 
que el Gobierno tiene conocimiento", hacen prever próximos des- 
órdenes. En tal situación pregunta el Gobierno: 1." ¿Cuál se- 
rá la actitud de la división imperial en el caso extremo de un 
conflicto ocurrido por la tenaz resistencia de aquellos que des- 
conocen su autoridad? 2." Desenvueltos y precipitados los su- 
cesos, dando por resultado un motín, ¿cuál será la línea de con- 
ducta de la Legación Imperial ..." El Gobierno está decidido 
"a organizar elementos para rodearse de aquella respetabili- 
dad que su propia conservación y decoro requieren, en el caso 
no esperado de que los auxilios de su aliado no hayan de ser 
una realidad en un caso supremo". 

Era imposible postergar por más tiempo el silencio. Pero g1 
Ministro Amaral que había resuelto erigirse en director exclu- 
sivo de la política oriental, contestó con el incalificable desenfa- 
do a que lo tenían acostumbrado los acontecimientos: 

El tratado de alianza "asegura la intervención del Gobierno 
Imperial solamente para fortificar la nacionalidad oriental por 
medio de la paz interior y de los háibitos constitucionales... 
Las armas de la intervención imperial no deben por lo tanto 
apoyar sino la paz que tuviera por base los hábitos constitucio- 
nales. Esta base puede ser solapada o por las agresiones anár- 
quicas de la multitud a la autoridad legítima del gobierno o por 
'ar exorbitancias dp este contra los derechos de los ciiidadanosi^. 

"El Gobierno de la Repííblica — replicó en el acto Flores — 
repele la calificación que S. E. el señor Amaral se ha permitido 
hacer de su conducta cuando establece que la base de los hábi- 
tos constitucionales puede ser solapada por las exorbitancias 
del Gobierno contra los derechos de los ciudadanos. Por el sis- 
tema que rige a la República del Uruguay no existe más que un 
roc'.er autorizado para censurar los actos opuestos del Gobierno, 



GOlílKK.NO DE FLORES 285 



y ese poder representado por la Comisión Permanente ha com- 
partido, aprobando su conducta, la responsabilidad constitucio- 
nal que el Gol)ierno asumió ante la Asamblea G-.'neral por aque- 
llos actos... El auxilia estipulado, que el Imperio no puede ne- 
gar bajo ningún pretexto, es precisamente para que se haga efec- 
tivo el eficaz apoyo que ambas partes contratantes conceptua- 
ron necesario para robustecer la autoridad legal a fin de fortifi- 
car la nacionalidad oriental por medio de la paz interior y de , 
los hábitos constitucionales. La paz interior y los hábitos cons- 
titucionales son el fin y no los medios de la alianza, y para con- 
seguir ese fin es que se estipularon auxilios siempre que para 
sofocar la subversión del orden público, sea cual fuere el moti- 
vo, los requiriese el Gobierno de la República. De otro modo el 
elemento de la alianza sería un elemento de destrucción. De 
otro modo se tornaría en realidad la imputación proclamada ya 
en la misma tribuna imperial, que el representante de la alianza 
fomentando nuestras pasiones y nuestras disensiones, está siem- 
pre pronto para vitorear al que vence". 

Concluía Flores su nota preguntando de nuevo si la Legación 
prestaría o no su ayuda militar, "bien persuadido de que pa- 
sadas veinticuatro horas sin verificarlo, el Gobierno de la Re- 
pública interpretaría su silencio como una ruptura del tratado de 
alianza". 



El gobierno de Flores pide el cese de la intervención. 

Pero pasaron las veinticuatro horas y otras muchas más, sin 
que el Ministro Amaral diera señales de vida. 

Producido finalmente el movimiento revolucionario, volvió 
Flores a dirigirse al diplomático brasileño desde su cuartel ge- 
neral en la villa de la Unión. 

"Para sofocar a los anarquistas — le decía — que en el día 
de ayer se apoderaron de una parte de la ciudad, hollando de 
este modo los principios constitucionales, y. . . deseando evitar 
por todos los medios la efusión de sangre de orientales, espera 
de S. E. el señor Ministro la cooperación del ejército auxiliar a 
sus órdenes con arreglo a los pactos existentes". 

La Legación siguió callada y el Gobierno reiteró su nota con 
el mismo resultado negativo. 

Ya no cabían ilusiones de ninguna especie acerca de la acti- 
tud del ejército imperial que estaba de guarn,ición en la plaza 



286 HISTORIA DEL URUGUAY 



de Montevideo, y Flores resolvió dar por concluidas sus relacio- 
nes con el Brasil. 

"Este suceso escandaloso — decía al Ministro Amaral en una 
última nota — la impunidad con que siguen aumentando sus 
fuerzas los anarquistas y preparando puntos de defensa bajo la 
protección de las fuerzas aliadas; la indiferenc^ia con que V. E. 
mira la actitud que debiera asumir con infracción del tratado de 
alianza entre mi gobierno y S. M. el Emperador del Brasil, po- 
nen a mi gobierno en el deber de protestar como lo hace contra 
la conducta observada por el señor Ministro plenipotenciario del 
Brasil" ... y de "suspender sus relaciones con el señor Ministro 
imperial hasta obtener una satisfacción de la buena fe con que la 
República aceptó los tratados de alianza". 

Y en el acto envió instrucciones a la Legación Oriental en Río 
de Janeiro para solicitar el cese de la intervención armada y el 
retiro del Ministro Amaral. 

La Legación Brasileña piocura evitar el cese de la intervención. 

Desde el comienzo de este incidente diplomático el Ministro 
Am'aral hizo correr la noticia de que daría orden a las tropas 
brasileñas de esitación en Monteviideo para que se retiraran a Río 
Grande. Procuraba con ello poner en movimiento al comercio de 
Montevideo y en general a las clases conservadoras, como efec- 
tivamente lo consiguió bajo forma de representaciones destina- 
das a evitar que las sup^uestas órdenes tuvieran efectivo cum- 
plimiento. 

El doctor Pico, agente de la Confederación Argentina en Mon- 
tevideo, que se daba cuenta de las maniobras de la Legación 
Brasileña, escribía a su Gobierno a propósito del retiro de ¡as 
tropas exigido por el Presidente Flores (nota reproducida por 
"La Reforma Pacífica" en 1864): 

"Pero no creo equivocarme anticipando que esta petición del 
Presidente de la República será eludida y sólo dará lugar a una 
nueva violaqión de los convenios existentes. El empeño que ha 
demostl'ado el señor Amaral por obtener peticiones de los habi- 
tantes solicitando su permanencia, los contratos que se han he- 
cho para alquilar fincas en que vivan los jefes y oficiales de la 
dimisión, bastarían a demostrar su intención de permanecer, 
aunque no se tenga en cuenta que las cuestiones pendientes con 
el Paraguay hacen para el Brasil de una extrema necesidad te- 



OOIÜEKNO 1)K FLOKKS 



287 



uer en el Río de la Plata un puerto y una plaza en que abrigar 
y abastecer sus buques, colocar sus depósitos y sus reservas y 
ejecutar con libertad el movimiento de sus tropas". 

La prensa adicta a la revolución trató más de una vez de jus- 
tificar la descarada violación del tratado de alianza. 

"Somos de los que en las filas del pueblo — escribía un co- 
rresponsal de "El Comercio del Plata — hemos res,istido los 
atentados del Poder en los últimos días. Somos por consiguiente 
de los que para burlar los intentos y las horribles consecuencias 
que aquellos atentados llevaban consigo, trajimos a nuestro lado 
la intervención brasileña y utilizando los deberes que le impo- 
nen los pactos existentes hemos reivindicado los derechos holla- 
dos y las libertades amenazadas sin la sangre y los escándalos 
que en otro caso y de otro modo hoy nos envolverían por todas 
partes." 

Pero no todos los escritores revolucionarios cerraban en esa 
forma los ojos ante el espectáculo que tenían por delante. 

El doctor Gregorio Pérez Gomar, uno de los redactores de "La 
Libertad", precisamente el diario fundado para preparar la re- 
volución contra Flores, escribía hablando de la intervención bra- 
sileña: 

"Nada debemos, ni hemos debida al Brasil... Todos los ac- 
tos de éste que han tenido relación con nosotros han redun- 
dado en utilidad suya, como la demarcación de límites para 
cuya operación escogió el gabinete brasileño una de las épocas 
más afligentes" . . . El Brasil tenía que defenderse contra Ro- 
sas que lo amenazaba, pero recién lo hizo cuando las fuerzas 
del Plata se organizaron en forma poderosa contra su adversa- 
rio. Y en cuanto a su intervención actual, ella no ha impedido 
que la Constitución haya sido violadla. 

El doctor Juan Carlos Gómez, ocupándose de las revolucio- 
nes de 18 55 y de la subordinación de don Andrés Lamas a 
los estadistas brasileños, decía un año después en "La Tribuna" 
de Buenos Aires: 

El folleto de don Andrés Lamas sobre fusión de los parti- 
dos fué publicado cuando don Manuel Oribe viajaba en direc- 
ción al puerto de Montevideo bajo la garantía del Brasil. Ese 
folleto tendía a dividir a los colorados en el momento de ma- 
yor peligro. Unos cuantos jóvenes cíe los dos partidos siguieron 
la prédica de Lamas y fundaron un diario, dando lugar a la 
persecución de sus redactores y a la revolución que estalló el 



288 HISTORIA DEL URUGUAY 



mismo mes. En la revolución subslgAiiente de noviembre que- 
daron tendidos en las calles de Montevideo ciento y tantos co- 
lorados y obligados a expatriarse a Buenos Aires más de tres- 
cientos. Por efecto del mismo folleto tiraron sus divisas Oribe 
y Plores y el país está ahora abocado a grandes sinsabores. 

Mucha exageración había sin duda en esas palabras, porque 
la idea de la fusión estaba en e<\ ambiente desde antes de la 
conclusión de la Guerra Grande, y era compartida por todos 
los hombres notables del país. Pero eMas traducen la impresión 
de uno de los grandes testigos de la época acerca de los planes 
de la diplomacia brasileña. 

El gobierno de Flores da cuenta a la CJomlsdón Permanente de 
la connivencia brasileña con la revolución. 

Véase lo que decía el Presidente Flores dando cuenta a la 
Comisión Permanente de la revolución de agosto de 1855: 

"Desde la corte del Brasil se hpbía enviado al Poder Eje- 
cutivo una nota anónima en que se detallaba el plan de la re- 
volución, designándose los autores que la realizaron el 28 de 
agosto. En el discurso que el Ministro de Relaciones Exterio- 
res del Imperio señor Paranhos pronunció el 10 de agosto 
en la Cáimara de Diputados se voían rasgos prominentes que 
aseguraban la realización del hechc"... Fué entonces que el 
Poder Ejecutivo dictó el decreto restrictivo de la libertad de 
imprenta... "En tal situación, Las reuniones secretas de los 
conspiradores pasaron a ser públicas, asistiendo a ellas el se- 
ñor Ministro del Imperio doctor José María do Amaral"... 
No contento con eisto el Ministro Amaral S'6 dirigió oficialmente 
al Poder Ejecutivo para oponerse al decreto a título de una 
interpretación constitucional «que sólo a la Comisión Perma- 
nente competía hacer... El Gobierno exigió luego por escrito 
al Ministro Brasileño el cumplimiento del tratado de alianza, 
en cuanto obligaba a las fuerzas del Imperio a prestar su coo- 
peración para el mantenimiento de la paz, y preguntó con qué 
elementos contaría en el caso de estallar una revolución. Pero 
el Ministro no contestó, porque su silencio era el apoyo que 
necesitaban los revolucionarios para precipitarse... Estalló al 
fin la revolución y el Presidente salió a las afueras de la ciu- 
dad, donde se le reunieron algunas policías y un centenar de 
hombres que aportó el Jefe Político de Canelones, y con esas 



GOBIERNO DE FLORES 289 



luerzas avanzó al día siguiente üasta la ciudad nueva con el 
propósito de proteger la salida del Presidente del Senado, a quien 
el Ministro del Imperio instaba "para que ocupase el sillón pre- 
sidencial". . . En la noche del 2 9 el Poder Ejecutivo volvió 
£. dirigirse al Ministro del Brasil desde su cuartel general en 
»as Tres Cruces, exigiéndole la cooperación del ejército a sus 
órdenes, de acuerdo con el tratado vigente, sin obtener res- 
puesta, y todavía reiteró su nota '-on el mismo resultado ne- 
gativo. 

Fué ante esa actitud, concluía el Mensaje, que el Poder 
Ejecutivo formuló su protesta y suspendió sus relaciones con 
el Ministro Amaral, a tiempo que anticipaba a una comisión 
de comerciantes que trabajaba en favor de la paz el propó- 
sito de realizar el sacrificio de s>u puesto y de renunciar a la 
primera magistratura en obsequio a la terminación de la iucha. 

El retiro de las tropas brasileñas. 

Como consecuencia de las órdenes, dadas por el gobierno de 
Flores a la Legación del Uruguay en Río de Janeiro y de la 
actitud verdaderamente asombrosa de las tropas traídas para 
manutener el orden, llegó a Montevideo en misión extraordina- 
ria un nuevo diplomático brasileño, el vizconde de Abaeté. 

Y a mediados de noviembre, ya derrumbado Flores y en la 
víspera de la segunda revolución de los conservadores, las tro- 
pas brasileñas se ponían en marche con rumbo a Río de Ja- 
neiro, después de un cambio de notas en que la cancillería 
oriental quiso dejar constancia de la perfecta corrección y dis- 
ciplina de esas tropas durante su larga permanencia en Monte- 
video, con el arrumaco de que su retiro constituía "la más 
completa prueba del elevado desinterés. . . de la política del 
Gobierno Imperial en sus relaciones con la República". 

No era ese ciertamente el sentimiento que predominaba en 
¡a República. La diplomacia brasileña había mantenido a los 
partidos en perpetua guerra, había volteado o tratado de vol- 
tear uno tras otro a todos los gobiernos; había tratado de 
inundir en las clases conservadoras la convicción de que era 
necesario recurrir al protectorado extranjero para salir del 
casos que ella misma promovía a manos llenas. Las tropas ha- 
bían venido con ánimo de quedarse con la presa y se iban 
a disgusto, cediendo a la reprobación unánime o casi unánime 

19-IV. 



290 HISTORIA DEL URUGUAY 



del país que las rechazaba como un- gran factor de discordias 
y que habría concluido por echarlas a viva fuerza si hubie- 
ran pretendido quedarse en Monteivideo. 

Cuando esas tropas se retirabaa en dirección a la fronter.v, 
avanzaba desde Río de Janeiro coi rumbo al territorio orien- 
tal otro fuerte ejército brasileño. La prensa dio la voz de 
alarma con detalles espeluznantes: que el Imperio se posesio- 
naría de toda la zona del Yaguarón; que el puerto de la Colo- 
nia pasaría al Brasil como prenda de las sumas anti ;ipadas 
por el Tesoro imperial; que en diversos puntos de la frontera 
había partidas dipuestas a invadir. El Gobierno desautorizó 
los rumores, pero que algo de verdad había en ellos se en- 
cargó de demostrarlo una información de la pren^■a de Río 
Grande que reprod>ujo la ú'e Montevideo, según la cual el Go- 
bierno Imperial en presencia de los sucesos políticos orienta- 
les había constituido entre Yaguarón y Bagé des Ir principios 
de octubre "un campo de oibseiwación", poblado naturalmente 
con fuertes contingentes militares. 

Si el manotón no se dio fué porque el ^pais entero lo habría 
rechazado, confundidos los floristas, los conservadores y los 
blancos en un solo movimiento bajo la presión de los mismos 
abusos de la demoledora diplomacia imperial. 

Alguna indicación importante debió partir también de la di- 
plomacia europea, que desde meses atrás ejercía funciones de 
vigilancia, según resulta de este párrafo de la Memoria presen- 
tada a la Asamblea en mayo de 1855 por nuestro Ministro de 
Relaciones Exteriores don Alejandro Chucarro, al ocuparse del 
acuerdo en que se fijaban los fines, condición y duración de^ 
suxilio militar prestado por el Imperio: 

"La celebración de ese acuerdo era de tanta más convenien- 
cia cuanto que ya los Gobiernos de Francia e Inglaterra, por me 
dio de sus respectivos Ministros acreditados cerca de la corte del 
Imperio, habían manifestado al gabinete brasileño las apren- 
siones que nutrían, a consecuencia di conservarse aún en Monte- 
video una división imperial cuando parecían estar satisfechos los 
fines de la intervención". 

El lirasil trataba de extender sus garras al Paraguay. 

También estuvo expuesto en esos momentos el Paraguay al 
zarpazo del Brasil y el zarpazo se habría dado en forma incon- 



GOBIEBNO DE FLOBES 291 



trarrestable si Montevideo no hubiera repelido de su seno al 
conquistador solapado. 

A principios de 1855 el Gobierno Imperial despachó una fuer- 
te escuadra contra el Paraguay e hizo avanzar un cuerpo de 
ejército en son de guerra por el lado de las Misiones. 

El Presidente del Paraguay lanzó en el acto un manifiesto 
anunciando al país esa doble agre:>ión. Pero el ambiente volvió 
a serenarse porque el almirante brasileño desembarcó en la 
Asunción con una carta que lo acreditaba como Ministro Pleni- 
potenciario para celebrar un tratado de comercio- y navegación 
que fué ajustado sin dificultad, y un tratado de límites que fra- 
casó .porque el Brasil se atribuía derechos sobre inmensos terri- 
torios que no le pertenecían. 

El período complementario de la administi-ación Giró. 

El general Flores había sido elegido para completar el período 
presidencial de don Juan Francisco Giró — marzo de 185 2 a mar- 
zo de 18 56 — interrumpido ,por la revolución de 1853. Por efecto de 
su renuncia subió a la presidencia de la República en septiembre 
de 1855 don Manuel Basilio Bustamante que ocupaba a la sa- 
zón la presidencia de la Cámara de Senadores, hasta febrero de 
1856 en que entró a ejercer el man'do el nuevo Presidente del 
Senado don José María Pía. 

Como además hubo un interregno de dos dictaduras a raíz de 
la caída del gobierno constitucional y de una tercera antes de 
la caída de Flores, resulta que el período presidencial de marzo 
de 185 2 a marzo de 1856 llegó a contar dos presidencias cons- 
titucionales: la de Giró y la de Flores; tres dictaduras: la del 
triunvirato de Lavalleja, Rivera y Flores, la de Flores y la de 
Lamas; y dos interinatos a cargo de los Presidentes de la Oáimara 
de Senadores. 

Cuatro años de cruda e incesante agitación política y de gra- 
ves subversiones institucionales, como hemos tenido oportuni- 
dad de verlo en el curso de este capítulo. 

Itíis liltimas palabras del constituyente Masini. 

Estas luchas sangrientas, que con tanta frecuencia se repe- 
tían en las calles de la ciudad o en las cuchillas de la campaña, 
constituían la terrible pesadilla de los proceres de aquella épo- 



292 HISTORIA DEL URUGUAY 



ca desgraciada en que lo normal era el combate y lo transitorio 
la paz. 

En enero de 1855, cuando ya asomaban los primeros sínto- 
mas de la revolución de los conservadores, cayó enfermo de 
muerte el constituyente don Ramón Masini; y he aquí sus últi- 
mas palabras según el después general Leandro Gómez, que lo 
asistía : 

"No crean que sienta dejar de vivir en una época tan fatal 
y en la cual no veo remedio eficaz a los terribles males que afli- 
gen a nuestra desgraciada tierra. ¡No! Yo recibiré la muerte 
como un beneficio de la Divina Providencia. Ustedes tal vez ten- 
drán que verter algunas lágrimas más de dolor". 

Dando la explicación del pesimismo o, más bien dicha, de la 
desesperación en que vivían los prohombres de la época, decía 
don Manuel Basilio Bustamante al terminar su interinato pre- 
. sidencial el 15 de febrero de 1856: 

"La decadencia de nuestro comercio, la despoblación de nues- 
tras ciudades y el desaliento de nuestra hacienda pública, son 
hechos de tal notoriedad que no vendría a mencionarlos espe- 
cialmente en este lugar si no fuera porque hay efectiva necesi- 
dad de recordar su existencia para acudir con el remedio que 
sea más conveniente, a fin de hacer cesar cuanto antes su per- 
judicial y funesta influencia. La princiipal o más bien dicho la 
única causa de este estado de cosas tan sensible, son nuestras 
desavenencias, nuestros odios recíprocos, nuestras discordias ci- 
viles. Cuando en una sociedad, honorables senadores y represen- 
tantes, tienen Ingar como en la nuestra los dolorosos sucesos 
que hemos .presenciado de cuatro años a esta parte, ¿cómo es 
posible que en medio del trastorno que ellos han traído, esa so- 
ciedad florezca, que su comercio prospere, que su crédito se ex- 
tienda y consolide? Bajo tales circunstancias, harto hace ella 
en conservarse y en resistir el influjo de tan poderosos elemen- 
tos de disolución. Exigirle más, equivaldría a ■exigirle un imposi- 
ble en el orden natural de las cosas. Con este convencimiento, 
del cual no es dudoso que participe V. H., el Poder Ejecutivo 
considera excusado manifestar aquí que en su concepto el gran- 
de obj-eto hacia el cual deben tender todos vuestros conatos en 
el próximo período de vuestras sesiones legislativas, es el res- 
tablecimiento de la concordia entre nuestros conciudadanos y la 
extinción comlpleta de esas insensatas pasiones políticas q^ue 
por tanto tiempo han desgarrado el seno de nuestra patria". 



GOBIERNO DE FLOBES 293 



No todo era pesimismo, felizmente, en ese terrible ambiente 
de nuestro período de formación. 

En el curso del mismo año del fallecimiento del constituyente 
Masini murió en Buenos Ai^es el general Melchor Pacheco y 
Obes, argentino por el lugar de su nacimiento, pero oriental por 
la resolución persistente de su cerebro y los sentimientos de su 
corazón. Pocos meses antes, al salir de un ruidoso jury contra 
don Ramón Cáceres, había dicho contestando a los que ponían 
en duda sus grandes y ardorosos entusiasmos patrióticos: 

"Podrán disputarme la calidad de oriental .. . Pero por nada 
en el mundo llevaría los colores de otro pueblo... Si viviera 
hoy la Roma que fué dueña del mundo, no cambiaría el título 
de oriental por el de ciudadano romano". 



CAPÍTULO V 



Movimiento económico 



lia población. 



Al finalizar el año 1854 "El Comercio del Plata" calculaba 
la población de la República en 130,000 almas y hacía notar que 
ei Presupuesto General de Gastos absorbía al mes 130,000 pe- 
sos, o sea justamente la cuota mensual de un peso por habi- 
tante. 

Los gastos estaban bien calculados. Pero la cifra de la pobla- 
ción, casi igual a la del censo levantado a raíz de la conclusión 
'de la Guerra Grande, deibía ser más baja. 

Como el mismo diario lo hacia constar, la corriente inmigrato- 
ria se había detenido totalmente por efecto de los trastornos po- 
líticos, económicos y financieros que subsiguieron al movimiento 
revolucionario de julio de 1853. 

Tcsdos o casi todofe los .pa&ajeros de ulltramar que bajaban a 
nuestro puerto se reemibarcaban en el acto para Buenos Aires 
por falta de trabajo, y los mismos del país tenían que seguir 
el caimino del extranjero bajo la presión de las persecuciones po- 
líticas, de la inseguridad de la campaña y de las estrecheces Je 
la vida. 

He aquí el movimiento de entradas y salidas durante los 16 
meses corridos desde enero de 1853 hasta abril de 1854 según 
¡os registros de la Policía de Montevideo (la primera columna 
indica los pasajeros presentados a la Policía y la segunda los 
pasaportes expedidos): 





Entradas 


Salidas 


1853 (12 meses) 

1854 (4 . ) 


1,608 
207 


4,257 
829 




1,815 


5,086 



GOBIERNO DE FLORES 295 



Tenían que ser muy deficientes los registres policiales, como 
se encargaba de prevenirlo la prensa de la época. El que arri- 
ba/ba al país estaba interesado en presentarse a la Policía para 
impedir so&peclhas. En cambio, debían ser numerosas las salidas 
clandestinas, tanto porque el pasaporte imponía un desembolso 
de dinero, como porque las alternativas de la política obligaban 
muabas veces a huir de la Policía. Las cifras correspondientes a 
la salida debían ser, según "El Comercio del Plata", un 25 % 
más altas de las que arrojaba la contabilidad policial. 

Una ley dictada en 1854 suprimió el pasaporte para el inte- 
rior y exterior de la República. Pero otra sancionada en 18 55 
restableció esia retranca con propósitos financieros más que po- 
liciales o políticos. Cada persona adulta debía pagar dos pesos 
y la cuarta parte de esa cantidad los menores de edad. 

A fines de ese mismo año hacía constar la prensa de Monte- 
video, llejia de lisonjeras esperanzas, que de las barcadas de ul- 
tramar destinadas al Plata habían quedado 163 colonos en nues- 
tro puerto. Pero aligunos meses después, en septiembre de 1855, 
anotaba el dato pesimista de que de 600 inmigrantes llegados de 
Europa, todos habían vuelto a embarcarse rumbo a la Argen- 
tina, con excepción de cincuenta y tantos que seguían a la es- 
pera de colocación. Y que las perspectivas se fueron empeorando 
de dia en día lo reveían dos informaciones periodísticas de prin- 
cipios de 1856. La primera de ellas hacía constar la llegada do 
300 inmigrantes y el inmediato reembarco de todos ellos para 
Buenos Aires. La segunda anuncia.ba la lilegada de 640 más y 
el reembarco subsiguiente de su casi totalidad para Buenos Ai- 
res y Entre Ríos. 

En 1855 nombró el gobierno de Flores una Comisión encar- 
gada de promover la inmigración y la colonización y de correr 
con todo lo relativo al alojamiento y alimentación de los inmi- 
grantes. La Comisión quedaba autorizada para establecer subco- 
misiones auxiliares en los departamentos. No alcanzó ese decreto 
a traducirse en hechos, porque la Comisión carecía de recursos 
y el país de ambiente tranquilo para la atracción de elementos 
de trabajo. Ya el año anterior había tratado el Gobierno, sin 
resultados, de estimular la organiz.acióñ de una sociedad por ac- 
ciones con un programa idéntico. 

Los brasileños seguían entretanto su nunca interrumpido mo- 
vimiento de avance, explotando la ausencia de población en nues- 
tras zonas fronterizas. Véase lo que decía en octubre de 1854 



296 HISTORIA DEL URUGUAY 



al Ministerio de Gobierno la Junta Económico-Administrativa de 
Cerro Largo, demostrando la necesidad de enviar allí un regi- 
miento de línea destinado a servir de asiento a un, pueblo o co- 
lonia que detuviera la absorción: 

"Existe en este de'paa'tamento un distrito que merece que el 
Gobierno fije en él su atenjción. Es el de Aceguá. Todos sus mo- 
radores son, con poquísimas excepciones, brasileños y apenas si 
se conoice en él el idioma castellano. La nueva demarcación de 
limites, próxima sin duda a llevarse a cabo, arrancará una buena 
porción de dicfho distrito y el Imperio no dejará pasar mucho 
tiempo sin fundar en él un pueblo. Las consecuencias son fáci- 
le.s de calcular." 

NO' se contentaba el Imperio con llenar de brasileños las zo- 
nas fronterizas. También robaba a nuestros hombres de color 
para encadenarlos como esclavos en sus mortíferos estableci- 
mientos agrícolas. 

Don Andrés Lamas denunció a la cancillería imperial en enero 
de 1855 el caso de un mulato oriental que había sido conducido 
a Río de Janeiro y allí torturado y vendido como esclavo. Su 
reclamo sólo dio por resultado que la víctima fuera sometida a 
nuevos y terribles castigos, según resulta de una segunda nota 
publicada diez años después. 

"He adquirido — decía en esa nota nuestro Ministro — el 
eoníveiDcimiento de que no existe justicia para el hombre de color 
y creo que buscando justicia sólo volverá a encontrarse el látigo 
de] castigo' que dilacera las carnes." 

Kl movimiento comercial. 

Todo el período del gobierno de Flores fué de aplastamiento 
comercial, por efecto de las continuas agitaciones políticas que 
ahiuyentaban a los capitales lo mismo que a los hombres. 

Nuestro comercio lamguidece — decía "El Comercio del Pla- 
ta" en marzo de 1854 — y para darle vida habría que supri- 
mir las aduanas y crear un gran puerto franco. 

El puerto franco co'nstituía pretisamenfe en esos momentos 
una de las preocupaciones del Gobierno. Pero los sucesos po- 
líticos desalojaban de la orden del día a los temas económicos, y 
un año después, en mayo de 1855, anotaban los diarios el he- 
cho entristecedor de que las casas de comercio se iban cerrando 
una tras otra por falta de movimiento. 



üiJUlEU.NO UE FLOUES 



291 



Cuadro de las exportaciones. 

Sólo el comercio de exportación se mantenía con vida, gra- 
cias al la ganadería que "progresaba a des,pecllio de las conflagra- 
ciones políticas y de las inseguridades de la camípaña. 

Pertenece a "El Comercio del Plata", tan exacto y tan pro- 
lijo en sus informaciones co'merciales, el siguiente cua^dro de 
nuestras exportaciones: durante los cuatro años de los go-bier- 
nos de Giró y de Flores: 



1852 



1853 



1854 



1855 



Carne, quintales. 


20,420 


37,444 


43,780 


62,774 


Caeros vacunos secos . 


479,496 


650,179 


325,522 


269,261 


» » salados . 


113.563 


111,831 


106,545 


113,654 


» de potro secos . 


86,970 


191,456 


114,993 


96,442 


» » » salados . 


26,926 


102,250 


71,250 


82,314 


Gorduras, arrobas ... 


186,550 


163,080 


93,000 


139,430 


Luna, arrobas . . . . ' 


59,620 


183,150 


51,010 


48,080 



Tratados de comercio. 

Tampoco había ambiente favorable en este período para la ce- 
lebración de tratados de comercio. 

El Poder Ejecutivo sometió en 1854 a la sanción legislativa 
un convenio con Portugal y la Comisión de Legislación del Se- 
nado solicitó que fuera devuelto a efecto de ser sometido a 
nuevo estudio. 

Las garantías, inmunidades y beneficios que acuerdan los tra- 
tados — decía la Comisión en su iníorme — se basan en la re- 
cipro'cidad, y por eeip'acio die muic(hos años todavía no po'd'rán los 
orientales hacer efectiva esa reciprocidad, exponiéndose enton- 
ces a perjudicar la condición de los merca'dos ribereños, sin ob- 
tener en cambio ninguna compensación. 



La navegación en el puerto de Montevideo. 

Sólo encontramos en las estadísticas de la época el cuadro co- 
rrespondiente a los meses de enero, febrero y marzo de 1855. 
Hp aquí sus principales cifras: 



298 



HISTORIA DEL URUGUAY 



Número 



Tonelaje 



Valores 
embarcados 



Buques entrados 
» salidos 



140 

126 



30,839 
29,251 



988,904 
1.280,155 



El 2 de octubre de 18 54 estaban fondeados en el puerto de 
Montevideo 75 buques de ultramar, destacán^dose po^r sus ban- 
deras los españoles con 20 buques, los ingleses con 14, los fran- 
ceses con 13 y los sardos con 9. 

El 8 de febrero del año 1856 estaban fondeados 67 buques 
de ultramar 

Son dos fechas que tomamos al acaso de las informaciones 
marítimas de la prensa de la época. 

Estimulando el cabotaje. 

Nuestra navegación de cabotaje, completamente absorbida 
ipor la argentina, lilegó en 1855 "a sus ú'ltJimas agonías", se- 
gún las palabras pronunciadas por el diputado don Patricio 
Vázquez en la Cámara de que formaba parte, al presentar un 
proyecto que declaraba libres de derechos los frutos del país 
que se exportaran por los puertos de Montevideo o Maldonado 
y que se gravara con un impuesto los que se exportaran del 
litoral uruguayo para puertos extranjeros. 

La Cámara de Diputados, de acuerdo con el orador, impuso 
el 4 '.< a todos los productos uruguayos que no fueran ex- 
portados por Montevideo y Maldonado, salvo la carne y los 
cueras que estaban sujetos a un derecho específico. El Se- 
nado eximió a los cereales, la harina, la cal, los ladrillos y la 
piedra. Y la Cámara en que había tenido origen el proyecto, 
aceptó la enmienda, quedando en esa forma sancionada la ley. 

Servicio de faros. 



Una ley de 1855 estableció el impuesto de 40 centesimos 
por tonelada de registro a los buques que navegasen de Mon- 
tevideo o de la Colonia al interior del Río de la Plata o sus 
afluentes, con cargo a la construcción de una farola en el 



GOBIERNO DE FLORES 299 



puerto de la Colonia. Otra ley dictada inmediatamente después 
creó el impuesto de tres cuartos de real por tonelada de re- 
gistro a los buques de ultramar, con destino a la colocación de 
faros y de una barca de rofiigio cu el Banco Inglés y en la 
isla de Lobos. Y una tercera ley del mismo año autorizó al 
Poder Ejecutivo para iniciar arreglos con el gobierno de Bue- 
nos Aires y con el de la Confederación Argentina, tendientes 
a la reglamentación en común de los impuestos de faros. 

Los ríos uruguayos abiertos a la nuvegación del inundo entero. 

Uno de los pocos decretos del triunvirato refrendados por 
el doctor Juan Carlos Gómez como Ministro de Gobierno y 
Relaciones Exteriores en 1853, declaró "abiertos a los buques 
y comercio de todas las naciones los ríos navegables de toda 
la República", invocando que el desarrollo de la riqueza na- 
cional constituye el modo más eficaz de afianzar la paz pú- 
blica y que la bas3 de la prosperidad del país radica en la 
más amplia libertad de comercio. 

La gran Asamblea que puso término a la dictadura de Flo- 
res ratificó ese decreto mediante la ley de junio de 1854. 

Construcción de una dársena. 

Don Pablo de la Norvannais presentó al Gobierno en 1855 
una propuesta para la construcción de una dársena en el pa- 
raje llamado "Baño de los Padres", comprendido entre la 
Aduana y el rompeolas. La dársena podría recibir 200 barcos 
de ultramar de 300 a 400 toneladas de registro. Estaría cerrada 
y tendría un canal de 30 varas de antíbo y una profundidad de 
12 pies ingtteseis en bajia manea y 18 en alta marea, o sea un 
fondo igual al de las zonas más profundas del puerto de Monte- 
video. Dispondría de ramblas y embarcaderos y los barcos ope- 
rarían atra<^ad'o.s a Ta Atíuana. Para hacer frente 'al pago délas 
obras cuya ejecución estaba es/caüonada en tres años, se proyec- 
taba un impuesto de diez rea/les por toneílaída de registro sobre 
los barcos que hicieran uso de la dársena. 

Cuando se empezaba a estudiar el proyecto estallaron las 
revoluciones de los conservadores y la atención del Gobierno y 



300 



HISTORIA DEL URUGUAY 



del país entero quedó concentrada en la política y ya el pro- 
blema portuario )io volvió a figurar en la orden del día. 

Tentativa para formar una compañía nacional de segiu'os ma- 
rítimos. 

Un grupo de comerciantes encabezado por los señores Rossi, 
Charry y Capurro, sometió a la aprobación del Gobierno, en 
1'8!54, los estatutos 'desuna socie'dlad ¡anónima de seguros ma- 
rítimos, con capital de 300,000 pesos, iniciando con ello el pri- 
mer esfuerzo del comercio de Montevideo para cubrir riesgos 
que basta entonces habían estado a cargo exclusivo de compa- 
ñías radicadas en el extranjero. 



Número de los establecimientos de giro. 

Ein 1855 funcionaban en toda la República 4,092 estableci- 
mientos comerciales e industriales sujetos al impijesto de pa- 
tentes de giro. 

A'l Deípartamento :úe\ Montevideo Qor'reis'pondían 1,9 70 y a 
los de campaña 2,122. 

Del punto de vista de la nacionalidad de los propietarios, se 
distribuían así esos establecimientos: 



Pertenecientes a extranjeros 
» » nacionales 



2,730 
1,362 



■He aquí algunas de las cifras parciales más importantes del 
cuadro general de donde extraemos los datos que anteceden: 



Almacenes por mayor 


82 


Asientos de atahona 


247 


Barracas .... 


31 


Carpinterías . 


171 


Herrerías .... 


80 


Hornos de ladrillo . 


56 


Jabonerías v velerías 


23 


Molinos .... 


16 



Pulperías .... 

Tiendas al menudeo 

Zapaterías .... 

Carros y carretas de 
la Capital . 

Carruajes particula- 
res y de alquiler . 



1,736 
313 
154 

473 

86 



GOBIEBN'O DE FLOKES 301 



La Plaza Cagancha era nuestro único mercado de frutos eu 
1855. Las carretas de campaña, con sus largas hileras de yuntas 
üe bueyes, tenían en ella su paradero y allí descargaban. Por de- 
creto de enero del año siguiente entró a desempeñar iguales 
funciones la Plaza de Artola, dividiéndose desde ese momento 
entre las dos plazas todo el tráfico de frutos de la campaña. 

La agi'icultiira y la t()lonizaci«)n. 

El Ministerio de Gobierno se dirigió en 1854 a la Sociedad de 
Población y Fomento pidiéndole datos acerca del estado de los 
trabajos que estaban planeados al estallar el movimiento revo- 
lucionario del año anterior. 

El doctor Jaime Estrázulas, que presidía la Sociedad, produjo 
con tal motivo un interesante informe del que resultaba que la 
empresa tenía en julio de 1853 varios e importantes contratos 
a realizarse en campos de su propiedad y en tierras municipa- 
les, destacándose los siguientes: 

Con la razón social Treussein y C.'', por 1,000 familias ale- 
manas de cinco personas cada una. 

Con la casa Carlos Becú por 250 familias alemanas de cinco 
personas cada una. 

Con la casa de Carlos Calvo, por 5,000 familias de Alsacia- 
Lorena, Suiza y Alemania. 

Con la casa de Agustín Murguiondo, por 50 familias de Al- 
sacia. 

En conjunto, 6,300 familias, con 31,500 personas. La Socie- 
dad había resuelto además cooperar al empréstito Menck, me- 
diante la entrega de las 500,000 cuadras destinadas a coloni- 
zación. 

Tal era el vasto movimiento paralizado por el derrumbe de la 
administración Giró. Aún cuando el doctor Estrázulas indicaba la 
posibilidad de emprender su reanudación, ya el país estaba muy 
agitado y la campaña muy intranquila y no pudo la emprende- 
dora em,presa allegar los elementos que reclamaba la efectividad 
de su programa. 

En ese programa figuraba la reconstrucción y complementa- 
ción de una sociedad por acciones, fundada antes de concluir la 
Guerra Grande, para el establecimiento de una colonia en el eji- 
do de Meló con destino a un centenar de familias alemanas con- 
tratadas por don Ruperto de las Carreras. 



302 HISTORIA DEL URUGUAY 



No obstante todos los fracasos imputables a nuestros conti- 
nuos disturbios políticos, la agricultura nacional pudo continuar 
el fuerte impulso surgido a raíz del levantamiento del si- 
tio, y en forma tal que a fines de 1855 un diario tan bien in- 
formado como "El Comercio del Plata" hacía constar que la 
producción uruguaya, luego de atender el consumo interno, ha- 
bía cubierto el déficit de las cosechas de Buenos Aires durante 
dos años segúidosi. 

El mismo diario calculaba la cosecha de ese año en 140,000 
fanegas de trigo y 25,000 de maíz y decía que durante los pri- 
meros ocho meses se había exportado a Buenos Aires por el 
puerto de Montevideo 17,6i53 bolsas de trigo y que a esa can- 
tidad había que agregar otros fuertes embarques por el puerto 
de Maldonado y también por el río Santa Lucía, donde hubo bar- 
co que llegó a cargar 1,200 bolsas de trigo. El trigo alcanzó a 
)Fenderse en esa oportunidad a 8, 9 y 11 pesos la fanega. 

Ya la colonización suiza quedaba prestigiada en la República 
por un plantel de familias radicado cerca del Santa Lucía, . que 
dio impulso a la industria lechera e inició con mucho éxito la 
fabricación de quesos tipo gruyere. 



Intereses ganaderos. 

En 1854 prohibió el Gobierno la matanza de vacas y terneros, 
invocando la necesidad de impedir el aniquilamiento de la cría 
ganadera. Pero cuatro meses después quedaba sin efecto la pro- 
hibición por haber desaparecido sus causas — decía el nuevo 
decreto. La verdadera causa determinante de la derogación no 
debía ser esa, sin embargo, sino la protesta de los ganaderos con- 
tra la traba en momentos en que la intranquilidad de la cam- 
paña obligaba a precipitar la liquidación de las haciendas. 

Apenas se vislumbró una esperanza de calma empezó en nues- 
tras estancias un fuerte movimiento a favor de la refinación de 
las haciendas, destacándose entre todas la de San Jorge, en el 
Río Negro, que recibió de Inglaterra, a principios de 1855, un 
lote de yeguas y caballos frisones y un plantel de vacas leche- 
ras al cuidado de cinco familias de labradores ingleses llamadas 
a formar ambiente o escuela de intensos progresos rurales. 

Una correspondencia del Salto dirigida a "El Comercio del 
Plata" en marzo de 1854, establecía que las charqueadas de Río 
Grande habían pagado hasta 12 patacones por novillo, pero que 



GOBIERNO DE FLORES 303 



las cotizaciones habían descendido luego a 10 para los no- 
villos y 8 para las vacas y que la carne gorda de consumo se ven- 
día a la población del Salto a razón de medio patacón !a arroba. 
Del bajo valor de los- campos en esa época da idea la venta 
de la estancia del brigadier Olivero, entre Tacuabú y Ñaqniñá, 
en el Departamento del Salto, compuesta de catorce leguas de 
hermosos campos, por la suma de 30,000 pesos, o sea aproxima- 
damente a razón de dos mil pesos la legua. 



Otras industrias. 

En 1854 abordó la expilotación del cobre en la "Mina del Sol- 
dado" (Departamento de Minas) una empresa que disponía de 
15,000 pesos levantados mediante la emisión de acc'ünes de 100 
peros cada una. Desde el comienzo de la explotación trabajaba 
allí una treintena de operarios. 

Al año siguiente se inició la explotación del mármol de Pan 
de Azúcar en la estancia de Burgueño y de un nuevo enlosado 
que había empezado a usarse con mucho éxito en las calles de 
Montevideo, constituido — decían los diarios — "por una com- 
posición bituminosa conocida con el nombre de asfalto". 

Ante la Municipalidad de Maldonado se presentó en 185 5 don 
Juan María Rossi, solicitando con destino a la explotación de la 
sal los terrenos conocidos con el nombre de Rincón de Maldo- 
nado. El empresario ofrecía levantar un capital de dos mil pe- 
sos mediante acciones de 100 pesos cada una. No era una no- 
vedad, ciertamente. Ya se habían practicado estudios por don 
Luis Búrmester y en coasecuencia la Asamblea resolvió acordar 
a éste la prioridad bajo forma de privilegio exclusivo por diez 
años para la instalación y funcionamiento de la nueva industria. 

En 1855 empezó a funcionar el primer molino a vapor de 
Montevideo. Se trata de "un hecho que no merece dejarlo pasar 
en silencio" — escribía "El Comercio del Plata" — al batir 
palmas desde la sección editorial ante ese progreso industrial. 
La maquinaria del molino estaba sin embargo en el país desde 
iargo tiempo atrás. Pertenecía a la gran fábrica de estearina, áci- 
do su'llfiirico y jabones, instalada en el Cerro por don Hipólita 
Doinnel poco antes de estallar la Guerra Grande y abandonada 
luego por efecto de la misma guerra. Fué transportada desde 
las ruinas de la fábrica del Cerro hasta el Molino de Poujade y 
alli aplicada a la molienda del trigo. Tenia doce caballos' de 
fuerza mctriz. 



304 HISTOBIA DEL UBTTUGAT 



El ejemplo debió ser sugereute, j.ues en el acto pidió y obtuvo 
privilegio por cuatro años don Francisco Sainz Rosas para la 
instalación de otro molino a vapor con maquinaria de 100 ca- 
ballos, privilegio que censuró la prensa por tratarse de una in- 
dustria que ya estaba planteada y en tren de manifiestos pro- 
gresos. 

En 18 54 llegó a Montevideo con procedencia de Nueva York 
la primera máquina de coser. Su introductor la llevó en el acto 
al domicilio del Presidente Flores y allí la hizo funcionar en 
medio del asombro de todos los circunstantes. Acababa de exhi- 
birse ese invento en las salas de una exposición industrial de 
Norte América, cuyas vastas y variadas maquinarias arrancaban 
el siguiente comentario a uno de nuestros diarios, "El Orden", 
muy ajeno al movimiento de expansión del trabajo y abarata- 
miento de la vida de que el mundo sería deudor a las máqui- 
nas: 

"Deberá llegar un tiempo en que las tres cuartas partes de 
los habitantes del globo no tengan en qué emplear sus brazos 
para obtener el sustento". 

Otra industria mencionaremos: una fábrica de pianos insta- 
^lada en Mionteivideo por el señor Villadecants, que debutó &n 
1855 con la construcción de tres hermosos pianos, que eran 
también los primeros que se hacíai en el país. 

FeíTocari'iles y telégrafos. 

Los señores Ronsttop y De Roy, capitalistas de Bruselas, pre- 
sentaron al gobierno de Flores a principios de 18 54 un pro- 
yecto de ferrocarril de Montevideo a Río de Janeiro, sobre la 
base de la garantía de un mínimum de interés durante los 
primeros 9 años, cesión gratuita de las tierras públicas que ocu- 
para la vía y de todas las minas que fueran descubiertas con 
ocasión de los trabajos ferroviarios. 

El Gobierno otorgó el privilegiio para el planteamiento del 
ferrocarril sin la garantía del interés y dando participación al 
Fisco en las minas que la empresa pudiera descubrir.. Pero iio 
volvió a hablarse más de este pro^yecto incubado en los comien- 
zos de la dictadura de Flores por el optimismo brasilleño que 
desbordaha ante el arribo del cuerpo de ejército destinado a 
la conquista pacífica del Uruguay. 

A media-dos de 1855 realizáronse en Montevideo los ensayos 



UOBXKKNO DE FLORES 305 



del telégrafo eléctrico, mediante un cable tendido desde el sa- 
lón de sesiones del Senado basta la casa del señor Bertonnet, 
situada a diez cuadras de distancia. 

Era la primera vez que tenían lugar en el Río de la Plata y 
la prueba constituyó un gran éxito. De la Argentina partieron 
indicaciones para que también allí se verificaran experiencias 
análogas, según resulta de una información de «El Comercio del 
Plata»» que hablando del empresario señor Bertonnet decía a fines 
de ago.oto: «tal vez se traslade a Buenos Aires a hacer pública es- 
ta maravilla». 

Corresponde a esos mismos meses de aparente resurgimiento 
económico la instalación de la "Sociedad Amigos del País", con 
un vasto programa de construcción de puentes en toda la Re- 
pública, a base de concesión de peajes. El programa de trabajo 
debería empezar por el establecimiento de un puente en el Paso 
de Mataojo en el Caneíón Grande. 

Ln tierra pública. 

Desde los comienzos del gobierno creado a raíz del derrumbe 
de Giró, quedó suspendida la ley del año anterior prohibitiva 
de la enajenación de tierras públicas, invocándose las nuevas 
'.¡ecesidades provocadas por los movimientos revolucionarios que 
tenían lugar en la campaña. 

Completando esa medida, designó el Gobierno una comisión 
compuesta de don José María Reyes, don Francisco Magariños, 
don Alejandro Ohucarro, don José Dellepiane, don Joaquín Re- 
quena, don Manuel B. Irigoyen y don Guillermo Hamniell, con 
el encargo de proponer los medios ¿e hacer efectiva la ley que 
disponía el desilinde general de las propiedades rurales para de- 
terminar la parte del fisco. La comisión presentó su dictamen a 
mediados de 1854. 

La superficie de la República — decía la comisión — es de 
r.9,000 a 60,000 millas cuadradas. Las adjudicaciones dentro de 
límites naturales arrancan desde los primeros tiempos del régi- 
men colonial, y habría que clasificar los sobrantes de esas ad- 
judicaciones de acuerdo con las leyes de 1835 y 1852. Pero lo 
que debería abordarse ante todo es el catastro, un catastro com- 
pleto que podría quedar a cargo d?l Estado o concederse a una 
empresa. 

Juntamente con estos estudios se multiplicaban los proyectos 

20 — IV. 



306 HISTORIA DEL URUGUAT 



íle utilización inmediata de la tierra pública, destacándose uno 
utíi Poder Ejecutivo que establecía que debían ser preferidos 
los poseedores al precio mínimo de 1,000 patacones por legua en 
el caso de posesión treintenaria y de 1,5 00 en los demás ca- 
sos, aplioándose el producto a la consolidación de la deuda; y 
otro de la Cámara de Diputados que autorizaba el pago del pre- 
cio de la tierra en títulos de la deuda consolidada al 25 % 
de su valor. 

Examinando estos precios decía la Comisión de Hacienda de la 
Cámara de Diputados: 

"En épocas las más felices para la República las tierras del 
Estado jamás valieron el precio qiie se les asigna por el Poder 
Ejecutivo, y hoy que &l país se halla emipo!breci'do, nuestra cam- 
paña enormemente despoblada y el numerario muy raro, de 
todo punto imiposihle es la enajenación de las tierras públicas 
por los va/lores que les asigna el Poder Ejecutivo. La Comisión 
de Hacienda en mayoría tiene en vista que las tierras de pro- 
riedad particular no valen hoy Tas cantidades marcadas como 
precio a las públicas y tiene también el convencimiento de que 
el particular que quisiera comprar campos hallaría muchos cen- 
tenares de leguas por mil pesos". 

La Comisión do Hacienda proponía la reducción del primer 
mínimum a 9 00 pesos, dejando iuiacto el segundo, en pesos co- 
rrientes de odio reales, pagaderos no en dinero como pedí& 
e¡ Poder Ejecutivo, sino en títulos de deuda aforados al duplo 
de su valor corriente. Y proponía ■ambién qu;2 s-'í autorizara ai 
Pioder Eljecutivo para enajenar las tres cuartas partes de las 
tierras públicas. La cuarta parte restante quedaría afectada al 
cumplimientc de los compromisos pendientes con los legionario^ 
de la Defensa y a trabajos de coloiiiííación. 

Todos los proyectos de la época tendían a la negociación in- 
mediata de la tierra pública con destino al pago de deudas. Pero 
de vez en cuando surgían voces de protesta contra su idea inspi- 
radora y a la vez de adhesión al plan primitivo de no despren- 
derse de ese rico patrimonio y de explotarlo bajo el régimen de- 
les contratos de arreindamiento a largos plazos. 

La extinción de la deuda — escribía don Juan María Torres 
en 1855 — debe buscarse en el cumplimiento estricto de la ley 
de Presupuesto y no en la tierra pública. La tierra pública d=^be 
reservarse para otro destino más provchoso. Al norte del Río 
Negro poseen lo estancieros brasileños 1,600 leguas. Los orlen- 



GoniKUNO m: flores .Sí)7 



tales, en cambio, todo lo han perdido en los cuarenta y 'antos 
años de revoluciones que llevamos. ¿Qué se obtendría con la 
venta de la tierra pública? No tenemos datos acerca de la im- 
portancia de este arbitrio, que algunos calculan en 200 leguas, 
mientras que otros hablan de 3,000 en un territorio que csci^i de 
5,5 00 a 5,600 leguas. Son dos extremos inaceptables: el primero 
por muy bajo y el segundo por muy alto. Supongamos que sean 
mil leguas. Al precio más alto de 1,500 patacones cada una que 
lijan los proyectos, darían un miiUón y medio de patacoiie-. La 
deuda consolidada se cotiza al 4 % y a tal precio sería imposi- 
ble amortizar 4 6 millones. Pero a|)enas empezara la amortiza- 
ción fuerte, subiría al 10 o al 12 V' y entonces quedaría in 
saldo pendiente casi tan abrumador como el de la deuda que 
hoy tenemos. 

"Sean las leguas que fueren — agregaba^ — conservadlas para 
perpetuar en ellas nuestra raza. Arrendadlas a puros ciudada- 
nos ahora a 100 pesos por año; de aquí a cinco años a 150; de 
aquí a 10, a 200, y así sucesivamente, de modo que con el tiem- 
po y el progreso de la población lleguen a ser un manantial fe- 
cundo y perpetuo de las más sóilidas rentas de la República, 
manantial que según la cantidad de 'las leguas que sean, poirá 
un día permitirnos disminuir en su mitad y tal vez abolir del 
todos las de Aduana". 

Hermoso programa, sin duda, ya puesto en práctica desde 
los comienzos de nuestra organización constitucional, pero que 
resultaba impracticable dentro de la vida tumultuoisa en que vi- 
víamos y de las eternas angustias del Tesoro público. 

Algún reS'Ultadi3 alcanzó sin embargo esta prédica de lor, oc<- 
cos adversarios de la venta de las tierras públicas, representa- 
dos en la Cámara de Diputados por don Fernando Torres. Los 
proyectos de la Comisión de Hacienda fueron aprobados prime- 
vo y deseciíados después, sancionándose en cambio un proyec- 
to sustitutivo encaminado a regularizar la situación de los po- 
seedores en enfiteusis, que acordaba plazos para el pago de los 
cánones atrasados y autorizaba w\ Poder Ejecutivo para renovar 
los contratos por cinco años, al final de los cuales propondría 
a la Asamblea el nuevo canon que hubiera de fijarse teniéndose 
en cuenta el mayor valor adquirido por la tierra. 



3ÜÍ5 IIISTOHIA DKL LT.IGL'AY 



Ijh moneda cii'culante. 

Desde los primeros meses de 1854 empezó a notarse en la 
plaza la falta de moneda divisionaria. En marzo sólo era po- 
sible cambiar una onza de oro mediante la pérdida de medio 
patacón. Y eil mal debió acentuarse al año siguiente, según re- 
sulta de una información de la prensa que señalaba a fines de 
18 55 el quebranto de nueve reales por onza. 

Con el propósito de arbitrar remedios instituyó el Gobiern > una 
comisión compuesta de don Tomás Tonkinson, don Pedro Sáenz 
de Zumarán, don Jaime Cibils, don Augusto Lascases, don Ed- 
mundo Barthold, don M. 1 . Guimaraens y don Juan Ramón Gó- 
mez. 

La comisión se expidió en seguida, indicando como causa cíe 
la escasez de las piezas de plata el fuerte stock de oro existente 
en plaza y la suba de la moneda de plata en Buenos Aires don- 
de gozaba de una prima del 15 % sobre el oro y en el Para- 
guay donde la prima alcanzaba al 45 %; y proponiendo la acu- 
ñación en Montevideo de 240,000 pesos en piezas de plata frac- 
^cionarias de la onza; la acuñación en Europa de 25,000 pesos 
en piezas de crbre; y una bonificación del 6 Si- a favor de la 
moneda circulante de plata. 

Como consecuencia de estos estudios, la Asamblea autorizó 
al Poder Ejecutivo a mediados de 1854 para acuñar hasta 
60,000 patacones en monedas de cobre con fuerza cancelatoria 
hasta el 5 9f del monto de cada pago, 200,000 patacones en pie 
i.as de plata y 400,000 en piezas de oro. Todas las acuñaciones 
deberían hacerse en Montevideo, Para el retiro del cobre circu- 
lante podría destinar el Poder Ejecutivo hasta la suma de 6.000 
patacones. Algunas semanas después quedaba instalado el taller 
de monedas y en el acto se abordaba la acuñación de cobre. 

La escasez de piezas de oro divisionarias había dado lugar 
f>ntes a que el Poder Ejecutivo se dirigiera a la Asamblea en 
demanda de autorización para cortar 200 a 300 onzas en cria- 
tro partes iguales "a efecto — decía el Mensaje — de facilitar 
las transacciones comerciales". 

También autorizó la Asamblea la circulación de las monedas 
de oro y de plata del Brasil, repúblicas americanas. España y 
Francia, de acuerdo con una tabla ('e equivalencias que estable- 
cía las siguientes bases: 



QOBI£BNO DE FLOBES 309 



El peso de plata corriente conservará su valor de 8 reales, 
de 100 centesimos cada real; el peso ftierte español y el pata- 
cón brasileño valdrán 1,000 centesimos; la peseta española, 200 
centesimos; la moneda de 5 francos, 900 centesimos; lL. mo- 
neda de oro española, compuesta de cinco pesos fuertes, 5$ 160; 
la brasileña, de 20,000 reis, 13$480; la francesa de 20 francos, 
4$400. y la onza, 19$160. 

Como complemento de esta tabla de equivalencias, empezó 
a ocuparse también la Asamblea del establecimiento de una ofi- 
cina que tomaría a su cargo el análisis de las monedas de oro 
extranjeras y fijaría su valor sobre la base de la circulante en 
la República. 

Eran de tal manera angustiosas las circunstancias del erario 
público, que precisado el Gobierno a solicitar en abril de 1S54 
anticipos de fondos a los rematadores del papel sellado y de las 
patentes de giro, sólo pudo obtenerlos al 1 y % % mensual, no 
obstante que el interés corriente para buenas firmas oscilaba del 
% al 1 %, según las informaciones de «El Comercio del Plata». 

Por efecto de ello las medidas encaminadas a combatir la cri- 
sis monetaria no alcanzaban a traducirse en hechos, y la plaza 
que cada día veía aumentadas las dificultades resolvió salvarse 
con ayuda de sus propias fuerzas. 

IjCs bancos y sus emisiones. 

A mediados de« 1855 aunaron voluntades los comerciantes de 
Montevideo a favor de la fundación de una sociedaíl anónima 
con capital de 20,000 onzas de oro, equivalentes a 320,000 pa- 
tacones, para practicar el descuento de letras comerciales y emi- 
tir vales de comercio desde V4 de patacón hasta 8 patacones con- 
vertibles a oro. 

Era un verdadero banco emisor y tan lleno de prestigios que 
en 1856 pidió autorización la Oficina de Papel Sellado y Paten- 
tes de Giro para recibir sus billetes y el Gobierno la concedió, 
irivocando la escasiez de cambio menoT y la absoluta seriedad de 
los componentes de la institución emisora. 

Ya habían sido antecedidos los comerciantes de la i'ap'tal por 
sus colegas de Paysandú, creadores de una sociedad análoga con 
6,000 pesos de capital para convertir los billetes de cambio me- 
nor emitidos por sus accionistas, y también por los del Salto, 
que habían reunido con el mismo objeto 4,000 pesos para la 
conversión de los billetes de esa plaza. 



310 HISTORIA DEL URUGUAY 



El Gobierno resolvió a su turno lanzar vales de Tesorería. 
Pero sin éxito a causa del quebranto inmediato que sufrieron, 
Lien explicable da'do el descrédito del papel iBonedd argent;i;n 
y el temor de que la plaga pudiera echar raíces aquí. 

Un año antes había fracasado en la Cámara de Diputados, por 
efecto de las mismas aprensiones, otra tentativa realizada por 
Ion Manuel V. Muñoz a nombre de una empresa que pretendía 
emitir 300,000 patacones, cantidad igual a su capital, en bille- 
tes convertibles que tendrían fuerza can,celatoria en los pagos. 
La comisión de comerciantes a cuyo estudio pasó el proyecto, 
I'^-odujo dos dictámenes. Uno de ellos favorable, suscrito por 
clon Juan B. Capurro y don Jaime Illa y Viamont. El otro, que 
llevaba las firmas de don Juan Ramón Gómez y don Tomás Tom- 
kinson, combatía el curso forzoso cue se asignaba a los bille- 
tes, sosteniendo que debía dejarse en libertad a los contratan- 
tes y combatía a la vez el monopolio a título de que dentro de 
in legislación oriental todo aquel que inspirara confianza tenía 
fe' derecho die emitir billetes. 

La Comisión de Hacienda de la iCámara de Diputados, abrien- 
4I0 camino a algunas de las negociaciones que esta'ban en trá- 
mite, presentó a mediados de 1854 un proyecto que autoriza^ba 
a^ Poder Ejecutivo para promover y aprobar la organización de 
i:n Banco Nacional de descuentos, depósitos y emisión, con su- 
cursales en los departamentos. Los descuentos se harían sobre 
firmas abonadas, fondos públicos, acciones o hipotecas; el inte- 
rés no excedería del 6 % anual; la emisión podría extenderse al 
triple del encaje metálico; el Gobierno nombraría un inspec- 
tor encargado de fiscalizar el cumplimiento de los estatutos; el 
Banco auxiliaría al Tesoro público en sus operaciones de crédito 
¿iempi'e que fuera auto'rizado para ello. 

De ese proyecto emanó la ley de .nilio del mismo año, que au- 
torizaba al Poder Ejecutivo para promover la fundación de un 
Banco Nacional, con capital de dos millones de pesos, habilitado 
,iara practicar descuentos de firmas, fondos públicos e hipotecas, 
a un interés no mayor de 6 Vi anual, y para emitir billetes sin 
curso obligatorio hasta el duplo del dinero que tuviera en sus 
cajas. 

La tasa del interés corriente oscilaba en esos momentos del 
j 8 al 24 Vi al año, y la prensa batió palmas ante la perspectiva 
de reducirla aQ nivel europeo con una simple p^lumada por la que 
se dejaban de lado las condicianes deplorables de nuestro am- 



QOBIEBNO DE FLOOES 3 1 1 



biente econámico y las más deplora'bles todavía de nuestro am- 
biente político, castigado por incesantes revoluciones que ha<;ían 
huir al dinero de la circulación. Y como era de presumirse, la 
ley cayó en el vacío, pero sin que iteclinara la esperanza de un 
gran Banco Nacional a base de capitales europeos. 

Desde 1853 h.abía empezado un intenso esfuerzo en ese sen- 
tido. Don í'ernando Menck, represjitante del sindicato europeo 
i!ue había proyectado la operación de crédito por 10 millones 
Je pesos con destino a la colonización de 500,000 cuadras cua- 
iliadas de que antes hemos hablado, quedó autorizado, luego de 
producido el derrumbe del gobierno de Giró, para ampliar sus 
gestiones a favor de la fundación de un banco de descuentos, 
préstamos generales e hipotecas, coa capital de 3 millones de 
pesos, que estaría habilitado para emitir billetes hasta el triple 
i(r su capital, bajo la condición expresa de no poder subir la tasa 
del descuento arriba del 6 Oí anual. 

Después de larga residencia en Euroipa regresó el señor Menck 
con un proyecto que el Gobierno pasó a la Asamblea y que ésta 
sancionó a mediados de 1855. 

Quedaba autorizado el establecimiento del "Banco Nacional 
d?. Montevide3" con un capital de 3 millones de pesos fuertes 
en acciones de 100 pesos cada una. El Banco tendría el privile- 
gio de emitir billetes por el duplo de su capital efectivo, que se 
recibirían como dinero en las oficinas recaudadoras del Estado; 
descontaría letras de cambio y demás efectos de comerció de 
plazo no mayor de tres meses y con tres firmas de comerciantes 
nctoriamente abonados; prestarla al comercio sobre mercaderías 
depositadas, por plazos no mayores de tres meses; abriría 
una cuenta al Gobierno hasta 50,000 pesos mensuales reembol- 
.lí.bles a los tres meses, garantida con documentos contra la 
Aduana; practicaría cobranzas, acepcaría depósitos, abriría cuen- 
tas corrientes. A los particulares no podría cobrarles más d?l 
i) '/( anual y al Estaño más del 6 '/, . El Gobierno nombraría un 
contador fiscal. Los privilegios concedidos al señor Menck du- 
. rarían doce años. 

Cuando el señor Menck trabajaba su proyecto en Europa, don 
Carlos Navia promovía reuniones de capitalistas en Montevideo 
para proponerles la fundación de un Banco o caja de descuentos 
y depósitos con capital de 200,000 pesos en acciones de dos mil 
pesos cada una, que se pagiarían la mitad en efectivo y la otra 
mitad en vales al portador aprobado? y numerados por el Banco. 



3r2 HISTOIUA UEL URUGUAY 



Esos vales circularían en plaza coano dinero efectivo y serían 
convertibles al portador a los cinco días de presentados al co- 
bro. El Banco duraría un año, pero los accionistas podrían acor- 
dar su continuación al vencimiento del plazo. 

En esos mismos momentos también don Andrés Lamas y el 
barón de Mauá hacían llegar al Gobierno otra propuesta, la más 
vasta de todas. El establecimiento que proyectaban se llamaría 
'•Banco de Montevideo", tendría un caipital de 5 millones de 
ppsos, haría desicuentos, aceptaría depósitos y emitiría hasta el 
duplo de su capital realizado, y aún hasta el triple mediante 
venia gubernativa. Sus billetes serían recibidos como dinero en 
ias oficinas recaudadoras de impuestos. En ningún tiempo podría 
obligarse al Banco a hacer préstamos al Gobierno. 

Había, pues, energías de sobra para ayudar a la plaza m 
.íu obra de resurgimiento económico. Desgraciadamente la atmós- 
fera revolucionaria que envoilvia al país no era propicia para ias 
operaciones de crédito, y uno tras otro cayeron en cilvido todos 
ios proyectes presentados, quedando empero dos gérmenes que 
habrían de desarrollarse, vigorosamente después: la Sociedad de 
Camibios de Montevideo, de que emanaría el Banco Comercial, 
i' la agencia bancaria instituida por el barón de Mauá desde la 
terminación de la Guerra Grande para el servicio de los sub- 
sidios del Tesoro brasileño a l3s gobiernos de Suárez, Giró y 
Flores, y otras operaciones que se fueron paulatinamente ensan- 
chando, hasta dar a la agencia las características de un verdadero 
banco emisor que al principio funcionó sin ley y sin autoriza- 
ción gubernativa, según lo veremos en otro capítulo. 



CAPITULO VI 
Movimiento administrativo 

Primeras medidas finaiieieras del gobierno revolucionario. En;»- 
je.naei«')n de la renta aduani'ra. 

Un mes después de la caída de Giró resolvió el gobierno 
revolucionario enajenar la renta aduanera como medio de pro- 
curarse un ingreso regular de fondos. Sobre la Aduana gravita- 
i>an ya muchos e importantes compromisos. 

"El Orden", órgano oficial del Ministro de Gobierno y Rela- 
ciones Exteriores doctor Juan Carlos Gómez, acababa de anun- 
ciar que los acreedores nada querían ceder al Tesoro público, y 
que el Gobierno daría preferencia entonces '"al derecho a los 
alimentos". La advertencia era terminante. Entre cumplir los 
contratos hipotecarios o pagar los presupuestos, se optaría de- 
cididamente por lo último. Era exactamente lo mismo que ha- 
bía hecho el Gobierno de Giró en marzo de 1S52, contra el voto 
de los que a)hora no vacilaban en imitarlo. 

Antes de finalizar el año 1853 quedó firimado el contrato con 
un grujpo de cuarenta y tantos acreedores de los que habían ad- 
mnistrado la renta hasta marzo de 1852, bajo el compromiso 
c'e entregar al Go'bierno 130,000 pesos mensuales, que era la 
cantidad representativa de los sueldos civiles y militares, y de 
aplicar el remanente a la amortización de sus respectivos crédi- 
tos. 

El gobierno revolucionario reintegraba pues a los acreedores 
desalojados por Giró, pero desalojando a su turno a los que en 
e^cs momentos estaban percibiendo el producto de las rentas a 
mérito de contratos celebrados en legal forma. 

El doctor Juan Carlos Gómez describía así las estrecheces del 
erario horas antes de la firma del contrato, en carta a don Tvi- 
más Villailba (correspondencia publicada por el doctor Palo- 
meque) : 



314 HISTORIA DEL UBCGDAT 



••Por más esfuerzos que hemoá hecho no ha sido posible arre- 
glarnos más de 100,000 pesos de entrada mensual y la iLsta 
sube a ciento treinta mil y tantos. Para alcanzar esto mismo con 
las rentas empeñadas por tantos meses y en el profundo des- 
crédito en que dejó -al Estado la administración Giró, han sido 
precisos verdaderos milagros. Así es que nos hemos resignado a 
pagar dos terceras partes de los sueldos que pasen de 3 00 pe- 
sos, de suerte que la Policía será pagada íntegramente, hasta 
que desempeñadas las rentas podamos pagar Integramente a to- 
dos los siete meses atrasados y la tercera parte que queda en 
suspenso y colocarnos al día". 

En esa misma época fijaba "El Orden" en 2.400,000 pesos el 
monto de los créditos situados srbre la renta de Aduana y en 
900,000 pesos el monto de los siete presupuestos adeudados a 
los empleados civiles y militares. Dos compromisos agobiantes 
que varias veces estimularon a los corresponsales y colabora- 
dores del mencionado diario a realizar propaganda a favor de 
la emisión de papel moneda, como medio de cancelar las deudas 
y de llenar el vacío dejado por el retiro de las especies metá- 
lipas. 

Son despojados los nuevos compradores de la renta aduanera. 

Xo alcanzó a tener larga duración el nuevo contrato. 

Desde los comienzos de 1S54 empezó 'la lucha entre el Direc- 
torio administrador de la Sociedad c;mpradora de la renta, que 
trabajaba a favor de la reducción de sus entregas, y el Gobierno 
que tenía interés en recuperar la administración aduanera. 

La situación del país — decía el Gobierno en febrero — es 
actualmente mucho mejor que al tiempo de celebrarse el con- 
trato. Hay mayor prosperidad y sobre todo se cuenta "con la 
poderosa protección del Brasil". El Gobierno se conformaría, 
sin embargo, con seguir recibiendo la cuota mensual de 130,000 
pesos a condición de que la Sociedad administradora garantizase 
el pago de la mensualidad. 

La Sociedad compradora invocaba a su turno el descenso de 
la renta como consecuencia de la confrarrevolución de Giró, y 
exigía el nombramiento de ábitro; de acuerdo con una cláu- 
sula del contrato que prevenía que el monto de las entregas po- 
dría ser modificado por las partes contratantes. 

Terminó este primer incidente mediante la aceptación por la 



60BIEBX0 DE FIX)BES 315 



Sociedad compradora de una fórmula propuesta por el Gobier- 
no, bajo apercibimiento de rescición del contrato, que consistía 
en la reducción de la cuota a 100,000 pesos mensuales siempre 
que el producto aduanero no excediera de esa cifra mínima. 

Pero el Gobierno, que ya estaba resuelto a ir a su fin, luego 
de adoptar algunas medidas de contralor tomó violentamente 
posesión de la Aduana, desailojando al Directorio administrador 
constituido por don Pedro Bustamante, don Bruno Mas, don 
Adolfo Rodríguez, don Juan José Sosa Díaz, don José María Mu- 
ñoz como contador, y dirigió un mensaje explicativo a la Asam- 
blea. 

El Gobierno Provisorio — decía el mensaje — celebró ese 
contrato en el concepto de recibir cantidades fijas para atender 
el pago de las necesidades públicas. Su cumplimiento resulta 
ahora gravoso por haber rechazado la empresa varias modifica- 
ciones que le fueron propuestas. Ha tenido necesidad, además, 
el Gobierno de separar un miembro del Directorio que hacía de 
tesorero y a varios empleados cuyos procederes perjudicaban los 
intereses del Estado. El contrato adjudicaba el 5 ^r de las rentas 
a la amortización de una categoría de créditos que resultaban 
privilegiados. Por todo ello, y de acuerdo con el artículo 8 2 de 
la Constitución, el Gobierno ha resuelto asumir la administra- 
ción de la Aduana. 

Ya Flores había roto con los conservadores que tenían ei 
contralor del Directorio p:r medio de algunos de sus primates, 
y don José María Muñoz que era uno de ellos y que a la vez 
ocupaba una banca en la Cámara de Diputados, dijo a raíz d?l des- 
pojo que Plores había realizado mediante su intromisión en la 
Aduana actos de camurilla para echar sombras sobre el Directo- 
rio y convertirse en apadrinador de prevaricadores. 

En la Cámaia estaban muy divididas las opiniones y la divi- 
sión se tradujo en dos dictámenes de la Comisión de Hacienda: 
uno de la mayoría, que fué desechado, y otro de la minoría, que 
triunfó. 

La Comisión en mayoría fué a la Aduana y allí examinó los li- 
bros en presencia del contador del Directorio don José María 
Muñoz. Persuadida de que eran inexactos los cargos que habían 
dado base a las medidas gubernativas, presentó un proyecto de 
ley declarando que el decreto por el cual el Gobierno reasumía 
la administración de la Aduana, "estaba destituido de funda- 
mentos de hecho y de derecho". 



316 HISTORIA DEL URUGUAY 

"No es la primera vez — decía en su informe — que se lia 
presentado la interpretación del artículo 82 de la Constitución 
de la República para establecer si el Poder Ejecutivo tiene o no 
facultades de confiar a particulares la recaudación de las rentas 
por enajenación u otro contrato. La Cámara de Representantes, 
influenciada sin duda por espíritu de partido y de circunstancias, 
quiso negarlo en una declaración sobre el decreto do 30 de 
marzo de 1852; pero no tardó la Asam^blea en adoptar una re- 
solución contraria en la ley de julio de 18 5^3 para la enajena- 
ción de la mitad de las rentas de Aduana, dejando con ello in- 
terpretado y establecido que el artículo constitucional no era 
un obstáculo a la enajenación de las rentas, pues si lo fuera 
la Asamblea lo hubiera violado con la sanción de esa ley. La 
Comisión no puede menos que extrañar que el Poder Ejecutivo 
(Je semejante interpretación al articulo constitucional respecto de 
;a enajenación de las rentas de Aduana y no la dé al mismo 
tiempo respecto de la enajenación de las rentáis de papel se- 
llado, de mercados y de corrales, para cuya enajenación apare- 
ce en los periódicos un aviso en los momentos en que vuestra 
Comisión de Hacienda se expide en este informe. La Comisión 
informante no puede salir de este dilema: o no tiene el Podei 
Ejecutivo la facultad de enajenar o cometer la administración 
de sus rentas, y en este caso viola a sabiendas el artículo cons- 
titucional; o tiene esa facultad, y en este caso está en el de- 
ber de respetar los compromisos que contrae y cumplir las obli- 
gaciones que estipula en los contratos de enajenación" 

El de la minoría declaraba simplemente que las cuestiones 
contenciosas no eran de la competencia del Cuerpo Legislativo 
y que en cosecuencia la Cámara debía pasar a la orden del día! 

La sitiiaci«')n financiera en 1854. 

Agrupando las cifras relativas a los primeros meses de su go- 
bierno, decía Elores a la gran Asamblea en su mensaje de mar- 
zo de 18 54: 

La nueva administración se encontró con una deuda de 
1.786,337 pesos contraída por el gobierno de Giró, incluidos en 
olla seis meses de sueldos civiles y militares devengados de abril 
a septiembre de 1853. A esa deuda estaba afectada la casi totaii- 
nad de las rentas. En tal situación el Gobierno realizó arreglos 
con los acreedores que percibían los ingresos de Aduana, pape' 



GOBIEBNO DE FLORES 317 



sellado y mercado. La cuota de los primeros quedó reducida a 
49,000 pesos mensuales, corespondiendo el excedente al Gobier- 
no. De las rentas de papel sellado y mercado quedó libre la mi- 
t.ul para el Gobierno. Todos esos recursos no alcanzaban a 
80,000 pesos, suma insuficiente para cubrir las más urgentes 
erogaciones. Hubo, pues, que enajenar la renta aduanera, lote- 
ría, mercado y papel sellado de 1854. 

Pueden calcularse — agreigaba - — los gastos mensuales del 
Presupuesto en 135,000 pesos y en 37,000 los de la deuda ^xigi- 
ble. Contando con el subsidio brasileño bastarían entonces 
100,000 pesos mensuales de rentas generales para establecer el 
equilibrio. 

El Ministro de Hacienda don Lorenzo Batlle presentó al 
Cuerpo Legislativo a principios de 1855 la cuenta de ingresos y 
egresos correspondiente al año anterior. 

El Tesoro nacional había tenido una entrada de 3.715,986 
pesos por diversos conceptos, entre los que sobresalían estos 
cuatro: 

Renta aduanera S 1.405,000 

Papel sellado y patentes de giro. . . 100,000 

Subsidio brasiileño 65 6,000 

Em prest iitog 1 . 3 3 5,0 O 0\ 

Entre los egresos sobresalían los rubros que subsiguen: 

iCuerpO' iLeglis/laitivo/ $ 8 2,09 7 

Ministerio de Golbierno 406,038 

de Guerra 1.137. 8 20 

" de Hacienda (incluidos pesoisi 
1.289.000 por cancelación 
de empréstitos) 1.867,858 

Hacía constar el Ministro qué la renta de Aduana y Recepto- 
rías, calculada al tiempo de formularse el Presupuesto en 
1,725,000 pesos, había sufrido una merma de 300,000 pesos; que 
la renta de papel sellado y patentes, presupuestada en 280,000 
pesos, había dado 180,000 menos; que todas las demás rentas ha- 
bían dejado déficit; y que una de ellas, el derecho adicional i¡e 
Aduana, jamás había alcanzado a recaudarse. 



318 HISTORIA DEL UBUUGAY 



Agregaba que computadas todas- las demás diferencias, re- 
sultaba un.a merma de 8 74,000 pesos con relación al cálculo de 
lecursos, y que como además el Presupeusto de 1854 había sido vo- 
tado con un desequilibrio de 225,000 pesos, el desnivel efectivo 
era de un millón cien mil pesos en números redondos. 

Algo más prevenía el Ministro: que los disturbios políticos Je 

1854 habían hecho subir el déficit a 1.292,000 pesos, y que ad'?- 

"niás gravitaba sobre el Tesoro público un saldo de 1.434,000 

pesos por concepto de créditos exigibles contraídos todos ellos 

liesde la terminación de la Guerra. Grande en ade'lante. 

lEn resumen: el déficit al finalizar el año 1854, era de pesos 
2. 726,976 y se distribuía así: 

Libramientos impagos de 1854 ... $ 785,141 
Presupuestos de septiembre, octubre, 

noviembre y diciembre 517,689 

Deuda exigible 1.424,146 

Tanto abundaban los créditos de la llamada deuda exigible que 
las informaciones financieras de la época, al establecer el cálculo 
*de ingresos y egresos de 1855, fijaban en 720,000 pesos anuales el 
(¡esembolso por ese solo concepto. 

No podía darse, pues, una situación más desastrosa. El año 
cerraba con cuatro presupuestos impagos. Las rentas descen- 
dían fuertemente. Y los gastos en perpetuo tren de aumento 
amagaban con nuevos y formidables desequilibrios financieros. 

La situación flnauciera se agrava en el curso de 1855. 

A mediados de año se presentaron al Gobierno unos doscientos 
empleados militares y civiles, entre los que que había varios gene- 
rales, expresando que su situación era afligente, como que tenían im- 
pagos sus sueldos desde enero amén de. los atrasos correspon- 
dientes al año 1854. Pedían que se les pagara con bonos de la 
deuda consolidada al precio del día. 

Como consecuencia de esa y otras gestiones, la Asamblea au- 
torizó al Poder Ejecutivo para girar vales de Tesorería contra 
las rentas generales hasta 200,000 pesos por una sola vez y 350,000 en 
siete mensualidades de 50,000 pesos cada una. La emisión y el 
rescate quedaban a cargo de la Comisión de Cuentas de la Asam- 
blea, del Ministro de Hacienda y del Contador General. Pero los 



OOBIEBNO DE FLORES 319 



vales de Tesorería se estrenaron con un quebranto de 6 <>c, que 
a las pocas semanas se hizo más gravoso. Y el atraso siguió cre- 
ciendo. 

El coronel don Ramón Cáceres que acababa de llegar de campa- 
ña en busca de recursos para hacer frente a las exigencias de su 
hogar, se presentó al Ministerio de la Guerra diciendo que se le 
había hablado de la cancelación de seis presupuestos con títulos 
do deuda exigible, pero que esos títulos estaban muy depreciados 
y que su aceptación le irrogaría grandes perjuicios. Prevenía que 
St le adeudaban sus haberes desde enero. 

Ante la avalancha en perspectiva dictó el Gobierno un decreto 
que, luego de referirse a la ley de creación de la deuda exigible 
y a la necesidad de darle estricto cumplimiento, disponía que en 
adelante no se admitirían en las oficinas públlicas solicitudes sor- 
bre pago de sueldos de 1853, 1854 y (primer semestre de 1855; 
pero que en cambio se exipediría a los reclamantes que lo solici- 
taran certificados por lo que el Tesoro les adeudara. 

Antes de dar ese portazo a los empleados, se había castigado 
con otro a los compradores de sueldos. Invocando que los em- 
pleados públicos habían tenido que enajenar sus sueldos del pri- 
mer semestre de 18 5 5 para subvenir "a la subsistencia de algu- 
nos días», con lo que se quería evidenciar las condiciones usura- 
rias del negocio, resolvió el Gobierno que en los casos de enaje- 
nación de sueldos o pensiones del segundo semestre, sólo se abona- 
ría la mitad de lo que perteneciera a cada empleado. 

Algunas excelentes medidas surgieron de esos atrasos emanados 
en buena parte de la falta absoluta de contralor administrativo. 
Entre ellas un decreto prohibiendo a las oficinas recaudadoras 
que atendieran órdenes de pago y mandando verter en la Teso- 
lería General las rentas de todo el país, a fin de que la Conta- 
duría interviniera en la distribución de las mismas. 

Veamos albora el balance de 1855, tal como fué exhibido ante 
ie Asamblea a mediados del año siguiente. 

Al Tesoro público había ingresado 2.578,5-48 pesos, destacándose 
estos rubros: 

Aduana de Montevideo exclusivamente. ..$ 1 . 317,634 

Papel sellado y patentes de giro 231,307 

Corrales de Montevideo 4 6,79 8 

Mercados de Montevideo 47,116 

Contribución directa de Montevideo 19.177 

Empréstitos 68 3,28 6 



3-20 HISTORIA DEL URUGUAY 



Quedaba el cerrar el año un déficit de 3.357,190 pesos, que, como 
se encargaba de hacerlo notar el Gobierno, excedía en 1,324,000 pe- 
sos a todo el cálculo de recursos de 1855! 

Entre las partidas componentes del déficit figuraban 356,000 
pesos adeudados al barón de Mauá por concepto de empréstitos 
y eso que el propio barón en su propuesta bancaria del mismo 
año. proscribía como dañosos los préstamos al Gobierno! 



Ei subsidio brasileño. 

De estos extremos angustiosos había intentado salir más de 
ana vez el Gobierno mediante el subsidio pactaido en los trata- 
dos de 1851, que la diplomacia imperial explotaba invariablemente 
tu apoyo de sus planes de anarquía interna y de absorción terri- 
" torial. 

Producido el derrumbe de Giró obtuvo el gobierno de Flores 
una primera prestación de 30,000 patacones mensuales, que 
en pezó a haicerise efectiva en diciembre de 1853. Tres meses des- 
pués fué elevada a 6 0.000 patacones, bajo la expresa condición 
de que el subsidio terminaría en diciembre de 18 54. En el tra- 
tado que se ajustó con tal motivo reconoció nufstra cancille- 
ría como deuda internacional un préstamo de 84,000 pesos otor- 
gado por la casa Guimaraens y C." al interés del 1 % % mensual, 
tasa que quedó reducida al 6 % anual que devengaban las pres- 
taciones emanadas de los tratados de 1851. 

«No puede presentarse un testimonio más elocuente del vivo 
mterés que inspira al Gobierno de S. M. el Emperador del Brasil 
la prosperidad de la República, su organización y paz estable », 
decía uno de los documentos relativos a la ratificación parla- 
mentaria de ese ajuste, tendiendo un velo sobre las intrigas de 
la diplomacia imperial para voltear gobiernos y sacar gruesas 
compensaciones territoriales de los subsidios de su Tesoro. 

Mientras se realizaban los trabajos de la demarcación de lí- 
mites, — decía un diario en 1854 — el déficit obligaba incesan- 
temente al Gobierno Oriental a recurrir al Tesoro brasileño. El 
subsidio — agregaba otro diario en 185 6 — sólo ha serví lo 
aquí para fomentar el despilfarro administrativo. 

La Memoria de Relaciones Exteriores presentada por don Ale- 
jandro Ohucarro a la Asamblea a principios de 1855 contenía 
dos párrafos que hub!<?ran padido citarte como prueba de la pri- 



GOBIERNO DE FLORES 321 



mera de esas críticas periodísticas. En uno hablaba de la con- 
vención de junio que elevaba el subsidio a 60,000 patacones n:tm- 
suales, y en el otro hablaba de la corrección de un error del tratado 
tí:: limites al demarcar la frontera del Chuy, corrección que había 
P'íiTnitido — decía el Ministro — reanudar los trabajos que esta- 
ban interrumpidos. 

Según el cuadro de la cancillería brasileña de abril de 1S55, los 
préstamos acordados por el Tesoro imperial desde diciembre de 
1853 hasta diciembre de 1854 y el adeudo al barón de Mauá, mon- 
taban a 720,000 patacones. 

Poco después eran publicados, con motivo de una interpelación 
del Senado al Ministro de Haoienda, otros cuadros de los que re- 
sultaba que el Tesoro oriental había recibido 864,000 patacones en 
esta forma: 746,151 en efectivo y 117,849 por concepto de los crédi- 
tos del barón de Mauá, y declaraba el Ministro interpelado que 
la Contaduría no había tenido intervención en una importante par- 
tida de 90,000 patacones! 

Nuestra cancillería gestionó en enero de 1855 la continuación 
del subsidio. Pero sin resultado. El Brasil había resuelto ya echar 
abajo al gobierno de Flores mediante la acción del Partido Con- 
servador, y lo que menos le interesaba era que ese gobierno, caídx) 
•íu desgracia, pudiera regularizar sus descalabradas finanzas. 

También se preocupó con empeño de obtener la garantía del 
Brasil para la contratación de un empréstito que se emitiría al 
70 '/f. Fué una gestión que prosiguió por espacio de varios meses, 
según lo atestigua una nota de la Legación Oriental en Río de Ja- 
neiro a cargo del doctor Adolfo Rodríguez, al :Ministro Paranhos, 
cliciéndole en julio de ese año que uno de sus cometlidos era el de 
«obtener del Gobierno de S. M. Imperial un empréstito de dos mi- 
llones de pesos fuertes con su garantía oficial», bajo expresa y 
ospecial hipoteca de algunos de los ramos de las rentas de la Re- 
pública, cuya administración estaba dispuesto el «gobierno a entre- 
gar a los prestamistas». 

Agregaba el doctor Rodríguez que su Gobierno se proponía 
emprender la reforma militar, can lo cual aliviaría el presu- 
puesto de 45 a 50 mil pesos mensuales y convertiría a los mili- 
tares de factores de disturbios en agentes interesados en el m?^n- 
tenimiento del orden público. 

Pero, con resultado igualmente negativo, según se encargó de 
decirlo la cancillería imperial en el Relatorio presentado al Par- 
liimento en mayo de 1856. 

IV -21. 



322 HISTORIA DEL URUGUAY 



No fué obstáculo esta doble negativa para que la voracidad 
del Imperio siguiera dando temas sabrosos a la prensa, y de tal 
calibre que a fines del mismo año «El Nacional» recogía el rumor 
de que el Brasil había ofrecido tres millones por la ocupación tem- 
poraria de la Colonia como base de operaciones de guerra contra 
el Paraguay y de comercio con la Provincia de Buenos Aires. Dfes- 
mintieron la noticia los demás diarios y la Policía llamó al direc- 
tor de "El Nacional" para que indicara el origen de su informa- 
ción, sin conseguir nada positivo; pero la atmósfera continuó 
agitada, porque en esos momentos, como lo hemos dicho en otro 
capítulo, era teatro la frontera de Río Grande de fuertes reu- 
niones de gente armada que coincidían con la orden de desalojo 
dada a las tropas imperiales de guarnición en Montevideo. 

El producto (le las rentas. 

El Impuesto de Aduana. 

La época era de frecuentes sacudidas políticas y la Mesa de 
Estadística suministraba escasos datos y esos mismos con lamen- 
tables intermitencias. 

En noviembre y diciembre de 1853, dos meses de intensa 
expectativa a causa de los trabajos de la diplomacia brasileña 
para provocar la contrarrevolución del ex Presidente Giró, la 
Aduana produjo 137,000 y 70,000 i esos respectivamente. 

De marzo a noviembre (9 mesesí de 1854, hubo un ingreso 
de 1.131,240 pesos, correspondiendo la mensualidad más alta 
al mes de mayo que produjo 150,650 y la más baja al mes de 
noviembre que produjo 113,640. Hay que advertir que por de- 
creto de octubre de 1853 había quedado sin efecto el adicional 
de 1/5 % sobre la importación, votado en julio de ese mismo 
año. 

En todo el transcurso del año 1855 la Aduana sólo alcanzó a 
producir 1 279,187 pesos, contra 1,430,236 que había dado en 
1852, primer año de la administración Giró. 

En enero y febrero de 1856, últimos meses del período com- 
plementario de la presidencia de Flore.s, la Aduana dio respec- 
tivamente 76,366 y* 79,728 pesos. 

La Cámara de Diputados abordó en 1854 el estudio de la 
ley de Aduana. 

Debemos propender — decía la Comisión de Hacienda en su 



aOBIEBNO DE FLORES 323 



dictamen — a que el comercio se concentre en Montevideo, en 
vez de concentrarse en Buenos Aires como ocurre actualmente. 
Hasta los mismos pueblos orientales de la costa del Uruguay 
se surten en dicha plaza, porque ion argentinos han sabido dar 
al comercio toda suerte de facilidades, empezando por sus con- 
siderables rebajas en las tarifas de Aduana. Nuestro puerto es, 
sin embargo, superior al de Buenos Aires, donde la carga y 
descarga de un buque cuestan más que todo el flete de Europa 
al Río de la Plata. 

"La ley de Aduana — agregaba — no es sollámente una ley 
de impuestos, sino una ley económica. No solamente debe tener 
por objeto crear rentas, sino favorecer al comercio y a la pro- 
ducción del país. En la situación actual es un elemento pode- 
roso que tenemos en la mano para hacer revivir el comercio 
moribundo de esta plaza, si establecemos aquellas franquicias 
que pueden atraerlo; o acabará de consunción si siguen las co- 
sas como se hallan arregladas actualmente. Los solos consumos 
de la plaza de Montevideo son en sí poca cosa para alimentar e! 
comercio en la grande escala que nos prometen nuestro bello 
puerto y nuestra situación geográfica. Y asi mismo, los escasos 
productos que ofrece el país por su devastación son insuficien- 
tes a pagar las importaciones, resultando de aquí un déficii, 
que tenemos necesidad de pagar ea moneda metálica. Esta si- 
tuación es ruinosa y debemos hacer todo esfuerzo para salir 
de ella cuanto antes, haciendo de modo que los efectos euro- 
peos introducidos a Montevideo puedan repartirse en los puer- 
tos de la Confederación Argentina y buscar allí mismo los fru- 
tos de exportación que necesitamos para los retornos. Este es 
el único remedio que tiene por el momento nuestra situación 
mercantil". 

Proponía la Comisión en su proyecto de ley de Aduana que 
■ueran declarados libres las maquinarias, los frutos similares a 
los del país, la sal, el ganado, etc.; que pagaran el 5 % el 
hierro, la hojalata, el zinc, las maderas de construcción; el 8 % 
los tejidos de hilo y de seda; el 15 % el azúcar, la yerba, 
el aceite y los comestibles en general; el 20 Ve los muebles, 
el calzado, los sombreros, la ropa hecha, el vino, los cereales; 
el 30 Ve los cigarros y los naipes. Las harinas quedaban suje- 
tas a un derecho variable del 15 al 30 % según su cotización 
en plaza. El derecho general era c'el 10 %. Pero computados 
todos los aumentos, resultaba para el movimiento global de 



324 HISIOKIA DEL URUGUAY 



la importación un promedio del 14 %, justamente igual al 
porcentaje argentino. La exportación y el tránsito por trasbordo 
o por reembarco eran declarados absolutamente libres. 

Hubo una discusión parlamentarla tenaz. El Ministro de Ha- 
cienda se oponía a tan radicales reformas. Son reducciones bue- 
nas — decía — para los países europeos y atin para el nuestro si 
no estuviéramos en las condici/ones en que estamos. Pero no es es- 
ta la oportunidad de implantarlas. 

El momento era de desccn.so reiitistico y el Ministro quería 
evitar el riesgo de una reagravación del déficit, aunque sin te- 
ner en cuenta que entre los factores del descenso figuraba pre- 
cisamente el desnivel arancelario que la Comisión quería su- 
primir con intuición patriótica. 

La Cámara se dejó impresionar, sin embargo, por los temores 
ó el Ministro y adhirió al proyecto del Poder Ejecutivo que coin- 
cidía con el de la Comisión de Hacienda en las primeva; oateg"-- 
r.'as, pero que elevaba al 20 % el derecho general de importa- 
ción y al 3 % el de la ropa hecha, calzado, cereales, etc. 

Otro de los factores del descenso era el contrabando, y para 
combatirlo estableció el Gobierno un pontón aduanero auxilia- 
do por embarcaciones armadas, en el río Uruguay, cerca del 
puerto de Higueritas. 

"Todo buque que navegue en el Uruguay — prevenía el de- 
creto — con destino a puertos de este Estado, está obligado a 
fondear cerca del pontón para sufrir el registro". 

Los demás impuestos. 

La Asamblea votó en 1854, a pedido del Poder Ejecutivo, un 
"impuesto de barrera" en el Departamento de Montevideo. De 
acuerdo con la ley respectiva, los ganados procedentes de cam- 
paña quedaban sujetos a una cuota de 20 centesimos por ca- 
beza, aplicable a caminos, calzadas y puentes en todo el terri- 
torio de la República. 

La ley de contribución directa sancionada por las Cámaras de 
la administración Giró en julio de 1853, debía empezar a te- 
ner ejequción desde el año siguiente. Pero al vencer el término 
se resolvió aplazar su cumplimiento hasta enero de 1855, y aun en- 
tonces fué el Ministro de Hacienda a la Cámara para preve- 
nir que la ley seguía en suspenso, a causa — decía — «del 
estado de aniquilamiento en que todavía se hallan todas las 



GOBIERNO DE FLORES 325 



fortunas particulares y de las graves dificultades que presenta 
el establecimiento de esta imposición con la justicia y equidad 
necesarias para que ella no sga origen de continuas reclamacio- 
nes". 

AI precederse ese mismo año a la revisión de la ley hubo 
una discrepancia importante en cuanto a la cuota. La Cámara 
de Diputados votó el 2 ^c y el Senado el 4 %c. Hubo necesidad 
de someter el punto a la Asamblea General y entonces prevale- 
ció el 2 '/f, que era precisamente la cuota establecida por la ley de 
creación del impuesto. 

El Presupuesto de 1855. 

L« ley de Presupuesto sancionada en 1854 con destino al año 
siguiente, fijaba los gastos en 2.718,000 pesos y los recursos 
en 2.349,000, o sea con un déficit inicial de más de 350,000 
pesos. 

He aquí cómo se distribuían los 'gastos: 

Cuerpo Legislativo .$ 66,430 

Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores 771,288 

Ministerio de Guerra 914,014 

Ministerio de Hacienda 247,134 

Servicio de la Deuda 720,000 

Total „ íí 2.718,866 



La Administración de Justicia absorbía 54,732 pesos. 

La Policía figuraba con cantidades muy bajas: 38,032 para 
el Departamento de Montevideo, con sólo 14 comisarios y 10 ce- 
ladores,' y de 3,960 a 5,940 para cada departamento de campaña 
con uno o más comisarios según el número de los pueblos y 
sin un solo celador. Pero, en cambio, se creaba un regimiento de 
policía de línea con 1,368 plazas y un costo de 328,216 pesos. 

La Universidad absorbía 12,280 pesos con destino al servicio 
de una cátedra de teología, una de derecho civil, una de de- 
recho de gentes, una de filosofía, una de matemáticas, una de 
latín, una de inglés, una de francés, una de dibujo y una Es- 
cuela Normal. Al discutirse en la Cámara de Senadores esta pla- 
nilla, el doctor Enrique Muñoz votó en contra de la cátedra de 
teología, alegando que había necesidad de fundar escuelas pri- 



o-Jb HISTORIA DEL I-KrcrAY 



Diarias. "Cuando hay en el país — agregó — un Alcalde Or- 
dinario que no sabe leer, no es propio que se sostenga una cá- 
tedra de teología". 

Para el servicio de la enseñanza primaria destinaba el Pre- 
supuesto 7S,980 pesos, y con esa suma debían ser atendidas 54 
escuelas y un colegio superior. Montevideo tenia 10 escuelas 
con 14.200 pesos de costo, incluidos 3,000 pesos para alquileres, 
y los departamentos de campaña 44 escuelas con un costo de 
54.560 pesos, del que correspondían 7,920 a alquileres. El Co- 
legio Nacional tenía 3 6 alumnos internos, cuyo sostenimiento 
absorbía 8,300 pesos. Para textos había 1,200 pesos. También 
figuraba en la planilla de Instrucción Pública una beca de 720 
pesos para estudios de pintura en Europa. 

En las planillas del Ministerio de Guerra destacábanse el Es- 
tado Mayor Activo compuesto de 6 brigadieres y 4 coroneles mayo- 
res y el Estado Mayor Pasivo con 34 coroneles, 63 tenientes coro- 
neles, 72 sargentos mayores, 160 capitanes, 50 ayudantes mayores, 
95 tenientes 1.'^. 49 tenientes 2." y 92 subtenientes. 

El ejército de línea, reducido a su menor expresión en virtud 
de encontrarse ocupados los cuarteles de Montevideo por las tro- 
pas brasUeñas. componíase de 102 soldados de artillería y dos pla- 
nas mayores y dos cuadros de oficiales sin soldados. 

En el cálculo de recursos que ascendía, como hemos dicho, a 
2,349,000 pesos, destacábanse la Aduana de Montevideo con 
1.800,000 pesos, las receptorías y subreceptorias con 130,000, 
el papel sellado y las patentes de giro con 206,000. los corra- 
les de Montevideo con 50.000 y los de campaña con 6,000, el 
mercado de la Capital con 50,000 y el Correo con 20.000. Xo 
figuraba la contribución directa, pero un articulo de la ley de 
Presupuesto aplicaba su importe y el de las tierras públicas a la 
amortización de la deuda. 

Desde los primeros meses del año surgieron grandes dificul- 
tades para cubrir este presupuesto y el Gobierno resolvió diri- 
girse a la Asamblea en demanda de una rebaja general de 
sueldos que oscilaría del 10 al 25 ^c. 

El Presupuesto — decía el Poder Ejecutivo en su mensaje — 
sube a 1.986,764 pesos sin computar la partida de 720.000 pe- 
sos de intereses de la deuda, que no ha recibido todavía cum- 
plimiento. Ese monto representa &1 mes 165.543 pesos. Tiene 
el erario que cubrir además 9.000 pesos por concepto de cons- 
trucción de depósitos de Aduana y 10.000 por concepto de amor- 



tix&elD-. ze 1& desáa rum^Híídmia Ex. carjEHio l§4.i43 ref-:: 
TH'-mitr- T far», fo^ar esa erogacuai siio csaBz «^ 
con U3f,»f« pesos ^ ia ^ámarna t ^ lae \n ibitiwími y . 

corrales, ^kaTaido&. correos j d-eautá,- fueaii'S Escal-es. En resx- 
ra-e- 14*.í>^»f pesos áe ragreso- y 1S4. {•{*{' ¿~ egresos.. 

Coa. ay-.da de la proyecran^ r^^isoeiáE. ¿e sTiej-dx»* es5>=r£J>i 
peder obtener e-1 Poder E퀻CTitixo niia ec-os.'TTO^r. ce fí'.^M pesos 
aüreosBales. o sea eerta, S-e la TmrL&d del déocii £iiS23¡X£. 

Don Anlrés LAais¿ q-ae no ^mn~aiha a C B M yK - ta iidsT Q.Tj.e eoai 
lá reii-^^eión -de sikeMoe jn&disra so3wriiiaLrse la er^s^ vnlkZ-có 
•KR pilazi 7ná= Tasto, eoa aprersacáanes c— neta s sobre s^ nunto de 
la. riQaiexa p^Bea. ose Tamoe a svprvAí teir. 

L¿ nmíz'^iBQéaL dírecs^^ («e era e^ pTXBiG^al recsrss de ^<e plax. 
pedia pcvteñr es sm rescrpeo alrededor ¿e IODlOQO peses ap&- 
cazuio ia eaoca íp^'í d-el _ V soGre lot sisioeacre? eaxcxs^es: 

á,#^$ l-esTis^ íe tierral 5-o>'b-r-r las ío^ts? y fronrers*.. 

a 2.#frv pesos I !«.»♦«-♦*■» 

2,t** leseas ¿e üerris en el in:-... ^ i.l.. -^ 

sos 3. «»«.*-»• 

2.e«^,0í'y de tabeia¿ ¿e sin&ca. a i pesíns . . 12.ff*.frfr* 

S ¡esnis áe ierren ce y i^iuzlí&s ¿esde li As-iisñs 
y el Corión kasia el PaTiis^ oso, ITaüo. y Buceo, 2 
5t» pesos cuiára 1.44{',frM 

13 leciis iesce el Paniasoso liis::* Lts Piedras y 

Tol-edo. i 15 pesos eiLaárs TÍ'I.OtC 

l.f4C».fiO'? varas en ]a eindad "rieji. & rrss pkíís 

vara 3.T±*.fM 

Lo ediEcadc eci esos lerrencts, a rasón de ciea. mil 

pesos cuadra l*,4MLfrM 

LáOS-ífr? varas en la dadid ameva, & íes. aeso 

la vara !,»♦•,♦** 

Lo edifleado ea esc« lerreaos. a raxon ce ?f'.t'ví« pe- 
sos CTiadra i .5f*,^M 

?rc^K>nia, adesaás. el docter TA7ntt> la ecmiraticíón ce tn ers- 
i'r'^siiío de i Bullones de pesos al tij» de S5 '"■r con -ax. s>ervi- 
cio de € <^T de interés y 1 '"^ de íiü orxiMmtaáB., «ara rescsTi- 
rerta de papel sellado iiipoiecada al ^Aréoi de Man pee 4? , 
P®5<*5 y re?Tilari«ar el pag-o de las iresspíiKsíae. C-e^ie me era 
poabJe que «J Frufiiay obmviera áiiíertu y sohre tedo en esa? 



328 HISTORIA DEL URUGLAY 



condiciones, en momentos de intensa crisis financiera, indicaba el 
doctor Lamas que podría gestionarse la garantía del Brasil, olvi- 
dando que el Brasil ya había resuelto cerrar los cordones de su 
bolsa mientras no acabara de engullirse el territorio que nos había 
dejado por los tratados de 1851 y las absorciones posteriores a 
título de corrección de errores o enderezamiento de líneas en la 
demarcación de la frontera. 

La (leuda procedente de ijerjuicios de guerra. 

Vencido el plazo de seis meses fijado por la ley de julio de 
1853 para la presentación de los reclamos procedentes de per- 
juicios sufridos durante la Guerra Grande, la Junta de Crédito 
Público presentó al Gobierno a principios de 1854 el cuadro 
de los créditos que tenía liquidados y clasificados hasta ese 
momento. Las cifras eran aterradoras: por concepto de capita- 
les originarios 30.800,000 pesos; por concepto de intereses de 
esos capitales, 12.700,000; por concepto de usuras o ganancias, 
4.000,000. En conjunto cuarenta y siete y medio millones de 
pesos, representados por 16,302 reclamos que se clasificaban 
así: 

Sueldos $23.370.559 

Empréstitos 4.366,770 

Pólizas 1.681,450 

Reforma militar 1.643,453 

Servicios eventuales 369,161 

Indemnizaciones 2.134,753 

Diversos 105,3 81 

Perjuicios 24.647 

Depósitos 126,310 

Compra de propiedades .... 1.563,574 

Deuda flotante 54.106 

Alquileres 2.160.027 

-Suministros 9.994.733 

No estaba terminada la operación. Quedaban todavía nume- 
rosos expedientes en los departamentos de campaña, cuyo monto 
se calculaba en doce millones. La liquidación definitiva oscila- 
ría, pues, según la Junta de Crédito Público, alrededor de se- 



GOBIERNO DE FLOBES 329 



genta millones de pesos, sin computar el sub3idi3 francés por 
1.117,395 y el brasileño por 1.3Síi,049 al gobierno de la De- 
lensa. 

Partiendo de ese cálculo el Gobierno obtuvo de la Asamblea 
un crédito suplementario de cincuenta mil pesos mensuales con 
destino a intereses, que agregado al de los diez mil que absorbía 
la amortización, elevaban el monto del servicio a sesenta mil 
pesos. Y en seguida procedió a la reorganización de la Oficina 
de Crédito Público sobre la base del establecimiento de tres 
secciones encargadas res.pectivamente de la liquidación, de la 
consolidación y de la amortización de la deuda, resolviendo asi- 
mismo que desde el l.o de enero de 1855 empezaría a entregar 
la Tesorería General la cuota destinada a intereses y amortización. 

Pero apenas empezaron a moverse las reclamaciones semi- 
p.Tralizadas de los departamentos, se comprendió que el nivel 
calculado no tardaría en ser notablemente excedido. En marzo 
'de 1855 las sumas liquidadas y clasificadas se aproximaban ya a 
57 millones, y en presencia de ello el Gobierno resolvió dirigirse 
a la Asamblea para preguntarle si una vez alcanzados los 60 mi- 
llones, debería continuar o debería interrumpir su trabajo la 
Junta de Crédito Público. La Asamblea resolvió afirmativamente 
¡a consulta. 

Una excepción monstruosa a favor de los reclamantes extran- 
jeros. 

Otra ley muy grave fué dictada en esa misma oportunidad a 
pedido del gobierno de Flores: la que autorizaba al Poder Eje- 
outivo, con la sola retranca de dar cuenta a la Asamblea o a 
la Comisión Permanente, "para celebrar con los agentes diplo- 
mátic:;S" arreglos relativos a las reclamaciones de sus respecti- 
vos subditos. 

Ley incousulta ique permitía dar carácter internacional a 
los reclamos por perjuicios de guerra de los numerosos extran- 
jeros domiciliados en el país y que colocaba en manos de los 
Ministros diplomáticos un instrumento de opresión y de opro- 
bio del que tenían que abusar y abusaron según lo veremos más 
adelante! 



330 HISTORIA DEL URUGUAY 



Consolidación de la deuda. 



La Junta de Crédito Piiblico al presentar el cuadro de los 
reclamos clasificados y el cálculo de los que podrían presentarse 
en la campaña, que redondeaban en conjunto la suma de sesen- 
ta millones de pesos, proponía al gobierno de Flores un plan 
de consolidación con 3 % de interés anual y un fondo amorti- 
zante que permitiría extinguir la deuda en 32 años. El servicio 
empezaría en IS'SS y terminaría en 188 6, con el siguiente des- 
embolso: 

Por intereses ' $31.048,556 

Por amortización 24 . 844,642 



$ 55.893„19'8 



Los recursos para el servicio se obten.drían mediante un im- 
puesto del 5 Vr sobre los alquileres, del 1 % sobre las ventas 
en^ remate público, del 2 % sombre las transferencias de bienes 
raíces y de un adicional de imporitación del 5 al 10 % sobre las 
bebidas alcohólicas y sobre los muebles. 

Un "mes después el Gobierno, que tampoco se resignaba a 
aguardar el resultado final de la liquidación, en la falsa creen- 
cia de que no seria excedido el límite de los 60 millones, pre- 
sentaba a la Asamblea tres proyectos encaminados a promover 
el arreglo de la deuda. 

Por el primero se autorizaba al Poder Ejecutivo para recoger 
•^ inutiliz.ar todos los expedientes, dando en su lugar títulos de 
conversión hasta la cantidad máxima de 40 millones de pesos. 
Era entendido que en caso de contratarse el empréstito, no se 
abonaría por esos títulos arriba del 25 % de sU valor nominal. 

Por el segundo quedaba autorizado el Poder Ejecutivo paira 
la contratación de un empréstito destinado al pago de esos tí- 
tulos de conversión. El empréstito tendría un servicio de 6 % 
de interés y 2 % de amortización y poidrfa abonarse por con- 
cepto de comisiones y gastos hasta el 30 Se de su valor no- 
minal. 

Por el tercero se autorizaba al Poder Ejecutivo para fundar 
un Banco nacional de descuentos, giros, préstamos hipotecarios 
y conversión de deudas. 

La Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, a cuyo 



GOBIEBN-O DE FLOBE3 331 



estudio pasaron esos proyectos, produjo un informe contrario 
al plan gubernativo. 

Existen — decía la Comisión — dos bases para el arreglo de 
la deuda: la consolidación y la amortización. La primera quedó 
establecida expresamente en los tratados de 18 51 que hasta fija- 
ron las tasas del interés que habría de pagar el Uruguaiv: del 
3 al 6 %. Es que en esa época se consideraba que la deuda no 
pasaría de 20 a 2)5 millones. Hoy sabemos que llega a 60 millo- 
nes. Y es imposible consolidar un pasivo tan grande. Al tipo mí- 
nimo de los tratados aibsorbería su servicio dos miillones de pe- 
sos, en cuyo caso tendríamos un déficit de 1.700,000. Aún re- 
duciendo el interés al 1 %, lo cual significaría apartarse de los 
tratador, el servicio absorbería 600,000 pesos. No hay que olvi- 
dar, además, que tenemos otras gruesas deudas que es forzoso 
pagar: la nacional exigible por 1.800,000 pesos; la francesa por 
2.117,395; y la brasileña por 2.636,000. En conjunto cinco y 
medio millones de pesos. 

Aconsejaba, pues, la Comisión el rechazo de los planes del 
Gobierno fundados en la consolidación, y la sanción de un pro- 
yecto sustitutivo a base de amortizaciones con absoluta prescin- 
dencia de intereses. 

De acuerdo con el nuevo proyecto se destinaría a la extinción 
de la deuda el 7 % de las rentas generales. Funcionarían dos 
Cajas de amortización. Una de ellas, que tendría el manejo de 
la tercera parte del producto de la renta, atendería el pago de 
los créditos hipotecarios y preferentes. La otra, con las dos ter- 
ceras partes restantes, estaría destinada a los créditos genera- 
les. Ambas Cajas funcionarían bajo la vigilancia de una Comi- 
sión de comerciantes presidida por un delegado de las Cáma- 
las. La amortización se practicaría por trimestres. El Poder 
Ejecutivo quedaría autorizado para contratar un empréstito de 
12 millones destinados a la amortización a la puja. Se haría pre- 
sente al Gobierno del Brasil la imposibilidad de realizar la con- 
solidación pactada en los tratados de 18 51. 

Juzgaba la Comisión dictaminante que con la aplicación del 
7 ^¡v de las rentas generales bastarían once años de paz y de 
buena administración para cancelar los cinco y medio millones 
de las deudas preferentes y amortizar una gruesa parte de la 
deuda por perjuicios de guerra. 

Al discutirse este dictamen en la Cámara de Diputados, ex- 
presó el Ministro de Gobierno que tanto el proyecto gubernati- 



3o2 HISTORIA DEL VRUGrAY 



vo como el de la Comisión de Hacienda eran impracticables, y 
que comprendiéndolo así había formulado el Poder Ejecutivo 
un tercer proyecto en virtud del cual la deuda íiquidada por la 
Junta de Crédito Público devengaría el 1 % de interés desde 
1855, el 2 % des'de 1858 y el 3 % desde 18 61 en adelante. Para 
el servicio de la deuda se entregaría mensualmente 50,000 pe- 
sos con destino a intereses y 10,000 con destino a amortización. 

La Asamblea encontró preferible la fórmula del Poder Eje- 
cutivo e inspirándose en ella dictó la ley de julio de 1S54. 

"Queda reconocido como deuda naicional — decía esa ley — 
el monto de todos los documentois liquidados por la Junta de 
Crédito Público, con los intereses y ganancias que contienen y 
todas las demás deudas que en lo sucesivo liquide pertenecien- 
tes a años anteriores al de 1852, procedentes de empeños del Es- 
tado a particulares". 

Dicha deuda — agregaba — será convertida en títulos conso- 
lidados que devengarán intereses del 1 % desde enero de 185.', 
del 2 % desde enero de 18 5 8 y del 3 % desde enero de 18 61, 
destinándose a su pago la mensualidad de 60.000 pesos, de los 
que se aplicarán 10,000 a amortización en la forma que dispon- 
ga el decreto reglamentario. 

La ley fijaba el plazo de cuatro meses para el canje de los 
créditos ya liquidados o en trámite y el de un año para la pre- 
sentación y diligenciamiento de las reclamaciones por perjuicios 
de guerra que no hubieran podido deducirse y probarse por 
falta de magistrados en los departamentos. 

El decreto reglamentario estableció que los tenedores de tí- 
tulos de la deuda consolidada tendrían el derecho de formular 
propuestas d*e venta a la Caja de Amortización y que ésta acep- 
taría las que conceptiare más ventajosas. Quedaba así establ> 
cido el régimen de la amortización a la puja. 

La bancaiTOta. 

Había juzgado el Gobierno que el Tesoro público se encontra- 
ría con fuerzas para efectuar desde enero de 185 5 el aparte 
mensual de 60,000 pesos destinados al servicio de intereses y 
amortización de la deuda consolidada. 

Pero como se aproximara el vencimiento del primer trimestre 
sin que la Tesorería entregara los 150,000 pesos de intereses, la 
Cámara de Diputados interpeló al Ministro de Hacienda y supo 



GOBIERNO DE FLORES 333 



entonces que el apurtc no liabia podido hacerse por falta absoluta 
de recursos. 

l'royeetos que surgen en la Asamblea para evitar el derrumbe 
de la deuda. 

Ante esa maaifestación de bancarrota entró la Cámara de Di- 
putados a ocuparse de varios proyectos encaminados a detener 
el desprestigio del crédito público: que el pago de la contribu- 
ción directa se practicara exclusivamente con títulos de l:i con- 
solidada; que una parte de los derechos de Aduana se cubriera 
con títulos aforados al doble del tipo de la amortización oficial; que 
la Caja de Ainoi tizacíón rechazara toda propuesta que no ex- 
cediera del 5 % del valor nominal de los títulos; que quedara 
en suspenso la ley de perjuicios de guerra como medio de de- 
tener el progreso de la deuda. 

De acuerdo con los dos primeros proyectos estableció la Cá- 
mara que la Aduana recibiría hasta la sexta parte del monto 
de los derechos en títulos de la deuda consolidada aforados al 
duplo de su última amortización, y que la contribución directa 
se podría cancelar totalmente con títulos aforados al mismo dU' 
pío. 

Al pasar al Senado pidió el Ministro de Hacienda un compás 
de espera, invocando gestiones iniciadas para obtener el con- 
curso del Tesoro brasileño. Pero algunas semanas después vol- 
vió sobre sus pases en virtud de haber fallado ese auxilio. Re- 
anudado el debate, fueron sancionados por el Senado ambos pro- 
yectos, con modificaciones que reducían el monto de la deuda 
admisible en la Aduana y el precio de la destinada al pago de la 
cont"ibución directa. 

De estas dois leyes sólo alcanzó a promulgarse la relativa al 
pago de los derecjhos de Aduana con la reducción votada por el 
Senado, quedando pendiente la otra a la espera de una reunión 
de la Asamblea General, que no se produjo. 

El Poder Ejecutivo se opone a esos proyectos invocando que le 
cercenan sus rentas. 

El Gobierno, que estaba muy alarmado con esta irrupción de 
proyectos de emergencia que conducían al cercenamiento de sus 
escuálidas rentas, resolvió llamar al orden a la Asamblea. 



334 HISTORIA DEL URUGUAY 



En el mensaje que le dirigió con tal motivo decía que la Te- 
sorería carecía de fondos para atender el servicio de intereses 
de la deuda; que en cambio había entregado y continuaría en- 
tregando religiosamente la partida de 10,000 pesos mensuales 
destinada a la amortización; que no se dispusiera de las rentas 
anteo de la sanción del Presupuesto General de Gastos; y concluía 
con estas frases: 

"Asegurados los gastos de la Administración con todas las 
reducciones que creáis justo hacer, entonces destinad a la deuda 
bajo las más severas responsabilidades cuanto exceda de aque 
lia cifra". 

La Comisión de Hacienda, que sintió rozada la dignidad de la 
Asamblea, presentó una minuta de comunicación en la que lue- 
go de lamentar que el Poder Ejecutivo hubiera llegado "en 
sus deseos por la mejora de la situación financiera de la Repú- 
blica hasta sospechar o temer que pudiera faltarle a la Cámara 
de Diputados el buen tino, prudencia y saber que deben pre- 
sidir sus deliberaciones», prevenía que la Cámara guardaba y de- 
fendía las conveniencias del pueblo "como un sagrado deber y 
¡10 le era necesaria la comunicación del Poder Ejecutivo para 
cumplir dignamente con su misdón". 

Cuando se iba a considerar esta minuta ya habían pasado al 
Senado lo dos proyectos que más alarmaban al Gobierno, y en- 
tonces se dijo que puesto que la Cámara había hecho precisa- 
mente lo que el Poder Ejecutivo quería que no se 'hiciese, bastaba 
con un acuse de recibo liso y llano del mensaje. Y así se resolvió. 

El Poder Ejecutivo había estado, sin embargo, en el buen te 
rreno al pedir a la Cámara que aplazara sus proyectos inconsul- 
tos, especialmente el que alteraba la forma de pago de los de- 
rechos de Aduana en beneficio exclusivo de unos pocos acapa- 
radores de papeles que no por eso dejaban de seguirse cotizando 
a tipos miserables, como así tenía que reconocerlo la propia 
Asamblea al derogar esa forma de pago a los cuarenta y tantos 
días de haber estado en vigencia. 

Entraba en receso la Asamblea en esos momentos y el go 
bierno de Plores aprovechó la oportunidad para enriquecer el 
fondo amortizante de la deuda con una segunda mensualidad de 
10,000 pesos y para establecer que la Caja de Amortización re- 
rec/hazaría toda propuesta que no alcanzara al 5 olo del valor no- 
minal de los títulos. Eran dos medidas que sólo la Asamblea 
podía autorizar. Hay que advertir que una de ellas, la que re- 



GOBIERNO DE FLORES 335 



forzaba í-I fondo amorlizaute, había sido destechada por el Cuer- 
po Legislativo pocos días antes de que Flores tomara sobre sí 
la responsabilidad de dictarla; y que la otra, la que establecía 
un límite para la aceptación de las proipueMas, tenía la sanción 
de la Cámara de Diputados, pero no la del Senado. Dándose 
cuenta de su extralimitación, el Poder lEjecutivo volvió en se- 
guida sobre sus pasos derogando ambos decretos. 

Queda la Caja de Ainoi-tización como linica contiibucióii del Es- 
tado al servicio de la deuda. 

Desde mediados de 1855 quedaba así como único resorte in- 
dicativo del servicio de la deuda la Caja de Amortización, 
transformada en sección o departamento de la Junta de Crédito 
Público, con su fondo de 10,000 pesos mensuales destinado a 
la compra de los títulos que el público le propusiera en venta. 
Y ello por obra del mismo gobierno revolucionario que en su 
decreto de octubre de 1853, a raíz del derrumbe de Giró, había 
susipendiido la ley de creación de la Caja, dando como fundamente 
que era inmoral, irrealizable y violatoria de tratados solemnes 
a que estaba obligada la República, como así volvió a repetirlo 
en su mensaje de marzo del año siguiente a la gran Asamblea. 
El Gobierno — - decía el mensaje — sus,penidió por inmoral la 
creación de la Caja de Amortización y rescate de la deuda 
y la ley que aceptó la propuesta de arreglo con los acreedores 
del Estado. 

Recon-ciliado con la idea inspiradora de la Caja de Amorti- 
zación, que era lo único pi-á.ctico que perntótían las circunstan- 
cias angustiosas de la época, procuró Flores asegurarle la efecti- 
vidad inmedinta de alji'Uiios de los recursos votados por la Le- 
gislatura de 18 53. 

En , el curso del mismo año 18 5 5 se presentó con ese objeto 
a la Asamblea pidiendo autorización para enajenar todas las 
tierras públicas, sin excluir las dadas en enñteusis, al precio mí 
nimo de 1,000 pesos la legua. La ley de 1852 cuya deroga- 
ción parcial pedía el Gobierno, aplicaba también las tierras y 
propiedades públicas a la amortización de la deuda, pero de- 
jaba en suspenso las enajenaciones a la esipera de una mensura 
general del territorio del Estado que debería practicarse sobre 
la base de los títulos legítimos que presentaran los propietarios. 



336 HISTORIA UEL URLGLAY 



El monto de la deuda. 

El Poder Ejecutivo comunicó a la Asamblea a mediados de 
18 5 5 que ya se había lanzado a la plaza deuda consolidada por 
valor de 60 millones, o sea precisamente la cantidad tomada 
como máxima al fijar la partida de 50,000 pesos mensuales para 
intereses. 

Al finalizar el año la deuda clasificada y liquidada por la Ofi- 
cina de Crédito Público subía a 80.922.000 pesos, de cuya suma 
estaban ya convertidos en títulos de deuda 73.458,588, quedan- 
do pendientes de canje 7.463,558 pesos. 

El mismo cuadro de la Oficina de Crédito Público de donde 
extraemos esas cifras, hacía constar que en los o^cho primeras 
meses de 1855 se había amortizado la cantidad de 2.826,618 
pesos en esta forma generalmente progresiva: 

Enero . . . .$270,011 Mayo . . . .$317,691 

Febrero .... 265,208 Junio .... 321,600 

Marzo .... 291,800 Julio .... 405,8u2 

Abril 334,002 Octubre . . . 620.502 

Había recibido a la vez la Aduana en pago de derechos algu- 
nos centenares de miles de pesos, resultando entonces que la 
amortización efectiva de los ocho meses del cuadro era de 
3.143,264 pesos. 

Para extinguir tan abultada masa de papeles sólo había dis- 
puesto el Gobierno de las siguientes cantidades: 

Entregas mensuales de la Tesorería ... ? 82,241 

Contribución directa 12,247 

Va de los derechos de Aduana 19,286 



$ 113,774 



Con algo más de cien mil pesos habían quedado, pues, extin- 
guidos tres m'llones largos de deuda consolidada. 

El precio de las deudas. 

Para amortizar una cantidad tan importante, era necesario 
íiue la deuda se cotizara a precios miserables. Y así sucedía efee- 



GOBIEBNO DE FLORES 337 



tivaraente, s&gún lo demuestra el siguiente promedio de los pre- 
cios pagados por la Junta de Crédito Público en el curso de 
1855: 

Enero 29 reales por cada 100 pesos 

Febrero 30 » » » 100 » 

Marzo 27 » » » 100 » 

Mayo 24 » , » 100 » 

Junio 25 » » » 100 !> 

Octubre 12 « » » 100 x 

Noviembre 13 » » » 100 » 

Diciembre 12 » » » 100 » 

Ni la ley que autorizaba el pago de la octava parte de los 
derechos de Aduana en títulos de deuda, ni el decreto que pro- 
hibía a la Junta de Crédito Público aceptar propuestas inferio- 
res al 5 % del valor nominal, habían conseguido evitar el de- 
rrumbe de los precios a que arrastraban la continua emisión de 
consolidada y el apremio financiero en que vivía el Gobierno. 

A principios de noviembre de 1852, o sea en los momentos 
en que la Oficina de Crédito Público cerraba su cuadro, se di- 
rigía la Comisión Permanente al Poder Ejecutivo para hacerle 
las siguientes advertencias : 

Que el producto de la contribución directa no se aplicaba a 
la deuda como lo mandaba la ley; que en septiembre y octubre 
no se había practicado la amortización mensual de la misma 
deuda; que los sueldos de los empleados públicos se pagaban 
con billetes de Tesorería ¡que sufrían en plaza un quebranto 
del 20 %. 

Y en cuanto a emisiones de deuda, bastará saber que el I.» 
de marzo ds 1856, día en que terminaba el período complemen- 
tario de la presidencia de Flores y que ésta como se sabe no 
alcanzó a llenar, el monto de la consolidada era de noventa y 
otho y medio millones de pesos! 

De empréstito en empréstito. 

Véase cómo describía "El Nacional" el procedimiento de 

provisión de fondos que empezó a aplicar el gobierno revolucio- 
nario desde fines de 1853: 

Necesita dinero el Estado. Se presenta entonces un corredor 

IV - 22. 



338 HISTORIA DEL URUGUAY 



que le ofrece vales de comercio a ti es o cuatro meses de plazo 
sin interés. Esos vales s-e descuentan al 1 y 3/4 ^r de interés 
y 1/4 '/c de corretaje, o sea para el Tesoro el 2 '/,_ mensual. 
El Gobierno atiende el pago de lo? préstamos mediante letras 
contra la Aduana, admisibles en pago de derechos que deven- 
gan el interés del 1 o del 1 y 1/2 Vr mensual. En resumen, e! 
Tesoro abona como mínimo el 3 % mensual o el 36 '^/c al año. Ad- 
viértase que mientras el comerciante firma vales sin interés, el Es- 
tado abona por los suyos el 1 y el 1 y % ''/r, a pesar de que los 
primeros carecen de garantía, en tanto que los segundos se reciben 
como metálico en la Aduana. 

"El Comercio del Plata" hizo la cuenta a mediados de 1854 
del número de operaciones de r:£,C' género realizadas por el 
Ministerio de Hacienda. En los dos meses transcurridos desde 
principios de abril hasta principios de junio arribaba a la cifra 
. de 30 empréstitos por un total de 534,000 pesos al interés de^ 
2 9c mensual. 

El Ministro de Hacienda, que no podía absolutamente cubrir 
los presupuestos, promovió a principios de 1855 una reunión de 
comerciantes y capitalistas con la esperanza de levantar fondos 
"sobre la base de las rentas que estaban libres. Pero en seguida 
llegaron noticias de Río de Janeiro acerca de una operación más 
vasta en que habían intervenido la Legación Oriental y la Casa 
Mauá, y el Gobierno resolvió ratificar esa operación, sin aguardar 
la sanción legislativa, invocando el apremio financiero del momento. 
Tratábase de un contrato por 400,000 patacones, incluidos 100,000 
que se adeudaban a Mauá. El interés era del 12 Vf al año, amén de 
una comisión del 2 y ^4 % a favor de Mauá. En garantía del ser- 
vicio de intereses y amortización del empréstito, quedaban afectadas 
las rentas de patentes de giro y papel sellado. Todo ello bajo esta 
cláusula verdaderamente asombrosa que sin embargo no vacilaron 
tn ratificar con sus firmas el Presiilente Flores y sus Ministros don 
Lorenzo Batlle, don Enrique Marti a-'z y don Francisco Hordoñana, 
cediendo a las estrecheces del momento: 

•í-El Gobierno de la República reconoce en el prestamista el 
derecho de reclamar la protección oficial del Gobierno de su país 
y en éste el derecho de intervenir y obligar a la República por 
todos los medios autorizados por el derecho de gentes a cumplir 
fielmente todas y cada una de las condiciones de este contrato 
en el caso absolutamente inesperado de faltar la República al 
cumplimiento de alguna de ellas.» 



GOBIEBNO DE FLORES 339 



Sólo después de cuarenta y tamo?; días de li ratificaeñón f:e 
arriesgó el Gobierno a pasar una copia del contrato a la Asam- 
blea General. Ya nada había que hacer, pues se trataba de una 
operación consumada, y el contrato, con su formidable cláusula, 
quoídó en pie. 

Un alivio muy transitorio fué el que resultó de esa operación. 
En mayo ya tenía el Gobierno que volver a sus procedimientos 
habituales de las prestaciones locales. Para cancelar los sueldos 
de diciembre del año anterior y dar algo a cuenta de los de 
enero, pidió y obtuvo 130,000 pesos garantizados por las ren- 
tas de Aduana, y al mismo arbitrio volvió a recurrir en los me- 
ses subsiguientes" para salir de los apremios del día, matizando 
sus operaciones habituales con otras más vastas de que ya hemos 
hablado al ocuparnos de la situación financiera en 1855. 

lios vales de Teisci-eiía. 

Lna de las leyes dictadas a mediados de ese año facultaba al 
Poder Ejecutivo para girar gradualmente vales de Tesorería hasta 
el monto de 550,000 pesos, reembolsables al finalizar el plazo de 
la emisión con ayuda de entregas mensuales de 25,000 pesos que 
haría la Tesorería a la Junta de Crédito Público. 

j^os primeros vales fueron girados en el curso del mes de julio. 
El comercio de Montevideo se apresuró a darles el calificativo de 
papel moneda y lo eran efectivamente por su forma. Desde el 
primer día de su aparición sufrieron un descuento del 3 al 5 «tt. 
que siguió acentuándose en los días subsiguientes y que salvó a 
la plaza de la plaga de que se juzgaba amenazada. 

El gobierno de hecho surgido de la revolución de los conserva- 
dores suspendió la emisión de esos vales, y la administración re- 
gular que reemplazó a dicho gobierno trató de efectuar su retiro 
mediante un contrato por el cual un grupo de comerciantes tomaba 
a su cargo la cantidad circulante, levantaba un gravamen de 
120,000 pesos sobre las rentas de Aduana y entregaba mensual- 
mente al Gobierno 60,000 pesos, todo ello a cambio de los rentas 
ae Aduana, corrales y mercados hasta febrero de 1856. 

Pero el contrato no alcanzó a realizarse y entonces el Gobierno 
resolvió utilizar de nuevo los vales de Tesorería para hacerse ie 
recursos. A fines de 1855 hacía constar «El Comercio del Plata» 
que el Ministerio de Hacienda había lanzado a la circulación 
160,000 pesos y que el quebranto de dichos papeles había subido 



340 HISTORIA DEL URUGUAY 



al 20 '/i, no obstante lo cual continuaban siendo recibidos por su 
valor nominal en pago de los derechos de Aduana. 

Un nuevo grupo de comerciantes se organizó entonces para eli- 
minar de la plaza ese elemento de perturbación financiera. Don 
Carlos Navia, que era el representante del grupo, empezó por ofre- 
cer a cambio de la renta de mercados y corrales a percibirse du 
rante el año 1856, la suma de 150,000 pesos pagadera parte un 
oro y el resto en vales de Tesorería que serían retirados y can- 
jeados por vales de comerciantes, fraccionados en forma de poder 
str utilizados como moneda menor en las transacciones. Dichos va- 
les serían convertibles y deberían quedar retirados dentro de un 
p.azo de tres años. El sindicato prestaría a la vez al Gobierno tres 
mil onzas de oro al 1 % de interés mensual . 

No habiendo el Gobierno encontrado equitativas esas bases, el 
sindicato ofreció entre otras ventajas la tercera parte de las entra- 
das líquidas de las rentas enajenadas, y entonces su propuesta en- 
contró ambiente y fué aceptada. 

La deuda e.xigible. 

Otro de los proyectos gubernativos convertidos en ley por la 
Asamblea juntamente con el de los vales de Tesorería, autorizaba 
a la Junta de Crédito Público para clasificar y liquidar todos los 
créditos devengados desde el mes de enero de 1853 hasta el de ju- 
nio de 1855. Para cancelar esos créditos se emitirían títulos de 
«Deuda Exigible» con 6 % de interés al año y se establecería una 
caja especial de amortización, a la que se entregaría la suma de 
cinco mil pesos mensuales. 

No era un pensamiento nuevo. Ya en 1854 se había presentado 
ei Gobierno a la Asamblea pidiendo autorización para cancelar con 
títulos de deuda exigible los créditos y sueldos posteriores al l.o 
dt marzo de 1852, y para establecer una caja de amortización que 
recibiría hasta la suma de 200,000 pesos por año. Cuando el Go- 
bierno iniciaba esas gestiones, hacía constar «El Comercio del 
Plata», como un síntoma revelador del renacimiento de la con- 
fianza pública, que los créditos y sueldos que se cotizaban al 
1 y % de su valor, habían subido al 2 %! 

El desorden financiero (':<>nu> mal de la época. 

La Comisión de Cuentas del Cuerpo Legislativo se dirigió en 
febrero de 1855 a la Comisión Permanente para darle cuenta «de la 
deformidad del desorden en que se hallaba la contabilidad». 



GOBIERNO DE FLORES 341 



«Inmensas cantidades de cargo entradas en la Caja sin conoci- 
Hiiento ni intervención de la Contaduría General... — 'Gruesas su- 
mas en recibos provisorios por pagos que ha practicado la Teso- 
rería General sin orden, escrita del Ministerio respectivo y menos 
aún con noticia tan siquiera de la Contaduría... Falta absoluta 
de balances, ni mensuales ni anuales, entre la Tesorería y la Con- 
taduría. . . — ^Distracción de los fondos destinados exclusivamente 
para los presupuestos y aplicados a ramos y objetos no presupues- 
tados.» 

Tales eran las acusaciones que arrancaba el examen de la con- 
tabilidad correspondiente al año 1853. Pero la Comisión dé Cuen- 
tas se apresuraba a prevenir que los vicios que ella señalaba no 
eran transitorios, sino permanentes; que no se aplicaban a tal o 
cual administración, sino a todas las administraciones y todas 
las épocas; que eran abusos «cuyo origen se perdía en la existen- 
cia tempestuosa de la República» y que, por lo mismo, exigían re- 
formas sustanciales en el régimen de la contabiLidad nacional 

Pocos días después de publicado el informe de la Comisión de 
Cuentas, se jubilaba el Contador don Manuel Figueroa y entra- 
ba a reemplazarle don Tomás Villalba, uno de los ciudadanos más 
indicados para aquel delicado cargo público, por sus probadas ap- 
titudes en el desempeño de varias Jefaturas Políticas de campaña. 

Dos decretos de importancia subsiguieron a este cambio de per- 
sonal. 

«La Contaduría General de la Nación — decía el primero — 
es la llave de todas las oficinas de Hacienda: las fiscaliza y ejer- 
ce superintendencia sobre ellas»... En adelante el Contador in- 
tervendrá todas y cada una de las órdenes de entradas y salidas 
de fondos de la Tesorería General y devolverá al Gobierno con ob- 
servaciones los libramientos de pago que den mérito para formu- 
larlas. 

Por el otro decreto se prohibía a las oficinas recaudadoras de 
fundos pagar órdenes libradas contra ellas y se les mandaba ver- 
ter sus rentas en la Tesorería General. 

Don Tomás Villalba alcanzó a construir sobre los escombros 
que había encontrado la Comisión de Cuentas una obra que es to- 
davía honra y prez de la administración financiera del Uruguay. 

Miijulí'iaiiiiento de uii Ministro. 

No quedó limitado a ese cambio de funcionarios el efecto del 
informe de la Comisión de Cuentas, como de ello instruye un es- 



342 HISTORIA DEL URUGUAY 



ciito de don Manuel Acosta y Lara pidiendo a la Cámara de Di- 
putados que le promoviera juicio ante el Senado de acuerdo con 
]íi Constitución, en virtud de habérsele dirigido acusaciones ca- 
lumniosas sobre manejo de fondos durante el desempeño del Mi- 
nisterio de Hacienda. 

Don Manuel Acosta y Lara había sidc Ministro de Hacienda 
del gobierno de Flores y ocupaba una banca en el Senado al tiem- 
po de la presentación de su escrito. 

La Cámara de Diputados pasó el asunto a estudio de la Comi- 
sión de Peticiones y ésta produjo un informe en el que estable- 
cía que de los antecedentes traídos a la vista resultaba «el con- 
vencimiento del espantoso despilfarro de las rentas públicas y en- 
tradas del Tesoro Nacional durante la administración del señor 
Acosta y Lara», existiendo casos «de malversación de los cau- 
dales públicos, envueltos algunos con vehementes presunciones de 
dilapidación y peculado», por todo lo cual procedía que la Cáma- 
ra de Diputados acusara al peticionario ante el Senado «por el de- 
Lto de malversación de fondos públicos». 

La Cámara de Diputados resolvió aceptar el temperamento acon- 
sejado por la Comisión de Peticiones y a fines de mayo entabló la 
acusación ante el Senado designando para llevarla adelante a los 
diputados don José María Muñoz, don Fernando Torres y don Ma- 
teo Magariños Cervantes. 

El Senado nombró una Comisión encargada de ponerse al habla 
con la acusadora y de informar luego sobre si había o no lugar a 
formación de causa. Pero surgió entonces un incidente de fondo, 
porque la Comisión acusadora consideraba que ella tenía man- 
dato para acusar ante el Senado y no ante una Comisión delegada., 
argumento que no era nuevo píira la Comisión del Senado puesto 
que ella también había puesto en duda la personería de sus cole- 
gas de la otra rama del Cuerpo Legislativo. 

lEl incidente se prolongaba y la Comisión del Senado resolvió 
solucionarlo mediante la presentación de un informe, que fué san- 
cionado por dicha rama del Cuerpo Legislativo, en que se decla- 
raba que el ex Ministro Acosta y Lara había satisfecho a todas 
las observaciones y quedado a cubierto de toda imputación des- 
honrosa. La' Comisión acusadora se presentó a la Cámara de Di- 
putados protestando contra esa decisión, violatoria en su concep- 
to de disposiciones constitucionales, puesto que con ella se eludía 
e¡ juicio. Pero la. Cámara mandó archivar el escrito considerando 
que el asunto estaba realmente concluido. 



GOBIERNO DE FLORES 343 



L;í enseñanza DÚblica: escuelas primarias. 

Por efecto de los sucesos políticos de 1853 y de la crisis finan- 
ciera que se acentuó a raíz de la caída de Giró, quedaron clau- 
suradas casi todas las escuelas de la República. 

En marzo de 1854 empezó el Gobierno a realizar trabajos a fa- 
vor de la reapertura de algunas de ellas, y un año después el Mi- 
nistro de Gobierno don Alejandro Chucarro hacía constar con sa- 
tisfacción ante la Asamblea que funcionaban en la Capital y «n 
ios departamentos más de cuarenta escuelas entre públicas y par- 
ticulares. 

La Escuela Normal reabrió sus puertas el mismo año bajo la di- 
rección de don Marcos Sastre y fué reorganizada luego bajo la 
dirección de don Juan Manuel Bonifaz. 

Entre las escuelas particulares seguía destacándose el «Colegio 
de los Padres Escolapios», reorganizado en 1853 por don Pedro Gi- 
ralt y don Joaquín Rivas, hecho que provocó una nota de aplauso 
y de adhesión de parte de los ex alumnos del establecimiento doc- 
tores Enrique Muñoz, Conrado Rücker, Marcelino Mezquita, Ja- 
cinto Susviela, Alejandro Magariños, Mateo Magariños, Adolfo Pe- 
tíralbes, Marcos Baeza y José María Montero. Un año después te- 
nían lugar con su acostumbrado brillo los exámenes bajo un pro- 
grama que comprendía lectura, gramática, aritmética, matemá- 
ticas, dibujo, inglés, francés y estudios comerciales. 

Han quedado datos estadísticos más completos acerca del movi- 
miento de la enseñanza primaria en los departamentos de cam- 
paña. 

A fines de 18.J4 realizó una jira de inspección el vocal del Ins- 
tituto de Instrucción Pública doctor José G. Palomeque, y como 
resultado de su viaje presentó en enero del año siguiente este cua- 
ti ''o de las escuelas públicas que funcionaban a la sazón: 



344 



HISTORIA DEL URUGUAY 







ESCUELAS 


ALÜMKOS 


DEPARTAMENTOS 


Habitantes 


— 


— — -^ — 




— — — - 






Varones 


Niñas 


Varones 


Niñas 


Canelones 


21.000 ' 


1 


1 


25 


36 


San José 








1 


17,000 ; 


3 


— 


165 


— 


Colonia . 










12,000 : 


3 


1 


42 


38 


Durazno 










8,000 




— j 


25 


— 


Soriano . 










13,000 


2 


3 


45 


82 


Paysandú . 










10,000 






20 


— 


Salto . . . 








1 


8,000 




1 


71 


— 


Tacuarembó 








1 


7,000 




1 ' 


15 


30 


Cerro Largo 










9,000 




1 


68 


88 


Maldonado . 










10,000 


3 


3 


39 


48 


Minas 










9,000 I 


1 


1 


27 


40 




129,000 


18 


12 


542 


357 



En conjunto, 30 escuelas públicas con meno& de un millar de 
alumnos. 

Y hay que que advertir que las cifras no eran más bajas gracias 
a' los esfuerzos desplegados por el doctor Palomeque para reabr'r 
algunos establecim lentos que encontró clausurados. 

La escuela de varones de Las Piedras — decía en su informe al 
Instituto — está cerrada por falta de preceptor. En Canelones 
quedó nombrada una maestra para reabrir la escuela de niñas. 
La escuela de Santa Lucía está cerrada por falta de maestra. En 
San José fué reabierta la escuela de niñas. En el Rosario y en el 
Carmelo también. En nueva Palmira quedó reabierta la escuela 
de varones. En Soriano también. En Paysandú y Salto se traba- 
jó a favor de la reapertura de las escuelas de niñas, que estaban 
cerradas por falta de maestras. En Pando está cerrada la única as- 
cuela existente, por falta de útiles. 

Dando la explicación del desastre, decía el doctor Palomeque: 

«Los profesores impagos, los alumnos sin textos, los estableci- 
mientos sin útiles ni materiales que les sirvan...». Las Juntas 
Económico-Administrativas descuidan sus funciones constitucionales 
e:i materia de instrucción pública. Habría que restablecer el servi- 
cio de Inspectores generales de escuelas que existía antes de la 
creación del Instituto, pudiendo actuar como Inspectores los pro- 
pios miembros del Instituto. 



GOBIERNO DE FLORES 345 



FI estado de la enseñanza. 

Ya con anterioridad a. la jira del doctor Palomeque había tenido 
que ocuparse el Instituto de Instrucción Pública del calamitoso 
estado de la enseñanza en campaña, con motivo de una nota del 
Ministerio de Gobierno llamando la atención acerca de la frecuen- 
cia con que los maestros abandonaban sus escuelas. 

Tal abandono — decía la Comisión especial a cuyo estudio ha- 
bía pasado la nota — puede provenir de aquellos maestros que se 
marchan sin permiso y a quienes «no sería dado sujetarlos a ser- 
vir L'i público sin que se les proporcionase los medios de existir», o 
de aquellos otros que recaban permiso de las Juntas, pero luego 
se quedan por largo tiempo en la Capital a causa «de las privacio- 
nes y dificultades que experimentan en el pago de los sueldos». 

Concluía la Comisión proponiendo una resolución según la cual 
los maestros no podrían ausentarse de las escuelas «so pretexto de 
recurrir al Gobierno en reclamo de sueldos», debiendo en todos los 
cansos valerse para sus gestiones de los pagadores o habilitados. 

Dentro de ese ambiente en que todo faltaba, terriblemente po- 
bre debía resultar la obra de la enseñanza. Un maestro de Minas, 
don Bonifacio Montes de Oca, describía así el estado de la escuela 
que acababa de entregársele, en nota dirigida a la respectiva Jun- 
ta Económico-Administrativa en 1854: 

Cuarenta y siete niños cuenta la escuela. Ninguno de ellos sa- 
be leer correctamente. Ninguno sabe escribir con ortografía. Nin- 
guno sabe colocar en orden los sumandos para hacer la operación 
más elemental de la aritmética. Y en cuanto a moralidad, el es- 
tado de la escuela «es el más lamentable». 

Los niños de color. 

Otro asunto muy interesante estudió el Instituto de Instrucción 
Pública en esa misma época: si los niños de color debían ser ad- 
mitidos en las escuelas públicas. 

Para don José María Muñoz la ley no podía establecer distincio- 
nes; pero las preocupaciones sociales y la falta de aseo de los niños 
de color aconsejaban cierta separación en beneficio de los propios 
niños de color. Los programas de enseñanza debían ser, sin em- 
bargo, absolutamente iguales para todos. Para don Joaquín R'> 
quena la clase de color había estado siempre, y seguiría estándolo 



346 HISTORIA DEL URUGUAY 



por largo tiempo todavía, al servicio de las familias, y entonces 
io que convenía enseñarle era la plancha, el lavado y otros que- 
naceres domésticos. 

Y el debate prosiguió sin que el Instituto adoptara ninguna re- 
solución, posiblemente por no poderse formar mayoría todavía en 
torno de la tesis que luego habría de resultar indiscutible, de la 
tesis que proclama la perfecta igualdad de todas las clases socia- 
les en la escuela, sin distinción de bancas ni de programas de en- 
señanza. 

In.sti'ucciones a los miaevsitros. 

El mismo Instituto de Instrucción Pública aprobó en 1855 un 
pliego de instrucciones a los maestros, redactado por su Secreta- 
rlo don Joaquín Requena, en el que se contenían las siguientes 
normas: 

No conviene emplear medios extraordinarios para estimular el 
estudio. Las promesas cVe mucho valor, los honores exagerados fo- 
mentan la presunción y el orgullo en los unos y el desaliento y 
el odio en los otros... Es necesario excluir los castigos humillan- 
tes y los rigores excesivos... Debe observarse el culto de la ver- 
dad... La disciplina es el alma de la escuela... La enseñanza mo- 
ral no debe limitarse al tiempo que marque el horario de clase. 
Es un ramo que no debe abandonarse en ningún momento. 

La enseñanza secundaria. 

Dos decretos de reorganización del Colegio Nacional dictó el 
gobierno de Flores. Por el primero de ellos quedaba, ese estableci- 
miento incorporado a la Universidad y bajo la vigilancia del Con- 
sejo Universitario en todo lo relativo al cumplimiento de las leyes 
y reglamentos respectivos. Por el segundo volvía el Colegio a re- 
cobrar su autonomía, o mejor dicho a completar esa autonomía, 
como que se le erigía en universidad menor y se le habilitaba para 
expedir diplomas de bachiller en ciencias y letras. 

Los exámenes de 1854, que tuvieron lugar con gran pompa, 
fueron presididos por el doctor Luis José de la Peña que había 
vuelto a instalarse en Montevideo y a dictar sus cátedras de filo- 
sofía y matemáticas en el Colegio, después de un paréntesis de 
fuerte actuación en la cancillería de la Confederación Argentina. 



GOBIEBNO DE FLORES 347 



los alumnos fueron examinados en filosofía, retórica, físico-ma- 
te".:iáticas, latín y francés. 

El Rector del Colegio doctor Antonio M. Castro, presentó en 
eia oportunidad una menroria en que estudiaba la marcha del es- 
tablficimiento. Desde hace dos años — decía — funciona el Colegio 
Nacional en la villa de la Unión. Antes de su traslado tenía el 
concurso de todos los catedráticos de la Universidad, que ha des- 
ararecido ahora por la distancia. La escuela pública de la vi- 
lla de la Unión — agregaba — ha sido anexada al Colegio Xa- 
c.onal como medio «de que la enseñanza desde los primeros elemen- 
tos sea conducida bajo un sistema uniforme». 

El establecimiento tenía en esos momentos 48 alumnos, délos 
cuales 25 procedían de los departamentos de campaña y estaban 
sostenidos por el Tesoro público, 

A los colegios particulares que ya existían hubo de agregarse 
otro más, «El Ateneo Oriental», proyectado por Adadus Calpe (A. 
D. de Pascual) quien también presentó al Gobierno un proyecto de 
Academia en que se enseñaría lenguas clásicas- y modernas, bellas 
leí ras, geografía, matemáticas, historia nacional americana y uni- 
versal, filosofía, química, física, mineralogía, geología y botánica. 

«El Estado Oriental — decía el autor de esos proyectos en su 
di'irio «La América del Sur» — tiene hombres de saber y jóvenes 
dt grandes esperanzas: una historia que contar, llena de episodios 
sublimes; tiene biografías que presentar como dechados a la pos- 
teridad... tiene una misión augusta sobre todo decir, y es llamar 
hacia sus ubertosas playas millares de pobladores». 

Salto era el único de los pueblos de campaña que tenía enseñanza 
secundaria. Dábase esa enseñanza en el Colegio de Humanidades 
y Escuela Pública que funcionaba bajo la dirección de don Pe- 
dro Andreu. A los exámenes de 1855 concurrieron 111 alumnos in- 
cluidos los de enseñanza primaria. La Mesa examinadora hizo in- 
terrogaciones sobre gramática, catecismo, aritmética, francés, mú- 
sica, teneduría de libros, ética, geometría, álgebra y geografía. 

1/íi enseñiinza iinivorsitai'ia. 

En l£. vieja casa universitaria de la calle Sarandí esquina Maciel, 
donde había funcionado también el Colegio Nacional, se daba en- 
señanza primaria, enseñanza secundaria y enseñanza superior, por- 
que los estadistas de entonces no admitían las autonomías que hoy 
abundan y reconocían la necesidad de someter a una misma au- 



348 HISTORIA DEL URUGUAY 



toridad técnica dirigente esos tres grados de la enseñanza pú- 
blica. 

Terminados los exámenes de 1853 en medio de las agitaciones 
políticas a que había dado lugar la contrarrevolución del ex Pre- 
sidente Giró, resolvieron las autoridades universitarias realizar 
en. acto público la distribución de grados. 

La ceremonia tuvo lugar en enero del año siguiente, ante una 
concurrencia numerosísima, de la que formaban parte las autorida- 
des públicas y hombres culminantes de la Defensa como el genera! 
José María Paz. Uno de los alumnos premiados que concluía bri- 
llantemente su curso preparatorio de físico-matemáticas, José Pe- 
dro Ramírez, dirigió al Gobierno y a sus compañeros de aula una 
alocución en la que hacía resaltar el hecho verdaderamente nota- 
ble de que aún en lo.s momentos en que la necesidad de restablecer 
ei orden público obligaba a llamar al país a las armas, los estu- 
diantes universitarios quedaban exentos del servicio y las aulas 
continuaban regenteadas por sus profesores. 

«Cuando parecía -^- agregaba — que un solo punto debía tener 
coucentrada la atención del Gobierno por su importancia, sus ojos 
se desviaban por momentos de ese importantísimo punto para pe- 
netrar en el recinto donde día a día se trabajaba por el porvenir 
del país, cuyo presente le estaba encomendado, acercando de este 
modo el presente y el porvenir.» 

Dos meses después organizaba la Universidad una segunda fiesta 
para discernir el grado de doctor en jurisprudencia a 15 alumnos 
y el de bachiller en ciencias y letras a otros 6. 

El doctor Juan Carlos Gómez, padrino de uno de los graduados, 
prenunció estas palabras dignas de esculpirse en el aula de juris- 
pindencia: 

«No olvide usted que el abogado es el paladín moderno: paladín 
sin coraza y sin espada, pero pronto a acudir con el pecho des- 
cubierto al peligro en defensa del perseguido, en protección de la 
inocencia, de la orfandad, riel desvalimiento. No olvide usted, com- 
pañero, que la misión del abogado es extender su mano al que 
srfre.» 

He aquí el número de alumnos que tenía la Universidad en 
1854, según el informe rectoral de don Florentino Castellanos: 



GOBIERNO DE FLORES 349 



Enseñanza primaria 300 

Francés 60 

Inglés 24 

Latín 28 

Físico-matemáticas 16 

Filosofía 26 

Jurisprudencia 12 



466 



Al finalizar ese año volvieron a abrirse los ¿alones de la Uni- 
versidad para recibir las pruebas de sus alumnos. Las clases de 
enseñanza primaria que contaban con 250 niños estaban a cargo 
de don Martín Pais y don Lindolfo Vázquez, la cátedra de juris- 
prudencia estaba desempeñada por el doctor Marcelino Mezquita, 
la de filosofía por el doctor Plácido Ellauri, la de físico-matemá- 
ticas por don Alfredo Pasquier, 1?, de francés por don Domingo 
Gounouilhou, la de latín por don Pedro Giralt y la de inglés por 
don Federico Morador. El número de cátedras fué aumentado en 
esa oportunidad con la de derecho de gentes confiada al doctor 
Juan Carlos Gómez, y un año después con la de química. 

Muy duro resultó el año 1855 por efecto del atraso financiero. 
La Universidad se derrumba — escribía el Secretario don José G. 
Palomeque al Rector don Manuel Herrera y Obes — la enseñanza 
sigue atendida por el desinterés de los profesores, pero los emplea- 
dos abandonan sus puestos porque no se les pag-a. 

Por iniciativa del doctor Salvador Tort, miembro del Tribunal, 
se realizó a mediados de 1855 una reunión para promover el esta- 
blecimiento del Colegio de Abogados. Fué nombrada una comisión 
encargada de proyectar los estatutos que habrían de presentarse al 
Cuerpo Legislativo. Pero la idea no marchó dentro de aquel am- 
biente tan intensamente agitado por la política. 

El doctor Eduardo Acevedo que había instalado su estudio de 
abogado en Buenos Aires a conáecuencia del destierro dictado con- 
tra él a raíz del derrumbe del gobierno de Giró, recibía en esos 
mismos momentos una distinción de la Universidad bonaerense. 
La alta Cámara de Justicia de aquella ciudad había formado una 
terna para la elección de Profesor de Jurisprudencia, en la que 
no figuraba el doctor Acevedo por su calidad de extranjero; pero 
los alumnos se presentaron solicitando que fuera incluido, y ha- 
biendo la Cámara accedido fué nombrado dicho abogado catedráti- 
co de la materia. 



350 HISTORIA DEL URUGUAY 



La Sociedad de Medicina Mont«*videana. 

La ley de 1833 que incorporaba dos cátedras de medicina y 
cirugía a la enseñanza universitaria, seguía aplazada por efecto de 
nuestras guerras civiles y de la penuria financiera en que vi- 
vían nuestros gobiernos, debiéndose a ello que Buenos Aires pu- 
diera anticiparse de hecho a Montevideo al crear su Facultad de 
Medicina en 1852. 

Pero si nuestros médicos carecían de cátedras, tenían en cam- 
bio una institución privada a la que cada uno aportaba su caudal 
de clínica y de investigación. Nos referimos a la «Sociedad de Me- 
dicina Montevideana». Desde su fundación en noviembre de 1853 
no cesó el esfuerzo de los doctores Ferreira, Vilardebó, De Moussy, 
Vavasseur y otros, para asegurarle toda la robustez a que tenía 
derecho por los altos antecedentes de la ciencia médica uruguaya. 
Celebrando el primer aniversario de su fundación decía en 1854 
el doctor Fermín Ferreira: 

«Fiel a sus estatutos, empezó sus tareas dando prioridad a las 
enfermedades que sucesivamente han reinado desde su instalación, 
investigando sus causas, observando su marcha y discutiendo los 
medios terapéuticos con que debían combatirse... Ningún interés 
máíi vital para nuestras poblaciones que ilustrarlas con consejos 
saludables cuando desgraciadamente son acometidas de enferme- 
dades... La aparición de la viruela en los últimos meses, la 
condujo a discusiones científicas de utilidad trascendental, com- 
prendiendo en su vistas la necesidad de la revacunación, para lo 
cual se hicieron reiterados ensayos de resultados satisfactorios... 
Bajo el título modesto con que ella se denomina, se ha lanzado sin 
embargo a la difícil tarea de presentar al mundo científico el 
ensayo de sus propias fuerzas. En sus anales ■trimestrales se re- 
gistran algunas memorias y observaciones prácticas sobre puntos 
importantes de la ciencia.» 

En esa misma reunión conmemorativa fueron leídos trabajos 
tan importantes come el del doctor Martín De Moussy acerca del 
clima, régimen de vida y enfermedades de Montevideo desde 1840 
hasta 1854, de que ya hemos tenido oportunidad de hablar en 
otro volumen. 

Entre los temas generales que la Sociedad abordó y discutió en 
1S54, figuraban la viruela y los medios más eficaces para la pro- 
pagación de la vacuna, la fundación; de una escuela de medicina 
en la Universidad de Montevideo, el contagio de la fiebre amarilla 



OOBIEBXO DE FI>ORES 351 



y de otras enfernierlades epidémicas en diversos países, el pro- 
yecto de construcción de caños maestros para la ciudad de Mon- 
tevideo, la reglamentación de las inhumaciones. Y entre los estu- 
dios presentados los que indicamos a continuación: 

«Caso de imperforación del glande y obstrucción de la uretra 
en un niño recién nacido, curado por medios quirúrgicos», por 
el doctor B. Odicini. 

«Análisis químico del floripondio», por el profesor Domingo Pa- 
rcdi. 

«Historia de un caso de ligadura de la arteria ilíaca externa 
con uii éxito completo», por el doctor Fermín Ferreira. 

«Acción del perclorureto de hierro en la curación de las várices». 

«Estudio sobre el percloruro de hierro en medicina». 

«Estadística médica de las salas del Hospital de Caridad». 

«Estudios sobre la fiebre amarilla». 

«Tablas de mortalidad correspondientes a 1853». 

«Estudios sobre la constitución médica reinante en Montevideo 
en la quincena anterior a la reunión de la Sociedad». 

«Estudio sobre el contagio de la fiebre amarilla», por el doctor 
Francisco A. Vidal. 

«Medidas policiales sobre la inhumación de cadáveres». 

«La spina bífida curada por inyecciones yoduradas». 

La actividad de la Sociedad debió disminuir en 1855 por efecto 
de las levciuciones ¿jue alteraron el ambiente. Apenas encontra- 
mos en la prensa la crónica de una sesión correspondiente al 
mes de mayo con la siguiente orden del día: 

«¿Hay posibilidad de distinguir la sangre humana de la que no 
lo es, en las ropas manchadas con sangre? ¿Puede distinguirse 
la sangre del hombre de la sangre de la mujer?». 

Los médicos allí presentes contestaron por unanimidad de votos: 

«En el estado actual de la ciencia es completamente imposible 
distinguir, en manchas secas la sangre humana de la de otros 
animales y es igualmente imposible distinguir la sangre del hom- 
bre de la de la mujer.» 

La acción de la juveritiul. 

No podía faltar en este período tan agitado de nuestra histo- 
ria, como tampoco había faltado en los anteriores, el apoyo entu- 
siasta de la juventud a la obra de reconstrucción. 

«El Eco de la Juventud Oriental», revista literaria correspon- 



352 HISTORIA DEL UBUGUAY 



diente al año 1854, surgió pidiendo al Gobierno y a la Asamblea 
apoyo para la Universidad y la educación de la campaña. 

«Nacidos — decía en su programa — en medio de la lucha y 
de los grandes acontecimientos, que aunque ensangrientan glori- 
fican el origen de nuestro país, nos sentimos animados por el 
deseo ardiente de prepararle mejores días.» 

Pocos meses antes esa misma juventud había trasladado los res- 
tos de Adolfo Berro a un sepulcro construido por suscripción pú- 
blica, en cuya lápida había una lira y estaba esculpida esta ins- 
cripción: «A la memoria de Adolfo Berro. La juventud oriental». 

Administración de Justíciía. El Código Civil. 

El gobierno de Plores instituyó en 1854 una comisión de abo- 
gados para el estudio del Proyecto de Código Civil del doctor 
Eduardo Acevedo que obraba en las carpetas de la Asamblea de 
Gii;ó. 

«La ciencia — decía «El Comercio del Plata» refiriéndose a la 
filiación política del codificador — tiene ese peder de estrechar, 
facilitando la concordia; y la concordia es el bien supremo a que 
debemos aspirar para no morir desesperanzados, habiendo vivido 
desunidos.» 

Pero la Comisión revisora no respondió a los propósitos guber- 
nativos. Al finalizar el año hacía notar el mismo diario que to- 
í.avía «no había salido de la consideración de los primeros artícu- 
los», e invocando esa circunstancia pedía que el Código Civil fuera 
votado de inmediato, sin perjuicio de llevar adelante la tarea ya 
emprendida y de que se introdujeran en su oportunidad las modifi- 
caciones necesarias. Casi todas las disposiciones del Código Civil, 
agregaba, están apoyadas en las leyes españolas que nos rigen, 
prueba que el Código no tiene novedades; y a la vez parecen to- 
madas del Código Napoleón, que actualmente es el modelo de los 
Códigos, prueba evidente de que lo único atrasado en nuestra le- 
gislación colonial es la forma, no la idea o el fondo. 

Bl Gobierno se dirigió a la Comisión a principios de 1855, en- 
careciendo la urgencia del estudio del Proyecto, y entonces contes- 
tó el doctor Florentino Castellanos que no era posible sesionar por 
falta de quorum. 

Con más eficacia se preocupó el gobierno de Flores del Regla- 
mento de la Administración de Justicia del doctor Acevedo, san- 
cionado a mediados de 1853 y suspendido a raíz de la caída de 



GOBIERNO DE FLOBES 353 



Giró. Antes de finalizar el año 1854 restablecía el Reglamento en 
todas sus partes, excluidos los artículos que exigían la ciudadanía 
para el ejercicio de la profesión de abogado sin perjuicio de res- 
petarse el derecho de los extranjeros ya domiciliados en el país, y 
Jos que establecían el gremio de procuradores de número y obli- 
gaban a los litigantes a comparecer personalmente o por interme- 
dio de procuradores de número. Y más adelante se dirigía a la 
Asamblea pidiendo la ratificación de su decreto. 

Reoi-ganización do la magistratiu-a. 

La Asamblea abordó en 18.54 la obra de la descentralización ju- 
dicial mediante la crsaciún de cinco Juzgados Letrajos. Dos de 
ellos, el .Juzgado de lo Civil y el Juzgado del Crimen, que existían 
ya, seguirían atendiendo los asuntos de Montevideo y los de los de- 
partamentos de Canelones y San José. Los otros tres, que serían 
de lo civil y del crimen, tendrían su asiento en Maldonado, Co- 
lonia y Paysandú, con jurisdicción sobre otros departamentos. 
Cavia Juzgado Letrado tendría un agente fiscal, un escribano y un 
alcaide. 

Al finalizar el año empezó a cumplirse la ley, instalándose el Juz- 
gado de lo Civil y del Crimen de Maldonado con jurisdicción en los 
departHi-^tíiitc; de Minas y Cerro Largo. 

Había un gran voto nacional a favor de la sustitución de los 
Alcaldes Ordinarios, funcionarios legos, por Jueces Letrados. Pe- 
ro la falta de abe-gados que obligaba a la Asamblea a reducir a 
tres los Juzgados de campaña, se encargaría también, como lo ve- 
remos, de trabar esa misma reforma modesta con la que se quería 
dar un comienzo de satisfacción al país. 

En cambio, el Gobierno arrió velas en otro caso de importan- 
cia a pesar de que había abogados para mantener la reforma. 
Nos referimos al Juzgado Letrado de Comercio suprimido por 
Plores en 1854 mediante un decreto en el que luego de invocarse 
que la innovación originaba trastornos e inconvenientes, que au- 
mentaba los gastos, que alargaba el tiempo de las tramitaciones, 
que los Jueces Letrados no procedían con el criterio práctico y de 
equidad propio de los comerciantes, restablecía el viejo régimen 
y convocaba a todos los comerciantes patentados para el nombra- 
miento de Prior y cuerpo consular mercantil, instituciones que ya 
parecían absolutamente abandonadas. 

23 - IV. 



354 HISTORIA DEL URUGUAY 



Los Registros de ventas y de hipotecas. 

La Asamblea creó en 1855, en cada capital de departamento, un 
Registro de escrituras de ventas, permutas y donaciones de propie- 
dades raíces, para la anotación de la fecha de los instrumentos, 
nombres de los otorgantes y extensión, ubicación y linderos de 
las propiedades. La escritura que no fuera registrada carecería de 
efectos jurídicos. Por cada toma de razón habría que pagar la 
cuota única de 3 pesos, prueba palpable de que el legislador no 
buscaba una fuente de recursos, sino la retribución de los gas- 
tos de funcionamiento del Registro. 

Un año antes la gran Asamblea se había ocupado de un proyec- 
to análogo, obra del escribano don Martiniano Mouliá, que crea- 
ba además en Montevideo una oficina central destinada a la refun- 
dición de las anotaciones de todos los registros departamentales. 
Pero ese proyecto, aunxiue informado favorablemente por la Comi- 
sión de Legislación, había sido desechado por la Cámara de Dipu- 
tados. 

La nueva Legislatura, que estaba ya convencida de las ventajas 
del régimen de la publicidad, votó pocos días después de la san- 
ción del Registro General de Ventas, la creación del Registro Ge- 
neral de Hipotecas. Dos escribanos, don Félix de Lizarsa y don Pedro 
P. Díaz, se habían encargado de dar impulso a la idea. 

Es muy posible que el autor del proyecto de Registro General 
de Ventas conociera la ley Torrens que en aquella misma época 
ora aplicada con estrépito en Australia. Pero la obra inspiradora 
de ese Registro y del de hipotecas fué, con toda seguridad, el Có- 
digo Civil del doctor Acevedo, cuya sanción urgía en esos momen- 
tos el Gobierno. De acuerdo con el citado Código, efectivamente, 
la venta de bienes raíces y las hipotecas convencionales sólo po- 
drían verificarse por instrumento público, debiendo establecerse 
además en cada departamento una oficina registradora de las se- 
gundas. 

Cárteles. 

La cárcel de Montevideo, ubicada en los patios del Cabildo, con- 
tenía a mediados de 1854, según los datos estadísticos de «El 
Comercio del Plata», 98 presos. 

En esa misma época tramitaban ante la justicia del crimen 70 
causas que se clasificaban así: 



GOBIERNO DE FLORES 355 



Homicidios 35 

Robos y abigeatos 23 

Heridas 10 

Varias 2 

Uno de los procesados por homicidio fué fusilado en la Plaza 
Cagancha antes de finalizar el año. 

En los patios del Cabildo vivían confundidlos los condenados y 
los encausados. Pero su situación resultaba tolerable comparada 
con la de los presos de campaña, según lo revela este párrafo que 
extraemos de la Memoria presentada en 1854 por la Jefatura Polí- 
tica de Cerro Largo al Ministerio de Gobierno: 

«Parece imposible, pero es la triste realidad, que esté por expi- 
rar el año 1854 y estén las cabezas de los departamentos sin aque- 
llos edificios (las cárceles). Además de la inseguridad hemos visto 
hacinados hasta hace poco más de J/O presos en un solo cuarto y 
lo que es más, confundidos allí los criminales con los que tal vez 
no mefecerían más que trabajos correccionales.» 

Entre los pensionistas del Cabildo figuraba Cabrera, el matador 
de Florencio Várela, sin sentencia definitiva todavía a causa de 
que nadie quería hacerse cargo de la defensa. En 1853 se creyó 
obligado el Tribunal a salir del marasmo y dictó un acuerdo con 
las firmas de, los camaristas Araucho, Vega, Antuña y Joanicó, por 
el que se disponía que el Juez del Crimen compeliera a uno de los 
abogados a tomar la defensa, «causando — decía el acuerdo — 
gran escándalo en la sociedad no menos que mengua y desdoro a la 
Administración de Justicia el enorme retraso de la causa por ra- 
zón de las excusaciones más o menos motivadas de los letrados 
que en número de :¿7 nombró sucesivamente para la necesaria 
defensa». 

Gracias a ese acuerdo al finalizar el año se veía la causa en 
iicto público y el jurado declaraba culpable a Cabrera y el Juez del 
Crimen lo condenaba a la pena de muerte, que se ejecutaría en 
la Plaza Cagancha, debiendo el cadáver quedar suspendido du- 
rante seis horas a la expectación pública. Pero apelada la senten- 
cia e iniciada la segunda instancia, volvieron los abogados a sa- 
carle el cuerpo a la defensa del asesino, sin que esta vez el acuerdo 
del Tribunal, que se reprodujo, actuara con la misma eficacia. 



356 HISTORIA DEL URUGUAY 



Higiene pública. 

Al finalizar el año 1855 aparecieron en las fronteras de Río 
Grande algunos casos de cólera. Ya en otras provincias del Brasil 
había estallado la epidemia. La Junta de Higiene se puso a la obra 
en el acto. Trazó un plan defensivo de cuarentenas y desinfeccio- 
nes, expidió un pliego de instrucciones a la población, encamina- 
do a obtener e'' mejoramiento de las condiciones higiénicas, y di- 
vidió la ciudad de Montevideo en siete distritos a cargo de inspec- 
tores habilitados para formar en cada manzana ,una comisión sec- 
cional encargada de vigilar el aseo interior y exterior, auxiliar a 
los pobres con alimentos, ropas y medicinas, fomentar la asisten- 
cia escolar y promover el concurso popular para el establecimien- 
to de nuevas escuelas. 

Ese plan tan sabiamente combinado en el que entraba la con- 
currencia de los niños a las escuelas como medio de mejoramiento 
higiénico, dio excelentes resultados, pues la ciudad se vio libre del 
contagio. 

Ho.spitales. 

Véase cuál era la organización y estado del Hospital de Cari- 
dad en 1855: 

Sala de cirugía, con 52 camas, a cargo del doctor Odicini. 

Sala Maciel, con 35 camas, dividida en dos secciones: sífilis y 
afecciones neumónicas, a cargo del doctor Fermín Ferreira. 

Sala de crónicos, con 25 camas, a cargo del doctor Odicini. 

Sala de Medicina, con 21 camas, a cargo del doctor Enrique 
Muñoz. 

Sal^ de Oficiales, con 16 camas, a cargo del doctor Ferreira. 

tSala Zabala, para mujeres, con 30 camas, a cargo del doctor 
Mickelson. 

Hí'bía además un departamento de huérfanos, con internos y 
externos, y un departamento de dementes. 

El departamento de dementes estaba unido a los demás del Hos- 
pital y con frecuencia sus asilados hacían irrupciones peligrosas. 
En 1854 uno de ellos se corrió a una casa de la calle Maciel y 
desde allí sostuvo una larga lucha con la Policía, hasta que ago- 
tadas sus fuerzas se entregó. 

Eran bien exiguos los recursos del establecimiento. Un estado 



GOBIERNO DE FLORES 357 



oficial relativo a los 16 meses corridos desde octubre de 1852 has- 
ta enero de 1854, fijaba las entregas del contratista de la lotería 
den Francisco Estéves, en 52,577 pesos, lo que representaba alre- 
dedor de 3,000 pesos mensuales. 

En 1855 la CoiniijiOn ad"iir¡:- radora del ílospi.ül iiizo un l!a 
mamiento al público, en demanda de cobertores y ropa. «Las ca- 
lamidades de los últimos tiempos — decía en su manifiesto — han 
hecho desaparecer las rentas con que la piedad de esta población 
había dotado al Hospital de Caridad». 

Con el propósito de organizar el concurso pecuniario de la po- 
blación y obtener el apoyo de irreemplazables fuerzas morales, 
instituyó la Junta Económico-Administrativa una Comisión de ca- 
balleros que lanzó la idea de crear un hospicio para los dementes 
y una casa de trabajo para los mendigos; y otra Comisión de da- 
mas que en el acto se hizo cargo de la inspección de los huérfa- 
nos en poder de amas y de la organización de un nuevo servicio 
con destino a los niños de menos de cuatro años de edad. 

Fué tan empeñosa y tan inteligente la gestión de ambas Comi- 
siones, que antes de finalizar el año 1855, €l Presidente de la Comi- 
sión de caballeros, don Juan Ramón Gómez, pudo pasar una not.-j 
a la Junta Económico-Administrativa, en la que decía que es- 
lando ya regularizada la situación financiera del Hospital, había 
llegado la oportunidad de fundar en los suburbios de Monte- 
video un establecimiento para los dementes y una sección con des- 
tino a los mendigos, bajo el plan de suprimir la mendicidad calle- 
jera y regenerar por medio del trabajo a todos aquellos que pu- 
dieran ser utilizados industrialmente. 

iSecundando la iniciativa de las autoridades municipales, lanzó 
la prensa la idea de organizar una Comisión popular encargada 
de reconcentrar las dádivas de la población y de distribuirlas con 
acierto, sin perjuicio de la creación del asilo para los verdadera- 
mente incapacitados y de la regeneración de los que tuvieran apti- 
tudes para el trabajo. 

Paralelamente a la acción oficial se desenvolvía la acúón parti- 
cular, destacándose entre sus conquistas la Asociación Española 
de Beneficencia creada en 1853. 



MeJOTas mumcipales. 



El problema de los caños maestros, resuelto negativamente en 
1853 por entender el Senado que la obra debía imputarse a rentas 



358 HISTORIA DEL ÜEUGUAT 



gf.nerales en vez .le hacerla recaer sobre el vecindario en provecho 
de una empresa particular, volvió a plantearse al año siguiente. 

Los propietarios de varias calles de la ciudad tomaron la ini- 
ciativa del movimiento y entonces el gobierno de Flores aprobó 
líi propuesta Arteaga, con supresión de la base que imponía la 
obligación de servirse de los caños subterráneos Ya estaba arrai- 
gado el pensamiento, y aunque todavía habría de sufrir nueve.-; 
aplazamientos emanados de la supresión de esa base, era sólo 
cuestión de tiempo la construcción de la trascendental obra de 
saneamiento puesta a la orden del día desde los comietizos cel 
gobierno de Giró. 

El servicio de iluminación a gas comenzado con tanto empuje 
en esa misma oportunidad, quedó trabado por la revolución de 
1853, y sólo pudo reanudarse y completarse bajo los gobiernos 
subsiguientes. Durante ese paréntesis de inactividad para' el Mu- 
nicipio de Montevideo, el de Buenos Aires implantó la ansiada me- 
jora edilicia. La piedra fundamental de la usina bonaerense fué 
«."olocada, efectivamente, en 1855. 

Algo se hizo, en cambio, en materia de pavimentación. La Asam- 
Mea concedió a don Jaime Castells, en 1854, en representación de 
la Sociedad «El Progreso», autorización para construir una carre- 
tera entre Carmelo y Nueva Palraira, y un puente en las Víboras, 
sobre la base de un derecho de pontazgo, cuyo importe se reparti- 
ría entre la Junta y la empresa concesionaria. Un año después 
lí Asamblea resolvió que todas las calles de Montevideo no em- 
ledradas ni reempedradas con posterioridad a 1835, fueran pavi- 
mentadas a costa de los propietarios, pudiendo aplicarse a las 
calles de la nueva ciudad el sistema ya adoptado de piedras de 
cuña o el de Mac-Adam. 

Las Juntas carecían de recursos y Flores trató de llenar el vacío 
en 1853 mediante un decreto que declaraba municipales los im- 
puestos de corrales, ramos policiales y pasaje de ríos de los de- 
partamentos de campaña. Dichos impuestos deberían ser recau- 
dados por las Juntas y aplicados al sostenimiento de las escuelas 
rúblicas, «considerando — decía el decreto refrendado por el doc- 
tor Juan Carlos Gómez — que el Gobierno debe una atención pre- 
ferente a la ilustración de la juventud, en que está cifrado el 
porvenir de la Nación». 

Una ley dicada en 1855 asignó a las Juntas EconómicoiAdmi- 
nistrativas los impuestos de peaje, pontazgo y barcaje, bajo la 
.•oble limitación de que sólo podrían recaudarse allí donde hubiera 



GOBIEBIÍO DE FLORES 359 



puentes, canales, acueductos, calzadas o servicios de botes, cons- 
truidos por las Municipalidades o por concesionarios, y de que 
jos impuestos no excedieran del máximum que fijaba la misma 

iéy. 

El Ejército. 

Ya hemos dicho que con motivo de la llegada de la división 
brasileña, los efectivos del ejército de línea presupuestados para 
1855 quedaron reducidos a un centenar de soldados de artillería y 
cí dos planas mayores y dos cuadros de oficiales sin soldados. 

í 1 licénciamiento empezó antes de ponerse en ejecución el nuevo 
presupuesto, dándose con ello lugar a una interpelación de la Co- 
misión Permanente fundada en que la fuerza de línea estaba fi- 
:\da para todo el año 1854 y debía en consecuencia mantenerse 
intacta hasta el final. 

Más de una voz se hizo oir contra esta peligrosa confianza en 
el apoyo que el Brasil prestaría al Gobierno. Entre ellas la de don 
Juan María Torres, quien proclamaba desde las columnas de la 
prensa la necesidad de restablecer el ejército de línea, como base 
insustituible del mautenimiento del orden interno y de las ga- 
rantías internacionales. Todas nuestras revoluciones — decía el 
señor Torres — han sido realizadas por las milicias y con las 
milicias seguirá viviendo el paí-s en medio de revoluciones! 

Juntamente con la disolución del ejército de línea empezó el 
reclutamiento de la Guardia Nacional. En 1854 fué convocada la 
infantería de la Capital, no porque hubiera el menor peligro — 
.se apresuraba a prevenir en su proclama el Presidente Plores — 
sino al solo efecto de cumplir las leyes en vigencia. Un año des- 
pués, cuando la tormenta arreciaba y las tropas brasileñas de 
í^uarnición en Montevideo ayudaban a los opositores, hubo que ge- 
neralizar la convocatoria y que dividir la campaña en cuatro gran- 
des zonas para organizar la defensa. 

De'-rumbado Flores fué convocada otra vez la Guardia Nacional 
para proceder al nombramiento de jefes y oficiales, pero con re- 
sultados deplorables del punto de vista de la política fusionista 
del momento. Triunfaron los blancos en algunas compañías y con- 
tra ese triunfo protestaron los colorados con don José María Mu- 
ñoz a !a cabeza. Uno de los protestantes, el diputado Beltrán, pro- 
fuso como fórmula transaccional la formación de compañías de 
blancos y compañías de colorados, con oficiales de su respectiva 



360 HISTORIA DEL UBUGUAY 



lüiación, idea peregrina que fué recibida con vivas y mueras, di- 
solviéndose en seguida la reunión. 

Hasta en el seno mismo del Gobierno empezó entonces a abrirse 
camino la idea de restablecer el ejército de línea, según lo demues- 
tran estas palabras del Presidente del Senado al abrir las sesiones 
del Cuerpo Legislativo en febrero de 1856: 

«Es necesario, honorables señores, que la formación de una 
fuerza de línea venga a reemplazar a las fuerzas ciudadanas, pues 
que de ahí resultarán grandes ventajas que no se ocultarán a 
vuestra alta penetración.» 

La reforma militar. 

'La Legislatura de 1854 trató de llevar adelante la reforma mili- 
tar sancionada bajo el gobiermo de Giró, autorizando al Poder Eje- 
cutivo para contratar un empréstito de dos millones de pesos cu- 
yas bases deberían ser sometidas a la Asamblea. 

Al año siguiente presentó don José María Muñoz a la Cámara 
de Diputados un proyecto mediante el cual los reformados recibi- 
rían títulos de la deuda consolidada al tipo de la última amorti- 
zación, en cuatro cuotas que se entregarían en 1855, 1856, 1857 y 
1858, con el interés del 18 Vo anual, debiendo destinarse la mitad 
de todo lo que se ahorrara al aumento del fondo amortizante de la 
deuda. Pero ni el ambiente político, ni mucho menos el ambiente 
financiero permitían recurrir al crédito, y la iniciativa fracasó una 
vez más. 

La Policía. 

'El gobierno de Flores presentó a la Asamblea en 1854 un pro- 
yecto de reorganización policial, sobre la base de una Intendencia 
radicada en Montevideo con jurisdicción sobre todas las Jefaturas 
de campaña. 

La Comisión de Legislación de la Cámara de Diputados, sin des- 
conocer que se trataba de una concentración útil, creyó que el plan 
era violatorio del régimen establecido por la Constitución, y pre- 
sentó otro proyecto que fué sancionado por dicha rama del Cuerpo 
Legislativo, que acordaba al Jefe Político de Montevideo la su- 
perintendencia de la Policía de toda la República y creaba con 
tal objeto una brigada policial de caballería. De acuerdo con el 
mismo proyecto el Jefe Político tendría voto deliberativo en los 
consejos de gobierno para todo lo relativo a los objetos de su ramo. 



GOBIERNO DE FLOEES 361 



Ya hemos visto en el curso de este mismo capítulo que la idea 
de la brigada policial encontró ambiente propicio al sancionarse 
j! presupuesto de 1855, pero sin los resultados que se esperaban se- 
fún lo demuestra la documentación de la época, en buena parte 
quizá porque el considerable atraso en los pagos dificultaba todo 
plan de organización. 

Don Francisco Lecocq, Jefe Político de la Capital, se disculpaba 
en 1856 de no haber disuelto una expedición revolucionaria que 
había salido de nuestro puerto con rumbo a Buenos Aires, invo 
cande que las policías sólo habían recibido tres meses de sueido 
en todo el transcurso de 1855 y que el número de agentes era diez 
veces menor que el de la fuerza expedicionaria compuesta de dos- 
cientos hombres bien equipados y hasta con artillería! 

Recogiendo una idea lanzada por la prensa, dirigió ese nrsmo 
año el Ministro de la Guerra una circular a las Juntas Económi- 
co-Administrativas, estimulándolas a que pidieran a los estancieros 
y vecinos en general su concurso pecuniario para el sostenimiento 
de las policías. La de Montevideo nombró Comisiones seccionales 
con ta! objeto y las de los departamentos la imitaron en el acto. 
El vecindario de Cerro Largo fué de los primeros en hacerse car- 
go del pago de las policías de varias secciones. 

Tan violentas situaciones creaba el atraso en los pagos, que a fi- 
nes de 1855 el Jefe Político de San José se vio obligado a salir 
precipitadamente de su diepartamento con rumbo a la Capital, 
dando con ello lugar a que el pueblo se reuniera en la plaza y pi- 
diera a la Junta que se hiciera cargo de la autoridad vacante. Es 
que ya no tenía disculpas de qué echar mano para calmar las jus- 
tas impaciencias de sus subalternos. 

Otro Jefe Político, el de Paysandú — nada menos que el coro- 
nel Ambrosio Sandes, de valor realmente legendario — fué asalta- 
do en el mismo año por su propio asistente, perdiendo en la re- 
friega el cinto de oro que llevaba! 

Fué para suministrar algunas migajas a los tesoros policiales 
que ona ley de 18S5 restableció el pasaporte. La Comisión de Ha- 
cienda de la Cámara de Diputados, al despachar favorablemente 
el asunto, invocaba la vigilancia portuaria que no justificaba la 
medida, y la pobreza del erario que era realmente la causa deter- 
minante. 

La Policía de Montevideo gestionó y obtuvo en 1854 un decreto 
que castigaba con multas de 50 a 500 pesos a los dueños de los es- 
tablecimientos en donde se permitieran juegos de envite y que 



362 HISTORIA DEL UBUGUAT. 



aplicaba el importe de las multas a construcción y mejoramiento 
de caminos. 

Por otro decreto del mismo año, el Gobierno entregó a una Comi- 
sión popular la recaudación y administración del impuesto de se- 
renos y al Jefe de Policía la jefatura del Cuerpo de Serenos. 

En lo que nada se innovaba era en materia de extinción de la 
raza camina. En 1854 informaba la prensa, en tono de protesta, 
que la matanza era realizada a palos en plena calle; que la ma- 
yor parte de los perros quedaban durante largas horas con esterto- 
res de vida; que por todas partes había regueros de sangre; que 
los cadáveres quedaban en exposición hasta que se corrompían! 

lia Iglesia contra la >Iasonei*ía. 

En 1855 anunció la prensa la inauguración de una logia ma- 
sónica denominada «El Sol Oriental». Y en el acto se presentó al 
Gobierno el vicario apostólico don Juan Benito Lamas, diciendo que 
esa logia que era la primera de su género que se establecía en el 
Uruguay, violaba las leyes y debía, en consecuencia, prohibirse su 
funcionamiento. 

No hemos encontrado en la documentación de la época ningún 
dato o antecedente que demuestre que el Gobierno atendiese o re- 
chazase la pretensión de la Iglesia, pretensión que. ella sí, estaba 
en pugna con el régimen de libertad creado por la Constitución de 
la República y no contradicho por las leyes nacionales. 

Correos. 

En su Memoria anual al Cuerpo Legislativo, hacía constar en 
1855 el Ministro de Gobierno don Alejandro Chucarro, que «la 
Administración de Correos se desempeñaba con bastante regulari- 
dad». Y para demostrarlo decía que cada mes salían de Montevideo 
correos para los departamentos del interior, amén de uno par- 
ticular que iba hasta Carmelo. 

No era seguramente como para batir palmas. Pero el Ministro 
escribía bajo la presión de las enormes dificultades con que 
los gobiernos de entonces luchaban para el establecimiento de las 
comunicaciones postales. 



OOBIEBNO DE FLOBES 363 



Cantíos y sociedades. 

Un grupo de empleados de comercio de Montevideo que se propo- 
nía estimular el espíritu de ahorro, fundó en 1854 una sociedad 
denominada «Mutualidad», con capital de 12,000 pesos en acciones 
de 120 pesos integrables por cuotas mensuales. La sociedad duraría 
tres años, vencidos los cuales se procedería al reparto del capital 
y de las utilidades entre los socios. 

En 1855 empezó a funcionar en Paysandú una asociación de 
260 adherentes, presidida por don Miguel Horta, don Domingo 
Mendilaharsu y don Vicente Mongrel, que sólo admitía «socios eu- 
ropeos» y cuyos fines concretaban así los estatutos: «Prestarse 
los socios apoyo mutuo en los casos de revolución en el país, gue- 
rra civil u otros trastornos políticos, para preservar sus personas 
e intereses de todos los actos de violencia que en tales circuns- 
tancias no puedan prevenir las autoridades legítimas de la Repú- 
blica»; recabar el nombramiento de un Vicecónsul, llamado a ha- 
cer respetar los derechos de los españoles; socorrer a los pobres 
en casos de enfermedad u otros accidentes que inhabiliten para el 
traba.io; abstenerse de toda participación en la política interna del 
país. 

Pocas semanas después el pensamiento de los residentes espa- 
ñoles de Paysandú repercutía entre los extranjeros de Montevideo, 
quienes fundaban también una sociedad de extranjeros bajo un re- 
glamento que luego de referirse a la frecuencia de nuestros mo- 
vimientos revolucionarios y a la insuficiencia de la protección de 
'.os gobiernos, señalaba así los fines de la sociedad: 

iSocorrer a los pobres, dirimir las cuestiones entre extranjeros, 
provocar el establecimiento de una colonia agrícola, fomentar la 
inmigración, establecer un diario, defender contra todo ataque ile- 
gal la persona e intereses de los socios, abstenerse absolv.tamente 
en las cuestiones de la política local. 

Teatros y espectáculos públicos. 

La edificación del Teatro Solís, reiniciada en 1852, volvió a pa- 
ralizarse bajo la presión de los acontecimientos políticos del año 
siguiente, y la paralización continuó hasta 1854 en que los accio- 
nistas resolvieron llevar adelante las obras. 

A finalizar el año 1855 el Directorio que presidía don Juan Mi- 



364 HISTORIA DEL UBUGUAY 



guel Martínez, anunció a los accionistas que sólo quedaban pen- 
dientes las obras de ornato y de comodidad interior; que todo lo 
que había que gastar para que el teatro abriera sus puertas se 
reducía a 20,000 patacones, y que para obtener esa suma existía 
todavía en caja un saldo de once acciones de las trescientas repre- 
sentativas del capital de 180,000 pesos en que se había sido presu- 
puestado el edificio. Agregaba que los trabajos estaban bajo la di- 
rección del arquitecto Garmendia, autor del plano. 

En esa misma asamblea, fué bautizado el teatro, que entonces 
se llamaba «De La Empresa», con el nombre de «Solís». Uno de 
los accionistas propuso la denominación de Teatro de la Paz, in- 
vocando que la obra había sido reanudada en una época de paz 
y de prosperidad y que era también en una época de paz que 
.legaba a su término. 

«La sociedad formada para la construcción del teatro — decía 
«El Comercio del Plata» — ofrece tal vez el resultado más feliz 
de todos los que se han ensayado hasta hoy, gracias a la buena 
elección de mandatarios. La guerra, la miseria, no han sido bas- 
tantes a destruir el pensamiento de la sociedad. Ahí está el Tea- 
tro Solís, sirviendo de testimonio irrecusable de lo que pueden los 
hojnbres cuando quieren». 

Las obras del Teatro Colón de Buenos Aires fueron iniciadas el 
mismo año en que terminaban las de Solís. 

También en 1855 quedaron terminados los trabajos para el esta- 
blecimiento de las carreras inglesas, de que hemos hablado al ocu- 
parnos de la administración Giró, y en el acto fué inaugurada la 
pista. Era la primera vez que en Montevideo se corrían carreras 
inglesas, y la población se trasladó a Maroñas en carruajes, en ca- 
rros y a caballo. Detrás del público seguía un convoy de carros 
con comestibles y bebidas para las tiendas volantes instaladas a 
la entrada y a lo largo de la pista. En el programa de la fiesta 
inaugural figuraban cinco carreras, con entradas de 4 patacones 
por caballo y premios de 3 a 6 onzas de oro. 

Un mes después eran reanudadas en la Unión las corridas de 
toros en un local provisorio, porque todavía no había terminado la 
construcción de la gran plaza que más adelante fué estrenada. 
El producto de las corridas se destinaba a la prosecución de 
i&s obras. Según la crónica de esas primeras funciones, el número 
de concurrentes oscilaba normalmente alrededor de 4,u00. Al fina- 
lizar el año llegó de España una cuadrilla de toreros que inten- 
sificó el entusiasmo por esos espectáculos. 



GOBIERNO DE FLORES 3G5 



Todos los coches, carros, carretillas y caballos de Montevideo eran 
puestos a contribución en los días de carreras o de corridas. Los 
carros, algunos con toldo y otros sin él, partían desde la Plaza 
' Independencia bajo una tarifa moderada de seis vintenes por viaje. 
Los carruajes valían, en cambio, hasta cincuenta pesos. 

El cadáveí' de Artigas abandonajdo en el rincón de una oficina 
pública I 

Desde mediados de 1853 obraba en el Ministerio de Gobierno 
una solicitud a favor de la repatriación de los restos de Artigas, 
promovida por los deudos del procer. El ambiento político estaba 
muy agitado y la solicitud quedó olvidada hasta enero del año 
siguiente, en que el gobierno de Flores resolvió atenderla y en- 
viar con ese objeto una misión especial al Paraguay presidida 
per don Manuel Acosta y Lara, de la que luego no volvió a ha- 
blarse por haber sido llamado dicho ciudadano al Ministerio de 
Hacienda. 

En abril de 1855 fué nombrado el doctor Estanislao Vega agente 
confidencial ante el Gobierno Paraguayo, con un pliego de ins- 
rrucciones en que figuraba la repatriación de los restos de Ar- 
tigas. 

El doctor Vega marchó de inmedianto para su destino y a me- 
diados de septiembre estaba de regreso con las preciosas reli- 
quias confiadas a su celo patriótico. 

Artigas — decía al dar cuenta al Gobierno del cumplimiento de 
su misión — «es el primero sin disputa en cuyo corazón se alzó 
poderoso e indomable el sentimiento de nuestra independencia na- 
cional». 

La exhumación — según las actas acompañadas — tuvo lugar 
el 20 de agosto de 1855. El solar estaba señalado «con una piedra 
de I3s que este país produce, con la inscripción General Don José 
Artigas, año 1850». Lueo^o de levantada la piedra «se cavó como 
vara y media hasta que apareció el cadáver». Los huesos fueron 
l;añados en cloruro de cal por el doctor en medicina don Luis 
Etcheverría, y colocados luego de oreados en una urna que fué 
depositada en la Iglesia, a la espera de su conducción al vapor 
«Uruguay» encargado del transporte. El cura don Cornelio Contre- 
ras ;iizo constar que por resolución del Gobierno Paraguayo nin- 
gún otro cadáver había sido enterrado en aquel solar. 

El doctor Vega desembarcó los restos de Artigas a raíz de la 



366 HISTORIA DEL URUGUAY 



caída del gobierno de Flores. Nadie se acordó en esos momentos 
terribles de exequias ni de honores y la urna quedó olvidada en 
un rincón de la Capitanía del Puerto. 

Un mes después del desembarco, Leandro Gómez pedía al nuevo 
gobierno, desde las columnas editoriales de «La Nación», que sa- 
cara los restos de Artigas «del rincón de la oficina pública^> 
en que estaban abandonados, les decretara «unos funerales modes- 
tos» y los hiciera conducir al Cementerio, mandando esculpir «en 
la misma losa que servía de mausoleo en la Asunción» estas pa- 
labras: «Siempre patriota, siempre honrado, siempre pobre hasta en 
el sepulcro». 

iSe trata — exclamaba el futuro héroe de Pp.ysandú — «del pri- 
mero y más heroico campeón, del primero y más eminente ciu- 
dadano, de la primera y más grande de nuestras glorias, del que 
íué siempre modelo de abnegación y del más puro patriotismo». 

Pero el país estaba en crisis. La diplomacia brasileña acababa 
(te armar a los orientales unos contra otros, para que se despeda- 
zaran; las tropas encargadas de recuperar la plaza ya conquistada 
en 1816, seguían atizando el fuego en la esperanza de hacerse dueñas 
de la codiciada presa; y los huesos de Artigas continuaron arrinco- 
nados en la Capitanía, sin que la voz de Leandro Gómez encon- 
trara eco alguno ni en el Gobierno ni en el pueblo! 



III 

GOBIERNO DE PEREIRA- 1856-1860 



CAPÍTULO VII 
Movimiento político 

Preliminaa-es de la elección pi-esidencial de 1836. — La candida- 
tura de don Gabi-iel Antonio Pei-eira. 

Hemos hablado en el capítulo IV de la alianza política de los 
generales Manuel Oribe y Venancio Flores para luchar contra los 
conservadores y resolver el problema presidencial. 

Esa alianza, surgida a raíz de la revolución de 1855, persistió 
hasta el último día de la campaña presidencial en que resultó 
triunfante la candidatura de don Gabriel Antonio Pereira, patro- 
cinada por aquellos dos militares que ejercían respectivamente la 
"jefatura del Partido Blanco y la jefatura del Partido Colorado 

Hemos hablado también de un decreto del mismo año según el 
cual todos aquellos que hubieran emigrado a consecuencia de la re- 
volución de noviembre sólo podrían regresar a la República con per- 
miso especial de la autoridad. Un nuevo decreto de enero de 1856 
prohibió el regreso de los diputados don José María Muñoz, don 
Fernando Torres y don Eduardo Beltrán, hasta que la Cámara de 
que formaban parte declarara si liabía o no lugar a formación de 
causa. 

Xo debían, pues, actuar los conservadores en el proceso presiden- 
cial de 1856. 

Las elecciones de Alcalde Ordinario y Defensor de Menores, prac- 
ficadas al empezar el año, denunciaban ya cuál sería la orientación 
de les sucesos. En las de Montevideo — valga la crónica circuns- 
tanciada de «La Nación» — la Guardia Nacional formó en la Pla- 
za Constitución y desde allí marchaban los soldados en compañías 
compactas, con los oficiales a la cabeza, a depositar sus votos en 
'as urnas. En la villa de la Unión los guardias nacionales votarom 
también, uniformados y armados, con la sola variante de que al 
desfilar ante las urnas daban vivas a Oribe. En la Florida la tro- 
pa armada rodeó una mesa electoral para impedir el triunfo de don 
Juan P. Caravia, e impuso la lista oficial. 

IV - 24. 



370 HISTORIA DEL URUGUAY 



El general Flores, que seguía al frente de la Comandancia de 
Armas, se dirigió a principios de febrero de 1856 al Ministerio de 
la Guerra en demanda de autorización para reunir una fuerza de 
300 a 400 hombres de pelea. 

«Yo, como uno de tantos — decía fundando su pedido — estoy al 
cabo de todos los resortes interiores y exteriores que se ponen en 
juego en el pueblo y en la campaña para alterar el orden público 
y renovar las sangrientas escenas pasadas, con motivo de la próxi- 
ma elección de Presidente Supremo de la República». 

Y a raíz de concedida la autorización, promovía en su domicilio 
una reunión de diputados para uniformar opiniones a favor de la 
candidatura de don Gabriel Antonio Pereira. 

Jja <"andi(latiira del genei-al César Díaz. 

Los periodistas de Montevideo resolvieron también reunirse 
para uniformar opiniones y por mayoría proclamaron la candi- 
datura del general César Díaz. Uno de los diarios que le nega- 
ron su voto decía que esa candidatura era la de los revoluciona- 
rios de 1855 y la del. gobierno de la provincia de Buenos Aires, 
Hcu^aolón esta última de que también se hacía eco el general Flores, 
según una de las publicaciones del candidato. 

Los canrlidato.s presentan sus progi-amas. 

El general Díaz, que desde 1853 estaba al frente de la Legación 
Oriental en la Argentina, renunció su cargo y vino a Montevi- 
deo a ponerse al frente de los trabajos de sus amigos, publicando 
entonces un programa presidencial en el que prometía lo siguiente: 
Observancia de la Constitución, conservación a todo trance de 
la paz interior, «tolerancia nacional en cuanto a los antiguos ex- 
travíos de los partidos políticos y rigor ejemplar contra todo el 
que pretendiese envolver al país en nuevas desgracias»; fomento 
do la industria; repatriación de los emigrados. 

Don Gabriel Antonio Pereira publicó a su turno un progra- 
ma en el que luego de referirse a los trabajos realizados por los 
generales Oribe y Flores, decía afirmando la política de fusión a 
que respondía su candidatura victoriosa: 

«En el franco y leal cumplimiento de la Constitución buscaré 
la fuerza y la sanción de . todos mis actos gubernativos... Colo- 
cado en esa altura, si el hombre privado conserva alguna simpa- 



Q0BIKBT70 DE PEBEIBA 



371 



tía por tal o cual partido, el jefe del Estado, padre de la gran fami- 
lia oriental, no tendrá más colores que los purísimos colores de 
la bandera de la patria. Debajo de su sombra cabemos todos; esos 
colores simbolizan recuerdos sin mancha; son acaso el único víncu- 
lo que puede todavía unirnos. Ellos me impondrán el deber de 
iniciar mi gobierno proclamando la unión, la concordia, el olvi- 
do de nuestras malas pasiones... Mande quien mande, la mitad 
del pueblo oriental no puede conservar en eterna tutela a la otra 
mitad». 

Rcl(i-ii<le<«n las niediflaifi (le fuerza. 

La contienda presidencial quedaba, pues, empeñada. De un lado 
la candidatura de don Gabriel Antonio Pereira, sostenida por los 
generales Oribe y Flores con toda la fuerza gubernativa en sus 
manos. Del otro la candidatura del general César Díaz, apoyada 
I,'or los conservadores. También figuraba, aunque en segundo plano, 
una tercera candidatura, la del doctor Florentino Castellanos que 
el general Flores sostuvo que venía impuesta por la diplomacia 
brasileña, cargo que rechazó el candidato. 

Las medidas de fuerza se iban entretanto acentuando a me- 
dida que se aproximaba la fecha de la elección presidencial. A 
principios de febrero se reunió la Comisión Permanente para oir 
las explicaciones del Ministro de la Guerra acerca de denuncias 
que concretaba en esta forma el diputado don Mateo Magariños: 

«El día 2 del corriente, a la salida de una casa de familia ho- 
nesta, se tomaba a todas las personas que no tenían una papele- 
ta de nacionalidad extranjera o que no llevaban en su bolsillo el 
diploma de excepción del servicio militar, llegando el desacato de 
los ejecutores de tan arbitraria medida basta detener a algún re- 
presentante de la Nación, coincidiendo ese acto con la interpe- 
lación que ese mismo día se había hecho al Ministerio respec- 
tivo . . . También coincide ese proceder con la aglomeración de 
fuerzas de la campaña sobre la Capital, en circunstancias en que 
debe abrir sus sesiones ordinarias el Cuerpo Legislativo». 

Contestó el Ministro interpelado, en cuanto a las levas que sólo 
se trataba de arrestar desertores de línea y guardias nacionales 
que eludían el enrolamiento, y en cuanto a la aglomeración de 
fuerzas, que se trataba de 300 a 400 hombres que había reunido el 
Comandante de Armas general Flores, con destino al manteni- 
miento del orden en la Capital. Y la Comisión se dio por satisfe- 
cha con esas explicaciones. 



372 HISTORIA DEL URUGUAY 



Reabiertas la sesiones ordinarias de la Asamblea, pidió el 
senador don Enrique Muñoz que fuera llamado el mismo Secre- 
tario de Estado para dar explicaciones acerca de las fuerzas reu- 
nidas en torno de la Capital. Se hace aparecer — dijo — a la 
Asamblea como si careciera de apoyo nacional y hubiera nece- 
sidad de sustituir ese apoyo por el de las bayonetas. Pero la mo- 
ción no prosperó y el aparato bélico continuó su obra de coacción. 

Ante esa ola de fuerza que avanzaba, el diputado don Patricio 
Vázquez dirigió una carta abierta a don Gabriel Antonio Pereira, 
para prevenirle que no debía contar con su voto. Los generales 
del pacto — le decía — han prescindido deliberadamente de la 
opinión de los legisladores y la candidatura de usted es hoy abso- 
lutamente rechazada por efecto de la intervención de Oribe. 

Una semana antes de las elecciones el Comandante de Armas ge- 
neral Plores pasó revista a las tropas en la plaza de Artola, como 
para exhibir los elementos con que contaba. 

Casi en los mismos momentos ocurrían escenas tumultuosas en 
la barra de la Cámara de Diputados; se realizaban arrestos por 
ia Policía de la Capital; y estallaba una asonada de italianos, a 
consecuencia de haber sido muerto un niño de esa nacionalidad por 
una^bala escapada del cuartel de guardias nacionales, asonada que 
dio lugar a la prisión y destierro de varios oficiales de la antigua 
legión de Garibaldi y a un decreto que colocaba el Departamento de 
Policía «bajo la dependencia del Ministerio de la Guerra». 

El general César Díaz, sobre cuyo domicilio ejercía la Policía 
una vigilancia abrumadora, creyó necesario buscar garantías y se 
usiló en la Legación de España juntamente con el coronel Fran- 
cisco Tajes y otros de sus amigos. 

Recién el día antes de la elección el Presidente del Senado en 
ejercicio del poder ejecutivo, don José María Pía, resolvió cerrar 
su brevísimo período presidencial de quince días adjuntando a la 
.\samblea un decreto por el que se dejaba sin efecto la prohibición 
de regresar al país impuesta a los diputados Muñoz, Torres y Bel- 
T.rán, y se declaraba que todos los emigrados políticos tenían abier- 
tas las puertas de la patria. 

En la noche de ese mismo día el Presidente de la Cámara de 
Diputados reunió en torno de su mesa a los legisladores, y éstos 
después de concluido el banquete fueron en busca de los generales 
César Díaz, Enrique Martínez y del coronel Francisco Tajes, que 
estaban asilados, y acompañaron hasta su domicilio al primero de 
dichos ciudadanos. 



GOBIEBNO DE PEEEIRA 373 



Ya la contienda presidencial podía considerarse terminada con 
el triunfo de la fórmula patrocinada por los generales Oribe y 
Flores y ningún factor podía, en consecuencia, turbar la absoluta 
tranquilidad del ambiente oficial, salvo el del tiempo, a que la 
prensa opositora apelaba con estas palabras de «El Nacional» de 
1839: 

«Todo lo que no va en armonía con las necesidades y gustos del 
pueblo, es efímero, ridículo y del momento. Hoja seca de un árbol 
verde y vigoroso, marchitada en medio de la vida para caer al 
polvo sin ofender la marcha progresiva del ser a quien pertene- 
ce. El pueblo es eterno, como el tiempo; sus voluntades son 
eternas como las del Dios que interpreta, y un día, un día menos, 
al fin un día, tienen su ejecución profunda e infalible». 

Complicaciones del lado ai'gentino. 

Con el retiro de las tropas brasileñas había desaparecido mo- 
mentáneamente uno de los dos factores de nuestros disturbios polí- 
ticos internos, el de la frontera terrestre que nos envolvía en la 
anarquía para acabar de absorbernos. Pero quedaba en pie el otro 
factor, el de la frontera fluvial, que fatalment3 nos envolvía en 
PUS propios disturbios por efecto de Aáejas y nunca interrumpidas 
vinculaciones entre los partidos existentes aquende y allende el 
Hata 

Aquí se había tratado por todos los medios imaginables de ente- 
rrar el pasado y de abrir una nueva era. Ni vencidos ni vencedores 
había dicho Urquiza, repitiendo la frase de don Andrés Lamas. 
Y al día siguiente de la paz, blancos y colorados se confundían, 
sin que un solo proceso viniera a alterar la perfecta cordialidad 
del ambiente. 

Allá ocurría todo lo contrario. Terminada la batalla de Caseros 
empezó la matanza de prisioneros. El regimiento entero del coro- 
nel Aquino, que se había sublevado para pasarse a Rosas, fué ex- 
terminado. Las víctimas eran alineadas de a 10 y de a 20 para 
ganar tiempo y los cadáveres quedaban en el camino o eran col- 
gados en los árboles. Son datos del general César Díaz, testigo 
presencial de los sucesos. 

A la matanza de prisioneros en el campo de batalla sucedió la 
de los Tribunales en nombre de la ley. En diciembre de 1853 quedó 
concluida la causa seguida a Ciríaco Cuitiño y Leandro Alem por 
!os asesinatos de 1840 y 1842. La sentencia los condenaba a la 



374 iii.srouiA del uruguay 



pena de muerte en una V-aza pública de Buenos Aires, con sus- 
iiensión de «los cadáveres en una horca por 4 horas». Cuando los 
reos, en marcha para el patíbulo, pasaban por la Casa de Gobierno 
Cuitiño vivó varias veces a Rosas, vociferando que «moría por él 
y piTr su causa». 

Todavía en 1857 el Congreso Argentino seguía estimulando los 
procesos, con proyectos que como el que declaraba a Rosas «reo de 
lesa patria», hacían exclamar al doctor Félix Frías: «Hay quien 
sostiene que todo es permitido contra los tiranos. Xo, señores: a 
los hombres de principios no les es permitido todo contra los ti- 
ranos; no les es permitido imitarlos». 

Habían seguido, pues, hirviendo las pasiones de partido en Bue- 
nos Aires, y eso en alguna forma tenía que repercutir entre los 
orientales, tan íntimamente vinculados a los argentinos hasta la 
conclusión de la Guerra Grande. 

A principios de 1856 salió de Montevideo una expedición de re- 
i'olucionarios argentinos bajo el mando del general Costa. Esa 
'•xpedición desembarcó en la Colonia y luego de recibir algunas 
incorporaciones cruzó el río y siguió viaje hasta completar su 
programa. Pero con resultado tan adverso, que de los 16ü hombres 
que la componían, apenas sobrevivieron 30, pereciendo todos los 
demás en la persecución o en el patíbulo, en razón de que las tro- 
pas gubernativas tenían la terrible consigna de fusilar a todos los 
prisioneros. 

Pues bien: desde las primeras notas diplomáticas a que dio ori- 
gen esa revolución, afirmó el Gobierno de Buenos Aires que el 
cuerpo expedicionario se había formado y reclutado en la Unión, 
ccn la ayuda de «un notable jefe que ejercía poderosa influencia 
sobre el Gobierno Oriental», desempeñado a la sazón por don Ma- 
nuel Basilio Bustamante. Y aclarando la referencia decía en otra 
ue sus notas el Ministro de Relaciones don Valentín Alsina: 

«Desde la siniestra aparición de Oribe en estas regiones copiosa 
sangre ha corrido en ambas márgenes del Plata... El es el prin- 
cipal autor de la situación que ambos Gobiernos deploran... Sin 
él, sin sus profundos rencores a Buenos Aires, los conspiradores 
hubieran tenido que devorar sus malvados deseos en su propia 
impotencia.' Más él los alentó y facilitó la obra; él derramó su 
oro; él los proveyó y armó; él cooperó a los enganches, él puso 
a su servicio los recursos de su posición y de su influencia; él, 
<n fin, los empujó a la empresa temeraria y a la muerte.» 

Estas y otras acusaciones de connivencia provocaron la renuncia 



GOBIEBNO DE PEBEIRA 375 



de nuestro Ministro de üül)ierno docior Rodríguez y del Jefe de 
Policía don Francisco Lecocq, y un decreto gubernativo de des- 
í'gravio en el que se declaraba que los generales y coroneles ar- 
gentinos José María Flores, Gerónimo Costa, José Joaquín Baltar, 
Ramón Bustos, Hilario Lagos y León Benítez, «habían abusado del 
asilo que les concediera la República, promoviendo ilegalmente 
dentro de su territorio el enganche y armamento de gente desti- 
riada a hostilizar al gobierno vecino y amigo de Buenos Aires», 
y les prohibía el regreso «como indignos de la hospitalidad del 
i>ueblo oriental». 

El ambiente internacional quedaba envenenado con ideas de 
represalia que habrían de tener ejecución bajo el gobierno de don 
Gabriel Antonio Pereira, ya próximo a estrenarse bajo la protec- 
ción de Oribe y de Flores. 

La elección de don Gabriel Antonio Pereira. Manifestaciones 
<le eonfrat^yn.Vlíwl política a que da origen. 

A la sesión del 1." de marzo de 185(j, destinada a la elección de 
Presidente de la República, concurrieron 33 legisladores de los 45 
Mue formaban parte de la Asamblea. Tres de los inasistentes, los 
diputados Muñoz, Torres y Beltrán estaban en Buenos Aires, co- 
mo hemos dicho, por efecto de un decreto de destierro revocado el 
día antes de la elección, es decir, cuando ya no había tiempo para 
que efectuaran el regreso. 

Según «El Comercio», uno de los diarios de la época, la ciudad 
y sus inmediaciones estaban convertidas ese día en un cuartel 
por efecto de la aglomeración de fuerzas que habla decretado el 
Comandante de Armas general Venancio Flores para garantir el 
orden. 

De los 33 legisladores presentes, 24 votaron por don Gabriel An- 
i.onic Pereira, 7 por don Florentino Castellanos, 1 por don José 
Ellauri y 1 por don Juan Miguel Martínez. 

Cuando se proclamó el resultado de la votación gritaron de la 
barra: «¡Viva el Presidente de la República! ¡mueran los salvajes 
unitarios»! 

«Trataré de sacar al país del caos en que se encuentra», dijo 
el Presidente electo luego de prestar juramento. 

Al transferirse el mando que ejercía el señor Pía, habló el Pre- 
sidente de la Cámara de Diputados señor Palomeque, en términos 
que fueron estruendosamente aplaudidos por todos los que llena, 
ban el salón de la Casa de Gobierno. «Hago votos al Ser Supremo 



376 HISTORIA DEL URUGUAY 



— dijo — para que iluminando a V. E. le quepa la gloria de que no 
se oiga de boca ni se lean en ningún corazón oriental los títulos 
devorantes y desastrosos de blancos y colorados, de conservadores 
y floristas». 

Era el voto que estaba en el ambiente. 

La Comisión Directiva de la «Unión Liberal» celebró una se- 
sión extraordinaria en la que luego de expresar su Presidente, 
que la Sociedad había i>ermanecido a la expectativa por efecto de 
las pasiones de partido, pero que ya había llegado la oportunidad 
de entrar en actividad, fué sancionada la siguiente declaración con 
el voto de don Luis Lamas, don Manuel Herrera y Obes, don Ber- 
nardo P. Berro, don Jaime Estrázulas, don Manuel Errasquin. don 
Francisco Hordeñana, don Aml>ro!sio Velazoo, don Oándido Joa- 
nicó, don Fermín Ferreira y otros ciudadanos: 

«El programa del Presidente de la República se armoniza cum- 
plidamente con los principios y bases constitutivas de la Sociedad, 
y en consecuencia, ella resuelve apoyar y secundar la acción del 
Gobierno por todos los medios que sus estatutos le permitan.» 

Respondiendo al mensaje de apertura de las sesiones ordinarias, 
decía dos meses después la Asamblea General en su minuta de 
mayo de 1856: 

«La Honorable Asamblea General Legislativa, en el interés de 
propender con su sanción a la extinción completa de las in- 
sensatas pasiones políticas que han desgarrado el seno de la pa- 
tria desde su nacimiento y en el de que la administración públi- 
ca en lo civil, político y judicial sufra las modificaciones más 
análogas a nuestro modo de ser actual, espera que el Poder Eje- 
cutivo no omitirá someter . todos los proyectos necesarios a tan 
gran objeto». 

Ti'ata el Presidente electo de indepeiMlSziarse de siip dos tutores. 

Don Gabriel Antonio Pereira, impuesto por los generales Floros 
y Oribe, trató en el acto de tirar los andadores. 

Casi todos los diarios de la época están contestes en que el 
mismo día de la elección dirigió una carta política a dichos gene- 
rales, pidiéndoles que declararan que ellos no tomarían ingei'en- 
cia alguna en la marcha gubernativa. Y están contestes también 
en que Oribe respondió que no intervendría y que Flores mos- 
tró vaguedades en su contestación, según unos, o no contestó ab- 
■wiutamente según otros. 



GOBIERNO DE PEBEIRA 3-77 



El primer empujón debía darse, pues, contra Flores y efecti- 
vamente así lo hizo el Presidente Pereira. Pocas horas de'jpnés 
de la toma de posesión del mando, dictó un decreto dejando sin 
efecto las medidas militares adoptadas en diciembre del año an- 
terior, y entre ellas la Comandancia de Armas que desempeñaba 
Flores. Al día siguiente se quiso paliar la destitución con el ar- 
gumento de que el propio Flores había presentado con anterioridad 
fu renuncia. El hecho era, sin embargo, que el decreto se había 
dictado y que el rompimiento político estaba producido. 

Quedaba en pie Oribe. Pero su alejamiento estaba también re- 
suelto y era sólo cuestión de tiempo. 

Su.s prüiieros aotos adniiimstJ'ativos. 

El Presidente Pereira constituyó un ministerio que era garan- 
tía de buena e intensa labor: al doctor José Ellauri le fué confia- 
da la cartera de Gobierno y Relaciones Exteriores, a don Doro- 
teo García la de Hacienda, al coronel Carlos San Vicente la de 
Guerra, y a la vez publicó un manifiesto en el que procuraba cal- 
mar así al público, ávido de reformas: 

«I^as medidas que la situación exige deben ser de alta impor- 
tancia y grande trascendencia para el país. Nada más peligroso 
que precipitarse en semejantes casos. Confío, pues, que se espera- 
rá con calma el resultado de la meditación profunda que ella de- 
manda, así como el de la ejecución rápida que me propongo dar- 
les. No descuidaré, sin embargo, el ocurrir pronta y eficazmente a 
las exigencias justas que no admiten dilación. Las palabras que 
dejo aquí consignadas son una promesa que he de sostener con 
lealtad y altura. Podré sucumbir en la lucha, pero mi divisa ha 
sido y será siempre paz, unión, progreso y libertad». 

El Ministro de Hacienda don Doroteo García reunió en su des- 
pacho a todos los periodistas de Montevideo y les hizo conocer el 
programa, que había redactado en esta forma con su colega don 
José Ellauri: 

«Solidaridad completa; celebración de acuerdos en consejo de 
ministros; fiscalización de las rentas; publicación diaria y men- 
sual de los ingresos y egresos; acatamiento a la ley de presu- 
puesto; equilibrio .financiero». 

Lueí?o de leído ese programa, dijo el Ministro a los periodistas 
allí reunidos: «El náufrago que se halla en la isla desierta y que 
no tiene de qué vivir, pide al que va navegando que lo salve, arro- 



378 HISTORIA DEL URUGUAY 



jáudole un poco de alimento. La prensa, que portadora de un 
gran contingente de ideas va de acuerdo con la opinión pública 
expresando las mxesidades del país, puede en su trayecto soco- 
rrer al ministerio arrojándole ideas y haciéndole advertencias opor- 
tunas para que encuentre cómo satisfacer sus necesidades.» 

Preparándose para realizar obra intensa, los Ministros presen- 
taron a la vez al Presidente un proyecto de decreto que en el acto 
fué promulgado, por el cual se creaba un Consejo Consultivo, divi- 
dido en tres secciones que presidirían los secretarios de Estado. El 
objeto era obtener el asesoramiento de los hombres entendidos en 
todos los asuntos de importancia ya planteados o que se plantea- 
sen en el porvenir. Era la realización de un pensamiento lanzado 
años antes por el doctor Eduardo Acevedo en "La Constitución" y 
que más tarde habría de aplicar también don Tomás Villalba, Mi- 
nistro de Hacienda del Gobierno de Berro. Algunas dificultades de- 
bió encontrar en la práctica, sin embargo, porque pocos días des- 
pués quedó aplazado el funcionamiento del Consejo hasta nueva 
resolución. 

Los primeros actos del ministerio traducían, pues, un plan de 
publicidad, contralor, orden y economía que los órganos más c^j- 
racterizados de la prensa se apresuraron a aplaudir. 

Uno de los diarios que habían formado en las filas de los sos- 
tenedores de la candidatura del general César Díaz, «El Mercurio», 
señalando esas tendencias sanas, decía: 

«Jamás administración alguna halló al país en el estado de pos- 
tración y desquicio en que lo encuentra la del señor Pereira; pero 
tampoco administración alguna ha encontrado jamás mayor coo- 
peración, más sincero deseo de ser ayudada. Del exceso del mal ha 
surgido el bien. La animación que se nota, la confianza en el por- 
venir y la esperanza que todos abrigamos de superar las dificulta- 
des qne nos rodean, no tienen otra base que la persuasión en que 
todos estamos de que el Gobierno va a emprender con mano firme 
la reforma que la administración del país reclama, y de que el 
Gobierno va a reorganizar, regularizar y moralizar esa administra- 
ción». 

Eran grandes, sin embargo, las dificultades con (|ue tenía que 
luchar el ministerio. 

Desde la caída de Rosas, decía «El Comercio del Plata», la ori- 
lla occidental del Plata es teatro de aumento de población, de fuer- 
te empuje mercantil, de progreso material, y la oriental de des- 
población y «decaimiento de la riqueza casi fabulosa de los tiempos 



GOBIERNO DE PEBEIRA 379 



anteriores a 184:'». Es que allá se conservaron intactos los elemen- 
tos vitales, que aquí fueron destruidos por la guerra. 

Tal era efectivamente la causa fundamental de la diversa si- 
tuación de los dos paisas. Rosas había oprimido brutalmente al 
país, pero le había asegurado la paz exterminando a todos los cau- 
dillos de las provincias, capaces de hacer sombra a su dictadura. 
El Uruguay, en cambio, había vivido en plena guerra civil y sus 
liquezas habían sido devoradas por los combatientes. De manera 
que restablecida la normalidad, mientras que del otro lado del 
Plata se presentaban intactas las fuentes productoras, de este lado 
áólo escombros aparecían por todas partes. 

!►«' nuevo bajo la.s agitaciones políticas. 

Desde los primeros días de marzo empezó el regreso de los emi- 
grados que se habían radicado en la Argentina como conse- 
cuencia de los sucesos revolucionarios de 1855 y agitaciones polí- 
ticas subsiguientes. 

Uno de ellos, don Juan José Cernadas, argentino que habíri ad- 
quirido carta de ciudadanía uruguaya, fué obligado por la Policía 
a reembarcarse en el acto. La Cámara de Diputados, que se entera- 
ba en esos mismos momentos del decreto de^ Presi-i-^ ;te Pía c.ue 
permitía el regreso de los desterrados, interpeló al Gobierno y con- 
testó el doctor Ellauri que se trataba simplemen'e de medidas po- 
liciales, «contra un hombre turbulento e inmoral en su conducta». . 
Obligado a entrar en mayores detalles hizo un paréntesis el Mi- 
n'siro para entrevistarse con el Presidente Pereira y luego -.egre- 
só a la Cámara para advertir que la medida no podía ser revoca- 
da y que había recibido instrucciones «para no entrar en discu- 
sión, lo que hacía presente a la Cámara para que ella resolviese». 

También estaba intranquila la campaña, sobre todo en Mercedes, i 
donde según las crónicas enviadas de aquella localidad a la prensa 2 

argentina, el coronel Máximo Pérez había reunido fuerzas, invo- 
cando instrucciones del general Flores para sofocar un movimien- 
to revolucionario que se atribuía a los conservadores. 

Grave agresión eontra los .Uputados consei'vadoi'es. 

Apenas terminado este primer incidente, ocurrió otro más gra- 
ve. Entre los que habían regresado de la Argentina figuraban los 
diputados conservadores don José María Muñoz, don Fernando To- 



380 HISTORIA DEL URUGUAY 



rres y don Eduardo Beltrán. Subía el segundo de ellos las escale- 
ras del Cabildo para ocupar su banca, cuando fué brutalmente agre- 
dido, agresión que se repitió con varios otros diputados al descen- 
der las escaleras luego de terminada la sesión, todo ello a la vis- 
ta de la guardia de cárcel y de los agentes de Policía que esta- 
ban como inmovilizados. Los mismos que agredían en esa forma 
a, algunos de los diputados, vitoreaban y alzaban en hombros al 
Presidente de la Cámara doctor Palomeque. 

El Presidente Pereira se dirigió a la Cámara con la promesa 
ele adoptar medidas enérgicas y a la vez publicó un manifiesto 
de desagravio. 

«Un hecho inaudito — decía — acaba de tener lugar en la misma 
casa de ia Representación Nacional, atacándose impune y vilmente 
el algunos miembros de ella. Ajado así el Código Fundamental del 
Estado que garante la inviolabilidad de los que invisten tal carác- 
jer, el Presidente de la República ha debido tomar y ha tomado 
uimediatamente las disposiciones oportunas para castigar con todo 
ti rigor de la ley a los que resulten autores de tan criminal aten- 
tado.» 

Las medidas iniciales parecían realmente encaminadas al cas- 
ligo de los culpables. Fué destituido el Jefe Político don Clemente 
César y se mandó instruir un sumario. Pero en seguida resultó 
claro el propósito presidencial de salvar a los agresores, y enton- 
ces el doctor Ellauri resolvió alejarse del Ministerio de Gobierno 
que desempeñaba. 

Una vez llenada la vacante con el doctor Joaquín Requena, apa- 
reció un nuevo manifiesto en que el gobernante decía: 

«Que adherido con fuerte voluntad al programa de) Presidente, 
sería Indeclinable en su decisión; que su constante anhelo tendría 
por norte la unión, la concordia, el olvido de las malas pasio 
:;es. . .?> 

Era esa la tercera proclama de don Gabriel Antonio Pereira, en 
'OS veintitantos días de presidencia que contaba, como lo hacía 
notar sarcásticamente la prensa. 

El sumario, entretanto, en el que figuraba una declaración del 
diputado don Fernando Torres con la lista de los agresores, quedó 
en los archivos del Ministerio de Gobierno durante 14 meses, hasta 
junio de 1857, en que fué pasado al Juzgado del Crimen con un de- 
creto que prevenía que la indagación «para hacer constar los pro- 
motores y principales autores de las ofensas de palabras y de he- 
'ho contra algunos representantes, no había dado resultado». 



GOBIEKNO UE PEBEIRA 381 



Desoyendo esa recomendación indirecta a favor de los agresores, 
ol Juez de Crimen libró orden de arresto contra don Narciso 'icl 
Castillo, don Francisco Oril)e, don Eduardo Díaz, don Pedro P. 
Díaz, don Santiago Botana, don Manuel Méndez Caldeira, don 
Fiancisco Ramos da Rúa y capitán Malbárez, orden que la Policía 
linio contestando que no había podido aprehender i ninguno de 
dichos ciudadanos, por lo cual dispuso el Juzgado que se libraran 
exhortos a las autoridades de todos los departamentos y se pasa- 
ra nota al Ministerio de Gobierno solicitando que excitara el celo 
de la Policía. 

i;n;j coujiu-aclón de los conservadores. 

Todavía no había transcurrido el primer mes de la nueva pre- 
sidencia cuando ocurría un tercer suceso de mayor repercusión po- 
lítica todavía: el defecubrimieuto de una conjuración de los con- 
servadores. 

El Presidente Pereira decretó el arresto y destierro a Buenos 
Aires del general César Díaz, del coronel Francisco Tajes, del co- 
mandante Susini y de los capita/íes Fernández y Larragoitia y 
restableció la Comandancia General de Armas que había suprimido 
en los primeros días de marzo, como medio de eliminar del esce- 
nario político al general Flores. «Siendo necesario — decía el de- 
creto — atender a la conservación del orden interno de la Capital, 
que aparece perturbado por hombres inquietos...» Al frente de la 
Comandancia fué colocado el general Manuel Freiré. 

Todos los periodistas de Montevideo fueron convocados a una 
'. eunión en la Casa de Gobierno, donde el Ministro les hizo pre- 
sente lo difícil de la situación y les pidió que no contrariasen 
Jas medidas gubernativas porque se procedía sobre la base de he- 
chos ciertos. 

Según el' acuerdo publicado en esos mismos momentos, había ocu- 
-rido el caso grave de conmoción interior exigido por la ley fun- 
damental para la adopción de medidas prontas de seguridad. Nada 
más contenía ese documento para explicar el suceso. Pero en su 
ínensaje a la Asamblea General, agregaba el Presidente Pereira: 

«Que en Iv, noche del 26 (marzo) y en las noches anteriores, s'j 
hacían reuniones en casa del general César Díaz, cuyo número 
llegó a ser de 80 y de 100 individuos, entre ellos algunos jefof, 
y oficiales aue se nombran, y eso sin contar otras reuniones en 
.^asas inmediatas a la del general Díaz; que ai mismo tiempo se 



382 HISTORIA DEL URUGUAY 



iiiterlaba seducir a los soldados del Escuadrón de Artillería, y 
aún a yu comandante el sargento mayor don Benigr.o Evia a quien 
se ofreció con reiteración el empleo de coronel de artillería y mando 
absoluto del cuerpo y todo el dinero que necesitase para sí y su 
familia, garantiendo esto con firmas del comercio de esta plaza». 

La Asamblea General aprobó las medidas adoptadas por el Poder 
Ejecutivo por juzgarlas «absolutamente necesarias para perfeccio- 
nar la grande obra de nuestra reorganización social, establecién- 
dose así bajo bases duraderas y saludables esa paz tan anhelada 
por todos». 

El general Manuel Oribe, que conservaba todavía sus posiciones 
fie coautor de la presidencia Pereira, concurrió al sostenimiento de 
la autoridad con el 2.° Batallón de Guardias Nacionales de la 
IJnión y otras fuerzas que había reunido desde los primeros ama- 
gos de revolución. 

Tranquilizados algo los espíritus, dirigió el Gobierno a fines del 
raes de marzo una circular confidencial a los Jefes Políticos, en 
que bregaba a favor de la extinción de los partidos tradicionales. 
Véase en qué términos: 

«He creído conveniente establecer con usted una correspondencia 
en carácter confidencial, sin perjuicio de la correspondencia ofi- 
cial que es de práctica, y que por ella me instruya de todo lo 
que se relaciona a las mejoras y adelantos del departamento, para 
Jomarlas en consideración y atenderlas según las circunstancias y 
el estado del erario lo permitan. Y como desgraciadamente las 
pasiones rencorosas de partido ciegan las almas ilusas, una de 
'as primeras y más serias atenciones de los Jefes Políticos será 
de conservar de todos modos la armonía y perfecta inteligencia 
entre las autoridades locales para de común acuerdo disponer de 
los medios que estén a su alcance y que las antiguas divisiones de 
partidos desaparezcan para siempre y que todos los ciudadanos, 
sin odiosas excepciones ni diferencias, entren al fin al goce tran- 
quilo de sus libertades y de los derechos que les acuerdan las 
?eyes.» 

Una inaiiifestación (lo los generale« Oribo y Flores. 

Pero las agitaciones volvieron a acentuarse en gran parte por 
efecto de la'? resultancias del sumario instruido a raíz de la con- 
juración que acababa de fracasar. 

El senador don Luis Lamas solicitó su pasaporte para alejarse 



GOBIERNO DE PEREIRA 383 



momentáneamente del país. El comandante don Juan José Poyo 
lué arrestado en su establecimiento de campo y traído luego a un 
cuartel de Montevideo. Uno de los diarios llegó a hablar de la 
nminencia de «una explosión terrible», dando lugar con ello a 
que la Policía llamara al editor y le previniera «que la autoridad 
¡L^abrfa reprimir toda demostración en el sentido de la referida ame- 
naza». Varios individuos armados se atrincheraron en una barraca 
de la Plaza Cagancha y desde allí mantuvieron un nutrido fuego 
de fusilería con la Policía y con un piquete de artillería, haáta 
que cayeron los cabecillas y fué tomada la barraca por asalto, re- 
sultando de las averiguaciones practicadas que se trataba de una 
gavilla que había resuelto matar a dos Comisarios. 

En el seno del Parlamento surgió entonces la idea de asegurar 
la tranquilidad pública sobre la base del restablecimiento de la 
iirmonía entre los factores que habían contribuido a la solución 
le! problema presidencial, y dando manos a la obra se acercaron 
varios senadores y diputados a don Gabriel Antonio Pereira para 
reclirle que tomara la iniciativa de una reunión a la que serían 
•nvitados los generales Flores y Oribe. 

Como consecuencia de esos trabajos apareció en abril de 1856 
un manifiesto de solidaridad política, en el que decían los referi- 
dos generales: 

«El pacto que ceiebiamos para afianzar la estabilidad del go- 
Jjierno constitucional que se había de elegir el 1." de marzo y 
que con aceptación pública recayó en la persona del distinguido 
ciudadano don Gabriel Antonio Pereira, no sólo no ha desmerecido 
un ápice de sus compromisos, sino que en la reunión confidencial 
í. que hemos sido invitados por el Poder Ejecutivo a solicitud de 
varios senadores y representantes que la pidieron, ha sido explí- 
cita V categóricamente por cada uno de los que suscriben ratificada, 
prestando cooperación franca y leal a sus actos.» 

Era una declaración de forma. En el fondo continuaban los 
antagonismos que habían dado margen desde los primeros días de 
marzo a la destitución del general Flores. Por otra parte, el mal 
de la intranquilidad reconocía causas más hondas, a las que el 
Manifiesto no podía absolutamente poner fin. 

El mes de mayo fué de intensas alarmas tanto en la Capital 
•omo en la camnaña. 

Como resultado seguramente del acuerdo a que habían arribado 
el Presidente Pereira y los generales Oribe y Flores, fué decre- 
tado ol licénciamiento de la guardia nacional de infantería de la 



384 HISTORIA DEL URUGUAY 



Capital. Sólo debía quedar en pie la compañía de pardos y morenos. 
Pero al hacerse efectivo el licénciamiento en la villa de la Unión 
'4ue era el centro militar de Oribe, desacató la orden el coman- 
dante don Santiago Botana, a título «de que el Gobierno los de- 
jaba atados con esa medida en virtud de haber contraído compro- 
misos políticos». El comandante Botana fué destituido como con- 
secuencia de ese desacato. 

Casi en los mismos momentos llegaba a Tacuarembó don Pedro 
Chucarro con el nombramiento de Jefe Político de ese departamento 
y el vecindario estimulado por la Junta Económico-Administrativa 
resolvía impedir a viva fuerza que dicho ciudadano tomara pose- 
sión del cargo. Los comandantes Barbat y Azambuya, que acau- 
dillaban el movimiento popular, organizaron cantones para la de- 
fensa del pueblo contra las fuerzas policiales que rodeaban al 
Jefe Político. De Montevideo salieron entonces tropas bajo el 
mando del general Manuel Freiré, que rodearon el pueblo y varias 
veces lo atacaron con lamentables bajas de uno y otro lado. Des- 
pués de nueve días de sitio, el Jefe Político Chucarro y los co- 
mandantes Azambuya y Barbat arribaron a un convenio bajo la 
mediación y con la garantía del general Antonio Xetto, en que 
1.0S contendientes pactaban de potencia a potencia, como verdade- 
ros beligerantes. He aquí los términos de ese documento: 

«Deseosos unos y otros de poner término a las aciagas escenas 
que contristan al pueblo en estos momentos y evitar las fatale.^ 
consecuencias que podrían surgir de su continuación, han acordado, 
poseídos del sentimiento de la paz, de la humanidad y de los vín- 
culos que a todos nos ligan como a hijos de una misma patria, el 
siguiente convenio: Artículo 1." Entretanto que la suprema auto- 
ridad del Estado no adopte una resolución definitiva que concilie 
las circunstancias desgraciadas en que se halla envuelto el depar- 
tamento, las fuerzas de una parte del pueblo y las que conserva 
a sus inmediatas órdenes el Jefe Político cesarán desde este mo- 
mento sus hostilidades y provocaciones, campándose las fuerzas 
de caballería fuera del pueblo a una legua de distancia entre los 
arroyos Tranqueras y Tacuarembó Chico, y la de los cantones 
dentro de la misma población adonde mejor lo prefieran, sin os- 
tentar ninguna actitud hostil, siendo permitido además el libre 
tráfico de aquellos artículos de primera necesidad sin 'os cna'es 
sería difícil la subsistencia de las familias y de las tropas. — Art. 
2.". Será mandada retirar a sus respectivos distritos toda y cuales- 
quiera fuerzas cuya reunión haya sido ordenada por las partes 



GOBIERNO DE PEREIRA 385 



contendientes para tomar parte en las hostilidades que no pueden 
ser permitidas por la ley. — Art. Z." El honor y la lealtad de los 
ciudadanos en armas que toman por testigos a la Providencia y 
a la patria de la religiosidad y buena fe de este pacto dirigido .i 
ahorrar la sangre de sus conciudadanos, dando un testimonio elo- 
cuente de su respeto al Código de la Nación y a los poderes cons- 
tituidos por ella, será la mejor garantía de su más exacto y seve- 
ro cumplimiento». 

Pero salieron de Montevideo nuevos contingentes de tropas, y en- 
tonces los comandantes Azambuya y Barbat tuvieron que someter- 
se y fueron arrestados y conducidos a Montevideo, y sometidos a 
la justicia del crimen, bajo cuya jurisdicción permanecieron hasta 
e' aniversario de la paz do octubre, en que el Gobierno pidió el so- 
breseimiento de la causa. 

El resto de la campaña permaneció en paz, pero dentro de una 
atmósfera malsana que don Juan P. Caravia describía así desde 
San José en junio de 1856: 

«No hay garantías para el trabajo. El derecho de propiedad se 
halla desconocido y sobre todo en la ganadería es enteramente ilu- 
sorio por el escandaloso abuso con que se comete el abigeato; y 
lo que es peor en esa lucha diaria del trabajo con la holgazanería, 
de la honradez contra el vicio, de la propiedad contra el robo, el 
hombre laborioso que no encuentra la protección que le acuerdan 
las leyes sale vencido, el desaliento lo reduce a la inacción y muy 
luego la necesidad lo conduce al crimen, cuya impunidad le pre- 
f-enta un cómodo y seguro modo de vivir.» 

Continúa la intvjMiuilidad. El gemejral Flores pide y obtiene au- 
torización para alejarse del país. 

Lia Capital continuaba a su vez bajo la presión de grandes alar- 
ma. En la Cámara de Diputados era interpelado el Ministro de la 
Guerra sobre la reorganización de fuerzas en la villa de la Unión, 
centro de la influencia de Oribe, y contestaba el Ministro que sólo 
se trataba del reclutamiento de una cincuentena de guardias nacio- 
nales a cargo del comandante Bastarrica, con destino a custodia de 
presos. El capitán Feliciano González, uno de los desterrados 
a Buenos Aires por efecto de la conjuración de los conservadores, 
que había vuelto a radicarse en Montevideo, era arrestado y em- 
barcado en seguida. Contra el comandante Leandro Gómez se 
expedía orden de prisión por publicaciones relativas a los sucesos 
de Tacuarembó. 

IV - 25. 



386 HISTORIA DEL URUGUAY 



Véase cómo describía «El Comercio del Plata» el estado del país 
ii mediados de julio: 

«Se intenta voltear el minisiterio, dicen unos, y no expresan 
f.ii\ién lo intenta ni por qué. Habrá un conflicto, dicen otros, luego 
(¡ue las Cámaras se cierren, y no se dice por qué ni para qué. El 
Gobierno está preparado y toma sus medidas, es también una mo- 
neda que corre y tiene crédito. Los generales del pacto se aprestan 
y cada uno reúne más o menos ostensiblemente sus recursos. Y en 
medio de esta lluvia de rumores y de cálculos en que no intervienen 
sino los deseos puramente individuales, pocos se acuerdan de que en 
un país coiistitucionalmente dirigido, que tiene su carta clara y ex- 
plícita, que se halla en una época rigurosamente normal, radie go- 
bierna sino el Gobierno, y que cada uno de esos rumores que to- 
ma cuerpo como los fantasmas de la noche en la imaginación de 
los niños, aleja de Montevideo a todo el que tiene algo que per- 
der y en qué emplear su tiempo tranquila y útilmente. Así, de día 
en día, merced a esa fiebre de creaciones políticas, nos vamos que- 
dando sin comercio, sin rentas, sin población, porque no hay que 
engañarse: si a media docena de individuos puede convenir qu? 
el río se revuelva, a ^-ien mil no les conviene sino que corra tran- 
quilo y claro como es naturab>. 

Para el Presidente Pereira la causa principal del malestar ema- 
naba de la pobreza fiscal, de manera que dominada ésta el país te- 
lita que entrar en un período de prosperidad. Véase cómo se expre- 
saba al cerrar las sesiones ordinarias del Cuerpo Legislativo, ca- 
si a la misma hora en que «El Comercio del Plata» presentaba el 
cuadro que acabamos de reproducir: 

«Aunque la presidencia del 1." de marzo se ha dedicado empeño- 
samente a la conservación de la paz pública y del orden social por 
medio de una política equitativa fundada en las prescripciones de 
Iti Constitución, no puede lisonjearse de haberlo conseguido com- 
pletamente, porque sólo el tiempo y la constancia han de remover 
los obstáculos que las antiguas y prolongadas disensiones civiles han 
creado. La pobreza fiscal es uno de esos obstáculos, el m \s difícil 
do vencer, el que requiero mayor dedicación y más energías. Era. 
unos, necosurio buscar por una parto recursos y arbitrios y dismi- 
nuir por otra parte las ori>i;aciouo>< y los gastos; y como la Hono- 
rable Asamblea General al sancionar ol Presupuesto no ha efei'tua- 
dc ni reducciones ni reformas, las sesiones legislativas terminan 
ouodaudo ol Podor Kjocutlvo sin lo iudisiHMisablo v>ara el servicio 
púbHco:>. 



GOBIERNO DE PEREIRA 387 



A la clausura de las sesiones extraordinarias de la Asamblea con- 
currieron 23 legisladores, de los que sólo 16 entraron a sala. Dan- 
do las explicaciones del hecho decía al día siguiente «El Comer- 
cio del Plata»: 

«Parecen, pues, pasados los momentos que algunos rumores se- 
ñalaban como terribles». 

¿A cuál de los caudillos políticos podían referirse esos rumores? 

Horas antes de la clausura de las sesiones ordinarias, el general 
Flores se había dirigido al Presidente Pereira para anunciarle que 
tenía el propósito de alejarse del país, y a la Asamblea en demanda 
de venia para embarcarse. 

«La alarma que mis enemigos esparcen — decía en su nota al Pre- 
sidente — haciendo creer a esta sociedad que soy el agente de nuevas 
conmociones políticas que traerán necesariamente desgracias in- 
mensas a mi patria, me impulsa a dejar esta tierra tan querida, pro- 
bando una vez más que jamás seré yo quien promueva el desorden 
y el desquicio de ella»... Entendía que mi nombre jamás sería con- 
siderado como elemento desorganizador, «pero hoy que mis enemigos 
se empeñan en comprometerme para agitar la sociedad, y que aún 
el mismo Gobierno quiere creerlo tegún lo muestran las extraordi- 
narias medidas que de su orden se toman, resuelvo alejarme...». 

Conviene «a los intereses del país — decía en su nota a la Asam- 
blea — y a los míos particulares mi ausencia al extranjero por al- 
gún tiempo... Con este sacrificio doloroso creo hacer un nuevo ser- 
vicio a mi querida patria». 

El Presidente contestó que no le faltarían garantías para vivir 
en el país y que las medidas adoptadas, por extraordinarias que 
fueran, no podían afectarlo a él personalmente. 

Y la Asamblea acordó la venia «reconociendo los sentimientos 
cíe abnegación y patriotismo que la motivaban». 

De nufv<>^ los destieiTos. 

Parecía ya eliminado todo peligro de reacción. Pero el Gobierno 
debió conservar vivoo temores. El hecho es que antes de finalizar 
el mes de julio, procedía al arresto del redactor de «La República» 
(ion José P. Pintos, de don Narciso del Castillo y de don Pedro P. 
Díaz. 

Esos tres ciudadanos fueron conducidos a la Isla de Ratas y 
luego embarcados con destino a Buenos Aires. Justificando el 
destierro decía el Poder Ejecutivo a la Comisión Permanente: 



388 HISTORIA DEL URUGUAY 



Con motivo de la rebelión de Tacuarembó y del arresto y enjui- 
ciamiento de sus promotores, los señores Pintos, Castillo y Díaz ve- 
nían extremando su propaganda de oposición. Espera el Poder Eje- 
cutivo que la Asamblea aprobará esta medida, como ya lo hizo 
anteriormente con otras análogas, a pesar de que entonces se tra- 
taba «de ciudadanos de más representación social, de otros méri- 
tos personales y de buenos servicios a la patria». 

El argumento no era atendible, sin duda alguna. El hecho de 
Que hubieran sido aprobados los destierros anteriores, no bastaba 
para que el Gobierno siguiera desterrando cada vez que se alzara 
en la prensa un voto de censura. Pero la Comisión Permanente se 
declaró convencida y aprobó los decretos de extrañamiento. 

Pocas semanas después regresaban de su destierro, con la auto- 
rización del Gobierno, el general César Díaz, el coronel Francisco 
Tajes y los comandantes Solsona y Susini, y la calma volvía a 
reinar aparentemente en Montevideo. 

J..O.S comicios pai'ciales de 1856. El Pi«esid«nte Pereira en lucha 
con el general Oribe. 

Cinco departamentos de la República habían quedado sin repre- 
sentación en las Cámaras y era necesario llenar las vacantes. 
Quedó resuelto, pues, que el pueblo sería convocado con ese objeto 
para el último domingo de noviembre de 1856. 

El Presidente Pereira y el general Oribe mantenían todavía in- 
tactas sus relaciones, aunque ■ habían estado a punto de romper- 
las durante las agitaciones de julio, con motivo de varias reuniones 
de guardias nacionales en la villa de la Unión, sin orden del Es- 
tado Mayor. Durante la función de gala dada en el Teatro Solís 
Oí; el aniversario de la batalla de Sarandí, Oribe tomó asiento a la 
derecha del Presidente Pereira. La prensa de Buenos Aires señaló 
el hecho como lina claudicación colorada, pero la de Montevideo, 
adicta al Gobierno, replicó que Oribe había actuado en la batalla 
que se rememoraba y que Pereira, por otra parte, no era un man- 
datario de partido. 

Pero al aproximarse los comicios de noviembre trató Oribe de 
asegurarse la adhesión de los electos y entonces se produjo el rom- 
pimiento. 

El Presidente que estaba resuelto a imponer sus propios candi- 
datos, empezó por dirigir una circular a los Alcaldes Ordinarios 
de todos los departamentos con el propósito de obstaculizar los 
trabajos de Oribe. 



-GOBIERNO DE PEBEIRA 389 



Aunque ya conocen ustedes — les decía — «el oaudidato de mi 
Aceptación entre los que se proponen para ese departamento, deb>) 
Impedir que se abuse de mi nombre o del nombre del Gobierno 
por los agentes del general Oribe suponiendo que las candidaturas 
de éste son convenidas y acordadas conmigo o con el Gobierno. . . 
Procure contrariar semejante abuso por medio de sus relaciones 
y de los Jueces de Paz o Tenientes Alcaldes, a iün de que se per- 
suadan los ciudadanos de que con ese proceder se trata de encu 
brir o disfrazar una oposición al Presidente de la República que 
puede ser perniciosa para la paz... Es natural que yo prefiera 
para las bancas de la representación nacional entre buenos e ilus- 
trados ciudadanos a aquellos de cuya cooperación estoy seguro». 

Uno de los choques más recios fué el que tuvo llagar en el 
departamento de la Capital con motivo de la elección de senador, 
r.'t influencia presidencial se inclinaba a la candidatura de don 
Juan Miguel Martínez y la del general Oribe a favor de la candi- 
datura del doctor Florentino Castellanos. 

Ambos candidatos eran de filiación colorada. Pero la prensa 
adicta al Gobierno afirmaba que el doctor Castellanos había con- 
riaído serios compromisos políticos con Oribe, acusación que obli- 
gó al candidato a salir a la prensa para desmentir a sus detrac- 
tores. 

En la víspera de los comicios apareció una declaración con la 
firma de ciento y tantos ciudadanos, entre los que figuraban los 
generales Manuel Freiré, Enrique Martínez y Anacleto Medina, que 
estaba así concebida: 

«En presencia de la actitud que ha asumido don Manuel Oribe 
en la crisis electoral que atravesamos e importando esa actitud 
la tendencia de restablecer su funesto influjo, es deber de todos 
los amantes de las instituciones y del orden oponerse a que pre- 
valezcan esas candidaturas, no por éstas en sí, sino por la in- 
fluencia que las recomienda. Por eso y a fin de robustecer la ac- 
ción de la autoridad, los ciudadanos que suscriben votarán por la 
candidatura del señor don Juan Miguel Martínez, aceptada por el 
pueblo y por S. E. el señor Presidente de la República.» 

Resolvieron también adherir a la candidatura de don Juan Mi- 
guel Martínez algunos de los miembros más caracterizados del 
Partido Blanco, como don Francisco Solano de Antuña, don Ata- 
aasio Aguirre, don Francisco T^ecocq, don Antonio de las Carreras 
y don Federico Nin Reyes. 

«La aceptamos — decían en su manifiesto — porque toda lucha 



390 HISTORIA DEL UKUGUAT 



electoral hoy tendería a hacer revivir el espíritu y las animosida- 
des de los viejos partidos, y porque la extinción de esos partidos 
es la primera necesidad del país, necesidad proclamada por el 
Pi'esidente de la República y uniformemente reconocida por todos 
los hombres pacíficos y sensatos. La aceptamos porque a má" de 
ser ella irreprochable, hay notoria conveniencia en robustecer con 
el voto popular la acción del Presidente de la República en la 
marcha de reparación y concordia que inició con su programa.» 

Oribe sale del país. 

El día f»ntes de los comicios el Gobierno noaibró Comandante 
de Armas al g-eneral Medina, segundo jefe de la Comandancia de 
Armas al general Manuel Freiré y jefe de la Guardia Xacional 
de extramuros al coronel Francisco Tajes. 

Una vez organizado ese Estado Mayor, que podríamos llamar de 
concentración colorada atento el ingreso del coronel Tajes — uno 
de los desterrados a consecuencia del movimiento revolucionario 
atribuido al general César Díaz — el Ministro de la Guerra dirigió 
una resonante nota al general Medina, en la que le decía que 
notificara a don Manuel Oribe, «cuyo nombre se invocaba por los 
agitadores», que el Gobierno lo hacía «responsable de cualquiera 
alteración del sosiego público». 

«La actitud que han tomado ciertos hombres de la íntima rela- 
ción de don Manuel Oribe — agregaba esa nota — alarma a la po- 
blación pacífica nacional y extranjera de esta Capital, pues ellor, 
r.o se limitan a buscar tranquilamente el triunfo de su lista sino 
que amenazan con las vías de hecho.» 

«Yo — contestó Oribe — nunca he sido, ni soy, ni seré agi- 
tador del orden público, ni autorizo a nadie para que propague 
especies amenazantes del orden público.» 

Pero una semana más tarde pedía y obtenía sus pasaportes para 
alejarse del país por razones de seguridad personal, y quizá tam- 
bién en el deseo de eludir la polémica a que uno de sus correligio- 
narios, el doctor Ambrosio Velazco, electo senador por Canelones, 
lo provocaba con un violentísimo artículo en que exhumaba acu- 
saciones correspondientes a la época de la Guerra Grande, por 
actos emanados del Juzg-ado de lo Civil, que el articulista tenia 
a su cargo en el campo sitiador. Véase el epígrafe de ese articulo. 

«C/ónica de varios hechos del general don Miuu'l Oribe du- 
rante la época de los nueve años, en que gobernó despóticamente 



OOBIEBNO DE PEBEIRA 391 



disponiendo a su arbitrio de la vida y de la reputación de los 
ciudadanos y administrando sin cuenta ni razón el Tesoro público. 
y apropiándose del niismo modo las haciendas de los habitantes 
de la campaña.» 

Quedaban, pues, eliminados del escenario político los dos gene- 
rales del pacto que había dado origen a la candidatura Pereira 
y en tren de halagadora cordialidad las relaciones con los conser- 
vadores representados por el coronel Francisco Tajes. 

El resultad<» de los comicios. 

Con iodo el aparato de fuerza desplegado y con el concurso que 
prestaban los conservadores y los blancos alejados de Oribe, es- 
taba descontado el triunfo de las candidaturas presidenciales. 

En el Departamento de Montevideo obtuvo la lista oficial 1,442 
votos computadas las secciones üe la ciudad. Cordón, Aguada, Mi- 
guelete, Peñaro;, Unión, Manga y Toledo, contra 995 que alcanzó 
don Florentino Castellanos sostenido por Oribe. En la sección de 
la Unión, centro de la inñuencia oribista, la candidatura Castella- 
nos obtuvo 344 votos, contra 28 de la candidatura oficial. El Co- 
legio Electoral integrado por hombres de uno y otro partido como 
don Joaquín Suárez, don Luis Lamas, don Atanasio Aguirre, don 
Francisco Solano de Antuña y don Octavio Lapido, nombró sena- 
dor a don Juan Miguel Martínez y suplentes a don Francisco So- 
lano de Antuña, don Cándido Joanicó, don Manuel Herrera y Obes 
y don Manuel Errasquin. 

En la Florida obtuvo el triunfo un Colegio Electoral que nom- 
bró senador al doctor Emeterio Regúnaga y suplentes a don Juan 
Carlos Gómez, don Adolfo Rodríguez, don José Vázquez Ledesma 
y don Domingo León Costa. El Alcalde Ordinario de dicho depar- 
tamento- al comunicar al Ministerio de Gobierno la lista del Co- 
legio triunfante, lo hacía en esta forma reveladora de la índole 
de los procedimientos electorales del día: 

«Esos ciudadanos son los que presentó el pueblo al Supremo Go- 
bierno, de quien mereció aprobación para elegir al doctor Regúnaga 
senador de ese departamento.» 

En Canelones triunfó la lista en que figuraba el doctor Ambro- 
sio Velazco como senador y como suplentes don Marcelino Santu- 
rio, don Joaquín Suárez, don Rafael Zipitría y don Carlos Vidal. 
El cómputo de las secciones de Guadalupe, San Juan Bautista, 
Tala y Las Piedras arrojó 582 votos a favor de la lista oficial y 



>92 HISTORIA DEL URUGUAY 



149 a favor de la lista de oposición. En torno de la Mesa elec- 
toral de Pando hubo algunos desórdenes que obligaron al Gobierno 
a enviar allí tropas al mando del general Freiré. 

Terminados los comicios, el Presidente Pereira, tan dado a las 
proclamas, dirigió un manifiesto al país en que lejos de ocultar, 
confesaba sin ambajes su acción prominente en el proceso elec- 
toral. 

«Conocido es de todos — decía — el origen de la oposición 
contra las candidaturas del pueblo y del Presidente de la Repú- 
blica; conocidas son sus tendencias, y sin embargo los agentes de 
eta oposición y sus adictos han gozado de la libertad más perfecta, 
de la más completa para procurar el triunfo de sus listas en todas 
las secciones del departamento. Ellos no han triunfado; el triunfo 
está de parte de quien debía estar: de parte de la autoridad 
y de las instituciones; pero los opositores no han sido vencidos 
■por ninguna coacción, por ninguna resistencia indebida y hasta la 
fuerza pública, las fuerzas del Gobierno, han servido para garan- 
tirles el libre ejercicio de sus derechos, si es derecho contrariar la 
autoridad constitucional, contrariar la causa del orden y de los 
principios, a la verdadera causa del pueblo, por favorecer preten- 
siones individuales y revivir influencias personales del pasado.» 

El Senado anula uno de los diplomas. 

Habían triunfado las listas oficiales, pero en uno de los departa- 
mentos con detrimento de los mismos intereses a que respondía 
la intervención gubernativa en los comicios, dándose con ello lugar 
a dificultades que hubo que allanar mediante la eliminación del 
candidato victorioso. Nos referimos al doctor Emeterio Regúnaga, 
senador por la Florida. 

La Comisión de Poderes pidió durante las sesiones preparato- 
rias que quedara pendiente el estudio de su diploma, pero la ma- 
yoría del Senado lo declaró incorporado y desde entonces el doctor 
Regúnaga concurrió regularmente a todas las sesiones. 

Varios meses después volvió a abrirse el debate al averiguarse 
si formaba o no parte del Departamento de Florida una de las sec- 
c'ones que mayor nilmero de votos había dado al doctor Regúnaga, 
y la Comisión encargada del estudio de ese punto aconsejó la 
convocatoria a nuevas elecciones, sin que el Senado pudiera re- 
solver nada, por razón de empate, hasta mediados de 1859 en que 
el asunto entró de nuevo en la orden del día, y entonces para de- 



GOBIEBNO DE PEBEIRA 393 



clararse que el doctor Regúnaga, que ya había actuado como sena- 
dor desde 1857, es decir, durante dos y medio años, debía ser des- 
pojado de su diploma. 

Lo singular es que en el curso de esa larga incubación parla- 
mentarla alcanzó a dictarse una ley que declaró que la sección dis- 
cutida formaba parte integrante del Departamento de la Florida, 
pero con la advertencia de que tal declaración por ser posterior a 
los comicios no podía subsanar el vicio imputado al diploma del 
doctor Regúnaga! 

Elecciones de Alcalde Onlinai-io. 

A los comicios parciales de los cinco departamentos que ca- 
recían de representación legislativa, subsiguieron en 1857 los de 
Alcalde Ordinario, con detalles poco tranquilizadores del punto de 
vista de la intervención oficial. 

En el Departamento de la Florida, el mismo cuya elección sena- 
turial se había decidido anular, llegó la coacción oficial a los mayo- 
res extremos. Según una representación suscrita por el Alcalde Or- 
dinario saliente, don José "Vázquez Ledesma, el suplente de di- 
cho magistrado y varios amigos suyos se posesionaron del salón 
donde estaba depositada la urna y nombraron una mesa a su pa- 
ladar que sólo dejaba entrar a los amigos, y eso con tal rigor que 
hasta al propio Alcalde titular lo había hecho retroceder por medio de 
un centinela. 

En las elecciones de la Capital fué también saltante la inter- 
vención oficial y de ello resolvió dejar constancia la Comisión Per- 
mante en su informe anual a la Asamblea. 

La Comisión — decía ese informe — pidió explicaciones al mi- 
nisterio acerca de «algunos actos arbitrarios y violentos cometi- 
dos por el. Jefe Político de la Capital en la elección de Alcalde Or- 
dinario y cuyos actos importaban una coacción impuesta por la au- 
toridad al libre ejercicio del derecho electoral. Esos actos eran de 
notoriedad pública; pero el Ministro de Gobierno declaró que no 
1g eran conocidos y prometió en nombre del Presidente de la Re- 
pública que se levantarían respecto de ellos los informes necesa- 
rios y se trasmitirían al conocimiento de la Comisión Permanente. 
A pesar de esa promesa y de haber transcurrido un mes desde 
que ella fué hecha, la Comisión no ha sido instruida del resultado 
de las averiguaciones ofrecidas por el ministerio». 



394 HISTORIA DEL URUGUAY 



Una nota tranquilizadora después de los comicios. 

Terminados los comicios trató el Presidente Pereira de llevar la 
pacificación a los espíritus. 

Revocó los decretos de nombramiento de los generales Medina 
» Freiré y del coronel Tajes para la Comandancia de Armas 
y jetaitura de la Guardia Nacional, dictados al iniciarse la lucha 
contra Oribe. Reintegró en sus empleos militares a todos los je- 
fes y oficiales que habían sido dados de baja por simples decretos 
administraitivos a consecuencia de los sucesos políticos de 1853 y 
de los años subsiguientes, invocando que los despachos militares 
sólo podían ser revocados de acuerdo con las ordenanzas y leyes 
generales. Y mandó liquidar los haberes vencidos a los militares 
reintegrados. 

Eran medidas oportunas. A fines de 1857 debían realizarse los 
comicios generales de senadores y diputados y había necesidad de 
tranquilizar el ambiente, para que la nueva e inevitable crisis po- 
lítica no impidiera al país desenvolver sus fuerzas productoras 
tan largamente estancadas. 

La CómiBión Permanente, de la que formaba parte uno de los 
primates del Partido Conservador, el doctor Pedro Bustamante, de- 
cía respondiendo a ese anhelo general al dar cuenta a la Asamblea 
de los sucesos del año anterior: 

«Vuestra Comisión' Permanente se ha esforzado por segundar 
la acción del Ejecutivo, llevando al efecto su espíritu de concilia- 
ción hasta donde era compatible con sus deberes constitucionales. 
Esta política era en el sentir de vuestra Comisión la única que 
consultaba los intereses generales del país y las exigencias de la 
actualidad, y a la Comisión le es grato haceros saber que ella tu- 
vo desde un principio el concurso del Presidente de la República. 
Si bien ha habido alguno que otro acto gubernativo de que la Comi- 
sión Permanente no ha creído de su deber hacerse solidaria, nin- 
guno de ellos era de carácter tal que reclamase la convocatoria 
extraoi^dinaria de las Honorables Cámaras». 



Empieza de nuevo la aigitación electoral. 

Desde mediados de 1857 empezó la prensa a preocuparse con ca- 
lor de las elecciones de noviembre. Como se atribuyera en general 
al Gobierno un programa intervencionista igual o más amplio que 



GOBIEBNO DE FEBEIBA 395 



el que acababa de ejecutarse, creyó oportuno el Ministro de Go- 
bierno doctor Joaquín Requena desautorizar la especie mediante 
una circular a los Jefes Políticos. 

Hay quien invoca — decía en ella — el nombre del Gobierno en 
los trabajos electorales; pero es necesario que se sepa que el Go- 
bierno, lejos de proceder así, «ni indica ni acepta candidatos, ni 
oficialmente ni privadamente, y que la influencia oficial se emplea- 
rá sólo para garantir el derecho electoral de los ciudadanos». 

Horas después era el propio Presidente Pereira quien se dirigía 
a los Jefes Políticos para insistir en las mismas ideas. Véase en 
qué forma: 

<8E1 Poder Ejecutivo, que profesa el más profundo respeto a los 
principios del sistema que nos rige y al derecho inviolable de los 
ciudadanos, quiere que el sufragio en las elecciones sea un hecho 
positivo y práctico, dejándolo en toda la plenitud de su libertad, 
para que así cada pueblo pueda darse los representantes que la ley 
le acuerda, recayendo la elección en los que realmente merezcan su 
confianza. De ese modo, dejando el Poder Ejecutivo a los departa- 
iKentos en pleno goce del gran derecho consignado en nuestro Có- 
digo Fundamental, podrán con entera confianza entregarse a sus 
solas inspiraciones, y entonces con madurez, con tino y patriotismo 
fijarse en hombres que vengan a la Asamblea a representar y sos- 
tener los verdaderos y legítimos intereses del país bien entendidos 
j fuera de toda mezquindad de círculo o de partido. Conviene, pues, 
que tanto los ciudadanos de la República como los delegados del Po- 
der Ejecutivo se penetren de que tal es la mente del Gobierno, los 
primeros para usar de sus derechos depositando en la urnas electo- 
rales el voto libre de su espontánea voluntad; porque así Dios y 
la patria juzgarán de la rectitud de su conciencia que en vir- 
tud de los resultados absolverá o condenará a cada uno. En cuan- 
to a los segundos, para que no ejerzan otra influencia en aquel ac- 
to solemne que la del depositario de la fuerza pública para con- 
servar el orden, sostener y hacer respetar las regalías del ciu- 
dadano en el ejercicio más grandioso de su derecho en el sistema 
representativo popular. Esta es la única prerrogativa del Poder 
Ejecutivo y la única en que reserva toda su acción. De este modo 
habremos dado un gran paso en beneficio de la República, de la 
paz, de las instituciones; y sus garantías no serán ya más el ju- 
guete de los caudillos y de los ambiciosos». 

Los Jefes Políticos se apresuraron a poner su lenguaje al dia- 
pasón presidencial. 



396 HISTORIA DEL rSXJGÜAY 



El de Tacuarembó don Pedro Chucarro se limitó a contestar que 
con la actitud que asumía el Poder Ejecutivo se pondría coto a 
«la demagogia». Pero el del Durazno don Juan Coronel dejó co- 
rrer su pluma en esta forma: «No me son desconocidos los círcu- 
los políticos que comienzan a poner en juego sus relaciones e in- 
fluencias para llenar sus miras en la elección de diputados que de- 
be tener lugar en noviembre del presente año. Conforme en un todo 
con los patrióticos deseos de V. E., emplearé cuantos medios es- 
tén a mi alcance para conducir ai camino de la razón a los bue- 
nos ciudadanos que más de una vez engañados por la hipocresía 
de hombres que se llaman patriotas, caen en el lazo que les tien- 
den y cooperan sin conocerlo al desquicio y ruina de su país . . . 
Hombres de estos, señor Presidente, en campaña tienen muy pocos 
partidarios. El vecindario pacífico y laborioso reconoce sobrada- 
mente las ventajas que goza al amparo protector del gobierno de 
V. E., para dejar de acatar con la mayor obediencia sus resolucio- 
nes superiores... Ese rumor que esparcen los ambiciosos, de que 
V. E. patrocina tales o cuales candidatos, no es más que la idea 
perversa de predisponer los ánimos de algunos desgraciados que aún 
conservan viejos rencores de los errores pasados, para elevar a 
diputados a sujetos que nada les debe el sosiego y mejora que hoy 
disfrutamos. Yo, Excelentísimo Señor, influiré cuanto pueda para 
que en el departamento que V. E. ha confiado a mi cargo se pro- 
ceda con arreglo a ley, llegado el tiempo de las elecciones. No ha- 
lé más que procurar se conserve el orden debido en los comicios 
y unir mi juicio al de las personas sensatas para elevar a la dig- 
nidad de representantes hombres cuyos antecedentes y sentimien- 
tos patrióticos sean conocidos». 

Pero como el Presidente Pereira estaba resuelto en el fondo a 
seguir interviniendo, tenía que haber lucha ardorosa dada la reso- 
lución que había en los partidos de disputarse el triunfo al pie 
de las urnas. 

Continuaba en vigencia la legislación electoral sancionada en 
1853 por las Cámaras de Giró, según la cual los registros cívicos 
debían abrirse de enero a agosto, era indispensable acreditar la 
ciudadanía y tenía cada ciudadano el derecho de reclamar contra 
la inscripción de los demás. 



GOBIERNO DE PEBEIBA 397 



La propaganda partidista. 

Enipezaroii los diarios tiadicionalistas por caldear el ambiente. 
Para uno de ellos era Oribe «el hombre preciso». Para otro, sólo 
una agrupación «cubierta de crímenes y de infamias» podía juz- 
gar en tal forma «a ex degolladoires y ex cuereadores». Hasta llegó 
u insinuarse la idea de la expulsión de Oribe como medio de 
tranquilizar el escenario político. 

No escapaba el Gobierno a las incidencias de esa ardorosa po- 
lémica. Sólo que algunos atacaban al primer magistrado mientras 
que otros se dirigían exclusivamente contra sus Ministros. 

Más de una vez hubo que desmentir las noticias revolucionarias 
que emanaban de esa agria y tenaz controversia. En mayo, por 
ejemplo, tuvo el Gobierno que dirigir una circular a los Jefes Po- 
líi'icos ordenándoles que desautorizaran los rumores circulantes. 

La anexión del L'niguay a las Provincdas Unidas del Río de la 
Plata. 

Al doctor Juan Carlos Gómez, que era quien atizaba más for- 
midablemente el fuego desde las columnas de «El Nacional», se 
atribuía el doble propósito de promover un movimiento revolu- 
cionario contra el gobierno de Pereira, análogo al que había de- 
rrumbado al de Giró, y de trabajar a favor de la reincorporación 
de la República a las Provincias Unidas del Río de la Plata. 

Había vivido el doctor Gómez tres años en Buenos Aires, ac- 
tuando en la prensa como leader del partido unitario en una gran 
campaña contra Urquiza, llena de incidentes que culminaron en 
diciembre de 1856 con una racha de duelos provocada por 
don Nicolás Calve desde las columnas de «La Reforma Pacífi- 
ca». E; primero fué con el propio doctor Gómez que redactaba 
«La Tribuna». Se realizó en Palermo a 15 pasos de distancia, 
con una pistola cargada y otra sin cargar. Sonadas las palmadas 
reglamentarias, tiró Calvo. Pero su pistola estaba descargada. Juan 
Carlos Gómez no hizo funcionar la suya. — ¿Por qué no tira us- 
ted?, increpó Calvo. — Porque mi objeto, al venir aquí, contestó 
Gómez — ha sido mostrar a usted que sé morir defendiendo los 
principios que sostengo, pero de ningún modo el de matar a usted». 

Cuando triunfante ya su propaganda, resolvió el redactor de 
«La Tribuna» regresar a Montevideo, sus amigos le despidieron 



398 HISTORIA DEL URUGUAY 



con un banquete, que tuvo enorme -resonancia por las personas 
que asistieron y por lo que algunas de ellas dijeron al tiempo de 
los brindis. 

«Gómez — dijo don Domingo Faustino Sarmiento — creía, y 
así nos lo dijo desde su llegada, que la salvación de la libertad de 
lodos estos países dependía de su triunfo en Buenos Aires. Así 
Buenos Aires recoge hoy la semilla que sembró en otro tiempo y 
de los extremos del antiguo Virreinato acuden los patriotas argen- 
tinos de este o del otro lado del río a vigorizar en el centro los 
principios que han de difundirse más tarde por todo el conti- 
nente; porque, señores, para el nombre argentino es estrecha la 
patria si la nieve de los Andes no la limitan al Oeste, el trópico 
al Norte y los rigores polares al Sur . . . Gómez nos ha traído algo 
que nos faltaba y en cambio lleva a su país lo que Buenos Aires 
puede darle: simpatías, ejemplos y libertades conquistadas. Que 
Montevideo se restablezca de los males de cuerpo y alma que lo 
afligen; que recupere su bienestar y su salud y el pueblo volverá 
los ojos adonde están sus amigos, sus compatriotas de sangre, 
de raza, de idioma, y un día buscarán en los Estados Unidos del 
Plata remedio a sus males.» 

^ «Nuestro amigo el doctor Gómez — agregó el doctor Dalmacio 
Vélez Sarsfield que acababa de abandonar el Ministerio de Gobierno 
y Relaciones Exteriores — que con su fuerte palabra ha hecho 
revivir los dormidos fuegos del más noble pensamiento en el pue- 
blo de Buenos Aires para obtener la victoria de lo 5 más sanos 
principios sociales y consolidar las grandes inátituciones que se 
había creado; en el momento del triunfo y cuando su nombre era 
elevado hasta los cielos, abandona todo, su patria y sus amigos, 
cuant"b un hombre puede ambicionar, y marcha a sacrificios oscu- 
ros, a trabajos sin término, cuyos resultados y consecuencias él 
mismo no podrá prever. Que sea feliz en todos sus pasos; que 
alce su antigua patria de la postración y desgracia que sobre ella 
pesan; que el cielo y los hombres lo ayuden a hacer de sus dos 
patrias una sola, como antes lo fueron; que a él se deba la unión 
en una sola república del Estado Oriental y de los Estados del 
Plata.» 

A todos contestó el obsequiado, refiriéndose al pueblo: 
«El día está cercano en que poniéndose de pie en toda la Re- 
pública aterre su voz a los caudillos... y enarbolando con su 
brazo robusto la bandera de la nación, podamos todos reunidos 
a su sombra, ciudadanos de una poderosa república, brindar por 
el gran pueblo de los Estados Unidos del Sur.» 



GOBIERNO DE PEBEIRA 399 



Hay que a.^.regar que «La Tribuna» de Buenos Aires, órgano 
del gobierno de Alsina, hablando de la campaña periodística que 
el doctor Gómez iba a emprender en Montevideo, decía lo si- 
guiente: 

«El triunfo de los principios alcanzado en Buenos Aires no se- 
ría completo si nuestros correligionarios políticos no lo consiguie- 
ran también en xMontevideo. La obra está empezada y .sólo basta 
completarla. La tarea es ardua, peligrosa, llena de escollos y de 
tspinas que lastiman; pero no ha faltado quien la acometa con 
decisión y energía. El doctor Juan Carlos Gómez se ha encargado 
de iniciar la reacción a favor de los principios y de la causa de 
la libertad.» 

Tal era, pues, el programa con que el doctor Juan Carlos Gó- 
n^.ez abandonaba la prensa de Buenos Aires y se incorporaba a la 
Ce Montevideo: la caída de Pereira y la reconstrución de las Pro- 
vincias Unidas del Río de la Plata. 

Toman rumbos tlistintos los geneíales del pacto. Uno de ellos se 
declara gubernista y el otro opositor. 

El general Oribe, que había estado alejado del escenario políti.o 
desde los comicios parciales de 1856, volvió a entrar en actividao 
al intensificarse la lucha electoral de 1857, bajo un programa de 
fusión de blancos y colorados, pero francamente gubernista. 

Poco después el general Flores que había permanecido varios 
meses en Entre Ríos, se reincorporaba al Partido Conservador, 
aunque sin abandono de las ideas de fusión que había sustentado 
juntamente con Oribe desde la proclamación de la candidatura 
presidencial de don Gabriel Pereira, según lo demuestran estas 
palabras del manifiesto que publicó al día siguiente de su desem- 
barco : 

«En la unión de todos los orientales está cifrado el porvenir 
de la República... Los representantes del pueblo que vengan en 
este mes tienen una gran misión que cumplir. El examen de los 
tratados con el Brasil cuya discusión ha suspendido la disolución 
del Cuerpo Legislativo, requiere un contingente de patriotismo, de 
saber, y sobre todo de ese puro sentimiento de independencia y li- 
bertad que sostiene el escudo de nuestras armas. Trabajaré, pues, 
por que ese patriotismo y ese saber en alas de la unión de todo?, 
sea la expresión de las próximas elecciones». 

Las ideas de fusión tan insistentemente proclamadas por los ge- 



400 HISTORIA DEL URUGUAY 



nerales que habían hecho triunfar la candidatura de Pereira, eran 
aceptaidas por casi todos los hombres que actuaban en el escena- 
rio político durante el período electoral que examinamos. 

El mismo Juan Carlos Gómez se veía obligado a detener su plu- 
ma ante ese movimiento intenso de reconcentración. 

«No queremos ni gobierno colorado ni gobierno blanco — decía 
a mc^diados de año en «El Nacional» — queremos gobierno de las 
Instituciones, gobierno de las garantías y de las libertades, go- 
bierno que deje a los colorados y los blancos sostener sus ideas 
como mejor les plazca». 

Ivos partídarios del Gobierno fimdan el "Club de la Unión". 

Las primeros en organizarse fueron los partidarios del Presiden- 
te Pereira. Unos meses antes de los comicios celebraron una reu- 
nión en la Universidad por iniciativa del general Anacleto Medina, 
quedando fundado de inmediato el «Club de la Unión» bajo la di- 
rección de los generales Medina y Brito del Pino, don Manuel Ba- 
silio Bustamante, don Luis Lamas, don Mateo Magariños, don Can 
dido Joanicó, don Julio Pereira, don Manuel Brrasquin, dot. 
José G. Palomeque, don Juan José Duran, don Antonio de las Ca- 
ireras y don José Vázquez Segastume. 

De acuerdo con el programa votado en esa misma oportunidad, 
el Club tomaría «por base de sus trabajos el programa político da 
S. E. el señor Presidente, cuya realización constituía el anhelo 
de todos los buenos ciudadanos, la única tabla de salvación del 
presente y la esperanza del porvenir». 

AI aproximarse el día de los comicios publicó el «Club de la 
Unión» con la firma de todos los miembros de la Junta Directiva 
un manifiesto a favor de la siguiente lista de candidatos por el 
departamento de Montevideo, en la que figuraban ciudadanos de to- 
dos los partidos: Joaquín Suárez, Manuel Herrera y Obes, Eduar- 
do Acevedo, Juan José Duran, Francisco Lecocq, Cándido Joani- 
có, José Ellauri, Santiago Sayago, Jaime Illa y Viamont, Fran- 
cisco F. Fisterra y Martín Pérez. 

«En la terminación de las luchas de bandería — decía el mani- 
fiesto — en la extinción de los viejos partidos, en la unión de los 
orientales bajo los únicos colores del pabellón nacional, está, a 
no dudarlo, el engrandecimiento positivo de la República por el 
afianzamiento de su independencia... Acompañemos, conciuda- 



GOBIERNO DE PEREIRA 401 



nos, ayudemos con todo nuestro esfuerzo al Presidente de la Repú- 
blica» 

Ya el general Medina había publicado un manifiesto en el que 
luego de condenar el debate de los hechos pasados, con claras 
alusiones a la prédica del doctor Juan Carlos Gómez en «lil Nu- 
ciontil», decía refiriéndose a la administración Pereira: 

«Ella representa en la actualidad la transición de ese doloroso 
período de desquicio y de desorden hacia un porvenir de paz, de 
unión y concordia entre los orientales, que al paso que es la única 
base para hacer fuerte nuestra nacionalidad, lo es también para ha- 
cer una verdad de las instituciones democráticas». 

Ta's ( onscj'vadoi-í's fundan el "Club de la Defensa". 

Frente al «Club de la Unión» que respondía al Presidente Pe- 
reira, se instituyó el «Club de la Defensa», de franca oposición al 
Gobierno, por iniciativa de los generales César Díaz y Enrique Mar- 
tínez y coronel Francisco Tajes, en cuyo programa, redactado por 
el doctor Fermín Ferreira y Artigas, se leía lo siguiente: 

«Declaramos que nuestros principios son los que se sostuvieron 
en la Defensa de Montevideo contra la invasión armada que tra- 
jo a la patria Manuel Oribe». 

1 11 tercer grupo se coloca entre esos dos. 

En esos mismos momentos apareció «La Opinión Pública», dia- 
rio 'jolorado redactado por don José G. Palomeque y don Mateo 
Magariños Cervantes. Proclamaba su absoluta adhesión a la De- 
fensa de Montevideo, «el hecho más glorioso que se conoce en los 
fastos de la historia americana», pero condenaba eil debate del pasa- 
do que sólo podía conducir al embravecimiento de las pasiones y la 
desunión de los orientales, y proclamaba a la vez la fusión de 
blancos y colorados con una sola base limitativa: «la exclusión de 
Oribe». 

En igual orden de ideas estaba don Joaquín Suárez, el patriarca 
de la DcfensM, según lo aseguró don .'¡uan José de Herrera en una 
polémica con don Juyn Carlos Gómez en el curso de esta misma con- 
tienda e:octoral. Don Joaquín Suárez, — decía el doctor Herrera — 
dirigió en 1855 una carta a don Andrés Lamas adhiriendo a su 
base de unión de los orientales, de oltñdo del pasado, de exti7ieión 
de los partidos de guerra eivil. Yo he leído esa carta — agregaba 

IV. - 26 



402 HISTORIA DEL URUGUAY 



— y acabo de visitar a don Joaquín Suárez, a quien he encontra- 
do con las mismas ideas de entonces. 

Cuáles eran los pai-tidos en lucha. 

Al aproximarse los comicios actuaban, como se ve, grupos de los 
más distintos matices: los conservadores que con el doctor Juan 
Carlos Gómez a la cabeza iban al derrumbe del gobierno de Perei- 
la; los colorados situacionistas que con el general Medina, don Ma- 
nuel Basilio Bustamante, don Luis Lamas, don José G, Palomeque 
y don Mateo Magariños rodeaban al gobierno de Pereira y pro- 
clamaban la fusión de colorados y blancos; los colorados que 
seguían al general Flores con su programa de fusión de los par- 
tidos, pero de oposición a Pereira; los blancos fusionistas que con 
ilon Cándido Joanicó, don Manuel Errasquin, don José Brito del 
Pino, don Antonio de las Carreras y don José Vázquez Sagastume 
rodeaban al gobierno de Pereira; y los blancos que con idéntico 
programa de fusión y de ahesión al Presidente Pereira respondían 
exclusivamente a la voz de don Manuel Oribe. 

Como resultado del movimiento de reconcentración que se ope- 
raba en torno del Presidente Pereira, se presentaron al Ministe- 
rio de la Guerra en la víspera de los comicios los generales Ana- 
cleto Medina, José Brito del Pino y José A. Costa y coronel Salva- 
dor García, proponiendo la creación «de una guardia de honor de 
la Constitución y del Gobierno», compuesta de dos o más comp:i- 
nías, que tendría por jefe al Presidente de la República en calidad 
de coronel, idea que fué aceptada en el acto, nombrándose al ge- 
neral Medina para el desempeño del segundo puesto. 

Muere el general Oribe. 

En lo más álgido de la campaña electoral ocurrió la muerte de 
don Manuel Oribe, desapareciendo con ello uno de los factores de 
mayor efervescencia política en esos momentos. 

Al inhumarse los restos dijo el Ministro de Gobierno, aludiendo. 
a la acción culminante de Oribe en la cruzada de los Treinta y Tres 
Orientales: 

«Ante estos recuerdos de grandeza y de gloria nacional deben 
acallarse las discordias de partido, deben extinguirse las mezqui- 
nas pasiones, de egoísmo y de individualidad. En este momento 
doloroso y solemne no somos, no podemos ni debemos ser sino 



OOBIEUNO DE PKKEIKA 403 



orientales, y los orientales no olvidaremos jamás, no podremos 
olvidar que el general don Manuel Oribe fué uno de los héroes 
que al lado de Lavalleja nos dieron patria y libertad.» 

Y la prensa recordó un episodio heroico de esa campaña, ocurri- 
do en el campo de batalla de Ituzaingó, cuando el regimiento 
9 de Caballería retrocedía en desbande a raíz de una formidable 
carga con la que no había podido romper las líneas enemigas, y Ori- 
be que era su jefe, se arrancaba las charreteras al tiempo que 
gritaba a los fugitivos que él no quería mandar soldados que no 
fueran capaces de morir por la patria, consiguiendo con esa acti- 
tud que los soldados se rehicieran y volvieran, a la pelea! 

El Presidente Pereira recun-e a medidas violentas. 

Fero el proceso electoral hizo crisis de pronto bajo la presión de 
;a propaganda del doctor Juan Carlos Gómez y del decidido propó- 
sito del Presidente Pereira de intetrvenir en la designación de los 
representantes del pueblo. 

Habían resuelto los colorados, para dar forma definitiva a sus tra- 
bajos, celebrar una reunión pública en el Teatro San Felipe, el 1." 
de noviembre de 1857, y el Presidente resolvió prohibir esa reu- 
nión. 

El decreto, que estaba refrendado por los Ministros don Joaquín 
Requena, don Lorenzo Batlle y don Carlos San Vicente, prohibía 
no solamente esa reunión, sino «toda otra en que se levantase la 
bandera de cualquiera de los antiguos partidos». 

«Empeñado eil Presidente de la República — decía el preámbulo 
— on conservar la paz, como se lo preceptúa muy especialmente 
la Constitución y como lo exigen los verdaderos intereses del 
país que empieza recién a reparar los inmensos quebrantos causa- 
dos por las disensiones de partido; persuadido íntimamente de que 
el ú;:ico medio de conservar aquellos bienes tan deseados por la 
gran mayoría sensata y pacífica de la población nacional y extran- 
jera, es la realización del programa que regula la política del Go- 
bierno y que ha sido aceptado por el país, así también como es el 
-nedio de anarquizar el país el levantar la bandera de alguno de los 
viejos partidos que han ensangrentado la República. . . Y conside- 
rando que por mucho que sea el acatamiento del Gobierno al libre 
ejercicio del derecho electoral, que por lo mismo de ser sagrado 
dentro de sus justos límites no debe consentirse su abuso empleán- 
dolo para concitar a la guerra civil, alegando falsos peligros pa- 



404 HISTORIA DEL URUGUAY 



ra la independencia del país cuyo pat)ellón tiene el orgullo el Pre- 
sidente de la República de mantener en su mayor altura...». 

Horas más tarde eran aprehendidos y desterrados a Buenos Ai- 
res don Juan Carlos Gómez, redactor de «El Nacional», don Vicen- 
te Garzón y don Isaac de Tezanos redactores de «El Sol Orien- 
tal» y varios Jefes y oficiales, y se expedía un decreto nombrando 
al general Medina Comandante de Armas de la Capital. 

Hubo con tal motivo fuertes debates en el seno de la Comisión 
Termanente, porque algunos legisladores tachaban de inconstitu- 
cionales esos destierros sin previa sentencia. Pero la mayoría no 
pairticipaba del mismo modo de pensar, y en consecuencia las medi- 
das del Poder Ejecutivo fueron aprobadas. 

Concluido el incidente, el Presidente Pereira lanzó un manifiestvi 
en que decía: 

«La paz continuará inalterable y la República marchará hacia 
su engrandecimiento. El Presidente de la República, que ha consa- 
grado toda su vida a la independencia, a la libertad y a las insti- 
tuciones de la patria, no omitirá el sacrificio de su persona para 
mantener esos bienes». 

Se realizan los comicios de 1857 en pleno ambiemte i-evolucionario. 

Las elecciones coincidieron con los preparativos de un nuevo mo- 
vimiento revolucionario que el Gobierno trató de conjurar median- 
te' la militarización del país. 

«El Comercio del Plata» describía así la situación política una se- 
mana antes.de los comicios: 

«Conculcados todos los principios republicanos, no podemos reco- 
nocer como elecciones los actos que se practiquen bajo la influen- 
cia de esas conculcaciones. Hoy empieza ya el primer acto de esa 
solemne transición de los pueblos. Hasta hoy estuvimos en la re- 
solución de concurrir, porque hasta hoy abrigábamos (en honor del 
Gobierno) la esperanza de que restableciese el sistema republicano 
bajo el cual únicamente se practican elecciones libres. Pero hoy es 
ya reconocida la persistencia del Gobierno en tener suspendida la 
seguridad individual y el sistema democrático». 

Sólo concurrió a las urnas el partido que se había reunido en tor- 
no del Presidente de la República sobre la base del programa fu- 
sionista. 

En el Departamento de Montevideo obtuvo el triunfo una lista 
de diputados en la que fiíiurahan al lado de don .Joaquín Snárez, don 



GOBIERNO DE PEBEIBA 405 



José Ellauri, don Andrés Lamas y don Francisco Hordeñana, de tra- 
dición colorada, — don Eduardo Acevedo, don Cándido Joanicó, don 
Francisco Lecocq, don Jaime Illa Viamont, don Martín Pérez y don 
Juan José Duran, de opuesta tradición política. Esa lista alcanzó a 
tener hasta 2,012 votos. 

En el Departamento de Minas el Jefe Político, que ya estaba en 
tren de revolución, patrocinó una lista en la que figuraban los jefes 
civiles del Partido Conservador radicados a la sazón en Buenos Ai- 
res: don Juan Carlos Gómez, don José María Muñoz y don Pedro 
Bustamante. Luego de restablecida la paz, dictó el Gobierno un de- 
creto que anulaba esas elecciones y convocaba al Departamento de 
Minas a nuevos comicios, usurpando con ello facultades privativas 
de las Cámaras, únicos jueces de la validez de las elecciones de sus 
miembros. «No habiendo podido efectuarse — decía el decreto — elec- 
ción de representantes a la VIII Legislatura a causa de la rebellón 
ii'iciada por el traidor Erigido Silveira sublevándose contra el Go- 
bierno en los días en que ella debió tener lugar, expulsando del de- 
partamento a las autoridades legales para hacer con sus secuaces la 
farsa de una elección que diese por resultado el nombramiento de 
individuos complicados en la rebelión». 

Ya no deberían practicarse otras elecciones bajo el gobierno de 
Pereira. Pero la Asamblea resolvió abordar el estudio de algu- 
nas reformas en la legislación electoral vivamente reclamadas por 
la experiencia, dictando finalmente, a mediados de 1858. una ley 
según la cual el Registro Cívico se abriría en enero del año en que 
hubiera elecciones y se clausuraría en septiembre; los que concu- 
rrieran, a inscribirse firmarían en los registros y recibirían una 
boleta con su número de orden; en octubre se deducía ían las ta- 
chas o reclamos, fallando el Juez de Paz en primera instancia y 
el Alcalde Ordinario en segunda; y nadie podría votar fuera de la 
sección de su domicilio. 

También sancionó la Cámara de Diputados en 1857 un proyecto 
de revisión constitucional. No concretaba reforma alguna, limi- 
tándose a establecer que se procedería a modificar «aquella parte 
que la experiencia haya aconsejado en pro de los intereses nacio- 
nales». Pero la iniciativa no prosperó en el Senado, donde el pro- 
yecto fué rechazado. 



CAI'ÍTL'I.'t \III 

Movimiento político 



KI (ípisoflio dv Quinteros. 

Merece capítulo aparte la revolución de 1857, por su gran epi- 
sodio de Quinteros, tan ardorosamente debatido todavía debido a 
io incompleto de sus antecedentes y al hecho de no haber sido 
planteado dentro de la atmósfera de sangre que en esa época ro- 
deaba a todo el Río de la Plata. 



El alzamiento del coronel Brígido Silveira. 

Una vez proclamada la abstención electoral como consecuencia 
de la suspensión de ila asamblea que debía realizarse en el Tea- 
tro San Felipe y del destierro del dootor Juan Carlos Gómez, em- 
pezaron los conservado.res a organizar desde Buenos Aires un mo- 
vimi'mto revolucionario para voltear al gobierno de Pereira. Con- 
tabaa con el concurso material del partido unitario, que impe-» 
raba en la Provincia de Buenos Aires, y con el concurso moral de 
su prensa, a la que había estado largamente vinculado el doctor 
Juan Carlos Gómez. . 

Bn la víspera de los comicios empezaron a acentuarse los rumo- 
res de revolución, y el Gobierno resolvió prepararse para contra- 
rrestar el movimiento, creando tres comandancias militares en los 
departamentos de campaña, a cargo de los generales Manuel Freiré 
y Diego Lamas y del coronel José Villagrán. 

A mediados de diciembre hubo una tentativa de sublevación en 
el Escuadrón de Artillería, que dio lugar al arresto y destierro del 
general César Díaz, de varios jefes y oficiales y de los propietarios 
y algunos redactores de «El Comercio del Plata». También fué lla- 
mado el coronel Erigido Silveira, que desempeñaba el cargo de 
Jefe Político de Minas, pero sus explicaciones debieron ser tran- 



GOBIERNO DE PEBEIBA 401 



quilizadoras, puesto que el Gobierno lo dejó regresar a su depar- 
tamento. 

Pocas horas después se alzaba, sin embargo, en armas el coironel 
Silveira al frente de 500 hombres, y a su llamado se alzaban tam- 
bién los comandantes Pollo, Caballero y Farías. 

Primeras medidas que adopta el Gobierno. 

El Presidente Pereira, complementando uno de sus decretos an- 
tt'riores, distribuyó los departamentos en cuatro zonas militares. 
Los de Montevideo, Canelones, Florida, Colonia y San José que- 
daban a cargo de los generales Anacleto Medina y José A. Costa; 
los de Paysandú, Soriano y Durazno a cargo del general Manuel 
Freiré, Jefe Pollítico del primero de esos departamentos; los del 
Salto, Tacuarembó y Cerro Largo a cargo del general Diego La- 
mas, y los de Maldonado y Minas a cargo del coronel José Vina- 
gran. El general Medina conservaba, además, él nombramiento de 
General en Jefe del ejército de operaciones en campaña, con que 
había sido investido desde los primeros rumores de revolución. 

La prensa, que ya había sido castigada con el destierro de al- 
gunos redactores, tuvo también su decreto restrictivo. 

«Levantado él estandarte de la rebelión — decía ese decreto — 
contra el gobierno constitucional de la República por los que, re- 
pudiando el programa de unión y de paz que forma la base polí- 
tica del Gobierno, se empeñan en revivir los odios del pasado, lle- 
vando al país a nuevos trastornos y calamidades, no puede per- 
mitirse sin agravio de la moral, de la justicia y del derecho y da- 
ño de la causa pública. . . que ciertos periódicos de la Capital ha- 
gan publicaciones anárquicas en apoyo de la rebelión o con ten- 
dencia a excitar los rencores de los antiguos pairtidos... Toda pu- 
blicación de la naturaleza indicada . . . será calificada y penada 
como participación y complicidad en la rebelión o como concita- 
ción al desorden y a la anarquía, precediéndose en consecuencia 
contra el impresor o editor y el redactor con la severidad que el 
caso demande». 

La coliuuna del coronel Bi'ígldo Silveira se pi*esenta delante de 
Montevideo. 

Pocos días después de su alzamiento, se presentaba el coronel 
Erigido Silveira delante de Montevideo, luego de dispersar en el Co- 



408 HISTORIA DEL URUGUAY 



lorado a las fuerzas policial.3s del comandante Zenpn Freiré que ha- 
bían salido a su encuentro. En el rápido tiroteo que se produjo al 
avistarse las fuerzas, murió don Luis Pedro de Herrera, Comisario 
da una de las policías dispersadas. Y tal es la única baja que re- 
gistran las crónicas de la época, que agregan que el cadáver del 
Comisario fué mutilado. 

Con un doble objeto realizaba ese movimiento el jefe revolucio- 
nario: recibir una expedición que debía salir de Buenos Aires y fa- 
cilitar una conspiración que debía estallar en la plaza de Montevi-: 
deo. 

Comprendía dos partes el programa de la conspiración: el alza- 
miento de una compañía del cuerpo de artillería, hecho que se pro- 
dujo, pasando al campo revolucionario los soldados con su jefe el 
sargento mayor Aurelio Freiré; y la captura del Presidente Perei- 
ra por un grupo de cuarenta italianos, que fueron descubiertos a 
tiempo y atacados en la casa donde estaban reunidos para realizar 
su plan. 

Dominada la conspiración de «los lombardos», como fué llamada, 
e' Presidente Pereira publicó un manifiesto, en el que recomendaba 
a los extranjeros la más estricta neutralidad y que tuvieran con- 
fianaa en la paz, en el orden, en el acatamiento a la Constitución y 
a la ley. «Sólo así — agregaba — no se renovarán tentativas san- 
grientas, como las que con el auxilio de la Divina Providencia han 
sido descubiertas y dominadas; sólo así el Presidente de la Repú- 
blica no se verá colocado en el caso de ejercer sobre ciertos hom- 
bres el rigor de la autoridad y de la ley». 

La expedición preparada en la Argentina realizó su viaje en la 
goleta «Maipú», un barco de propiedad del gobierno de la Provin- 
cia de Buenos Aires. 

La «Maipú» arribó en pleno día al puerto de Montevideo el 6 de 
enero de 1858 con setenta y tantos hombres bajo el mando del ge- 
neral César Díaz, comandantes Eugenio Abella y Juan C. Vázquez, 
sargentos mayores Felipe Arroyo, Esteban Sacarello y José M. Ca- 
bot y capitanes Manuel Pagóla y Juan Manuel de la Sierra. El des- 
embarco se produjo en la costa del Cerro, donde ya se encontra- 
ban los coroneles Silveyra, Caballero, Hubo, Pollo y los sargentos 
mayores Freiré y Farías, con un millar de hombres, según la re- 
lación de uno de los expedicionarios don Juan Manuel de la Sie- 
rra. Un día después, las fuerzas del Gobierno se apoderaban de la 
goleta «Maipú», que había c.uedado abandonada en el saladero d« 
Lafone. 



GOBIERNO DE PEBEIRA 4U9 



El general César Díaz tomó el mando de todas las fuerzas y en 
el acto se dirigió al Cerrito y desde allí a la plaza de Montevideo, 
con ánimo de atacarla, alentado por la noticia de que el resto del 
cuerpo de artillería seguiría el ejemplo de la compañía del mayor 
Freiré. 

La defensa de la plaza. 

Un año antes del desembarco del general César Díaz, en febrero 
de 1857, decía el Ministro de la Guerra general Carlos San Vicente, 
en su Memoria anual al Cuerpo Legislativo: 

(Las fuerzas militares están reducidas a un escuadrón de artille- 
lía ligera compuesto de 150 plazas y un escuadrón de caballería 
compuesto de 69 plazas. El otro escuadrón fué disuelto con motivo 
de los sucesos revolucionarios de 1855. No hay, pues, ejército per- 
manente. Pero el Gobierno se preocupará de proyectar algo en el 
nuevo iPresupuesto. En cuanto al parque «no existe ni una terce- 
rola, ni un sable, ni una canana: no hay más armamento que 400 
fusiles recompuestos: tampoco hay más pólvora en depósito que 
60 arrobas». 

Nadie se preocupó de llenar esos enormes vacíos, de manera que 
al producirse el ataque, los recursos escaseaban tanto como enton- 
ces. *La Capital estaba indefensa, — decía el Ministro de la Gue- 
rra en su Memoria de 1858 — sin fusiles, sin municiones, sin or- 
ganización militar?). 

La Guardia Nacional fué convocada el mismo día en que era 
declarado el estado de sitio. 

Horas después de su desembarco, inició el ataque la columna 
expedicionaria, y lo repitió en los dos días subsiguientes, avanzando 
por ol Cordón hasta penetrar en la ciudad y adueñarse de algunas 
de las barricadas que habían sido improvisaxJas por los jefes de la 
plaza. Según el testimonio de don Juan Manuel de la Sierra, los ata- 
cantes tomaron posesión de la Plaza Caganch-a, destruyeron dos de 
las irincheras, y por ellas se internaren hasta la altura del Tem- 
plo Inglés y de la calle Piedras. 

Pero después de recios tiroteos, en que hubo varias bajas, y an- 
te la certidumbre de que el cuerpo de artillería no se plegaría al 
movimiento, el general César Díaz resolvió retirarse al interior 
del país y proseguir allá la campaña en una nueva forma. 



4 O HISTORIA DEL URUGUAY 



Las (li\isas de guerra. 

Durante el ataque a la pUaza, el Gobierno dictó un decreto que 
prescribía, como distintivo del Ejército de línea y de la Guardia 
Nacional, «una divisa del color de la escarapela nacional», que 
luego se hizo extensiva a todos los empleados de la Nación. 

Quería demostrar con eso el Presidente Pereira que él se man- 
tenía extraño a los partidos en que habían estado divididas los 
orientales. 

líeoi-setos de niuci-te y de proscripción. 

El I." de enero de 1858, a raíz del ailzamiento del coronel Sil- 
véJra apareció un decreto que decía así: 

«Declárase reos de lesa patria a los traidores Bríg-ido Silveiía 
y demás jefes y oficiales que se hayan prestado o se prestaren a 
apoyar la rebelión contra el Gobierno. Ordénase a las autoridades 
civiles y militar3s de la República, que en el caso de ser apre- 
hendidos los autores de la rebelión, procedan a juzgarlos con bre- 
vedad y pronta aplicación de lalev». 

Algunos días después fué instituido un tribunal militar «para 
juzgar sumariamente todo delito de rebelión, como conspiración, 
motín o connivencia con los enemigos del Gobierno». 

Por otro decreto del mismo mes fueron arrestados varios ciu- 
dadanos y dados de baja el general Díaz, los coroneles Erigido Sil. 
veira, Francisco Tajes y todos los demás oficiales alzados en ar- 
mas. También fué destituido y dado de baja el general Manuel 
Freiic Jefe Político de Paysandii y de una de las comandancias 
militares de campaña 

Kl l*icsid<>nte Pereii-a habla de i-emuiciai*. 

En los mismos momentos en que el ejéacito atacante abandona- 
ba \oí suburbios de Montevideo y se dirigía a la campaña, el Pre- 
sidente Pereira convocó a los principales jefes militares de la pla- 
za, para cambiar impresiones acerca de los sucesos que se estaban 
desarrollando. 

Según eil acta de esa reunión, el Presidente deseaba ante todo 
conocer el valor de las opiniones que establecían que él era el 
único obstáculo de la paz. Todos los invitados, entre los que figura- 



GOBIERNO DE PEBEIRA 411 



ban los generales Anacleto Medina, Ignacio Oribe, Servando Gó- 
mez, José Brito del Pino y José Antonio Costa, estuvieron de acuer- 
do en que el Presidente debía defender y salvar el régimen cons- 
titucional. 

El «'.¡éicito levoliu'lonario queda rápidaniento vencido. 

Según algunas de las opiniones autorizadas de la época, si el ge- 
nera' César Díaz hubiera insistido en sus ataques, Montevideo ha- 
bría caído en su poder, o por lo menos el gobierno de Pereira no hu- 
biera podido sostenerse sin sufrir cambios fundamentales en su 
composición. 

Pero, en lo que todos están conformes es en que el abandono 
üe las líneas de ataque constituía un desastre irreparable, tanto 
por la falta de vinculaciones de los revolucionarios fuera de la Ca- 
pital, como por la abundancia de los elementos militares de que 
el Gobierno podía echar mano en los departamentos. 

La revolución había sido iniciada por los conservadores, y los 
con.servadores que constituían el elemento ilustrado del Partido Co- 
lorado, sólo tenían prosélitos en Montevideo. La campaña era de 
los caudillos, del general Flores sobre todo, que a la sa^n vivía 
tranquilamente en Entre Ríos, donde también estaban los coroneles 
Ambrosio Sandes, :Manuel Caraballo y otros de los que tenían el 
privilegio de formar legión dondequiera que clavaran sus bande- 
rolas. El coronel Erigido Silveira era una excepción. Todos los 
demás caudillos colorados, como lo hacía constar el doctor Vázquez 
Sagastume a raíz de la revolución, vivían en la Argentina ajenos 
al plan de los conservadores. 

En cambio el Gobierno, que había convocado a la Guardia Na- 
cional y que tenía todas las policías de campaña, podía formar 
rápidamente fuerzas considerables con que anonadar a los revo- 
lucionarios. 

DI ejército del general César Díaz marchaba, pues, al desastre 
al dirigirse al interior del país. Y el desastre quedó consumado an- 
tes de terminar el mismo mes en que había atracado la «Maipii» al 
costado del saladero Lafone y se había intentado el asalto de Mon. 
tevideo. 

El 16 de enero anunciaba el coionel Bernardino Olid, jefe de 
ia vanguardia del ejército gubernativo, que había infligido una 
derrota a la caballería del coronel Silveira en las puntas del 
Solís 



412 HISTORIA DEL UEÜGUAY 



Dos días después se dirigía el coronel Ddoiiisio Coronel al Pre- 
sidente de la República para comunicarle el resultado de otro 
hecho de armas más importante. El ejército del general Lucas 
Moreno, de que él formaba parte, estaba acampado en Cagancha 
cuando se avistaron las fuerzas revolucionarias compuestas de 
500 hombres de caballería y 300 de infantería. Como jefe del ala 
izquierda, había atacado, dispersado y perseguido a la caballería 
enemiga. Pero al regresar se había encontrado con que e^ (.ampo 
de batalla estaba abandonado y nadie tenía noticias acerca del 
general Moreno. 

Las crónicas de la época aclaran ese extraño parte militar. La 
caballería del ejército gubernativo había triunfado; pero la in- 
fantería había tenido que retirarse en derrota. Y el ejército re- 
volucionario, dueño momentáneamente del campo de batalla, se 
había visto obligado a retirarse también, porque ya se aproxima- 
ba un nuevo y fuerte ejército deil Gobierno al mando del general 
Anacleto Medina. 

Según la relación de don Juan Manuel de la Sierra, las caballe- 
rías al mando directo del coronel Erigido Silveira fueron dispersa- 
^das, perdiéndose por tal concepto más de 400 hombres; pero las 
restantes, a cargo del coronel Tajes y de los comandantes Pollo, 
Caballero y Hnbó, persig-nieron a las fuerzas de Moreno, quedando 
entonces la infantería revolucionaria dueña del campo de batalla. 

Fué en ese momento de aparente triunfo que el jefe d^ la re- 
volución lanzó su manifiesto. 

«De todas las administraciones — decía — que se han sucedido 
en la República durante los años que cuenta de existencia, ningu- 
na ha sido tan funesta a los intereses más vitales como la del ciu- 
dadano don Gabriel Pereira; ninguna ha asestado golpes más rudos 
a la Constitución y a las libertades públicas y a los derechos pri- 
mordiales de los ciudadanos; ninguna ha abusado tanto de la pa- 
ciencia de los pueblos y de su disposición a la paz». 

Y para justificar esas palabras, invocaba el general Díaz el aten- 
tado del 18 de marzo de 1856 contra varios legisladores de la opo- 
sición, el destierro de ciudadanos, los decretos restrictivos de la li- 
bertad de imprenta, el encarcelamiento y destierro de periodistas, 
la prohibición de las reuniones públicas durante el proceso electo- 
ral y el nombramiento de diputados por el Gobierno. 

La columna del general Díaz, reducida ya a 650 hombres, reanu- 
dó su marcha hacia el interior del país. All llegar al Paso de Quin- 
teros, fué alcanzada por el ejército del general Medina que venía 



GOBIERNO DE PKREIRA 413 



en su seguimiento, y allí tuvo que declararse vencida en las con- 
diciones de que después hablaremos, el 28 de enero, veintitantos 
días después del desembarco en el Cerro. 

La revolución sólo había alcanzado a congregar alrededor de 
mil hombres, en el mismo lapso de tiempo en que el Gobierno h:i- 
bia reunido 5,000 que se distribuían así, según las informaciones 
de la prensa: 1,500 a cargo del general Moreno; 1,200 a cargo del 
coronel Diego Lamas; 2,000 a cargo del general Medina, y los 
restantes en la guarnición de Montevideo. 

El gobierno de Pereira i*oini>e relaciones con el de Buenos Aii*es 
y pide su ayuda a los de la Confederación Argentina y de| 
Brasil. 

Era tan pública la ayuda prestada por el Gobierno de la Pro- 
vincia de Buenos Aires a los revolucionarios, que varios días an- 
tes de que la goleta «Maipú» cruzara el Río de la Plata, se dirigía 
la Cancillería oriental al Cónsul Argentino don Carlos Calvo, para 
denunciarle que en una casa del Bajo de Buenos Aires existía 
un depósito de armas y municiones, «según se susurraba salido 
del Parque»; que estaban alistados allí 200 legionarios y 145 ne- 
gros y que la expedición «según todas las probabilidades, desembar- 
caría en Punta Carretas o en el rincón del Cerro». 

Invocando la notoriedad de esa ayuda el gobierno de Pereira 
cerró los puertos orientales a las procedencias de Buenos Aires 
y se dirigió a las cancillerías del Brasil y de la Confederación Ar- 
gentina, para requerirles el cumplimiento de los tratados de 1828 
y 1S56, obteniendo que ambos Gobiernos — decía en su mensaje 
a la Asamblea — «se apresuraran no sólo a ofrecer, sino a poner 
práctica e inmediatamente a su disposición numerosos elemen- 
tos bélicos de toda especie, capaces de concurrir en un momento, 
dado y de una manera eficaz al aniquilamiento de aquella rebe- 
lión vandálica, imprudentemente fomentada, organizada ^ auxi- 
liada por elementos venidos de Buenos Aires». 

Muy halagado el Presidente Pereira ante esa actitud de los dos 
Gobiernos que desde 1830 venían promoviendo y auxiliando nues- 
tras revoluciones y que ahora estaban contra ellas porque asi 
convenía a sus intereses del día, agregaba en su mensaje: 

«Por medio de estipulaciones convenientes y de carácter esta- 
ble, podrá darse la seguridad de que toda vez que en el futuro pue- 
da alterarse el orden en el interior o se vea comprometida la in- 



414 HISTORIA DEL UEUGÜAY 



tegridad e independencia del Estado, ha de contar de antemano 
el gobierno constitucional con el auxilio de entrambas naciones, 
como que entrambas garantieron desde 1828 la plenitud de esos de- 
rechos y la existencia efectiva, renovando ese solemne compro- 
miso en el tratado de 7 de mayo de 1856, que debe complementarse 
con la concurrencia del Estado Oriental del Uruguay». 

iE.1 edército de la Confederación Argentina había sido venci- 
do por el partido unitario y la Provincia de Buenos Aires, don- 
de e&e partido tenía su asiento, vivía independizada de la Con- 
federación y en lucha con ella. De ahí el interés de Urquiza, je- 
fe • de la Confederación, en apoyar al Presidente Pereira, desde 
que el triunfo de César Díaz era el triunfo de la influencia uni- 
taria en el Uruguay. 

En cuanto al Brasil, era todavía más directo y más vivo el in- 
terés en sostener al gobierno de Pereira. Don Andrés Lamas, que 
estaba al frente de nuestra Legación en Río de Janeiro, había pre- 
venido efectivamente en enero de 1858 al Ministro de Negocios Ex- 
tranjeros vizconde de Maranguapé, que los revolucionarios exi- 
gían la anulación de los tratados de 1851, anulación que consti- 
tuiría un casus belli para el Imperio y para la Confederación 
Argentina; que el general César Díaz contaba con el apoyo de la 
Provincia de Buenos Aires; y que el Uruguay solicitaba y aceptaba 
«con agradecimiento la intervención del Brasil y de la Confedera, 
ción Argentina para salvar los elementos de la independencia na- 
cional». 

El general Urquiza, que tenía en Entre Ríos el asiento de sti 
gobierno, resolvió de inmediato el envío de 800 hombres de infan- 
tería y 1,000 de caballería, con destino al cuerpo de ejército que 
mandaba el general Diego Lamas al norte del Río Negro. 

Casi todas sus tropas habían vadeado ya el río Uruguay y el 
resto se preparaba a hacerlo, cuando llegó la noticia del triun- 
fo alcanzado por el general Medina en el Paso de Quinteros. 

«Vamos a levantar nuestro campo — decía el general Urquiza 
a sus soldados al anunciar ese triunfo — el enemigo que íbamos 
a combatir se ha rendido: aquel pueblo hermano no necesita ya 
de nuestros heroicos esfuerzos para restablecer el imperio del or- 
den y la seguridad de su independencia y sus instituciones». 

Una de las divisiones a cargo del coronel Santiago Artigas con- 
tinuó, sin embargo, en Paysandú hasta adquirir la certidumbre 
de li completa pacificación del país, repasando el Uruguay a me- 
diados de abril. 



GOBIERNO DE PEREIRA 410 



El Gobierno Brasileño no tuvo tiempo para mandar refuerzos 
de Río de Janeiro, limitándose por eso la marinería de su es- 
cuadrilla a colaborar, juntamente con la de los barcos de gue- 
rra franceses, ingleses, norteamericanos y españoles, en la vigilan- 
cia de la Aduana y seguridad de la población, mientras la guarni- 
ción de la plaza se incorporaba al ejército de Medina. 

Pero trató de ejercer presión sobre el de la Provincia de Bue- 
nos Aires, para impedir la repetición del caso de la goleta «Mai- 
pú» y obtener su neutralidad en la contienda oriental. El Cónsul 
del Brasil en Buenos Aires, a quien fueron enviadas instruccio- 
nes con ese objeto, luego de recordar todo lo ocurrido, decia a 
la cancillería provincial en nota de 30 de enero de 1858: 

«Hecha la presente exposición de todos los antecedentes que 
han tenido lugar desde que la rebelión del coronel Silvei-. v tomó 
un carácter más serio, y explicado el pensamiento del Gobierno 
Imperial acerca de tan extraordinarios sucesos; declarada así tam- 
bién con la franqueza y lealtad que son el característico del go- 
bierno de Su Majestad, la marcha que seguirá respecto a los mis- 
mos sucesos, el abajo firmado en virtud de las órdenes recibidas, 
solicita del Gobierno las más severas órdenes para que no salga del 
puerto de Buenos Aires y de su territorio gente armada y aquí 
organizada con el fin de engrosar las filas de los revoltosos que 
se hallan en campaña contra el gobierno constitucional de la Re- 
pública Oriental del Uruguay. Pero si por fatalidad la vigilan- 
cia de este Estado fuese poco eficaz y consiguieran tales aventure- 
ros burlar las medidas que el abajo firmado espera sean adopta- 
das con tal fin, las fuerzas navales del Imperio en estas aguas 
tienen orden de prevenir la realización de esas expediciones por 
los medios que estén a su alcance». 

Contestó el gobierno de Alsina que «las exigencias que se le 
hacían no estaban en armonía ni con los usos más recibidos en- 
tre las naciones en casos de esta naturaleza, ni con los principios 
del Derecho Internacional». 

Y como ya había terminado la revolución y estaba totalmente 
pacificado el territorio orientail, la diplomacia brasileña se lla- 
mó a silencio. 

Cuando el Presidente Pereira dio cuenta a la Asamblea del re- 
sultado de sus gestiones ante los países signatarios de la Con- 
vención de 1828, la Cámara de Diputados respondió: 

«La cooperación que han prestado a V. E. los Gobiernos del Bra. 
sil y la Confederación Argentina, merece la gratitud del pueblo 



416 HISTORIA DEL URUGUAY 



oriental. Esos Gobiernos no podían dejar de reconocer que la re- 
belión preparada y auxiliada por el Gobierno actual de Buenos Ai- 
res ffectería en sus consecuencias aniquiladoras no sólo a la Re- 
pública Oriental y al Río de la Plata, sino a toda esta parte de 
la América del Sur». 

Los fusilamientos de Quinteros. 

Cuatro días después de consumada la rendición, fueron fusilados 
;os generales César Díaz y Manuel Freiré, los coroneles Francisco 
Tajes, Eugenio Abella e Isidro Caballero, y veintitantos jefes y ofi. 
cíales más. La lista fué creciendo por efecto de nuevos fusilamien- 
tos realizados en el curso de la marcha del ejército hacia Mon- 
tevideo. 

El general Manuel Freiré era uno de los Treinta y Tres orien- 
■ tales de la Cruzada Libertadora del general Lavalleja, en la que 
había figurado con el grado de capitán. 

Según una correspondencia dirigida a don Nicolás A. Calvo, re- 
dactor de «La Reforma Pacífica», el coronel Caballero, al despe- 
dirs.í del general César Díaz, pnonunloió estas paüabras: 

«C lando nos arrojamos a la revolución, vinimos a triunfar o 
a ser vencidos, y en este caso sabíamos que jugábamos nuestras 
cabezas. No es este, pues, el momento de pensar en las balas que 
nos van a atravesar. Lo que es preciso es saber morir».